domingo, 18 de enero de 2026

Fruslerías

Corre por mi mente tanta información / Que me vuelve loco ya sin ton ni son. Cantaba a comienzos de los ochenta un grupo roquero en la lengua del Imperio: 
 
Too much information running through my brain, / Too much information driving me insane. ¿Qué decir de la sobrecarga informativa que padecemos en la actualidad? 
 
(De Tute)

 El recibimiento dado al equipo local a su llegada a los Campos de Sport fue multitudinario y apoteósico en una noche en la que hubo hasta fuegos artificiales.
 
Nadie obliga a abrir una cuenta corriente en el banco ni a tener un teléfono móvil o una conexión a Internet, desde luego, pero intenta, sin eso, funcionar... 
 
 
(Meme de Anónimo García)
 
El colmo del absurdo: Según la prensa del Régimen, los inviernos son más cálidos que nunca, aunque los percibimos más fríos. La “amnesia climática”, culpable.
 
Los defensores de la libertad del mercado dicen que él es el símbolo de la libertad, pero si no tenemos dinero o tenemos poco ¿qué libertad tenemos de mercado?
 
No debería preocuparnos que la Inteligencia Artificial nos haga creer que existen cosas que no existen, sino lo contrario: creer que no existe lo que existe.


Uno de los mejores trucos de la historia fue el de un virus que aparecía cuando estábamos de pie y desaparecía sin dejar rastro si estábamos sentados a la mesa.
  
 El 15 de enero se cumplía el sexto aniversario de aquel otro 15 de enero de 2020 que permanece grabado como el último "normal" antes de la nueva subnormalidad.
 
 Un viajero que regresaba de Wuhan (China) aterrizó en los Estados Unidos, portador asintomático de un virus que sumiría al mundo en el gran evento coronado.
 
  En la estación de Atocha, cuentan, hay que pagar un euro por usar el retrete. El dinero del urinario, dijo Vespasiano, no huele (mal). Nada nuevo bajo el sol.
 
¿Cómo distinguir la cordura de la locura cuando quienes detentan el poder son los que establecen precisamente las definiciones de ambas y lo que es normalidad? 

sábado, 17 de enero de 2026

Teatrillo de variedades ( y V)

17.- El gran rompedero de cabeza: Releyendo Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, publicado en 1865, me encuentro con esta reflexión en el capítulo segundo titulado El Charco de Lágrimas en el que Alicia, perpleja, se pregunta a sí misma por su identidad tras los cambios que ha sufrido en el país de las maravillas creciendo y menguando como la luna: «¡Cielo santo, cielo santo! ¡Qué extraño es todo hoy! Ayer las cosas sucedían con absoluta normalidad. ¿Me habré cambiado durante la noche? A ver: ¿era yo la misma cuando me levanté esta mañana? Casi creo recordar que me sentía un poco distinta. Pero si no soy la misma, entonces la siguiente pregunta es: ¿quién demonios soy yo? Ah, ese es el gran rompecabezas. Y comenzó a pensar en todas las niñas que conocía y que tenían más o menos su misma edad, para ver si acaso no se habría transformado en alguna de ellas…» Todos nos hacemos alguna vez esa misma pregunta que cuestiona el principio de identidad aristotélico A=A: ¿Quién soy yo? Ah, ese es el gran rompecabezas, el enigma inextricable. 

18.- Lo Trans: Las orientaciones sexuales de las siglas LGB -lesbianas, gays y bisexuales-, que reflejan el gusto de las mujeres por otras mujeres, de los hombres por otros hombres y el gusto de ambos sexos indistintamente por ambos sexos, están dentro de la naturaleza. Pero la cuestión trans es otra cosa: las personas que se definen como transexuales y se amparan bajo esta etiqueta deben ser, por supuesto, protegidas y respetadas como personas que son, pero algo nos dice que la transexualidad es una imposición social que no está en la naturaleza: la rebelión contra el género, que es la construcción social del sexo, lleva a los que se definen como transexuales o transgéneros a adoptar los estereotipos sexuales y genéricos del sexo opuesto. Un hombre no puede realmente convertirse en mujer ni una mujer en hombre, porque es algo biológicamente imposible por mucha cirugía y hormonación que se emplee. Intentarlo es negar la realidad del cuerpo, imponiéndole una idea. Sin embargo, la ideología trans forma parte del sistema y es una de las banderas que enarbola ahora Occidente, y la transfobia puede convertirse en un delito si conlleva odio y discriminación. 
 

 19.- Tiempo y espacio: Suelo contar un chiste que consiste en preguntarle al interlocutor si sabe por qué los físicos no hacen el amor (o no follan, más a las claras). La pregunta causa enseguida extrañeza en los oyentes, que confiesan que no tienen ni la menor idea. Y entonces se les dice: Pues es muy sencillo, porque cuando se les presenta la ocasión y encuentran el momento de hacerlo (es decir cuando tienen el tiempo preciso), no hallan ni el lugar ni la posición adecuada (es decir el espacio), y cuando hallan la posición y el lugar adecuado, no encuentran el momento, o sea el tiempo. Es decir: si hallan el tiempo, no hallan el espacio, y viceversa: si tienen el espacio pierden el tiempo. Nunca se dan a la vez las condiciones espacio-temporales favorables. Espacio y tiempo son esencialmente incompatibles, porque como dice García Calvo: "Hay en verdad una enemistad sin paz posible entre esto que tratamos como espacio o sitios y eso otro a lo que aludimos como tiempo; y todas las razones vienen a repetir esta razón, que por lo bajo suena, aunque no se la quiera oír: DONDE ESPACIO, TIEMPO NO, / CUANDO TIEMPO, NO ESPACIO, o, para que el donde y el cuando  no nos inciten a más inútiles enredos, más limpiamente así: SI TIEMPO, NO ESPACIO, / SI ESPACIO, TIEMPO NO." (Agustín García Calvo, Contra el Tiempo, 1993) 

20.- Colapsar es un término cultísimo que se oye últimamente por todas partes tanto en la lengua del Imperio como en la nuestra, influenciada por aquella, que procede del latín, y que se define transitivamente como producir colapso a alguien o en algo (por ejemplo, 'Un accidente de tráfico ha colapsado la AP-9' o 'El apagón eléctrico colapsó España' o 'Puede colapsar WhatsApp e Internet') e intransitivamente como sufrir colapso o caer en él (por ejemplo hablando de personajes famosos: 'La legendaria cantante colapsó en el escenario durante un concierto en Sao Paulo'). En el lenguaje periodístico “colapsar” se usa tanto en sentido literal (por ejemplo, sistemas o servicios que se paralizan o dejan de funcionar) como figurado (por ejemplo, estructuras sociales o tecnológicas que se sobrecargan). El uso en titulares y textos informativos es frecuente para describir crisis, fallos o saturación de sistemas. Lo que nos lleva al término colapso que significa caída o desmayo y también atasco. Es el verbo de moda que sirve tanto para un roto como para un descosido. Y lo peor de todo es que se pone de moda el término y todo el mundo se pone inmediatamente a colapsar: los hospitales, la sanidad, un emporio comercial que echa el cierre, una montaña que provoca un alud... Y si no colapsamos en acto, nos invade el miedo al colapso en potencia, a derrumbarnos, a desfallecer, a desplomarnos, a caer como una masa.
 
