sábado, 21 de marzo de 2020

Miedo y virus (II)

Egipto
 
Litografía de H. L. Benett

-El Nilo, las pirámides, el desierto, caravanas, los dátiles, los turbantes, las mujeres con las caras tapadas, los árabes, el islamismo, los camellos... esto es lo que vamos a ver ahora, y que tanto difiere de la Europa. 
-Pero antes de todo, amigo mío, ¿qué hay del cólera? 
-Ahora no hay cólera en Egipto, y aunque hubiera, lo mejor es no tenerle miedo ni preocuparse. 
-Yo le confieso que le temo más que a nada. 
-¿Usted no sabe el cuento que refiere una conversación que tuvo el Cólera con la Viruela? 
-Nunca he oído que haya tenido lugar tal conversación.
-Pues el caso es el siguiente:  Se encontraron el Cólera y la Viruela, y ésta le dijo a aquél que lo suponía muy cansado después de matar, según había visto anunciado, veinte mil personas en cierto lugar; a lo que respondió el Cólera, 'Yo no maté sino diez mil, los otros murieron del susto', 'Cosa parecida me sucede a mí', respondió la Viruela; 'todos los que matan los médicos y los boticarios me los achacan a mí'.
-Pues no seré yo de los que muera del susto. 
-Entonces viajaremos por todo el Egipto; y no hay que pensar en enfermedades, -todos los lugares son lo mismo cuando llega la hora de la muerte. 


Egypt 
-The Nile, the pyramids, the desert, caravans, dates, turbans, the women with their faces hidden, the Arabs, Islamism, the camels, -this is what we are going to see now, and what differs so much from Europe. 
-But, first of all, my friend, what about the cholera? 
-There is no cholera now in Egypt, and if they should have it, it's best not to be afraid nor alarm one's self about it. 
-I confess that I fear it more than anything. 
-You do not know the story of a conversation that the Cholera had with the Smallpox? 
-I never heard that such a conversation had taken place. 
-Well, the case is the following: The Cholera and the Smallpox met, and the latter said to the former that he supposed him to be very tired after having killed, as he had seen announced, twenty thousand people in one place; to wich the Cholera answered, 'I only killed ten thousand, and the others died of fright.' 'That is my case', replied the Smallpox; all those who are killed by physicians and apothecaries, they ascribe to me'.
-Well, I won't be among those who die of fright. 
-Then we will travel all through Egypt, and we must nont think of diseases, -all places are the same when the hour of death arrives.

oOo 
 

(Agradezco a la Biblioteca Digital Hathi Trust la posibilidad que me ha brindado de consultar el libro de Alejandro Ybarra A Practical Method for Learning Spanish: in Accordance with Ybarra's System of Teaching Modern Languages, publicado y editado en 1884 por Ginn, Heath & Company en Boston, Nueva York y Chicago, de donde está tomada literalmente la historia arriba citada y sus dos versiones en nuestra lengua y  en la del Imperio, lo que se debe a que el susodicho libro del que están tomadas era un método tradicional desde nuestro punto de vista actual -dado que él se considera modern- de aprendizaje de lenguas vivas basado  en la traducción escrita. La anécdota que refiere de la conversación del Cólera y de la Viruela no tiene desperdicio; quizá deberíamos, para actualizarla un poco y hacer que se corresponda con lo que nos ha caído y nos está cayendo encima matizar la respuesta de la Viruela en el sentido de sustituirla por "todos los que matan las autoridades sanitarias me los achacan a mí", de esta manera exculparíamos a médicos y boticarios, víctimas ellos como todos nosotros,  y haríamos recaer la culpa o, mejor dicho, la responsabilidad de la muerte que nos están administrando a los culpables o responsables, que son, como siempre, los de arriba y lo de arriba, la supraestructura,  el Estado y el Capital, que hace que estemos confinados en nuestros domicilios y cagados, literalmente, de miedo, una vez perdido el control de nuestros esfínteres anales y uretrales, responsables de la defecación y la micción respectivamente, como cuando éramos criaturas de un año de vida,  lo que explica el fenómeno patológico de acopio compulsivo de papel higiénico y su escasez en los supermercados).

viernes, 20 de marzo de 2020

Miedo y virus (I)

Imagen y texto tomados del Evening Report, Lebanon, Pensilvania, 9 de octubre de 1918


Aunque en 1918-1919, hace cien años recién cumplidos, la epidemia que asoló el mundo fue la llamada Gripe Española (Spanish Influenza, influenza que los ingleses abrevian ahora en flu) y no el virus coronario de 2019 que tenemos ahora, el miedo que nos define a los seres humanos es similar. Destaca en el artículo publicado en el Chicago Daily News de aquel entonces traducido a continuación la vieja leyenda de los dos derviches y la peste.

