sábado, 13 de noviembre de 2021

Un patriota es un idiota

Patria, antes de convertirse en el sustantivo que es, era un adjetivo que hacía referencia a otro nombre que era padre, por lo que patrio quería decir relativo al padre, paterno. La forma femenina del adjetivo se aplicó ya en latín a varios sustantivos, por ejemplo a potestas: la patria potestas o potestad paterna era el poder que tenía el padre en principio y no la madre sobre los vástagos no emancipados. El paterfamiliās ejercía sobre sus hijos e hijas un derecho absoluto (iūs uītae necisque, derecho de vida y muerte), exclusivo de los ciudadanos romanos.

También se aplicó al sustantivo terra: patria terra: la tierra del padre, la tierra paterna. En este caso, el sustantivo acabó omitiéndose y cuando se decía patria se sobrentendía terra sin necesidad de mencionarla. En ese momento la forma femenina del adjetivo se sustantivó y pasó a significar “país natal, suelo natal, lugar de origen, nación”. Así por ejemplo Cicerón le reprocha a Catilina: Nunc te patria, quae communis est parens omnium nostrum, odit ac metuit: ahora a ti la patria, que es la madre común de todos nosotros, te odia y te teme.


Desde el siglo XV disponemos en castellano de la palabra patria. Tenemos también los compuestos expatriar, repatriar, patriota y compatriota (a través del griego patriṓtēs), patriotismo, patriotero, apátrida.

En francés se dice patrie, como en el célebre himno beligerante que es La Marsellesa: allons, enfants de la patrie En italiano es patria, como en castellano. En inglés, sin embargo, se dice homeland y fatherland, como en alemán Vaterland (tierra del padre), pero existen también patriot, patriotic, patriotism de clara raigambre latina.

En cuanto a las definiciones de patria el diccionario de la RAE da dos:
1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.
Y recoge la expresión patria chica, que define como “lugar, pueblo, ciudad o región en que se ha nacido”, y la expresión patria celestial, que define como “cielo o gloria”.

En latín tenemos algunas buenas definiciones de patria:
-Patria mea tōtus hic mundus est: Mi patria es todo este mundo. Lo dijo Séneca.
-Ubi libertas ibi patria: Donde esté mi libertad, allí está mi patria.  Divisa de Benjamin Franklin.
-Ubi bene, ibi patria:  Donde se está bien, allí está la patria. Proverbio citado por Cicerón, que recuerda el verso de Pacuvio: Patria est ubicumque est bene: La patria está donde quiera que uno está bien.
-Nūlla terra exsilium est sed altera patria: Ninguna tierra es un lugar de destierro sino otra patria.  Atribuida a Séneca, por su carácter estoico y cosmopolita.


Y tenemos también algún verso de Horacio bastante despreciable, por cierto, y tristemente célebre, el hendecasílabo alcaico: dulce et decōrum est prō patriā morī. Es por la patria dulce y cabal morir. Lo escribió Horacio que no murió precisamente en combate defendiendo la república, sino que abandonó no muy decorsoamente su escudo, relicta non bene parmula, como Arquíloco, porque prefirió salvar el pellejo a convertirse en un héroe de epopeya.

Pasando a nuestras lenguas modernas, tenemos:
-Mi única patria, la mar. Verso de Espronceda, de  La canción del pirata.
-A minha pátria é a língua portuguesa: Mi patria es la lengua portuguesa.  Lo dijo Pessoa, en el Libro del Desasosiego, escrito con el heterónimo de Bernardo Soares.

 

-Ma patrie, c’est la langue française: Mi patria es la lengua francesa. Lo dijo Albert Camus al recoger el premio Nobel de Literatura en 1957.
-Die wahre Heimat ist eigentlich die Sprache: La verdadera patria es realmente la lengua. Lo dijo Wilhelm von Humboldt.

Contra la Patria y contra todas las patrias se levanta el grito popular de la gente de a pie, de los de abajo: “Un patriota es un idiota, mil patriotas mil idiotas”. No se trata con esa consigna de lanzar un insulto al patriotismo, sino de definirlo como lo que es: una forma de autismo, solipsismo, chovinismo, jingoísmo y egoísmo, y, en definitiva, de idiotismo.

Mucho más que una rima graciosa y fácil de recordar y corear en manifestaciones callejeras, tiene un sentido muy profundo que hay que buscar en la etimología griega de ambas palabras: Patrioótees idioótees: un patriota es un individuo particular, alguien que tiene una naturaleza muy propia, muy suya, una idiosincrasia, una idiocia privada, alguien, como diría Ferlosio, que se pee en botija vacía para que retumbe y al que no le huelen mal sus propias ventosidades, pero sí los pedos ajenos, que llegan incluso a ofender a su fino olfato, pero no comprende que los suyos huelen tan mal y hieden tanto como los de los demás. (Nótese el recurso estilístico del eufemismo “ventosidad” aplicado a lo propio, frente a “pedo” a lo ajeno). 


El sufijo -ot- que comparten idiota y patriota se utilizó en griego para gentilicios de algunos lugares como, por ejemplo para los nacidos en la isla mediterránea de Chipre: Chipriota 

El patriota tiene un idioóma, que es una particularidad (linguïstica) que lo aleja de lo común, de la lengua y la razón comunes, del logos, que decían los griegos, que está por debajo o por encima, como quiera verse la cosa, de todos las lenguas y dialectos de Babel. Y es que como dijo Heraclito: “Pensar es común a todos, pero cada hombre cree tener un pensamiento propio, unas ideas propias, un saber propio”. El logos es común a todos, como el sentido o la razón comunes, pero la lengua, el idioma y el idiolecto, es particular a cada uno, como las opiniones personales que se expresan por doquier.

El nacionalismo sirve para exacerbar el patriotismo en torno a lengua, bandera y demás monsergas y tradiciones culturales. La existencia de una lengua propia, como la de una patria, sólo sirve para distraernos e idiotizarnos con nuestro propio idioma y nuestra patria.

Dice el marqués de Maricá, don Mariano José Pereira da Fonseca, que el patriotismo mal entendido es egoísmo o idiotismo. Haría falta saber qué es el patriotismo bien entendido según él, porque cualquier patriotismo bien o mal entendido es una forma de egocentrismo mejor que de egoísmo y de autonfaloscopia, es decir, de autocomplacencia en la contemplación del propio ombligo, y, por lo tanto una forma de idiotismo que excluye a los demás y se excluye a sí misma de la comunidad. 


Ahora bien, todos los patriotismos tienen algo en común, y algo de razón en ello: el odio hacia los demás patriotismos, que se ven como particularismos ridículos. También dijo el susodicho marqués, en la lengua de Pessoa, que "A Filosofia, quando não extingue, dilui o patriotismo", es decir, que la filosofía sirve para diluir o atenuar, cuando no para extinguir, el patriotismo, y, diríamos también, el chovinismo, que es un patriotismo exacerbado o nacionalismo hiperbólico, que refleja una admiración exagerada y exclusiva por el país propio, es decir, una exaltación desmedida de lo nacional frente a lo extranjero, de lo particular frente a lo general y común. El nombre de Chovinismo procede al parecer de un soldado Nicolas Chauvin que defendía su país, la Francia y su bandera tricolor, por encima de todo, y que sólo sabía gritar “yo... yo...” como un idiota: “Je suis Chauvin, je suis Français”. 
 
Patria o muerte” una falsa disyuntiva: patria (como cualquier otra idea) es muerte de lo que podía haber por debajo de la idea.

Se cita mucho en castellano la frase La verdadera patria del hombre es la infancia,  y se le atribuye a Rainer Maria Rilke, quien, por lo poco que yo sé, nunca dejó escrita ni en prosa ni en verso una cosa así. Sin embargo, en el mundo literario hispánico es un tópico ya consolidado, siempre que se habla de la infancia,  recurrir a esa cita y endilgársela a Rilke.

En el prólogo de sus “Dos historias de Praga” (1897) Rilke escribió: „Dieses Buch ist lauter Vergangenheit. Heimat und Kindheit – beide längst fern – sind sein Hintergrund.“ Este libro es el pasado sin más. La patria y la infancia - ambos de larga distancia – son su trasfondo. Aquí junta por primera vez las dos palabras Heimat, que es patria y es hogar y es lugar natal, con Kindheit, que es la infancia, pero porque son el telón de fondo de sus relatos: su niñez y su patria chica, su Praga natal, no porque haya establecido la ecuación de que su patria es su infancia. Rilke, que, en efecto, nació en Praga, no sentía que esta ciudad fuera su “Heimatstadt”, su ciudad natal, su patria, por lo que no sentía un especial aprecio por ella. Dejó a propósito escrito: „Nur werden wir nicht in unsere Heimat geboren, und mir scheint sogar, als ob alles Große immer aus diesem Verlangen gekommen wäre, sie irgendwo zu finden – offen und festlich und wie wartend unsere Wiederkehr.“ No hemos nacido en nuestra patria, y hasta me parece como si todo lo bueno siempre hubiera venido de este deseo de encontrarla en algún lugar –abierta y festiva y como esperando nuestro regreso .

También hay quien atribuye la frase a Baudelaire, pero sin mucho fundamento tampoco, por lo que a mí se me alcanza. Suele pensarse que, como metáfora que es, la formuló algún poeta, ya sea Rilke, que para los alemanes es el prototipo del poeta lírico en su lengua, ya sea Baudelaire, para los franceses.

 El dibujante argentino Liniers se hace eco de la falsa cita de Rilke, y le añade una bella coletilla de su cosecha.

Rilke ha dicho cosas muy bellas sobre la infancia, y le ha dedicado muchos versos a ese "camarín que guarda el tesoro de los recuerdos", pero nunca dijo que fuera la verdadera patria del hombre como se ha hecho proverbial entre nosotros.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Patriotismo: odiar las patrias

    Existen millones de personas –de once a quince- en el mundo que no son reconocidas por ningún país como ciudadanos: son apátridas. Pero digámoslo al revés: existen, o mejor aún, hay millones de ciudadanos del mundo, entre los que modestamente me incluyo, que no reconocemos a ningún país realmente existente como su patria, porque no somos nacionalistas, o si lo somos de algún modo, nuestro nacionalismo es de una intensidad tan baja, tan baja que no tenemos ni himno ni bandera ni nación ni gobierno que nos gobierne y que nosotros reconozcamos como legítimo.
    Somos como Diógenes el Cínico, o sea el Perro, quien cuándo fue preguntado por su nacionalidad respondió, creando una palabra nueva que luego ha sido devaluada “cosmopolita”, que en griego antiguo, que era su lengua, quiere decir ciudadano del mundo mundial, es decir, ciudadano de ningún país realmente existente.
¿Nacionalidad? Desconocida.
 
    La apatridia en los países europeos con altas tasas de inmigración es habitual en el caso de los inmigrantes ilegales que se niegan a revelar de qué país provienen cuando se lo preguntan en los interrogatorios policiales para ficharlos. Así, al no saber cuál es su procedencia, las autoridades locales no pueden establecer a dónde deben deportarlos o expatriarlos. Estos inmigrantes ingresan en el circuito de la ilegalidad.
    Extranjeros, todos somos extranjeros. O lo que es lo mismo: ninguno de nosotros debe serlo en ningún lugar de este mundo. Porque los problemas no los crean los extranjeros, sino la existencia de los Estados y fronteras.
    En un mundo donde, teóricamente, las fronteras tienden a desaparecer, una persona sin una nacionalidad es, paradójicamente,  un ente sin derechos. Los apátridas son un colectivo invisible, y no son un problema en tanto que no son considerados como tal en el imaginario social, lo que es lo mismo que decir directamente que no existen.

    Aunque, como en el caso de las meigas, no existirán, admitámoslo, pero haberlas haylas. Y hay muchos más que sin ser apátridas renunciamos gustosos a la nacionalidad: nuestro patriotismo consiste en odiar todas las patrias.  El verdadero patriotismo, escribió Bertolt Brecht en sus “Historias del señor Keuner”, consiste en odiar las patrias. El patriotismo o, más literalmente el amor (Liebe) a la patria (Vaterland, o tierra del padre) consiste en el odio a las diversas patrias realmente existentes, porque precisamente ese odio está motivado por amor a la patria auténtica que no existe, dado que ninguna de las que hay, y menos la nuestra propia que nos haya tocado en suerte o desgracia, habiendo tantas como hay,  es la verdadera de verdad que nos corresponde. 
     
   

VATERLANDSLIEBE, DER HASS GEGEN VATERLÄNDER

Herr K. hielt es nicht für nötig, in einem bestimmten Lande zu leben. Er sagte: „Ich kann überall hungern“.
Eines Tages aber ging er durch eine Stadt, die vom Feind des Landes besetzt war, in dem er lebte. Da kam ihm entgegen ein Offizier dieses Feindes und zwang ihn, vom Bürgersteig herunterzugehen.
Herr K. ging herunter und nahm an sich wahr, dass er gegen diesen Mann empört war; und zwar nicht nur gegen diesen Mann, sondern besonders gegen das Land, dem der Mann angehörte; also dass er wünschte, es möchte vom Erdboden vertilgt werden.
– „Wodurch“, fragte Herr K., „bin ich für diese Minute ein Nationalist geworden? Dadurch, dass ich einem Nationalisten begegnete. Aber darum muss man die Dummheit ja ausrotten; weil sie dumm macht, die ihr begegnen.’