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Se diría que esta vieja canción es hoy más relevante que cuando se oyó por vez primera en 1992 cantada por Bruce Springsteen. Se titula "Cincuenta y siete canales y nada que ver". El título aludía a la televisión por cable que tenía más cadenas que la televisión aérea. De hecho los jóvenes ya no ven TV. Solo la vemos los viejos. Para algunos es la única compañera de su soledad, encendida todo el día. Los jóvenes se refugian en las plataformas donde eligen a la carta. Podríamos decir que hay muchísimos más canales públicos y privados y no echan nada que valga la pena ver en ninguno de ellos. Esto es lo que cantaba The Boss, el Jefe, ya que no el Rey, que sigue siendo Elvis: Así que compré una Magnum 44, era de acero macizo fundido. / Y en el bendito nombre de Elvis, bueno, simplemente la disparé. / Hasta que mi televisor quedó hecho pedazos a mis pies. / Y me arrestaron por alterar la todopoderosa paz. / El juez dijo: «¿Qué tienes en tu defensa, hijo, que alegar?». «Cincuenta y siete canales y nada que ver».
   

viernes, 16 de enero de 2026

De tertulia

En la tertulia literaria, pseudofilosófica y política de poetas radicales surrealistas que tiene lugar todas las tardes en El Parnaso, viejo y destartalado puticlub hoy reconvertido en café donde se dan cita y alternan las musas inconformistas y rebeldes de los cuatro artistastros que la frecuentan y se plantean los problemas del mundo que no se resuelven porque no tienen solución, surge siempre la misma y eterna cuestión: ¿Cuál es el remedio que puede poner fin a tanta desventura como acontece? Tarde o temprano alguien, que suele ser casi siempre el mismo exaltado, regurgita la misma respuesta: -¡La dinamita!

Lo vocifera el filántropo redomado, como le llaman los demás no sin cierta guasa, ya que fundamenta su filantropía en el exterminio de la especie humana. Y añade como colofón: -¡Por el bien de la humanidad,  y del resto del planeta! ¿Lo acusaríamos de delito de odio al género humano? ¿Desde cuándo el odio, que es la otra cara del amor, es un delito? ¿Por qué no se reivindica con la misma dignidad que el amor libre la liberación del odio, el odio libre? ¿Sería acaso reo de apología del genocidio y enaltecimiento del terrorismo en esta España hodierna de nuestras entretelas? ¿Se trata, acaso, de un peligroso terrorista o simplemente de alguien que hace uso de la libertad de expresión expresando, valga la redundancia,  libremente pese a quien pese, que siempre le va a pesar a a alguien, lo que siente y lo que piensa?

Un rincón de mesa, Henri Fantin-Latour (1872)
 
La policía sabe, desde luego, que ni el exaltado dinamitero, ni ninguno de los demás tertuliantes de la poco concurrida tertulia parnasiana de artistas fracasados y bohemios de provincias, románticos empedernidos alérgicos al trabajo asalariado, al que, insumisos como son, no se doblegan,  son peligrosos, ni siquiera potencialmente peligrosos terroristas, y no están fichados, aunque recaigan a veces en el delito verbal de apología del terrorismo. 
 
Se trata simplemente de un grupo de poetastros macilentos de poca monta y ningún renombre que quieren hacerse notar a toda costa con proclamas escandalosas e incendiarias. El exaltado dinamitero, además, es un bohemio con aire de eterno adolescente que ya no es lo que parece. Suele permanecer silencioso y grave durante un buen rato, y gusta de romper su hermético mutismo de vez en cuando proclamándose el más encarnizado enemigo de la humanidad, acérrimo partidario del exterminio absoluto y la extinción del bíblico semental humano.

¿Anarquista? En todo caso anarquista descreído, de los que ni siquiera creen ya en la anarquía. Es verdad que nunca pugnará por tomar el poder, como han hecho los peores compañeros de viaje y falsos revolucionarios, los camaradas comunistas, siempre vapuleados en la tertulia, que cada dos por  tres están dando la matraca con que todo va a cambiar cuando ellos tomen el cielo por asalto, y destronen al simbólico Zar de todas las Rusias desalojándolo del Palacio de Invierno, para entronizar al Partido y su Comité Central.

 Los cuatro gatos, Ricard Opisso (c. 1899)

Más que anarquista, es un nihilista corrosivo, propagador infatigable de ideas destructoras e incendiarias. O,  más que eso todavía, un enfant terrible partidario de la destrucción de todas las ideas; poeta venido a menos, como suele definirse, ha compuesto en hexámetros dactílicos con rima asonante un poema épico y  heroico que celebra el poder de la dinamita y  es un elogio, encomio lo denomina él, de la nitroglicerina; porque es un poeta, un poeta muerto de hambre, pero poeta al fin y a la postre; un poeta venido a menos cuya pretensión no ha sido ni será nunca ir a más ni venirse arriba, como se dice ahora, sino todo lo contrario.

Para los tertulianos no hay nada sagrado, salvo la blasfemia, que baja a Dios, a la Virgen María y a todos los santos del cielo para ponerlos a parir. Si hubiera algo sagrado, que no lo hay, no estaría, desde luego, dentro de los templos: ni en las mezquitas, ni en las sinagogas, ni en las iglesias, ni en las pagodas. Si hay algo sagrado es el fuego. Pero no el fuego real, sino el fuego de la razón, como diría el oscuro filósofo griego Heraclito de Éfeso, del que se proclama fanático seguidor, porque el fuego de la razón es el único que arde incombustible.

Alguna vez se ha dicho y mantenido en la tertulia que la única iglesia que ilumina es la que arde, pero esta proclamación de piromanía no se orienta a rendirle culto al fuego purificador porque sí, ni a incendiar bosques ni a quemar iglesias como los viejos anarquistas anticlericales, que proclamaban, siguiendo a Bakunin, que el aliento destructivo era el único espíritu auténticamente creador, y, por lo tanto, poético,  o como hizo Eróstrato, que también era de Éfeso como el tenebroso filósofo, que decidió liberar a la diosa prisionera del templo, destruyendo la que era una de las siete maravillas del mundo antiguo, que dio pábulo a pavorosas llamaradas, el templo de Ártemis, Artémide o Artemisa, la diosa virgen y madre, por lo que hoy es recordado por algunos psicagogos, que utilizan su nombre para criminalizar una conducta humana aparentemente destructiva, pero en el fondo poética y creativa, que denominan complejo de Eróstrato.

-¡Hay que ser incendiarios! ¡Dinamiteros de la fe, de toda fe! Arenga entonces a los contertulios, uno de los cuales se retuerce el bigote y frunce el entrecejo en señal de desaprobación. El vate dinamitero habla como un iluminado, con un brillo incendiario en los ojos enrojecidos. No cejaremos hasta ver cómo arde Troya, ese matrimonio sagrado del Estado y el Capital, cara y cruz de la misma moneda. No queremos destruir los edificios, añade, sino la fe, que es el fundamento que los sustenta. Tampoco a las personas, sino la fe, maldita sea, que las fundamenta obligándolas a ser lo que son. Nos mueve el aliento creativo de la destrucción. 

