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sábado, 10 de enero de 2026

Pareceres XCVII

476.- Barbarie y Civilización. Una ilustración de 1889 del caricaturista francés Hermann-Paul (1864-1940) aparecida en la prensa de aquel entonces, contrapone la violencia de la barbarie con la de la civilización a propósito de la hipocresía imperialista y colonialista que justificaba la intervención europea en China al comienzo de la rebelión de los bóxers so pretexto de llevar la "civilización" europea y occidental en aras del progreso a la "barbarie" china, mostrando de forma satírica que la violencia de esta "misión civilizadora" era tan bárbara como la que pretendía erradicar o, por decirlo con otras palabras, que la civilización era, si no peor, igual que la barbarie por lo menos. 
 
 
 477.- La perra gorda. Recuerdo que en el barrio donde me crie, que era La Finca de Maliaño, si no era según otros Muriedas, cuando uno tenía una discusión con alguno más prepotente o matón con el que no valían mucho las palabras, lo más sensato era no discutir con él, no fuera a llegar la cosa a mayores, y lo mejor, darle la razón sin más para que se callara de una vez y te dejara en paz, diciéndole: “Lo que tú digas... Para ti la perra gorda”. Esta expresión de dar la perra gorda daba a entender que uno cedía en la discusión y evitaba la confrontación propinándole al otro la calderilla de una moneda de poco valor como era la perra gorda, que, por lo que recuerdo de mi infancia en los años sesenta del siglo pasado, era la moneda de diez céntimos de peseta. A esta moneda se la llamaba popularmente perra por el león que originalmente aparecía en su reverso y que se confundía con un perro cuando se desgastaba por el uso. Además de la perra gorda, había otra moneda menor que era la perra chica que equivalía a cinco céntimos de peseta. Ambas monedas se acuñaron en España en el último cuarto del siglo XIX, y su recuerdo está presente en la expresión popular “tener cuatro perras”, es decir, una cantidad insignificante de dinero.

 
Perra chica de 5 céntimos (1953)

478.- Res publica / Res pubica. El adjetivo 'público' deriva del latín publicus, -a, -um, que tradicionalmente se remonta a *populicus, que a su vez procedería de populus ('pueblo'), indicando aquello que pertenece o concierne al pueblo en general. Así la expresión res publica sería la cosa del pueblo, pero en latín había otro adjetivo, que también hemos heredado, que era popularis -e, y algo me dice que no es lo mismo la res publica que la res popularis. De hecho Cicerón en su obra De re publica (I, 39) escribe: Res publica res populi est: 'La cosa pública es la cosa del pueblo'. Pero Cicerón no está pensando en 'populi' como genitivo subjetivo, es decir, en un supuesto gobierno democrático del pueblo que ejerce como sujeto el gobierno -¿sobre quién iba a ejercerlo?- , sino en un genitivo objetivo, en que el pueblo es el objeto, la cosa, de tal gobierno. Lo dice inmediatamente después: Pero pueblo no es todo conjunto de hombres reunido de cualquier manera, sino el conjunto de una multitud asociada por un consentimiento legal y por una comunidad práctica. El Estado es la cosa que a modo de yugo se le pone por encima al pueblo, el aparato del Estado que en realidad excluye al pueblo mismo de su significado original, definiendo lo indefinido. Nunca podría haber dicho el arpinate res publica res popularis est, porque no hay nada más impopular que la res publica, que es, huelga decirlo, el Estado, sea monárquico o republicano que se le impone al pueblo. El vocalismo "u larga" de público, sin embargo, no se explica bien sin relacionarlo con otro adjetivo pubicus -a -um formado a partir del sustantivo pubes,  que era el nombre del vello púbico de los mozos que han alcanzado la pubertad y llegado a la edad adulta y, por lo tanto, están en condiciones de participar en la vida social, militar y política. Esta interpretación juega con la idea de que lo público originalmente estaba vinculado con lo púbico, es decir con aquellos que eran considerados aptos para formar parte activa de la comunidad política, es decir, los ciudadanos varones adultos, dejando fuera a niños, mujeres y esclavos en el contexto romano. He ahí la relación que puede establecerse entre la res publica y la res pubica
 

479.-A ver quién la tiene más grande. Hablamos de la fe, medida en metros, y no en centímetros: una fe grandiosa, colosal, descomunal. Hasta hace bien poco, el Cristo más alto era el monumental Cristo Redentor del Corcovado, en Río de Janerio, pero pronto fue superado en su propio país por el Cristo Protector de Encantado, con 43 metros, en el sur del Brasil. La cosa, sin embargo, no se ha quedado ahí, ya que varios países compiten por levantar el Cristo más alto del planeta. El récord actual lo ostenta  el Cristo de Buntu Burake, en Indonesia, un país de mayoría musulmana, de más de 60 metros de alto (incluyendo pedestal). Pero en Armenia, que se dice que es la cuna del primer estado cristiano, se halla en construcción otro Cristo que con sus 77 metros de altura, incluyendo el pedestal sobre el que se alza, aspira a destronar al indonesio y a los brasileños... Pero en España no nos quedamos cortos, porque, para no ser menos, algunos han decidido entrar en esta carrera simbólica. En las afueras de Madrid, el municipio de Boadilla del Monte impulsa el Proyecto del Sagrado Corazón, una imagen de 37 metros de Jesús que podría inaugurarse, Dios mediante, en 2030 si se cumplen los plazos y se obtienen los doce millones que cuesta el proyecto. La fe se traduce en competir a ver quien la tiene más grande, para que luego digan que el tamaño no importa.   
 
Cristo de Buntu Burake (Indonesia)
 

480.- Groenlandia. La etimología de Groenlandia viene del nórdico antiguo "Grønland", que significa "Tierra Verde", lo que ya se vislumbra en la denominación inglesa Greenland. El nombre se lo puso el explorador vikingo Erik el Rojo (Erik Thorvaldsson) cuando, desterrado de Islandia -la Tierra de Hielo-, desembarcó en la isla alrededor del año 982 y fundó de hecho el primer asentamiento vikingo en Groenlandia. Le puso ese nombre, a pesar de que la isla era mayormente helada y verde y apta para la vida solo un poco hacia el sur, con la intención de convencer a más personas de que se unieran a su empresa y colonizaran la isla, exagerando sus condiciones favorables. La amenaza actual del matón del tío Sam de conquistar Groenlandia, la isla ártica, hace que los groenlandeses, que ahora dependen del reyno de Dinamarca, teman el cambio de amo pasando a depender de Estados Unidos. ¿Dejarán algún día de depender de alguien? ¿Cuándo no dependerán de ningún colonialismo, ni siquiera del propio de sí mismos? No sé si es lo que la cantante Björk ha querido sugerir publicando en sus redes sociales una llamada instando a los groenlandeses a declarar su independencia de Dinamarca, siguiendo el ejemplo de su país natal, Islandia, que logró en 1944 separarse oficialmente del reyno dinamarqués. Ha escrito Björk: El colonialismo me ha dado escalofríos en repetidas ocasiones, y la posibilidad de que mis compatriotas groenlandeses pasen de un cruel colonizador a otro es demasiado brutal para siquiera imaginarla”. Pero Groenlandia es un pastel muy codiciado por sus abundantes tierras raras y por ser puerta de acceso para el control militar del Ártico.