El Comisionado de Salud de la ciudad da un excelente consejo a la población de Chicago de cara a evitar la gripe. En este sentido, el Dr. Robertson enfatiza sabiamente la importancia de dejar de preocuparse. 

El comisionado recuerda a los habitantes de Chicago que ésta es una ciudad saludable, que ocurrieron hasta cierto punto menos muertes en ella durante septiembre del año pasado, y afirma que si se siguen las sugerencias del Departamento de Salud, las muertes del presente año no van probablemente a superar las de años normales. Cita al cirujano general Blue al objeto de que cuando la muerte se produce como resultado de la gripe, generalmente se debe a alguna complicación y que, por lo general, el paciente de la gripe se recupera en tres o cuatro días, siempre que tome las precauciones razonables. 

El doctor Robertson confía en la inteligencia de la población de Chicago para seguir las sugerencias de precaución y no asustarse por las informaciones exageradas. Incuestionablemente, el miedo juega un papel destacado en la promoción de epidemias. Este viejo cuento revivido por un colaborador del Daily News es particularmente oportuno: "Dos derviches que venían de Joppa se encontraron con la peste que se dirigía hacia allí. Le preguntaron a cuántos pretendía matar. Su respuesta fue: "A trescientos ". De regreso a Joppa se encontraron con la Peste que volvía de ese lugar y le informaron de que habían oído hablar de la muerte de 3.300. "Oh" respondió la Peste, "maté solo a 300. Los otros murieron de miedo". 
Texto e imagen extraídos del Chicago Daily News (publicados el 8 de octubre de 1918 en el The Richmond Palladium and Sun-Telegram).

En Bombs and Bombing (1941) un libro de Willy Ley, que habla del miedo que produce la amenaza de una guerra química, he encontrado otra versión de la misma leyenda un poco más elaborada, centrada en Alejandría  (Egipto).
 
"Érase una vez, según una vieja leyenda árabe, un peregrino que recién salido de Alejandría se encontró con otro viajero que iba rumbo a la ciudad. ¿Qué vas a hacer? le preguntó el peregrino que reconoció en el otro a la Peste. Voy a Alejandría a cobrarme tres mil vidas, contestó la Peste. El peregrino consideró la cifra, y para no enojar a la Peste haciendo que matara aun más fieles, no dijo nada. A la vuelta de su peregrinación, encontró a la Peste otra vez, pero había tenido entre tanto noticias de lo que había sucedido en Alejandría. ¿Por qué me mentiste? Le gritó. Dijiste que ibas a cobrarte tres mil vidas... pero me han dicho que murieron treinta mil. ¿Por qué, en el nombre del Profeta, lo has hecho? La Peste miró tristemente al peregrino y le respondió. Lo que te han contado es verdad. Pero yo no he roto mi palabra. Me llevé sólo a tres mil. Los otros murieron de miedo."

jueves, 19 de marzo de 2020

Los jinetes del apocalipsis cabalgan de nuevo

A lo largo de la historia, la guerra ha sido uno de los mayores temores de la humanidad. Pero la guerra hoy pertenece a la historia y a las márgenes de nuestro mundo. Ya casi no asusta a nadie. No funcionaba muy bien como motor generador de miedo y preocupación en la vieja Europa y el primer mundo, así que apareció el terrorismo, que sigue siendo otro de los modernos jinetes del apocalipsis, que ha servido para decretar estados de alarma y excepción, pero parece que tampoco funciona mucho en la actualidad, pese a su nombre de propagador del terror y motor de pánico, por lo que ha surgido este de la peste, viejo fantasma resucitado ahora con el nombre de COrona VIrus Disease 2019, el COVID-19, en la lengua del Imperio, que nosotros deberíamos propiamente denorminar la ENVICO-19, esto es, ENfermedad del VIrus COronario 2019, pero no vamos a discutir por una mera denominación terminológica habida cuenta de la supremacía preponderantemente abrumadora del anglicismo. Que cada cual lo llame como quiera, si quiere ponerle algún nombre propio o mote a la amenaza.

