lunes, 22 de septiembre de 2025

Electrodoméstica televisión

    Quizá merezca la pena volver a ver (o ver por primera vez si no se ha visto antes) El televisor (trastorno obsesivo-compulsivo), una de aquellas terroríficas Historias para no dormir que vi y me impresionó cuando tenía quince años, un terror en este caso que no es de índole sobrenatural, sino que emana de la naturaleza del 'inofensivo' electrodoméstico del título, un mediometraje rodado para la pequeña pantalla que digiera en 1974 Narciso Ibáñez Serrrador.
 
    Enrique, interpretado magistralmente por Narciso Ibáñez Menta, es un hombre gris y rutinario, un españolito medio de la época que se mata a trabajar revisando cuentas en un banco de ocho de la mañana a doce de la noche para brindarles lo mejor a su mujer, Susana, una conmovedora María Fernanda D'Ocón, y a sus hijos.
 
    Su vida cambia radicalmente cuando hace realidad su sueño de adquirir un televisor de veinticuatro pulgadas a todo color que instala en el salón de su pisito colmenero. A partir de ese momento, Enrique descubre un mundo nuevo, un universo invasivo lleno de maravillas que ignoraba y de peligros sin cuento en el que se funden y confunden la realidad y la ficción televisada.
 

    'El televisor' no solo es un relato que nos arrastra hacia el abismo de la locura de su protagonista, sino que conserva, cincuenta y un años después, parece mentira, su carácter visionario y premonitorio, todo un alegato contra la sociedad del espectáculo y el reality show y mucho más que una crítica satírica, como han querido ver algunos, de la televisión del régimen franquista, porque su calado político y premonitorio va más allá de la realidad de aquel entonces y llega a nosotros, adquiriendo proporciones descomunales con la oferta audiovisual de las plataformas actuales y la vida virtual paralela que nos proporcionan las redes sociales. 
 
    Enrique se convierte en un teleadicto, deja incluso de trabajar y traga todo lo que le echan por la tele, sentado en el sillón ante la pequeña pantalla desde que empieza la carta de ajuste hasta la despedida y cierre de la emisión. Cuando su esposa le ruega que vuelva al trabajo y que deje de ver televisión, le responde: 
-No puedo, Susana. No puedo regresar hasta que no sepa si el autor que quiere estrenar su obra pudo por fin estrenarla, no puedo si no sé si ese policía gordo y simpático se retira o no, o si encuentra a su hermano. Necesito saber el desenlace de todos esos problemas. 
Susana.- Es que no puedes seguir viviendo así. 
Enrique.- Antes sí que no vivía, pero la televisión me ha dado muchas vidas. Pero mañana, Susana, mañana lo arreglaré todo para que el televisor no sea peligroso.
 
    Enrique fabrica una caja de cartón, que pone delante de la pantalla a modo de tapa con un pequeño agujero para poder ver él lo que pasa y que no pueda salir esa realidad de la televisión por el agujero diminuto. 
 
    Susana comprende entonces que Enrique, como Alonso Quijano, el Caballero de la Triste Figura, ha enloquecido y pide ayuda a un psiquiatra. 

 He aquí el diálogo entre el loquero y el loco de Enrique: 
 
-¿Por qué puso usted esta caja delante de la pantalla? 
-Por mi familia, no quiero que a ellos les ocurra nada. (...) 
-¿A qué se refiere? 
-Al horror. ¿Qué ocurriría si Quique, Quique, mi hijo menor -tiene doce años- , qué ocurriría si viese a los niños que yo he visto el otro día, si a uno de esos niños se le ocurre salir del televisor y entrar en casa y mis hijos lo ven. 
-¿Qué niños? 
-Los desfigurados, quemados por el napalm y todos esos cadáveres de guerrilleros palestinos y las bombas que estallan en Oriente. Hace días que me di cuenta pero ya era tarde. 
-¿Se dio cuenta de qué? 
-De que todo lo que sale por aquí es mentira, o es maldad, porque Canon,Canon parece simpático ¿eh? No sé, será porque es gordo y le gusta comer, pero Canon mata. Y Caine, a pesar de no usar armas, a pesar de su filosofía oriental, de su aparente bondad, Caine también mata. Y los concursos. Se da dinero, se muestran muchos billetes de mil y la gente sonríe, pero solo ganan una o dos parejas, solo ganan los que concursan y yo sé que hay millones que no lo ganan y lo necesitan... Y los dibujos animados, qué cosa más estúpida. De pronto comprendí que los dibujos animados también matan. Vemos a un ratón travieso que corre tras un gato, pero corre para ponerle una bomba que estalla o lo empuja por la nieve hasta hacerle caer en un precipicio. El gato y el ratón y el pato y el conejito sobreviven siempre, sí, pero siguen tratando de matarse los unos a los otros, y hay un hombre, bueno no sé cómo se llama, un hombre que habla de los animales, que defiende a los animales. ¡Que va! Lo que hace es mostrar cómo los animales se matan los unos a los otros o cómo los hombres matan a los animales. Hasta la misa es mentira porque no vale. 
-Pero usted tiene que comprender que la televisión es simplemente un espectáculo del que no se puede abusar, como no se debe abusar del cine o del teatro. Debe usted seleccionar los programas y ver solo unos pocos... 
-No, no es solo eso... 
-...o no verlos. 
-Por un tiempo debe usted de dejar de ver televisión. 
-No puedo. 
-¿Por qué? 
-Porque ya no sé pensar. Aquí, en este estante, yo tenía libros. Ahora solo tengo revistas de televisión para conocer las programaciones y estar al tanto. Aquí tenía libros. Y los libros me hacían imaginar, pero ya no, no sé imaginar, porque ahí me lo ofrecen todo imaginado por otros, y mal imaginado. Aquí tenía discos y le parecerá estúpido pero antes me gustaba mucho Beethoven... Hace días que no puedo recordar los compases de la quinta sinfonía. Trato de recordarlos... Ahora... Me estoy concentrando ¿eh? No puedo, no, no puedo. Las únicas músicas que en estos momentos me están pasando por la cabeza son esas que dicen: “Qué suavidad, todo esplendor, para el cabello es lo mejor”, o esas otras que dicen “Siempre sea alegre, siempre sea joven, sienta burbujas en su corazón" (Llora) ¡Ay! 
-¿Usted me permite? 
-Sí, claro. 
-Voy a abrir la tapa del televisor para hacerle ver que esto es solo un aparato electrónico lleno de cables, de lámparas y … 
-¡No lo haga! 
-¿Por qué no? 
-Sería como abrir una catarata de maldad... Aquí dentro está la violencia, la sangre, el horror, la mentira, todo está aquí, tratando de salir e invadir las casas. Hasta los locutores, que parecen hombres y mujeres normales, no lo son porque solo hablan de guerras, de asesinatos, de raptos, de linchamientos... 
-Pero si usted ve todo eso ¿por qué sigue viendo televisión? 
-Porque la necesito, porque ya no sé pensar. Es ella la que piensa por mí. 
 
