martes, 11 de noviembre de 2025

Creer y pensar: no es lo mismo

    Creer viene del latín 'credere', un término compuesto de dos raíces indoeuropeas: *kerd- 'corazón' (presente en el latín cor cordis, en el griego y derivados modernos cardía y en el inglés heart) y *dhē 'poner', cuyo significado primitivo sería, por lo tanto, 'poner el corazón', en el sentido de confiar, con un claro componente afectivo, mientras que 'pensar', que es el doblete culto del término patrimonial 'pesar', deriva del latín 'pensare', que significaba en principio valorar, medir, sopesar, aludiendo a una operación, como si dijéramos, más objetiva que se basa precisamente en la desconfianza de poner en tela de juicio lo que se cree.

    Pensar, igual que razonar, es esencialmente repensar, revolverse contra el propio pensamiento: reflexionar, negarse a creer, es decir, desconfiar, no confiar en lo que uno cree. Cuando pensamos, pesamos y sopesamos, pero no emitimos opiniones personales, que no dejan de ser una interrupción del pensamiento que permite el afloramiento de las creencias. 

     El pensador, lejos de adherirse inmediatamente a sus opiniones, por el contrario, las cuestiona: no sólo piensa por sí mismo, sino también contra sí mismo. No solo debe desconfiar de los demás, sino también de sí mismo en primera instancia. ¿Es placentera esta lucha contra uno mismo? Es más fácil y por tanto más agradable aferrarse a las propias creencias que andarse cuestionando uno siempre a sí mismo y a los demás.

    El hecho es que llamamos “verdadero” a lo que “creemos” que es verdad. Pero la verdad sólo es accesible por la vía negativa si el individuo piensa, reflexiona, es decir, si se cuestiona. Si el individuo deja de pensar, cree saber, pero podría ser que lo que él cree que es verdad sea, de hecho, falso. Por lo tanto, debe permanecer vigilante, continuar dudando, diciendo que no a sus propias opiniones. 

     Pensar es liberarse. “Pensar es negar lo que se cree”. Si el pensador “dice que no”, es, de hecho, a sí mismo, y más precisamente a sus propias creencias y opiniones. El verdadero pensamiento (reflexión) no es más que una lucha contra las creencias.

    Por un lado, “decimos que sí”, y tenemos más que pensamientos, ideas ya constituidas y fijadas, que ya no nos tomamos la molestia de cuestionar; tenemos ideas, pensamientos enquistados, encapsulados, es decir opiniones, pero precisamente ya no pensamos: creemos. Por otro lado, decimos que no, pensamos, reflexionamos y, con ello, empezamos a mover, cuestionar, de nuevo, creencias y opiniones, las de los demás, pero también las nuestras.

    Hay que oponer, por lo tanto, “pensar” y “creer” y reconocer que la creencia es el único y verdadero adversario del pensamiento, y llegar a formular clara- y concisamente que pensar es dejar de creer. Poca gente entiende una formulación como esta, tan clara y sencilla como es sin embargo, porque la gran mayoría, e incluso aquellos que parecen despojados de toda religión, busca en las ciencias oráculos en los que puedan creer y depositar su fe, una fe religiosa a la que puedan adherirse. 

    El verdadero pensamiento o reflexión sería el escéptico que no renuncia a la búsqueda de la verdad, sino que la examina ("skeptomai", en griego, significa : "examino"). Por el contrario, la creencia sería “dogmática”: quien cree, no sólo afirma, sino que rechaza todo cuestionamiento. En otras palabras, el pensamiento (verdadero) sería el pensamiento “vivo”, el que está siempre en movimiento, el que se cuestiona constantemente. De nuevo, por el contrario, la creencia sería el pensamiento "muerto", el que está congelado, el que "se detiene" en una idea, es decir sobre una opinión, la considera verdadera, y por lo tanto no la cuestiona más.

    Creer, en este sentido, es pues dejar de pensar. Y pensar es algo que uno debe hacer por sí mismo, sin dejar que otros piensen por uno porque esta función no puede delegarse democráticamente en la mayoría y en el fetiche fantasmagórico de la opinión pública, que no deja de ser una imposición estadística, esto es, del Estado y del capital, pero al mismo tiempo debe hacerse en común con los demás y contra ella. Creer que uno puede pensar, solo, es una ilusión; obviamente necesitamos a otros para ayudar a que nuestro pensamiento evolucione, a que nos ayuden a pensar contra nosotros mismos, es decir, contra nuestras creencias y opiniones personales. 

lunes, 10 de noviembre de 2025

El cáncer como metáfora (y II)

    Tenemos un gobierno plagado de buenas intenciones que, antes que invertir en curar o paliar el cáncer, gasta energías y recursos en declarar políticamente incorrecta la palabra cáncer por respeto, dice, a los pacientes que la sufren, que no deben ser estigmatizados. No impulsa avances médicos ni refuerza la sanidad pública, ni resuelve ningún problema estructural, siguiendo, no se si a sabiendas o no, la tesis de Susan Sontag, limitándose a declarar incorrecta la palabra. 
 
    No es la primera vez que en la refriega política profesional se acusan unos a otros de ser un cáncer para España o para la sociedad en general, aludiendo a la enfermedad que no debe ser nombrada fuera del ámbito médico-sanitario, por eso, desde el gobierno, se considera que "es urgente abandonar su uso como metáfora o sinónimo de insulto o descalificación", porque es una metáfora muy poderosa.

