martes, 13 de octubre de 2026
Pareceres CXXIX
lunes, 8 de diciembre de 2025
Seguridad al por mayor
La Guardia Civil y la Policía Nacional, a falta de protección, dan consejos a los mayores para prevenir hechos delictivos en la calle, tales como 'camina por el interior de la acera, llevando el bolso del lado de la pared para mayor seguridad', 'opta por bolsos de asa o sin correa, así evitarás tirones inesperados' y 'evita la ostentación de joyas u objetos de valor que puedan llamar la atención'. Son consejos, no voy a ponerlo en duda, bienintencionados, habida cuenta de lo que puede pasarle a cualquiera, sobre todo a los viejos, por la calle. Son los mismos que yo doy a mi anciana madre cuando no puedo acompañarla y va sola a dar un paseo, a la compra o al banco, pero viniendo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que también velan por la propia seguridad del Estado y el sistema todo, parecen despropósitos, como si reconocieran implícitamente que no pueden brindar la protección y la seguridad que nos prometen.
Son consejos para las personas mayores, es decir, para los viejos, dejémonos de ridículos eufemismos, muy parecidos a los que se daban a las jovencitas en los tiempos de Maricastaña: que cuando salgan a la calle opten por ropa recatada, sin escotes ni minifaldas provocativas, evitando la ostentación de su belleza y su juventud escandalosas, no portando ropa ajustada que marque las curvas sinuosas, y evitando andares insinuantes, lascivos y provocadores, y actitudes que puedan llamar la atención, a ser posible sin maquillaje, zapatos de tacón alto ni perfume embriagador, todo lo cual podría encender los deseos concupiscentes y libidinosos de los violadores y fomentar agresiones sexuales. Claro está que también, ya puestos, podrían decirles a las mujeres que no salgan nunca solas, y que si lo hacen se pongan un burca -esa prenda que cubre su cuerpo y su cabeza por completo dejando solo una ranura con malla a la altura de los ojos para que puedan ver sin ser vistas- y debajo, por si acaso, un cinturón de castidad.
Decir, en efecto, a los viejos que no se pongan joyas ni relojes caros si no quieren que les roben es la nueva versión de decirles a las mozas que no se pongan faldas cortas si no quieren que las violen. Pero resulta sarcástico que nos digan a los viejos que no nos pongamos joyas cuando a muchos nos las han robado en nuestros domicilios, o hemos tenido que empeñarlas en las tiendas que compran oro para llegar a fin de mes alguna vez.
En la calle no hay mucho problema si seguimos los consejos de seguridad de las fuerzas policiales, y, esto no nos lo dicen pero hay que tenerlo también en cuenta, si evitamos, claro está, entrar en las entidades bancarias, que son los mayores atracadores, y las grandes superficies comerciales como Mercadona, Carrefour y el Corte Inglés, por citar solo tres nombres.
¿No sería mejor que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado nos garantizaran poder andar por la calle sin miedo a que nos roben? Pero, como están reconociendo implícitamente, ya digo, no pueden hacerlo y por eso nos dan los tips que nos dan, como si nos estuvieran culpabilizando a nosotros mismos. Dan ganas de exclamar en latín como Cicerón: O di inmortales! ubinam gentium sumus? in qua urbe vivimus? quam rem publicam habemus? '¡Redioses inmortales! ¿En qué lugar del mundo estamos? ¿En qué país vivimos? ¿Qué Estado tenemos?'
Hay quien dice que los políticos deberían castigar a los delincuentes, y no soltar a los reincidentes, y cerrar las fronteras, como si todos los males nos vinieran de fuera y no los hubiera dentro, como si no fuera vana la distinción dicotómica entre fuera y dentro, pero ¿cómo van a castigar la delincuencia si los políticos profesionales también delinquen? Tendrían que castigarse a sí mismos. ¿Iban en ese caso a autoflagelarse?
Por otro lado nos dicen para tranquilizarnos que España es uno de los países más seguros del mundo, que hay otros, no vamos a citar ninguno como ejemplo para que no se ofenda, en los que no puedes sacar el móvil en público porque te roban el aparato ipso facto, como si aquí no pasara eso mismo, con el agravante de que los gigantes tecnológicos de la comunicación que nos lo han vendido nos han robado previamente todos los datos que guardábamos en el almario.
jueves, 9 de octubre de 2025
Crónica de cosas que pasan (4)
martes, 6 de febrero de 2024
Más policía
El pasado 13 de enero de 2024 se cumplía el bicentenario de la fundación la Policía Nacional española, que nació hace doscientos años en 1824, celebrándose los fastos de dicho "acontecimiento de excepcional interés público" bajo el lema "comprometidos contigo".
