martes, 14 de enero de 2025

Varia uariorum

Totalitarismo. -Phillip Allot, un exdiplomático británico y profesor de la Universidad de Cambridge, ha dejado dicho algo que es importante partiendo de alguien que forma parte, como él, del tinglado del status quo: La democracia y el capitalismo son sistemas más totalitarios que el nazismo o el estalinismo. Explica el profesor que tanto la democracia como el capitalismo son sistemas que contienen en sí mismos sus propios valores que pretenden imponerse a la totalidad de la población. Esto obliga a que se acepten sin la menor resistencia crítica, sin rechistar. La opinión de la mayoría no admite discusión, se impone a todos. Si lo cree la mayoría es verdad; todos debemos aceptarlo. De lo contrario, no somos demócratas. Según el exdiplomático “el totalitarismo tradicional” se caracterizaba por controlar a las personas por la fuerza y la violencia -así el nazismo y demás regímenes fascistas, así el estalinismo-, pero la gente podía pensar lo que le viniera en gana en su fuero interno, mientras que bajo el sistema democrático y capitalista de dominación vigente no tenemos libertad de pensamiento ni de actuación porque tememos ser tachados de terroristas, antidemócratas, incorrectos políticamente, fascistas de la extrema derecha, anarquistas... Se trata de un autocontrol impuesto y asumido total, totalitario, que acaba con el libre pensamiento. No hay un dictador externo: el dictador está dentro. Si no pienso como la mayoría, no soy demócrata, no soy del bando de los buenos... Hasta nuestros deseos más íntimos están determinados y condicionados por el sistema interiorizado de dominio; sólo somos capaces de desear lo que la mayoría -manipulada como está- desea que deseemos, y eso es algo increíble que no había sucedido nunca hasta ahora en la historia de la humanidad. 
 
 
Ideoclasta/Iconoclasta. -Decía don Miguel de Unamuno que de todas las tiranías, la más odiosa era la de las ideas, y que no había cracia más aborrecible, por lo tanto, que la ideocracia. Decía que uno tenía que ser dueño de sus ideas, no su esclavo. Quizá, decía, era inevitable tener ideas, como ojos y manos, pero había que conseguir no ser tenido por ellas, liberarse de la esclavitud de las ideas fijas, estereotipadas, dogmáticas. Pensar es desembarazarse y abortar las ideas que tenemos. Unamuno declara aborrecer toda etiqueta, pero acepta la de ideoclasta, la de rompedor de ideas. "¿Que cómo quiero romperlas? Como las botas, haciéndolas mías y usándolas". Hoy en pleno siglo XXI, quedan muy pocas ideas, aunque sigue habiéndolas. En lugar de ellas nos venden e imponen imágenes que atrofian la imaginación y aumentan nuestra fe en la realidad. Por eso se impone la iconoclastia. Ideoclasta, de hecho, es un neologismo creado a partir de iconoclasta: rompedor de imágenes, es decir, de íconos. Iconoclasta: El que destruye los ídolos que producen en nosotros una admiración religiosa que supone sometimiento, que nos imponen cánones, modelos de conducta, pautas. Los ídolos son estrellas de la música, políticos, actores, top-models de alto standing, o santones revolucionarios. En nuestra época todas las imágenes, hasta las más inofensivas, han alcanzado la categoría de íconos reverentes, de imágenes sagradas, de "santos" como decía una abuela mía, a las que se rinde culto y veneración. Iconoclasta o ideoclasta. Es lo mismo. Destructor de todas las imágenes o ideas recibidas, impuestas, inculcadas, reales dentro de su esencial falsedad. 
 

 
Democracia: Democracia no ha habido nunca en Occidente, pese a ser el nombre del régimen de dominio político existente, ni siquiera en la antigua Grecia, donde se inventó la contradictoria palabra: se llama democracia a una forma sofisticada de gobierno por la cual la oligarquía, es decir la minoría poderosa, impone sus deseos al pueblo que, bajo este régimen, obedece voluntariamente mejor que bajo cualquier otro yugo impuesto, porque, engañado por el trampantojo de la palabra, se considera soberano y cree que es libre y dueño de su destino. 

 
La lengua de arriba y la de abajo. La lengua no es de los que mandan, porque gratuita como es es de todos y no es de nadie, pero los que mandan, que son por otro lado los más mandados, a través de escuelas y academias, leyes y decretos, ministerios y medios de comunicación a su servicio, básicamente a través de la escritura y la cultura, se apropian de ella dictando decretos y normas ortográficas, unificando las diversas hablas, el lenguaje corriente y moliente, regulándolo e imponiéndoselo a la gente. En todos los idiomas se da esta lucha entre la lengua de arriba, que es la de la administración, y la lengua de abajo, que es el habla vernácula, materna, la lengua de verdad que habla la gente de la calle. La lengua de arriba, la lengua impuesta a través de la escritura, no deja de ser un dialecto, una jerga culta -política, económica, jurídica, burocrática, científica, filosófica, literaria- que está fabricada para subyugar a la gente y justificar a través de maestros y profesores desde la escuela primaria hasta la universidad la necesidad de la imposición y del gobierno, y está en perpetua guerra en todos los idiomas de Babel contra la lengua vulgar, la que no es necesario que nos enseñe nadie, la que se aprende sola, la que sólo sabe decir ¡no! una y otra vez, todas las que haga falta, a lo que está mandado.
 