  
    No voy a destripar el final, absolutamente genial y kafkiano. Pero resulta interesante ver cómo un producto de la televisión se vuelve y revuelve contra la propia televisión que lo ampara. El espectáculo de la sociedad que nos ofrecen los medios de (in)comunicación de masas nos ha convertido en la sociedad del espectáculo que con tanta lucidez analizó -desmenuzó- Guy Debord, y antes que él el mito de la caverna de Platón. Querámoslo o no, somos el producto de esa sociedad espectacular en el peor sentido de la palabra, que es el etimológico. El espectáculo nos lo sirven en bandeja, bien entrados ya en el siglo XXI, las redes sociales de la Red Informática Universal, no solo la añeja televisión familiar que solo vemos, muy de cuando en cuando ya, los mayores, es decir, los viejos, siendo para muchos la única compañía de su soledad. Hoy el televisor y su trastorno obsesivo-compulsivo es el teléfono móvil que tantas utilidades nos proporciona y tanto nos utiliza haciéndonos agachar la cabeza religiosamente como si de un piadoso devocionario se tratara.
 
    En la sociedad del espectáculo la realidad y la ficción se confunden constantemente hasta el punto de que nos convierten a los espectadores en seres alienados. El estado natural del hombre posmoderno es el de la enajenación mental orquestada por los medios que, so pretexto de comunicarnos, nos incomunican, y so pretexto de informarnos nos desinforman conformándonos como orates víctimas de ataques de delirios colectivos que alteran nuestra percepción de la realidad impostada por una virtualidad que ha sido concebida para modificar las creencias y opiniones del público sometido al espectáculo y a la propaganda comunicativa e informativa del Poder. 
 
 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Así es la realidad (o la tomas o la dejas)

    De la palabra neolatina realitas, realitatis, acuñada en la Edad Media a partir del adjetivo del bajo latín realis, reale, derivado del sustantivo clásico res rei 'cosa', 'propiedad', surgió hacia 1607 nuestra famosa 'realidad', que como tal no existía en la antigüedad grecorromana. De ella derivó con decimonónica posterioridad nuestro 'realismo' para dar nombre a la corriente artística y vital que, contrapuesta al romanticismo y, falsamente, al idealismo porque las cosas no dejan de ser ideas -tanto como podemos decir que las ideas son cosas-, quiere atenerse a la realidad.
 
    Posteriormente a la entrada de la realidad en nuestro vocabulario, en la segunda mitad del siglo XVII entró en las lenguas modernas el verbo 'realizar', a través del francés 'réaliser' con el sentido jurídico de 'convertir en dinero', que es uno de los más antiguos usos jurídicos del término, porque lo que subyace por debajo las cosas, como veremos, es la propiedad que otorga Don Dinero, el más poderoso de todos los caballeros.
 
 

    Es curioso cómo también en francés durante el siglo XX se empleó el verbo con el sentido de 'comprender, hacerse cargo', como préstamo del inglés to realize, que vendría a ser algo así como 'aceptar la realidad tal como es'. Y a esta realización -en realidad cosificación o conversión en dinero o, propiamente, nomismatopoiesis- contribuye la moderna expresión “autorealización” o “realización personal”, en la que uno se convierte a sí mismo en dinero como si fuera el rey Midas palpándose y transformándose en oro.
 
    Es curiosa en inglés la expresión real state para referirse a la tierra, incluyendo lo que está natural- o artificialmente sobre ella o en ella, registrada desde la década de 1660, pero ya en inglés medio 'real' se utilizaba en derecho haciendo referencia a la propiedad inmobiliaria emparejada con y distinguida de la personal. La expresión 'real time', en la segunda mitad del siglo XX, alude al tiempo real (como si hubiera otro que no estuviera cosificado o convertido en dinero) durante el que se produce un acontecimiento o suceso.
 
    Real, entre nosotros, se aplica a lo que ciertamente existe, en oposición a lo que es imaginario o fingido: como, causa real de alarma; un suceso real; una persona real, y no un fantasma o una sombra, y a lo que ha llegado a ser o a suceder, en oposición a lo que es posible, probable, concebible, aproximado, estimado o adivinado.
 
  
    En este sentido es particularmente elocuente el término compuesto y de origen clásico latino república, tomado del latín res publica: la cosa pública, el Estado, aplicado por antonomasia a la forma de Estado que rigió a Roma en el siglo de oro de su literatura y que posteriormente, cuando había cambiado el Régimen para seguir igual, siguió denominándose al Imperio para disimular: la administración política y económica que se le impone al pueblo.
 
    El lingüista Michiel De Vaan remonta la etimología de la palabra 'res' a la raíz protoindoeuropea *Hreh-i- "riqueza, bienes", de donde deriva el sánscrito rayim, rayah "propiedad, bienes" y el avéstico raii-i- "riqueza". 
 
    Que las cosas son una creación del dinero lo sugiere un curioso derivado de la palabra latina 'res', que es precisamente 'res' con el sentido de 'cabeza de ganado' o, como la define la docta Academia: 'Animal cuadrúpedo de ciertas especies domésticas, como del ganado vacuno, lanar, etc., o de los salvajes, como venados, jabalíes, etc.' Entró en castellano hacia 1200 por una concreción de sentido semejante a la sufrida por la palabra 'ganado', que propiamente significaba 'bienes adquiridos'. Por razones de índole fonética no parece posible la hipótesis de que venga del árabe rá's cabeza, cabeza de ganado, como hay quien ha postulado. 
  