A fin de cuentas son puestos de trabajo que crean de la nada, y en un país donde hay tanto desempleo interesa que la gente esté ocupada. A los políticos y a los medios de (in)formación les interesa crear la delincuencia para poder combatirla llevando a los delincuentes a la cárcel, que no deja de ser más que un espejismo de la falta de libertad general. ¿Por qué no acabaremos nunca con el terrorismo? Que se lo pregunten al matón-country-gringo, del país donde crece verde la yerba -green grows the grass. Porque no interesa, porque interesa que lo haya para poder declararle la guerra: war against terror. Si no hubiera terror, ¿a quién íbamos a declarar la guerra?
Ya lo dijo nuestro Gracián, todo un clásico. Y ya se sabe: un clásico es un clásico porque es de lo más moderno:- ¿De qué sirven éstos en el mundo? -¿De qué? Hacen guerra a los enemigos. -¡No la hagan mayor a los amigos!. -¿Éstos nos defienden? Dios nos defienda de ellos. ¿Éstos pelean, destrozan, matan y aniquilan nuestros contrarios? ¿Cómo puede ser eso si dicen que ellos mismos los conservan? -Aguarda, yo digo lo que deberían hacer por oficio, pero está ya el mundo tan depravado que los mismos remediadores de los males los causan en todo género de daños. Éstos, que habían de acabar las guerras, las alargan; su empleo es pelear, que no tienen otros juros ni otra renta, y como, acabada la guerra, quedarían sin oficio ni beneficio, ellos popan -es decir: miman, cuidan, acarician- al enemigo porque papan -esto es, papean, comen- de él: ¿para qué han de matar los centinelas al Marqués de Pescara si viven de él?
A los estados democráticos les interesa que exista el terrorismo para poder tener una excusa que justifique combatirlo y que justifique la existencia injustificable, se mire por donde se mire, del terrorismo y de los propios estados democráticos.
martes, 24 de enero de 2023
Estado policial
Resulta significativo cómo el Estado es capaz de asimilar cualquier protesta que se esgrima contra él, incluso un insulto contra el gremio policial(1), como es el acrónimo ACAB, que en la lengua del Imperio, que es la de Chéspir, corresponde originalmente a All Cops Are Bastards, lo que significa en la nuestra, Todos los Polis Son unos Bastardos, o, dicho de otra manera, unos hijos de madres conocidas, y aun muy conocidas, pero de padres desconocidos, lo que en castellano viejo se decía, como leemos por ejemplo en El Quijote, unos hideputas, y en más moderno castellano, escrito todo junto, unos hijoputas.
Dicho acrónimo anglosajón tiene una versión numérica que es 1312, que encripta de alguna manera el mensaje, y que responde al orden alfabético que guardan las letras ACAB en el alfabeto latino que mayoritariamente utilizamos.
Prueba de que hasta un improperio destemplado como ese contra la policía, que se ha hecho famoso en pintadas, en camisetas, en tatuajes, en pancartas de protesta contra la brutalidad policial y en las redes sociales, se puede utilizar a favor del propio cuerpo, es el hecho de que la policía federal alemana ha sacado un anuncio publicitario en el que reivindica el acrónimo ACAB pero le da otro significado sustituyendo “bastard” por “beautiful”, y queda así: All Cops Are Beautiful, que viene a ser Todos los Polis son Guapos, convirtiendo lo que era un insulto contra el estado policial en un piropo a su favor(2). El lema propagandístico, destinado a reclutar jóvenes de ambos sexos, se acompaña de una fotografía de varios agentes, tanto varones como mujeres bastante agraciados físicamente, de modo que cualquiera que vea la imagen reconocerá enseguida que efectivamente tanto ellas como ellos son hermosos y bien parecidos sin ningún género de duda.
Hay además en dicho anuncio propagandístico y publicitario una frase, en la lengua de
Goethe esta vez, que es además la dirección de la página electrónica y que dice: Komm zur Bundespolizei.de, donde el -de final es la
matrícula cibernética de Alemania (Deutchland), y que quiere decir “Ven a la policía federal (alemana)”, tuteando al lector,
con lo que se ve que este eslogan trata de atraer a la juventud
bisexual(3) a formar parte de los cuerpos de seguridad del Estado
ofreciéndoles tanto a ellos como a ellas un trabajo, y por lo tanto un futuro, que, con el
añadido del uniforme, les hace hermosos, atractivos.
El
sistema se ha apropiado, así, de estas siglas que en principio se
oponen al sistema policial y que pueden constituir un delito, como
informábamos en Verguenza
me daría ser policía,
donde dábamos cuenta del caso del cantante don
Evaristo Páramos, del grupo Gatillazo, y antes de La Polla Records,
que cerró su actuación en Jerez de la Frontera gritando
“policías, sois unos hijos de puta”. El improperio no iba dirigido contra un agente en concreto, sino contra el
cuerpo en general de policía, y fue sancionado por “falta de
respeto o consideración” a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del
Estado de acuerdo con la LOPSC, que popularmente se conoce como la
Ley de la Mordaza.
La palabra policía deriva del griego πολιτεíα politeía, que significa 'constitución de un Estado, ciudadanía”, que a su vez deriva de πóλις pólis, que era el nombre de la ciudad-estado en la Grecia clásica, es decir de la forma que en aquel entonces adoptaba el Estado, por lo que la expresión “estado policial”, etimológicamente hablando, es una redundancia, ya que todo Estado es por esencia, mal que le pese, policial.
- Ya
a algún defensor del oficio policial se le había ocurrido
transformar el significado del acrónimo ACAB, dándole un sentido meliorativo, en All Cops Are Brave:
Todos los policías son valientes. Se subrayaba así la belleza moral más que la física -ambas inseparablemente unidas formaban el ideal griego clásico de la kalokagathía-, pero la policía federal alemana
ha preferido subrayar la belleza física antes que la valentía y
valor de sus agentes.
Si visitamos la página electrónica de la policía federal alemana, nos encontramos con la fotografía amable de seis policías sonrientes, tres chicas y tres chicos, y este primer mensaje: Gib deiner Zukunft eine neue Richtung. Komm zur Bundespolizei. Bewirb dicht jetzt! Dale a tu futuro una nueva dirección o un nuevo sentido. Ven a la policía federal. ¡Apúntate ya!
miércoles, 18 de enero de 2023
Los grises de entonces, los azules de ahora

viernes, 16 de diciembre de 2022
Veinte euros

Costas está muerto porque el Estado asesina a través de su brazo armado, que es la policía. Está muerto porque no hay justicia, justicia que se dice δικαιοσύνη en la lengua de Homero, aunque en estos malos tiempos que corren la palabra ya no se escribe con la corrección gramatical que exige la tradición académica, igual en griego antiguo que en el moderno, sino como la escribió la familia de Nikos Sabanis prácticamente analfabeta, en una pancarta, con faltas de ortografía: δηκεοσíνη (dikeosini), reclamando -¿a qué altas instancias, a quién?- lo que no hay en el mundo ni por asomo: la justicia.
jueves, 10 de febrero de 2022
La porra y el bastón
Leído este
alegato treinta y ocho años después -ignoro si el presidente del gabinete socialista leyó la carta, lo que sí es cierto es que si la leyó,
hizo caso omiso, o sea ningún caso de la recomendación de Chicho-,
resulta que me entero ahora de que el Ministerio del Interior sustituye las
porras de goma por porras extensibles metálicas: más
de veinte mil de dichas porras de acero cuyo precio
asciende a los dos millones de euros (unos ochenta euros cada una),
llamadas eufemísticamente 'bastones policiales extensibles', y
“bastones policiales defensivos', van a ser empleadas
principalmente por los policías destinados en
Seguridad Ciudadana y las Unidades de Intervención Policial, más
conocidos como antidisturbios. Obsérvese cómo ha desaparecido la palabra "porra" sustituída por el eufemismo "bastón", en apariencia, aunque sólo en apariencia, menos agresivo, porque el bastón tiene un uso primordial que es apoyarse en él al caminar, y secundariamente puede servir para golpear, pero en el caso de la porra su uso único es como arma de aporreo.
Estos bastones, hechos con acero o aleación de máxima calidad, pasan de los 26 centímetros cuando está plegados a un poco más del doble en toda su extensión y pesan poco más de medio quilo. Se trata, siempre según el Ministerio, de un elemento de fácil portabilidad que va siempre con el policía, discreto, dado su reducido tamaño" y poseedor además de "un efecto psicológico disuasorio por su efecto ruidoso al desplegarse".
La Dirección General de la Policía también ha elaborado un protocolo específico sobre su uso en el que se detalla que, en caso de golpear con el bastón extensible a una persona, el agente deberá evitar hacerlo en vertical “de arriba hacia abajo”, además de no hacerlo “bajo ningún concepto” en “la cabeza, cuello, clavícula o columna vertebral”, prohibiéndoles a los agentes que lo usen como “técnica de estrangulación”. Dicho protocolo añade que estas defensas solo se utilizarán para “reducir, inmovilizar o detener” a personas que muestren “una resistencia activa que ponga en riesgo a los agentes o terceras personas”, que pueden actuar de manera violenta o lo hayan hecho, que amenacen con un arma blanca u otro objeto peligroso o estén a punto de poner en riesgo su vida. Y siempre después de “haber agotado las vías de diálogo, negociación y mediación previas”. El protocolo prohíbe usarlas “con mujeres embarazadas o con menores de edad penal [hasta los 18 años] siempre que esta condición sea perceptible”, así como “con personas de edad avanzada o personas débiles de salud”.
