lunes, 5 de enero de 2026

Un pedo en todos los morros

Ocurrió en el año 50 de la era cristiana en la provincia romana de Judea, durante la fiesta de la Pascua judía, en Jerusalén. Quizá podamos resumir en pocas palabras la situación política de Oriente Próximo en aquel entonces  recurriendo a unas palabras del historiador Kovaliov: Mientras el alto clero del Templo de Jerusalén y los grandes propietarios se habían, en general, reconciliado con los romanos, la masa popular, oprimida por un doble juego, era un vivero de descontentos. El pueblo creía firmemente en la llegada de un Mesías, el prometido Salvador, que debía salvar a los hebreos de la opresión de los extranjeros e instaurar en la tierra el reino de la Verdad.

¿Qué es lo que sucedió exactamente? Un legionario romano, que se hallaba a la sazón de guardia en el Templo, no sin la complicidad seguramente de sus compañeros de armas que le reirían la gracia, se levantó la túnica a la vista de todo el mundo con un gesto absolutamente obsceno y provocador, mostró sus verijas y, dándose la vuelta acto seguido, sus nalgas desnudas que enfiló hacia los fieles que se hallaban celebrando la Pascua judía y agachándose con el trasero al aire soltó una ventosidad tan irreverente y ensordecedora que, se diría, el cuesco hizo retumbar las paredes del  sacrosanto Templo salomónico. 


El Templo durante el Pésaj, la Pascua Judía.

El pedo puede expresar muchas cosas en el ser humano, desde la vergüenza de aquel al que se le escapa involuntariamente en público hasta el desprecio hacia alguien o algo cuando se emite adrede, desde intenciones humorísticas de graciosa camaradería y burlesca broma hasta una gravísima falta de respeto y de consideración hacia los demás. En este caso, el gesto era una gravísima injuria a las sagradas creencias de los cientos si no eran miles de judíos que celebraban la pascua congregados en el Templo, como si aquella ventosidad quisiera penetrar con su hedionda fetidez en el recinto sagrado del Sancta Sanctórum y expresar sin palabras algo tan irrespetuoso como “¡Esta es mi ofrenda a vuestro Dios, me cago en Él!”.

Cuenta el incidente el historiador de origen judío Flavio Josefo, que vivió en el siglo primero de nuestra era y escribió en griego,  en un pasaje del libro II, capítulo 17, de la Guerra de los judíos y en otro del libro XX, capítulo 5, de sus Antigüedades judías. Hay algunas pequeñas diferencias entre ambas versiones, por ejemplo el número de muertos, que va de treinta mil a veinte mil, pero coinciden pese a lo exagerado de la cantidad en lo fundamental, varios millares de muertos.

Se acercaba la fiesta de los Ácimos, en la que era costumbre entre los hebreos comer panes no fermentados, es decir, sin levadura. Una gran muchedumbre venida de todas partes se congregaba en el Templo de Jerusalén, de donde años atrás Jesús había expulsado no sin violencia a los mercaderes porque habían convertido un lugar de oración en un vulgar mercado donde se rendía culto al dinero en vez de a Jehová. El procurador romano, temiendo alguna revuelta tumultuosa, había ordenado que una cohorte se apostara con sus armas en los pórticos para velar por el mantenimiento del orden público. La medida no era extraordinaria, ya que así solía hacerse todos los años por esas fechas, por lo que no era extraña la presencia de legionarios romanos. 


Esta es la crónica exacta de los hechos según Flavio Josefo: Al cuarto día de la festividad, un soldado romano descubrió su sexo, propiamente sus vergüenzas o partes pudendas, y se lo mostró a la gente (τετάρτῃ δὲ ἡμέρᾳ τῆς ἑορτῆς στρατιώτης τις ἀνακαλύψας ἐπεδείκνυε τῷ πλήθει τὰ αἰδοῖα). La versión que nos da en la Guerra... tiene más lujo de detalles: uno de los legionarios levantándose la túnica (εἷς τις τῶν στρατιωτῶν ἀνασυράμενος τὴν ἐσθῆτα) y agachándose indecentemente (καὶ κατακύψας ἀσχημόνως), mostró a los judíos el trasero (προσαπέστρεψεν τοῖς Ἰουδαίοις τὴν ἕδραν ), y descerrajó un ruido acorde a su postura (καὶ τῷ σχήματι φωνὴν ὁμοίαν ἐπεφθέγξατο).

Los que lo vieron se irritaron y dijeron que no era a ellos a quienes injuriaba de ese modo, sino, lo que era mucho más grave, al fino olfato y a los oídos de su Dios, es decir a Yahvé o Jehová mismo que habitaba en la cámara secreta de aquel Templo que había levantado con sus propias manos el sabio rey Salomón mil años atrás. Los más exaltados  insultaron al procurador de Judea, responsabilizándolo personalmente y alegando que era él el que había apostado allí a los soldados... Los jóvenes más radicales y predispuestos al motín y a la algarada, cogieron piedras y apedrearon enseguida a los legionarios romanos, pues consideraban, además, que no era una ofensa individual protagonizada por un legionario desvergonzado cualquiera, sino una afrenta colectiva perpetrada en toda regla por el ejército  del senado y el pueblo de Roma contra lo más sagrado de sus íntimas creencias y religiosas convicciones. 
 
 
  Maqueta del templo de Jerusalén
 
La indignación de los presentes fue tal que algunos gritaron enardecidamente “¡Muerte a los romanos!”. El procurador rogó que mantuvieran la calma, pero no logró persuadir a los cada vez más descontentos judíos según se extendía la noticia de la oprobiosa y flatulenta blasfemia. Temeroso de que aquello desembocara en una revuelta, ordenó a todas las tropas destacadas en la ciudad que acudieran al Templo enseguida, donde cundió el pánico entre la multitud ante la llegada de los soldados, hasta el punto de que los que trataban de huir murieron en el intento agolpándose y atropellándose los unos a los otros,  pisoteados y aplastados entre sí. La fiesta dejó de ser tal para convertirse en un multitudinario duelo luctuoso. Por todas partes corrían las lágrimas y se oían los lamentos por los cientos de cadáveres, si no eran miles, que quedaban de resultas. 

Horacio, en una de sus sátiras hace una alusión despectiva, y no es la única que hace, a los judíos (libro I, 9, 69-70): Hodie tricesima sabbata: uin tu / curtis Iudaeis oppedere? “Hoy es día treinta y es sábado: ¿acaso quieres soltarles un pedo a los pelados judíos?” La traducción es de J. L. Moralejo, que en nota explica el significado del adjetivo “curtis” que aplica el poeta a los judíos aludiendo a su circuncisión.

¿Puede haber alguna relación entre los versos de la sátira de Horacio y el episodio que narra Flavio Josefo? Obviamente, no. Los hechos históricos acaecieron en el año 50 d. de C., por lo que Horacio, que había muerto cincuenta y ocho años atrás, no podía estar aludiendo a algo que todavía no había sucedido. Sin embargo, podría haber una relación inversa en el sentido de que la ocurrencia del incidente protagonizado por el legionario romano, ya fuera suya propia o ya alentada por alguno de sus conmilitones o mandos, podía haber surgido del recuerdo de la lectura de la célebre sátira de Horacio, donde el poeta narra el encuentro que tuvo en la Vía Sacra de Roma con un pesado del que no podía librarse. Esta sátira, a fin de cuentas, es una de las más conocidas y celebradas del poeta de Venusia, y de ahí podía haber surgido la ocurrencia de “curtis Iudaeis oppedere” es decir de soltarles un pedo en las narices -el prefijo ob- antepuesto a pedere, origen de nuestro peer, le confiere ese matiz de inmediatez al verbo- a los circuncisos judíos. Pero esto no es más que una hipótesis.

Muro de las Lamentaciones, Jerusalén.

Las legiones romanas ya habían irrumpido años atrás en la ciudad y masacrado a miles de judíos, profanando el templo de Yahvé. El propio Pompeyo se había adentrado incluso en el Sancta Sanctórum, un recinto vacío y sin decoración, salvo un revestimiento de oro, al que sólo tenía acceso el sumo sacerdote una vez al año para quemar incienso con motivo de la fiesta de la expiación (Yom Kippur). Y en el año 70 de nuestra era el emperador Vespasiano entraría triunfal en Jerusalén y destruiría finalmente el Templo dejando atrás miles de cadáveres. Lo único que queda de él es el Muro de las Lamentaciones, la muralla que lo contenía circunvalándolo,  donde los judíos lloran la pérdida del Templo.

domingo, 4 de enero de 2026

Tiempo vs. dinero, y viceversa

    No cuesta mucho trabajo entender cómo el tiempo es dinero según el conocido adagio inglés time is money (o el tiempo es oro, que dice el correlato castellano), acuñado al parecer por B. Franklin en su ensayo Consejos a un joven comerciante (1748), cosa que ya se decía en muchas otras lenguas: En alemán: Zeit ist Geld, en francés: Le temps c'est de l'argent, en griego moderno (y casi clásico también): Ο χρόνος είναι χρήμα, o en portugués: O tempo é dinheiro e o resto é conversa ('palabrería'). 
 
    Es fácil verlo porque estamos acostumbrados a que computar y cronometrar el tiempo sea equivalente de monetizarlo. Suele decirse también: El tiempo, que es lo que más vale, no lo da Dios de balde, y, Quien defiende su tiempo, defiende su dinero. Pero ese tiempo no es nunca presente porque el tiempo presente, al mentarlo ya es ausente. De hecho se dice también: que el tiempo presente es un segundo: lo demás o es pasado o es futuro
 
      El tiempo no debe desperdiciarse por lo mucho que vale, porque según la ética protestante es un don divino que debe aprovecharse, por lo que es un pecado perder el tiempo, desperdiciarlo. El sociólogo Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo argumenta que esta mentalidad transformó la vida de Occidente, y cita a Benjamin Franklin y el citado Time is money para ilustrar cómo el aprovechamiento del tiempo pasó de ser una norma religiosa a un imperativo económico. La institución del tiempo aparece en el trabajo, que es la conversión de la actividad humana, la fuerza de trabajo, que decía Carlos Marx para referirse a la capacidad de hacer cosas, supeditada a una finalidad en dinero. El trabajador se convierte a través del trabajo en dinero. El hombre es dinero, como cantaron Alceo, que citaba a Aristodamo como autor de la máxima, y Píndaro. No es solo por aquello que se oye decir a veces de "tanto tienes, tanto vales", sino esto otro de "tanto ganas, tanto eres". El Nombre Propio es el fundamento último del dinero, la forma más pura del Capital: la firma, por ejemplo, del pintor en el cuadro es lo que le da valor a este, como el precio en la etiqueta da valor al producto. 
 
    Es así como gracias al trabajo, el dinero se ha vuelto tiempo, y la nueva verdad “Money is time” es el reverso de la vieja: es solo el tiempo, esencialmente vacío y futuro, la moneda que vale para el capital más perfecto. Quizá se haga algo difícil verlo a primera vista, pero es sin embargo lo que vamos a intentar hacer aquí. Hemos tomado el clásico “el tiempo es dinero” y le damos la vuelta para ver si “el dinero es tiempo”. Cuando decimos esto último de que el dinero es tiempo pensamos automáticamente en “el dinero es tiempo futuro” porque el dinero representa la posibilidad, la promesa y la proyección hacia un futuro que el propio dinero crea, dado que no es solo un medio de intercambio comercial actual, sino la herramienta que permite planificar, idear y construir el futuro con la promesa de acceder a bienes y servicios, por lo que se convierte en un medio de ejercer el poder. 
 
    El escritor victoriano George Gissing (1857-1903) reflexionó en su novela "The Emancipated" sobre el aforismo "El tiempo es dinero", dándole la vuelta y escribiendo sobre la relación inversa del proverbio común: Time is money says the proverb, but turn it around and you get a precious truth. Money is time. With money I buy for cheerful use the hours which otherwise would not in any sense be mine..." (El proverbio dice que el tiempo es dinero, pero dale la vuelta y obtendrás una verdad preciosa. El dinero es tiempo. Con dinero compro para mi uso alegre las horas que de otro modo no serían mías en ningún sentido...). 
 
    El dinero no proyecta su valor en el futuro, sino que crea el futuro que proyecta. Esta interpretación no procede de un economista, sino de un escritor como Borges que en el cuento El Zahír, expresa su convencimiento de que el dinero, a pesar de su aparente materialidad -el dinero físico, diríamos hoy-, es en realidad inmaterial, espiritual o virtual, que diríamos también, ya que no tiene un valor intrínseco sino extrínseco que nosotros le otorgamos por ser una promesa de lo que se puede adquirir con él. Escribe Borges literalmente. "nada hay mas inmaterial que el dinero, ya que cualquier moneda es, en rigor, un repertorio de futuros posibles". 
 
    En otras palabras, el dinero no es valioso por sí mismo, sino por lo que puede permitirnos hacer en el futuro, ya sea comprar bienes o servicios, y, antes que eso, porque nos garantiza de alguna manera un futuro. En resumen, la frase "el dinero es futuro" destaca la relación intrínseca entre el dinero y la proyección hacia lo que está por venir, tanto a nivel individual como en el ámbito social y económico. 
 
    No en vano se recurre en castellano a veces a la expresión “labrarse un porvenir”, que, proveniente de la agricultura (labrar es arar la tierra para sembrar en ella a fin de cosechar), significa asegurar trabajando con esfuerzo un futuro. Puede también relacionarse con otra expresión castellana “ganarse la vida”, donde la vida sustituye al jornal (derivado de *diurnalem, lo que ganaba el jornalero durante un día de trabajo o jornada, de ahí que también un jornalero sea un ganapán, que alude a la maldición bíblica de "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y por referirse al mozo de cuerda que "se ganaba la vida" -dinero y tiempo- llevando recados o transportando bultos de un punto a otro, como espécimen de trabajador sudoroso por excelencia). 
 
    Resuena, a propósito, la pregunta que le hace Miguelito a su amiga Mafalda en la viñeta impagable de Quino a propósito de la expresión "trabajar para ganarse uno la vida": Pero ¿por qué esa vida que uno se gana tiene que desperdiciarla en trabajar para ganarse la vida?

sábado, 3 de enero de 2026

Pareceres XCVI

471- Una Nueva Era. La coronación del cuadragésimo cuarto Emperador, elegido democráticamente, que tuvo lugar en el año del Señor de 2009 en Guásinton abría una Nueva Era, dijeron,  una New Age en la lengua del Imperio, que se escribiría con letras de oro en el gran libro en curso de la Historia Universal de la Humanidad. Al cabo del tiempo se vio que era mentira que hubiera empezado una Nueva Era, porque eras no hay más que una, si acaso, que es esta misma y que no es ninguna propiamente hablando porque no se contrapone a ninguna otra, en la que estamos inmersos aquí y ahora, todavía, y resulta que al fin y la postre, más vieja que el catarro de Matusalén, así que no tiene nada de nueva por mucho que se empeñen y empecinen en inaugurarla cada dos por tres, porque es el mismo perro al que no hacen más que cambiarle el distintivo del collar, una Nueva Era más inveterada ya que la nana que cantaba la bisabuela para dormir a los bisnietos en la cuna. Las Nuevas Eras son como los Años Nuevos: meros fuegos fatuos de artificio, pompas de jabón que revientan en el aire. Todos sabemos en el fondo de nuestro corazón que no hay años nuevos: que ni siquiera hay años en plural, que sólo hay un año, uno solo y por lo tanto ninguno, que se repite siempre a sí mismo cíclicamente, anualmente, como el Ave Fénix que muere y renace de sus cenizas.  

472.- Genocidio, la palabra del año. Un periódico español ha decidido que la palabra del finiquitado año 2025 ha sido 'genocidio', por delante incluso de 'Inteligencia Artificial'. Ya quedó la segunda el año 2024, y este año de rima fácil que hemos dado por terminado se ha llevado la palma, imponiéndose incuestionablemente, para definir lo que está pasando, que no ha terminado todavía, en Gaza, cuando la masacre que el ejército de Israel está llevando a cabo en la franja se disimula con eufemismos. El periódico, siguiendo la definición del Diccionario de la Lengua Española de la docta Academia, ha decidido llamar a las cosas por su nombre. Dice el DLE que un genocidio, cuya etimología procede del griego γένος génos 'estirpe' y el sufijo latino -cidio (matanza, presente en homicidio, suicidio, filicidio...) es “el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”. Quizá sea más interesante reivindicar el uso de otro término, siguiendo la propuesta del politólogo estadounidense M. J. Rummel, que engloba una amplia gama de crímenes, incluido el genocidio, que sería democidio, el crimen que perpetra el Estado, cualquier estado, contra el pueblo, ya sea el propio o el ajeno.


473.- Dios proteja a Bulgaria. Bulgaria se incorpora a la zona euro, convirtiéndose en el miembro número veintiuno. Seguirá manteniendo su moneda, la leva, que coexistirá con el euro, hasta el verano. Los precios se expresan ya en el país ribereño del mar Negro en ambas monedas, pero a partir del verano los bancos ya no cambiarán las levas por euros. Durante este mes de enero coexistirán en el mercado ambas monedas, pero a partir de las calendas de febrero solo circulará el euro. La moneda de un euro representa a Iván de Rila, el santo patrón de Bulgaria, junto con las inscripciones en cirílico del nombre del país y el de la moneda 'euro'. Más significativa es la moneda de dos euros, que retrata a San Paisio de Hilandar y la inscripción “Dios proteja a Bulgaria” alrededor del canto de la moneda. Este hecho nos recuerda a los españoles de cierta edad que en el año del Señor de 2002 la peseta fue sustituida por el euro, y cómo los precios se dispararon inmediatamente haciéndose la falsa equiparación de que un euro eran cien pesetas, cuando en realidad la equivalencia teórica de un euro era 166,386 pesetas. Algo que valía 100 pesetas entonces, por ejemplo un café en un bar, pasó a costar 1 euro, es decir 166,386 pesetas. ¿Qué ha sucedido desde entonces con el euro en el Ruedo Ibérico? Pues muy sencillo que ha perdido un 45,5% de su poder adquisitivo inicial, o lo que es lo mismo, que lo que entonces costaba 100€ ahora nos cuesta 183,53€. ¡Que Dios omnipotente, si puede, proteja efectivamente a Bulgaria y la coja confesada!

474.- Lucha contra la desinformación. Nos dicen a todas horas que la "lucha contra la desinformación" es la gran batalla del siglo XXI, el baluarte definitivo de la democracia contra el caos. Lo que se está desplegando, sin embargo, ante nuestros ojos, en nombre de la protección de la verdad, es todo lo contrario: una epidemia o, mejor, una pandemia informativa y la amenaza más grave a la libertad de expresión del pensamiento desde finales del siglo XX. Durante los últimos cinco años, hemos presenciado que gobiernos de todos los colores, instituciones europeas, grandes tecnológicas, medios de (in)comunicación y agencias de verificación de hechos con datos numéricos se han arrogado el derecho de decidir, en nombre de la evidencia científica, qué es aceptable y qué debe ser censurado y cancelado. Preguntémonos ¿quién decide qué es "verdad" y qué no lo es hoy en día? No se abre un debate ni lo decide cualquiera de nosotros con la anuencia de los demás, sino un puñado de burócratas de Bruselas, los sedicentes expertos, los algoritmos de Meta, periodistas convertidos en censores -ellos que antaño eran las víctimas de la vieja censura- y oenegés financiadas por multimillonarios. Ninguno de ellos son filósofos, en el sentido de amantes de la sabiduría (que no poseen), sino catocósofos, es decir, depositarios de ella (κάτοχοςkátochos en griego clásico significa posesor, tenedor, de ahí el neologismo que acabo de inventarme y patento de catocosofía) por lo que ninguno de ellos rinde cuentas cuando se equivoca (y se equivocan a menudo). Cuando un estado o una plataforma se atribuye el derecho a decir: «Esto es falso, por lo tanto, no puedes decirlo», no está protegiendo la verdad, está eliminando la crítica razonada y la posibilidad misma de buscarla juntos, reemplazando la asamblea del pueblo soberano por un estamento clerical de verificadores que al poseer la verdad la falsifican. Recordemos el proverbio machadiano:  "¿Tu verdad? No, la Verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela". 
 475.- Sexualidad, Cuerpos, identidades y orientaciones. Es el título de una guía sobre sexualidad para señoritas, como se decía antaño, o para chicas jóvenes, como se prefiere decir ahora, patrocinada por el Instituto Canario de Igualdad, que no tiene desperdicio. Confunde intencionadamente sexo y género, basándose en la autoridad de Judith Butler, introduciendo la falsa creencia de que el sexo se puede cambiar para adecuarlo a la “identidad subjetiva” de cada persona. En este sentido, la guía muestra constantemente a mujeres con pene y a hombres con vulva, normalizando la transexualidad. Más allá de la asignación del sexo, la identidad sexual hace referencia a la percepción subjetiva (que incorpora factores psicológicos y de personalidad) que cada persona tiene en relación con el hecho de sentirse hombre o mujer. La guía «valida, normaliza y refuerza la idea de que someterse a tratamientos hormonales o quirúrgicos es una opción liberadora y transgresora», banalizando las operaciones de cambio de sexo, cirugías e implantes. Igualmente induce a pensar que los postulados queer son transgresores y que acabarán con los roles sexistas existentes cuando lo que consiguen es todo lo contrario: sacralizar el género, sustituyendo la homosexualidad por la “identidad de género”, creando cientos de etiquetas para las «identidades sexuales»; justificando la obligación de aceptar en los espacios para las mujeres a hombres “autoidentificados” como mujeres en base a una falsa diversidad, inclusión y tolerancia y produciendo la normalización de una neolengua que borra a las mujeres en el plano simbólico, por lo que la guía es contraria a la igualdad que predica al reforzar los estereotipos sexistas existentes.

 

viernes, 2 de enero de 2026

Advertencia de las autoridades a la ciudadanía

Ha concluido el simulacro empalagoso de paz, amor y felicidad. Pueden regresar a sus hogares conduciendo con prudencia  y cumpliendo con la normativa vigente que ha entrado en vigor con el año nuevo de llevar la baliza V-16 homologada por la DeGeTé, cuyo afán recaudatorio es proverbial, bajo sanción de 80 euros que irán a parar a las arcas del Estado y que se reduce graciosamente a la mitad si pagan el importe en el plazo volungatorio de veinte días naturales. (Pueden, ya saben, cometer infracciones de tráfico tales como exceso de velocidad, conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas o no llevar puesto el cinturón de seguridad, pero si son sorprendidos in fraganti crimine serán multados y, en su caso, podrán perder los puntos del permiso que graciosamente se les concede para circular por las vías públicas ya sean automovilistas, peatones o ciclistas).
 
 
 Congelen los langostinos sobrantes, si ha sobrado por ventura alguno, para las próximas celebraciones y futuras mariscadas, así como las no poco estúpidas sonrisas de condescendencia que exhiben ordinariamente para el año venidero. 
 
Pueden ya insultar (o sea decir lo que piensan y sienten de verdad en su fuero interno) a sus familiares, vecinos, jefes, compañeros de trabajo y allegados, sin necesidad de desearles prosperidad y toda suerte de felicidades que compre el dinero. Pueden incluso desearles a algunas personas lo peor, que es que se cumplan todos sus sueños, para que de esa forma dejen de soñar.
 
A continuación, hagan el favor de disolverse pacíficamente hasta el próximo año recogiendo, si hacen el favor, los restos del botellón. 
 
La Dirección General de Salud Pública del Estado que vela por su seguridad y bienestar, por su parte, les alerta sobre las bajas temperaturas que marcan los termómetros durante estas señaladas fechas y les recomienda mucha precaución, que siempre es poca, ante las heladas y enfermedades respiratorias invernales que pueden contraer pese a haberse si es el caso innecesariamente vacunado.
 
  El Estado y el Capital (y de paso la Iglesia, institución ya algo trasnochada pero fundamental en la creación e institución histórica del evento mitológico que han celebrado) les agradecen su participación en el montaje navideño y en la celebración de estas entrañables festividades tradicionales, si prefieren la versión laica del asunto, y les desean un feliz y próspero año nuevo, que de nuevo no tendrá más que el número (pero eso ya lo irán descubriendo ustedes un poco más adelante), recordándoles que pronto comenzarán las rebajas de enero, en las que podrán seguir consumiendo y consumiéndose a precios asequibles. 
 
Todos ustedes han podido comprobar que las fiestas navideñas, saturnales o del solsticio de invierno, si prefieren la definición alternativa, han sido la perfecta excusa para incrementar alrededor de pantagruélicas cenas y comilonas que se nos indigestan a todos y a todas el volumen de compraventa de artículos inútiles con nuestras tarjetas de débito y crédito, esos regalos convencionales que nos meten por los ojos en la cabeza los publicitarios a sueldo de las multinacionales, que ni siquiera salen de nuestro corazón sino de los reclamos propagandísticos que intercambiamos una vez al año para intentar olvidar nuestra frustración. Por eso estas festividades que ahora concluyen celebran el consumismo que nos consume a los consumidores empujados a consumir(nos).
 
Por otra parte, como habrán podido comprobar las almas piadosas que esperaban el Adv(enim)iento, ya ha pasado la fecha y no se ha producido el milagro en el mundo, así que tendrán que esperar un año más, otro año más, con la misma fe inquebrantable con que lo hacen desde hace dos mil años, que se dice pronto, la llegada del Redentor, el Salvador, el Amado, el Mesías, en suma, la venida de Aquel Que No Viene Nunca.    

jueves, 1 de enero de 2026

Celebrando a Euclides de Mégara

    Cuando la pitonisa de Apolo del oráculo de Delfos sentenció que el hombre más sabio del mundo era Sócrates, el propio nominado fue el más sorprendido por semejante respuesta,  y se dedicó, como buen amigo que era del saber, a averiguar qué podía haber de cierto en ese sorprendente veredicto oracular. 

    Fue visitando una tras otra a todas las personalidades de la Atenas de su época, que era la de Periclés, a  políticos, intelectuales, artistas, preguntándoles qué sabían. La sola pregunta resultaba impertinente porque cuestionaba la supuesta posesión de la verdad de sus sapientísimos conciudadanos.

    La figura de Sócrates resultó enseguida incómoda a los poderosos de aquel mundo, que es este mismo nuestro, todavía, tanto que llegaron a compararlo con un tábano, o una mosca cojonera, diríamos hoy con expresión más castiza. Pues resultaba molesto que alguien pusiera en tela de juicio la realidad preguntándose una y otra vez qué son las cosas.
 

    Ante la afirmación que hacen algunas personas, generalmente bien instaladas dentro del sistema de dominación democrático vigente, de que "Así es la realidad" o "Así son las cosas" o "Las cosas son como son", Sócrates se preguntaba una y otra vez:   ¿cómo son las cosas?, ¿qué son las cosas?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es la libertad?, ¿qué es la política?, ¿qué...? Ese era el quid, la clave, de la cuestión: la pregunta se renovaba constantemente, siempre viva en el aire.

    Quizá lo que había querido decir el oráculo, concluyó un buen día cansado de tanto preguntar, era que él era el hombre más sabio del mundo porque era el único, si acaso, consciente de su vasta ignorancia. 

    Por eso se dedicó a desengañar a los que querían escucharle y conversar con él atendiéndose a razones, jóvenes mayormente de clase alta, desocupados y aún no integrados en la sociedad adulta, como el bellísimo Alcibíades, lo que le granjeó la antipatía general de los mayores y lo que acabaría llevándolo a la muerte, reo de pena capital  por corromper a la juventud con sus enseñanzas, aunque más propiamente habría que llamarlas “desenseñanzas” o desengaños, así como por no creer en los dioses en los que creía la ciudad y por meter otros. Fue condenado a beber la cicuta letal por el régimen democrático de Atenas, ilustre antecedente del que padecemos ahora.

    El proverbio latino "philosophum non facit barba" (La barba no lo hace a uno filósofo) advierte sobre el hecho de que las apariencias engañan. Solemos decir que no hay que confundir la realidad con sus avatares, pero de hecho, en verdad,  la realidad está constituida precisamente por sus apariencias, con las que se funde y confunde, y eso es lo que un filósofo debe denunciar: las mentiras que a modo de columnas sostienen el tinglado de la realidad.

    No es sólo que las apariencias engañen, como dice el refrán, y es verdad, y, por lo tanto, no hay que fiarse nunca mucho de ellas, es que, además, las apariencias son la única realidad que hay. Ya se sabe que la mujer del César no sólo debía ser honesta, sino sobre todo aparentarlo: de hecho era más importante guardar las apariencias que lo otro. A César lo retrató Salustio para siempre cuando lo contrapuso a Catón de Útica y dijo de este último: esse quam uideri bonus malebat ("prefería ser bueno a parecerlo"). Julio César, por el contrario, prefería guardar las apariencias.
 
 

    Sócrates era frecuentado por muchos discípulos, como hemos dicho: el más famoso será Platón, fundador de la Academia, y de la filosofía académica que vino después. Uno de los menos conocidos, sin embargo, fue Euclides, fundador de la escuela de Mégara, del que queremos hacer aquí mención, para celebrar su nombre, que no hay que confundir con el matemático alejandrino que también se llamaba Euclides, mucho más conocido por la posteridad. 

    Cuando se les prohibió en Atenas la entrada a los varones megarenses a propuesta de Periclés, lo que sucedió en el año 432 antes de Cristo, en que los atenienses expulsaron a los de Mégara y prohibieron el comercio entre ambas ciudades, hecho que rompió los tratados de paz vigentes y contribuyó a la guerra del Peloponeso, Euclides era capaz de hacer cualquier cosa para escuchar los razonamientos de Sócrates. 

    Se cuenta que al anochecer se vestía con una larga túnica de mujer y se cubría con un palio multicolor –paliaba, pues, así su condición viril y de megarense, haciendo uso de esta palabra que procede del nombre de la prenda griega de vestir por excelencia, el palio o manto de lana que se echaban sobre los hombros tanto hombres como mujeres, siendo el de ellas más vistoso y colorido-, y con la cabeza velada por un chal, iba desde su casa en Mégara hasta Atenas, para escuchar las palabras aladas y desengañadas del maestro y participar en sus conversaciones durante la noche. Y antes de que cantara el gallo, recorría el camino de vuelta a casa de una distancia de poco más de veinte millas que se dice pronto y se tarda no poco en recorrer.

Euclides vistiéndose de mujer, Domenico Maroli (ca. 1612-1676) 

    ¿Qué sucede ahora? Lo primero que no hay maestros porque había uno y este régimen democrático que padecemos lo condenó a muerte, y a la filosofía la redujo, en el mejor de los casos, a ser Historia de la Filosofía, y casi ya ni eso,  gracias a la vigente ley educativa española. 

    Lo segundo,  que si los hubiera, que no los hay, tendrían que ir ellos a buscar a sus discípulos, y esperar a que se despertaran de la borrachera indecente, bien mediado el día, después de haber dormido todo el vino nocturno como consecuencia del botellón finisemanal. ¿Por qué beben los jóvenes? Beben para olvidar que la verdad es que no hay verdad, y que, por lo tanto,  el fin-de-semana no es el fin de la semana, y el fin-de-año no es el fin de año, porque ambos vuelven siempre a renacer de sus cenizas, como el ave Fénix, y a renovarse constantemente para volver a empezar siempre el lunes o el mes de enero, porque no tiene fin de verdad, y porque, al fin y a la postre, la verdad tampoco está en los posos del vino.
 

    Si algo nos ha enseñado Sócrates es que la sabiduría no se posee, es el amor a la verdad que nos lleva a cuestionarnos lo mucho paradójicamente que creemos saber, las muchas apariencias o velos de Maya que configuran la realidad. Ya que la verdad nos es inaccesible por las mentiras con que se recubre. Nuestro amor está condenado a ser un amor imposible y no correspondido, un amor platónico, nunca mejor dicho, sólo "filo-" querencia porque nunca poseeremos el objeto hacia el que se orienta nuestro deseo, la "-sofía", que es la sabiduría. Nos limitaremos siempre a ir desvelándola, para lo que tendremos que travestirnos nosotros como el buen Euclides megarense, y recorrer más de veinte millas al anochecer y entrar así en la ciudad prohibida poniendo en peligro la integridad de nuestra vida y propia persona, que es lo que siempre está en juego. 

    Pero de Euclides de Mégara ya casi nadie se acuerda -y sin embargo a él le debemos la más ilustre de las paradojas lógicas antiguas, la del mentiroso que dice que está mintiendo (prodigiosa afirmación que resulta verdadera a condición de ser mentira, y viceversa) y el razonamiento del sorites o montón de trigo, que nos pregunta cuando el montón deja de ser tal montón si le quitamos un grano de trigo, y otro, y otro... ¿cuando solo quede un grano o ninguno?-; y de Sócrates, el Sócrates de verdad, que no escribió ni una sola palabra y no porque fuera analfabeto, que no lo era, sino todo lo contrario, del Sócrates verdadero,  no del de Platón, que ese no es más que un personaje de ficción, de ese tampoco se acuerda casi nadie ya.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Jaicus de invierno

Un frío que pela / bajo estrellas que titilan / y la luna nueva. 

Doce campanadas / daba el reloj del salón, / doce puñaladas.

Huyendo de Herodes / sobrevive hasta Pilatos / hecho un cristo el hombre. 


 ¿Hubo alguna vez / verdadera de verdad / una Navidad? 

¿Qué es del niño que hay / en el corazón, que no / quiere ser mayor?

La luna se esconde, / vergüenza el mundo le da, / no se sabe dónde. 

Por esta estación / del ferrocarril ya no / pasa ningún tren.

Aterecedor / por el rostro y la piel, / el viento glacial. 

Ya se acaba el año, / concluye sin conclusión / otro calendario.

Jinete y corcel / al galope no son dos, / sino un solo ser. 

¿Dulce Navidad? / Empalaga el paladar, / más agria que hiel. 

Otra navidad / vanidad de navidades / todo falsedad. 

Esta noche paz, / mañana vuelta a empezar / la guerra otra vez.

 Un jaicu invernal: / La punta de la nariz, / helada, y los pies.

 Maldito reloj, / guardián del tiempo feroz, / monstruo sin piedad.

Carcelero soy, / funcionario de prisiones, / prisionero yo. 

Siempre vivirá, / en los centros comerciales, / vana navidad. 

Sueña el minotauro / que puede del laberinto / escapar volando. 

Llegan las rebajas / de las cosas y nos dejan / solo las migajas.

Hace mucho frío. / Bajo un sol que no calienta, / se congela el río.

Tictac, el reloj, / bomba de relojería, / pronto estallará.

Las migas de pan / sacudidas del mantel / son para el gorrión.


 La bomba cayó / en un pesebre, en Belén / como acto de fe.

Cortocircuitó / el árbol de navidad: / se carbonizó. 

Cuánta indigestión: / el turrón y el mazapán / y el regio roscón.

Al amor del fuego, / fría la noche, y la luna, / frío el universo.

Luce el astro rey, / pero no calienta ya; / se ha resfriado el sol.   

El año concluye / y vuelve a empezar de nuevo, / pero el tiempo... huye.

martes, 30 de diciembre de 2025

Zarandajas

- 1 – 
-Hay que atacar al enemigo. 
 -¿Quién es el enemigo, mi capitán? 
-¡Vaya pregunta! Aquel al que hay que atacar para defenderse de él porque la mejor defensa, soldadito español, soldadito valiente, es un buen ataque al enemigo. 
 
- 2 – 
-¿Cómo se puede acabar con la ignorancia y la indiferencia de la juventud? 
-Ni lo sé ni me importa. –Dijo un joven contestatario. 
  
 
- 3 – 
¿Qué idea es más libérrima: vivir el amor libre o vivir libre del amor? 
 
- 4 – 
 Mejor antisistema que prosistema.
 
 - 5 – 
Carpe diem (seguidilla con bordón): 
Záfate del futuro, / y en el olvido / del pasado, disfruta / de ahora mismo. / Cógete el día, / dijo el poeta, todo: / rosa y espinas. 
 
- 6 – 
-¿Qué podemos hacer, maestro, con quienes perpetraron los horrores de la guerra? ¿No vamos a juzgarlos por sus horrendos crímenes de lesa humanidad? 
-¿Quién va a juzgarlos? - Dicen que les preguntó a sus discípulos, y añadió: -¿Quién va a castigarlos en el caso de hallarlos culpables como son? ¿No es tan reo el juez como el acusado? Que el que esté libre de entre vosotros de responsabilidad –versión laica del pecado y la culpa- arroje la primera piedra en la lapidación.
 -¿Debemos callar entonces, maestro?
 -¿Pensáis acaso que vociferando las crueldades de la guerra podéis pasar por alto los crímenes de esta paz? ¿Acaso pensáis que denunciando los crímenes de la oprobiosa dictadura podéis silenciar los de esta no menos oprobiosa democracia del régimen que padecemos ahora? 
 
 


-7- 
Si el romántico suicida volviera a nacer, volvería a suicidarse tal como hizo, y volvería a afirmar en su carta de despedida al mundo que no se puede comprar la felicidad, la única cosa que verdaderamente importa y la sola que no puede adquirirse en el mercado porque se han agotado sus existencias ni siquiera con todo el oro del mundo.
 
-8- 
Resonaban por todas aquellas soledades los ecos de un “ay” no se sabía muy bien si varonil o femenil, uno tras otro, sin que nadie supiera tampoco a ciencia cierta el cuatrilema o tetralema siguiente: si eran suspiros placenteros de gozo o quejas dolorosas de lamento, si ambas cosas a la vez o si ninguna de las dos. Nadie podría tampoco asegurar que un “ay” fuera igual que el precedente o que el siguiente. Sin embargo era la misma voz: una voz de un niño apenas mozo, quizá en la flor de la efebía, que se quebraba de vez en cuando profiriendo algún gallo infantil, reminiscencia inequívoca de una infancia sodomizada. 
 
 
 
-9-
 El futuro no es nuestro ni puede serlo nunca, amigos míos. El futuro es siempre de ellos, de los que lo planifican y nos lo venden. Lo único que nos queda a nosotros es precisamente rebelarnos contra ese futuro que nos quieren imponer como si estuviera escrito, programado. No hagamos planes para el futuro: no hagamos planes. Lo único y no poco que nos queda es esto, aquí y ahora, ahora o nunca.
 
-10-
Versos sueltos

Se necesita mucha ficción para poder sobrellevar la carga de la realidad.

El conductor presiente que se va a estrellar y pisa sin embargo el acelerador.

Dentro de cada uno de nosotros hay un ser que ignora lo que hace y lo que es.

Ya nadie se pregunta cuándo va a llegar el fin del mundo porque ya ha llegado aquí.

El boticario tiene para todo algún remedio pero para nada curación.

Si nadie muere ya de muerte natural, ¿será que no es acaso natural morir?

Resulta conveniente a veces olvidar lo que uno sea, es decir, lo que uno es.


Soy un perfecto desconocido para mí, igual que para todos los demás que son.

Increíble que es la realidad, hay que creer en ella porque está mandado sea así.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Escueta mensajería

Permanezcan tras el ataque potencial del enemigo, sea de la índole que sea, atrincherados en sus refugios, atentos a sus pantallas por su seguridad y bienestar. 
 
 Gran tensión geopolítica; el temor a la devaluación de la moneda atrae a los inversores a los metales preciosos, logrando el oro y la plata máximos históricos. 
 
El encendido del alumbrado público navideño de la ciudad, según las arriesgadas propuestas de los nuevos diseñadores, fue espectacular, deslumbrante, cegador. 
 
Santa Claus, Papá Noel, los Reyes Magos, Dios y su epifanía, el Estado, saben si te has portado bien o mal, así que compórtate bien, ya que no puedes ocultarte. 
 
 
El invierno meteorológico que iba a ser, según la Agencia Estatal de Meteorología, más cálido de lo normal en España, ha comenzado con temperaturas bajo cero. 
 
 El presidente del partido y del gobierno que quería frenar a la ultraderecha logró que esta creciera como la espuma y como nunca lo había hecho hasta la fecha. '
 
Yo no soy yo', escribió el poeta de Moguer, 'soy este que va a mi lado sin yo verlo'; soy, añadiría yo, ese mismo que a veces me acompaña y otras me abandona. 
 
A fin de protegernos de los múltiples enemigos potenciales tanto exteriores como interiores que nos atormentan, criamos monstruos que nos acaban devorando. 
 
 
La lista de enemigos humanos e inhumanos tanto en el panorama nacional como en el internacional es más que larga, larguísima, y los hay a gusto del consumidor. 
 
La estigmatización de la gripe, catarros y resfriados invernales ha contribuido a normalizar, como si fueran algo común y corriente, ictus, cánceres, infartos. 
 
Ya no nos distraemos viendo televisión como telespectadores sino nuestras pantallas individuales, que cumplen a la perfección la misma función de aturdimiento. 
 
El “Escudo de la Democracia” patrocinado por la emperatriz de la Unión Europea contempla suprimir algunos derechos democráticos para 'defender la democracia'. 
 
 
 
Decir la verdad o, lo que viene a ser lo mismo, denunciar su mentira, como hizo Casandra ante el caballo, la máquina fatal de Troya, se ha vuelto peligroso. 
 
Los medios por los que navegamos a diario sin arribar nunca a buen puerto no se atreven a denunciar la falsía de la realidad porque se considera desinformación. 
 
La información consiste en sostenella y no enmendalla -la realidad-, como la espada que desenvainaba el caballero medieval con que debía batirse hasta el final. 
 
La traducción es una traición (traduttore, traditore) cuando se hace entrega o tradición de las cenizas que se conservan y no de la llama viva que las encendió.
 
   

domingo, 28 de diciembre de 2025

Pareceres XCV

466.- Trastornos mentales. ¿No seremos todos enfermos mentales de hecho o en potencia? Todo es susceptible de catalogarse como enfermedad mental. La homosexualidad, por ejemplo, lo fue; ya no lo es porque ha sido excluida del SMS o sea de la Biblia de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, la obra de referencia mundial de los médicos del alma que se encarga de dictaminar cuáles son las enfermedades mentales y cuáles no, el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos de la psique. Establecer el límite entre normal y anormal es cada vez más difícil. Los norteamericanos han declarado ahora como “trastorno” la adicción a los ordenadores, al chat, a la cirugía estética... Todo puede ser considerado una patología mental. No lo pueden parar, y en realidad no quieren pararlo, porque es un gran negocio. Si determinada conducta es tipificada como trastorno psíquico, los laboratorios fabricantes de psicofármacos se frotan las manos. Si todo fuera considerado normal ¿de qué vivirían los psiquiatras? ¿curarían a los 'cuerdos' cuando ya no hubiera 'locos'? Lo peor de los trastornos mentales es que se consideran dolencias individuales, es decir, características de una persona. Por lo tanto el tratamiento es personal e intransferible. No se tiene en cuenta la causa. Me medican contra el estrés laboral, pero, si lo padezco, el problema no radica en las condiciones laborales de mi trabajo, sino en mí, que soy extremadamente sensible, por lo que hay que anestesiarme. Me recetarán psicorfármacos que paliarán los síntomas, pero no eliminarán, claro está, las causas que provocan el problema. Eso no interesa. Como tampoco interesa una reflexión sobre la locura del mundo contemporáneo. Si el problema está en el paciente, todo lo demás está bien: su entorno laboral, social, político y económico es perfecto. Estamos en el mejor de los mundos posibles, como dijo el otro. 
  
467.- Los cuatro descubrimientos de América. El descubrimiento apocalíptico de que uno es feo, o no tan guapo como creía, suele hacerse muy pronto, en la primera adolescencia, cuando uno se mira detenidamente en el espejo por primera vez y se fija en lo que ve con cierta objetividad. Uno descubre entonces sus, digamos, defectos físicos. Podemos reaccionar de dos formas o acomplejándonos por nuestra fealdad monstruosa para el resto de nuestros días y tratando de hacernos la cirugía estética, o, si renunciamos a tan drástico procedimiento, lo que es mejor, intentando aceptarnos como somos, y considerando lo relativos que son los cánones de belleza, y que lo feo es bello y lo bello es feo. El segundo descubrimiento de América que hacemos a lo largo de nuestra vida, poco después del primero, es que somos tontos, o no tan listos como creíamos que éramos o nos gustaría ser, lo que debería llevarnos a una cura de humildad y a no creernos depositarios de ninguna verdad o saber definitivo, intentando compensar nuestra necedad y falta de inteligencia con el estudio, la lectura, la curiosidad permanente y el desarrollo del sentido crítico que consiste, ante todo, en desalojar la fe de todas las certezas. Por si fueran pocas estas apocalípticas revelaciones, el tercer descubrimiento de América que uno hace a lo largo de su vida y que es el más tardío de los tres es que uno es viejo, o ya no tan joven como quisiera, lo que no tiene mucho remedio. Me refiero al envejecimiento físico de la calvicie o las canas, las arrugas a partir de los veinticinco, las patas de gallo a partir de los treinta y cinco, la papada a partir de los cuarenta y cinco…, envejecimiento que es natural y es de algún modo una etapa de la vida como el otoño es una estación, y, según se mire, una de las más bellas del año. Nunca es demasiado tarde si la dicha es buena, y se aprovecha el tiempo para no tener que hacer un cuarto y último descubrimiento de un nuevo mundo que de nuevo no tiene nada, que sería el peor con mucho y más nefasto de todos, y que consistiría en descubrir (¡ojalá no lo veamos nunca!), que cada año, cada semana y cada día y cada hora que pasa somos, en el peor sentido de las palabras, más feos, más necios y más viejos a la vez, porque no hemos hecho nada de lo que estaba a nuestro alcance para evitar la fealdad, la estupidez y la vejez espiritual. 
468.- La manosfera. El gobierno británico, según informa The Times, está interesado en iniciar clases especiales contra la misoginia en las escuelas como parte de su guerra contra la violencia masculina que se ejerce sobre las mujeres y las niñas “A todos los niños se les enseñará cómo respetar a las mujeres y a las niñas como parte del currículo escolar, según los planes del gobierno para “desplegar todo el poder del Estado” (“deploy the full power of the state”) para acabar con la violencia masculina y la misoginia”. ¿Resultará bueno “desplegar todo el poder del Estado” para erradicar la misoginia que se presupone inherente al varón? Es más que probable que el experimento resulte contraproducente. Sucede lo mismo con la histeria que hay contra la gripe estacional. Cada vez que el Estado nos dice que nos cuidemos poniéndonos la vacuna y la mascarilla lo que está haciendo es propagando el miedo y haciendo que nos volvamos hipocondríacos y paranoicos. Sucede lo mismo con el sexo y con la cuestión racial. Quieren normalizar tanto la aceptación homosexual y la racial que acaban fomentando el odio hacia los maricones y los negros. Se pretende que los niños no se radicalicen por obra de algunos misóginos adultos contra las mujeres y las niñas. Se habla de una manosfera, flagrante anglicismo, (machosfera, deberíamos decir nosotros) en línea que alimenta la misoginia extrema. Si se le dice a un niño que tiene que erradicar el odio hacia las niñas que siente, se conseguirá que el niño acabe sintiendo odio hacia las niñas y que crea que ese odio es natural, y que por eso quieren erradicárselo. Una educación feminista puede malinterpretarse enseguida viéndose como la imposición de un movimiento que, como reacción al machismo imperante, favorece a las mujeres por encima de los hombres, con lo que el feminismo sería un machismo pero al revés y desarrollaría, como antagonista de la misoginia, la misandria . 

469.- Apología del franquismo. Al parecer, un profesor de un Instituto de Educación Secundaria de Huelva ha hecho unas manifestaciones en clase que constituyen apología del franquismo, sentenciando cosas como que “con Franco se vivía mejor”, una afirmación que se oye a veces a gente mayor de setenta años que argumenta que algunas cosas malas que pasan ahora “con Franco no pasaban”: no había el problema del paro que hay hoy o la escasez de vivienda... Claro está que con Franco también pasaban otras cosas malas que hoy ya no pasan... La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, “obliga a incorporar en el currículo educativo la formación sobre la Guerra Civil, la represión franquista y la promoción de valores de libertad y de prevención frente a los totalitarismos”. La susodicha ley introduce multas y sanciones administrativas contra actos públicos que supongan exaltación o apología del franquismo, la dictadura o la represión. Sin embargo, el Código Penal vigente no contempla la apología del régimen franquista como delito específico, como sí sucede en Alemania con el nazismo, que es un delito. El Tribunal Constitucional ha defendido que la libertad de expresión permite incluso manifestaciones contrarias a los valores constitucionales, salvo que inciten a la violencia o constituyan un discurso de odio tipificado como delito. La susodicha ley no crea un nuevo tipo penal. Lo que sí castiga penalmente es la humillación a las víctimas de la dictadura, en línea con los delitos de odio ya existentes. En varias ocasiones se ha planteado reformar el Código Penal para incluir la apología del franquismo como delito, especialmente desde los partidos de izquierda. El problema es que, como advierten juristas y constitucionalistas, tipificarlo como delito podría chocar con la libertad de expresión. 
 
  
470.- Singles: Aumentan los singles (deberíamos escribir sínguels, sin complejos), que no es lo mismo que los solteros y los solterones, que son los solteros entrados en años, que no se han casado nunca. El anglicismo single está admitido por la docta Academia referido, en la marinería, a un cabo que se emplea sencillo cuando uno de sus extremos está atado al penol de la verga; ni siquiera está recogido el uso de single como disco sencillo, extracto de uno de larga duración, obsoleto ya tecnológicamente; pero coloquialmente se usa single como soltero “por opción”. El concepto de single (del latín singulus y por lo tanto relacionado con 'singular') engloba a cualquier persona sin pareja formal, tanto a los que no se han emparejado nunca, como a los separados, divorciados y viudos, que prefieren la soledad a la vida en pareja. En algunos países europeos como Italia una de cada tres familias es unipersonal. Crece el número de singles de retorno, que llaman, es decir, separados, divorciados, viudos que no quieren, como se decía antaño, “rehacer su vida” buscando otra pareja, y cansados de buscar su media naranja platónica prefieren amancebarse consigo mismos. Dicen que las mujeres se las arreglan mejor que los varones, que, en su mayor parte, no saben afrontar los aspectos prácticos de la vida cotidiana. Nadie conoce realmente a nadie. Nadie tampoco se conoce a sí mismo. Nadie conoce realmente a la persona que hay detrás de la fachada, que es su máscara.