     Ya desde san Isidoro de Sevilla, entre nosotros, en sus Etimologías libro IV, capítulo VIII, §14 se leía que el cáncer -se refería el santo, siguiendo a Celso, a las enfermedades que aparecen en la superficie del cuerpo- era una enfermedad incurable -vulnus, sicut medici dicunt, nullis medicamentis sanabile-, que había que extirparlo como fuera para retrasar  la muerte inevitable del enfermo, que, aunque más lenta, acabará viniendo sin embargo como consecuencia -at ergo praecidi solet a corpore membrum ubi nascitur, ut aliquantum diutius vivat-,  una creencia que la exégesis cristiana posterior ha demonizado e interpretado como una metáfora del castigo divino por el pecado que corroe el cuerpo y el alma.  Hoy se piensa que algunos al menos -pues no hay un solo cáncer, sino muchos tipos de cánceres- son tratables y curables, pero la metáfora sigue siendo muy poderosa, y aunque haya una clasificación moral de cánceres benignos y malignos, por lo bajo se sigue pensando que no hay ninguno bueno.  
 
      Se preguntaba hace años Agustín Gacía Calvo en Información y cáncer, publicado en el Periódico Global(ista) a comienzos del año del Señor de 1989, lo que ha llovido, madre mía, desde entonces acá pese al Cambio Climático, cuál era la enfermedad que en el mundo actual amenazaba más tétrica- y aciagamente nuestras vidas. Y la respuesta no podía ser otra que “eso que llaman cáncer”, una enfermedad que estaba de moda hacía un siglo y que se burlaba de los millonarios esfuerzos de la Ciencia a la hora de descubrir sus mecanismos, lo que, según él, podía deberse a que “hay algo en los supuestos mismos de la Ciencia que no marcha”. 
      Y ponía en relación la enfermedad que no debe ser nombrada con la plaga moderna que azota nuestras ciudades y campos, que es la información. Si nos pusiéramos como un extraterrestre a describir esta plaga veríamos informaciones por doquier tanto visuales como auditivas como ambas cosas a la vez con noticias y propagandas varias: “una cuantía de información que se come literalmente los muros, calles, pieles, aires, ojos”, y que, en definitiva, nos come a nosotros mismos. 
 
    Si ponemos en relación ambas plagas, descubrimos que el cáncer es información, y la información es un cáncer, pero no solo metafóricamente, sino real- y dialécticamente, ya que el cáncer moderno con metástasis puede definirse como “proliferación desordenada de ciertas células del organismo”. Tanto la organización de nuestra sociedad como la de nuestro cerebro están sometidas a un exceso evidente de información inútil, que no responde a ninguna necesidad, deseo o utilidad, lo que lógicamente produce un trastorno y malfuncionamiento por su acumulación. 
 
    Nuestro cerebro, por así decirlo, transmite a las células excesivas instrucciones, mal reguladas, que son las que se manifiestan como cáncer.  
     Ya Susan Sontag (1933-2004)  en La enfermedad y sus metáforas (1978)  había sostenido que el cáncer -al igual que antes la tuberculosis- había sido rodeado por un lenguaje metafórico que cargaba la enfermedad de significados morales, psicológicos y sociales dañinos, lo que no sólo distorsionaba su comprensión médica, sino que también culpabilizaba al enfermo, al sugerir que era de alguna manera responsable de su padecimiento, por lo que la autora proponía liberar la enfermedad de esas metáforas: pensar el cáncer de manera literal, clínica, sin simbolismos, para así disminuir el estigma y permitir una relación más racional y compasiva con la enfermedad.

    La propia Sontag padeció la enfermedad tres veces, o mejor dicho, padeció tres cánceres distintos: cáncer de mama en los años setenta (que inspiró La enfermedad y sus metáforas), luego sarcoma uterino en los ochenta, y finalmente la leucemia que causó su muerte. A lo largo de su vida defendió que no debía pensarse el cáncer como un enemigo moral o un castigo, sino como un hecho biológico que debía afrontarse sin carga simbólica.

    El uso metafórico o peyorativo, sin embargo, de la palabra 'cáncer' no estigmatiza la enfermedad ni a los pacientes. No se podrá decir, por ejemplo, que el régimen político democrático es un cáncer o el congreso mismo de los diputados y diputadas es un cáncer, porque estaríamos estigmatizando la enfermedad y a los pacientes. No vamos a poder decir, por ejemplo, que los partidos políticos y los políticos profesionales, sean del signo que sean, son unos cánceres de la sociedad, porque el uso de la palabra 'cancer' es políticamente incorrecto, podremos decir que son unos parásitos, o unos cáncanos.
      Se busca que la palabra no se use para describir cosas que se consideran negativas o destructivas, reconociendo que es una enfermedad grave pero tratable y, en muchos casos, curable, por lo que se aconseja evitar metáforas bélicas como "lucha", "batalla", “guerra” y de utilizar los verbos "ganar" y "perder" en ese contexto, ya que se carga a los pacientes con la responsabilidad de la curación de su enfermedad. 
     
       La metáfora bélica de guerra, lucha, batalla contra el cáncer hace al paciente responsable de ella, cuando no lo es, como si él fuera decisivo a la hora de ganar o perder ese combate mortal con la enfermedad. 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Micropoemas (III)

 ¿Me liberaré / de mi personalidad, / mi guion teatral?
 