La tertulia errante (detalle), Detritus (¿2017?)

Autor de un panfleto titulado “El quinto elemento”, lo ha leído en la tertulia con voz temblorosa, que no por ello ha dejado de retumbar en el café donde nadie se escandaliza de ninguna de las ocurrencias que se dicen y se oyen, sino que, quien más quien menos, las escucha, masca y considera.

-A la lista de los cuatro elementos de Empedoclés -él no dice nunca Empédocles, a la latina, sino siempre a la griega con acento agudo- que componen el mundo y que son sus cuatro pilares y  metáforas primordiales, a saber, aire, tierra, agua y fuego, bendito sea el fuego, hermanos, hay que añadir un nuevo y no menos fundamental elemento que abarcará y definirá todo, incluyendo y no excluyendo a ninguno de los anteriores. Postulo este quinto y definitivo elemento con toda la dignidad y rigor científico y filosófico que se merece. No viene a incrementar los cuatro existentes, sino a excrementarlos porque el elemento que propongo es, efectivamente, el excremento: la mierda.

-No estoy hablando -añade tras una breve pausa solemne en que se abre un silencio expectante de indignación y asombro de todos los contertulios- como vate venido a menos que utiliza una metáfora que escandalizará sólo a los burgueses biempensantes,  que son los que no piensan. No estoy hablando en sentido figurado, sino en sentido real, física- y químicamente puro. Apelo a los sentimientos más íntimos de los presentes. ¿Quién no ha sentido alguna vez en su vida que todo es...  una puta mierda? ¡Que levante la mano si hay alguien aquí presente que no se haya percatado de eso alguna vez en su vida! Y cuando digo todo, digo todo y abarco a todas las cosas que hay y que son lo que son, incluidas todas las personas a las que meto en el mismo saco, y yo, el poeta venido a menos, el poeta dinamitero, el primero entre ellas. Por muy grosero que pueda parecer este quinto elemento, es la esencia de la realidad que demuestra, al mismo tiempo, la falsedad del mundo.

El manifiesto, una vez leído, ha arrancado algunos aplausos incondicionales y alguna crítica que otra soterrada. El bohemio exaltado ha apurado el chupito de tequila de un trago, y acto seguido ha concluido perentorio: -Recordad, amigos, que ninguna futura eternidad va a devolvernos el momento presente si lo rechazamos.

jueves, 15 de enero de 2026

Teatrillo de variedades (IV)

13.- Pedofobia. Escribía J.M. de Prada en que “detrás de la abolición de la Navidad, cada año más palpable, hay odio a los niños”. Podíamos llamar a este odio, que también es temor por lo que representan las tiernas criaturas, pedofobia. Efectivamente, nuestra sociedad no es ni pederasta ni pedófila en el buen sentido de ambas palabras referidas a la infancia, al niño que todos llevamos dentro, ya sea bajo la sombra de Eros, el amor, o de la filía, la amistad. A medida las cosas van pasando, que son las cosas las que pasan y no el tiempo, la infancia, la pureza de nuestras almas se contamina, nos vemos obligados a pisotear, a violar, a matar el niño que llevamos dentro. Vivir es sobrevivir a un niño muerto, dice Sartre en su hagiografía de Jean Genet. Por eso no hay Navidad, ni (re)nacimiento que valga. Escribe, por su parte, el zamorano que cada vez que nace un niño “el palacio de Herodes se tambalea en sus cimientos”, “Herodes pierde un trozo de su reino”, “Herodes es condenado al destierro”, pero quizá debería decir mejor que cada vez que nace un niño nace con él un Herodes dispuesto a perpetrar la matanza de su inocencia. Herodes somos nosotros mismos, no hace falta ni decirlo.

14 ¿Dónde están los jefes, jefazos, jefecillos, jefezuchos y jefezuelos de antaño? ¿Dónde las jefas...? Parece que ya no hay jefaturas. ¿Vivimos en la divina y áurea acracia? Ni por asomo. ¿Qué es lo que  hay entonces? El acrónimo de un anglicismo: CEOS. Antaño los llamábamos ejecutivos, pero como no sonaba bien porque recordaba a “ejecutor” y “ejecución”, los anglosajones los llamaron chiefs, que era su 'jefes' pero en francés, pero al poco hicieron un tres en uno formando el Chief Executive Officer, una denominación que recogía al ejecutivo y al jefe que se querían disimular y, además le añadía, lo de oficial que sonaba poco menos que a militar. Pero lo último ha sido la gran operación de camuflaje que proporcionan las siglas iniciales: CEO. Las siglas, que son un comprimido de un concepto complejo, nos alejan de ese concepto disimulándolo, ocultándolo. Ahora ya no hay jefes ni jefas -tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando-, lo que hay son CEOS de ambos sexos y géneros que, como los antiguos ejecutivos, viven en un mundo de aviones privados, restaurantes de lujo galardonados con estrellas michelín, hoteles de cinco estrellas premium, y manejan cifras astronómicas, impensables para el común de los mortales, viviendo con el bien fundado temor temor de perderlo todo y con la obviedad -que a veces logran olvidar- de que todo eso no les pertenece, y que, como dice a veces la gente, aquí se va a quedar, no ya cuando ellos se mueran, que efectivamente no podrán llevárselo al otro mundo, sino mañana mismo, hoy mismo, cuando su dueño y señor les agradezca sus servicios prestados y les despida, descubriendo que los que más mandaban eran los más mandados. 
 
 
15.- Por un puñado de likes.  Los influencers y tiktokers hacen cualquier cosa por un puñado de likes -pronúnciese laix- y por aumentar así el número de followers, lo que se traduce no solo en fama personal y logro de un nombre propio generalmente ridículo y parlante  sino sobre todo en dinero. Algunos llegan a poner en riesgo su propia vida con tal de conseguir la imagen perfecta e impactante para subir a sus redes sociales, convencidos de que unos segundos de viralidad justifican cualquier imprudencia temeraria. Otros encuentran lo que no buscan, por ejemplo, la muerte por un selfie o autorretrato, como se decía antaño. Hay retos, en efecto, que se hacen virales en los que los participantes se juegan la vida: no buscan un logro deportivo ni la hazaña personal de superarse a sí mismos, sino grabar contenido -porque son creadores de contenido, es decir, contenedores de basura- para sus redes sociales, por lo que algunas escenas pensadas para generar visitas y likes, terminan como no podía ser menos en tragedia. 
 

16.- Quien contamina paga. Recibo una carta certificada del ayuntamiento de la localidad en la que vivo comunicándome el basurazo, el nuevo impuesto de recogida y tratamiento de los residuos, en la que me informan de la 'nueva tasa de gestión de residuos', que responde, dicen, a la obligación de que los costes sean sufragados por quienes los generan, conforme al principio de “quien contamina paga” recogido en la legislación europea y española. Recuerda aquello de que 'el que rompe paga y se lleva los platos rotos'. ¿Es justo que quien contamine pague para librarse así de la contaminación que ha producido? Y la pregunta me lleva a la vieja consideración religiosa de que puedo pecar (o contaminar) si pago por ello comprando una bula de indulgencia, como hacían los pudientes -no todo el mundo podía, es decir, había que tener dinero para poder- que se saltaban el ayuno en Cuaresma y comían carne previa compra de una bula de indulgencia, un documento papal que perdonaba penas temporales por pecados confesados a cambio de dinero destinado a obras benéficas como eran las cruzadas por ejemplo. Genero basura (o residuos, como dice el ayuntamiento), pero, si pago por ello, purgo el pecado cometido de contaminación. No dejo de contaminar, que sería lo propio, sino que pago para seguir contaminando. A todo esto, no perdamos de vista el significado del verbo 'pagar', que todo el mundo entiende, y su etimología, que aquí se revela bien clara: hacer la paz, apaciguar, apagar. El dinero me permite seguir pecando, seguir contaminando, siempre que lo pague.
 
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 “-Manu, no la pierdes... la ilusión, digo”. 
 
Es lo que decía el anuncio entrañable -hay que verlo completo- de la lotería de Navidad de 2014, el mejor sin duda, que todavía sigue emocionando a los más duros y su mensaje de compartir el décimo de la ilusión. Su mensaje es que no hay que perder nunca la ilusión, que hay que compartirla. La lotería no se inventó para enriquecer al personal, sino al fisco, que es el único que juega todos los números y que, por lo tanto, gana siempre porque nunca pierde. Hay cien mil números de cinco cifras en juego que van desde el 00000 hasta el 99.999. Si yo juego un décimo de uno de esos números, que cuesta 20 euros, tengo una posibilidad entre cien mil de que me toque el premio gordo en la lotería de Navidad, que son 400.000 euros (que se quedan en 328.000 con la mordida de la Hacienda del Estado). Uno podría comprar todos los boletos para asegurarse así el premio Gordo, pero no sería un buen negocio porque debería para ello invertir dos millones de euros. No merece la pena invertir tanto dinero para ganar menos de la mitad de la mitad de lo que ha invertido. Esto nos da ya una idea de la gran estafa que es la lotería nacional, ese invento del Estado para sacarnos el dinero a la mayoría con la excusa de enriquecer a unos pocos. Uno juega a la lotería para ganar dinero, pero para eso debe gastarse veinte euros en un décimo. Hay más premios, y hay aproximaciones y, con un poco de suerte, puedes ganar la devolución del décimo si la cifra final del número jugado coincide con la del gordo. Eso me ha pasado a mí mismo este año, que caí en la trampa de adquirir un décimo y me tocó la devolución. Cuando fui a cobrarlo, es decir, a recuperar los veinte euros que había invertido, el lotero me dijo que si quería a cambio un décimo de la lotería de El Niño. Le dije que no, que me devolviera los veinte euros. Una y no más, santo Tomás. 
 
 

miércoles, 14 de enero de 2026

Teatrillo de variedades (III)

9.- El valor del dinero. No es que los precios suban, como a veces dice la gente escandalizada, es que el dinero cada vez vale menos, aunque cada vez haya, paradójicamente, más dinero circulando. Pero la mayor parte del dinero existente es una creación de los bancos que otorgan préstamos que constituyen una deuda que debe ser resarcida con el tiempo y con creces, que son los intereses. Con cada préstamo que se contrae se incorpora más capital al mercado -se fabrica más dinero-; y, con cada nueva incorporación de nuevo capital, el capital anterior existente comparte y reparte su valor con el dinero de nueva creación salido de la pura nada, por lo que el dinero cada vez vale menos, lo que hace que aumente la deuda, que es la esencia del dinero, que se amortiza con el tiempo que el propio dinero crea para amortizarse. El crédito que nos conceden origina la crisis porque para darnos un préstamo, tienen que inventar ese dinero; y cuando más dinero inventan y sale al mercado más aumenta la inflación y más baja el valor del dinero, lo que hace que el precio que tenía un producto, inestable por naturaleza, tenga tendencia generalmente al alza. La tendencia a la baja es teóricamente posible cuando hay superproducción y escasa demanda, pero en la práctica no es muy frecuente. Perdónanos nuestras deudas, Señor, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, se rezaba antes. Pero ahora no hay perdón de deuda que valga, porque si se condonara la deuda, se iría al infierno el sistema económico financiero planetario.  

10.- Apunte sobre fraude electoral: . Hay quien afirma que hubo “fraude electoral” en las últimas elecciones por el amaño de algunas papeletas. No voy a entrar en el detalle. Al margen de quién lo dice y del número de papeletas introducidas fraudulentamente en la urna y o bien en el cómputo, que no viene al caso, es cierto en cualquier situación: las elecciones siempre son un fraude porque los elegidos no representan a nadie, ni a sus electores ni a sí mismos siquiera, sino, en el mejor de los casos, a la formación política a la que pertenecen, subvencionada por el Estado y el Capital a su servicio. 

 

11- Polimatía. Contra el vicio erudito de acumular conocimientos, lo que se llamó polimatía en griego o erudición que abarca múltiples y muy diversos conocimientos científicos, hay un remedio al alcance de cualquiera consistente en desembarazarse de lo que uno, mal que le pese, está constitucionalmente preñado, vaciándose de las ideas previas recibidas y acumuladas que se convierten en costras que nos convierten en crustáceos. Escribía Heraclito (en traducción de J. D. García Bacca): La erudición en muchas cosas no enseña a entender ninguna, que, en caso contrario, hubiera enseñado a Hesíodo, a Pitágoras, a Jenófanes y a Hecateo. Arremete el filósofo oscuro más claro que el agua de Éfeso contra algunos sabios y científicos de su tiempo. Especialmente nos interesa su ataque a Pitágoras, que entre nosotros es el representante de la Matemática y las llamadas Ciencias Exactas ya que “al racionalizar o aplicar un lógos a las cosas y sus movimientos -como escribe García Calvo- oculta el lógos o o razón contradictoria que las constituye, en cuanto que presenta la contradicción como harmonía, y así (…) se revela la Ciencia positiva, no menos que la Retórica, como instrumento de engaño para los hombres”. 