PATRIOTISMO: ODIAR LAS PATRIAS.
El señor K. no consideraba necesario vivir en un país determinado. Decía:
– “Puedo morirme de hambre en cualquier parte”
Pero un día iba por una ciudad que estaba ocupada por el enemigo del país en el que él vivía. Entonces se topó con un oficial del enemigo y le obligó a bajar de la acera.
El señor K. se bajó, y se dio cuenta de que odiaba a este hombre, y no solamente a ese hombre, sino sobre todo al país al que pertenecía el hombre; hasta tal punto que deseaba que fuese borrado de la faz de la tierra por un terremoto.
-“¿Por qué, preguntó el señor K. me he convertido en este instante en un nacionalista? Porque me he topado con un nacionalista. Pero por eso hay que erradicar la estupidez, porque vuelve estúpidos a los que se topan con ella.”

      ¿Papeles para todos? No, papeles para nadie: que no haya papeles ni fronteras, ni patrias, que es lo peor que hay. Estamos contra las patrias, las grandes y las chicas. Pero si hay que elegir nos quedamos con las chicas, las que son tan chicas que ni siquiera existen; o con las grandes, tan grandes que no caben en el mundo porque se extiendan más allá de este ridículo planeta donde nos empeñamos en decir que hay vida.
     

    Samuel Johnson definió el patriotismo como el último refugio de un canalla: Patriotism is the last refuge of a scoundrel; a lo que Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo añade un importante matiz: PATRIOTISMO- Basura combustible adherida a la antorcha de cualquiera que quiera iluminar su propio nombre. En el famoso diccionario del Dr. Johnson, el patriotismo es definido como el último recurso de un granuja. Con el debido respeto a un lexicógrafo tan iluminado, aunque inferior, me atrevo a afirmar que es el primero. 

    De otro lado, autores cristianos mucho más antiguos que Bertolt Brecht, Samuel Johnson y Ambrose Bierce también nos invitan al antipatriotismo. Santo Tomás de Aquino, por ejemplo. Cuando estos autores hablan de la patria no se refieren a la terrenal, sino a la celestial, la “caelestis patria”, ya que la patria terrena tiene poca importancia. Es más, algunos invitan a abandonarla e incluso a despreciarla para poder alcanzar la celestial. 

    San Ambrosio de Milán, por citar otro autor, llega a escribir en sus Comentarios al Cantar de los Cantares: “Huyamos entonces a la patria más verdadera. Allí nuestra patria, y el padre por el que hemos sido creados, donde está la ciudad de Jerusalén, que es la madre de todas": Fugiamus ergo in patriam uerissimam. Illic patria nobis, et pater a quo creati sumus, ubi est Hierusalem ciuitas quae est mater omnium. 

    En términos cristianos el patriotismo más acrisolado consiste en odiar todas las patrias terrenales porque ninguna de ellas es la Jerusalén celestial, que es la verdadera; y en términos platónicos, odiar las patrias materiales porque ninguna es la espiritual. 

    Hemos, pues, de denunciar toda forma de patriotismo, incluido el patriotismo de baja intensidad de la patria chica, y desenmascarar la más sibilina de todas ellas, el último reducto del patriotismo, que es el egoísmo, el creer que el hombre encarnado en mí mismo,  es el centro del universo, la criatura formada a imagen y semejanza de su creador, que es Dios, con el que se identifica, porque esa fe, esa creencia arraigada e incrustada en nosotros, ha arrasado a lo largo de la Historia campos y ciudades, ha declarado guerras contra los otros y lo otro, ha talado selvas y bosques, ha matado bestias criadas en cadena, ha sacrificado todo poniéndolo al servicio del humanismo y del Hombre encarnado en el Ego, ese ser monoteísta, que se ha proclamado como el único ser racional, quitándoles la razón a los demás seres, a todas las cosas.

jueves, 11 de noviembre de 2021

El rayo de luna

Se cuenta que una noche la Luna, la misma diosa noctívaga que inspirará a los poetas románticos y que los griegos llamaron Selene, la reina de la nocturna bóveda celeste que nunca permanece idéntica a sí misma sino que experimenta cambios que la hacen crecer y menguar, la que desaparece durante tres noches del cielo para renacer al cuarto día, contempló a un joven y hermoso pastor que dormía descuidado y desnudo en un agreste paraje cercano a Mileto, en el Asia Menor, y se enamoró apasionadamente de él.

 

Endimión, Diana y Cupido, de Langlois

La casta divinidad que era la Luna, encarnación de Ártemis pudorosa o Diana virginal y cazadora, hermana de Apolo solar y luminoso, había hecho voto de eterna castidad, y se veía así perturbada ante la belleza masculina de un simple mortal, un joven efebo llamado Endimión.

Todas las noches que podía buscaba con sus rayos de plata al joven y lo iluminaba para que su belleza resplandeciera aún más con su luz argentina.

                                              
 Visión de Endimión, Edmund Poynter (1901)


Selene está íntimamente relacionada con la noche. Sus rayos de luz lívida y cárdena desvelan, velándolas con un halo de misterio, las cosas del mundo. La casta diosa había concebido una pasión irracional que sólo logró algo de sosiego cuando una noche, rompiendo sus votos de castidad, se unió carnalmente con el codiciado mancebo en la intimidad de una gruta del monte Latmo, entregándole su doncellez.

El padre Zeus, a petición de Selene, le concedió a Endimión, paradigma de todos los poetas enamorados de la luna fantástica y soñada que vendrán después de él, la realización de un deseo, y él eligió, no podía elegir otro deseo más puro, la muerte: el don de dormirse en un sueño eterno, el sueño de la muerte, es decir, el don de la inmortalidad.

No en vano el hermano gemelo de Hypno, el sueño, se llama Thánato, la Muerte, que es masculina en griego como en alemán. En latín el nombre de la muerte, Mors, es femenino, y por lo tanto en nuestras lenguas romances también,  pero tenía un sinónimo de género neutro, Letum de donde deriva nuestro adjetivo "letal", que significa "mortal". 

En alemán la Luna, en su lengua Der Mond tiene género gramatical masculino que se contrapone a Die Sonne, el Sol, que lo tiene femenino; no sería para los germanos la Luna la encarnación de Diana, sino de su hermano Apolo, invirtiendo las tornas que en romance hacen masculino al astro rey y femenina a la reina de la noche. Sirva este lugar para denunciar, una vez más, la arbitrariedad de los géneros gramaticales. En aquellas lenguas que los tienen, como la nuestra -otras como el inglés carecen de ellos- sirven para clasificar el vocabulario, y el que una palabra sea de género femenino no se explica por su supuesta "feminidad", sino que, al contrario, muchas veces la "feminidad" se explica por alguna presunta característica de las palabras que tienen género gramatical femenino. Así se puede llegar a decir que la luna es "femenina" de por sí porque es pasiva y receptiva, no tienen luz propia, sino que recibe la del sol, que sería "masculino" porque es activo, y la nota "actividad" pasaría a ser una característica de la virilidad... Pero ya vemos que lo que sucede en una lengua no tiene por qué suceder en las demás, y sería muy majadero y cerril considerar que nuestra lengua es la que vale más que las otras, sin percatarnos de lo relativas que son todas. 

Volviendo al joven amante de la luna, el lunático Endimión permanecería eternamente dormido de modo que la lozanía de su juventud no sufriese alteración, por siempre y para siempre joven. Cuentan que desde entonces, la Luna vela su sueño eterno todas las noches en lo alto del universo.

Sueño de Endimión, de Girodel

Gustvao Adolfo Bécquer, que le ha regalado a nuestra lengua algunas de las más bellas palabras que en ella se han escrito, tanto en verso, en sus Rimas, como en la poética y romántica prosa de sus Leyendas, escribió una historia de amor imposible de un hombre que se enamoró de la Luna.


 [Bécquer+rayo+de+luna.JPG]

En su leyenda soriana “El rayo de luna”, crea a un personaje, Manrique, que quizá no sea más que un trasunto suyo, que “amaba la soledad, y la amaba de tal modo, que algunas veces hubiera deseado no tener sombra, porque su sombra no le siguiese a todas partes.” Continúa el romántico poeta: “Amaba la soledad porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta, porque Manrique era poeta…” Este Manrique se enamoró de una mujer imposible, fruto de su imaginación, de su deseo o de su fantasía. Quizá mejor que de una mujer deberíamos decir nosotros que se enamoró de una criatura, es decir, de una creación de su imaginación. Mejor aún: de un ángel descarnado y asexuado.

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 El sueño de Endimión, Nichlas-Guy Antoine Brenet, 1756

¿Cuál será el sexo de los ángeles? Era esta una de las cuestiones que entretenía a los sabios de Bizancio, famosos por sus disquisiciones bizantinas. Se preguntaban dichos filósofos, mientras las tropas otomanas entraban a saco en Bizancio, si los ángeles serían hembras, machos o hermafroditas. Igual que nuestro Manrique, que no queremos que sea heterosexual, ni tampoco homosexual, sino en todo caso bisexual o, mejor aún, pansexual o asexual, enamorado de una criatura angelical sin sexo determinado o concreto y que a la vez encarna todos los sexos posibles o soñados y ninguno de ellos en particular, enamorado, como buen romántico, de la Luna, es decir, de lo imposible.

Cuando su anciana madre le preguntaba que por qué se consumía en la soledad, y por qué no buscaba una mujer real de carne y hueso a quien amar y con la que poder ser feliz, él no decía más que “El amor… es un rayo de luna”. 

 Selene y Endimión, mosaico romano, Museo del Bardo, Túnez

En su lecho de muerte, pues Manrique al igual que Endimión se adentra en el sueño de la muerte, gritaba una y otra vez “¡No!” a las vanas apariencias del mundo, y reconociendo la falsedad de todo: “Mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué? ¿Para qué? Para encontrar un rayo de luna…” 
Concluye la leyenda afirmando el poeta que Manrique, el otro poeta, estaba loco; o por lo menos todo el mundo lo creía así, matiza. Y nos hace al final una advertencia. Habla la razón por boca del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, uno de nuestros más insignes líricos, y lo hace para darle la razón a la locura: “A mí, por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio”.

 https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjGtsPJzI96Q4mlExCFpjBr2OUAD-DiIDBwdCnaey7gbygLwXas2J0s0x7_RgBm0q85O5vEO4Ev4z2r3mND2KCA1kscGAYEWQvyhejqgOlOqxPj6U6MhZ0_yqD_g1lZ_LeIkq_yXUJ1DZ9_/s1600/luna.jpg

Nox erat et caelo fulgebat Luna sereno, cantó Horacio:
 "Era de noche y en cielo sereno brillaba la luna".

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Ocurrencias varias

Bancarrota. - ¡Bancarrota! Analicemos la palabra: ¿La Banca se romperá alguna vez? ¡Ojalá! ¡Quiera Dios que así sea, como decían las alumnas de un colegio de monjas para aprender a conjugar el modo subjuntivo, que sirve para expresar los deseos! ¡Quiera Dios o el Diablo, en su caso, vete tú a saber, que no siempre gane la banca, que pierda alguna vez, que todos los bancos y bancas del mundo se declaren en quiebra y en bancarrota! 
 
La ventana indiscreta.- Es el título de una película memorable. Y es que toda ventana abierta tiene algo de indiscreción. A través de una ventana abierta pueden verse muchas intimidades y compartirse muchos secretos: a través de la ventana entra el viento (ventana viene de viento, como window en la lengua del imperio procede de wind, que es también el nombre del viento) y a través de la ventana aireamos los trapos sucios de nuestra intimidad. Abramos todas las ventanas para que entre un poco de aire fresco. 
 
La siesta, Gustave Caillebotte (1877)
 
 Del suicidio.- Aquí despotricamos a menudo contra el mundo y renegamos de la falsedad de la realidad, denunciando su mentira consustancial, incluidos nosotros mismos. Algunos me han preguntado alguna vez: ¿Por qué no te suicidas? He aquí algunas respuestas que he ido dándoles a unos y a otros y que se me ha ocurrido reunir: Porque no creo en las soluciones “fáciles” ni definitivas; porque prefiero no tomarme demasiado en serio como para hacer una cosa así; porque no estoy seguro de que eso sea ninguna solución; porque la vida no tiene sentido, pero la muerte probablemente tampoco. No me suicidio no tanto por instinto de supervivencia como por pereza. 
 
El mar, la mar.- El piélago, metáfora de mil naufragios,de todos mis naufragios absolutamente. 
 
Sacrosanta Semana.-  Lo peor de la Semana Santa no es tanto la consagración del dolor, el sufrimiento y el sacrificio como ideales de vida, cuyo paradigma es la pasión de Jesucristo, un Cristo alejado de la sensualidad y los placeres, como el hecho de que no deja de ser, a fin de cuentas, una santificación de la división del tiempo más aberrante y antinatural que tenemos los seres humanos, la sacrosanta semana laboral. La semana ya existía antes de que Dios creara el mundo. Por eso el primer día creó tal y cual, y el séptimo descansó. ¿No podríamos hacer nosotros algo para liberar a Dios y para liberarnos nosotros de esa servidumbre semanal? 
 
Mi problema personal.-  La pescadilla de enroscar, el pez que muerde su propia cola: yo no puedo resolver mis problemas propios personales, porque yo soy el único problema personal que tengo.
 
Homenaje a Caravaggio, Dimitris Anastasíu  (2009)
 

Desnudez como provocación.- Frente a vuestros uniformes militares, religiosos o civiles esgrimimos sin tapujos nuestros cueros in puris naturalibus.
 
Consolación a un amigo despedido de su trabajo.-   "Hoy me han despedido del trabajo”. Lamento lo de tu despido. No se me ocurre ningún consuelo mejor que decirte que lo que se pierde, bien mirado, es, por otra parte, lo que se gana. Piensa que te has librado de tus cadenas. La pérdida de ese trabajo es lo que has salido ganando: toda una bendición. Como dice el dicho popular, no hay mal que para bien no venga. Y nunca mejor dicho que en este caso. Si la pérdida de un trabajo parece en principio algo malo, mirado por el lado que se debe es una liberación: lo mejor que podía haberte pasado aunque estemos en tiempos de crisis y no tengas derecho a paro. 
 
Res publica.- No es monárquica la luna ni tampoco lo es el sol, y no es monárquico el aire ni tampoco lo soy yo. 
 
¿Por qué no juegan ya los niños en la calle en España?.- Porque tienen muchos, demasiados juguetes, tantos que ya no saben, se les ha olvidado, jugar con otros niños. 
 
Realidad imaginaria.- La realidad ha resultado que era ideal y, por lo tanto, imaginaria y no sólo virtual, como demuestran cada dos por tres la televisión -después del apagón analógico, que ya es agua pasada, historia,  vino la era (ya ha llegado, el futuro ya estaba aquí) de la televisión digital- y la más moderna Red,  que se empecinan en retransmitirla para que no perdamos la conexión, es decir, el hilo de la fe en ella. 
 
Cara y cruz del trabajo. - ¿Qué diría el venerable e injustamente olvidado Karl Marx hoy del trabajo asalariado si levantara la cabeza de la tumba donde lo han enterrado los marxistas? Que el trabajo es la maldición del pueblo: si no lo tienes malo porque te falta y si lo tienes malo porque te sobra.
 

 A=-A, Dimitris Anastasíu (2021)
 
¿Por qué da igual quién gobierne?. - Gobierne quien gobierne, gobiernen unos o los otros, da igual, como sabe el pueblo, porque los gobernantes democráticos, que son aquellos hombres y mujeres igualadas por el mismo rasero masculino con apetito de poder que han sido investidos por la gracia del voto popular, son gestores de la economía de mercado, es decir, del dinero. Y nadie va a atentar contra los sacrosantos intereses de la economía, a la que le interesa que haya empresas para que siga habiendo obreros –es decir esclavos- que las sostengan. 
 
Caballo que alcanza pasar querrá.- Cuando llegamos a la meta que nos habíamos trazado, queremos pasar, habida cuenta de la insaciabilidad de nuestras aspiraciones humanas. Porque, en realidad, nunca se alcanza la meta, porque antes de llegar a ella es preciso recorrer la mitad del trayecto, y antes de la mitad, la mitad de la mitad... y así sucesivamente, infinitamente... Es verdad que el que la sigue la consigue, como nos dice el refrán y la voz de la experiencia, como Apolo, enamorado apasionadamente de Dafne, persiguiéndola incansable, pero, cuando la consigue, descubre que ella ya no es la ninfa que lo había enamorado y que él quería, ya que ha cambiado y se ha transformado en el árbol del laurel, que pasará a ser el símbolo de su paradójica victoria. El caballo no alcanza nunca la meta. Y si la alcanza, descubre la realidad de la mentira, la mentira de la realidad: no era esa su meta. 
 
 
Muerte en Florencia , Dimitris Anastasíu (2011)
 
Roma no está en Roma. - Quevedo ya avisaba al viajero de no buscar a Roma en Roma, porque no iba a encontrar otra cosa más que el «cadáver en la que sustentó murallas». Las agencias de viaje nos invitan, sin embargo, a buscar a Roma en Roma, pero resulta que Roma sólo está en sus folletos turísticos. 
 
Week end.- La neurosis del fin del semana es que la semana no se acaba nunca, no hay, en rigor, ningún fin de semana ni domingo que no suponga una vuelta a empezar, serpiente que se muerde la cola.
 
Libros de autoayuda.- Los libros de autoayuda sólo sirven para ayudarnos a soportar el yugo insoportable de ser nosotros mismos y la peor fidelidad que hay, que es la de ser fiel a uno mismo.

martes, 9 de noviembre de 2021

De la brevedad de la vida

    Suele decirse que la vida son dos días. Y se dice para animarse uno a disfrutar de ella encareciendo su valor ante la caducidad y urgencia de su efímera brevedad. Pero no es verdad. La vida no es ni breve ni larga porque no es tiempo mensurable, no es algo cuantitativo sino cualitativo que cabe tanto en el recipiente de un segundo como en el de un siglo.

    No es buena la máxima que le atribuyen a Hipócrates, el padre de la medicina, que decía "ars longa, uita breuis", que quiere decir que la vida es corta y mucho lo que hay que hacer. Esta máxima nos llevaría a un frenético hacer por hacer para dar sentido unívoco a algo que como nuestra vida no lo tiene, y es bueno que no lo tenga.

    Oscar Wilde decía que la mayoría existimos y que muy pocos son los que viven.... ¡Qué razón tiene casi siempre el tío Oscar, ese entrañable mariconazo víctima del puritanismo victoriano, uno de los espíritus libres más agudos que en el mundo han sido, que sin embargo se mantiene, pese a estar muerto y enterrado, muy vivo, vivito y coleando todavía!

     La vida debe ser vida, sea esto lo que sea. Para que sea así, lo esencial es que no se la cuantifique, que no se la considere tiempo ni breve ni largo, ni mucho ni poco, que no se temporalice, y ya que 'time is money' en la lengua del Imperio ('el tiempo es dinero', 'oro' decimos nosotros, si se me permite, que no se mercantilice, es decir, que no se prostituya en el mercado laboral del trabajo asalariado). O, por lo menos, que no lo haga mucho, que no se vuelva toda de oro como el rey Midas, o sea, mierda, porque 'time (and life) is money', sí, pero 'money is shit', ergo 'time (and life) is shit': silogismo impecable, razonamiento lógico.

    En una carta fechada el 3 de agosto de 1878, el escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893), considerado como uno de los grandes maestros del cuento de la literatura universal, le decía literalmente al novelista Gustave Flaubert: «Je ne comprends plus qu'un mot de la langue française, parce qu'il exprime le changement, la transformation éternelle des meilleures choses et la désillusion avec énergie: c'est "merde"». Lo que, traducido literalmente, quiere decir: “Ya no comprendo más que una palabra de la lengua francesa, porque expresa el cambio, la transformación eterna de las mejores cosas y la desilusión con energía: es "mierda"”.



