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viernes, 2 de enero de 2026

Advertencia de las autoridades a la ciudadanía

Ha concluido el simulacro empalagoso de paz, amor y felicidad. Pueden regresar a sus hogares conduciendo con prudencia  y cumpliendo con la normativa vigente que ha entrado en vigor con el año nuevo de llevar la baliza V-16 homologada por la DeGeTé, cuyo afán recaudatorio es proverbial, bajo sanción de 80 euros que irán a parar a las arcas del Estado y que se reduce graciosamente a la mitad si pagan el importe en el plazo volungatorio de veinte días naturales. (Pueden, ya saben, cometer infracciones de tráfico tales como exceso de velocidad, conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas o no llevar puesto el cinturón de seguridad, pero si son sorprendidos in fraganti crimine serán multados y, en su caso, podrán perder los puntos del permiso que graciosamente se les concede para circular por las vías públicas ya sean automovilistas, peatones o ciclistas).
 
 
 Congelen los langostinos sobrantes, si ha sobrado por ventura alguno, para las próximas celebraciones y futuras mariscadas, así como las no poco estúpidas sonrisas de condescendencia que exhiben ordinariamente para el año venidero. 
 
Pueden ya insultar (o sea decir lo que piensan y sienten de verdad en su fuero interno) a sus familiares, vecinos, jefes, compañeros de trabajo y allegados, sin necesidad de desearles prosperidad y toda suerte de felicidades que compre el dinero. Pueden incluso desearles a algunas personas lo peor, que es que se cumplan todos sus sueños, para que de esa forma dejen de soñar.
 
A continuación, hagan el favor de disolverse pacíficamente hasta el próximo año recogiendo, si hacen el favor, los restos del botellón. 
 
La Dirección General de Salud Pública del Estado que vela por su seguridad y bienestar, por su parte, les alerta sobre las bajas temperaturas que marcan los termómetros durante estas señaladas fechas y les recomienda mucha precaución, que siempre es poca, ante las heladas y enfermedades respiratorias invernales que pueden contraer pese a haberse si es el caso innecesariamente vacunado.
 
  El Estado y el Capital (y de paso la Iglesia, institución ya algo trasnochada pero fundamental en la creación e institución histórica del evento mitológico que han celebrado) les agradecen su participación en el montaje navideño y en la celebración de estas entrañables festividades tradicionales, si prefieren la versión laica del asunto, y les desean un feliz y próspero año nuevo, que de nuevo no tendrá más que el número (pero eso ya lo irán descubriendo ustedes un poco más adelante), recordándoles que pronto comenzarán las rebajas de enero, en las que podrán seguir consumiendo y consumiéndose a precios asequibles. 
 
Todos ustedes han podido comprobar que las fiestas navideñas, saturnales o del solsticio de invierno, si prefieren la definición alternativa, han sido la perfecta excusa para incrementar alrededor de pantagruélicas cenas y comilonas que se nos indigestan a todos y a todas el volumen de compraventa de artículos inútiles con nuestras tarjetas de débito y crédito, esos regalos convencionales que nos meten por los ojos en la cabeza los publicitarios a sueldo de las multinacionales, que ni siquiera salen de nuestro corazón sino de los reclamos propagandísticos que intercambiamos una vez al año para intentar olvidar nuestra frustración. Por eso estas festividades que ahora concluyen celebran el consumismo que nos consume a los consumidores empujados a consumir(nos).
 
Por otra parte, como habrán podido comprobar las almas piadosas que esperaban el Adv(enim)iento, ya ha pasado la fecha y no se ha producido el milagro en el mundo, así que tendrán que esperar un año más, otro año más, con la misma fe inquebrantable con que lo hacen desde hace dos mil años, que se dice pronto, la llegada del Redentor, el Salvador, el Amado, el Mesías, en suma, la venida de Aquel Que No Viene Nunca.    

martes, 23 de diciembre de 2025

Espíritu (pre)navideño

    Da grima ver cómo se nos hace la boca agua con el dichoso espíritu de la navidad y cómo antes del renacimiento del Sol Invicto, o sea del solsticio del invierno, que es lo que hay,  ya estamos tocando las campanas alborozados porque llega el Adviento, la llegada de lo mismo de siempre por estas fechas, y nos ponemos a adornar la casa como locos con espumillón psicotrópico y lucecitas de colores paranoicas, y montamos el Belén  y el árbol de Navidad y toda la hostia, y metemos a Santa Klaus, a Papá Noel,  a los Reyes Magos, a los renos, a los pajes y a los camellos y a todo Cristo viviente en la festividad más idiota que hay, con la correspondiente celebración hogareña –hogar, dulce y agrio hogar- que culmina en la Última Cena del año que al final siempre resulta indigesta, pesada, resacosa: de cenas como esa están las tumbas llenas.
  

      Ya se sabe, lo sabemos todos pero no queremos reconocerlo. Las navidades se pueden pasar bien si uno consigue librarse, cosa harto difícil, por la influencia del medioambiente,  del dichoso esprit de Noël o, todo lo contrario,  en familia, que es como suele pasarlas la mayor parte de la gente por estas fechas. Y es que no hay nada más apestoso y patriarcal que la Sagrada Familia congregada en torno a la televisión supuestamente smart o inteligente, esa moderna chimenea que no falta en ninguna casa, por donde entran los regalitos nativideños de la publicidad de la sociedad de consumo, maldita sea. 
 
 
    ¿Qué coño adviento esperan? ¿El adviento de qué? ¿De quién? Adviento quería decir en latín llegada, venida, o, dicho a lo culto, adv(enim)iento. ¡De lo mismo de siempre por estas fechas, por favor, del empalagoso espíritu navideño que ojalá se nos atragantara entre tanto polvorón, mazapán y tanta ignorancia y fe ciega como tenemos! En realidad las viejas solteronas que somos todos en el fondo estamos esperando la llegada del Mesías en forma de príncipe azul que nos salve de la vida  tan anodina que llevamos, por eso esperamos la vida eterna, la verdad y la vida, como dice la sagrada doctrina. Pues la verdad es esa y la vida está en otra parte. 
 
    ¿Qué estamos celebrando? ¿Somos idiotas o qué? ¿No nos damos cuenta de que lo único que nace y renace por estas fiestas no es ningún niño –dicen que una vez nació uno, pero fue condenado a muerte y murió en la cruz  y no resucitó de entre los muertos jamás de los jamases- es el espíritu comercial más hipócrita que existe, almibarado con un sentimiento pseudorreligioso y de nostalgia de la infancia anterior al-qué-quieres-ser-tú-cuando-seas-mayor que sólo sirve para justificar el hecho de que las cosas sean como son y la realidad falsa como es?  Lo que nace y renace no sólo por estas fechas, sino todos los días del año, es Herr Kapital, o sea Su Majestad Don Dinero. Y eso y no otra cosa, parece mentira, es el sol que celebramos. 
 
    ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo? ¿No nos damos cuenta de lo ridículos e infelices que somos cantando “Feliz Navidad” al son de la zambomba  flatulenta de vientre pedorro y de lo patéticos que resultamos en ese trance? ¡Si tuviéramos un poco de sentido del ridículo y el más mínimo decoro…! Algunos llegan incluso a regoldar que van, ciegos como están y con los ojos vendados –pero no hay más ciegos que los que no quieren ver-, “camino de la Luz”, que vuelan hacia el nacimiento del Sol, y demás gilipolleces, en medio de villancicos altavoceados en el Centro Comercial, que nos desea a sus clientes con recochineo unas felices navidades. 
 
    Pero oigamos algo que puede alegrarnos un poco el corazón en medio de la murria prenavideña, por ejemplo estas sinfonía para cuatro instrumentos principales del compositor y violinista barroco italiano prácticamente desconocido Giuseppe Antonio Brescianello (c. 1690-1758). 
 

domingo, 22 de diciembre de 2024

Y cuarto domingo de Adviento

El cuarto domingo de Adviento es el domingo previo a la Navidad, en el que se anuncia en todas las iglesias católicas, apostólicas y romanas la inminente llegada del Hijo de Dios. Se subraya que este niño que se llamará Jesús de Nazaret nacerá en Belén, para que se cumpla la profecía de Miqueas y lo prometido por las Escrituras, y que constituye la plena realización de la Alianza entre Dios y los hombres. Los fieles se preparan para recibir al Salvador en torno a la corona que simboliza su reinado y encienden la cuarta y última vela que traerá la luz al mundo. 