La torre de Babel, Pieter Brueghel el Viejo (1563)

lunes, 13 de enero de 2025

Coplas variegadas

Tancas 


Esperando un tren / que no acaba de llegar/ nunca a la estación, / donde se paró el reloj / pero sigue andando el tiempo.

 oOo
Torpe, con los dedos / cuento sílabas, los pasos / con los que anda el verso. / Y hallo rimas al albur / que despiertan nuevos ecos. 
oOo
 Ha vuelto a brotar / la fuente que se secó / gloria verla da. / ¡Cuánto alegra el corazón / su agua viva y manantial! 
oOo
 Entro en el invierno / y entra así el invierno en mí, / ya señor mayor. / Mas prímulas otra vez / vuelven de oro a florecer. 
oOo
 Triste, triste está / la princesa de Rubén / sin razón de ser. / ¿Presiente que nunca va / su cabeza a coronar?
 oOo
 Propone el gobierno / incremento salarial: / más dinero al mes / que asegure un porvenir / de futuro al por mayor.
oOo
Niño, oía yo: / "Cuando seas tú mayor, / vas a ver, verás". / Pero yo ya soy mayor, / muy mayor, y apenas veo.
 

 
Coplas goliardescas
Invierno,  Leo Piron, (1940)
 
  Son “Estado” / y “mercado” / una rima consonante, / que se acopla / en la copla / goliardesca y resonante. 
 
 El mercado / y el Estado / son dos caras de lo mismo, / ordinarios / funcionarios / ambos del capitalismo. 
 
Don dinero, / lo primero, / crea el mundo y hace al hombre. / Bien contante / y sonante, / pone a todo precio y nombre.
 
 Jaicus o jaicús 
 
Érase una vez / que jamás pasó, si mal / no recuerdo yo. 
 
No dejes entrar / al futuro acosador / que va en pos de ti. 
 
El pasado vuelve / porque no ha pasado aún, / acechando está.
 
 He perdido al fin / personal mi identidad: / cabra sin crotal.
 
 No me deja en paz, / me persigue el niño aquel / que era y ya no soy.
 
 Qué gozo me dio / lo que no esperaba ya / que iba a suceder.
 
 ¡Cuántas ilusiones! / Vanas pompas de jabón. / ¡Qué desilusión!
 
 Ver para creer / como el buen santo Tomás, / que creyó que vio.
 
 ¿Qué ha pasado? ¿Qué? / ¿Qué ha pasado y ya pasó? / ¿Ha pasado algo?
 
 ¿España avanza?/ ¿Hacia dónde esa señora / se cree que va?
 

 No sabe volar, / pájaro de jaula que es / y enjaulado está. 
 
Yo, pobre de mí, / no he visto el rostro de Dios, / pordiosero soy.
 
  Sobre el valle aún / una densa niebla que / no disipa el sol. 
 
Se ha helado el agua, / todo cubierto de escarcha, / congelada el alma.
 
Ha salido ya / la luna llena de enero, / gélida, invernal. 
 
Un incendio atroz: / arde en llamas el hogar, / dulciamargo hogar.

domingo, 12 de enero de 2025

La tentación de Cristo

Andaba un poco errático el otro día el Papa Francisco dando consejos un tanto paternalistas a un grupo de monjas dominicas de la Unión de Santa Catalina de Siena de los Misioneros, instándolas a no ser chismosas, evitar caras avinagradas,  ser amables y a hablar con todo el mundo, excepto, insistió mucho en esto... con el Diablo, argumentando que el Señor nunca había hablado con el Diablo. 
 
No mostraba Su Santidad mucho conocimiento de las sagradas escrituras, pues ignoraba o no recordaba, víctima del diagnóstico del doctor Alzheimer, aquel pasaje evangélico (Mateo, 4: 1-10) en el que el Diablo tentó con seductoras promesas a Jesús, que había ayunado durante cuarenta días y cuarenta noches diciéndole que convirtiera aquellas piedras en pan, y Él entonces le dijo aquellas célebres palabras que todavía sirven para contrarrestar a aquellos que dicen que hay que ganarse el pan con el sudor de la frente o como sea, subordinándose a don Dinero, el más poderoso de todos los caballeros: "No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Acto seguido, le ofreció a Jesús llevándolo a un monte muy elevado la irresistible tentación de ser el dueño y señor del mundo, el poder absoluto sobre todos los reinos de esta Tierra que desde aquellas alturas se divisaban. Y le dijo: “Te daré todo esto, si postrándote ante mí me adoras”, cosa que Jesús rechazó diciéndole dos palabras muy bien pronunciadas: “Vete, Satanás”. No se negaba, pues, el Verbo divino a hablar con Satanas, que es el nombre del Diablo, sino que le decía lo que tenía que decirle, que era que no.

 La tentación de Cristo, Vasili Surikov (1872)

    El argumento que esgrime Jesús para declinar la generosa oferta del demonio es que sólo hay que adorar a Dios y servirle a Él. Lo que no sabía era que, con el correr del tiempo, el Diablo se había convertido en realidad en el alter ego de Dios, y que era lo mismo, por lo tanto, adorar al uno que al otro, pero eso no le impedía hablar amablemente con él, oponiéndose así al consejo que, ahora, dos mil años después Bergoglio les daba a las hermanas dominicas. 

 La tentación de Cristo, Ary Scheffer (1854)

    En todo caso, nuestros políticos, poco cristianos ellos, menos cristianos que Jesús, no sólo no rehúsan el poder que les ofrece el Diablo (consistente en 'omnia regna mundi et gloriam eorum', como decía el evangelista: todos los reinos del mundo y su esplendor), sino que lo persiguen infatigablemente, dejándose tentar y sobornar por el Diablo, es decir, por Dios, o, más claramente, por el Dinero, que es lo mismo, al que adoran e idolatran arrodillándose ante los designios del mercado como vulgares teólogos economistas.

sábado, 11 de enero de 2025

Pareceres LXV

316.- Neopuritanismo feminista. La película El último tango en París (1972), dirigida por Bernardo Bertolucci, ha vuelto a ser objeto de polémica cincuenta y dos años después de su estreno, como si fuera una película maldita. La filmoteca francesa iba a proyectarla en París el pasado 15 de diciembre de 2024 dentro de una retrospectiva dedicada al actor norteamericano Marlon Brando, pero finalmente fue suspendida tras las protestas de varias asociaciones feministas, justificando la cancelación como “una manera de calmar los ánimos y ante los riesgos de seguridad". En España no se permitió su exhibición hasta varios años después de la muerte del dictador, en 1977. Muchos españoles, antes de su estreno en nuestro país, cruzaban la frontera para ir a ver la película a Perpignan. En Italia generó un escándalo monumental. Poco después de su estreno en 1972, fue llevada a juicio y considerada "obscena". La justicia ordenó la destrucción de todas las copias existentes, aunque afortunadamente algunas sobrevivieron. La película narra la relación ocasional y anónima que establece un estadounidense recién enviudado con una joven parisina, a la que viola analmente en una polémica escena utilizando mantequilla como lubricante. Durante el rodaje de la escena de sodomía no hay penetración, simplemente se simula, pero la actriz María Schneider, que contaba a la sazón 19 años, afirmó haberse sentido maltratada emocionalmente por el director de la película y por el astro de la gran pantalla Marlon Brando, de 48 años edad. La película la lanzó a una fama que quizá no supo digerir. 
 
 
317.- Fe, esperanza y caridad. Si algo hay que agradecer a los antiguos griegos, entre muchísimas otras cosas, es que ignoraran dos de las tres virtudes teologales cristianas: la fe y la esperanza, no así la caridad, entendida en su sentido etimológico de amor, y no en el cristiano de limosna. Los griegos, en efecto, no consideraron que la fe fuera una virtud, al menos desde los escépticos que lucharon contra todos los dogmas. Y la esperanza, por su parte, era uno de los males que quedó en la tinaja de Pandora, lo último que se pierde, pero que tiene una utilidad considerable, sirve para mantener el status quo, establishment o establecimiento.
 
 
318.- El precio de la vivienda. Leyendo la sátira tercera del poeta Juvenal, que relata los males de la gran ciudad, que era la Roma de su tiempo, la Urbe por excelencia, me encuentro con esta expresión que compruebo enseguida que es de rabiosa actualidad: magno hospitium miserabile y que puede traducirse a bote pronto como 'mísero alojamiento a precio de oro' o 'un hospedaje de miseria cuesta caro', como en la traducción de Bartolomé Segura Ramos que manejo, o en la de Manuel Balasch que consulto ahora mismo: 'Aquí un tugurio misérrimo cuesta un ojo de la cara'. Es una de las razones que empujan al amigo de Juvenal a huir de Roma, cuya decisión aprueba el poeta, aunque lamenta la pérdida de su amigo, y que puede resumirse en tres palabras: omnia Romae cum pretio: En Roma todo tiene un precio. Lo mismo sucede, no nos engañemos, en todos los rincones ya de nuestro mundo globalizado. Y es que, como dice el poeta en un hexámetro y medio: “Cuanto parné cada cual conserva en arcón de caudales, / crédito tanto posee”. Lo que traducimos por “crédito” se dice en latín “fides”, que es el origen etimológico de nuestra fe, entendida como confianza que uno tiene y que a la vez inspira a los demás.
 
 
319.- Amanuense. Se está olvidando el placer de escribir a mano y la caligrafía que lleva su tiempo, porque vivimos en una época en que todo se hace deprisa y mal. Escribir a mano lleva su tiempo y requiere un cierto esmero. Con un teclado todo se puede borrar sin dejar rastro del error, sin máculas y, en definitiva, sin huella humana. Poco espacio le queda ya a la grafología, aquella ciencia o pseudociencia que pretendía entender la personalidad del escribiente según la letra que tuviera, determinando las características generales de su carácter. Primero vino el desprecio de la caligrafía, de aquellos cuadernos que pretendían que nuestra escritura fuera legible, pero enseguida se produjo una rebelión contra la dictadura caligráfíca uniformadora, y se dijo que cada cual debía escribir como quisiera. Finalmente hemos llegado a la imposición uniforme de los teclados, y al hecho de que ya nadie prácticamente escriba con un bolígrafo y a mano una carta, un diario, una frase, ni siquiera, si nos descuidamos, la propia firma, que esa sí que tiene valor como expresión singular de la personalidad. 
 
320.- La certeza y la duda. La duda nace de abajo, es lo que brota en nosotros a poco que nos dejemos llevar mientras que la certeza, las creencias, vienen de arriba, se nos imponen desde las Altas Instancias: nos son impuestas. No venimos al mundo con creencias, sino inmersos en un mar de dudas. Sin embargo, necesitamos aferrarnos a las creencias: da igual a cuáles de ellas: los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez, cuando somos niños, unas creencias que nos imponen nuestros mayores. Necesitamos hacernos la ilusión, pero sabemos que nos están engañando y aun así nos dejamos engañar. Cuando entramos en la sociedad adulta y crecemos, creemos en la democracia, o en la astrología o en lo que sea.Y, en el peor de los casos, creemos que no creemos.
 

viernes, 10 de enero de 2025

El franquismo del antifranquismo

Exhumar un cadáver para resucitar un fantasma del pasado y enfrentarse heroicamente a él no deja de ser un acto, a decir verdad, más bien poco heroico del que no hay mucho que enorgullecerse, por mucho que enarbolemos el "¡No pasarán!, porque de hecho pasaron. 
 
El pasado miércoles 8 de enero el presidente del Ejecutivo central de las Españas puso en en marcha el primero del centenar de actos destinados a conmemorar los cincuenta años de la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975. El objetivo de estos actos es celebrar los cincuenta años de libertad, poniendo en valor, como dice el Periódico Global, que es la voz de su amo, “la trascendencia de nuestra democracia y la desgraciada condición histórica previa”.
 
Se trata al parecer con estos actos de hacer pedagogía entre los jóvenes que a menudo suelen quejarse de la situación democrática actual, que es la que mejor conocen porque es la que padecen, porque desconocen “la desgraciada condición histórica previa”. 
 
Según los datos del CIS, los jóvenes españoles muestran una creciente tolerancia a regímenes autoritarios, como la dictadura que sufrimos aquí el pasado siglo, lo que les lleva a banalizar el mal, o sea, el franquismo, como si ese fuera el único de nuestros males. 
 
El problema según el editorial de El Periódico Global es “la corriente autoritaria que vuelve a recorrer el mundo occidental usando las reglas de la democracia para dinamitarla desde dentro” y la solución de ese problema sería “la explicación veraz de las condiciones de existencia bajo la dictadura franquista”. Por eso insiste en que la democracia actual, el régimen que ahora padecemos, "no solo tiene el derecho sino la obligación de explicar a los jóvenes qué fue el franquismo". 
No vamos a hacer aquí, nada más lejos de nuestra intención, Dios nos libre, ninguna apología del franquismo ni nada por el estilo,  ni a recurrir a la lágrima fácil de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Que los demócratas celebren la democracia es comprensible, pero que no nos hagan comulgar con ruedas de molino a los que no tenemos nada que conmemorar y que, por supuesto, no somos demócratas porque estamos en contra de todas las dictaduras, y sobre todo, principalmente, de la que nos ha tocado padecer ahora mismo, que es la dictadura democrática.
 
La estrategia del Ejecutivo es comprensible: explicándoles a los jóvenes que cualquier tiempo pasado fue peor se pretende conseguir la aceptación acrítica de lo que tenemos ahora, como si la única alternativa o remedio que hay a lo presente fuera la vuelta atrás. 
 
Declararse a estas alturas antifranquista (o, más en general, antifascista), como hemos dicho muchas veces, en ausencia de franquismo y fascismo históricos, resulta paradójicamente franquista y fascista, porque enfrentándonos a trampantojos del pasado que se proyectan como amenazas sobre el futuro estamos abortando la crítica de los males presentes y sembrando entre las nuevas generaciones el conformismo con lo establecido al inculcarles que no hay mejor alternativa que esto que hay, que no es sino la continuidad de aquello otro que quedó, como dejó dicho el dictador, "atado y bien atado". 

Por eso condenamos el franquismo y condenamos la transición -en realidad transacción, en el sentido económico del término- a la democracia, y los cincuenta años de falsa libertad bajo el caudillaje democrático: España es un pájaro en una jaula que no ha aprendido a volar porque, como escribió el poeta, "salir quiere, y no puede: su jaula es él mismo". No reivindicamos aquel régimen despótico, pero tampoco este que padecemos ahora, no menos autoritario y dictatorial que aquel otro.

jueves, 9 de enero de 2025

Mensajería efímera

Si un atracador a punta de navaja o pistola nos exige entregarle la bolsa o la vida, aunque nos aferremos a ambas y dudemos, lo razonable es darle la cartera.

  ¡Denuncia a tu vecino si incumple la ley! ¡Si yo me jodo, él no va a ser menos! ¡Aquí o todos moros o todos cristianos! ¡O jugamos todos o se rompe la baraja!
 
En un mundo globalizado como el actual en que vivimos, el viaje al territorio desconocido, no tiene sentido. La terra incognita ha desaparecido del planeta.
 
Una de las mayores lacras de nuestra sociedad es el culto de idolatría que se rinde al ganador en la vida: si ha ganado es porque el mejor es el triunfador.
 
 

Escribía Unamuno en sus Recuerdos de niñez y mocedad “Yo no me acuerdo de haber nacido”, lo que le hacía esperar en lo porvenir no tener noticia de su muerte.
 
En plena edad media las prostitutas gozaban de mejor consideración que los prestamistas usureros, ya que obtenían una ganancia ejerciendo un trabajo corporal.
 
 La identidad es como la roca pesada de Sísifo que, cuando logramos elevarla cuesta arriba hasta la cima, cae por la otra pendiente y hay que volver a reiniciar.
 
No hay que preocuparse de lo que ha pasado, dijo Aristipo, ni de lo que va a pasar, que es incierto, ya que solo el presente, si acaso de verdad, nos pertenece.
 
¿Tiene la policía licencia para matar a unos presuntos terroristas que presumiblemente portaban una bomba consigo con sospechosas intenciones de explotarla?
   Las murallas antaño y las fronteras hoy intentan hacernos ver y creer que hay un adentro y un afuera, y que los Estados nos protegen de lo exterior amenazante.
 
 Una religión cuyo séptimo mandamiento es “No robarás”, no solo está condenando el robo de los bienes ajenos, sino justificando además la privada propiedad.
 
