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sábado, 3 de octubre de 2026

Pareceres CXXVII

625.- La misma milonga. Cada año por estas fechas, cuando entra la temporada otoño-invierno en el Corte Inglés, soportamos la misma cantilena. Entro en uno de esos Centros Sanitarios de Salud de Dios y lo primero que me sale al encuentro es el siguiente cartel: “POR FAVOR, LOS PACIENTES CON SÍNTOMAS RESPIRATORIOS PÓNGANSE UNA MASCARILLA”. Al lado del cartel, un paquete abierto con varias mascarillas quirúrgicas disponibles para enmascararse y respirar con mayor dificultad si cabe todavía... Al lado del aviso, la trinitaria y salvífica oferta vacunatoria contra la gripe, la covid-19 remasterizada y el virus sincitial, porque va a haber, si no los hay ya, más contagios que el año pasado y porque la enfermedad del virus coronado circula, dicen, otra vez como caballo apocalíptico desbocado con fuerza inusitada. Volvemos, una vez más, a las andadas. En el cartel que me asalta, una mujer mayor, en el centro otra más joven, ¡embarazada!, y al lado un varón de mediana edad. El lema de la campaña es “Por mí, por todos mis compañeros y por las personas que más quiero. YO ME VACUNO”. 

626.- Toxicidad. En tan solo unos años, el adjetivo tóxico ha pasado de calificar a sustancias químicas peligrosas, residuos ponzoñosos y toxinas a comportamientos y personas, dando el salto a la política, donde unos lo utilizan para estigmatizar a sus oponentes pretendiendo distanciarse así de ellos. La palabra es sombría: una sustancia tóxica es nociva y no puede dejar de serlo. Además, algo tóxico es peligroso e infeccioso, y amenaza con erosionar el medio ambiente si no se elimina. Mediante una simple elección retórica, unos políticos descalifican a sus oponentes calificándolos de tóxicos, de negacionistas, de buitres carroñeros, de extrema ultraderecha a los que hay que poner un 'cordón sanitario' y eliminar. Lo más curioso del caso es que las mismas personas que denuncian la toxicidad de otras personas están contribuyendo directamente a la toxicidad general con su retórica, por aquello que decíamos los niños de pequeños de "el que lo dice lo es". Pero ni los unos ni los otros se salvan. Una viñeta de Tomás Serrano me trae a la memoria aquella otra de Ramón que publicó la revista Hermano Lobo en 1975 del político que decía desde la tribuna: "O nosotros o el caos", y los oyentes le decían "¡¡El caos, el caos!!", a lo que él respondía: "Es igual, también somos nosotros".

 

 627.- ¿Quién no tiene uno? Nadie puede permitirse el lujo de no tener uno, y quien diga lo contrario es porque delega alguna de sus funciones en familiares o amigos que sí lo tienen. Así es como funciona: ninguna tecnología se impone por sí sola, sino que se la hace necesaria eliminando lo que la rodeaba.  Interesó imponérnosla para controlarnos. En la ventanilla no se registraba nada sobre nosotros; el trámite digital lo registra todo: quién eres, dónde estás, qué pagas, a quién escribes, cuándo entras y cuándo sales. El teléfono inalámbrico es una correa que el ciudadano compra, recarga y lleva consigo por propia iniciativa. No hay ninguna ley que obligue a poseer un celular. No es obligatorio, pero es como si lo fuera. El esmárfono no es más que el soporte material de una transformación más antigua, en la que algo que llevamos prácticamente siempre con nosotros nos lleva paradójicamente a nosotros consigo identificándonos con el número asignado, que sustituye de alguna manera al DNI y nos hace geolocalizables "por nuestro propio bien", no vaya a ser que nos perdamos y no nos encuentren.   Hemos progresado y el progreso, por definición, no se discute porque es indiscutible. Hemos dado un paso adelante y no puede afirmarse, como hacen algunos nostálgicos, que nos han quitado la libertad de vivir sin teléfono, incomunicados, porque lo que nos han quitado es todo lo demás, y el teléfono se ha convertido en la única forma de recuperarlo. 
 