    Podemos parafrasear a Maupassant, y hacer extensible la cita a nuestra lengua y a la realidad, tan falsa como es y que tanto nos enmierda por no ser como debiera y debería ser. A fin de cuentas "merde" y "mierda" son palabras hermanas que proceden de la misma madre latina "merda", conservada tal cual en italiano. El razonamiento del escritor es que la palabra expresa como ninguna otra el cambio y la transformación de lo mejor en lo peor, y porque además se pronuncia casi siempre con una entonación exclamativa. De alguna manera todo el mundo ha reconocido alguna vez que todas las cosas que hay y que son tal y como son son una mierda. A veces, y según el estado de ánimo, se enfatiza la expresión añadiendo: una puta mierda.  
 
 

    De alguna manera es el primer descubrimiento que hicieron los denominados filósofos presocráticos, que reducían todo a un solo elemento, el arché o arjé: los famosos cuatro elementos. Ahí tenemos a Tales diciendo que todo era agua. O a Anaxímenes, que aire. A Heraclito, que prefería la metáfora  del fuego. Y a Empedoclés que encontraba la raíz de todas las cosas en la tierra. Pues bien, el quinto elemento, la quinta esencia de todo es la mierda.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Ocho mensajes breves más

   Los media que tanto nos asustaron con el cuento chino del virus echan mano ahora de otro relato horripilante: el apagón que va a producirse cuando se produzca. 
 
El fetiche religioso de salvación del alma individual se ha sustituido por el científico de salvaguarda de la vida y del planeta en peligro y vías de extinción. 
 

(De O. Wilde) Un eminente teólogo de Oxford dijo que su objeción al progreso moderno era que miraba siempre hacia delante y nunca hacia atrás, hacia el pasado.

  A los cuatro escenarios operativos de guerra del siglo XX (tierra, mar, aire y espacio) se suman ahora el ciberespacio y el ámbito neurocerebral o psicológico.
 
 

Al cementerio lo llaman algunos 'tierra de la verdad' porque en el camposanto yace enterrada la verdad de la vida y porque solo los que están muertos la poseen.

 
 Disease mongering: Las empresas farmacéuticas diagnostican las diversas vicisitudes de la vida humana como enfermedades a fin de vender medicamentos y vacunas. 
 
 El oráculo de Delfos augura 500.000 muertos más del virus coronado de aquí a la primavera del año que viene en Europa, que fallecerán cuando hayan fallecido.
 
El ave Goofus del zoo fantástico de Borges hace el nido al revés y vuela para atrás, porque no le importa adónde va sino dónde estuvo, cual retrógrado cangrejo.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Prólogo a la lectura de 'Knock o El Triunfo de la Medicina' de Jules Romains.

Caer enfermo”, vieja noción que ya no se sostiene ante los datos de la ciencia actual. La salud no es más que una palabra que no habría ningún inconveniente en borrar de nuestro vocabulario. Por mi parte, sólo conozco gente más o menos víctima de enfermedades más o menos numerosas de evolución más o menos rápida (Acto II, escena III).

1.- El título de esta pieza teatral, que levantó el telón por primera vez en el Théâtre des Champs-Élysées de París el 15 de diciembre de 1923, es el nombre propio de su protagonista, el doctor Knock, un nombre sonoro de resonancia anglosajona, pues en la lengua de Shakespeare significa “golpe/golpear”, en el sentido de llamar a una puerta, por ejemplo, pero también “to knock out” quiere decir “dejar sin conocimiento”, dejar K.O. El Dr. Knock, efectivamente, dejará noqueada y fuera de combate, como veremos, a toda la población de Saint-Maurice, un pequeño pueblo ficticio de la Francia profunda cuando se instale allí como médico rural.

1.1.- Es muy probable, asimismo, que el nombre propio del doctor haya sido tomado de un personaje de la película Nosferatu, una sinfonía del horror, que Murnau estrenó en 1922, un año antes que la obra de Jules Romains. El agente inmobiliario, en efecto, que le ha vendido una casa al conde Orlock, es decir, a Nosferatu, o sea, a Drácula, se llamaba Knock, el equivalente del Renfield de la novela de Bram Stoker, en la que se basó la película. Nosferatu emprenderá un viaje desde Transilvania hasta Bremen diezmando a la tripulación del barco y llevando la peste consigo. Knock es de alguna manera el responsable de que la epidemia se cierna sobre la ciudad. En la obra teatral que nos ocupa, Knock pondrá en tratamiento bajo su control a toda la población de un pueblecito francés, ejerciendo un poder dictatorial omnímodo que se anticipa a la irrupción del nazismo y los fascismos históricos europeos. Diez años después de estrenada la obra, en efecto, muchos médicos alemanes se convertirán en férreos defensores de la pureza étnica y cómplices del nacional-socialismo, dos fetiches abstractos. 

  


2.- El subtítulo de la obra “El Triunfo de la Medicina” alude a la ceremonia de entrada solemne en la ciudad de Roma del general victorioso, quien, en este caso es, obviamente, el doctor Knock, que haciendo uso de su estrategia consigue subyugar a toda la población. No es un triunfo personal sino de la Medicina. Cuando el doctor Parpalaid, su antecesor en el cargo y médico a la antigua usanza, y el único que en las acotaciones de J. Romains figura como “doctor”, le reprocha a Knock que esté subordinando el interés del paciente al interés del médico, nuestro protagonista le reconoce que lo hace por un interés mucho mayor que el de ambos, que es el interés abstracto de la Medicina. Knock no oculta a nadie lo que quiere: “Comprenda, amigo mío, que lo que yo quiero, ante todo, es que la gente se ponga en tratamiento” (acto II, escena I). Quiere poner en tratamiento, es decir, hacer sentirse enfermo, y meter en la cama y, llegado el caso, hospitalizar a todo el mundo, objetivo que logrará en Saint-Maurice, donde toda la población estaba sana antes de su llegada, pero él, que se ha doctorado con una tesis sobre los pretendidos estados de salud, logrará que los habitantes de esa comarca descubran al enfermo que llevan dentro y que ignoraban, porque la gente que se considera sana, en realidad está enferma e ignora el mal que padece, según el axioma que él atribuye al magisterio de Claude Bernard: Las personas en buen estado de salud son enfermos que se ignoran.

3.- El nombre del autor de la pieza teatral, Jules Romains es en realidad un pseudónimo de Louis Henri Jean Farigoule (1885-1972), poeta, autor de teatro y novelista francés que fue además miembro de la Académie Française. Un cuarto de siglo después de publicada la obra, en 1949, volverá sobre el personaje creado, el pérfido doctor Knock, publicando unos supuestos “Fragmentos de la Doctrina Secreta” que J. Romains habría recogido oralmente de él, al que imagina ahora cómodamente instalado en Nueva York, convertido en una eminencia científica que trata de generalizar su experimento francés a todo el mundo... 


 4.- Knock o el Triunfo de la medicina, cuenta dentro de la literatura francesa, con una larga tradición que remonta a "El Médico a su pesar" y "El enfermo imaginario" de Molière, dos sátiras de la medicina. Pero al mismo tiempo que se inscribe  en esa corriente la trasciende, porque no se queda en una comedia satírica sino que apunta en su desenlace a la farsa trágica. Si en Molière la figura del médico se ridiculiza, en J. Romains se denuncia, además, su poder manipulador. J. Romains no critica la medicina que se practicaba entonces, como hacía Molière, sino que se anticipa a la medicina del futuro, y casi un siglo después de escrita la obra, podemos afirmar que sus intuiciones han sido confirmadas por la realidad, y aun algunas de ellas sobrepasadas con creces. Podría representarse hoy en día, cien años después de escrita, perfectamente, actualizando si se quiere la puesta en escena con mascarillas quirúrgicas, guantes asépticos, geles hidroalcohólicos y un largo etcétera, y seguiría manteniendo toda la frescura del estreno de hace cien años. La obra ha cosechado muchos éxitos en el país vecino, donde, considerada un clásico de la literatura francesa del siglo XX, es una lectura obligatoria para muchos estudiantes, lo que sin duda hace que muchos de ellos pierdan su interés por ella considerándola algo de otro tiempo, ajeno al mundo actual.

5.- Knock es el personaje central, el médico todopoderoso que manipula a los demás personajes a su antojo como si fueran sus marionetas, gracias al poder intimidador de su charlatanería pseudocientífica y a la credulidad de sus pacientes. Knock es una especie de doctor Mengele, con las manos menos ensangrentadas, pues “es partidario de la disminución de la mortalidad”, y no de la eliminación de unos pacientes que son, a la vez, sus clientes. “Considero que, a pesar de todas las tentaciones contrarias, debemos trabajar por la conservación del enfermo”, según afirma en la escena primera del primer acto, lo que revela que Knock no dejará morir a sus pacientes, pero que tampoco les curará, ya que la curación de un paciente supone la pérdida de un cliente, por lo que tratará de mantenerlos, ya que son su fuente de ingresos. Antes de examinar a uno, le pregunta sobre su situación financiera; cuanto más ricos son, más caros son sus tratamientos y consultas. Parte de una persona sana, a la que transforma en enfermo hipocondríaco asustándolo con su jerga médica y con una dieta capaz de debilitar al más fornido. Convencerá a cualquiera de que está enfermo, como la vieja zorra de la fábula convence al cuervo de que es la más bella de las aves y que la única pega que puede ponerle es que no sepa cantar, a lo cual va el cuervo, grazna y suelta el queso, que es lo que pretendía la raposa, que corre tras arrebatárselo y haberse burlado de él. Deseoso de hacer fortuna, Knock expone su moderno concepto de mercadotecnia, que consiste en crear la necesidad antes de ofrecer el producto que la satisfaga. Pero desde que Knock comienza a tener opíparos ingresos, el dinero deja de interesarle o no es lo que más le interesa, puesto que le fascina ejercer su poder sobre los demás. 


 5.1.- De los demás personajes de la obra puede afirmarse que todos pasan a ser sus comparsas, incluido su rival el doctor Parpalaid al final de la obra. Cuando emprende la tarea de hacerse cargo del consultorio del pueblo, no pretende erradicar ninguna enfermedad, sino sacar el máximo beneficio en el sentido económico del término. Los colaboradores del doctor Knock, a los que atrae tendiéndoles una tupida red con la estrategia de un arácnido, son, en orden de aparición en escena, en primer lugar el pregonero que anunciará a la población de Saint-Maurice que el nuevo doctor abrirá una consulta gratuita el día de mercado. En segundo lugar, visita al señor Bernard, el maestro del pueblo, encomendándole la pedagógica tarea de instruir a los habitantes de Saint-Maurice inculcándoles las nociones científicas de “microbios, gérmenes”, antecedentes de las modernas bacterias y virus. Se trata de que el maestro muestre la peligrosidad mortal de dichos elementos a través de sus clases, educando a los pequeños, y dando conferencias a sus mayores. Posteriormente se gana al boticario del pueblo, el señor Mousquet, que representa la industria farmacéutica, cuyos ingresos, le asegura, se dispararán con sus recetas, y finalmente a la dueña del hotel, cuyo establecimiento se transforma en una clínica que enseguida se verá desbordada.

6.- La profesión médica conserva una impronta sagrada, si no mágica, en el inconsciente colectivo, que data del remoto período en que la medicina se confundía con la religión, dado su carácter sacerdotal. No en vano en Grecia se rendía culto a Asclepio, el Esculapio latino, el dios de la Medicina. Hijo del dios Apolo, según la mayoría de las versiones, fue confiado al centauro Quirón, que le enseñó el arte médica, adquiriendo una gran habilidad hasta el punto de que podía hacer resucitar a los muertos. Asclepio, de hecho, devolvió a la vida a muchos fallecidos, cosa que Zeus no podía permitir porque desbarataba el orden del mundo que establecía una diferencia tajante entre los mortales y los inmortales, y que Asclepio burlaba con su arte, por lo que Zeus lo mató fulminándolo con un rayo. Tras su muerte fue catasterizado y convertido en la constelación del Serpentario. Los atributos de este dios suelen ser, precisamente, serpientes enrolladas en un bastón. El culto a Asclepio floreció sobre todo en Epidauro, donde se desarrolló una verdadera escuela de medicina, cuyas prácticas eran sobre todo mágicas, arte que practicaron sus descendientes, de los que el más conocido fue Hipócrates, cuyo juramento realizan los modernos médicos solemnemente todavía prometiendo “primum non nocere”, no hacer daño en primer lugar a sus pacientes si no pueden curarlos, algo que no pone en práctica nuestro protagonista. 


 7- La obra ha sido llevada al cine en varias ocasiones: He visto Knock (1951), dirigida por Guy Lefranc, francamente magistral gracias la interpretación de Louis Jouvet en el papel protagonista y a la fidelidad del guión al texto, y, la más deplorable seguramente de todas y última por ahora, El doctor de la felicidad (2017), dirigida por Lorraine Lévy, que se presenta como una adaptación de la obra y altera y falsifica esencialmente el mensaje crítico de la obra de Romains envolviendo al doctor, aquí interpretado por el actor negro Omar Sy, en una ridícula historia de amor romántica y amable.

