miércoles, 4 de febrero de 2026
¡Honor y gloria a los desertores!
domingo, 5 de enero de 2025
El escudo de Arquíloco
Por eso lo tiré en medio del fragor de la batalla cuando salí corriendo para poner a salvo mi vida como un cobarde que huye del combate. Conmigo empezó el poco heroico heroísmo moderno y la deserción de las armas.
Actuamos cobardemente y nos enorgullecemos de ello, parecen decirnos Arquíloco y Horacio, poetas ambos, porque salvamos el pellejo en aquella ocasión, y, por lo menos, no pasamos a "mejor vida" mediante una muerte homérica y heroica más propia de Héctor o de Aquiles. Sin embargo, conservamos también un verso de Horacio bastante despreciable, por cierto, y tristemente célebre, aquél hendecasílabo alcaico: dulce et decōrum est prō patriā morī. Es por la patria grato y honor morir. Lo escribió Horacio que no murió precisamente en combate por la república, como queda dicho, porque prefirió salvar el pellejo a convertirse en un héroe de epopeya, pero glorificó así a los mártires de la patria, que darían sentido a su vida muriendo por ella, con lo que la muerte se convierte paradójicamente en lo que da sentido a la vida.
En todo caso, nos hallamos ante algo más que un tópico literario y un lugar común de la literatura: es el elogio y la reivindicación de la figura del desertor. No interesa tanto adónde huye el desertor, sino de dónde y de qué huye: de la guerra. El escudo es el engaño: lo deshonroso no es desembarazarse de él y tirarlo, sino portarlo. El escudo no nos protege, no protege la paz, favorece la guerra. En su defensa se dice que es un arma, valga la redundancia, defensiva, sí, pero nos defiende para que podamos guerrear, por lo que al final es tan ofensiva como la lanza, la espada o la flecha disparada.
domingo, 30 de junio de 2024
Objeción de conciencia y deserción de las armas
miércoles, 30 de agosto de 2023
Honor y gloria al desertor desconocido
El dibujante Clifford Harper publicó en 1989 nueve grabados con el título "The unknown deserter" El desertor desconocido, y la historia de un soldado adolescente judío que se alistó voluntariamente en el ejército inglés para luchar en la Primera Guerra Mundial, la llamada Gran Guerra, fue acusado de deserción, se le formó un consejo de guerra, fue condenado a muerte, y murió fusilado al amanecer cuando todavía tenía diecisiete años.
Abraham Bevistein estaba entre el cuarto de millón de británicos aproximadamente que empuñaron las armas pese a ser menores de edad en la Primera Guerra Mundial. Lo hicieron voluntariamente, si se puede decir así cuando uno ha sido impulsado por la fiebre y la presión social del patriotismo, y por la necesidad de dar un sentido a su vida demostrando su valor. Estos soldados adolescentes eludieron la edad mínima establecida por la ley para alistarse, diciendo a sus reclutadores que tenían dieciocho años cumplidos, requisito para el que bastaba su palabra.
Abraham Bevistein, Aby para los amigos, cuya familia había emigrado a Londres desde Varsovia cuando él era pequeño, se sentía lo suficientemente británico y patriota de principio a fin como para incorporarse al ejército con la primera oleada de voluntarios en septiembre de 1914. Tenía 16 años y probablemente contaba con estar de vuelta pronto en casa, y volver como un héroe nacional. Mintió sobre su edad, y también mintió sobre su nacionalidad, ya que se reclutó como Aby Harris, con un apellido británico.
Pasó la mayor parte de 1915 metido en las trincheras en Francia y sufriendo todos los horrores de los bombardeos alemanes. Fue herido en diciembre de ese año, pero pronto se recuperó y volvió a ser declarado apto para el servicio, volviendo a las trincheras. En febrero de 1916, volvió a requerir ayuda médica malherido y conmocionado por la explosión de una granada, pero el oficial médico le ordenó volver a la línea de combate inmediatamente.
Sin embargo, Aby Bevistein desobedeció la orden recibida, se alejó de las trincheras hacia la retaguardia y se refugió en una granja francesa, donde fue sorprendido por un oficial y acusado de deserción.
“Estábamos en las trincheras y yo estaba enfermo, así que salí de allí”, le escribió a su madre a modo de explicación. “Me han metido en el calabozo y ahora estoy en un pequeño problema”.
Aby no era consciente de que ese pequeño problema iba a ser la causa de que se le formara un consejo de guerra, fuera juzgado sumariamente, condenado a muerte sin clemencia y fusilado al amanecer.
Hay quien ha dicho que Aby, que no había cumplido los dieciocho años cuando fue ejecutado, no era responsable de sus actos, dado que no era mayor de edad, por lo que el gobierno británico le aplicó un castigo, la pena de muerte, que no le correspondía ya que había sido reclutado ilegalmente, y por lo tanto ejecutado ilegalmente.
En página adjunta (Homenaje al desertor desconocido), se publican el texto y los grabados de Clifford Harper sobre Aby, el desertor "desconocido'. Sirva como tributo no al soldado desconocido muerto en el frente de combate y tantas veces homenajeado por el patriotismo, sino al desertor de todos los ejércitos en una Europa que, como en 1914 se ve hoy precipitada otra vez a la guerra de cabeza.









