Mostrando entradas con la etiqueta profecía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta profecía. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de julio de 2026

Profecías que se cumplen

    Publicaba Irene Vallejo en El Diario Global(ista), alias El País, el pasado domingo 28 de junio de 2026 “El último misterio”, un artículo donde reflexionaba sobre la profecía y decía: “En realidad, las afirmaciones sobre el porvenir son por definición suposiciones, no hechos, porque los hechos futuros aún no existen”. Como hemos dicho muchas veces por aquí, no es que los hechos futuros no existan, como dice Vallejo, sino que no hay, sencillamente, hechos futuros, porque es una contradicción en sus términos: si son hechos no son futuros, si son futuros no son hechos. Es algo que de puro lógico y evidente corre el peligro, si no lo formulamos claramente, de pasarnos desapercibido.
 
    Sin embargo, esas afirmaciones sobre el porvenir, las profecías, adquieren a fuerza de formularse el poder de realizarse. Citando a Clarissa Véliz, la filósofa mexicana autora del ensayo Profecía (2026), y antes de Privacidad es poder. Datos, vigilancia y libertad en la era digital (2021), y The Etics of Privacy and Surveillance (2023), donde propone la defensa de la privacidad frente a la exposición de nuestros datos, dice que las profecías aspiran a la realización, al control y no al conocimiento. Un ejemplo son las encuestas electorales, que moldean las percepciones de los votantes. ¿Son una predicción o persuasión: una instantánea o un cincel? Se pregunta Vallejo, y añade: “Cuando el director ejecutivo de una marca tecnológica anuncia que en unos años todo el mundo utilizará sus productos, en realidad trata de empujarnos a consumirlos por miedo a quedarnos atrás, y de esas forma, hacer realidad su visión”.
 
 
    Trae a cuento Irene Vallejo en el artículo la película Minority Report, de Steven Spielberg, basada en la novela de Philip K. Dick, que conecta con el mito griego de Edipo en el sentido de que el héroe trata de evitar el cumplimiento de la profecía, provocando así lo contrario: que se cumpla.  Es la profecía que se autorrealiza (self-fulfilling prophecy), que Karl Popper denominó 'efecto Edipo' : A este tipo de influencia lo he llamado el efecto Edipo (Oedipus effect), porque la profecía contribuye a producir el evento predicho; al saberla, los actores modifican su conducta de modo que el acontecimiento termina realizándose”. Al darse a conocer una predicción puede hacer que la conducta humana que pretende evitarla se convierta en su causa. Y hace que nos preguntemos: ¿Cómo podemos defendernos si nos acusan de lo que aún no hemos hecho? 
 
    Carissa Véliz en Profecía, informa Vallejo, propone una tesis audaz: Los algoritmos predictivos de nuestros flamantes dispositivos tecnológicos no son sino la versión contemporánea de los oráculos de antaño.(...) Descreídos de los adivinos, hoy las cifras, los cómputos y las estadísticas nos cautivan con su espejismo de máxima objetividad. Confiamos en los números porque hemos dejado de confiar en las personas, olvidando que son personas quienes elaboran esos números. Nuestras vidas dependen de las profecías que unos pocos ­—ayudados o no por máquinas— proyectan sobre nosotros. Esas predicciones cierran caminos y mutilan encrucijadas. Seremos elegidos o descartados para una hipoteca, un puesto de trabajo, un trasplante. Nos niegan oportunidades —préstamos, empleos, becas— como resultado de lo que otros vaticinan. No por lo que hemos hecho, sino por lo que alguien decide que llegaremos a ser”. Y concluye: “Frente a las promesas de libertad, el pronóstico tecnológico se ha convertido en una barrera insalvable que amuralla horizontes”.
 
    La conclusión de Vallejo, siguiendo a Véliz, resulta finalmente contradictoria: “Los oráculos de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial prometieron nuevos territorios de libertad al tiempo que construían sistemas de espionaje y dominio. Proclamaron un mundo más democrático y cooperativo, pero han gestado monopolios con liderazgos despóticos (...) Necesitamos ser previsores, pero también entender las predicciones como actos de poder: toda profecía es un intento de fabricar un mañana a medida. Así, creer en los algoritmos predictivos equivale a obedecer órdenes. Ante los vaticinios tecnológicos, cabe elegir entre la resignación o la rebeldía. No queremos el guion minucioso de nuestra vida, sino un cuaderno con espacios en blanco. El futuro no se prescribe: se escribe.
  
    La frase final es una forma literaria de decir "no permitas que se escriba tu futuro, escríbelo tú", pero si el futuro "se escribe" es porque hay un proceso de escritura, porque alguien o algo lo está redactando y convirtiendo así en historia antes de que suceda, lo que suena a que se está generando en realidad, porque ¿cómo puede algo que "no se pre-escribe", porque no está pre-determinando, "escribirse" sin que esa escritura sea, en sí misma, una forma de determinación?
 