 

628.- Acampadas juveniles: Estas acampadas de las que nos informan puntualmente en tiempo real los medios a los consumidores de noticias informativas que somos nosotros, contribuyentes y votantes, le recuerdan a uno los campamentos juveniles que la OJE, creo que era, la Organización de la Juventud Española, dentro del Frente de Juventudes, organizaba en los años sesenta, dirigidas a los niños y a los jóvenes, que se libraban así de la tutela familiar durante el verano y las vacaciones escolares, convirtiéndose en menores afortunadamente no acompañados por sus progenitores que, por su parte, se libraban así también periódicamente de sus tiernas criaturas. Yo no fui nunca a ninguno de esos campamentos, pero algunos de mis amigos que fueron me informaban de las actividades de ocio que se realizaban en dichas acampadas y de los fuegos de campamento y demás marchas y actividades de convivencia, siempre bajo la atenta mirada de los monitores juveniles.

 

629.- El humor de Gila: La imagen es una parodia de una viñeta clásica del humorista gráfico español Miguel Gila, adaptada para abordar de forma satírica el genocidio palestino. Una viñeta genial de Gila, publicada en la revista Hermano Lobo en 1973, un diálogo que podría parecernos surrealista sobre la violencia donde un personaje recrimina a otro que apuñale a alguien, que justifica su acción diciendo que el apuñalado le ha llamado asesino, ha sido actualizada por Skake, tomada de Skakeo Fanzine, añadiéndole símbolos políticos y nacionales -la estrella de David y la quipá en la cabeza al agresor que sostiene el cuchillo ensangrentado y una cufiya o pañuelo tradicional palestino al agredido que además lleva los colores verde, rojo y blanco de la bandera, para ironizar sobre el uso de la violencia en el conflicto de Oriente Próximo. El agresor le contesta al que le recrimina que lo hace porque le ha llamado asesino, y le acusa indirectamente de ser antisemita por pedir simplemente que cese la violencia. De este modo se utiliza el adjetivo antisemita como una herramienta retórica o un escudo moral para deslegitimizar la crítica legítima a la violencia contra la población palestina. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Pareceres C

486.- Faetón con el culo al aire. El visitante del palacio Chiericati de Vicenza que levantando la cabeza contemple el fresco pintado en los techos de la sala del firmamento puede ver la representación de la Constelación de Andrómeda, obra de Domenico Rizzo (1516-1567), que representa al joven Faetón o Faetonte, visto desde abajo, fracasando estrepitosamente a punto de caer en una posición poco decorosa con el trasero y las verijas al aire. No es un detalle menor e insignificante, sino que subraya la pérdida total de dignidad. Era Faetonte o Faetón hijo de Helio, o sea, el Sol, y aún no conocía a su padre, por lo que, cuando le fue revelado, rogó al astro rey que le concediera el deseo de conducir el carro solar que llevaba la luz cada día hasta los últimos rincones de la Tierra. Su padre se lo concedió imprudentemente. Resultado: Los caballos se desbocaron y abandonaron su consabido recorrido. Zeus todopoderoso, antes de que desapareciera la vida de la faz de su querido planeta, fulminó al auriga, que murió estrepitosamente. Su muerte fue llorada por las ninfas del río Erídano y por sus hermanas las Hijas del Sol, que acabaron transformadas en los álamos que crecen a las orillas de los ríos y los arroyos, y sus lágrimas convertidas en gotas de ámbar. No es a Faetón lo que representa la constelación de Andrómeda, sino el orgullo humano sorprendido con las nalgas y los testículos al aire. 
  
487.- No hace falta recurrir a la violencia. Hoy día no resulta ya necesaria como quizá lo fue en tiempos pasados ni tampoco conveniente políticamente hablando violencia alguna para imponer los dictados más irracionales. Basta con controlar -y eso se logra económicamente, es decir, políticamente- los grandes medios audiovisuales: los clásicos —con la odiosa televisión al frente y la radio menos invasiva pero no menos tóxica, ya estén en manos del gobierno o de la oposición que aspira a ocupar los escaños y ministerios del gobierno, ya del Estado o del capital privado— y el estercolero de las redes sociales de las tres uves dobles, la World Wide Web, la Red Informática Universal. La mayoría democrática aplastante de la población, incluidos muchos graduados, es funcionalmente analfabeta, incapaz por lo tanto de leer un texto escrito de no muchas palabras y complejidad sintáctica. Muchos universitarios no leen nada, y los que leen algo se limitan a los grandes titulares en letra gorda en la pantalla. La violencia, por lo tanto, se ejerce a través de la información que configura la opinión pública, pero no tanto de las palabras, sino de las imágenes analfabetas, que tienen un poder hipnótico. 
  