Son tal para cual / el dinero y Dios, los dos, / pareja ideal. 
 
oOo 
No pienso cambiar de ideas, fotomontaje de Gabriel Pérez-Juana (2025) 

 En tierra de nadie, / donde ninguna bandera / ondee en el aire. 
 
Mil monedas de oro / va arrastrando por los suelos / ventisca de otoño 

Casi en pleno invierno / un milagro inesperado: / en flor un almendro.  
 
oOo 
Verso suelto soy, / poeta de arte menor / muy mediocre yo, / que cuenta sílabas cual / inexperto colegial.
 
Hace ahora ya / medio siglo que murió, / viejo, el dictador, / y que el Régimen mudó / su disfraz superficial. 
 
oOo

  ¿Ideas claras? / Dios nos libre de todas, / negras y blancas.
 
Inesperada, / salta, mira, la ardilla / de rama en rama.
 
La voz del pueblo: / "¡Abajo lo existente!", / sonó en el Bierzo.
 
¡Vivan los nombres / comunes de las cosas / sin propios motes! 
 
¡Vivan las cosas / que no tienen ni nombre / ni cuenta propia! 
 
Nieve en las cumbres, / salta el agua a raudales, / pasan las nubes.   
 
¡Cuarto creciente! / ¿A quién le deja la luna / indiferente? 
 
  Voy, peregrino, / ni a Roma ni a Santiago, / sin rumbo fijo.
 
 
oOo 
 El pájaro en la jaula / trina y gorjea, / su canto por los aires / es libre y vuela. 
 
Por tierras de Teruel / deshabitadas, / silencio sepulcral, / no pasa nada; / y, sin embargo, todas / las cosas pasan. 
 
oOo 
Aunque parezca mentira / y no entre en cabeza humana, / se gana lo que se pierde, / se pierde lo que se gana.
 
oOo
 La semana es el uróboro perfecto, monstruo mitológico serpentiforme que se muerde la propia cola y forma un círculo vicioso que gira raudo como rueda sin cesar.


Cuando parece que ha llegado al fin el fin de la semana, y que la pesadilla se ha acabado, vuelve sin remedio a comenzar.

 El fin que nunca llega y todos deseamos es el de los relojes y los calendarios.

sábado, 8 de noviembre de 2025

El cáncer como metáfora (I)

    La que podría pasar desapercibida entre tantas noticias sin importancia, la regulación de la palabra 'cáncer' aprobada mayoritariamente por el Congreso de Diputados y Diputadas del reyno de las Españas a instancias de una proposición no-de-ley del grupo socialista tiene, sin embargo, su enjundia porque se trata de proscribir desde arriba un término de uso común y corriente en el lenguaje de la gente por considerarlo ominoso y políticamente incorrecto. 
 
    Según la propuesta, no se trata de prohibir, sino de promover «un uso responsable y empático del término, evitando que se utilice como insulto o descalificación». Se argumenta que «no es aceptable emplear la palabra cáncer como metáfora de lo peor, de lo que corrompe o de lo que destruye, porque el cáncer no es eso: es una enfermedad grave, sí, pero también cada vez más tratable, más comprensible y, en muchos casos, curable». 
 

    La mayoría del congreso que ha votado a favor de esta delirante propuesta, que es la práctica totalidad, parece que ignora que cáncer es, además de la enfermedad que no debe ser nombrada, el cuarto signo del zodíaco y el nombre del trópico enclavado en el hemisferio norte del planeta, y un cultismo derivado del latín cancer, cancri, que era el nombre del 'cangrejo', cuyo acusativo 'cancrum' ha dado origen a la palabras patrimoniales prácticamente en desuso 'cancro' y 'cangro', cuyo diminutivo 'cangrejo' remonta al castellano del siglo XIII. 
 
    Parece que sus señorías ignoran, además, que hay sinónimos como tumor y carcinoma, derivado este último del griego καρκίνος (karkinos), que además de significar 'cangrejo', como el latín 'cancer', tomó la acepción de 'tenazas e instrumento de tortura' por similitud con las pinzas del artrópodo crustáceo. Precisamente 'cancer' fue la traducción al latín del griego καρκίνος que aparecía en la obra de Hipócrates, el padre de la medicina. 
 
    El uso como enfermedad aparece numerosas veces en Aulo Cornelio Celso, el Hipócrates latino, que en el siglo I de nuestra era escribió en buen latín De medicina en ocho libros. Allí, donde aparece innumerables veces como traducción del griego, cancer designa una úlcera o una llaga que se extendía como las patas de un cangrejo por la superficie del cuerpo. No se trataba del cáncer en sentido moderno de tumor maligno con metástasis, que eso todavía no había sido descubierto por la Ciencia y, por lo tanto, no existía, sino más bien de lesiones ulcerosas crónicas, infecciones graves o tumores visibles que se asemejaban a un cangrejo por su aspecto o por cómo se aferraban al cuerpo. 
 