12 ¡Toma ultrafalso y requetefalso! Al parecer, la Inteligencia Artificial Grok de X, antes tuíter, la plataforma más gamberra que hay, está editando fotos para poner a la gente en bikini y al parecer mujeres y niñas desnudas también a petición, y esto es una sexualización terrible. Hay que hacer algo rápidamente. Una solución propuesta por el primerministro británico, cuyo nombre propio poco importa, es prohibir dicha red social en el Reino Unido por los deepfakes -imágenes, vídeos o audios que son editados o generados utilizando herramientas de inteligencia artificial, y que pueden mostrar personas reales o inexistentes en situaciones que no han protagonizado, confundiéndose la realidad con la ficción- que publica y que están molestando a mucha gente. Así le ha replicado desde la plataforma algún tuitero:  ¡toma deepfake, ultrafalso y requetefalso primerministro!​ 

 

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Durante la Gala Especial de Nochevieja del 31 de diciembre de 1985 -va a hacer ya cuarentayún años, madre mía, de aquello- la actriz y cantante ya fallecida Concha Velasco celebraba la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, hoy rebautizada como Unión Europea, denominación que oculta el adjetivo esencial  “económica”, como si fuera un espíritu político puro y disimula el término original de 'Mercado Común' -la política es el disfraz de la economía- con un optimismo por todo lo alto que hoy nos resulta sarcástico al par que escandaloso. Comenzaba brindando y cantando la siguiente copla: “Señoras y señores, / alcemos nuestras copas; / con todos los honores, / brindemos por Europa”. Y a continuación, con unos pentasílabos perfectos: “Por obra y arte / de un compromiso / ya somos parte / del paraíso”: Al final del vídeo canta con una estudiada coreografía el tema pegadizo que hoy nos hace avergonzarnos: "Que viva el IVA, ay, que viva el IVA, que viva el IVA, ay que voy, que voy..." El IVA, por si alguien a estas alturas ignora lo que esconde el engendro cuya imposición se celebraba con burbujas de champán, es el acrónimo del Impuesto de Valor Añadido que con el año 1986 entraba en vigor en las Españas y sigue vigente hasta la fecha. El Estado, a través del Ente Público que es RTVE, nos convencía de cualquier cosa, capaz como era de hacernos comulgar con la imposición de una rueda de molino como si fuera la hostia, y lo peor de todo es que la gente en el plató aplaudía a rabiar a la gran artista vendida al Régimen. 

 

martes, 13 de enero de 2026

Teatrillo de variedades (II)

5.- En blanco-y-negro y en color. Cuando la televisión era en blanco y negro en los años sesenta, la vida, en contraposición, parecía que era en color. Ahora que la televisión es en color y en pantalla cada vez más grande, la vida resulta en contrapartida en  blanco y negro, grisácea, anodina. 
  
6.- Hay un misil hipersónico ruso, de nombre Oréshnik o algo así, sofisticado cohete capaz de transportar ojivas atómicas, que tiene a su alcance a tiro todas las capitales de la UE en menos de 20 minutos amenazándonos con el apocalipsis nuclear y obligándonos a rearmarnos y a enviar tropas de paz a Ucrania. Es un arma capaz de impactar a diez veces la velocidad del sonido, imposibilitando su interceptación. Pero, más que un arma convencional tan devastadora como un ataque nuclear, es una clara advertencia a los aliados de la OTAN que ha destrozado el mito de la superioridad tecnológica occidental y que revela que la física, que avanza que es una barbaridad -la magnetohidrodinámica (MHD), la tecnología subyacente a estos misiles- prevalece sobre las resoluciones diplomáticas. 
 

7.- Enmerdificación (o, más vulgar, enmierdificación) es el neologismo tecnológico que mejor define el momento actual. Es un préstamo, obviously, del inglés 'enshittification' referido al rápido y profundo deterioro de las plataformas y servicios de Internet que todos conocemos, desde Facebook, X y Google hasta Amazon, Apple o TikTok. El término lo acuó el canadiense Cory Doctorow, activista en defensa de los derechos de los internautas, ingeniero informático, periodista y escritor de ciencia ficción que ha publicado en EEUU el libro Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What To Do About It, que pretende explicarnos por qué todo empeoró de repente y a decirnos qué se puede hacer al respecto que al parecer va a editarse en España a lo largo del año en curso del Señor. La enmerdificación de la calidad de las plataformas digitales se produjo, según él, cuando dichas plataformas comenzaron a "priorizar la extracción de beneficios económicos" sobre el valor que estas tenían para los usuarios, es decir, cuando entró el dinero, que es mierda, a enmerdarlo todo, dicho con palabras más corrientes.  Inicialmente estas plataformas eran buenas para los usuarios -mucho suponer, pero bueno- que ofrecían servicios gratuitos o baratos para atraer usuarios, atraídos estos como moscas a la miel la plataforma empieza a atraer clientes comerciales tales como anunciantes o vendedores y finalmente, en un tercer y último estadio, la plataforma enriquece a sus accionistas, dejando solo la funcionalidad mínima para mantenerse en pie.
 
  
8.- Échale realities a la realidad, a ver si así cuela, para que cuele: Un reality show (o telerrealidad) es un género televisivo que muestra situaciones de la vida real, usando a personas corrientes y molientes (no actores profesionales) en situaciones “reales” como si fueran la vida cotidiana, sugiriendo así, de paso, que la vida cotidiana es un reality show y las personas comunes actores semiprofesionales, mostrando su convivencia cotidiana ante las cámaras y exhibiendo las glorias y las miserias de su vida privada personal. Su objetivo es generar empatía o morbo mostrando "hechos reales" o ficticios que se presentan como resales, como si fueran la vida cotidiana en la que los participantes se relacionan, compiten entre sí o colaboran, amigándose o enemistándose como en la supuesta vida real. Caben todo tipo de encierros, competencias, búsquedas de parejas o aventuras en islas misteriosas... Pretenden enganchar al público para que se convierta en audiencia y videncia a través de la emoción, el conflicto y la identificación con los personajes. 
 

Se viralizó el año pasado el vídeo y las imágenes de la actuación del rapero negro afroamericano y su señora la arquitecta australiana Bianca -contrastan no sólo por el color de su piel, tan negro él y tan blanca ella, sino por el atuendo- en la alfombra roja de los premios Grammy 2025. Él portaba un conjunto de camiseta y pantalón básico de color negro, así como unas gafas oscuras. Ella posaba con un abrigo de pieles negras que, después de despojarse de él ante las cámaras, mostraba tras una malla que transparentaba toda su anatomía tanto por detrás como por delante sin ropa interior ninguna, como Dios la trajo al mundo, sin dejar nada a la imaginación. El rapero exhibía así a su hembra que dejaba que la viera todo el mundo, pero que no la tocara nadie: se ve pero no se toca.
 

 

lunes, 12 de enero de 2026

Teatrillo de variedades (I)

1.- El hogar. En la caverna de Platón en la que (sobre)vivimos la realidad virtual imaginaria que proyectan nuestras pantallas -la pequeña,  con sus hasta cien pulgadas en algunos casos, se parece cada vez más a la gran pantalla de las salas cinematográficas- suplanta a la realidad real exterior a la caverna ofreciéndonos una experiencia sugerente de inmersión en una realidad irreal que no es la nuestra, esencialmente falsa, como en este ejemplo que se propone visualmente a continuación, en el que podemos ver el fuego de una chimenea, cuyas llamas y crepitación -visión y sonido- centran nuestra atención, pero ya no nos calientan, porque en el salón ya no hay ningún fuego que atizar más que el que proyecta el televisor. Sustituimos las cosas por sus imágenes, esto es, por sus ideas.
  