 
488.- El destino final (a propósito de una viñeta de Andrés Rábago, el Roto): El dinero es la medida de todas las cosas y el centro de todos los universos, un gran mecanismo de control que regula nuestra forma de comportarnos y de relacionarnos; y de pensar. El dinero como vínculo social moldea lo que ata. Pero también podemos romper con la lógica del dinero como medida de todas las cosas y pensar que otro tipo de mundo es posible, que otro tipo de relaciones humanas, no monetizadas, es posible. El dinero es lo que mueve el mundo. Pecunia mundum mouet. A la vista del dibujo de Andrés Rábago, El Roto, podría decirse también que el destino final del dinero es convertirse en mierda. 
 
489.- Haciendo historia. Da vértigo ver a este hombre, Alex Honnold, el escalador estadounidense que sin cuerda trepa al rascacielos Taipei 101, el  coloso de acero, cristal y hormigón de Taiguán, sin ningún tipo de sistema de seguridad. Lo único que lleva consigo es un transmisor de sonido, es decir, un micrófono inalámbrico para que los telespectadores puedan oír su respiración, sus comentarios, sus silencios. Sin dicho micrófono su escalada sería una escena de cine mudo. El audio es una parte fundamental del documento. Son ni más ni menos que quinientos ocho metros de altura, y la proeza, realizada en poco menos de una hora y media, ha sido televisada por una conocida plataforma. La presentadora dice que Alex Honnold ha hecho historia otra vez, entrando en el Gran Libro de los Récords, es decir de las cosas que merecen ser grabadas en la memoria y recordadas, para lo que queda constancia escrita y testimonio visual, pésimo y peligrosísimo ejemplo para una juventud fácilmente manipulable y ávida de fuertes emociones. Podía haberlo hecho sin duda alguna en menos tiempo si no hubiera saludado al público que gritaba a los pies del edificio, a las cámaras, a los que miraban desde dentro pegados a las ventanas, pero no le convenía a los estándares de la plataforma que fuera muy deprisa. 
 
  
490.- El último abrazo. El abrazo que casi no se ve de dos jóvenes ingenieros en un aerogenerador en llamas: una historia trágica acaecida el 31 de octubre de 2013 en los Países Bajos. La imagen muestra una turbina eólica envuelta en llamas durante unas labores rutinarias de mantenimiento en un parque consagrado al dios del viento, Éolo, y causó la muerte de dos jóvenes ingenieros que se hallaban en el interior del aerogenerador en el momento del incendio. La intervención de los bomberos se retrasó debido a la gran altura de la estructura. El equipo especial tardó varias horas en llegar con una grúa a la sala de máquinas. El incidente puso de manifiesto los riesgos asociados a los incendios en aerogeneradores, así como las dificultades para extinguirlos, especialmente en instalaciones a gran altitud. A esto se une la noticia de que las turbinas eólicas causan problemas de salud. Un tribunal estrasburgués ha sentenciado recientemente: "...que el funcionamiento de los aerogeneradores ubicados cerca del domicilio de la Sra. X es la causa directa y cierta del estrés y la ansiedad que experimenta", estableciendo el vínculo legal entre estos y los mareos, alteraciones del sueño, ansiedad crónica, dificultad para concentrarse que padece. El informe de un neurólogo destaca la desaparición de las cefaleas cuando el paciente se aleja del lugar o cuando se apagan los aerogeneradores, cuyos infrasonidos, unas vibraciones inaudibles inferiores a veinte hercios, serían potencialmente causantes de fatiga, irritabilidad o náuseas en caso de exposición repetida. 
 

viernes, 16 de diciembre de 2022

Veinte euros

    Un adolescente gitano de Tesalónica (Grecia) murió en el hospital el martes pasado, 13 de diciembre, tras una semana ingresado en la UCI después de que un policía le descerrajara un tiro en la cabeza a sangre fría en la madrugada del 5 de diciembre por haberse dado a la fuga sin pagar después de haber echado al depósito de su furgoneta 20 euros de gasolina.
 
 
 
     Desde entonces hasta hoy, la Policía Nacional y los medios de comunicación oficiales griegos han tergiversado los hechos para legitimar el crimen policial, temiendo el estallido de la protesta social, y justificando el lamentable incidente en la defensa del orden establecido y de la propiedad privada, sin percatarse de que como sentenció Proudhon la propiedad es el auténtico robo en nuestra sociedad, criminalizando a toda la comunidad griega romaní.
 
      Costas Frangulis ha muerto. Está muerto porque un policía le disparó a la cabeza. Está muerto porque era gitano y la vida de un gitano no vale nada, si acaso sólo 20 euros. Está muerto porque la policía aprieta el gatillo primero y pregunta después, y sus crímenes quedan impunes.
     
 
    La exasperante e injusta muerte del romaní Costas Frangulis, de 16 años, por un hurto menor de 20 euros de gasolina, queda plasmada en la impactante foto de arriba de Alexandros Avramidis.  Muestra a los familiares y amigos del difunto, de luto en torno a su cuerpo sin vida, velando el cadáver en una escena que proviene de las más antiguas tradiciones balcánicas y griegas. Todo el mundo está llorando y lamentando la pérdida de una vida por la que siente un gran dolor.
 
    Este crimen ha provocado indignación y protestas y ha puesto de manifiesto el profundo racismo que impregna a la sociedad griega y a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.
 
    En el vídeo adjunto podemos ver cómo los manifestantes muestran billetes de 20 euros y uno de ellos quema un billete delante de la policía, dando a entender lo poco que vale para el Estado una vida humana en la flor de la juventud.
 
        
    Costas está muerto como lo está también Nicos Sabanis, otro joven gitano de dieciocho años, asesinado a tiros por la policía griega, que disparó 36 balas,  el 22 de octubre del año pasado, porque su vehículo no se detuvo ante un control policial. 

    Costas está muerto porque el Estado asesina a través de su brazo armado, que es la policía.  Está muerto porque no hay justicia, justicia que se dice δικαιοσύνη en la lengua de Homero, aunque en estos malos tiempos que corren la palabra ya no se escribe con la corrección gramatical que exige la tradición académica, igual en griego antiguo que en el moderno, sino como la escribió la familia  de Nikos Sabanis prácticamente analfabeta, en una pancarta, con faltas de ortografía: δηκεοσíνη (dikeosini), reclamando -¿a qué altas instancias, a quién?- lo que no hay en el mundo ni por asomo: la justicia.

domingo, 26 de julio de 2020

Violencia policial

Cualquiera siente franca repugnancia ante la llamada brutalidad de la violencia policial legitimada por el Estado. Resulta difícil delimitar la delgada línea de sombra que determina dónde acaba el uso de la violencia, cuyo legítimo monopolio posee la policía, y dónde comienza el abuso, no inscrito en el llamado espíritu policial mismo. 

Muerte de George Floyd 

Suele decirse, para poner a buen recaudo el prestigio de las fuerzas de orden público cuando se tacha de incorrecta o impropia la actuación de algún agente singular, que se trata de un caso individual y no significativo, que tiene poco que ver con la actuación corporativa del cuerpo al que pertenece. 

La policía puede usar la fuerza necesaria, siempre que se atenga a los principios de congruencia, proporcionalidad y oportunidad. Generalmente hay mucha gente que opone resistencia a su detención, de modo que no hay otro forma para llevarla a cabo que el uso de la fuerza física mínima indispensable. También es legal en caso de que nos opongamos al registro personal, que se haga a la fuerza: “adoptando las medidas de compulsión indispensables, conforme a los principios de idoneidad, necesidad y proporcionalidad.” 

La argumentación que popularmente se conoce como “siempre hay alguna manzana podrida en el cesto” no debe inducirnos a engaño, porque falla en lo siguiente: 
-El hecho de vestir un uniforme obliga a un comportamiento ejemplar, en el sentido de que cualquier actuación individual que se haga durante el servicio con ese uniforme se considerará corporativa por el hecho mismo de que lo importante ahí no es el individuo, sino el cuerpo al que pertenece. 
-No parece muy justo que la actuación individual de un policía “que mancha el uniforme”, como se suele decir, salpique a otros compañeros que forman parte de su mismo cuerpo, pero eso no impide que el desprestigio recaiga sobre el cuerpo todo de policía, sobre la institución que representa el uniforme, que no ha sabido erradicar los comportamientos delictivos individuales de algunos de sus miembros, y pretende erradicar, paradójicamente, dichas conductas del resto de la sociedad. 
-Si un particular, cualquiera de nosotros, le falta el respeto a un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, resulta que no sólo está faltándoselo a la persona “sino a la institución que representa”, según la actual legislación española. Según ese mismo criterio, si un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad le falta al respeto a un ciudadano cualquiera, no sólo se lo está faltando el agente que viste el uniforme, sino la institución que representa, dado que no distinguimos el individuo del uniforme que lleva en el ejercicio de sus funciones. Es ahí el cuerpo de policía todo, el instituto armado, el que está actuando a través de ese uniforme atentando públicamente contra el derecho de todas las personas a recibir un trato respetuoso, digno y adecuado por parte de los demás.