Estas armas, además, poseen una mayor resistencia y dureza que las tradicionales defensas semirrígidas, así denominan a las tradicionales porras de goma, portando además en su extremo final una punta de polímero endurecido, se supone que para mayor contundencia, lo que no corresponde -esto no se le escapa a nadie un poco espabilado- al principio que debe guiar la actuación de los cuerpos policiales de procurar la menor lesividad posible.
lunes, 19 de julio de 2021
La policía hace pedagogía
Un titular del 18 de julio de 2021 de El diario montañés, el periódico de campanario de Cantabria, reza en portada con grandes letras debajo de la foto de dos policías nocturnos a caballo: Cantabria respeta el toque de queda.
Debajo, en letra más pequeña: La primera madrugada con límite horario transcurre sin incidente en los 53 municipios afectados. (Aclaración del que suscribe: El "límite horario" del toque de queda, avalado por la autoridad judicial, al que alude el titular es de 1 a 6 de la mañana, que es la franja en que la gente no puede circular libremente porque se supone que anda suelto el virus con nocturnidad y alevosía) A continuación se lee: Los dispositivos policiales realizaron una labor pedagógica para despejar las zonas de ocio.
Llama mi atención la expresión “los dispositivos policiales”. Leyendo el artículo me entero de que una vez que comenzó el toque de queda la Plaza Cañadío fue invadida por seis coches de la policía local y nacional, lo que suponía la presencia de quince agentes efectivos humanos uniformados, además de los efectivos caninos, es decir, los perros policía, y la caballería, los efectivos equinos. Cuatro jinetes, en efecto, se incorporaron al equipo nocturno que controló el cumplimiento de la nueva medida draconiana.
Pero lo que más me llama la atención es la expresión “labor pedagógica” para referirse a la función de despeje de las zonas de ocio encomendada al cuerpo policial local y nacional. Pedagogía, en efecto, es palabra griega compuesta de pais paidós, que significa “niño”, y agogé que quiere decir “conducción”. ¿En qué consistía la labor pedagógica de la policía? Pues en conducirnos, por las buenas o por las malas, a casa o, en su defecto, a comisaría, tratándonos como se trataría a un niño, y recordánonos lo que está mandado: “A la una de la mañana todos (y todas y todes) a casita por la cuenta que os trae...”. La labor pedagógica consiste en hacernos cumplir las ordenanzas, que no admiten cuestionamiento: ¿Por qué uno no puede estar en la calle una noche calurosa de estío como esa a la una y cinco de la mañana paseando tranquilamente por ejemplo? Porque hay toque de queda. Y ¿por qué hay toque de queda? Porque hay un virus muy peligroso suelto. Y ¿por qué hay un virus tan peligroso suelto campando a sus anchas? Porque interesa que así sea, ni más ni menos. Y si no lo hay, se inventa para que cunda el pánico, porque existir existe, resistente como es, consistente y persistente. "Y ¡váyase usted para casa! Y aquí no hay más que hablar".
¿Qué interés tiene ese policía, que al final será él mismo sustituido por un robótico dron de vigilancia y relegado a formar parte de la clientela de estómagos agradecidos de la Renta Básica Universal? ¿Qué interés, a parte del económico, les mueve a los policías que vendrán a buscarnos a casa para llevarnos voluntariamente o por la fuerza al centro de vacunación obligatoria?
viernes, 29 de enero de 2021
"Es tu futuro"
Resulta un poco desalentador que tantos jóvenes acaben formando parte del cuerpo de la Ertzaintza para de ese modo labrarse un futuro, como se decía antaño, que es lo que les promete el Gobierno vasco equiparando el término "futuro" a un buen sueldo y estabilidad laboral, algo que sus carreras y otras ambiciones profesionales no les proporcionan.
Y es que esta oferta de plazas puede ser muy atractiva para un joven que ha estudiado, se ha preparado y lleva años buscando una oportunidad laboral que no le llega, por lo que sigue viviendo con sus padres y dependiendo económicamente de ellos sin ver ninguna luz a la salida de este túnel. Estudiar un año escaso y prepararse físicamente en un gimnasio para, una vez aprobada la oposición, cobrar un buen sueldo y adquirir así una estabilidad económica que les permita hacer vida de adulto, puede ser para estos jóvenes tan goloso, como se suele decir, como una bolsa de caramelos a la puerta de un colegio a la salida de clase.
Lo cierto es que es un caramelo envenenado porque muchos de esos jóvenes están tirando sus carreras profesionales por la borda para acabar siendo algo que, seguramente, nunca habrían querido ser, pero a lo que se resignan porque -a la fuerza ahorcan- creen que es la única manera de abrirse paso en la vida.
Resulta triste que el país vasco esté desperdiciando de esta manera tanto talento ofreciéndole esa única salida institucional de formar parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (o de la Comunidad Autónoma, que para el caso es lo mismo).
Los talentos huyen de Euskadi y los que se quedan se malogran, vamos a decirlo así, al unirse a la Ertzaintza, si no acaban dando saltos de empleo precario en empleo precario sin posibilidad de avanzar o engrosando las filas de las largas listas del desempleo.
Sería preferible una Euskadi, y una España, y una Europa y un mundo en definitiva con menos policías y con mucho más personal sanitario, por ejemplo. Pero ese futuro parece que no le importa mucho al Gobierno vasco (ni al español, ni al europeo, ni al mundial). Sería interesante que el País vasco no destacara por ser el lugar de la Unión Europea con más presencia policial más acusada, ya que presenta una ratio de 6,9 efectivos por cada mil habitantes.
miércoles, 27 de enero de 2021
"Tirar a dar"
Que a alguien le disparen un proyectil de “foam” de calibre 40 milímetros, peso de 220 gramos y alcance, al parecer, de una velocidad que llega a superar los 300 quilómetros por hora, supuestamente menos letal que las pelotas de goma utilizadas hasta la fecha por los antidisturbios, no le hará mucha o, más bien, ninguna gracia. Las pelotas de goma rebotaban y sus impactos eran impredecibles, mientras que estas nuevas balas de viscoelástica son bastante precisas y certeras, y dependen de la puntería del agente que dispara. Ahora bien, si uno sabe que se dispara sin voluntad de herirle porque “ha sido sin querer”, le deja a uno un poco más tranquilo, aunque le reviente un ojo de la cara, por ejemplo.
Reflejan estos reportajes una imagen tan idealizada del policía que sabe que está siendo grabado y visto por todo tipo de telespectadores que al final uno casi acaba deseando que le detengan a uno mismo, que le lleven al calabozo y, si se tercia, que le planten un par de hostias bien dadas... ¿Por qué? ¿Cómo que por qué? Porque uno seguramente se lo merece, y, porque, como decía el otro, algo habrá hecho uno, aunque no sea muy consciente de ello...
Esos programas venden un producto propagandístico: la imagen del poli bueno, que encarna los ideales de perfección y rectitud de las fuerzas de “orden público”, frente al ciudadano normal y corriente que muestra poco civismo y representa la imperfección, la torpeza y el desorden.
Estos programas deforman la realidad so pretexto de informar de ella. La observación modifica la realidad de lo observado, configurando una nueva pero falsa realidad. De hecho puede afirmarse que la realidad se crea o recrea en el acto mismo de la observación.
De todo hay en la viña del Señor. En la vida cotidiana, esa que no suele salir por la televisión, uno se encuentra, sin embargo, con verdaderos y vulgares mercenarios, portadores de placa, porra y pistola, con una soberbia, chulanganería, violencia, impunidad y falta de escrúpulos en exceso, y no pocos justifican la violencia policial escudándose en que estaban cumpliendo órdenes que siempre vienen de arriba, de los mandos, por lo que parece que no son responsables de su actuación.
Por supuesto que también, afortunadamente, uno se encuentra con sujetos que, pese a desempeñar esa profesión que les exige hacer uso de la fuerza, saben comportarse y no llegan a utilizar nunca el arma reglamentaria que el Estado pone en sus manos, como aquel guardia civil jubilado que se enorgullecía de que nunca había hecho uso de su pistola... Pero hay polis buenos y malos... El gran defecto del “poli bueno” es que excusa, protege y encubre a menudo por corporativismo al “poli malo”.
“Vamos a
tirar a dar” no es una frase descontextualizada ni una frase hecha
o expresión coloquial. Es una declaración de intenciones en toda regla que retrata la violencia institucional intrínseca que encarnan los cuerpos y
fuerzas de seguridad del Estado. Ellos no manejan las armas que portan; las armas les manejan a ellos. El gatillo llama al dedo. El
problema es que algunos tienen, además de fácil el gatillo, muy buena puntería.






























