lunes, 5 de enero de 2026
Un pedo en todos los morros
domingo, 4 de enero de 2026
Tiempo vs. dinero, y viceversa

sábado, 3 de enero de 2026
Pareceres XCVI
471- Una Nueva Era. La coronación del cuadragésimo cuarto Emperador, elegido democráticamente, que tuvo lugar en el año del Señor de 2009 en Guásinton abría una Nueva Era, dijeron, una New Age en la lengua del Imperio, que se escribiría con letras de oro en el gran libro en curso de la Historia Universal de la Humanidad. Al cabo del tiempo se vio que era mentira que hubiera empezado una Nueva Era, porque eras no hay más que una, si acaso, que es esta misma y que no es ninguna propiamente hablando porque no se contrapone a ninguna otra, en la que estamos inmersos aquí y ahora, todavía, y resulta que al fin y la postre, más vieja que el catarro de Matusalén, así que no tiene nada de nueva por mucho que se empeñen y empecinen en inaugurarla cada dos por tres, porque es el mismo perro al que no hacen más que cambiarle el distintivo del collar, una Nueva Era más inveterada ya que la nana que cantaba la bisabuela para dormir a los bisnietos en la cuna. Las Nuevas Eras son como los Años Nuevos: meros fuegos fatuos de artificio, pompas de jabón que revientan en el aire. Todos sabemos en el fondo de nuestro corazón que no hay años nuevos: que ni siquiera hay años en plural, que sólo hay un año, uno solo y por lo tanto ninguno, que se repite siempre a sí mismo cíclicamente, anualmente, como el Ave Fénix que muere y renace de sus cenizas.
472.- Genocidio, la palabra del año. Un periódico español ha decidido que la palabra del finiquitado año 2025 ha sido 'genocidio', por delante incluso de 'Inteligencia Artificial'. Ya quedó la segunda el año 2024, y este año de rima fácil que hemos dado por terminado se ha llevado la palma, imponiéndose incuestionablemente, para definir lo que está pasando, que no ha terminado todavía, en Gaza, cuando la masacre que el ejército de Israel está llevando a cabo en la franja se disimula con eufemismos. El periódico, siguiendo la definición del Diccionario de la Lengua Española de la docta Academia, ha decidido llamar a las cosas por su nombre. Dice el DLE que un genocidio, cuya etimología procede del griego γένος génos 'estirpe' y el sufijo latino -cidio (matanza, presente en homicidio, suicidio, filicidio...) es “el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”. Quizá sea más interesante reivindicar el uso de otro término, siguiendo la propuesta del politólogo estadounidense M. J. Rummel, que engloba una amplia gama de crímenes, incluido el genocidio, que sería democidio, el crimen que perpetra el Estado, cualquier estado, contra el pueblo, ya sea el propio o el ajeno.
473.- Dios proteja a Bulgaria. Bulgaria se incorpora a la zona euro, convirtiéndose en el miembro número veintiuno. Seguirá manteniendo su moneda, la leva, que coexistirá con el euro, hasta el verano. Los precios se expresan ya en el país ribereño del mar Negro en ambas monedas, pero a partir del verano los bancos ya no cambiarán las levas por euros. Durante este mes de enero coexistirán en el mercado ambas monedas, pero a partir de las calendas de febrero solo circulará el euro. La moneda de un euro representa a Iván de Rila, el santo patrón de Bulgaria, junto con las inscripciones en cirílico del nombre del país y el de la moneda 'euro'. Más significativa es la moneda de dos euros, que retrata a San Paisio de Hilandar y la inscripción “Dios proteja a Bulgaria” alrededor del canto de la moneda. Este hecho nos recuerda a los españoles de cierta edad que en el año del Señor de 2002 la peseta fue sustituida por el euro, y cómo los precios se dispararon inmediatamente haciéndose la falsa equiparación de que un euro eran cien pesetas, cuando en realidad la equivalencia teórica de un euro era 166,386 pesetas. Algo que valía 100 pesetas entonces, por ejemplo un café en un bar, pasó a costar 1 euro, es decir 166,386 pesetas. ¿Qué ha sucedido desde entonces con el euro en el Ruedo Ibérico? Pues muy sencillo que ha perdido un 45,5% de su poder adquisitivo inicial, o lo que es lo mismo, que lo que entonces costaba 100€ ahora nos cuesta 183,53€. ¡Que Dios omnipotente, si puede, proteja efectivamente a Bulgaria y la coja confesada!
viernes, 2 de enero de 2026
Advertencia de las autoridades a la ciudadanía
jueves, 1 de enero de 2026
Celebrando a Euclides de Mégara
Fue visitando una tras otra a todas las personalidades de la Atenas de su época, que era la de Periclés, a políticos, intelectuales, artistas, preguntándoles qué sabían. La sola pregunta resultaba impertinente porque cuestionaba la supuesta posesión de la verdad de sus sapientísimos conciudadanos.
La figura de Sócrates resultó enseguida incómoda a los poderosos de aquel mundo, que es este mismo nuestro, todavía, tanto que llegaron a compararlo con un tábano, o una mosca cojonera, diríamos hoy con expresión más castiza. Pues resultaba molesto que alguien pusiera en tela de juicio la realidad preguntándose una y otra vez qué son las cosas.
Por eso se dedicó a desengañar a los que querían escucharle y conversar con él atendiéndose a razones, jóvenes mayormente de clase alta, desocupados y aún no integrados en la sociedad adulta, como el bellísimo Alcibíades, lo que le granjeó la antipatía general de los mayores y lo que acabaría llevándolo a la muerte, reo de pena capital por corromper a la juventud con sus enseñanzas, aunque más propiamente habría que llamarlas “desenseñanzas” o desengaños, así como por no creer en los dioses en los que creía la ciudad y por meter otros. Fue condenado a beber la cicuta letal por el régimen democrático de Atenas, ilustre antecedente del que padecemos ahora.
No es sólo que las apariencias engañen, como dice el refrán, y es verdad, y, por lo tanto, no hay que fiarse nunca mucho de ellas, es que, además, las apariencias son la única realidad que hay. Ya se sabe que la mujer del César no sólo debía ser honesta, sino sobre todo aparentarlo: de hecho era más importante guardar las apariencias que lo otro. A César lo retrató Salustio para siempre cuando lo contrapuso a Catón de Útica y dijo de este último: esse quam uideri bonus malebat ("prefería ser bueno a parecerlo"). Julio César, por el contrario, prefería guardar las apariencias.
Cuando se les prohibió en Atenas la entrada a los varones megarenses a propuesta de Periclés, lo que sucedió en el año 432 antes de Cristo, en que los atenienses expulsaron a los de Mégara y prohibieron el comercio entre ambas ciudades, hecho que rompió los tratados de paz vigentes y contribuyó a la guerra del Peloponeso, Euclides era capaz de hacer cualquier cosa para escuchar los razonamientos de Sócrates.
Lo segundo, que si los hubiera, que no los hay, tendrían que ir ellos a buscar a sus discípulos, y esperar a que se despertaran de la borrachera indecente, bien mediado el día, después de haber dormido todo el vino nocturno como consecuencia del botellón finisemanal. ¿Por qué beben los jóvenes? Beben para olvidar que la verdad es que no hay verdad, y que, por lo tanto, el fin-de-semana no es el fin de la semana, y el fin-de-año no es el fin de año, porque ambos vuelven siempre a renacer de sus cenizas, como el ave Fénix, y a renovarse constantemente para volver a empezar siempre el lunes o el mes de enero, porque no tiene fin de verdad, y porque, al fin y a la postre, la verdad tampoco está en los posos del vino.
Pero de Euclides de Mégara ya casi nadie se acuerda -y sin embargo a él le debemos la más ilustre de las paradojas lógicas antiguas, la del mentiroso que dice que está mintiendo (prodigiosa afirmación que resulta verdadera a condición de ser mentira, y viceversa) y el razonamiento del sorites o montón de trigo, que nos pregunta cuando el montón deja de ser tal montón si le quitamos un grano de trigo, y otro, y otro... ¿cuando solo quede un grano o ninguno?-; y de Sócrates, el Sócrates de verdad, que no escribió ni una sola palabra y no porque fuera analfabeto, que no lo era, sino todo lo contrario, del Sócrates verdadero, no del de Platón, que ese no es más que un personaje de ficción, de ese tampoco se acuerda casi nadie ya.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Jaicus de invierno
Un frío que pela / bajo estrellas que titilan / y la luna nueva.
Doce campanadas / daba el reloj del salón, / doce puñaladas.
Huyendo de Herodes / sobrevive hasta Pilatos / hecho un cristo el hombre.
¿Qué es del niño que hay / en el corazón, que no / quiere ser mayor?
La luna se esconde, / vergüenza el mundo le da, / no se sabe dónde.
Por esta estación / del ferrocarril ya no / pasa ningún tren.
Aterecedor / por el rostro y la piel, / el viento glacial.
Ya se acaba el año, / concluye sin conclusión / otro calendario.
Jinete y corcel / al galope no son dos, / sino un solo ser.
¿Dulce Navidad? / Empalaga el paladar, / más agria que hiel.
Otra navidad / vanidad de navidades / todo falsedad.
Esta noche paz, / mañana vuelta a empezar / la guerra otra vez.
Carcelero soy, / funcionario de prisiones, / prisionero yo.
Siempre vivirá, / en los centros comerciales, / vana navidad.
Sueña el minotauro / que puede del laberinto / escapar volando.
Llegan las rebajas / de las cosas y nos dejan / solo las migajas.
Hace mucho frío. / Bajo un sol que no calienta, / se congela el río.
Tictac, el reloj, / bomba de relojería, / pronto estallará.
Las migas de pan / sacudidas del mantel / son para el gorrión.
Cortocircuitó / el árbol de navidad: / se carbonizó.
Cuánta indigestión: / el turrón y el mazapán / y el regio roscón.
Al amor del fuego, / fría la noche, y la luna, / frío el universo.
Luce el astro rey, / pero no calienta ya; / se ha resfriado el sol.
El año concluye / y vuelve a empezar de nuevo, / pero el tiempo... huye.
martes, 30 de diciembre de 2025
Zarandajas
Se necesita mucha ficción para poder sobrellevar la carga de la realidad.
El conductor presiente que se va a estrellar y pisa sin embargo el acelerador.
Dentro de cada uno de nosotros hay un ser que ignora lo que hace y lo que es.
Ya nadie se pregunta cuándo va a llegar el fin del mundo porque ya ha llegado aquí.
El boticario tiene para todo algún remedio pero para nada curación.
Si nadie muere ya de muerte natural, ¿será que no es acaso natural morir?
Resulta conveniente a veces olvidar lo que uno sea, es decir, lo que uno es.

Soy un perfecto desconocido para mí, igual que para todos los demás que son.
Increíble que es la realidad, hay que creer en ella porque está mandado sea así.