 

Se conmemora así un hecho histórico con muchas imprecisiones, como señalamos en su momento: El niño no nació en el año 1 de nuestra era, sino en el 5 ó 6, tampoco nació en Belén, sino en Nazaret, y no nació el 25 de diciembre sino probablemente en primavera o en verano, dado que los pastores tenían sus rebaños al aire libre. 
 
El niño se llamó Jesús, y su nacimiento no fue virginal. Los evangelistas Marcos y Juan no hablan del tema, siendo Mateo y Lucas los que defienden que nació de una virgen. Ahora bien, tanto Juan como Lucas se refieren a él como 'Jesús, hijo de José, de Nazaret'. El mismo Lucas narra el episodio de la purificación de María tras el parto. ¿Qué necesidad habría tenido María de purificarse si el nacimiento de Jesús hubiera sido virginal fruto de una concepción "inmaculada"? 
 
Pero quizá el hecho más notable, como escribe Antonio Piñero, es que las epístolas de Pablo, que son cronológicamente anteriores a la redacción de los evangelios, hablan de la encarnación, pero nunca mencionan una concepción milagrosa ni un nacimiento virginal.
 
La Inmaculada Concepción de El Escorial, Murillo (1660-1665)
 
 Mateo, defensor de la virginidad de María antes del parto, sugiere que la madre de Jesús tuvo una vida marital normal después del nacimiento de su primogénito, por lo que cita a los hermanos de Jesús con sus nombres propios: Santiago, José, Simón y Judas, y al menos dos hermanas. En los evangelios, escritos en griego, se usa el término adelphós, que significa siempre “hermano carnal, nacido de la misma matriz” para referirse a los hermanos de Jesús. Si hubieran querido decir que eran simplemente primos o parientes más o menos lejanos hubieran utilizado otro término más preciso. 
 
¿Por qué se defendía que su madre era virgen y que había sido concebida por obra y gracia del Espíritu Santo? Muy sencillo, porque nacer de una madre virgen que hubiera sostenido relaciones sexuales con un dios, era algo muy estimado dentro, sobre todo, del mundo politeísta grecorromano, como demuestra el caso de tantos héroes y semidioses como Heraclés/Hércules, hijo de Zeus/Júpiter y de la mortal Alcmena. 
 
 
En el libelo de Celso, escrito en el 178 de nuestra era, contra los cristianos titulado “El discurso verdadero” se recoge la tradición muy consolidada en su época de que José, el carpintero, había echado de casa a María, su esposa, y repudiado porque había cometido adulterio con un legionario romano apodado Pantera. Era una acusación corriente contra Jesús entre paganos y judíos del siglo II de nuestra era.
 
Hay un texto del evangelio de Marcos (6:3) donde preguntan los vecinos de Nazaret: "¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros? Y se escandalizaban a causa de él". En este texto la denominación 'hijo de María' aludiría a que era ilegítimo, dado que se omite la mención de su padre. 
 
La estrella de Belén es legendaria y poco verosímil. Solo aparece en uno de los cuatro evangelios. Pondría de manifiesto un hecho sobrenatural que ignorarían la madre, los hermanos y los paisanos del niño. 
 Y, sobre los reyes magos, lo primero que hay que decir es que no eran reyes sino “magos”, es decir, sacerdotes de una religión oriental, concretamente persa, muy respetada. Parece que es una leyenda inspirada en el Antiguo Testamento para dar viso de verosimilitud a la idea de que Jesús era el mesías, el hijo de Dios, lo que les había sido anunciado a unos paganos que respondieron positivamente a la llamada de la luz divina.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Tercer domingo de Adviento

 El Adviento es la temporada de preparación para la improbable llegada del Señor, y en este tercer domingo de Adviento, la mayor parte del camino, según la santa madre iglesia católica, apostólica y romana, ya ha sido recorrido. Por lo tanto, es apropiado regocijarse al creer que se acerca la meta porque el Señor está cerca. El color litúrgico de este tercer domingo es preferentemente el rosado, en lugar del morado anterior. Se enciende, pues, la vela de color rosa -la vie en rose- porque se acerca la Venida. 

La decepción no será poca cuando descubramos que lo único que se nos viene encima es la fecha del calendario que nos recuerda que todos los años por estas mismas fechas esperamos desesperadamente lo mismo, una venida que no acaba nunca de producirse como nos recuerda aquella copla que cantaba El Príncipe Gitano: Sentaíto en la escalera, esperando el porvenir, y el porvenir nunca llega. 

A este tercer domingo del Adviento se le llama también Gaudete en latín, que es el imperativo del verbo "gaudeo", que quiere decir "alegraos, regocijaos, llenaos de gozo". Pero este viejo verbo, que aparecía también en el himno universitario "gaudeamus igitur", se conjuga mal con el Modo Imperativo, porque la alegría tiene que brotar de dentro y ser sincera, porque sobre los sentimientos no manda nadie ni hay voluntad que valga, y por lo tanto nadie puede imponérnosla por decreto, sin que nosotros la sintamos de verdad.

Es lo malo de estas fechas na(ti)videñas que se avecinan: parece que hay que estar contentos y felices porque sí, porque es lo que está mandado, porque nadie puede deprimirse en estos días tan señalados del calendario... 
 
Y sin embargo, esa obligación misma de la alegría es la que acaba resultando al fin y a la postre bastante triste y deprimente, sobre todo cuando se comprueba que no hay motivos para el gozo y la alegría, que la segunda y definitiva llegada no se produce y que, esperándola, nos dedicamos a conmemorar la primera, la que se produjo históricamente de aquel Jesús que nació en Nazaret, por lo que se le llama nazareno,  y no en Belén, y que murió condenado a muerte en la cruz, cuyo proyecto fue un auténtico fracaso, como sintieron sus primeros y decepcionados seguidores, que luego se sublimó y convirtió en el 'éxito' de su presunta resurrección, imponiéndose la fe irracional sobre el sentido común y la evidencia,  deseándonos para mayor recochineo ¡Feliz navidad! o, más secularmente, ¡Felices fiestas!, unos deseos que resultan contraproducentes, sobre todo al descubrir, como decía al principio, que el único Señor que adviene por estas fechas para 'salvarnos' es el calendario... y que no hay dios que nos salve y libre de Él y nos redima.

domingo, 8 de diciembre de 2024

Segundo domingo de Adviento

Este 8 de diciembre de 2024 se celebra el segundo domingo de Adviento, un tiempo litúrgico que para los católicos tiene importancia por su doble simbolismo: Se celebra, por una parte, un hecho supuestamente histórico, que es el nacimiento o na(ti)vidad de Jesús, y, por otra parte, también se espera el cumplimiento de una profecía que no se ha cumplido nunca todavía: la segunda, definitiva y gloriosa venida que supondrá el final del mundo y de los tiempos, lo que no pertenece al terreno histórico, sino que, de producirse, significará precisamente el final de la historia. 
 

Los elementos simbólicos más importantes del Adviento son cuatro velas sobre una corona de ramas verdes. Cada domingo se enciende una vela, que simboliza la luz que se acerca al mundo con el nacimiento de Jesús y el sol naciente, siendo los colores litúrgicos dos: el morado, que es el preponderante, que simboliza la penitencia y la preparación, y el rosa, que se reserva para el tercer domingo, que expresa la alegría anticipada, pero también eseperanza de la Venida definitiva, la segunda y gloriosa venida, que no será un hecho histórico propiamente, porque significará, de producirse, el final de la historia y de los tiempos. 

Natividad, Caravaggio (1600)
 
El Adviento, como ya se dijo, es la venida, la llegada. Y los católicos celebran recurrentemente la llegada de Jesús a este mundo, que supuestamente sucedió el 25 de diciembre del año 1 de nuestra era en Belén. 

Pero hay que decir que nuestro calendario está equivocado, porque Jesús debió de nacer en el 5 ó el 6 antes de Cristo, paradójicamente.

Hasta que por orden del Papa Juan I, a finales del siglo IV o comienzos del V, el monje Dionisio el Exiguo determinara la fecha 'exacta' de dicho nacimiento, los años se contaban a partir de la fundación de Roma Ab urbe condita, que se produjo el año 753 antes de nuestra era, o bien desde el inicio del gobierno del emperador Diocleciano, a partir del 284 hasta el 313, pero este sistema les parecía poco adecuado a los cristianos, que consideraban que este emperador era pagano y había perseguido a la incipiente iglesia cristiana, por lo que Dionisio decidió cambiar el calendario y tomó como “año 1” la fecha del nacimiento de Jesús. El Exiguo fijó la fecha de nacimiento de Jesús en los últimos días del año 753 de la fundación de Roma, por lo que el día 1 de enero del año 754 habría sido el primero de la era cristiana.