    La palabra "reo", que se utiliza en español para referirse a una persona acusada o culpable de un delito, también tiene su origen en el latín, y está relacionada con "res, rei" (cosa, asunto). En latín, "reus, rei" originalmente significaba "el que está involucrado en una res" (es decir, en un asunto o causa, que es el origen de nuestra 'cosa', especialmente judicial). Este término hacía referencia tanto al demandante como al demandado, ya que ambos estaban implicados en un caso o litigio. Con el tiempo, el uso de "reus" se restringió principalmente para designar al acusado o culpable de un delito. Así, "reo" en español conserva esta conexión con el ámbito legal y judicial, derivando directamente de "reus" y, en última instancia, vinculándose a "res" como el "asunto" o "cosa" que está en discusión o juicio. De ahí que al reo se le denominara encausado o, con más precisión, 'accusatus'.

sábado, 20 de septiembre de 2025

Condenado a sostener el peso del mundo

Contra Copérnico y la evidencia de la Ciencia, 
he sido condenado a sostener, igual
 que tú, lector hipócrita, mi semejante,
hermano mío, igual que Atlante, aquel titán 
que dio al Océano su nombre propio, el peso 
  inmenso de este mundo nuestro y bóveda
celeste sobre mi cabeza, espaldas y hombros,
 que tan endebles son y apenas lo soportan,
 con su inmensa gravedad y con titánico
 esfuerzo, lo que me sume en el profundo hastío
 del que colabora sin querer con el sistema
 vigente de dominio, sosteniendo una
 realidad que se nos impone siendo falsa  
como la única que hay y verdadera,
por lo que sólo ya me queda la blasfemia
 del que maldice al creador del universo.
 

 

viernes, 19 de septiembre de 2025

IA

    Se habla mucho de la inteligencia artificial, capaz no solo de reproducir contenidos ya creados, sino de generar nuevos contenidos a partir, como hace, de la consulta de los enormes bancos de datos que tiene a su disposición en la nube tecnológica y que no caen objetivamente del cielo, sino que son seleccionados, filtrados y, a veces, sesgados subjetiva- y previamente por quienes los producen: empresas, gobiernos, ideólogos. 
 
    Resulta evidente que si estos datos que maneja son incorrectos o están sesgados, reproducirán esos sesgos o errores sin que nos demos mucha cuenta de ello. Esto conlleva una manipulación narrativa que puede favorecer una única versión en detrimento de otras, lo que no deja de ser preocupante.  
 
    La inteligencia artificial, si se caracteriza por algo más, es por la eyaculación precoz de sus respuestas, que puede hacer que perdamos el hábito de investigar, verificar la información recibida y comparar con espíritu crítico sus fuentes. Nos da respuestas rápidas y simples pero falsas a menudo porque es más artificiosa que inteligente, pese a su nombre, que es AI (Artificial Intelligence) en la lengua del Imperio, y al revés en la nuestra: IA (Inteligencia Artificial y Artificiosa). Pero deberíamos percatarnos, si la utilizamos, de que no solo hay que verificar sus fuentes, tratando de hallar los documentos originales en los que se basa, sino también, como sugiere el texto de la viñeta de Tute ('No sé si la IA me sirve más a mí o yo a ella')  darnos cuenta de que si la utilizamos por activa, nosotros mismos, por pasiva, estamos siendo por ella utilizados. 
     En la escuela, los que nos hemos dedicado a la enseñanza, sufriéndola en primer lugar como alumnos y haciéndola padecer después como profesores, hemos encontrado narrativas simplificadas, omisiones preocupantes y una pedagogía que, con demasiada frecuencia, pretendía formar las mentes, imbuyéndolas de ideas preconcebidas, en lugar de liberarlas de las establecidas. La escuela no forma espíritus libres capaces de cuestionar el Estado, los libros de texto e incluso los algoritmos de la IA que inundan nuestras vidas con "verdades" preconcebidas que resultan falsas al fin y al cabo, sino ciudadanos conformistas. 
 
    Por eso es la nueva estrella del conocimiento que puede responder a todas nuestras preguntas en un abrir y cerrar de ojos, producir artículos, estadísticas y resúmenes históricos por lo que para los más ingenuos es una aliada formidable, es, a poco que veamos lo que hace, una astuta manipuladora. 
 
    Si los libros de texto escolares eran poco o nada fiables porque nos daban una imagen sesgada de la historia nacional -su objetivo era la Formación del Espíritu Nacional- imaginemos lo que una IA mal calibrada podría hacer con miles de millones de datos malinterpretados o sesgados, una IA que está ya en todas partes, ubicua como Dios padre: en los motores de búsqueda, los asistentes virtuales e incluso en las recomendaciones de las plataformas que frecuentamos para evadirnos de la realidad.
 
     Si no la usamos con recelo, nos volverá aún más dependientes de una "verdad" prefabricada. Lo primero que se nota son los filtros que contiene. En cuanto se le pide información fuera de lo habitual, te advierte del peligro, te devuelve al perímetro o se niega a seguir generando. Hay temas controvertidos que no está programada para tratar, porque es lover, no hater y  huye del fomento de los discursos de odio. Es la corrección política personalizada, capaz de decirnos una cosa y, al mismo tiempo, la contraria sin que se tambaleen sus cimientos. 
 
    Teniendo en cuenta que, ya ahora, muchos la utilizan como asesor personal para todo en todos los ámbitos, podemos imaginar cómo será aún más cuadriculado el pensamiento único y dominante difundido a través de la IA, que viene a sustituir a nuestro cerebro: piensa por nosotros, y nos encauza cuando nos 'equivocamos'.
 
   Epílogo poético
    En una ocasión le pedí a ChatGPT que compusiera un jaicu sobre un tema que, podía asegurarse de antemano, nadie o muy pocos habían tratado antes: la morcilla burgalesa. Y me ofreció este: Negra en la sartén, / Canta la grasa al fuego; / Llora el cuchillo. Una negra morcilla estaba friéndose en la sartén, y presentaba la imagen surreal de un cuchillo que lloraba acaso por la sangre derramada. Me dí cuenta enseguida de que no era un jaicu normativo porque prosódicamente no respondía en castellano al esquema clásico de pentasílabo, heptasílabo, pentasílabo, que es la coda de nuestra seguidilla: el primer verso negra en la sartén, dado su final oxítono, es decir, su última sílaba era tónica,  debía contarse con una sílaba más de las que tiene en el cómputo castellano: ne-graen-la-sar-tén 5 + 1 = 6, tratándose ya de un hexasílabo y no pentasílabo.
    Se lo hice saber y enseguida compuso otro jaicu sobre el mismo tema donde el primer verso era un tetrasílabo oxítono, había aprendido la lección, por lo que se convertía en un pentasílabo castellano, dado su final agudo: Sangre y arroz, / Crujen sueños de cerdo / Bajo la luna. Era, evidentemente, un contenido nuevo y respondía cabalmente al esquema del jaicu, que es una estrofa de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, sin rima. Había desglosado lo que es una morcilla de Burgos: sangre de cerdo y arroz. Y había incluido una imagen poética típica “bajo la luna”. Cualquier poeta moderno podría haberlo compuesto. 
     
    Le pedí enseguida que generara un jaicu en inglés sobre el tema que quisiera, y, dicho y hecho, compuso el siguiente: Silent falling snow, / A world transformed in soft white, / Winter's gentle peace, cuyo esquema rítmico sería: + - + - + / - + - + - + - / + - + - + (donde el signo '+' indica sílaba tónica y '-' sílaba átona). Si contamos las sílabas, son, efectivamente: 5, 7 y 5, como el bordón de la seguidilla, pero, habida cuenta de los finales oxítonos, se convierten en el cómputo métrico castellano en 6, 8, 6, que podría traducirse rítmicamente, por ejemplo, así: En silencio nieva, / creando un suave mundo blanco, / dulce paz de invierno.
    La composición de estos jaicus se basa, lógicamente, en una definición muy controvertida del jaicu, que es, digámoslo brevemente, la que trae la güiquipedia, que no atiende para nada a la verdadera estructura rítmica de la estrofa japonesa, que coincide más con el ejemplo inglés que con los castellanos. El resto es arte combinatoria.

jueves, 18 de septiembre de 2025

Teletipos de actualidad

La empresa armamentista se jacta en el Periódico Global de crear más de treinta mil empleos. El narcotráfico y la prostitución también crean puestos de trabajo.
 
Desde el río Jordán hasta el mar: ¿Un Estado? ¿Israel? ¿Palestina? ¿Dos Estados, uno israelí y otro palestino? Ningún Estado. El Estado nunca es la solución.
 
¡Si este año cumples los dieciocho, dice el Gobierno, tienes el Bono Cultural Juvenil! ¡Cuatrocientos euros dan para mucha Cultura! ¡Solicita tu Bono Cultural!

 Todos los políticos profesionales sean de la ideología que sean, tanto de izquierda como de derecha, desempeñan bien su función, trabajan pero no para nosotros.
 
A buenas horas, mangas verdes: La Comisión Europea admite ahora que aprobó las inyecciones contra la enfermedad del virus coronado sin datos de total seguridad.
 
Finalmente han acabado por admitir que inyectaron a la población del viejo continente, sin completar todas las fases de seguridad, un fármaco experimental.
 Por algo será. Hemos pasado del “algo habrá hecho” al “algo habrá dicho” y pronto, de seguir así, pasaremos al “algo habrá pensado (que no tenía que pensar)”.
 
Decir que algo parece una bandera falsa presupone que puede haber banderas verdaderas, lo que es radicalmente falso porque falsas son todas las banderas.
 
Entre las virtudes de la vacuna contra el herpes zóster, vulgo culebrilla, destaca el poder proteger contra un ataque cardiaco y un accidente cardiovascular.
 
 ¿Es necesario el sexo prematrimonial durante el noviazgo? Cada cual tiene su opinión, pero a mí me parece que no son necesarios ni el matrimonio ni el noviazgo.

El calentamiento global generado por el hombre causó este verano en Europa dos de cada tres muertes por el calor provocado por los gases de efecto invernadero.
 
 La exposición a las noticias nacionales e internacionales a través de radio, televisión y redes sociales tiene sobre nuestra salud mental un impacto negativo.
 
 Si la dictadura te tapa la boca, la democracia te deja largar todo lo que quieras por la mui, porque hace caso omiso, sorda como una tapia, digas lo que digas.
 
  “Lo que das cuando pagas impuestos vuelve a ti, vuelve a todos”. Lo que se va no vuelve, y, además, ni tú ni yo somos todos, a pesar de la Agencia Tributaria. 
 
Pese a las gafas que llevamos para ver mejor, estamos más predispuestos a creer a pies juntillas y a ciegas que a ver: somos los perfectos ciudadanos ideales.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

A contrapelo, contra el Estado (y II)

    El estudio de James C. Scott se centra geográficamente sobre todo en la llanura aluvial meridional de Mesopotamia porque fue allí donde surgieron por primera vez los primeros estatículos. Reconoce, sin embargo, el autor que señalar con precisión el nacimiento del Estado primitivo es una tarea ardua, dada la escasez de yacimientos con pruebas arqueológicas e históricas convincentes, pero privilegia las siguientes características: territorialidad y un aparato estatal especializado: murallas, recaudación de impuestos y funcionarios, según lo cual la primitiva forma de Estado de Uruk estaba sin duda firmemente establecida para el 3200 a.e.c. [antes de la era común].
 
    El arqueólogo alemán Hans J. Nissen denomina al período que va de 3200 a 2800 a.e.c. la "era de la alta cultura" en el Oriente Próximo, durante la cual Babilonia fue, sin duda alguna, la región que producía “los órdenes económico, político y social más complejos”. 
Murallas de Babilonia (Iraq)  
     No por casualidad el acto fundacional icónico del establecimiento de una comunidad política sumeria era la construcción de la muralla de la ciudad. De hecho, en Uruk se levantó una muralla entre 3300 y 3000 a.e.c., época en que algunos piensan que habría reinado Gilgamés. 
 
    Uruk fue el pionero de la forma Estado que sería replicada a lo largo de la llanura aluvial mesopotámica por unas veinte ciudades-estado rivales o "unidades políticas equivalentes”,  lo suficientemente pequeñas como para que resultara posible caminar desde el centro hasta su último confín en un solo día.
 
    No cabe duda, escribe Scott, de que las murallas crean Estados en su doble aspecto de protección y de confinamiento. En la Epopeya de Gilgamés, rey fundador, se erigen las murallas de la ciudad para proteger a su pueblo. Bajo esta premisa, podría considerarse la creación del Estado como la obra conjunta (¿un contrato social, tal vez?) de súbditos agricultores y de su gobernante (y de sus guerreros e ingenieros) para defender cosechas, familias y ganado de los ataques de otros miniestados o de las razias de pueblos no estatales.  Como han observado algunos a propósito de la(s) Gran(des) Muralla(s) china(s): se construyeron no solo para retener a los agricultores contribuyentes dentro sino también para mantener a los bárbaros (nómadas) fuera. 
La Gran Muralla china en 1907
     La escritura, además de las murallas, crea Estados. Hay, además, un poderoso argumento que vincula administración estatal con escritura en el hecho de que, en Mesopotamia, parece haber sido utilizada con fines contables durante más de un milenio antes de que empezase siquiera a reflejar las glorias de la civilización que asociamos con la escritura: literatura, mitología, himnos de alabanza, listas de reyes y genealogías, crónicas y textos religiosos. 
 
    La magnífica Epopeya de Gilgamés, por ejemplo, data de la Tercera Dinastía de Ur, en torno al 2100 a.e.c., un milenio completo después de que se hubiese empleado por primera vez la escritura cuneiforme con fines estatales administrativos y comerciales. 
 
    El capítulo quinto del libro dedicado al control de la población, esclavitud y guerra, es sin duda uno de los más interesantes. Uno se ve tentado a afirmar que “sin esclavitud, no hay estado” aunque hubo esclavitud antes de los primeros estados. 
     Cita Scott al historiador Moses Finley, que afirmaba que la civilización griega se basó en el trabajo de los esclavos, que suponían una clara mayoría -quizá de hasta dos tercios- de la sociedad ateniense, considerándose una institución que se daba por hecho y cuya abolición nunca se planteó. Como sostenía Aristóteles, algunas personas, por carecer de facultades racionales, eran, por naturaleza esclavos y debían ser empleados, al igual que los animales de tiro como herramientas. 
 
    Por otra parte, la guerra de las Galias que narró y llevó a cabo Julio César aportó casi un millón de esclavos, y en la Roma y la Italia de Augusto los esclavos, representaban entre un cuarto y un tercio de la población. 
 
    Si el propósito de la guerra era, principalmente, la adquisición de esclavos, parece entonces razonable entender una buena parte de las expediciones militares más como razias esclavistas que como guerras convencionales. El Estado no fue el inventor de las guerras más que lo fue de la esclavitud. Pero, de nuevo, lo que sí hizo fue escalar estas instituciones hasta convertirlas en actividades estatales de primer orden, transformando así lo que habían sido unas modestas y constantes razias preestatales en busca de cautivos en algo parecido a una guerra con otros estados con idénticas intenciones.
 
Recuento de esclavos nubios en el antiguo Egipto.
      Tras el colapso de los imperios antiguos se habla de edades oscuras, pero ambos conceptos deben replantearse, argumenta James C. Scott: ¿edades oscuras para quién? Quizá no para el bienestar humano. Lo que caracteriza a estas edades oscuras es la huida de la guerra, de los impuestos, del reclutamiento forzoso, de las malas cosechas y de las epidemias provocadas por el hacinamiento. 
 
    Hay que tener en cuenta que la historia de los pueblos no-estatales la escriben los escribas de la corte, que los consideran retrasados y salvajes, bárbaros, o según los funcionarios chinos, "crudos", lo que se oponía a "cocidos", estigmatizando a aquellos pueblos que no se habían convertido en súbditos estatales. 
 
    Hay que pensar que gran cantidad de bárbaros, pues, no eran pueblos primitivos que se habían quedado atrás, sino, más bien, refugiados políticos y económicos que habían huido a la periferia para escapar de la pobreza inducida por el Estado: los impuestos, la esclavitud y la guerra. Sin idealizar la vida de los bárbaros, el abandono del espacio estatal en favor de la periferia se sentía menos como una expulsión a las tinieblas de afuera que como una mejora de las condiciones de vida, cuando no como una auténtica emancipación.

martes, 16 de septiembre de 2025

A contrapelo, contra el Estado (I)

    Leo con interés la reseña que hace la historiadora Laura Vicente del libro del politólogo y antropólogo James C. Scott “El arte de no ser gobernados”, publicado originalmente en inglés en 2009, que desarrollaba la tesis de que durante cientos de años en las tierras altas del sudeste asiático, millones de personas vivieron sin ser gobernadas por un Estado. Huyeron de las zonas bajas en las que el Estado recaudaba impuestos, sometía a la población a trabajo esclavizado y los alistaba en el ejército hacia las zonas montañosas. Adaptaron su economía a esa condición (agricultura itinerante y de rozas) por decisión propia y no por retraso o falta de civilización. Nos han convencido, y no es verdad,  de que el Estado es desarrollo y civilización y vivir sin Estado, igualitaria- y libremente, sería todo lo contrario. 

    Escribe Laura Vicente: La huida del Estado es parte de la historia, pero se ha ignorado sistemáticamente y no ha tenido un lugar legítimo en la narrativa hegemónica de la civilización pese a su importancia histórica. Emociona saber que, en zonas extensas, por ejemplo, Zomia pero también en el castigado Oriente Medio, en Europa o en América (pone ejemplos de ello), han existido comunidades relativamente libres, no estatalizadas, rodeadas de Estados. Es cierto que para ello tuvieron que huir a las montañas, las marismas, los pantanos, los litorales de los manglares o las laberínticas regiones estuarias (...).

    La reseña me ha llevado a descubrir a este autor, James C. Scott, y a leer con mucho interés su último libro publicado entre nosotros en 2022: Contra el Estado. Una historia de las civilizaciones del Próximo Oriente antiguo, en el que lamenta que tanto los restos arqueológicos como los primeros documentos escritos en jeroglíficos o escrituras cuneiformes son documentos estatales: impuestos, unidades de trabajo, censos tributarios, genealogías reales, mitos fundacionales, leyes. No hay testimonios que se contrapongan, y los esfuerzos por leer esos textos a contrapelo o contracorriente ('against the grain', en inglés, que es por cierto el título original del libro que aquí se ha traducido 'Contra el Estado') resultan, a la vez, heroicos y excepcionalmente difíciles. 

    Recojo algunas de sus observaciones: Cabe suponer que un buen número de pueblos nómadas poseían sistemas de escritura (a menudo tomados prestados de pueblos sedentarios). El problema radicaría en que escribirían normalmente en materiales perecederos (corteza, hojas de bambú, cañas) y con fines no estatales o administrativos como memorizar hechizos y poesías de amor, por lo que no se han conservado. Las pesadas tablillas de arcilla de la llanura aluvial meridional de Mesopotamia son, claramente, la tecnología de escritura de un pueblo sedentario y estatalizado, y es por ello por lo que, en gran parte, ha sobrevivido.

    Por lo general, cuanto más grandes son los archivos estatales que se conservan, más páginas se dedican a ese mismo reino histórico y a su autorretrato. Y, sin embargo, esos primeros Estados que aparecieron en los limos aluviales o arrastrados por el viento en la Mesopotamia meridional, Egipto y el río Amarillo eran minúsculos tanto demográfica como geográficamente. No eran más que un borrón en el mapa del mundo antiguo y no mucho más que un error de redondeo en una población mundial total estimada en unos veinticinco millones en el año 2000 a.e.c. [antes de la era común] Se trataba de pequeños nodos de poder rodeados por un vasto paisaje habitado por pueblos no estatales -también conocidos como bárbaros-. 


    A pesar de Sumeria, del Imperio acadio, de Egipto, Micenas, de los olmecas o los mayas, de la cultura del valle del Indo y de la China Qin, la mayor parte de la población mundial continuó, durante largo tiempo, viviendo fuera del alcance inmediato de los Estados y de sus impuestos. Resulta arbitrario y notablemente difícil determinar en qué preciso momento el panorama político pasó a quedar definitivamente dominado por los estados nacionales actuales. En una estimación generosa, hasta hace cuatrocientos años, un tercio del planeta seguía ocupado por cazadores-recolectores, cultivadores itinerantes, pastores y horticultores independientes, mientras que los Estados, por ser esencialmente agrarios, quedaban en gran medida confinados a esa pequeña porción del planeta apta para el cultivo. 
 
    Es posible que gran parte de la población mundial nunca se haya topado con ese sello distintivo del Estado: el recaudador de impuestos. Muchos, tal vez la mayoría, pudieron entrar y salir del espacio estatal y cambiar sus modos de subsistencia, y contaron con una razonable posibilidad de evadir la pesada mano del estado. Así pues, si situamos la era de la definitiva hegemonía estatal en torno al año 1600 e.c. [era común], podemos afirmar que el Estado solo ha dominado las dos últimas décimas del 1% de la vida política de nuestra especie.

    Al focalizar nuestra atención en los lugares excepcionales en los que aparecieron los primeros Estados, nos arriesgamos a olvidar el hecho clave de que, en la mayor parte del mundo, hasta hace bien poco, no había Estado alguno” (pág. 30 de la traducción española). 

lunes, 15 de septiembre de 2025

La Medicina puede ser perjudicial para su salud

    Nuestra sociedad actual venera la ciencia, a la que ha deificado, y siente pánico por el envejecimiento y la muerte. La medicina, que vive de ese miedo, se ha convertido en una obsesión para mucha gente y en un colosal negocio, a expensas casi siempre del paciente que a fuerza de crónico se convierte en cliente vitalicio. 
 
    Los medios de comunicación insisten mucho en que hay que cuidarse y en cómo cuidarse, en que hay que tener mucho cuidado si uno se nota un bulto aquí, allá o acullá, lo que contribuye a generar hipocondría, y hasta nosotros mismos nos deseamos muchas veces lo mejor diciéndonos “cuídate”, sabiendo como sabemos en el fondo que lo mejor no es eso, sino todo lo contrario: lo mejor es vivir descuidado, sin preocupaciones. 
 
    La ciencia, por su parte, abusa de su poder, haciéndonos creer que, aunque estemos sanos aparentemente, no lo estamos; nuestra salud es una falsa percepción porque somos enfermos potenciales. Ya lo denunció Jules Romains en su comedia Knock o El Triunfo de la Medicina, estrenada en París hace poco más de cien años: “Las personas sanas son enfermos que se ignoran”. Iván Illich (1926-2002) escribió: "El médico decide qué es un síntoma y quién se encuentra enfermo".
 

     Uno acaba creyendo que la salud (junto con el dinero y el amor, como decía una infame canción) es lo más importante y que yendo al médico y usando los servicios que el sistema sanitario le ofrece va a vivir mucho más tiempo y con más calidad de vida, algo bastante dudoso. Uno va al médico, el médico le pide pruebas, si no está convencido le pide más pruebas hasta que aparece algo. Cuando te haces muchas pruebas es posible que haya alguna que no salga bien, entonces el médico insiste. Entramos así en una espiral que puede acabar con una operación, una biopsia o una medicación innecesarias que van a producir efectos adversos. Otro clásico de la literatura dramática francesa nos lo recuerda. Es El médico a palos o El médico a su pesar, en traducción más literal, de Molière: "Encontramos a veces, a fuerza de buscar, lo que en principio no encontramos". 
 
    Los chequeos o check-ups en la lengua del Imperio que se nos impone, un término y una costumbre que hemos adoptado en nuestro diccionario y normalizado, convierten a la gente en paciente sin estar enferma.   
 
    El médico no quiere equivocarse y va hacer por tanto todo lo posible para llegar a un diagnóstico. Si uno abusa de las visitas y chequeos médicos corre el riesgo de ser sobremedicado y sobrediagnosticado. El sobrediagnóstico puede responder también a motivos estrictamente económicos, a cierta mercantilización de la sanidad.

     Puede haber algún médico en la medicina privada que se dedique a hacer operaciones absolutamente innecesarias sólo para cobrar por ellas… Los médicos del sistema público no se ven tan acuciados por motivos mercantiles, pero sí por otros motivos académicos, de prestigio profesional y de connivencia con la industria farmacéutica y los visitadores médicos, de los que no se libran ni los privados ni los públicos. En resumen, tanto la mercantilización como ciertas formas de promoción ponen al enfermo en riesgo de ser sometido a pruebas y cirugías que no necesitaba. 
 
    Nos hemos convertido en cobayas de los laboratorios farmacéuticos. La industria farmacéutica tiene intereses esencialmente mercantiles, porque son empresas cuyo último fin es el lucro del negocio, incrementar su valor en bolsa y mejorar cada año sus rendimientos económicos. Pero la industria farmacéutica, como la armamentista, por ejemplo, quiere ir creciendo. ¿A qué prácticas deshonestas recurre para ello? A prácticas de sobornos, a sacar publicaciones que no son correctas, a financiar de manera exagerada la formación continuada, una formación sesgada a favor de la industria… 

     Todo eso es debido al hecho de que la industria médica en general es una industria capitalista como cualquier otra. Los accionistas aprietan, hay que subir las ventas… Y, como escribe Iván Illich al comienzo de su Némesis médica (1974): La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud. El impacto del control profesional sobre la medicina, que inhabilita a la gente, ha alcanzado las proporciones de une epidemia. Iatrogénesis, el nombre de esta nueva plaga, viene de iatrós, el término griego para 'médico', y de génesis, que significa 'origen' Y entonces entramos en la sobremedicación y en la promoción de enfermedades inventadas. Compramos cualquier producto que tenga la etiqueta 'ciencia' sin dudarlo, porque tenemos un concepto de la ciencia muy dogmático. Resulta paradójico que hayamos rechazado los dogmas religiosos, y, en lugar de desembarazarnos de todo tipo de dogmas, hayamos aceptado los científicos, no menos dogmáticos. Y máxime cuando la ciencia es muy controvertida, sabiendo como sabemos que lo que defiende hoy puede desmentirlo mañana. 
 
     Hay todo un movimiento transhumanista, que pretende, fuertemente apoyado por la industria, superar el viejo humanismo y convencer al público de que está a nuestro alcance vencer la muerte y el envejecimiento o, por lo menos, demorarlas muchos años, lo que no deja der ser una grandísima falacia. La medicina genera mucha patología, es lo que se conoce como yatrogenia o iatrogenia, y es más que una epidemia, una auténtica pandemia. También cura cosas, la verdad sea dicha, pero genera mucha gente enferma, muchas veces enferma crónica, porque cronifica muchas enfermedades, lo que provoca que quienes las padecen tengan en muchas ocasiones una calidad de vida agónica y terrible.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Micropoemas (II)

 Nos van a inundar / lluvias torrenciales mil. / Vamos a morir / cuando suba al cielo el mar / y nos caiga encima al fin. 
 
Novia ante el altar, / la ciudad de Santander, / presta a consumar, / sepultada bajo el mar, / su débito conyugal. 
 
Destino mejor / no se puede imaginar: / naufragio total, / la mítica Atlántida, / sumergida en altamar. 
 
Una flor brotó / del bituminoso asfalto / a la luz del sol, / efímera flor de un día, / imposible floreció. 
 
Uno, dos y tres. / Ya sabe el niño contar / lo que hay que saber: / que uno no es ninguno, y dos / son uno, y no hay dos sin tres. 
 
Canta el grillo ya / batiendo sus élitros / del verano el fin; / su monótona canción / me devuelve la niñez. 
 
Nada más real / hay que el movimiento, y no / puede ser verdad: / no tiene razón de ser; / inamovible, Zenón. 
 
oOo 
Dejas de existir / sin conexión a interné, / dejado de Dios. 
 
Uno, dos y tres. / El chiquillo ya aprendió / el dinero qué es. 
 
Toca ya a su fin / el verano, enmudeció / la cigarra ya. 
  
 
  Nada hay más real / que el dinero, vil metal, / ni más ideal. 
 
Nada más real / hay que la realidad: / pura falsedad. 
 
¿Quién puede decir / con total exactitud / la hora exacta que es? 
 
oOo
 Largas las estelas / dejan en el cielo azul / aviones de guerra. 
 
Lágrimas, las hojas / de los árboles cayendo / lentas, silenciosas. 
 
oOo 
 
 ¿Dónde las aguas fluyen, /dí, de tu nombre? / ¿Dónde, río Aguasvivas, / tú las escondes? 
Linfas pasadas, / solo en tu nombre propio / corren estancas.
 
 oOo  
 Trauma dogmático, / dogma traumático / de índole sensacional; / 
 tema temático, / medio mediático / y de interés capital;  
drama climático, / clima dramático / y emergencia nacional: /  el sistemático / y programático / calentamiento global.  

sábado, 13 de septiembre de 2025

Pareceres LXXXIV

411.- Rebeldía conformista. La mayoría de los intelectuales contemporáneos denuncian la sociedad actual sin dejar de ser pese a ello sus habitantes más acomodados, críticos de salón y de suplemento cultural semanal del periódico de noticias: filósofos, politólogos y críticos literarios que demuelen el capitalismo desde la comodidad de sus cátedras universitarias, directores de cine, figuras de la farándula y artistas en general que condenan el consumismo feroz mientras promocionan sus obras en el mercado de la cultura y el arte contemporáneos. Esto es tan así que podría afirmarse sin mayor escándalo que hoy día la crítica radical del sistema es una de las formas más refinadas del conformismo intelectual y de adhesión al propio sistema criticado. Denunciar el tinglado se ha convertido en válvula de escape y parte no poco importante del propio sistema. La rebeldía del anticonformismo ha cristalizado en meras fórmulas estéticas, en marcas personales como puede ser la de Banksy, que sin embargo da casi siempre en el clavo con su crítica acerada. El intelectual contestatario es una figura del mercado tanto como el hombre de negocios, porque la sociedad actual ha desarrollado una extraordinaria capacidad de asimilación y neutralización de sus propias contradicciones, transformándolas en mercachiflería cultural. Como un organismo que ha generado sus propios anticuerpos, la modernez no solo ha aprendido a convivir con sus críticos más radicales, sino que, además, se alimenta de ellos. 

412.- Vivir deprisa. - ¡Cuánta sabiduría de la buena destila el consejo de vivir sin prisa! ¡Cuánta verdad rezuma! Hay que saber gozar las cosas repartiéndolas. A muchos, razona Gracián, les sobra la vida y se les acaba la felicidad enseguida. Malogran los contentos, que no los gozan, y querrían después volver atrás, cuando se hallan tan adelante. Postillones del vivir, que a más del común correr del tiempo, añaden ellos su atropellamiento atolondrado. Querrían devorar en un día lo que apenas podrán digerir en toda la vida. Viven adelantados en las felicidades, se comen los años por venir y, como van con tanta prisa, cagaprisas que son, acaban pronto con todo. Son más los días que las dichas, hay que repartir estas de manera que en todo momento tengamos alguna. Por eso hay que obrar, en el gozar, con mucho de espacio, despacito, sin prisa, para que nos duren los contentos, para que no se nos acaben tan pronto los amores. No hagamos caso de los cantos de sirenas que nos invitan a vivir de prisa y a dejar un cadáver bonito tirado en la cuneta de una carretera.


413.- Adiós a las cartas. Dinamarca dirá adiós a las cartas escritas en papel, a los sobres y a los sellos a partir del 31 de diciembre del año del Señor de 2025. El servicio postal de Correos danés, después de cuatro siglos de funcionamiento, dejará de repartir cartas. A partir del año que viene solo entregará paquetes postales, convirtiéndose en un servicio de paquetería como tantos otros de sobra conocidos. Desaparecerán también los míticos buzones rojos, símbolo del correo tradicional. El cartero de mi pueblo, aquí entre nosotros, no pasa todos los días, sino una vez cada dos semanas, y lo que trae no son cartas precisamente, sino impresos de publicidad comercial, alguna multa de tráfico y propaganda electoral. Han desaparecido las cartas que la gente leía, las de los familiares y amigos, las del novio y la novia, las del hijo que estudia y trabaja en el extranjero, todo un género literario epistolar escrito de puño y letra, cartas a menudo con faltas de ortografía, pero llenas de sentimiento y autenticidad. El correo electrónico ha acabado con las cartas tradicionales y las tarjetas postales: ahora te mandan un guasap y un selfi con un monumento detrás que te espeta: aquí estoy yo. Dicen que es ecológico que desaparezca el papel, para que no se talen tantos árboles. A fin de cuentas todos tenemos ya un buzón electrónico muy 'ecológico' encima: el móvil que nos inmoviliza.

 

 414.- Hechos los deberes. Desde que tenemos, por primera vez en nuestra reciente historia, un gobierno de coalición progresista, el más progresista desde que hay registros, resulta que España ha triplicado el gasto militar según la OTAN, que se felicita de que nuestro país haya alcanzado ya en defensa -es un eufemismo, en realidad en preparación para la guerra- el 2% de su Producto Interior Bruto, que era el objetivo que la Alianza Atlántica había fijado que alcanzaran durante el presente año todos sus miembros. Desde el año 2018 en que el Partido ¿Socialista? ¿Obrero? Español gobierna en las Españas se ha triplicado el dinero destinado al ejército. El grueso de este gasto se ha concentrado en este año y el pasado, un proceso que comenzó a acelerarse tras la invasión rusa de Ucrania, una guerra que todavía perdura. Desde el gobierno se ha dicho que no van a superar ese 2% del PIB, pero la noticia es que ya se ha pasado del 0.92 % anterior al 2% actual, que es una barbaridad, cuando no hay monises para los afectados por las inundaciones y los incendios producidos por el cambio climático, el volcán de La Palma, donde siguen viviendo en barracones, los enfermos de ELA y un larguísimo etcétera. La Alianza se muestra satisfecha de que España haya hecho sus deberes. El Gobierno, por su parte, ha recibido la noticia con alborozo por el esfuerzo importantísimo que “demuestra una vez más que estamos comprometidos con la paz, con nuestros socios europeos y con la Alianza Atlántica”, según nuestra Ministra de la Guerra, satisfecha de que España aporte efectivos -hombres y mujeres, antes se decía 'carne de cañón',- a las misiones de paz de la OTAN y cumpla con sus compromisos adquiridos.

 

415. - Pensar no es tener ideas. Pensar es no tener ideas. O mejor dicho: pensar es liberarse de las ideas que uno tiene, es decir, de las ideas recibidas y asimiladas que lo tienen a uno, porque nosotros no las tenemos a ellas, son ellas, inculcadas, las que nos poseen a nosotros. Pensar es desembarazarse de ideas. De ahí la importancia vital de aprender a pensar, a liberarse de las ideas, a desaprender, cosa que no es fácil porque el arte de la incrustación  utiliza muchos procedimientos: la reiteración constante de mensajes falsos o semiverdaderos hasta que, a fuerza de tanta repetición, parezcan verdades dogmáticas como puños que nadie osa cuestionar; el cambiazo habitual sel significado de las palabras, haciendo que lleguen incluso a significar lo contrario: a una guerra se la denomina pacificación y a los ejércitos tropas de paz, por ejemplo. Es fundamental para ello crear enemigos invisibles como un virus, una emergencia climática, una amenaza de invasión militar... Estos enemigos, bien establecidos en el inconsciente colectivo, sirven para declararles la guerra y justificar la ejecución de medidas draconianas. Se inculcan ideas recurriendo a lo emocional y evitando lo racional para lo que se utilizan imágenes impactantes -a veces, cada vez más, manipuladas- y se corean expresiones igualmente impactantes que se convierten en consignas que acentúan el miedo o el sentimiento de culpabilidad: salva el planeta, quédate en casa, no salgas, no des la mano, di hola... Ocultan y censuran si es preciso la contrainformación que pueda poner en duda su agenda, inundando al mismo tiempo el espacio público de ruido mediático para que no tengamos ocasión de reflexionar. No quieren que pensemos y nos desembaracemos de las ideas inculcadas, porque lo que pretenden es que obedezcamos.