 
2.- Hay que actualizarse y ponerse al día, sustituyendo, como nos propone la siguiente viñeta, las rayas blancas de la negra piel de la cebra, porque las cebras, dicho sea de paso, son negras con rayas blancas y no al revés como a veces se cree erróneamente, rayas que son únicas en cada individuo de esa especie, como nuestra huella dactilar, por el código de barras, que es el sistema de identificación visual de las cosas convertidas en productos de forma legible por escáneres que nos dan información sobre su origen, fabricante, y el artículo en sí, lo que facilita el seguimiento de su huella digital y su proceso comercial. Desconozco la autoría del meme, que se ha vuelto viral y compartido en muchas plataformas sin una atribución consistente, lo que hace que sea difícil establecer su origen original, valga la redundancia. La cebra moderna, que debería tener un pelaje oscuro en lugar de blanco, le dice a la tradicional de toda la vida que debería adoptar las nuevas tecnologías y evolucionar con los tiempos no quedándose anticuada o sin actualizar.  Ella, más moderna y aun posmoderna, se ha desprendido sin embargo de las rayas características. Ya no es una cosa -incluidos los seres vivos en la denominación- sino un producto de la consumer society. No es que haya que actualizarse o morir, como se decía antes, sino que actualizarse es morir.

 
  
 3.- Persépolis en llamas. El ayatola o ayatolá, que de ambas formas se puede denominar a la máxima autoridad religiosa entre los chiítas islámicos, cuyo nombre significa en árabe clásico “señal de Dios”, Alí Jamenei en su primera declaración pública tras dos semanas de protestas masivas por todo Irán, ha dicho en la televisión estatal que el régimen islámico logró implantarse a través de la sangre de los que dieron su vida por él, que costó mucho conseguirlo, que no darán ni un paso atrás, y que a partir de hoy el ejército tomará las calles. Y advierte: «cualquiera que proteste en una vía pública, será fusilado».  Buena ocasión para releer Persépolis, de la autora franco-iraní Marjane Satrapi, y recordar lo que decíamos a propósito de unas declaraciones de la autora en El mensaje de Marjane Satrapi.
 
4.- Europa nos está matando. Europa -en realidad la UE, acrónimo de la Unión Europea- nos está matando, dicen estos ganaderos cántabros. La proclamación surge de una protesta denominada la tractorada que ha invadido las calles de Santander contra una decisión de la UE que es el tratado del Mercosur. Al margen de esa protesta, la proclama es verdadera. Frente a esa Europa matadora se esgrimen, sin embargo, dos banderas que también nos matan, una nacional (porque España también nos mata) y otra autonómica (porque Cantabria también nos está matando). Los gobiernos, desde el municipal hasta el europeo, pasando por el autonómico y el nacional, todos ellos democráticos como Dios manda, es decir, elegidos por el pueblo, esas abstracciones autoinfligidas, son los verdugos encargados de nuestra ejecución.   
 

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El cuarteto femenino Salut Salon de música de cámara de Hamburgo, formado por un piano, un violonchelo y dos violines, interpreta para todos ustedes un fragmento de una de las cuatro estaciones del gran músico barroco Antonio Vivaldi, El Verano, que se convierte en el escenario en una trifulca competitiva de este cuarteto de gran virtuosismo y un sentido del humor muy especial. 
 
  

domingo, 11 de enero de 2026

La guerra como religión

El ocho de mayo del Año del Señor de 2025 se celebraba el octogésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el viejo continente. Ochenta años después, sin embargo, parece que la paz lograda comienza a resquebrajarse debido al matonismo de los Estados que rompen enseguida las normas de comportamiento y los buenos modales establecidos, de modo que la guerra ya no se considera un tabú, se normaliza, forma parte de la Nueva Normalidad, por lo que comenzamos a familiarizarnos con una nueva era de conflictos globales que pretenden salvaguardar la idea, esencialmente falsa, de que si no hay guerras vivimos en paz. En los últimos tres años, ha desaparecido la idea de que los países no entran en guerra. Es una realidad cotidiana que ha expandido la imaginación de los planificadores de línea dura en zonas conflictivas de todo el mundo.


El mundo en guerra, El Roto (2026)

Se normaliza el oximoro "tropas de paz", es decir, ejércitos que se envían para velar por que se cumplan las condiciones de alto el fuego en territorios pacificados como Palestina (?) o Ucrania, cuando sea el caso.  

Emmanuel Todd, historiador y antropólogo francés, distingue tres etapas en la evolución de las tres religiones monoteístas actuales en su artículo La guerra como religión: una primera de religión activa caracterizada por la creencia y la práctica regular, una segunda que denomina “religión zombi”, definida por la incredulidad y la supervivencia de algunos valores morales y sociales, y una tercera que denomina “religión cero”. 
 
Aplica el esquema a Irán, distinguiendo un chiísmo activo, un chiísmo zombi, que sería el actual, y pronostica un chiísmo cero como posibilidad futura, mientras que en el caso de Israel, al analizar el judaísmo, considera que la secuencia se ha completado ya con el último estadio de judaísmo cero, lo que no impide que, en este último caso, haya surgido, una nueva religión: un judaísmo ultraortodoxo, similar al evangelismo delirante surgido en los Estados Unidos como fenómeno poscristiano. En el caso judío que nos ocupa, afirma que nunca hasta hora había surgido una clase de vagos que viven de las prestaciones del Estado y del trabajo de sus esposas, empeñados en vagar sin rumbo por la Torá, rechazando la ética del trabajo que fue tan importante para el judaísmo tradicional. 
 
 
En cuanto al cristianismo, así ve Emmanuel Todd las tres fases: activa, zombi y cero: "En la fase activa, la asistencia al servicio dominical es elevada. En la fase zombi, la práctica dominical ha desaparecido, pero los tres ritos de paso que acompañan al nacimiento, el matrimonio y la muerte siguen enmarcados en la herencia cristiana. Una población cristiana zombi ya no va a misa, pero la mayoría sigue bautizando a sus hijos, incluso en la mayor parte de las confesiones protestantes, donde el bautismo de los recién nacidos no es tan central como en el catolicismo. En el otro extremo de la vida, una sociedad cristiana zombi seguirá desestimando la incineración, rechazada durante mucho tiempo por la Iglesia. La fase cristiana cero se caracteriza, pues, por la desaparición del bautismo y el aumento masivo de la incineración. Es lo que estamos viviendo. Por último está el matrimonio. El matrimonio civil del periodo zombi conserva, en sus obligaciones y en su relación con la procreación, los rasgos esenciales del matrimonio cristiano. Por tanto, los antropólogos tienen la suerte de disponer, por así decirlo, de una fecha oficial para la desaparición de la forma cristiana del matrimonio: la de la instauración del «matrimonio para todos» o matrimonio igualitario. Si el matrimonio entre personas del mismo sexo se considera equivalente al matrimonio entre personas de distinto sexo, entonces podemos afirmar que la sociedad en cuestión ha alcanzado un estadio cero de la religión." ('Religión, estados activo, zombi y cero', La derrota de Occidente, E. Todd).
 
El autor de La derrota de Occidente (2024), cuya tesis implícita en el título es que Occidente, donde el Estado-nación ya no existe, se está destruyendo a sí mismo y no precisamente por un ataque de Rusia, escribió que el vacío dejado por el cristianismo-cero genera una divinización del propio vacío, un nihilismo que persigue la destrucción de las cosas, que es la matriz de las religiones emergentes. Pero la verdadera nueva religión de masas, afirma, es el culto a la guerra. 
 
Chris Hermsworth, interpretando a Thor, y Mjolnir, su martillo.
 