La invención de un comité de sabios o expertos -doctores tiene la Santa Madre Iglesia de la Ciencia- es la coartada perfecta para gobernar a los contribuyentes.
 
Los medios de masas propagan un clima constante de miedo e inseguridad, del que se sirven los gobiernos para afianzar la totalitaria pretensión de su dominio.
 

El éxito de público de películas de zombis o muertos vivientes se debe a que son espejo perfecto que nos retrata fidedignamente sin querer a los espectadores.

 ¿Quién nos asegura que los virus, que son tan diminutos que no podemos verlos a simple vista, no pueden atravesar la más sofisticada retícula de una mascarilla?

 


La mascarilla es además de un amuleto un símbolo de la máscara social que todos portamos, que revela a las claras lo que escondemos, nuestra falsa identidad.
 
 ¿Decir de alguien que es gordo o que está gordo, o bien obeso mórbido o que es una persona con sobrepeso, si se prefieren los eufemismos, es acaso gordofobia?
 
 Tendríamos que usar una coraza totalmente impermeable para protegernos de los virus respiratorios, lo que haría que, al no poder respirar, nos asfixiáramos.
 
 ¿Por qué cuando alguien muere se dice de él que ha pasado a “mejor vida”? ¿Hay, acaso, una vida post mortem mejor que la presente? ¿Hay vida antes de la muerte?
 

Dijeron que la libertad era... vacunarse. Tras la primera y segunda dosis había que recibir un tercer jeringuillazo, porque no hay dos sin tres, y jeringarse.

 

Las medidas de distanciamiento social a fin de evitar el contagio nos alejan del prójimo deshumanizándonos a los seres humanos mucho más de lo que estamos.
 
 La medicina moderna, según Iván Illich, es una negación de la salud, que no nos cura sino que nos somete, encarnada en la enfermedad nosocomial u hospitalaria.
 
Diógenes busca en pleno día a la luz de la linterna la verdad que no encuentra en la realidad, busca vanamente un hombre verdadero, solo halla falsificaciones.
 
 
 
Las luces intermitentes y multicolores del alumbrado navideño que adorna ciudades y casas que rivalizan entre sí impiden ver el firmamento en todo su esplendor.
 
Un verso de una vieja comedia de Plauto: “Ego tu sum, tu es ego” (Yo soy tú, tú eres yo) ¿Quién, como en aquella cantilena infantil, es más tonto de los dos?
 
 Machismo se dice en griego moderno “fallocratía”, falocracia, que es 'gobierno del falo', mas para ser machista el miembro viril no es requisito imprescindible.
 
Las redes sociales, en las que caemos pescados como peces que nadaban libres, nos incomunican a fin de comunicarnos, y el móvil pese a su nombre nos inmoviliza.
 
No hay 'hechos futuros': si son hechos, están realizados; si son futuros. no están, como diría un niño pequeño que está aprendiendo a hablar, 'hacidos 'todavía.

miércoles, 8 de enero de 2025

Como perro sin dueño

Diógenes, Jean-Léon Gerôme (1860)

 - 1 -

En la red de los siglos ciegos como el diamante, / antes de que arrojara Cristo sobre el planeta / su vastísima y larga sombra de luz radiante / proyectando su cruz, triste y anacoreta,

vino un día, según crónicas, ya lejano / otro hombre de carne y hueso a la luz del mundo, / en Sinope, ciudad de Asia Menor, no en vano / griega: griego será Diógenes vagabundo.

- 2 -

Como todos los hombres, una vez en su vida / siendo niño sintió que era ser hombre, triste, / su destino fatal. Pronto se abrió la herida. / Muerto el niño, es el hombre lo único ya que existe.

 De Sinope su patria fue desterrado en nombre / de unos altos principios. Poco se sabe a ciencia / cierta, pero al exilio tuve que irse el hombre. / No hay constancia de culpa suya ni de inocencia.

Sentenció él a los jueces, sin que pararan mientes, / a pudrirse en Sinope: los condenó a quedarse. / Y partió, como el héroe trágico en pos de fuentes / que saciaran su sed, aunque lloró al marcharse.

  - 3 -

Acuñó una palabra nueva como respuesta / a una vieja pregunta:  Patria? Sin duda alguna, / ciudadano del mundo. Esta será su apuesta. / ¿Nación? Cosmopolita. Quiso decir: ninguna.

- 4 -

Con el manto raído y sucio, la alforja al hombro / y el bastón, ese báculo fiel de los peregrinos / anda por infrecuentes sendas y causa asombro / en las gentes vagando solo por los caminos.

Ciudadano del mundo, sin esperanza vaga. / Toma cuanto la vida, pródiga, le regala: / el ocaso, la aurora y ese licor que embriaga / de aguardiente, y la flor, cuya fragancia inhala,

 los olivos, el mirto donde la luz derrama / sus racimos, las múltiples islas diseminadas / en el mar y la línea del horizonte. Y ama / todo cuanto a su paso sale: las ensenadas,

 la marisma, las cabras, la soledad de un barco, / los albatros, la noche densa, el laurel, el vino, / la sonrisa fugaz de una muchacha, el charco / donde el cielo se mira, limpio, junto al camino.

Desterrado y en todas partes al fin meteco, / busca el rastro invisible y huella del hombre en vano. / Se dirigen sus pasos rumbo a la luz y el eco, / hacia Atenas espléndida, ávidos de algo humano.

Lo verán a menudo con un candil en mano / por el día: buscaba hombres y no la máscara, / la verdad, no la sombra vana del ser humano. / Si algo halló, sólo fue sola la mera cáscara.

- 5 -

Mucha gente le arroja piedras desaprensivas / y lo insultan: Meteco, chucho de mal pellejo. / A pedradas las carnes le abren, heridas vivas. / Les responde ladrando, ya malherido y viejo.

Asumió él el insulto, befa vulgar e hiriente, / chucho, sí, escarnecido siempre e incomprendido, / pero perro sin dueño, libre absolutamente, / como nadie será, como ninguno ha sido.

Rico en medio de tanta, tanta pobreza, ha dado / su metáfora al mundo, imprescindible tanto / como auténtica. Ahora, se echa al sol, al lado / de un arroyo y se duerme sobre el gastado manto.

 Corazón palpitante, Diógenes rememora, / joven, a una mujer. Se le ofreció desnuda / una noche de luna llena conmovedora. / Nunca supo que viva era Afrodita muda.

 - 6 -

Ya el sabiondo Aristóteles forja sus silogismos, / herraduras de lógica pura, para Alejandro, / su discípulo. El príncipe sueña con espejismos / de batallas: las aguas rojas del Escamandro,

el fulgor de su espada regia que empuña y blande / contra el rey enemigo. Sueña combates, gloria / duradera, conquistas donde el valor se expande, / gestas propias que un día recordará la historia.

Ve que rompe el gordiano nudo que le abrirá /Asia, sierva a sus pies, como caída hoja, / toda bajo su férula. Sueña. Recorrerá / cabalgando a Bucéfalo, viento, la estepa roja.

 Le deslumbran sus sueños. Siente que es inmortal. / Pero ignora que escrita toda la historia estaba, / que sería el actor de una función trivial, / títere de tragedia que en su papel soñaba.

Una vez que Alejandro, ya amo del mundo todo, / quiso oír la palabra del peregrino griego / perro viejo, que halló sobre el inmundo lodo / dormitando desnudo bajo el ardor del fuego,

conmovido el monarca, como sin duda estaba, / bajo el sol veraniego de oro y de luz tejido, / Pídeme lo que quieras dijo, y su voz temblaba. / No me quites el sol, rey, nada más te pido.

Eso, cuentan, ladró grave la voz del perro. / Alejandro se aparta y, avergonzado, huye, / teme que las palabras, más que el agudo hierro, / lo traspasen. Y el quieto río del tiempo fluye.   

- 7 -

En la crónica léese, si hemos de darle crédito, / que compuso tratados: uno contra el Estado / y otro contra la Muerte misma en un libro inédito. / Fue su vida su única obra que se ha salvado.

No fue un hombre de letras él. Despreció la gloria. / Como contrapartida, ésta no lo ha querido / en su nómina. El perro, náufrago en la memoria, / no será sin embargo pasto jamás de olvido

 aunque nada nos haya suyo legado escrito / (si escribió fue en el viento). Otro dejó su ejemplo, / monumento erigido contra la ley, maldito, / en un libro, y quedó, como perenne templo,

como erecta columna, desvergonzadamente / alta, impúdico símbolo, mármol desde el pasado / condenado a durar siempre y eternamente, / itifálico Príapo contra el futuro alzado.

martes, 7 de enero de 2025

La Historia y la historia.

Walter Benjamin en Sobre el concepto de historia (1940), en su tercera tesis, escribe: El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir los grandes de los pequeños da cuenta de esta verdad: la historia no pierde nada de lo que alguna vez aconteció. Si esta intuición es certera, se puede decir que hay dos tipos de pasado: uno que está presente por derecho propio, que es el de los vencedores y está recogido por la Historia hegemónica y otro, ausente, pero no perdido, porque no se pierde nada, el de los vencidos.
 
Hay una Historia, con mayúscula, que es la historia oficial y académica, que es conmemorada institucionalmente porque es una de las piedras angulares sobre las que está construida la realidad que vivimos, el sistema. Es la que preside Clío con su trompeta triunfal que proclama las hazañas épicas, la que escriben, porque no hay Historia sin relato escrito, los vencedores para que conste. Hay ecos de este aforismo en Órgüel, que en su novela 1984 afirma que "quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado". Se señala así cómo el relato de la narrativa histórica  es manipulado por quienes ostentan el poder para seguir ostentándolo. 
Clío, la musa de la historia, Pierre Mignard (hacia 1689)
 
 Sin embargo, hay otra historia, con minúscula, porque la historia no es lo que sucedió en el pasado sino lo que se registró de lo sucedido, que es la de los vencidos, que al haber perdido, han quedado fuera del relato. 
 
La causa vencedora, escribió Lucano, agradó a los dioses, pero la vencida a Catón, que se rebelaba así contra la realidad impuesta, considerando superior, pese haber sido derrotada, la causa vencida. 
 
Y es de las causas perdidas o vencidas de las que venimos a hablar, resucitando o trayendo a la vida a algunos muertos, los sueños frustrados de quienes quedaron aplastados por la historia oficial, como aquellos anarquistas que atracaron un banco en Barcelona pero no se quedaron con el dinero robado, ni siquiera lo repartieron a lo Robin Hood entre los indigentes, sino que lo quemaron porque lo que pretendían no era el reparto sino la abolición, y tantos y tantos otros hombres y mujeres que quedaron orillados en las cunetas de la Historia oficial, pero que siguen de alguna manera vivos porque su fracaso sigue siendo una posibilidad. 
 