 
El ángel de la Muerte, Evelyn de Morgan (1881)

Está claro que lo que ahora alarma a la población es, como siempre, el miedo a la muerte, y en este caso la espada de Damoclés de la epidemia o pandemia del virus coronario, propagado por los medios de comunicación de masas y difusión de falsas noticias -todas lo son. Y es que precisamente un nuevo jinete del apocalipsis, el quinto, del que hablábamos aquí,  ha hecho su aparición diríamos estelar y galopante en nuestro mundo: el jinete de la información, que es el más importante de todos ellos porque sin él los otros no son nada. Sin ese jinete y su caballo amarillo no tendríamos noticias diarias y constantes en todos los medios de las guerras, las hambrunas, las epidemias y pandemias en el universo globo. 

¿A qué se debe esta abrumadora invasión de datos de contagiados y de muertos, de rumores de vacunas y de infectados, que, bajo el efecto de la bola de nieve que rueda, ya no se sabe si son noticias contrastadas o bulos sensacionalistas de la prensa amarilla -en estos momentos toda la prensa lo es-, o ya no hay diferencia entre lo uno y lo otro porque todo vale con tal de hacer que se viralice, nunca mejor dicho, y propague el raudo galopar de ese jinete, el más veloz de todos?


Hay una epidemia (del griego epi "encima" y demos "pueblo") que está por encima del pueblo y es una auténtica ya pandemia: el Estado, y el Estado ha declarado el Estado de Alarma, la espada de Damoclés que es el miedo a la muerte, siempre futura. Al principio decían que sólo afectaba a nuestros mayores. Ahora dicen que puede afectar a todo el mundo. Al principio hablaban de unos síntomas, ahora afirman, contra toda evidencia científica, que podemos ser portadores asintomáticos del virus, es decir, sin portar ni presentar ningún síntoma vírico,  y contagiar a los demás. Nadie está libre de ser un potencial asesino y de ser asesinado por los demás. Por eso debemos permanecer recluidos bajo arresto domiciliario, haciendo lo que nos dé la gana, pero en la clausura de nuestro domicilio. Por nuestro propio bien. Y por el de los demás. El Estado, el Gran Hermano orgüeliano, vela como Dios padre que es por todos nosotros.  Él sabe mejor que nosotros mismos lo que nos conviene, y nos conviene quedarnos en casa castigados como cuando éramos pequeños y habíamos sido malos.


Cui bono prosit? ¿A quién beneficia ese miedo? ¿Para qué sirve? Beneficiar no beneficia mucho a nadie, a ninguno de los que andamos por aquí abajo, sino todo lo contrario, desde luego, pero sí que parece que puede beneficiar a la supraestructura, a los y a lo de arriba, llámense Estado y Capital, que son tal para cual, Banco Central Europeo o como se quiera, y sí que sirve para algo: para ejercer un poder omnímodo que no admite contestación sobre el pueblo, que ve controlada su libre movilidad y su derecho de reunión y libre asociación, con su pleno consentimiento y obediencia sumisa sin rechistar, convencido de que las medidas que se "implementan" son por su bien, máxime cuando se esgrime el fetiche de la salud y seguridad públicas. 

Belerofonte cabalgando a Pégaso

Pero hagámonos desde nuestra encerrona algunas preguntas, como hace Jorge León Casero, profesor de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, en un artículo que no tiene desperdicio: Soberanía en tiempos de biopolítica: estado de alarma y derechos fundamentales¿...por qué se declara el estado de alarma en el caso del coronavirus y no en el de la gripe? ¿Sómos realmente conscientes de lo que supone anular algunos de nuestros derechos más fundamentales, como es el derecho de reunión pacífica recogido en el art. 21 de la Constitución Española o el derecho a circular libremente por el territorio nacional del art. 19? Y lo que es más preocupante aún, ¿somos realmente conscientes de la facilidad con la que renunciamos a nuestros derechos y otorgamos potestades soberanas al poder ejecutivo cada vez que se produce una situación de alarmismo social?"

A lo que sólo hace falta añadir que ese alarmismo social ha sido decretado por el poder ejecutivo, como dice Jorge León Casero, es  decir, "por el Gobierno", que se ha vestido de hermanita de la caridad histérica y ha declarado el Estado de Alarma. Pero no olvidemos que el poder ejecutivo, junto con el legislativo y el judicial, que son los tres poderes del Estado, no son eficaces aunque tengan todas las Fuerzas y Cuerpos de Orden Público y Seguridad a sus órdenes como tienen, sin el Cuarto Poder, precisamente, que es la prensa, en lenguaje decimonónico, y los medios de información y masificación o mass media en la lengua del Imperio.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La peste de Atenas

En el año 430 a. C. se produjo una epidemia devastadora en la entonces poderosa ciudad-estado de Atenas, que destruyó su hegemonía en la Hélade y se llevó muchas vidas por delante. 

Atenas, que estaba sumida por entonces en la Guerra del Peloponeso contra Esparta, se vio obligada a recibir a mucha gente del campo que buscaba refugio entre sus murallas, por lo que se convirtió en el caldo de cultivo idóneo para una pestilencia de gran magnitud en la que entre otros muchos murió su gobernante Periclés. 

La peste de Atenas la narró Tucídides, el historiador, en griego y en prosa, quien, según parece, consiguió sobrevivir y constatar sus síntomas, víctima de ella:  pues al principio los médicos, por ignorancia, no tenían éxito en la curación, sino que precisamente ellos morían en mayor número porque eran los que más se acercaban a los enfermos, ni tampoco ningún otro remedio humano; y fue inútil suplicar en los templos y recurrir a los oráculos y medios semejantes, y, finalmente, las gentes desistieron de usarlos vencidas por el mal (Tucídides, Guerra del Peloponeso, II, 47.4, traducción de F. Rodríguez Adrados:  οὔτε γὰρ ἰατροὶ ἤρκουν τὸ πρῶτον θεραπεύοντες ἀγνοίᾳ, ἀλλ᾽ αὐτοὶ μάλιστα ἔθνῃσκον ὅσῳ καὶ μάλιστα προσῇσαν, οὔτε ἄλλη ἀνθρωπεία τέχνη οὐδεμία· ὅσα τε πρὸς ἱεροῖς ἱκέτευσαν ἢ μαντείοις καὶ τοῖς τοιούτοις ἐχρήσαντο, πάντα ἀνωφελῆ ἦν, τελευτῶντές τε αὐτῶν ἀπέστησαν ὑπὸ τοῦ κακοῦ νικώμενοι).

En latín y en verso volvió a narrarla siglos después Lucrecio al final de su poema didáctico De rerum natura, donde trataba de librar a la humanidad, siguiendo a su maestro Epicuro, del miedo a la muerte. 

Según algunos estudios, la plaga, que parece que fue una fiebre tifoidea, se habría originado en Etiopía y a través de Egipto y Libia habría llegado al puerto del Pireo entre el 430-426 antes de Cristo cambiando el curso de la guerra entre las dos superpotencias de entonces e inclinando la balanza hacia el bando espartano, lo que conllevó el final del siglo de Periclés. Ni los médicos ni las plegarias a los dioses lograron contener su propagación a través del agua corriente.

 La peste de Atenas, Michiel Sweerts c.1652-1654

Agustín García Calvo en su espléndida traducción en hexámetros castellanos con rima asonante del poema lucreciano (De rerum natura, De la realidad, Lucrecio, editorial Lucina, 1997) la resume así en una paráfrasis en prosa al pie de su versión en verso: 

(La peste de Atenas), engendrada por un aire pestilente venido del Egipto [sigue la descripción de la epidemia que asoló el Ática al año segundo de la guerra del Peloponeso, tal como la describe Tucídides II 47-52, aunque añadiendo algunos rasgos, como ese mismo del origen, que sugieren que Lucrecio leyó también algún informe acaso de escritores médicos: pero, aun así, la correspondencia con el testo de Tucídides, a veces muy cercana, brinda una ocasión singular para discernir cómo una misma materia se convierte en cosas distintas bajo el tratamiento de la prosa histórica o de la poesía], en la cual, los síntomas de penetración, de la cabeza y garganta al pecho (con escasa fiebre por fuera, pero abrasándose por dentro, al punto de que algunos se arrojaran de cabeza a los pozos, y no pudiendo soportar ni la más ligera ropa), venían al octavo o noveno día a hacer crisis, que era generalmente muerte, y aun los que escapaban solían perecer luego de negro flujo de vientre u otras diversas consecuencias, o acababan en mutilación de miembros, para cortar la estensión al mal, o, con la angustia de la muerte segura, en pérdida del juicio [algo más distinguidos por fases que en Tucídides, se mezclan los síntomas que diríamos gripales con los disentéricos, si aplicáramos clasificaciones venidas con el progreso de la Medicina, y de las enfermedades, tal que, entre las actuales, es difícil reconocer nada comparable en implicación de órganos diversos, a esta peste ática].

La plaga de Atenas, Stanley Meltzoff (1917-2006)

Se añadían las muertes de animales también contaminados, perros y hasta buitres, que rehuían los cadáveres o, si los tocaban, caían bajo el mismo mal; y ensombrecía todas las almas tanto el ansia de los que, al sentir en sí los síntomas, se sabían condenados, como el miedo de otros al contagio, que no evitaba el caer bajo la peste ni a los que cobardemente rehuían el cuidado de los enfermos ni a los que, valientes y condolidos por las quejas de los moribundos, iban a atenderlos; el mal cundía igualmente entre los campesinos, que morían apelotonados en sus chozas, y el hacinamiento de los que huían del campo aumentaba en la ciudad la pestilencia y la miseria, llenos de cadáveres los paseos y las fuentes públicas, y hasta los templos, que abrían los sacristanes para asilo; en fin, respetos religiosos y humanos se perdían, y los cadáveres o quedaban abandonados por las calles, o también había quienes en las piras fúnebres de otros arrojaban los de sus muertos a escondidas, viniendo a veces a enzarzarse en riñas encarnizadas, antes que abandonar los cuerpos. 

La peste de Atenas, François Perrier 1640

Con esta visión de muerte multitudinaria se cierra el De rerum natura tal como nos ha llegado, y en todo caso, de manera fiel a la actitud de atacar el miedo a la muerte sin más recurso que su total reconocimiento, llevando a las últimas consecuencias la creencia de que también la muerte es natural. 

Agustín García Calvo, edición crítica y versión rítmica del De rerum natura, De la Realidad, de Lucrecio. 
(Al transcribir el texto he respetado las grafías testo y estensión del autor, que no son erratas, sino voluntarias).

martes, 17 de marzo de 2020

Eneas, refugiado de guerra

Tras la guerra de Troya ya no quedaron héroes épicos sobre la faz del mundo. Se diría que se acabó con ella la edad semidivina. Escribió en alguna parte James Joyce* que ya nadie hablaba de aquellos Aquiles, Menelao, Agamenón, sino sólo de uno que no tenía mucho que ver con ellos, el más humano porque no era hijo de ningún dios ni de ninguna diosa, sino de un hombre y una mujer, el único héroe moderno: Ulises. 

Tiene Joyce razón en parte, pero ha cometido el pecado de considerar sólo a los héroes del bando griego, a los vencedores, por los que muestra su simpatía, y se centra en uno de ellos, el que para él será el paradigma heroico en una época en que ya no hay héroes: Odiseo, más conocido por su nombre latino Ulises, el artífice de la helénica victoria gracia a su argucia del caballo. 

Pero volvamos la vista por un momento al bando de los vencidos, a los derrotados, olvidémonos de Aquiles, de Patroclo, de Menelao y Agamenón, y miremos a los troyanos: Recordemos a Héctor y a Paris... Sobre ellos pesa el estigma imperdonable de la derrota y el fracaso, al contrario de lo que sucede con Ulises. 

Fijémonos en un superviviente, en alguien que no murió heroicamente luchando contra Aquiles, como Héctor, sino que consiguió sobrevivir, y que huyó de Troya rumbo a Occidente con la misión de hacer que renaciera Troya en otro lugar del mundo. No en vano era hijo de una diosa, Afrodita, y de un mortal, Anquises.

Terracota de Eneas, Anquises y Ascanio, siglo I a. C.

Estamos hablando de Eneas. La imagen del héroe huyendo de la ciudad en llamas destruida por la guerra con su padre el anciano Anquises a hombros y su hijo Ascanio de la mano representa por un lado las tres edades o generaciones de la vida humana en una composición artística: el niño, el anciano y en el centro de la composición el adulto, cargando con ambos. 

Según Aulo Gelio,  el legendario rey de Roma que fue Servio Tulio estableció con admirable precisión para su época que la vida del hombre se dividía en tres etapas, a las que denominó pueritia (niñez, desde la cuna hasta los diecisiete años), iuuenta (juventud, en sentido amplio, desde los diecisiete hasta los cuarenta y seis años, correspondiente a nuestra madurez), y senecta (vejez, a partir de los cuarenta y seis), si bien, dada la esperanza cuantitativa de vida, la llamada hoy ominosamente tercera edad comenzaría más tarde, en torno a los 60 probablemente y hasta la muerte.

 Eneas, Anquises y Ascanio, Lorenzo Bernini 1616-1618

Pero por otro lado esa imagen que tanto han repetido las artes gráficas, así en pintura como en escultura, de la trinidad de Eneas, Anquises y Ascanio, representa la lucha por la vida de los que han perdido todo: son la imagen antigua de los modernos refugiados de la guerra que huyen nada más que con lo puesto de Turquía, donde estaba el emplazamiento de la vieja Troya según descubrió Schliemann en Hissarlick, e intentan llegar a Grecia en primer lugar y de ahí a Occidente, en busca de un nuevo asentamiento para ellos y sus familias. 

Eneas huyendo de Troya, Pompeo Batoni c. 1750 


Desde el punto de vista artístico, la representación más acrisolada de la huida de Troya de Eneas es la del fresco de la "Stanza dell' Incendio" (la figura de Eneas se halla a la izquierda), que pintaron Rafael Sanzio (1483-1520) y Giulio Romano en los Apartamentos Papales del Vaticano, como tributo y homenaje a Virgilio, que narraba magistralmente en la Eneida el episodio.

Estancia del incendio de la ciudad, Rafael y Giulio Romano 1514
 

¿Qué hubiera sucedido si como pasa ahora se les hubiera negado la entrada en los puertos del Mediterráneo y se hubieran encontrado con unas fronteras infranqueables para ellos y se vieran hacinados en campamentos de refugiados en unas condiciones inhumanas que poco distan de las de los campos de concentración de la segunda guerra mundial? ¿Habría llegado Eneas al Lacio? ¿Habría plantado la semilla, que son los penates que lleva consigo el anciano Anquises, de Roma? Pregunta retórica donde las haya porque sin Eneas no habría Roma ninguna, ni se habría fundado tampoco la cacareada y moderna Europa. Estos tiempos nuestros son, desde luego, muy poco heroicos, y el problema no es que haya extranjeros, sino que hay fronteras que separan, confinándonos, a los nuestros de los otros.

Nota.-  *It (se refiere a la Odisea de Homero) is greater, more human, than that of Hamlet, Don Quixote, Dante, Faust... I find the subject of Ulysses the most human in world literature... After Troy there is not further talk of Achilles, Menelaus, Agamemnon. Only one man is not done with; his heroic career has hardly begun: Ulysses. (Joyce citado en el James Joyce de Richard Ellmann.)

domingo, 15 de marzo de 2020

Homenaje al poeta persa




...Sonríe y emborráchate y no pienses más, 
haz el amor con el sabor aún del vino 
en los labios, antes de que el viento de la Muerte 
te sorprenda helando tu sonrisa para siempre.

sábado, 14 de marzo de 2020

Los más felices del mundo

Quizá Suecia sea el mejor país del mundo pero parece que allí la gente no es muy feliz sin embargo. Si utilizamos como criterios de satisfacción la prosperidad económica, la democracia, la competitividad, la cooperación social, la conciencia ecológica o la honestidad, está claro que la palma se la llevan los países nórdicos europeos. 

Pero según un estudio de la prestigiosa revista científica británica New Scientist, una red internacional de sociólogos ha evaluado los países del mundo para determinar dónde es más feliz la gente, siguiendo nueve criterios tales como tendencia genética a sentirse feliz, matrimonio (¡qué índice de felicidad más extraño este!), número de amigos, limitación de expectativas, deseos o ambiciones, hacer el bien, creencia, no compararse con los demás, mejor forma de ganarse la vida, y buen envejecimiento. 

Dos hermanas, Pierre Auguste Renoir, 1881

Los resultados muestran que la gente más feliz no vive allá entre los hiperbóreos, en el mejor país del mundo, que sería Suecia, sino en el hemisferio sur: en Nigeria, seguida de México, Venezuela, el Salvador y Puerto Rico, en este orden. 

Esta conclusión no convierte a Nigeria en un nuevo Edén, pues no deja de ser uno de los países más pobres del planeta, pero muestra que no hay relación directa entre riqueza económica y la felicidad. 

Antes bien, parece que la economía es un factor inhibidor de la felicidad ("happiness supressant"), algo que ya sabíamos o intuíamos, por otra parte. 