    No sabemos lo que nos depara el futuro porque no está escrito. De eso se aprovechan las empresas tecnológicas para convertirse en las máquinas de predicción que están llegando a ser. Como no hay ninguna base de datos sobre el futuro, sino solo sobre el pasado, los modernos oráculos, los chatbots o robots de conversación, falsos profetas y máquinas de vaticinios que son -pero las predicciones no son hechos-, formulan sus profecías, y así crean el futuro en lugar de predecirlo. 

domingo, 8 de diciembre de 2024

Segundo domingo de Adviento

Este 8 de diciembre de 2024 se celebra el segundo domingo de Adviento, un tiempo litúrgico que para los católicos tiene importancia por su doble simbolismo: Se celebra, por una parte, un hecho supuestamente histórico, que es el nacimiento o na(ti)vidad de Jesús, y, por otra parte, también se espera el cumplimiento de una profecía que no se ha cumplido nunca todavía: la segunda, definitiva y gloriosa venida que supondrá el final del mundo y de los tiempos, lo que no pertenece al terreno histórico, sino que, de producirse, significará precisamente el final de la historia. 
 

Los elementos simbólicos más importantes del Adviento son cuatro velas sobre una corona de ramas verdes. Cada domingo se enciende una vela, que simboliza la luz que se acerca al mundo con el nacimiento de Jesús y el sol naciente, siendo los colores litúrgicos dos: el morado, que es el preponderante, que simboliza la penitencia y la preparación, y el rosa, que se reserva para el tercer domingo, que expresa la alegría anticipada, pero también eseperanza de la Venida definitiva, la segunda y gloriosa venida, que no será un hecho histórico propiamente, porque significará, de producirse, el final de la historia y de los tiempos. 

Natividad, Caravaggio (1600)
 
El Adviento, como ya se dijo, es la venida, la llegada. Y los católicos celebran recurrentemente la llegada de Jesús a este mundo, que supuestamente sucedió el 25 de diciembre del año 1 de nuestra era en Belén. 

Pero hay que decir que nuestro calendario está equivocado, porque Jesús debió de nacer en el 5 ó el 6 antes de Cristo, paradójicamente.

Hasta que por orden del Papa Juan I, a finales del siglo IV o comienzos del V, el monje Dionisio el Exiguo determinara la fecha 'exacta' de dicho nacimiento, los años se contaban a partir de la fundación de Roma Ab urbe condita, que se produjo el año 753 antes de nuestra era, o bien desde el inicio del gobierno del emperador Diocleciano, a partir del 284 hasta el 313, pero este sistema les parecía poco adecuado a los cristianos, que consideraban que este emperador era pagano y había perseguido a la incipiente iglesia cristiana, por lo que Dionisio decidió cambiar el calendario y tomó como “año 1” la fecha del nacimiento de Jesús. El Exiguo fijó la fecha de nacimiento de Jesús en los últimos días del año 753 de la fundación de Roma, por lo que el día 1 de enero del año 754 habría sido el primero de la era cristiana.

Según los evangelios de Mateo y Lucas, Jesús nació en los días de Herodes el Grande, pero Lucas precisa que vino al mundo justamente el año en que el emperador Augusto había ordenado establecer un censo universal, cuando a la sazón era gobernador de Siria un tal Quirino. Pero Quirino, por lo que sabemos, llegó a esa provincia hacia el año 6 ó 7 de nuestra era, realizando entonces un censo. Y Herodes murió el 4 a. de C., por lo  que si a estos cuatro años les añadimos uno o dos, los que se dice que Jesús vivió en Belén antes de la matanza de los inocentes, resultaría que Jesús habría nacido en el año 6 ó el 5 de nuestra era.

Tampoco es probable que Jesús hubiera nacido un 25 de diciembre, como postuló el Exiguo, que ignoraba que esa fecha había sido establecida por la iglesia un par de siglos atrás para superponerla a la celebración pagana del Sol invicto, con lo que la fiesta del dios pagano que era el Sol se eclipsaba con la celebración del nacimiento de Jesús. Un detalle del evangelio de Lucas nos pone sobre la pista de que no sería diciembre, ya que los pastores guardaban sus rebaños al raso, algo improbable en Palestina por esas fechas.

Por lo demás, aunque Mateo y Lucas, afirman que Jesús nació en Belén, Marcos y Juan presuponen que nació en Nazaret, dado que nunca le llaman Jesús de Belén, sino Jesús de Nazaret. Un argumento a favor de esta hipótesis es que como dice el evangelio de Juan, algunos negaban que fuera el mesías porque precisamente no había nacido en Belén, que era donde según las escrituras debería nacer el mesías. Solo cuando posteriormente se cree que Jesús era el mesías, se crea la leyenda de que había nacido en Belén.

Los datos arriba mencionados están tomados del libro Ciudadano Jesús, Atanorediciones, Madrid, 2012, de Antonio Piñero, catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo.