viernes, 13 de marzo de 2026

Persona busca personalidad (II)

    Los lingüistas hoy están prácticamente de acuerdo en el origen probablemente etrusco del término latino persona, que derivaría de phersuna "lo relacionado con phersu/Phersu", que sería una máscara ritual ritual usada en juegos funerarios etruscos. 
 
    El phersu/Phersu es una figura del mundo etrusco que se ve en pinturas funerarias, especialmente en la Tumba de los Augures (siglo VI a. C.), donde aparece la palabra escrita junto al personaje por lo que se supone que era el nombre del rol o figura representados. La escena muestra a un hombre con máscara barbuda vestido con túnica corta que sostiene una correa con la que controla a un perro agresivo que ataca a otro hombre que tiene la cabeza cubierta con una capucha y que se defiende con un garrote. No hay unanimidad sobre el significado de esta escena: podría ser un antecedente de los juegos gladiatorios romanos, o ser un personaje ritual o teatral en juegos funerarios etruscos. 
 
phersu/Phersu
     
    Otra palabra latina relacionada con el teatro y de probable origen etrusco es  histrio, histrionis, que  designaba originalmente a los actores o danzarines, de donde deriva nuestro histrión. Según la tradición histórica, el término pasó al latín para describir a los artistas traídos de Etruria para entretener al público con gestos, música y disfraces. 
       
    El término griego equivalente al latín persona era prósōpon πρόσωπον, de ahí que a la figura literaria consistente en la personificación se la denomine prosopopeya. Según nuestra docta Academia, sería el origen etimológico del etrusco phersu/Phersu. La pesona, según ella, derivaría "del latín persōna 'máscara de actor', 'personaje teatral', 'personalidad', 'persona', este del etrusco φersu, y este del griego πρόσωπον prósōpon", pero esto último parece poco probable fonéticamente. 
 
    La historia de la palabra griega, sin embargo, es muy interesante porque relaciona la cara, que es según nuestro refranero el espejo del alma, con las máscara teatral y el personaje representado. Está formada con el prefijo prós πρός, que significa “delante de” y el sustantivo ōps ὤψ, que quiere decir "ojo" y genéricamente "rostro", por lo que el término significa literalmente lo que está delante de los ojos, y lo que se presenta a la vista. 
 
    En el teatro griego clásico los actores llevaban máscaras que los caracterizaban, por lo que acabó designando a los personajes que representaban. Más tarde la palabra adquirió, en una evolución paralela a la latina persona, un sentido mucho más abstracto, pasando a su significado moderno de identidad individual. En la primitiva teología cristiana griega se utilizó el término prósōpon para hablar de las tres personas de la Trinidad. 
 
    Semánticamente la identidad nace de una palabra que originalmente significaba máscara, que se impone y que se muestra a los demás, lo que puede sugerir que toda identidad es sustancialmente falsa identidad y todo nombre propio, como hemos formulado alguna vez, un pseudónimo, real, sí, pero falso.
  
    Personas sujetas a derecho: En el derecho romano ya se usaba el término persona. Podemos remontarnos a Gayo, el jurista que vivió en tiempos de Adriano y parece que alcanzó la época de Cómodo. En el libro I de sus Instituciones, establece que el derecho se ocupa de las personas, de las cosas o de las acciones. Concerniente a las personas al hablar de la condición humana establece la división entre esclavos y libres, y dentro de estos últimos los “ingenuos” que son libres de nacimiento y los libertos, que son los esclavos que han adquirido la libertad... Más adelante establece otra división de las personas, las personas sui iuris o independientes y las alieni iuris sujetas a un poder ajeno, destacando entre estas últimas las que están in potestate, in manu e in mancipio. En la jurisprudencia romana la sociedad se analiza según status, y tres criterios: el de libertad (libre o esclavo), el de ciudadanía (ciudadano romano o no) y el familiar (posición dentro de la familia) y solo quien poseía el estatus adecuado era persona según la ley. 
 
    En la jurisprudencia actual se distinguen las personas físicas o reales, seres humanos individuales con una identidad física avalada por un nombre propio y una fecha de nacimiento, de las jurídicas, que son entidades legales, es decir, creadas por la ley como empresas y organizaciones que tienen una existencia independiente de sus miembros.
 
    Personas gramaticales: En la gramática tradicional se habla de prima, secunda y tertia persona: Elio Donato define la primera persona como el hablante, la segunda como el oyente y la tercera la cosa o persona cosificada de la que se habla. La idea de las tres personas gramaticales viene ya de la tradición gramatical griega, por ejemplo de Apolonio Díscolo, que adoptaron los latinos. Un lingüista moderno, Émile Benveniste, define la tercera persona como la no-persona. La diferencia no es solo gramatical sino filosófica y pragmática: la primera persona y la segunda crean el diálogo, la tercera es la cosificación. En latín clásico ni siquiera existía un pronombre personal específico de tercera persona como en las lenguas modernas (él, ella), sino que se recurría a un mostrativo o al anafórico, lo que refuerza esta intuición de que la tercera persona es la no-persona.
 
La Santísima Trinidad, Antonio de Pereda (s. XVII) 
 
     Personas teológicas: Al parecer, ya Tertuliano definió la Trinidad como “una substantia, tres personae”: un Dios que es uno y trino: una sola sustancia o esencia en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, afirmando el monoteísmo sin negar la distinción entre las tres personas, concepción que fue confirmada doctrinalmente con posterioridad en los primeros concilios de Nicea y de Constantinopla. No deja de sorprender, sin embargo, cómo la incipiente teología cristiana utiliza una palabra de origen teatral para definir la estructura del dios trinitario. En los primeros debates teológicos griegos se usaba el término paralelo 'prosōpa', pero se volvió sospechoso enseguida por sugerir que Dios utilizaba máscaras teatrales, lo que parecía poco serio para referirse a la divinidad, por lo que se sustituyó por hipóstasis, cuyo equivalente latino sería substantia “una esencia, tres hipóstasis o sustancias”, μία οὐσία, τρεῖς ὑποστάσεις (mía ousía, treîs hypostáseis). Pero no hay que llamarse a engaño con estas definiciones: no se refieren al hombre, sino que son teológicas: se refieren principalmente y exclusivamente a Dios, a la persona divina. 

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