¿Por qué tienden, en ese caso, todos los gobiernos del mundo a mejorar la economía? ¿Por qué nos dejamos gobernar por las entidades bancarias y por los Mercados?

viernes, 13 de marzo de 2020

El caso del monje Virila

Una tarde de primavera, el abad del monasterio salió a pasear por la serranía de Leyre, en el antiguo reino de Navarra, como hacía todas las tardes por costumbre. El viejo abad, sin alejarse mucho del convento,  caminaba imbuido en sus muchas cavilaciones, hasta que sintió fatiga y se sentó a reposar junto a una fuente, donde permaneció absorto durante un rato en el que se le fue, como suele decirse, el santo al cielo escuchando, junto al fresco murmullo del agua, el canto melodioso de un ruiseñor embelesado.

De vuelta por la noche al monasterio, encontró que todo era diferente, como si todo hubiera cambiado de repente por arte de magia. El hermano que abrió el portón no reconoció a aquel hombre que afirmaba ser el abad, y creyó que había perdido la cabeza, ni él reconoció tampoco al portero, cuyo rostro apenas le resultaba familiar, como los rostros y los hábitos de todos los frailes que le salieron al encuentro. Todos unos perfectos extraños. El propio convento seguía en pie, y, aunque era sin duda el mismo de siempre, algo le decía que era diferente. 


Tras consultar los archivos, descubrieron que hacía trescientos años, un monje de aquel cenobio, llamado Virila, que había regentado el monasterio,  había salido una tarde de paseo y no había vuelto nunca más, por lo que se supuso que habría sido devorado por alguna alimaña. 

Virila, tal era el nombre del hombre, había estado oyendo el efímero canto de un ruiseñor durante un instante, cuando en realidad habían transcurrido tres siglos. El abad se había dejado llevar por el canto del ruiseñor, y se había fundido de hecho con el cántico melódico mismo del ave, uniéndose el sujeto y el objeto, y desapareciendo en esa unión el cronómetro del tiempo. 

Esta experiencia por muy singular que parezca no es ajena al individuo común de cualquier época y lugar. Sucede en los raros momentos en que el pintor se funde con el cuadro y el paisaje que está pintando,  o el alpinista con la escalada, de la misma manera que el oído se hace uno con la música que escucha. 

Nuestra vida, si bien la consideramos, se reduce por una parte a pasado, o sea, a biografía, y por otra a proyectos de futuro, ya sean temores o deseos, si no son ambas cosas. Y nada más. Pero ni en el futuro pasa nada ni en el pasado tampoco. 

Y ¿ahora? Ahora pasa algo, otra cosa, algo que escapa fuera de la realidad, algo de lo que sólo podemos ser conscientes cuando salimos de ella, cuando dejamos de vivir en el pasado y en el futuro, cuando como al abad Virila se nos va el santo al cielo y nos fundimos con el cántico del ruiseñor . 

Es el tiempo del goce de la experiencia del ahora, que conecta en cada momento con la vida que pasa, y que nos saca de la realidad gracias a esa válvula de escape que es “aquí y ahora”. Una vez que hemos salido de la realidad, ¿no son lo mismo tres siglos que tres minutos?

miércoles, 11 de marzo de 2020

Madrid amanecía (seguidillas para el 11 de marzo)

Madrid amanecía del sueño a cuestas. Era un once de marzo como cualquiera. 

Otro día de tantos de dura brega, de lucha por la vida, que no era fiesta. 

Desde los arrabales los trenes vuelan, zarpan uno tras otro, a toda vela hasta el corazón mismo de la gran bestia, la urbe que nos deslumbra, falsa moneda. 

Va la plebe al trabajo sin que se sepa que para mucha gente puede que sea éste su último viaje, y que no vuelvan. 




Van a que los engulla, vivos, la fiera máquina en su engranaje, rutina ciega, a inmolarse en sus aras a tumba abierta, a jornal mercenario de unas pesetas, a ganarse la vida, ay, y a perderla.

Estallaron las bombas, malditas sean. Desgarran cuerpos y almas en que hacen presa. Nadie puede creerlo ni se hace idea. 

Ya galopa el dolor a rienda suelta. Se abren, vivas, las carnes, rotas las venas. 