     Cuando la sanidad pública agoniza, lo prioritario para las altas instancias del Estado es regular el uso de la palabra cáncer que, reservada para el ámbito médico sanitario, no debe emplearse como insulto fuera de ese contexto, como si la enfermedad desapareciera por arte de magia y encantamiento, curándose simplemente los pacientes con dejar de nombrarla. Y se le prohíbe, además, decir al pueblo, con una autoridad que ya quisiera para sí la docta Academia, que diga cosas que son verdad como que el gobierno, cualquier gobierno, y los partidos políticos todos ellos son un cáncer maligno para el pueblo, o como escribía el otro día Savater en su columna de The objective titulada La solución final refiriéndose al gobierno actual: "Suicídense, ustedes son el cáncer totalitario de este país".
 
    He aquí un éxito más de la tentación totalitaria de la neolengua (newspeak) orgüeliana, que declara lo que es correcto y lo incorrecto, un intento de gobernar el lenguaje de la gente que no solo se limita a llamar a lo malo bueno y viceversa trafulcando el sentido de las cosas, sino a proscribir el uso de determinadas palabras consideradas políticamente incorrectas, como la que nos ocupa, debilitando el discurso político al meter miedo o culpa a quien se atreva a usar una metáfora poderosa y legítima.   

viernes, 7 de noviembre de 2025

Un poema plástico de Fernando Arrabal

    Escribía el 2 de los corrientes el "último gran genio del siglo XX, el dramaturgo Fernando Arrabal", según El Español, el periódico donde publica ahora una columna los domingos, Manuscritos: la 'cacho-estilográfica' de Jim Morrison, que ya casi nadie le escribía a mano y añadía: "Incluso yo mismo. Mis últimos sonetos, mis últimas obras de teatro, o sobre todo mis arrabalescos o poemas plásticos, los escribo con el Mac", refiriéndose a una conocida marca de ordenadores personales. Confiesa que ya no escribe a mano sus textos. Con ellas sigue dibujando y pintando, pero ya no escribiendo "seudo-arrabalescos para manuscritos", como este, que no está mal traído, en el que llaman la atención innecesariamente los signos de interrogación, que dice: No hagamos historias ¿y menos aún la Historia?
 
Cuadro al óleo de Fernando Arrabal
  
    Tomo de allí el siguiente poema plástico número 2, que combina imágenes de objetos y texto con cierta ironía y simbolismo ¿patafísico? ¿pánico? de Arrabal.  
 
    El texto manuscrito encuadrado en marco de oro o dorado y escrito sobre una especie de nube reza en la lengua de Moliére “… l’or n’a pas d’odeur” (“el oro no tiene olor”), delatando así el afrancesamiento de su autor, lo que en román paladino es “El oro no tiene olor”, que evoca a su vez el proverbio latino pecunia non olet (“el dinero no huele”), atribuido al emperador Vespasiano, quien justificaba así el impuesto con el que grabó el uso de los urinarios, como cuenta Suetonio en "La vida de los doce césares" en la biografía del divino Vespasiano (XXIII):  Cuando su hijo Tito le reprochó que hubiera ideado un impuesto sobre la orina, le puso delante de las narices el dinero procedente de la primera recaudación, preguntándole si le ofendía el olor; y al responder aquel que no: «Pues procede -le replicó- de las meadas» (reprehendenti filio Tito, quod etiam urinae uectigal commentus esset, pecuniam ex prima pensione admouit ad nares, sciscitans num odore offenderetur; et illo negante: 'atquin,' inquit, 'e lotio est'). La orina, por cierto, la recogían los bataneros para quitar las grasas de las togas, túnicas y estolas. 
 
    El proverbio latino viene a decir que el dinero (o el oro) no huele ni mal ni bien, con lo que escapa al cuestionamiento ético y moral. El dinero es amoral y neutral, y, a la vez, es el símbolo no solo de la riqueza, sino del poder, por lo que estaría más allá del bien y del mal. 

Poema visual núm. 2 Fernando Arrabal 
 
    Hay un objeto que es un frasco de perfume, aunque no lo parezca a simple vista,  de un conocido diseñador de moda, cuya forma evoca un lingote de oro que, este sí, tiene olor, y su fragancia se asocia como hace la publicidad televisiva navideña con el erotismo. Su nombre “1 Million” no deja lugar a dudas. El perfume promete oler a un millón de dólares o de euros, o también a que su fragancia es "one in a million", única entre un millón. 
 
    Como contrapunto a ambos objetos superpuestos y como telón de fondo, unas esposas que llevan la firma del apellido de Arrabal escrita a mano, que parece que encadenan el perfume -y por extensión el dinero- sugiriendo algo así como que el oro inodoro y el aromático perfume que huele a millonario son una prisión, algo que nos encadena y que no nos deja ser libres por lo tanto. 
 
    En resumen, parece que el poema plástico arrabaliano o arrabalesco viene a decirnos, a modo de aforismo visual, que el oro -o el dinero- no huele ni bien ni mal, pero nos encadena. Arrabal logra así, con su humor negro y espíritu dadaísta, patafísico, surrealista, pánico, o como se quiera denominar su genialidad venida a menos,  reflejar la pequeña tragedia del capitalismo en miniatura: el perfume como símbolo del deseo, el oro como símbolo del poder, y las esposas como emblema de la servidumbre que ambos nos imponen.
 
