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domingo, 11 de enero de 2026

La guerra como religión

El ocho de mayo del Año del Señor de 2025 se celebraba el octogésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el viejo continente. Ochenta años después, sin embargo, parece que la paz lograda comienza a resquebrajarse debido al matonismo de los Estados que rompen enseguida las normas de comportamiento y los buenos modales establecidos, de modo que la guerra ya no se considera un tabú, se normaliza, forma parte de la Nueva Normalidad, por lo que comenzamos a familiarizarnos con una nueva era de conflictos globales que pretenden salvaguardar la idea, esencialmente falsa, de que si no hay guerras vivimos en paz. En los últimos tres años, ha desaparecido la idea de que los países no entran en guerra. Es una realidad cotidiana que ha expandido la imaginación de los planificadores de línea dura en zonas conflictivas de todo el mundo.


El mundo en guerra, El Roto (2026)

Se normaliza el oximoro "tropas de paz", es decir, ejércitos que se envían para velar por que se cumplan las condiciones de alto el fuego en territorios pacificados como Palestina (?) o Ucrania, cuando sea el caso.  

Emmanuel Todd, historiador y antropólogo francés, distingue tres etapas en la evolución de las tres religiones monoteístas actuales en su artículo La guerra como religión: una primera de religión activa caracterizada por la creencia y la práctica regular, una segunda que denomina “religión zombi”, definida por la incredulidad y la supervivencia de algunos valores morales y sociales, y una tercera que denomina “religión cero”. 
 
Aplica el esquema a Irán, distinguiendo un chiísmo activo, un chiísmo zombi, que sería el actual, y pronostica un chiísmo cero como posibilidad futura, mientras que en el caso de Israel, al analizar el judaísmo, considera que la secuencia se ha completado ya con el último estadio de judaísmo cero, lo que no impide que, en este último caso, haya surgido, una nueva religión: un judaísmo ultraortodoxo, similar al evangelismo delirante surgido en los Estados Unidos como fenómeno poscristiano. En el caso judío que nos ocupa, afirma que nunca hasta hora había surgido una clase de vagos que viven de las prestaciones del Estado y del trabajo de sus esposas, empeñados en vagar sin rumbo por la Torá, rechazando la ética del trabajo que fue tan importante para el judaísmo tradicional. 
 
 
En cuanto al cristianismo, así ve Emmanuel Todd las tres fases: activa, zombi y cero: "En la fase activa, la asistencia al servicio dominical es elevada. En la fase zombi, la práctica dominical ha desaparecido, pero los tres ritos de paso que acompañan al nacimiento, el matrimonio y la muerte siguen enmarcados en la herencia cristiana. Una población cristiana zombi ya no va a misa, pero la mayoría sigue bautizando a sus hijos, incluso en la mayor parte de las confesiones protestantes, donde el bautismo de los recién nacidos no es tan central como en el catolicismo. En el otro extremo de la vida, una sociedad cristiana zombi seguirá desestimando la incineración, rechazada durante mucho tiempo por la Iglesia. La fase cristiana cero se caracteriza, pues, por la desaparición del bautismo y el aumento masivo de la incineración. Es lo que estamos viviendo. Por último está el matrimonio. El matrimonio civil del periodo zombi conserva, en sus obligaciones y en su relación con la procreación, los rasgos esenciales del matrimonio cristiano. Por tanto, los antropólogos tienen la suerte de disponer, por así decirlo, de una fecha oficial para la desaparición de la forma cristiana del matrimonio: la de la instauración del «matrimonio para todos» o matrimonio igualitario. Si el matrimonio entre personas del mismo sexo se considera equivalente al matrimonio entre personas de distinto sexo, entonces podemos afirmar que la sociedad en cuestión ha alcanzado un estadio cero de la religión." ('Religión, estados activo, zombi y cero', La derrota de Occidente, E. Todd).
 
El autor de La derrota de Occidente (2024), cuya tesis implícita en el título es que Occidente, donde el Estado-nación ya no existe, se está destruyendo a sí mismo y no precisamente por un ataque de Rusia, escribió que el vacío dejado por el cristianismo-cero genera una divinización del propio vacío, un nihilismo que persigue la destrucción de las cosas, que es la matriz de las religiones emergentes. Pero la verdadera nueva religión de masas, afirma, es el culto a la guerra. 
 
Chris Hermsworth, interpretando a Thor, y Mjolnir, su martillo.
 
La modernidad que nos retrotrae al pasado, antes del monoteísmo, al politeísmo en el que la humanidad estaba llena de religiones guerreras y de dioses de la guerra: En la mitología griega, Ares es el dios de la guerra, mientras que en la mitología romana, su equivalente es Marte. Además, Atenea, también en la mitología griega, es la diosa de la sabiduría y la guerra estratégica, Indra para los indoiranios, Ningirsu en Sumer, Sekhmet en Egipto, Tutatis entre los galos, Huitzilopochtli, el dios azteca de la guerra, y Thor, el dios escandinavo y germánico en general del trueno y de la guerra, que podría ser a juicio de Todd la divinidad de la nueva religión bélica estadounidense-israelí, Thor, cuyo símbolo es el martillo, un martillo con mango corto, que regresa a la mano de su dueño tras golpear y demoler. 
 
Batalla de Thor contra los gigantes, Marten Eskil Winge (1872)
 
Thor fue popularizado por Marvel como el dios del trueno, introducido en los cómics en 1962 y llevado al cine y encarnado por un conocido actor australiano, que se sometió a una impresionante transformación física mediante intensos entrenamientos y severas dietas para lograr el cuerpo del Dios del Trueno, convirtiéndose en un miembro clave de los Vengadores y en un ícono -mejor que icono- del MCU, en catellano al revés, UCM, es decir, del Universo Cinematográfico de la Marvel, por su fuerza, su martillo Mjolnir y su arco de humildad y liderazgo. Por algo resulta significativo que los oficiales del Pentágono, adoctrinados por la Marvel, denominaran el bombardeo de las instalaciones nucleares iraníes 'Martillo de Medianoche', probable alusión a Mjolnir. 
 
No en vano, escribe Emmanjuel Todd, Thor es, hoy en día, el dios favorito de los neonazis, y su tierra natal, Escandinavia, se ha convertido hoy en el epicentro de un impresionante resurgimiento belicista. "Propongo, por lo tanto, llamar a esta nueva religión de guerra, que reemplaza al monoteísmo y su moralidad en las sociedades protestante y judía, el «culto a Thor». Thor es el verdadero Dios de Estados Unidos e Israel".