La modernidad que nos retrotrae al pasado, antes del monoteísmo, al politeísmo en el que la humanidad estaba llena de religiones guerreras y de dioses de la guerra: En la mitología griega, Ares es el dios de la guerra, mientras que en la mitología romana, su equivalente es Marte. Además, Atenea, también en la mitología griega, es la diosa de la sabiduría y la guerra estratégica, Indra para los indoiranios, Ningirsu en Sumer, Sekhmet en Egipto, Tutatis entre los galos, Huitzilopochtli, el dios azteca de la guerra, y Thor, el dios escandinavo y germánico en general del trueno y de la guerra, que podría ser a juicio de Todd la divinidad de la nueva religión bélica estadounidense-israelí, Thor, cuyo símbolo es el martillo, un martillo con mango corto, que regresa a la mano de su dueño tras golpear y demoler. 
 
Batalla de Thor contra los gigantes, Marten Eskil Winge (1872)
 
Thor fue popularizado por Marvel como el dios del trueno, introducido en los cómics en 1962 y llevado al cine y encarnado por un conocido actor australiano, que se sometió a una impresionante transformación física mediante intensos entrenamientos y severas dietas para lograr el cuerpo del Dios del Trueno, convirtiéndose en un miembro clave de los Vengadores y en un ícono -mejor que icono- del MCU, en catellano al revés, UCM, es decir, del Universo Cinematográfico de la Marvel, por su fuerza, su martillo Mjolnir y su arco de humildad y liderazgo. Por algo resulta significativo que los oficiales del Pentágono, adoctrinados por la Marvel, denominaran el bombardeo de las instalaciones nucleares iraníes 'Martillo de Medianoche', probable alusión a Mjolnir. 
 
No en vano, escribe Emmanjuel Todd, Thor es, hoy en día, el dios favorito de los neonazis, y su tierra natal, Escandinavia, se ha convertido hoy en el epicentro de un impresionante resurgimiento belicista. "Propongo, por lo tanto, llamar a esta nueva religión de guerra, que reemplaza al monoteísmo y su moralidad en las sociedades protestante y judía, el «culto a Thor». Thor es el verdadero Dios de Estados Unidos e Israel".

sábado, 10 de enero de 2026

Pareceres XCVII

476.- Barbarie y Civilización. Una ilustración de 1889 del caricaturista francés Hermann-Paul (1864-1940) aparecida en la prensa de aquel entonces, contrapone la violencia de la barbarie con la de la civilización a propósito de la hipocresía imperialista y colonialista que justificaba la intervención europea en China al comienzo de la rebelión de los bóxers so pretexto de llevar la "civilización" europea y occidental en aras del progreso a la "barbarie" china, mostrando de forma satírica que la violencia de esta "misión civilizadora" era tan bárbara como la que pretendía erradicar o, por decirlo con otras palabras, que la civilización era, si no peor, igual que la barbarie por lo menos. 
 
 
 477.- La perra gorda. Recuerdo que en el barrio donde me crie, que era La Finca de Maliaño, si no era según otros Muriedas, cuando uno tenía una discusión con alguno más prepotente o matón con el que no valían mucho las palabras, lo más sensato era no discutir con él, no fuera a llegar la cosa a mayores, y lo mejor, darle la razón sin más para que se callara de una vez y te dejara en paz, diciéndole: “Lo que tú digas... Para ti la perra gorda”. Esta expresión de dar la perra gorda daba a entender que uno cedía en la discusión y evitaba la confrontación propinándole al otro la calderilla de una moneda de poco valor como era la perra gorda, que, por lo que recuerdo de mi infancia en los años sesenta del siglo pasado, era la moneda de diez céntimos de peseta. A esta moneda se la llamaba popularmente perra por el león que originalmente aparecía en su reverso y que se confundía con un perro cuando se desgastaba por el uso. Además de la perra gorda, había otra moneda menor que era la perra chica que equivalía a cinco céntimos de peseta. Ambas monedas se acuñaron en España en el último cuarto del siglo XIX, y su recuerdo está presente en la expresión popular “tener cuatro perras”, es decir, una cantidad insignificante de dinero.

 
Perra chica de 5 céntimos (1953)

478.- Res publica / Res pubica. El adjetivo 'público' deriva del latín publicus, -a, -um, que tradicionalmente se remonta a *populicus, que a su vez procedería de populus ('pueblo'), indicando aquello que pertenece o concierne al pueblo en general. Así la expresión res publica sería la cosa del pueblo, pero en latín había otro adjetivo, que también hemos heredado, que era popularis -e, y algo me dice que no es lo mismo la res publica que la res popularis. De hecho Cicerón en su obra De re publica (I, 39) escribe: Res publica res populi est: 'La cosa pública es la cosa del pueblo'. Pero Cicerón no está pensando en 'populi' como genitivo subjetivo, es decir, en un supuesto gobierno democrático del pueblo que ejerce como sujeto el gobierno -¿sobre quién iba a ejercerlo?- , sino en un genitivo objetivo, en que el pueblo es el objeto, la cosa, de tal gobierno. Lo dice inmediatamente después: Pero pueblo no es todo conjunto de hombres reunido de cualquier manera, sino el conjunto de una multitud asociada por un consentimiento legal y por una comunidad práctica. El Estado es la cosa que a modo de yugo se le pone por encima al pueblo, el aparato del Estado que en realidad excluye al pueblo mismo de su significado original, definiendo lo indefinido. Nunca podría haber dicho el arpinate res publica res popularis est, porque no hay nada más impopular que la res publica, que es, huelga decirlo, el Estado, sea monárquico o republicano que se le impone al pueblo. El vocalismo "u larga" de público, sin embargo, no se explica bien sin relacionarlo con otro adjetivo pubicus -a -um formado a partir del sustantivo pubes,  que era el nombre del vello púbico de los mozos que han alcanzado la pubertad y llegado a la edad adulta y, por lo tanto, están en condiciones de participar en la vida social, militar y política. Esta interpretación juega con la idea de que lo público originalmente estaba vinculado con lo púbico, es decir con aquellos que eran considerados aptos para formar parte activa de la comunidad política, es decir, los ciudadanos varones adultos, dejando fuera a niños, mujeres y esclavos en el contexto romano. He ahí la relación que puede establecerse entre la res publica y la res pubica
 

479.-A ver quién la tiene más grande. Hablamos de la fe, medida en metros, y no en centímetros: una fe grandiosa, colosal, descomunal. Hasta hace bien poco, el Cristo más alto era el monumental Cristo Redentor del Corcovado, en Río de Janerio, pero pronto fue superado en su propio país por el Cristo Protector de Encantado, con 43 metros, en el sur del Brasil. La cosa, sin embargo, no se ha quedado ahí, ya que varios países compiten por levantar el Cristo más alto del planeta. El récord actual lo ostenta  el Cristo de Buntu Burake, en Indonesia, un país de mayoría musulmana, de más de 60 metros de alto (incluyendo pedestal). Pero en Armenia, que se dice que es la cuna del primer estado cristiano, se halla en construcción otro Cristo que con sus 77 metros de altura, incluyendo el pedestal sobre el que se alza, aspira a destronar al indonesio y a los brasileños... Pero en España no nos quedamos cortos, porque, para no ser menos, algunos han decidido entrar en esta carrera simbólica. En las afueras de Madrid, el municipio de Boadilla del Monte impulsa el Proyecto del Sagrado Corazón, una imagen de 37 metros de Jesús que podría inaugurarse, Dios mediante, en 2030 si se cumplen los plazos y se obtienen los doce millones que cuesta el proyecto. La fe se traduce en competir a ver quien la tiene más grande, para que luego digan que el tamaño no importa.   
 
Cristo de Buntu Burake (Indonesia)
 

480.- Groenlandia. La etimología de Groenlandia viene del nórdico antiguo "Grønland", que significa "Tierra Verde", lo que ya se vislumbra en la denominación inglesa Greenland. El nombre se lo puso el explorador vikingo Erik el Rojo (Erik Thorvaldsson) cuando, desterrado de Islandia -la Tierra de Hielo-, desembarcó en la isla alrededor del año 982 y fundó de hecho el primer asentamiento vikingo en Groenlandia. Le puso ese nombre, a pesar de que la isla era mayormente helada y verde y apta para la vida solo un poco hacia el sur, con la intención de convencer a más personas de que se unieran a su empresa y colonizaran la isla, exagerando sus condiciones favorables. La amenaza actual del matón del tío Sam de conquistar Groenlandia, la isla ártica, hace que los groenlandeses, que ahora dependen del reyno de Dinamarca, teman el cambio de amo pasando a depender de Estados Unidos. ¿Dejarán algún día de depender de alguien? ¿Cuándo no dependerán de ningún colonialismo, ni siquiera del propio de sí mismos? No sé si es lo que la cantante Björk ha querido sugerir publicando en sus redes sociales una llamada instando a los groenlandeses a declarar su independencia de Dinamarca, siguiendo el ejemplo de su país natal, Islandia, que logró en 1944 separarse oficialmente del reyno dinamarqués. Ha escrito Björk: El colonialismo me ha dado escalofríos en repetidas ocasiones, y la posibilidad de que mis compatriotas groenlandeses pasen de un cruel colonizador a otro es demasiado brutal para siquiera imaginarla”. Pero Groenlandia es un pastel muy codiciado por sus abundantes tierras raras y por ser puerta de acceso para el control militar del Ártico.

viernes, 9 de enero de 2026

Gott ist tot

Dios ha muerto (Nietzsche) / Nietzsche ha muerto (Dios). La primera parte de esta proclama anónima y de índole pseudo-intelectual y pseudo-filosófica, que parece más bien en en realidad un ajuste de cuentas, es una afirmación que formula Nietzsche por primera vez en La Gaya Ciencia (1882) y que se hace más popular después en Así hablaba Zaratustra (1883). 
  
 En el aforismo 125 de La Gaya Ciencia, Nietzsche, en efecto, nos presenta a El Loco, un trasunto de Diógenes buscando al Hombre con su candil a plena luz del día: ¿No han oído hablar de aquel loco que, con una linterna encendida en pleno día, corría por la plaza y exclamaba continuamente: "¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!"? Como justamente se habían juntado allí muchos que no creían en Dios, provocó gran diversión. ¿Se te ha perdido?, dijo uno. ¿Se ha extraviado como un niño?, dijo otro. ¿No será que se ha escondido en algún sitio? ¿Nos tiene miedo? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado? Así gritaban y se reían al mismo tiempo. El loco se lanzó en medio de ellos y los fulminó con la mirada.
    -"¿Dónde está Dios?-, exclamó, ¡se lo voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos! (...) ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto! ¡Y lo hemos matado nosotros!" (...) Cuentan también que ese mismo día el loco entró en varias iglesias en las que entonó su Requiem aeternam Deo. Cuando lo echaban de ellas y le pedían que aclarara sus dichos, no dejaba de repetir: "¿Qué son estas iglesias sino las tumbas y los monumentos funerarios de Dios?"
 
La contrarréplica 'Nietzsche ha Muerto (Dios)', lo que hace es resucitar a Dios para enterrar a Nietzsche y certificar clínicamente su defunción. Dios reprende así al filósofo dándole un pescozón y diciéndole: Te equivocaste, el que ha muerto eres tú, chaval. Yo sigo vivo. 
  
 
Para el creyente, Nietszche está bien muerto y enterrado, pero Dios no. La frase sobrevive porque hace a dos bandos, al creyente y al ateo. Nietzsche, además de muerto, habría enloquecido, como si Dios mismo le hubiera castigado por su soberbia. La leyenda recurre al célebre y espurio episodio del caballo turinés como punto de inflexión. Un hecho que no es histórico, pero que funciona como mito y como leyenda dentro de su biografía, y que se presenta como un episodio decisivo en su vida, que hace que Friedrich Nietszche, en enero de 1889 y en la ciudad italiana de Turín, presencie cómo un cochero maltrata a su caballo azotándolo brutalmente, y corra hacia él a abrazarlo llorando y compadecido de su sufrimiento para, acto seguido, desplomarse y no volver a recobrar nunca ya su lucidez. 
 
El pensador que había diagnosticado que la moral era una debilidad del cerebro y que no había cosas buenas ni malas, sino una interpretación moral de las cosas en esos términos maniqueos y que había que ir más allá del bien y del mal, se quiebra y se derrumba ante el sufrimiento ajeno, puro y duro de un ser vivo, en este caso de un pobre animal que hace su trabajo guiando un coche. Este episodio sirve para acallar una voz incómoda para siempre. 
 
 
Es un hecho comprobado dentro de la biografía del filósofo el colapso mental que sufrió en Turín el 3 de enero de 1889. En los días siguientes escribiría las Cartas de la locura (Wahnzettel). Después sería trasladado a Basilea y a Naumburgo y nunca volvería a escribir una sola línea filosófica. Pero no hay ninguna constatación del episodio del caballo de Turín ni en su obra ni en su biografía por lo que se trata de un relato posterior, quizá malintencionado, sin base documental alguna, que se constituye sin embargo como mito biográfico moderno.
 
Lo que hace esa contraposición Dios/Nietzsche es resucitar a Dios donde Nietzsche lo había matado, reintroduciendo la teología y anulando la radicalidad del diagnóstico nietzscheano. Pero la muerte física de Nietzsche no refuta lo que afirmó.  
La frase popular, en realidad un chiste malo, se ha impuesto sobre la otra porque nos protege de Nietzsche y por eso triunfa culturalmente haciendo que esbocemos una sonrisa sarcástica. Pero no refuta al filósofo, sino que lo domestica, lo caricaturiza, certifica su muerte clínicamente, lo que no refuta en absoluto su pensamiento, que sigue vive, sino que se limita a ocultarlo con ingenio. (La película El caballo de Turín (2011) del recientemente fallecido Béla Tarr, no muestra pero hace referencia al comienzo de la cinta al episodio de Nietzsche, imaginando la triste vida del caballo y de sus dueños, un padre y su hija que cuida de él, que viven en la miseria, como una alegoría del fin del mundo: el caballo deja de comer, el pozo del que obtienen el agua se seca, la brasa se consume y finalmente el sol se apaga).