 
 
    Le faltó tal vez, a mi modo de ver, hacer una alusión escatológia y freudiana relacionando el oro y el dinero con las heces, que le hubiera permitido escribir en la lengua de Cervantes "El oro es inodoro", y utilizar el sustantivo 'inodoro' ese aparato sanitario, como dice la docta Academia, que sirve para evacuar los excrementos y la orina, provisto de un sifón que evita los malos olores,  algo que logra, por ejemplo, este inodoro -nunca mejor puesto un nombre- de oro macizo del artista italiano Maurizio Cattelan que va a subastarse en una conocida galería de arte con un precio de salida de diez millones de dólares.

jueves, 6 de noviembre de 2025

El discurso del presidente

El presidente lee su discurso. Todos los políticos profesionales lo hacen. Él no es ninguna excepción, y a nadie le sorprende. Su prédica la han preparado concienzudamente sus múltiples asesores, que le dictan lo que tiene que leer. Su presentación es impecable, si no fuera por la constante mirada a los papeles. 
 
Solo he tenido acceso a través de un vídeo a unos minutos de su alocución -no me hacen falta muchos más-, dentro de un acto en que se equiparan las palabras "memoria" y "democracia" dando a entender que la fuerza de la democracia es no olvidar la dictadura que según el sedicente gobierno progresista de coalición acabó hace ahora medio siglo. 
 
"Hace unos días conocíamos que más de una quinta parte de los españoles y españolas piensa que la dictadura de Franco fue buena o muy buena"
"Este terrible dato es el resultado también del revisionismo que busca enturbiar nuestra historia para nublar nuestro presente particularmente a las generaciones más jóvenes, que anula nuestro futuro, dado que con frecuencia, como he dicho antes, son nuestros jóvenes los que sucumben a ese discurso".
 
Le preocupa el dato que le parece terrible. El revisionismo histórico que critican los asesores del presidente no tiene en principio por qué ser algo negativo, ya que, como su nombre indica, consiste en una revisión o reinterpretación de la versión oficial sobre los hechos del pasado, que no implica necesariamente una falsificación de la historia, sino que es una fuente legítima y crítica de comprensión. 
 
Son los jóvenes, los españoles que tienen menos de sesenta o de cincuenta años, que son los años que hace que murió el dictador, los que sucumben al discurso de que la dictadura fue buena o muy buena, que no ven su intrínseca perversidad, por lo que necesitan una labor pedagógica “que no enturbie nuestra historia”, porque eso hace que se nuble “nuestro presente” y “anule nuestro futuro”. 
 
 
   
Los jóvenes no han vivido la dictadura, obviamente, pero sí viven la democracia presente, y lo que viven no les gusta, no hace falta que nadie les 'nuble el presente' para ver un capitalismo exacerbado que favorece la corrupción, que es la esencia misma del sistema, y cómo las glorias de este, que son la educación -que ya ni siquiera merece el digno nombre de enseñanza- y la sanidad dejan tanto que desear que nadie que tenga ojos y lo vea puede juzgar que sean buenas. 
 
No hablemos ya de los que sueñan con independizarse y acceder a una vivienda y a un trabajo dignos. Se les dice que no poseerán nada y serán felices. Y no poseen nada, ni casa, aunque sea un piso colmenero de protección oficial, ni trabajo propio como sus padres a su edad. Es cierto que no es la posesión sino el usufructo lo que conlleva el disfrute de las cosas. Pero ellos, que no poseen nada, y como mucho viven de alquiler en un piso compartido, tampoco son felices. 
 
"En fin, algo así no pasa por accidente ni tampoco por casualidad. Lo sabemos bien. Hay una labor lenta pero constante de deslegitimación de la democracia. Se empieza llamando al revisionismo 'concordia' y se termina ignorando, como bien ha dicho antes el Ministro de Memoria Democrática, el que en algunos edificios institucionales se torturó hasta el final". 
 
 
No se puede negar que durante la dictadura de Franco (1939–1975), la tortura fue una práctica sistemática en muchos edificios institucionales —especialmente en comisarías, cuarteles de la Guardia Civil y centros de detención—, y continuó utilizándose hasta el final del régimen, y durante la transición... Eso, naturalmente, deslegitima dicha dictadura, pero sus logros económicos son indiscutibles. 
 
En todo caso, la deslegitimación de la dictadura no legitima per se la democracia, como escribíamos en El franquismo del antifranquismo a principios de año cuando se anunció la celebración institucional del cincuentenario de la muerte del dictador -a moro muerto, gran lanzada.  
 
La dictadura de Franco no fue buena ni muy buena tampoco, pero eso no significa que la democracia actual lo sea simplemente porque se contraponga a aquella. Las comparaciones son odiosas, dice la gente, porque la dictadura que nos importa ahora no es aquella, que es agua pasada, ni la futura como el lobo del cuento infantil, que podría venir, sino esta que estamos viviendo ahora camuflada bajo el nombre de democracia.
 
"Esta ofensiva no solo busca falsear la historia, sino sentar las bases para demoler las libertades que tanto nos costó levantar". ¿Qué libertades son esas? No se ve por ninguna parte dónde están esas libertades que “tanto nos costó -¿a quiénes?- levantar”. 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Pareceres LXXXIX

436.- Santificación on line. La reciente santificación del influencer de Dios, como ya se le conoce, o el santo patrono de interné, el adolescente Carlo Acutis, quizá uno de los santos más jóvenes del santoral cristiano, llevada a cabo por el Papa León XIV a comienzos de septiembre, revela una nueva y no sé si desesperada estrategia de la vieja iglesia católica, apostólica y romana para adaptarse a los nuevos tiempos que corren conectando con el mundo digital y con la juventud, y ofreciéndoles la promesa en línea de un cielo en la nube. Antes de morir arrebatado por una leucemia fulminante en el año del Señor de 2006 a la edad de quince años, el joven Carlo ya era una celebrity en las redes. Pionero del uso de visualización en directo para la oración, había creado espacios de acompañamiento espiritual en plataformas de comunicación, transmisión en vivo y mensajería, pero también había obrado gracias a su intercesión algún milagro post mortem, como la curación inexplicable de un niño en el Brasil y de una joven sometida a una craneotomía con muy pocas posibilidades de curación en Costa Rica. En el año del Señor de 2020 fue beatificado por el papa Francisco, siendo su proceso de canonización postergado por el fallecimiento de dicho Papa, hasta que finalmente su sucesor lo ha llevado a cabo, subiéndolo a los altarese, el pasado 7 de septiembre. 

 

437.- Taller virtual de asistencia sexual. Ha llegado a mi correo electrónico un folleto propagandístico de un taller virtual de introducción a la asistencia sexual financiado por la Unión Europea y organizado por un Fondo de Mujeres (sic) llamado CALALA que es una fundación u organización feminista que apoya a organizaciones de mujeres racializadas, migrantes, del colectivo LGBTIQ*, tanto en España como en América Latina y por OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales), que al parecer es un sindicato que aboga por la despenalización y por los derechos laborales de las trabajadoras sexuales, que imagino que es un eufemismo de prostitutas, que iba a celebrarse el pasado 29 de octubre a las 17:00 horas, cuya inscripción era gratuita, y que iba a ser impartido por Flor, una chica atractiva y sonriente, con medias de rejilla, sentada sobre una colcha verde, en un entorno en el que predominaban los colores morado, blanco y amarillo, en ese orden. OTRAS defiende que lo que ellas llaman el trabajo sexual sea reconocido como tal trabajo, como de hecho sucede con la denominación que eligen de “trabajo” para algo tan placentero como es el sexo, y que quienes lo ejercen tengan derechos laborales plenos: cotización, seguridad social, protección legal, pensión de jubilación etcétera. Apoyan, pues, la despenalización y regulación de la prostitución, y el taller virtual que imparte Flor está financiado por la Unión Europea. No sé en qué ha podido consistir dicho taller. Ignoro a quiénes está dirigido si a personas de ambos sexos (o más si hay más sexos): supongo que en la práctica masturbatoria. Si consideramos que la prostitución es un trabajo (y de hecho, según el dicho popular, es el oficio más viejo del mundo), hemos de concluir que cualquier otra forma de trabajo asalariado es un ejercicio de prostitución.


438.- Europa se remilitariza. Europa no solo se rearma, sino que también se remilitariza ante la amenaza rusa. Y así Alemania, la denominada antaño locomotora del viejo continente, pretende reintroducir el servicio militar obligatorio, voluntario por ahora, al mismo tiempo que las naciones del norte y el este aceleran la activación de los civiles para el caso de entrar en guerra. La Ministra de la Guerra del rey-no de las Españas, por su parte, para tranquilizar a los españolitos y españolitas que vienen al mundo y que guarde Dios  descarta el regreso del servicio militar, la vieja mili de nuestros abuelos, a la curtida piel de toro. Pero no nos engañemos. El servicio militar obligatorio existe, se ha reencarnado por la Educación Primaria, que abarca desde los seis hasta los doce años de edad, y la Enseñanza Secundaria Obligatoria, que va de los doce a los dieciséis años, etapas ambas obligatorias en las que se imparte educación física y adoctrinamiento nacional, lo que antiguamente se denominaba Formación del Espíritu Nacional. 

Vídeo propagandístico del ejército alemán. 
 

439.- Farmacopea. Hay cosas 'muy nuestras', como nuestras enfermedades y nuestra medicación, aunque solo una pequeña, mínima quizá, parte de los medicamentos que se venden en las farmacias sean realmente útiles y beneficiosos. El paciente generalmente entrado en años que toma medicación contra el colesterol, para la tensión, para la artritis reumatoide, es más que probable que desarrolle síntomas que se diagnostican como depresión (y entonces se le receta un fármaco antidepresivo) o como ansiedad (y entonces le ponen un ansiolítico), o el insomnio, y entonces la pastilla, otro fármaco, para dormir, por lo que los pacientes hipermedicalizados, además de tomar los fármacos para sus dolencias, tienen que tomar para las secuelas de sus trastornos. Y a todo esto ahora, en plena temporada otoño-invierno 2025, toca vacunarse, porque hay que prevenir, que vale más eso que lamentar. A propósito de la vacuna de la gripe, comenta el Periódico Global(ista) que el 60 por ciento del personal sanitario desoye -me encanta este verbo- la recomendación sanitaria de vacunarse contra la gripe que viene muy mala, malísima, como todos los años, este año, lo que significa que solo el 40 por ciento oye y obedece -etimológicamente obedecer viene del latín oboedire, que es un derivado de audire 'oír', con el sentido no solo de prestar oído sino de acatar lo que se oye, que es voz de mando. No analiza el citado periódico por qué “la campaña de inmunización frente a los virus respiratorios tropieza con la escasa implicación de los profesionales”, por decirlo con sus alambicadas palabras. ¿Por qué será? Por algo será. Nadie mejor que médicos y enfermeras saben lo que se está cociendo con esos preparados, o, como dice el poeta Aarón García Peña: “El verdugo no suele cortarse con su propia hacha”. 


440.- Funeral de Estado:  ¿Por qué lo llaman funeral de Estado cuando quieren decir acto cívico y aconfesional como homenaje a las víctimas? El último ejemplo de esta expresión utilizada por los medios ha sido el homenaje de las víctimas de la DANA (Depresión Aislada en los Niveles Altos), como llamaron a las lluvias torrenciales que acabaron provocando riadas que arramblaron con todo lo que encontraron por delante, incluidas vidas humanas, ocurrido hace un año? Es lo que en lenguaje religioso se llamaba Cabo de Año. El "cabo de año", ese ritual de duelo que marca el primer aniversario de la muerte de una pesona con el propósito de honrar su memoria y ayudar al difunto en su tránsito hacia no se sabe dónde, que se celebra exactamente un año después del fallecimiento. El acto se celebró en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, nueva catedral laica donde se diviniza a la Ciencia. No es, no podía ser, un funeral religioso, ni tampoco de Estado, según la definición tradicional de la que hasta ahora disponíamos, reservado para las exequias organizadas por el Estado en memoria de Altas Autoridades, tales como reyes o presidentes del gobierno. El año pasado se celebró una ceremonia, esta vez religiosa, en la Catedral de Madrid por las víctimas de los atentados del 11M y se llamó “funeral de Estado”, aunque los fallecidos no fueran Altas Autoridades del Estado. Y es que en esta nueva etapa de la religión, los fuenrales no tienen que ser actos religiosos, deben ser laicos y aconfesionales. Ya en 2020 se celebró otro funeral de Estado en la Armería del Palacio Real a las víctimas de la pandemia. Lo que está claro es que el Estado tiene que honrar la memoria de sus víctimas, ya sea de la pandemia, de la dichosa Depresión Aislada o de un atentado terrorista.

  

martes, 4 de noviembre de 2025

Retales de costura

La Identificación Digital, de la que tanto se habla, es una operación militar que intenta implementar sus planes de control totalitario y global sobre nosotros.
¿Dónde está la izquierda? 

Cada vez se oye más la frase “Sal de tu zona de confort” en todos los idiomas, como si el hecho de estar satisfecho fuera una culpa que tuviéramos que expiar.

 
Es lamentable que haya comercios que no acepten pagos en metálico, porque el dinero efectivo es el último reducto de libertad que les queda a los que lo poseen.
 
Dice un neurocientífico británico que si no dejamos de pensar con el hemisferio cerebral izquierdo y empezamos a hacerlo con el derecho estamos requeteperdidos.
 
Áutomóviles que invaden la calzada. 
 
No han desaparecido de la faz de la Tierra los sacrificios humanos, como creen algunos ingenuos: nuestros dioses exigen la ofrenda de sangre en aras de la paz.
 
Tu voto importa más bien poco o, francamente, nada, reflexiona sobre ello, en una dictadura de mercado como esta democracia codiciosa de devotos y de votos.
 
El lema del presidente yanqui actual es “peace though strength”, lograr y mantener la paz a la fuerza, a hostia limpia, si fuera -y lo es- necesario, como sea.
 
De Pawel Kuczynski
 
 En lugar de 'vanidad de vanidades, todo vanidad', como tronó el Eclesiastés hace tres milenios, habría que decir ahora: Realidad de realidades, todo falsedad.
 
Pasear sin rumbo, perderse en un bosque, oler una fragancia desconocida, charlar con un desconocido... pequeños placeres cada vez más difíciles, pero posibles.
 
(De Savater) La vieja costumbre de mirar escaparates la ha sustituido el móvil, cruz de penitencia con la que cargamos, hipercomunicados y más solos que la una.
 La vieja y compulsiva costumbre de ir de compras se realiza ahora en línea: los repartidores, pronto serán drones, nos traen los productos a nuestro domicilio.
 
 “Si salgo de esta prisión, nadie me esperará”* nos atañe a todos; la cárcel no está solo tras las rejas; solos y presos, dentro y fuera, como estamos y vivimos. 

*Κι αν βγω απ’ αυτή τη φυλακή / κανείς δε θα με περιμένει, versos de una canción griega moderna.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Más ojos sin párpados

    El alcalde de la Ciudad Condal, como se denominó a Barcelona cuando se convirtió en el siglo IX en la capital del condado de Barcelona, un territorio de la Marca Hispánica del Imperio Carolingio, anunció que el consistorio tiene un plan para proveerse de un millar de cámaras más de “seguridad ciudadana”: la mitad se colocarán, Dios mediante -es decir, habiendo dinero que no falte de por medio-, en este mandato y la otra mitad en el siguiente, dado que después de un mandato viene inevitablemente otro.
 
    Barcelona triplicará, pues, las cámaras de videovigilancia instaladas en sus calles de aquí a 2027 extendiéndolas a todos sus distritos. Hasta ahora, el consistorio cuenta con 160 cámaras “para seguridad ciudadana”, por lo que quiere dotarse de 500 dispositivos operativos más. La finalidad -excusatio non petita, accusatio manifesta- no es el control por el control ni la vigilancia de la intimidad ciudadana, sino la prevención de la delincuencia, sostienen los promotores, llamados 'gerente de seguridad y prevención'. Las cámaras según ellos disuaden de la comisión de delitos y, a la vez, cuando se comete uno y queda registrado por el ojo sin párpado infalible del Gran Hermano, la grabación constituye una prueba fehaciente para las fuerzas policiales y para el consiguiente proceso judicial. 
 
    La instalación de los dispositivos no va a hacer que la Guardia Urbana deje de patrullar las calles, no hay que temer por eso, ya que las cámaras no sustituyen la presencia policial en las calles, sino que la complementan, por lo que los barceloneses (y las barcelonesas que diría el partidario del lenguaje inclusivo y excluyente) podrán salir a la calle sin preocupación y podrán dormir a pierna suelta con entera tranquilidad.
 
    El ayuntamiento explica que ha valorado para su emplazamiento los lugares donde se perpetran más delitos -en especial, hurtos y robos con fuerza e intimidación, que son las dos modalidades más frecuentes-, aprovechando aglomeraciones producidas por concentraciones, manifestaciones y fiestas populares.
 
    Se prevé su instalación en lugares hasta ahora carentes de estos artilugios, y acabarán abarcando todos los distritos, incluidos los seis que ahora no cuentan con los aparatos de videocontrol. La aspiración totalitaria es llegar a ver en tiempo real todo lo que sucede en las calles y los barrios de la gran ciudad.
 
    La primera cámara de seguridad se colocó, como decíamos en Homenaje de Cataluña a Órgüel en Barcelona en 2001 significativamente en la plaza George Orwell, en el barrio Gótico.
 

 
    Los equipos no dispondrán todavía, al parecer, de reconocimiento facial ni utilizarán sistemas de identificación a través de Inteligencia Artificial. La videovigilancia está supeditada, nos dicen los responsables para que conciliemos el sueño con tranquilidad, a los requisitos y los límites de leyes autonómicas, estatales y europeas que garantizan que los sistemas de seguridad no colisionan con los derechos fundamentales a la intimidad y la protección de la propia imagen personal, por lo que la Guardia Urbana está obligada a borrar las grabaciones cada tres meses. Por ahora, las imágenes son revisadas por agentes desde la sala de coordinación de los servicios centrales de la Guardia Urbana y la comisaría de la unidad territorial. 
 
    ¿Hay que resignarse o hay que protestar, como decíamos en El Ojo de Dios, por la excesiva vigilancia a la que estamos siendo sometidos por el Gran Hermano (el Gobierno del Estado orgüeliano en que se ha convertido el universo mundo) y los Pequeños Hermanos del sector privado (las empresas en nuestro puesto de trabajo, que no se quedan mancas, por no hablar de los centros de adoctrinamiento) por nuestra propia seguridad, según dicen, y nuestro propio bien y bienestar? 

domingo, 2 de noviembre de 2025

La guerra es la paz

    Publicaba Giorgio Agamben el 23 de octubre del año vigente del Señor el siguiente billete titulado "La guerra è la pace", cuyo título nos remite  a Órguel (war is peace) al mismo tiempo que nos trae a la memoria a Heraclito de Éfeso: Guerra de todos es padre, de todos rey, y a los unos los señaló dioses, a los otros hombres, a los unos los hizo esclavos, a los otros libres.  

La guerra es la paz
Entre los horrores de la guerra que a menudo se olvidan está su supervivencia en tiempos de paz a través de sus transformaciones industriales. Es sabido —pero se olvida— que los alambres de púas con los que muchos aún cercan sus campos y propiedades provienen de las trincheras de la Primera Guerra Mundial y están manchados de la sangre de innumerables soldados muertos; 

 es sabido—pero se olvida— que las lanchas neumáticas que abarrotan nuestras playas se inventaron para el desembarco de las tropas en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial; 

 es sabido —pero se olvida— que los herbicidas que se utilizan en la agricultura derivan de los que utilizaron los americanos para deforestar Vietnam; 

 

y, última consecuencia y la peor de todas, las centrales nucleares con sus residuos indestructibles son la transformación «pacífica» de las bombas atómicas. 

 Y es bueno recordar, como había comprendido Simone Weil, que la guerra exterior es siempre también una guerra civil, que la política exterior es, en realidad, una política interior. Invirtiendo la fórmula de Clausewitz, hoy en día la política no es más que una continuación de la guerra por otros medios.

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La guerra è la pace

Fra gli orrori della guerra che vengono spesso dimenticati è il suo sopravvivere in tempo di pace attraverso le sue trasformazioni industriali. È noto – ma lo si dimentica – che i fili spinati con cui molti ancora recingono i loro campi e le loro proprietà provengono dalle trincee della prima guerra mondiale e sono macchiati del sangue di innumerevoli soldati morti; è noto – ma lo si dimentica – che i gommoni che affollano le nostre spiagge sono stati inventati per lo sbarco delle truppe in Normandia nella seconda guerra mondiale; è noto – ma lo si dimentica – che i diserbanti in uso nell’agricoltura derivano da quelli usati dagli americani per deforestare il Vietnam; e, ultima conseguenza e di tutte peggiore, le centrali nucleari con le loro indistruggibili scorie sono la trasformazione “pacifica” delle bombe atomiche. Ed è bene ricordare, come Simone Weil aveva compreso, che la guerra esterna è sempre anche una guerra civile, che la politica estera è, in verità, una politica interna. Rovesciando la formula di Clausewitz, oggi la politica non è che un proseguimento della guerra con altri mezzi.

23 ottobre 2025