Puede compararse la susodicha coreografía militarista con la de They don't care about us, un vídeo que ofrece una aceptable traducción al castellano de la letra de la canción, y se entenderá el cabreo no buscado de algunos militares.
Puede compararse la susodicha coreografía militarista con la de They don't care about us, un vídeo que ofrece una aceptable traducción al castellano de la letra de la canción, y se entenderá el cabreo no buscado de algunos militares.
Los
gobiernos que nos han arrebatado y secuestrado dos años de vida son los
mismos que ahora nos arrojan a una tercera guerra universal de todos
contra todos.
Ciento ochenta personalidades animan a la gente a votar en las elecciones generales con el lema 'Ciudadanos, a las urnas', cual marsellés aux armes, citoyens.
116.- Ni caso. Durante mucho tiempo la información escaseaba y era un bien más difícil de conseguir que el oro, pero hoy día hay un apabullante superávit. En la Red, desde luego, es lo que más abunda: información, de hecho es casi lo único que hay. Hay quien dice que es tan necesaria como el aire y el agua. Pero el aire y el agua son necesarios para vivir. La información ¿para qué es necesaria? Algunos dirán que para saber lo que pasa. Pero es mentira. Las informaciones son necesarias para meternos el miedo en el cuerpo y para distraernos. Igual que el aire y que el agua, que están cada vez más contaminados en el planeta azul, la información también está poluta, manipulada, sesgada; por lo que su abundancia se convierte en asfixiante: no es una riqueza de la que podamos enorgullecernos, sino un motivo de grave preocupación: un un tumor cancerígeno que pretende aniquilarnos insensibilizándonos ante lo que pasa, porque logra que nos desentendamos de “lo que pasa” y nos preocupemos por cosas que no nos interesan, que ni nos van ni nos vienen, para que así seamos incapaces de ver lo que tenemos delante de nuestras propias narices -eso y no otra cosa es "lo que pasa"-, pues vemos empantallados como estamos, en su lugar, las pantallas que nos ponen a modo de aquellas orejeras que les plantaban a los asnos para que caminaran siempre adelante en la misma y prefijada dirección. ¿Es bueno, pues, estar informado? Para nada. No sólo no es bueno, es perjudicial para la salud física y mental. Nuestra tarea, por lo tanto, es librarnos de la información, desinformarnos, no hacer caso de lo que nos cuentan.
117.- Departamento de Orientación: La existencia de un Departamento de Orientación en los centros educativos españoles de ESO (Educación Secundaria Obligatoria) demuestra la gran desorientación que, promovida desde arriba, existe por abajo. Nunca ha habido más información que ahora. Vivimos en la sociedad de la información. Por eso mismo, porque nadamos en el mar superabundante de la información, todos estamos fundamentalmente desinformados, desorientados, náufragos sin brújula ni norte a la deriva.
118.- Trabajo infantil: La crítica que algunas almas piadosas y caritativas hacen al trabajo asalariado se agota en el llamado trabajo infantil. Estos moralistas se escandalizan de que a niños de seis y de siete años se los obligue a trabajar en la cosecha del algodón o en las minas. Tiene razón, es escandaloso, pero no porque se trate de niños, sino porque el trabajo, en sí, es un castigo de Dios que clama al cielo.
Concierto 5 en D-minor de Scarlatti (Café Zimmermann)
119.- ESO (Abreviatura de Educación Secundaria Obligatoria del sistema educativo español). La obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16 años parece, por un lado, un logro social de las clases populares pero, por otro, supone una nueva institución penitenciaria, un nuevo servicio militar obligatorio que se cierne sobre ellas, y que no admite objeción de conciencia: la mayor intromisión del Estado en la vida de la gente, que convierte a los niños entre los seis (y pronto se rebajará la edad a los tres) y 16 años (y ya se habla de hacerla obligatoria hasta la mayoría de edad a los 18) en cohortes, subdivisión de la legión romana, de reclutas forzados. Quizá deberíamos hablar de manípulos de reclutas forzados. Era el manípulo una unidad menor de la legión romana, unidad operativa y manipulable, es decir, manejable. La escuela siembra aversión en los niños por el saber que transmite, a los que infantiliza, psicologiza, y hastía, matando la curiosidad innata, y generando fracaso y sumisión.