Su recuerdo demuestra que las cosas podían haber sido de otra manera y que lo que hoy existe, la realidad existente, no es una fatalidad que no pueda cambiarse. Y si el presente tiene una posibilidad latente, que viene de un pasado que no pudo ser, entonces podemos imaginar no vamos a decir un futuro, que es una palabra propia del sistema que da por hecho lo que no lo está, sino algo que no sea proyección del presente de los que ganaron sino del presente posible.
 
 
Si muere el recuerdo de esta y otras experiencias revolucionarias fracasadas, vencidas, morirán sus efectos sobre la realidad.
 
Hay que preguntarse: ¿Es posible pensar o soñar que otro mundo es posible? Sí, porque el que es imposible, el que no puede ser es precisamente este, el que es, porque ha agotado su posibilidad en la realización de su existencia. La posibilidad implica algo aún no realizado, un espacio de apertura. Pero cuando algo "es" plenamente, parece agotarse a sí mismo, cerrando cualquier otra posibilidad.
 
Si afirmamos que la realidad "es lo que es", estamos dando por sentado que no puede ser de otra manera; estamos clausurando su posibilidad de dejar de ser lo que es y su apertura a otros devenires. Nada, desde luego, anuncia que se vaya a producir un acontecimiento, puede suceder o no. La historia no avanza en línea recta según una mecánica de causas/consecuencias hacia el futuro. Si solo nos fiamos de las tradiciones recibidas (y de su documentación) que ligan el presente al pasado, convertiremos el presente en herencia, y, por tanto, en restauración del pasado de los vencedores que son la parte emergente y triunfante de ese pasado. Siguiendo estas huellas (realmente difíciles de encontrar) de lo que «quiso ser y no pudo» descubriremos un pasado que no tiene conexión con el presente pero que sí tiene la posibilidad de romper con el presente.
 
 El pasado de los vencidos, constituido por tantos actos de revuelta, de desobediencia, de sufrimiento y de injusticia, no podemos ignorarlo, nos muestra que las cosas pudieron ser de otra manera y que lo que ahora existe no es una fatalidad que no se pueda cambiar. Solo así podemos imaginar algo que sea proyección del presente posible, no del existente. Siguiendo esas huellas se descubrirá un pasado que no tiene conexión con el presente pero que sí tiene la posibilidad de hacer presente, si se responde a sus preguntas.

lunes, 6 de enero de 2025

Regalos de sus majestades inexistentes, los Reyes Magos de Oriente

La corrupción es el régimen: un titular impecable de un artículo periodístico cuya lectura resulta penosa al fin y a la postre porque el periodista, después de haber hecho el descubrimiento que revela la fórmula que ha utilizado para título, nos distrae de ese hallazgo especificando que el régimen del gobierno actual es la corrupción, ignorando que el régimen actual, independientemente del partido o coalición política que lo regente, es la manifestación concreta del Régimen general abstracto del Dinero.

Tomado de Off-Guardian

 Escribía Byung-Chul Han en su libro 'La Sociedad del Cansancio': En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. A cambio de pago, el oyente escuchará a otro atendiendo a lo que dice. Acudiremos al oyente porque, a parte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Pero no solo estaba retratando el futuro, sino el pasado, cuando tenía prestigio la figura del confesor, que escuchaba nuestra confesión y la guardaba bajo secreto, y retratando el presente con la figura del psicoanalista, el psicólogo o el psicoterapeuta, que nos escuchan y facturan por hacerlo.

Tomado de El Mundo Today

Cuanto más desciende el consumo familiar y tradicional de televisión, más pugnan las emisoras y cadenas tanto públicas como privadas por competir entre sí tratando de aumentar los índices de audiencia haciendo lo que sea a fin de conseguirlo, lo que se debe sin duda al viejo prestigio del electrodoméstico. Ya profetizó Alain Touraine: "La televisión será la base de la opinión pública". Por eso le interesa tanto al Estado -la televisión pública- como al Mercado -las cadenas privadas- configurar la opinión de la mayoría.

Escribe Gabriel Pérez-Juana en sus redes sociales: El descubrimiento de la mentira de la Realidad es la única alegría verdadera. Y esa alegría se manifiesta de muchas maneras. Se da en los abrazos, en los razonamientos desmandados, en la duda, en la contradicción, en el humor inteligente, en la ausencia de objetivos... y en definitiva, en lo que no está dicho y hecho, que es a lo que nos dedicamos la mayor parte de lo que llamamos "vida"

Vuelve a sorprendernos con una viñeta EL ROTO-OPS publicada en El Periódico Global de referencia que muestra una cara humana tatuada con logos de distintas marcas o etiquetas económicas, y la declaración de ese busto parlante que dice: "No acepto que me pongan ninguna etiqueta política". No ve que las etiquetas políticas las tiene bien impresas en su rostro. Es una declaración muy similar a la del idiota aquel que decía que él no quería saber nada de política, que se desentendía de ella, no acertando a ver que la tenía bien metida dentro. Distinguir política de economía no tiene ningún sentido, igual que Estado y Mercado, que son las dos caras de la misma moneda.

Escribe Félix de Azúa en su columna El sol crece, publicada en The objective el 4 de enero de 2025 a propósito de las celebraciones de fin de año al son de las doce campanadas y los fuegos artificiales que llenan el mundo, aludiendo a diversos personajes nacionales sin citar sus nombres propios que desde la televisión pública y la privada han celebrado las doce campanadas: "Eso en Madrid, pero en el mundo entero lo propio de la festividad es llenar el cielo de fuegos artificiales. Fíjense en el nombre, son fuegos, pero artificiales, como la madre semidesnuda, la obesa chistosa o el bufón del gobierno. Todo es artificio y la fiesta misma es otro artificio del Estado para obligarnos a ser felices y divertirnos en horario fijo". 

domingo, 5 de enero de 2025

El escudo de Arquíloco

En la táctica del hoplita o soldado griego de infantería que usaba armas pesadas, el escudo como arma defensiva que era no solo servía para proteger el propio cuerpo, sino también el flanco del compañero más cercano dentro de la falange, y por honor no debía perderse.

El poeta griego Arquíloco de Paros (siglo VII antes de JC) es también el primer desertor del que tenemos noticia en la literatura occidental. Se atreve, por primera vez, a confesar en dos dísticos elegíacos cómo escapó de una batalla arrojando su pesado escudo. Para un griego de aquella época no había nada más deshonroso que ser tachado de cobarde, lo que además estaba tipificado como delito: ἀποβεβληκέναι τὴν ἀσπίδα haber tirado el escudo. Pero Arquíloco, a pesar de eso, se muestra muy contento de haber salvado el pellejo en ese trance bélico y aún se permite bromear con desenfado, diciendo que se vaya al infierno el escudo y que ya se comprará otro igual o mejor, inaugurando una tradición que llega hasta nuestros días: 


 Porta un tracio, ufano, mi escudo, que, yo en una mata,
irreprochable arnés abandoné a mi pesar.
Pero salvé mi pellejo. ¿A mí qué me importa el escudo?
¡Púdrase! Otro que no sea peor compraré.

Estamos muy lejos del heroísmo homérico y épico. Hemos inaugurado la modernidad. El escudo de Arquíloco es el escudo que mi madre, una adusta espartana, me dio cuando partí a la guerra diciéndome lacónicamente: "Vuelve con él como un valiente o sobre él muerto o herido en combate después de demostrar tu valor". Yo arrojé el escudo, nos dice Arquíloco, en el campo de batalla, y eché a correr dándole la espalda al enemigo. La verdad es que lo solté porque pesaba mucho. Si no hubiera pesado tanto no habría sentido la necesidad imperiosa de desembarazarme de él arrojándolo a unos matorrales. 

Por eso lo tiré en medio del fragor de la batalla cuando salí corriendo para poner a salvo mi vida como un cobarde que huye del combate. Conmigo empezó el poco heroico heroísmo moderno y la deserción de las armas. 

Horacio, en la oda séptima del libro segundo, dedicada a Pompeyo, un viejo camarada del ejército republicano, con quien había sufrido la derrota de Filipos, reconoce, en la espléndida traducción en prosa de José Luis Moralejo, que él también tiró su escudo:  “A tu lado supe lo que fue Filipos, y la huida a toda prisa, la adarga malamente abandonada, cuando el valor se quebró y los que tanto amenazaban dieron con el mentón en el suelo polvoriento”. Comenta Moralejo, a propósito del relicta non bene parmula que Horacio hace suya la vivencia poco heroica de Arquíloco: “El motivo de la huida ante el enemigo abandonando el escudo o las armas parece haberse convertido en tópico literario, pues también aparece al menos en Alceo (fr. 428 Lobel-Page) y en Anacreonte (fr. 85 Gentili)”.

 
El poeta latino Quinto Horacio Flaco, como tribuno que era, probablemente no tuvo un escudo propiamente dicho, ni se podía comparar el escudo romano de un legionario (scutum) con la parmula (escudo pequeño de mimbre, que Moralejo traduce con el término cervantino “adarga”). Horacio, efectivamente, se hace eco aquí de lo que seguramente no era ya más que un tópico literario de poetas griegos que se tildaban a sí mismos de cobardes. Cualquier romano culto reconocería este guiño literario.

Actuamos cobardemente y nos enorgullecemos de ello, parecen decirnos Arquíloco y Horacio, poetas ambos, porque salvamos el pellejo en aquella ocasión, y, por lo menos, no pasamos a "mejor vida" mediante una muerte homérica y heroica más propia de Héctor o de Aquiles. Sin embargo, conservamos también un verso de Horacio bastante despreciable, por cierto, y tristemente célebre, aquél hendecasílabo alcaico: dulce et decōrum est prō patriā morī. Es por la patria grato y honor morir. Lo escribió Horacio que no murió precisamente en combate por la república, como queda dicho, porque prefirió salvar el pellejo a convertirse en un héroe de epopeya, pero glorificó así a los mártires de la patria, que darían sentido a su vida muriendo por ella, con lo que la muerte se convierte paradójicamente en lo que da sentido a la vida.
 
El desertor desconocido, Clifford Harper (1989)

En todo caso, nos hallamos ante algo más que un tópico literario y un lugar común de la literatura: es el elogio y la reivindicación de la figura del desertor. No interesa tanto adónde huye el desertor, sino de dónde y de qué huye: de la guerra. El escudo es el engaño: lo deshonroso no es desembarazarse de él y tirarlo, sino portarlo. El escudo no nos protege, no protege la paz, favorece la guerra. En su defensa se dice que es un arma, valga la redundancia, defensiva, sí, pero nos defiende para que podamos guerrear, por lo que al final es tan ofensiva como la lanza, la espada o la flecha disparada. 
 
En la novela gráfica El desertor desconocido Clifford Harper presenta nueve grabados que homenajean, frente a la figura del soldado desconocido, la no menos noble y heroica figura del desertor desconocido, aquel adolescente, soldado raso, que, aquejado de fiebre patriótica se alistó voluntario, luchó en el frente y abandonó finalmente las trincheras, por lo que se le montó un consejo de guerra y fue condenado a muerte, y murió ejecutado ante un pelotón de fusilamiento.