8.- Sólo conozco dos traducciones al español, y las dos están ya descatalogadas, accesibles en algunas bibliotecas públicas y en librerías de viejo y ocasión: la más antigua, la de Natividad Massanes, publicada por Editorial Losada en 1957 en Buenos Aires, y la más reciente, la de M. Paz Sánchez del Corral publicada por Editorial Bruño en 1989, en una colección infantil y juvenil con una guía didáctica para su lectura. La traducción que presento, por mi parte, no es ni mejor ni peor que las anteriores, que he consultado y tenido en cuenta para la mía, simplemente es más accesible, subida como está a la Red y abierta a todo el que quiera leerla.

8.1.- Recojo la noticia de que en febrero de 1925 se estrenó en Madrid con gran expectación debido al éxito que había cosechado en París Knock o El triunfo de la medicina en versión de Manuel y José Linares Rivas. El propio J. Romains asistió a dicha representación, y el crítico Rafael Marquina protestó por la tergiversación del texto que según él habían hecho los traductores. Me hago eco de la anécdota de que en 1943 la obra, que se representaba en Nueva York a la sazón, fue suspendida por las protestas de las asociaciones médicas que sentían que se atacaba la dignidad de su profesión. 

 

9.- El interés de la obra radica desde mi punto de vista en que el autor no nos ha pintado a un simple estafador, al que el dinero deja de interesarle cuando ha obtenido lo suficiente, sino a alguien que sabe lo que hace, que está convencido de su misión social, un apóstol de una nueva religión que es la de la Ciencia, un visionario. A Knock, más que el dinero, le fascina el ejercicio del poder sobre los demás que le brinda su profesión. Desde el primer momento insiste en que se le llame "doctor", porque conoce bien el efecto de este título en la gente, a la que subyuga además con el poder de sus conocimientos científicos y su fuerza de persuasión, que se aprovecha de la credulidad de la gente. Sabe ser duro con los que se rebelan contra su autoridad hasta llegar a ejercer un férreo control. Al practicar la medicina, Knock encontró una forma de ejercer su poder sobre los que le rodeaban, igual que un político, un hombre de negocios o una autoridad espiritual, como él mismo reconoce: "No hay nada más verdadero, decididamente, que la medicina, quizá también la política, las finanzas y el sacerdocio, cosas que todavía no he probado."

9.1.- En nuestros días el estamento médico se ha convertido en una institución poderosa en los países desarrollados, una casta dirigente gracias al sostén de la industria mundial de la Gran Farmacia, y a organismos privados como la poderosa Organización Mundial de la Salud y gracias a los Ministerios de Sanidad de los diversos Estados. La moderna medicina preventiva, que se ha llamado medicina factual o evidence based medicine en la lengua del Imperio, ha hecho enormes progresos, pero a partir de los años 80 se ha subordinado a los intereses de la industria farmacéutica, y a la hora de hacer el balance de riesgo y beneficio, se inclina siempre hacia el beneficio económico en lugar de a la salud de la gente. La medicina promovida por el Dr. Knock, como la medicina contemporánea, subyuga a través del miedo a toda la población de Saint-Maurice, que paraliza su dinamismo vital para someterse a una vorágine de restricciones con el objetivo no de dejar de estar enfermos, sino de tratar de estar sanos. 


 9.2.- Hay un elemento en la obra de especial interés. La labor del médico consiste en diagnosticar la enfermedad oculta para llevar a los pacientes a una “existence médicale”. Knock no cura un mal del que no se es consciente, y que, por lo tanto, no se padece, sino que hace que emerja como por arte de magia y que el individuo lo asuma. Quiere extender el dominio de la medicina, para lo que es menester enfermar a todo el mundo, es decir, hacer que se tambalee su confianza en la salud que posee, metiéndose todo el mundo en la cama para no caer enfermo. Tres meses después de su llegada a Saint-Maurice todo está “impregnado de medicina, recorrido por el fuego subterráneo de nuestra arte”, como le confiesa al doctor Parpalaid. Knock, más que una medicina preventiva, practica una medicina anticipativa, que en lugar de prevenir la enfermedad, la inventa y la fabrica. Se invierte el proceso curativo: no se espera a sufrir una dolencia para tratarse, se trata uno para no caer enfermo. Cualquiera, por muy buen estado de salud que presente, puede albergar en el repliegue menos pensado de su organismo “trillions de bacilles de la dernière virulence capables d’infecter un département”. La posibilidad de no tener síntomas pero ser portador de un peligrosísimo y contagiosísimo virus está en la mente de todos los lectores modernos. La medicina ha progresado tanto en nuestros días que todos estamos enfermos. Por precaución. Por anticipación. Eso justifica la actuación de las autoridades sanitarias. En cada pequeña dolencia o afección encontramos síntomas preocupantes: fatiga, problemas respiratorios, fiebre, pérdida del gusto y del olfato, insomnio, tos... Ni siquiera la ausencia de síntomas garantiza que uno esté sano. Knock hace de la medicina una nueva religión y objeto de culto. La obra resultaría cómica si sus personajes, crédulos, fuesen meros enfermos hipocondríacos que temen males imaginarios, pero al final resulta sarcástica porque sus personajes somos nosotros mismos, el público lector y espectador.

9.3.- En una entrada anterior de El arcón donde cabe todo, en 'El triunfo perverso del doctor Knock', me ocupé ya de la obra teatral, por lo que el piadoso lector debe disculparme si algunas de las cosas dichas allí las halla aquí ahora repetidas. También en otra página hice la presentación de los 'Fragmentos de la Doctrina Secreta' del doctor Knock, que pueden leerse en este enlace con las litografías ilustrativas de Paul Colin, donde J. Romains reflexiona sobre la iatrocracia, o gobierno de la casta médica, universal y la vacuna antitanática, que libraría a la humanidad de la muerte, como complemento de la obra teatral.

10.- En el año 2021 en que escribo estas líneas todos nos hemos convertido queriendo o sin querer en habitantes de Saint-Maurice, prisioneros de esa ficción; incluso el doctor Parpalaid, representante de la vieja medicina curativa, acabará finalmente atrapado en las redes del pérfido Knock. La farsa trágica que escribió J. Romains es nuestro drama actual. El interés de esta obra hoy es la denuncia de tiranía médica o, mejor dicho, de la dictadura sanitaria que se ha apoderado de nuestro mundo, en la que todos los gobiernos, sea cual sea su signo político, se han empeñado so pretexto de salvar la vida, ese fetiche abstracto, de sus súbditos. La Luz Médica que ilumina el escenario al final de la obra nos deslumbra y nos ciega a los lectores y a los espectadores. 

La obra puede leerse clicando sobre esta imagen.