120.- ¿Cambio o recambio? Otra vez la zanahoria inalcanzable del cambio (change en la jerga del Imperio) delante del borrico sirve como eslogan o grito de guerra político para alimentar la esperanza, esa virtud teologal, de un electorado que acabará defraudado cuando compruebe, una vez finalizada la euforia etílica de la victoria, que el único cambio que se ha producido en las altas esferas de la política y la economía es el nominal, y que el voto era un vale canjeable directamente por la desilusión. Poco importa que el presidente sea másculo o fémina, blanco o negro, con tal de que ocupe la presidencia una vez que ha quedado vacante el trono. Y en eso no hay cambio que valga. Ya lo dice el refrán chino que Felipe González –que llegó al poder enarbolando la bandera del cambio y que no cambió nada sustancial- importó de uno de sus viajes de la China comunista: gato blanco o gato negro da lo mismo, son canjeables, lo que importa es que mate ratones. Cámbiese el gato por el presidente, y los colores “blanco” o “negro” por “izquierdas” o “derechas”, “progresistas” o “conservadores” o viceversa, no importa. Lo que importa es que sea gato, es decir, que sea presidente, o lo que es lo mismo, que mate roedores. ¡Pobrecitos de nosotros, los ratones!

Desde el 22 de febrero del presente año, casi sin darnos cuenta, está operativa en toda la curtida piel de toro de las Españas de Dios y presente en nuestros teléfonos móviles la aplicación tecnológica ES-Alert, después de haber sido probada escalonadamente en determinadas zonas de todas las españitas o reinos de taifas durante los meses de octubre y noviembre, como dábamos cuenta de ello aquí.
ES-Alert es un engendro integrado en la Red de Alerta Nacional, gestionado por el Ministerio del Interior a través del Centro Nacional de Seguimiento y Coordinación de Emergencias (CENEM) de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias.
Esta tecnología, que nos ha venido impuesta por la Unión Europea, le permite al Gobierno enviar mensajes de alerta generalizados a la población en situaciones de catástrofe, a través de una aplicación que está insertada en los teléfonos móviles. El mensaje será bilingüe, en español y, como no podía ser menos, en la lengua del Imperio, que es la de la Unión Europea, que nos quiere a todos angloparlantes.
Es un sistema que se conoce también con el nombre de 112 inverso, porque en lugar de ser los ciudadanos los que llamando a ese número advierten de una emergencia a las autoridades, son ahora estas las que alertan a la ciudadanía.
En primer lugar parece algo positivo y útil en casos de emergencia real, pero tengamos en cuenta que puede haber falsas emergencias. Además, siempre ha habido catástrofes y nunca hasta ahora una invasión de nuestra privacidad, en lo más íntimo que es nuestro teléfono supuestamente inteligente.
Como señala el filósofo italiano Diego Fusaro, el hecho provoca algunas perplejidades, como, por ejemplo, que el gobierno pueda como el Gran Hermano declarar una emergencia irreal ante un enemigo invisible dándonos órdenes orgüelianas como las que ya hemos padecido: no salgas de casa, mantén la distancia social, ponte la mascarilla, vacúnate...
La segunda perplejidad es que la citada aplicación se puede desactivar -yo mismo la he desactivado en mi dispositivo-, pero no desinstalarse, porque viene de fábrica. En el caso de un móvil como el mío con el sistema Androide, se va al menú de “Ajustes”, de ahí a “Seguridad y emergencias”, después a “Alertas de emergencias inalámbricas”, y ahí se puede desactivar la opción, que viene ya activada de “Permitir alertas”, y quitarle la vibración y el pitido al móvil. Allí se encuentra instalada y activada por defecto la opción que nos ocupa de “Pre-Alerta de Protección Civil”.
El Gobierno, en efecto, a partir de ahora puede declarar las emergencias reales o irreales que desee: fenómenos meteorológicos adversos, erupción de volcanes, terremotos, epidemias o accidentes químicos, entre otras catástrofes, porque de lo que se trata es de convertir la excepción en regla, y en términos de Giorgio Agamben, imponer el Estado de Excepción, es decir, la suspensión provisional y extraordinaria del orden jurídico, como paradigma normal de gobierno.