Según los evangelios de Mateo y Lucas, Jesús nació en los días de Herodes el Grande, pero Lucas precisa que vino al mundo justamente el año en que el emperador Augusto había ordenado establecer un censo universal, cuando a la sazón era gobernador de Siria un tal Quirino. Pero Quirino, por lo que sabemos, llegó a esa provincia hacia el año 6 ó 7 de nuestra era, realizando entonces un censo. Y Herodes murió el 4 a. de C., por lo  que si a estos cuatro años les añadimos uno o dos, los que se dice que Jesús vivió en Belén antes de la matanza de los inocentes, resultaría que Jesús habría nacido en el año 6 ó el 5 de nuestra era.

Tampoco es probable que Jesús hubiera nacido un 25 de diciembre, como postuló el Exiguo, que ignoraba que esa fecha había sido establecida por la iglesia un par de siglos atrás para superponerla a la celebración pagana del Sol invicto, con lo que la fiesta del dios pagano que era el Sol se eclipsaba con la celebración del nacimiento de Jesús. Un detalle del evangelio de Lucas nos pone sobre la pista de que no sería diciembre, ya que los pastores guardaban sus rebaños al raso, algo improbable en Palestina por esas fechas.

Por lo demás, aunque Mateo y Lucas, afirman que Jesús nació en Belén, Marcos y Juan presuponen que nació en Nazaret, dado que nunca le llaman Jesús de Belén, sino Jesús de Nazaret. Un argumento a favor de esta hipótesis es que como dice el evangelio de Juan, algunos negaban que fuera el mesías porque precisamente no había nacido en Belén, que era donde según las escrituras debería nacer el mesías. Solo cuando posteriormente se cree que Jesús era el mesías, se crea la leyenda de que había nacido en Belén.

Los datos arriba mencionados están tomados del libro Ciudadano Jesús, Atanorediciones, Madrid, 2012, de Antonio Piñero, catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Domingo de adviento

    Ya se acerca para los católicos apostólicos y romanos el tiempo del Adviento, palabra que significa “advenimiento”, o, lo que es lo mismo, “llegada” en la que fuera la lengua sagrada de la Iglesia.
 
    ¿Qué esperan que llegue con tanto afán año tras año, siglo tras siglo, los cristianos? Pues ni más ni menos que el propio Cristo renacido, hecho hombre o resucitado, ese mito que brota de un personaje probablemente histórico, que murió condenado a muerte, reo de pena capital y fracasado, aunque sus seguidores subliman su estruendosa derrota en triunfo sobrenatural. Los cristianos esperan a Cristo con actitud vigilante y amorosa, lo esperan en vano desde hace casi dos mil años, y Cristo no llega, no acaba de llegar nunca definitivamente. En su lugar, lo que llega por estas fechas, año tras año, son las empalagosas y comerciales navidades. 
 
 

     Eso es el Adviento: una esperanza desesperada, valga la contradicción, que se alimenta de una fe irracional y ciega. Tienen, en efecto, fe contra toda evidencia lógica, en la vuelta de Jesucristo a este mundo, coronado de inmensa gloria divina y resucitado de entre los muertos, victorioso después de su descenso a los infiernos de la realidad, para instaurar el reino de Dios, etcétera. 
 
    Según palabras de Mateo: “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”. No saben, pero están convencidos de que su Señor vendrá… algún día, el menos pensado, a la hora menos pensada. 
 
    Por eso año tras año, siempre por estas fechas, se preparan para celebrar simbólicamente lo que en la realidad ni ha sucedido nunca, ni sucede ahora ni sucederá jamás. 
 
 
 
    Es hermosa esta esperanza desesperada e irracional que atesoran. Son, los cristianos, como las solteronas de antaño que, mientras aguardan al príncipe azul de sus sueños, se pudren en la flor de la vida, dejando que se marchite una virginidad que guardan sólo para Él, para el que, igual que el futuro, no acaba nunca de llegar. 
 
    Y, sin embargo, sin embargo, algo les decía a aquellas solteronas, refunfuñando en señal de protesta por lo bajo, que valía más que disfrutaran los cristianos de lo que habían de comerse los gusanos, o sea, el virgo, es decir, la castidad, que etimológicamente no deja de ser un castigo divino, pues castigar es  obligarlo a uno a ser casto e ir por el que dicen que es el buen camino, y que, quizá, no hace falta decirlo, sea el peor y más impuro de todos los caminos.