Deja, roja, en el alba la sangre huella. A la estación de Atocha la muerte llega, la que nadie esperaba, la que no espera.

martes, 10 de marzo de 2020

Un virus de destrucción y distracción masiva

La periodista Tamara Pearson en su lúcido y necesario artículo  "Todas las epidemias devastadoras de las que el coronavirus nos está distrayendo", All the Devastating Epidemics That Coronavirus is Distracting Us From publicado en la lengua del Imperio el 6 de marzo aquí muestra cómo los medios de masificación hacen un seguimiento diario –y la Red casi minuto a minuto y segundo a segundo- de los muertos que van cayendo y los contagiados del coronavirus, y cómo la cobertura de esta vírica pestilencia, tan innecesaria como alarmista, oculta otras epidemias y pestes que se ciernen sobre nosotros mucho más graves, virosas y amenazadoras que de este modo nos pasan desapercibidas. 

Han muerto lamentablemente 3.000 personas de coronavirus en los últimos dos meses, a razón de 50 personas al día en todo el mundo. Pero hay otras epidemias de las que no nos informan comparativamente mucho mayores, y con las que convivimos sin darnos mucha cuenta y sin que los gobiernos hagan nada por evitarlo. 


Estos son los datos reveladores y abrumadores que aporta T. Pearson y que pueden contrastarse en las fuentes autorizadas que cita su artículo: 
87.000 mujeres al año, o 238 al día, asesinadas. 
36.000 personas al día se ven obligadas a huir de sus hogares, habiendo un total de 70,8 millones de personas actualmente desplazadas por la fuerza. 
24.600 personas mueren cada día de hambre y 820 millones  no tienen suficientes alimentos que comer. 
10.000 personas mueren diariamente por falta de acceso a la atención sanitaria. 
6.000 personas mueren diariamente por accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo, siendo 2.3 millones de personas al año. -Hay 340 millones de accidentes laborales cada año. 
2.191 personas mueren por suicidio cada día enel mundo, 800.000 al año. 
1.643 personas mueren cada día debido al tabaquismo pasivo.
740 peatones mueren atropellados en las carreteras cada día.
Alrededor de 998 millones de mujeres en el mundo han sufrido violencia sexual (lo que supone un 35% de las mujeres). 
En cualquier momento dado, alrededor de 40.3 millones de personas padecen algún tipo de trabajo o matrimonio forzados. 
Un área forestal del tamaño del Reino Unido se destruye en el mundo cada año.  
Hay 150 millones de personas sin un lugar donde vivir y 1.600 millones de personas que viven en habitáculos en malas condiciones. 
– Mas del 50% de los indígenas adultos sufren diabetes del tipo 2. 
– Unas 560.000 personas aproximadamente fueron asesinadas en Siria en diciembre de 2018. 
– Casi la mitad de la humanidad vive con menos de 5 dólares y medio al día. 

 

Cada cual puede sacar sus propias conclusiones de los datos anteriores, habida cuenta de que hay muchas otras epidemias y pandemias más que no están debidamente cuantificadas en este mundo nuestro, pero lo que está claro es que los medios de masificación están fomentando el pánico, no vamos a decir innecesario, sino necesario sólo para asegurar el dominio del Estado y el Capital a través de la sumisión de la gente a lo que está mandado:  adquirir mascarillas-bozales en las farmacias y lavarse compulsivamente las manos,  no besar ni abrazar ni extenderle la mano a nadie, así como encerrarse en casa bajo arresto domiciliario masivo y cuarentena y no querer visitar a nadie, evitando aglomeraciones y fomentando la dispersión.  

De alguna manera hay que decir -alguien tiene que decirlo- que el periodismo que se está haciendo sobre el tema -inflando el globo del coronavirus COVID19 (COrona VIrus Disease 2019 o enfermedad del coronavirus del año 2019 en la lengua del Imperio, habrá que esperar a la actualización de 2020 para coger el último modelo de su aplicación práctica, como decía el chiste) es una forma de terrorismo, terrorismo informativo, es verdad, pero terrorismo al fin y al cabo, en el primer sentido de la palabra ("dominación por el terror"), porque está sembrando el pánico innecesario entre la población mundial y porque está silenciando interesadamente las otras y más letales pestes de las que habla Tamara Pearson en su estupendo artículo.  

Un vídeo de Jesús Quintero, el inolvidable Loco de la Colina, de hace unos cuantos años sobre el mismo tema sigue estando de rabiosa actualidad por aquello de  que hoy es siempre todavía: