martes, 25 de mayo de 2021

Apuntes a vuelapluma

De la manipulación del lenguaje en la crisis sanitaria.

Cabe destacar el cambio semántico que se ha operado en los siguientes términos:

CONFINAMIENTO/CUARENTENA: Arresto domiciliario con la consiguiente restricción de libertades formales de reunión, movimiento, asociación y expresión, las únicas libertades, por otra parte, que teníamos.

INMUNIDAD NATURAL: Según la OMS ya no existe. Sólo existe la artificial, fruto de la vacunación.

ENFERMOS ASINTOMÁTICOS: Personas sanas con una salud a prueba de bombas.

EXPERTOS: Cualquier mamarracho que sale por la televisión.

NEGACIONISTAS/TEÓRICOS DE LA CONSPIRACIÓN/CONSPIRANOICOS: Personas que se dan cuenta de la manipulación y denuncian el bulo de la pandemia.

PANDEMIA: Con anterioridad a la declaración de la actual por parte de la OMS se definía como una infección contagiosa, simultánea en diferentes países, que tenía una mortalidad significativa en relación con la proporción de población infectada. En la nueva definición, se eliminó la «mortalidad significativa», y se quedó en propagación mundial de una nueva enfermedad independientemente de su letalidad. Esto permitió que lo que era una epidemia fuera considerado una pandemia y se implementaran los protocolos correspondientes ad hoc, que es a buen seguro lo que se pretendía con el cambio de la definición.

VACUNA: Inoculación en fase experimental de no se sabe muy bien qué.


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Declaración del presidente del Gobierno de las Españas, que espera cargar de razón las palabras a fuerza de repetirlas dos y tres veces: "Quiero ser muy claro: el estado de alarma es el pasado, el estado de alarma es el pasado. Hay que mirar al futuro y el futuro se llama vacunación, vacunación y vacunación". En otro mitin había definido la libertad con la palabra vacunación repetida tres veces, como ha hecho aquí a la hora de definir el futuro. La libertad, en conclusión, es el futuro. Y tanto el futuro como la libertad son iguales a una tercera cosa en al menos tres dosis: la vacuna.

 

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Giorgio Agamben ha dejado dicho que "vivimos en un permanente estado de excepción", o, con otras palabras, que el estado de excepción se ha convertido en la regla. Se prohíbe la carnalidad en favor de la espiritualidad de lo virtual. En nombre de la salud, como de la salvación de nuestra alma de la condenación eterna que se decía en otros tiempos, se nos inculca ahora que no debemos abrazarnos, darnos la mano, besarnos, tocarnos, ni hablarnos siquiera. Sobre todo siempre que se trate de desconocidos, de elementos exteriores a nuestras burbujas familiares, porque debemos desconfiar de lo desconocido. Pretenden, quizá, así que nos acomodemos a lo malo conocido, que, como dice el refrán, vale más que lo bueno por conocer. Este puritanismo higiénico y saludable nos obliga también a llevar mascarilla, a tapar una parte de nuestro cuerpo que hasta ahora no habíamos considerado necesaria cubrir: nuestro rostro, nuestra boca. Se nos impone, incluso, el silencio: no hablemos, no razonemos: puede ser contagioso. Para alimentar nuestro afán de sociabilidad, se nos dan sustitutos: contactos virtuales, video conferencias, incremento de las redes.

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Non seruiam: Siempre me ha resultado más atractiva la figura del Diablo, el más bello de todos los ángeles, que la de Dios, por eso he preferido a Luzbel que, como Prometeo rebelde, romántico y encadenado, rechaza el servilismo y afronta el castigo que recae sobre él por haberse rebelado contra la divina providencia y sus designios, aguardando sólo la hora lejana, quizá imposible, de la liberación. Como sus satánicas majestades, los Rolling Stones, yo siento simpatía por el diablo. Y entono con Baudelaire el malditismo de las flores del mal de sus diabólicas letanías, proclamando en voz alta y desgarrada el “non seruiam” o “no seviré (a Dios)”, consigna antiautoritaria por excelencia donde las haya a la que sólo cabe oponerle una objeción, que yo le pongo: Algunos no sirven a Dios, pero sirven a la real gana de su propia personalidad, obedeciendo servilmente a ese nuevo dios que es su voluntad individual. O sea, que a veces dicen “no serviré a Dios” y dicen “sí, amo” a ese nuevo Dómine que es la sacrosanta y divinizada voluntad o, dicho más vulgarmente, nuestra real gana. Y es que el que hace lo que le sale de los cojones, como se dice vulgarmente, si se me permite la vulgaridad,  tampoco es libre, como podía parecer a primera vista, sino que es esclavo de su voluntad, esa despótica tirana. A mí lo que me gustaría es no servir a nadie, ni a Dios ni al Diablo, pero a mí mismo tampoco. El mejor amo al que podemoes servir es ninguno, se llama Nadie.   

 

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Unos versos de una canción del viejo roquero irlandés Van Morrison, el león de Belfast, nos preguntan a los oyentes y, al mismo tiempo, nos responden, por lo que la pregunta resulta finalmente retórica: “¿Dónde han ido todos los rebeldes escondiéndose tras las pantallas de sus ordenadores? ¿Dónde está el espíritu, dónde está el alma? ¿Dónde han ido todos los rebeldes?” (“Where have all the rebels gone / Hiding behind their computer screens? / Where’s the spirit, where is the soul? / Where have all the rebels gone?).



 

lunes, 24 de mayo de 2021

En menos de lo que canta un gallo

En menos de lo que canta un gallo y de lo que se reza un santiamén*, con ciento sesenta caracteres o menos, pueden decirse muchas cosas en pocas palabras. 
 
Los feligreses se persignaban e invocaban en un instante de corrido a la Santísima Trinidad en latín: In nómine Pátris et Fílii et Spíritus Sáncti, amén*.
 
No somos animales domésticos sino domesticados. Lo aceptamos resignadamente desde la cuna hasta la sepultura como algo bueno y benéfico cuando no lo es. 

Familia y escuela son las principales instituciones que se encargan de nuestra civilización y amaestramiento, pero cada vez más el Estado que la familia. 

De algún modo, los cachorros de la bestia humana perfectamente civilizada se refugian sin escapatoria de la familia en la escuela y de la escuela en la familia. 
 
 
 
 La vacunación va como un tiro en España, uno de cada tres españoles ya tiene una dosis”, dice la Ministra de Sanidad con magistral comparación: “como un tiro”.
 
La lección alfabética del maestro acabó con la espontaneidad y belleza de la expresión oral de la lengua viva: la letra con la tinta de la sangre entra.

La exclusión de la Historia Sagrada del currículo docente ha conllevado como contrapartida la consagración de la Historia Profana o historia propiamente dicha.

La aceptación de la realidad con sonrisa bobalicona culpabiliza a las personas de su propia situación y anula la capacidad que tienen de cambio de las cosas. 

Se responsabiliza al individuo de su suerte considerando al perdedor un pobre diablo y aupando al triunfador que se ha hecho a sí mismo ganando lo que tiene.

El currículum vitae es la carrera competitiva e insolidaria de corredores solitarios que inflan el globo narcisista del ego y rinden culto a la personalidad. 

El poli bueno y el malo son el mismo policía. Y no es bueno que haya policías, porque no es bueno que tenga que haberlos: lo bueno sería que no los hubiera.

Claro que, de haberlos, preferimos que cuantos menos haya mejor, y que los que haya cuanto menos policías sean, es decir cuanto menos malos, mejor que mejor.
 
 

La figura del camaleón que se adapta al medio sin dificultad está sobrevalorada, e infravalorada en contrapartida la del inadaptado que no cuadra en sociedad.
   
Inadaptación e inconformismo, que antes se veían como un síntoma de salud mental, ahora se consideran una enfermedad o, al menos, una tara psicológica.

Hay que recordar a Krishnamurti, maestro que renunció a su magisterio: No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma. 

No hay un patriotismo noble y otro vil. Todo patriotismo es deleznable per se, tanto el chovinista o jingoísta como el de patria chica de baja intensidad.

Resuena una voz femenina contra el matrimonio en la lírica popular española en aquellos versos de Gil Vicente: Dicen que me case yo: / no quiero marido, no.

Te animan a emprender y diseñar, verbos mágicos, tu proyecto vital original como forma de desarrollo personal, inflando tu ego hasta la obesidad mórbida.

Vuélcate en tu trabajo y cultiva alguna actividad creativa o recreativa en tu tiempo libre que te distinga del resto haciéndote exactamente igual a los demás.

Adherirse a una moda, partido o bandería es un acto desesperado por mor de sentirse uno realizado, esto es cosificado, adquiriendo una identidad de que carece.
 
 
¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Sánchez! ¿2050? ¿Dónde estaremos dentro de 29 años? ¿Dónde mañana mismo? ¿Dónde ahora poniendo miras en el futuro inalcanzable? 
 
No vivimos en presente sino en futuro. Ni es posible la máquina del tiempo de H. G. Wells que nos haga volver al pasado porque el ayer no ha pasado todavía.

Vivir es sobrevivir a un niño muerto, escribió Jean Genet. Nuestra existencia domesticada es mera supervivencia, muerte en vida que nos convierte en zombis. 

La aparición en las películas de hambrientos zombis depredadores que fascinan a los niños es una metáfora de nuestra muerte en vida y nuestra humana condición. 

Vivimos bajo arresto domiciliario nuestra vida privada en módulos de aislamiento de nichos y viviendas que son muriendas y en ciudades igual que cementerios. 
 

La idiocia ministerial educativa sentencia que los niños se sienten héroes llevando mascarilla, por lo que de cara al próximo curso seguirá siendo prescriptiva.


Lo llamamos ascensor porque sube pero igualmente podríamos llamarlo descensor porque baja, cuestión de perspectiva. Pero arriba es abajo y abajo es arriba. 

Los esclavos que se creen espíritus libres porque cultivan una imagen inconformista y una pose iconoclasta de escaparate resultan poco menos que patéticos. 


domingo, 23 de mayo de 2021

El beso

 

El beso, Silvio Allason (c.1910)
 
 
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... yo no sé
qué te diera por un beso.
(Gustavo Adolfo Bécquer)
 
El beso, Francesco Hayez (1859)
   
 


sábado, 22 de mayo de 2021

Maldita esperanza, maldita desesperación

    Unos versos del poema Dicen que la esperanza es felicidad (They say that hope is happiness) de lord Byron (1788-1824) me dan pie para la siguiente reflexión sobre la esperanza, que no nos proporciona la felicidad. La felicidad, en efecto, no proviene de la esperanza en el futuro, porque todas las esperanzas que hemos albergado han fracasado, o si por ventura se han logrado, han acabado desvaneciéndose con el paso del tiempo en el mero recuerdo. Pero los versos del romántico inglés van más lejos aún y denigran la felicidad de la esperanza. Toda etapa, ya sea pasada, presente o futura, es un engaño, por lo que no hay ninguna esperanza de felicidad. Copio la última estrofa compuesta de cuatro tetrámetros yámbicos, cuyo ritmo reproduzco en mi traducción, sin poder salvar la rima: Alas! it is delusion all; /   The future cheats us from afar, / Nor can we be what we recall, /   Nor dare we think on what we are: ¡Ay! Todo es desilusión; / Lejos se burla el porvenir, / ni ser podemos un recuerdo / ni osar creemos lo que somos.

 
    La esperanza, esa vieja virtud teologal, sólo sirve para prolongar la aceptación de una realidad presuntamente inexorable. Si perdiera la esperanza, podría entregarme a vivir plenamente. Son dos frases de Fidel, un amigo poeta argentino, devoto incondicional de Dostoyesqui, mi Rimbaud particular abocado a algunos excesos juveniles, extraídas de una bitácora electrónica con la que pretendía fundar un movimiento anarquista y nihilista con reminiscencias neonietzscheanas hace ya algunos años. 

    Me parecen muy acertadas sus observaciones sobre la esperanza. Es lo que sucede con la religión: la esperanza ultraterrena hace que aceptemos con islámica sumisión o cristiana resignación, que vienen a ser lo mismo, lo que nos ha tocado vivir aquí. Y aplico la reflexión a las izquierdas políticas: su esperanza de cambiar el mundo hace que acepten la realidad del mundo que esperan cambiar y que, por lo tanto, no puedan hacer ninguna transformación. 

 
    Se lo comento y me dice que es así, pero que no le gusta el concepto de “izquierda” que manejo tanto, que a él le parece trasnochado y le da un poco como vergüenza usarlo. A mí tampoco me gusta, le confieso, porque supone que es lo contrario de la derecha, y nada más lejos de eso: izquierda y derecha no son manos contrarias, sino complementarias. Además, si nos miramos en un espejo ya se sabe lo que pasa y es muy revelador: la izquierda es la derecha y la derecha la izquierda. 

    Le cito la copla de la llorada Isabel Escudero dedicada a Jesús Ibáñez, creo: “Ni izquierda ni derecha; / entre arriba y abajo / está la pelea”. Y le hace mucha gracia. 

    En esa pelea, que también se da dentro del individuo, dentro de uno mismo, entre lo consciente de arriba, las Instancias Superiores, y lo subconsciente de abajo, lo que no se sabe, no hay esperanza ni tregua que valga tampoco, porque la esperanza sólo sirve para aceptar la realidad tal y como es y, en el terreno personal, para impedirme vivir plenamente, y la pelea es a muerte. Maldita sea, pues, la esperanza. Pero en esa pelea tampoco hay desesperación. Maldita, sea, también.

viernes, 21 de mayo de 2021

Dos metáforas de la inyección

    La estatua de Jesucristo más famosa del mundo, el Cristo Redentor enclavado en el cerro Corcovado de 30 metros de envergadura con sus brazos abiertos a la ciudad de Río de Janeiro en actitud protectora, se iluminó el otro día como por arte de magia para hacerse eco de una vergonzosa campaña publicitaria de propaganda proyectando el lema VACINA SALVA en portugués y VACCINE SAVES en la lengua del Imperio, of course, para que lo entienda el mundo entero, a la mayor gloria de la industria farmacéutica,  que no pretende curar a la humanidad ni salvarla de ningún mal, sino asegurar que su mal sea crónico y perdure en el tiempo por los siglos de los siglos convirtiendo a los pacientes en clientes fidelizados. El mensaje era “la vacuna salva” y trataba de concienciar a la población de la virtud salvífica, más que milagrosa, de la vacunación contra la enfermedad del virus coronado. Se promovía así la idea de que la humanidad debe salvarse de una enfermedad mortal que ocasiona estadísticamente pocas muertes a través de un suero redentor utilizando la imagen icónica de Jesucristo que nos recibe con los brazos abiertos.

 


    Ya en enero dos trabajadores sanitarios recibieron las primeras dosis de la vacuna a los pies de la misma estatua como señal del inicio de la inoculación brasileña. Desde entonces el proceso de inyección del suero ha continuado imparable hasta la fecha y continuará si alguien o algo no le pone remedio y lo impide, que no parece que vaya a ser el caso. 

 


    Lo más sangrante de todo esto es cómo se utiliza la imagen de Cristo para adoctrinar a la población sobre las virtudes del suero, pero no sus palabras, que son lo más auténtico que nos ha quedado de él, más auténticas, desde luego, que cualquier utilización y manipulación de su imagen que pretenda representar al verbo encarnado. 

    Es más, las palabras que salieron de su boca, tal y como nos han llegado, contradicen, desde luego, el mensaje que nos transmiten las autoridades sanitarias. Es posible, además, que sean palabras propias del verbo encarnado, habida cuenta de que han sido recogidas por los cuatro evangelistas. Cito por la traducción que manejo de Nácar-Colunga: “El que halla su vida, la perderá, y el que la perdiere por amor de mí, la hallará” (Mateo 10;39), “Pues quien quiera salvar su vida, la perderá, y quien pierda la vida por mí y el Evangelio, ése la salvará” (Marcos 8; 35) "Porque quien quisiere salvar su vida, la perderá; pero quien perdiere su vida por amor de mí la salvará" (Lucas 9;24), y “El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna” (Juan, 12;25). Cuando dice que quien pierda su vida por Él la salvará, se refiere sin duda a que Él, Nuestro Señor Jesucristo, es nuestro Salvador, y a que no hay otra salvación posible, por lo que la vacuna no puede arrogarse dicha sacrílega pretensión.


    Al otro lado del charco, la Torre del Rin de Düsseldorf
(der Rheinturm), Alemania, que es el edificio más alto de la ciudad con 240 metros de altura, con su imponente aspecto de gigantesca jeringuilla a modo de símbolo fálico que amenaza penetrarnos, se diría, por salva sea la parte, también ha proyectado una leyenda luminosa recientemente haciéndose eco de la vergonzosa campaña propagandística de la Organización Mundial de la Salud donde se establecía en la lengua de Goethe la siguiente falsa ecuación matemática: IMPFEN=FREIHEIT, o, lo que es lo mismo: VACUNA=LIBERTAD. 

    Se trata de una nueva metáfora, más laica que la brasileña, desde luego, que equiparaba la inyección a la salvación, que establece que la inoculación es la libertad, lo que nos recuerda a otra metáfora de la reciente historia alemana: A la entrada del campo de exterminio de Auschwitz figuraba el oporbioso ARBEIT MACHT FREI: El trabajo libera, que viene a ser otra falsa ecuación matemática: TRABAJO=LIBERTAD.

    Las dos metáforas alemanas que estamos analizando son dos definiciones poéticas obvia- y lógicamente falsas de lo que es la libertad. La libertad, desde luego, no consiste en el trabajo ni tampoco en una inyección experimental de vaya usted a saber qué, que todavía no lo sabemos, autorizada provisionalmente deprisa corriendo y mal por razones que no están nada claras pues ni la mortalidad del síndrome es tan grande como nos han hecho creer, sino bastante modesta, ni carecemos tampoco de tratamientos curativos, que los hay y no son pocos a estas alturas, como para justificar dicho pinchazo, por lo que parece bastante descabellada la campaña desatada. 

    La vacuna no es la salvación, como dicen los brasileños, ni la libertad tampoco como preconizan los alemanes. Esas palabras no son sinónimos como quieren hacernos creer perversamente. La vacuna ni siquiera es, más modestamente, la solución de un problema sanitario, sino la auténtica enjundia de un problema creado a propósito donde no lo había.

jueves, 20 de mayo de 2021

Ideas como gallos de pelea

    Releyendo ese libro inagotable en una sola lectura que es “Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo” de don Antonio Machado, me encuentro la siguiente crítica de los maestros: “Nosotros, los maestros, somos un poco egoístas, y no siempre pensamos que la cultura sea como la vida, aquella antorcha del corredor a que se refiere Lucrecio en su verso inmortal”. Busco, por curiosidad, el hexámetro lucreciano al que alude y que yo desconocía, y lo encuentro al fin, es el número 79 del libro segundo del enorme poema didáctico De rerum natura: et quasi cursores uitai lampada trahunt. Don Agustín García Calvo lo tradujo así al castellano: cual corredores que a otros la antorcha de vida les pasan. No me sorprende tanto el genitivo arcaico uitai, en lugar de uitae, propio de Lucrecio, como la imagen del corredor que transporta la antorcha y se la pasa a otro, que lo releva, y la metáfora que contiene de que la antorcha es la vida misma, como si fuera el fuego vivo de Heraclito, el puro logos, que unas generaciones de los mortales traspasan a otras en una carrera de relevos para que no se apague nunca.

    La metáfora está tomada de las carreras con antorchas encendidas que se celebraban en Atenas. No tiene nada que ver con la costumbre moderna de la antorcha olímpica, que se estableció por vez primera en las olimpiadas de Berlín en 1936 iniciándose con el encendido de la llama en Olimpia un viaje hasta la moderna sede con cuyo fuego se prenderá el pebetero. Pero en Atenas había lampadedromías o lampadeforias, carreras de antorchas en honor de Atenea, de Hefesto, dios del fuego, y de Prometeo, el benéfico y rebelde titán que se lo robó a Zeus y se lo entregó a los hombres. En dichas competiciones los atletas portaban una antorcha que les pasaban a otros para que siguieran corriendo con ella, como muestra un jarrón ático de figuras rojas del siglo IV a. de C. que se conserva en el museo del Louvre. 

 

    Pero sigamos con Mairena: “Nosotros quisiéramos acapararla”. Se refiere a la cultura, y a la vida. “Nuestras mismas ideas nos parecen hostiles en boca ajena porque pensamos que ya no son nuestras. La verdad es que las ideas no deben ser de nadie. Además -todo hay que decirlo-, cuando profesamos nuestras ideas y las convertimos en opinión propia, ya tienen algo de prendas de uso personal, y nos disgusta que otros las usen. Otrosí: las ideas profesadas como creencias son también gallos de pelea con espolones afilados. Y no es extraño que alguna vez se vuelvan contra nosotros con los espolones más afilados todavía. En suma, debemos ser indulgentes con el pensar más o menos gallináceo de nuestro vecino”.

  Profesamos, como dice Mairena, nuestras ideas convirtiéndolas en opinión propia, como si fueran una prenda de uso personal, cuando no deberían ser propiedad privada de nadie, ya que son gallos de pelea que se revuelven “contra nosotros con los espolones más afilados todavía”.

Retrato de Antonio Machado, cuya autoría desconozco.
 

    La crítica de ese profesor apócrifo que era Mairena a los maestros consiste en que se aferran a la cultura acaparándola con egoísmo como si fuera una propiedad privada, privada de vida como un peso muerto, y no se dedican a pasársela a los demás y, no hay que decirlo, a desprenderse de paso de ella, de sus propias ideas, como la antorcha de la vida de Lucrecio. Por algo decía también en otra ocasión que los mejores discípulos de los maestros son sus contradictores, los que se atreven a llevarles la contraria, ya que todo magisterio era, “a última hora, cría de cuervos, que vengan un día a sacarnos los ojos”.

    Me parece advertir en las palabras del entrañable Mairena, no sé si estaré equivocado, algún eco de Heraclito cuando dice en un célebre fragmento que siendo la razón común a todos los mortales, la mayoría vive sin embargo aferrada a su pensamiento particular u opinión propia, a sus ideas o creencias personales que impiden el razonamiento y el denominado sentido común, que, según el célebre dicho, es el menos común de los sentidos por el afán de privacidad y de posesión, lo que se debería, creo entender, al pensar gallináceo que decía Mairena.

miércoles, 19 de mayo de 2021

El Mundo al Revés

    Si toda persona tenía teóricamente al menos derecho a la presunción de inocencia, según el artículo undécimo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, mientras no se demostrara su culpabilidad fehacientemente conforme a la ley y en un juicio público en el que se asegurasen todas las garantías necesarias a su defensa, parece que lo que se ha instalado en la práctica sin embargo es todo lo contrario: la presunción de culpabilidad, según la cual todo el mundo es culpable o sospechoso al menos hasta que no se demuestre su inocencia. 


     Llevada al terreno sanitario, la presunción de inocencia equivaldría a la presunción de salud, que supondría que uno está sano mientras no tenga síntomas visibles y palpables de enfermedad y se haga patente su malestar. Trastocada asimismo en la práctica esta presunción sanitaria, nos encontramos con que todos somos en pleno siglo XXI presuntos enfermos, una vez instalada por el Estado Terapéutico -el Ogro Filantrópico que decía el poeta Octavio Paz, que hace sufrir a sus súbditos porque los quiere bien- la presunción o sospecha de enfermedad. Todos somos ahora enfermos eventualmente asintomáticos hasta que se determine fehacientemente lo contrario mediante las correspondientes pruebas periciales llevadas a cabo por los expertos, lo que se acreditará con un documento pertinente a todos los efectos. Es el Mundo al Revés. 
 

  

Obsérvese cómo la mujer enmascarada y con pantalla facial protectora de la fotografía de arriba empuña con sus asépticos guantes el termómento como si fuera un arma de fuego, apuntando directamente a la frente del sospechoso, que se resigna a que le tomen la temperatura. 

 

martes, 18 de mayo de 2021

Querer y poder erradicar el mal, a propósito de Dios

Hay que agradecerle a Lactancio, el llamado Cicerón cristiano, que vivió a caballo entre el siglo III y el IV, que nos haya conservado un fragmento de Epicuro, incluido en su obra De ira Dei (De la ira de Dios); no está en su versión original griega sino en una traducción latina que podría deberse al propio Lactancio, pero en principio no hay por qué desconfiar de su fiabilidad. 

En dicho texto, que se halla en el capítulo XIII 20-21 de su tratado sobre la cólera divina pone en boca de Epicuro lo siguiente: deus, inquit, aut uult tollere mala et non potest, aut potest et non uult, aut neque uult neque potest, aut et uult et potest. (Dios, dice, o quiere eliminar los males y no puede, o puede y no quiere, o ni quiere ni puede, o quiere y puede).

Se trata, como salta enseguida a la vista, de un tetralema paradójico aplicado a un dilema que podríamos llamar “querer y poder”. El esquema más básico del tetralema es 1) es; 2) no es; 3) ni es ni no es; 4) es y no es.


¿A dónde nos llevará este tetralema dilemático? Comienza a funcionar la máquina del razonamiento, la razón común, analizando las cuatro posibilidades que se le abren. 

1er. paso: si uult et non potest, inbecillus est, quod in deum non cadit. Si quiere y no puede, es impotente, lo que no le cuadra a un dios. Al dar este paso estaríamos negando la omnipotencia de Dios, y afirmando su impotencia, aunque no su bondad. 

2º paso: si potest et non uult, inuidus, quod aeque alienum est a deo. Si puede y no quiere, malévolo, lo que igualmente es ajeno a la naturaleza de un dios. Al dar este paso estaríamos negando la bondad de Dios, aunque no su omnipotencia. 

3er. Paso: si neque uult neque potest, et inuidus et inbecillus est. ideo nec deus. Si ni quiere ni puede, es no sólo malvado sino también impotente. Y por lo tanto no es ni siquiera un dios. Si damos este paso, estaríamos negando que Dios sea omnipotente y bondadoso, y, afirmando, dando un paso más, que es impotente y malvado, por lo que no sería Dios. 

4º paso: si et uult et potest, quod solum deo conuenit, unde ergo sunt mala? aut cur illa non tollit? Si quiere y puede, cosa que le cuadra a un dios, ¿por qué entonces hay males? Y ¿por qué no los elimina? Si damos este paso, parece que podríamos compatibilizar omnipotencia y bondad divina, pero nos preguntamos ¿por qué no lo hace? Y la pregunta quedaría en el aire, sin respuesta.

La opinión de Lactancio sobre la existencia del mal resulta bastante trivial: según él, la cólera de Dios tendría un carácter pedagógico, digámoslo así, ya que el Señor perseguiría el objetivo de dejar a sus siervos libre albedrío para elegir la senda del bien o la del mal, y en función de esa elección premiar después, una vez celebrado el correspondiente juicio, a los buenos y castigar a los malvados. 

Pero esa imagen de un Dios justiciero, un juez implacable, no le cuadra tampoco a un dios bondadoso. 

Lo que nos interesa de Lactancio es que nos ha transmitido el tetralema epicúreo, y la argumentación que echa por tierra la bondad de Dios. En ningún momento Epicuro dice que Dios no exista, simplemente pone en duda la compatibilidad de algunos de sus atributos.

lunes, 17 de mayo de 2021

Una estampita de san Expedito

    Traigo hoy aquí una piadosa estampita de San Expedito, un mártir cristiano descatalogado, según leo por ahí, por la Iglesia Católica, que duda de su historicidad. Habría vivido a caballo entre los siglos III y IV, bajo el reinado de Diocleciano, y servido en las legiones romanas como comandante, llevando una vida disipada hasta su conversión a la fe cristiana, que le ocasionaría el castigo de la flagelación y posterior decapitación al no renegar de su fe. Viste como lo que es, un legionario romano. Enarbola en la diestra una cruz que lo caracteriza como cristiano. En ella está escrita la palabra latina HODIE (hoy, compuesta de HOC DIE, en este día). Enseguida veremos la razón. 
 
 
    Lleva la aureola de la santidad y la palma del martirio, lo que sugiere que fue ejecutado por dar testimonio de su fe cristiana. Y está pisoteando un cuervo con su pie derecho, que representa al Enemigo vencido. El cuervo es ave de mal agüero, un símbolo del mal, demoníaco, tal vez por su color negro, su ronco graznido y su necrofagia carroñera, que se contrapone a veces con la blancura de la paloma, que simboliza, como se sabe, al Espíritu Santo. Pero, además, el cuervo está graznando su onomatopeya: cras. Este monosílabo es en latín un adverbio que significa mañana, de donde procede nuestra palabra “procrastinar”, que significa, según la docta Academia, “diferir, aplazar”, es decir, dejar las cosas para el día de mañana, que está siempre pendiente de realización, y, por lo tanto y por definición, siempre futuro y nunca realizado. 
 
    Si contraponemos ahora las dos palabras hodie, que está escrita en la cruz, y cras, que grazna el cuervo, el Enemigo, está claro que ha vencido la cruz  que simboliza la conversión al cristianismo de san Expedito, que va a dar sentido a su vida muriendo en defensa de su fe recién adquirida. El premio, a cambio de su muerte, será la palma del martirio y la aureola de santidad.
 
    Viene a decirnos la estampita que no hay que dejar un asunto tan importante como la conversión para el incierto día de mañana, que no hay que diferirla, sino realizarla ya, hoy mismo, sin demora. No hay que hacer lo que decía el soneto de Lope de Vega, que no le abría la puerta al Jesús cubierto de rocío que pasaba las noches del invierno a la intemperie. Habría que escuchar la voz del Ángel que decía que le abriera la puerta ya mismo, y no la del cuervo que grazna: «Mañana le abriremos», respondía, / para lo mismo responder mañana!". 
 
Veridicus Christianus (detalle), Jan David (siglos XVI-XVII). Sobre el cuervo un diablejo.

     Nosotros, que no aspiramos ni a lo uno, el martirio, ni a lo otro, la santidad, podemos sin embargo encomendarnos a san Expedito, el santo del que renegó la Iglesia, y hacer como él en el sentido de no postergar la vida para el incierto día de mañana, haciendo un poco al revés de lo que desde pequeños nos han inculcado las instancias superiores, y de lo que el Estado y el Capital nos aconsejan a todas horas con sus planes de pensiones, seguros de vida, chequeos médicos y demás pronósticos. 
 
    Si hay algún mensaje entrañable y noble dentro del cristianismo son aquellas divinas palabras que Mateo, 6, 32 le atribuye al Verbo encarnado: En griego decían así. Mὴ οὖν μεριμνήσητε εἰς τὴν αὔριον· ἡ γὰρ αὔριον μεριμνήσει ἑαυτῆς. ἀρκετὸν τῇ ἡμέρᾳ ἡ κακία αὐτῆς. Y en latín: Nolite ergo esse solliciti in crastinum, crastinus enim dies sollicitus erit sibi ipse; sufficit diei malitia sua. (Nótese en el adjetivo “crastinus”, futuro, aplicado al “dies” el eco del graznido del cuervo). Y en nuestra lengua, derivada de aquella: No cuidéis, pues, del día de mañana; que el día de mañana cuidará de sí mismo: a cada día su mal le basta.

domingo, 16 de mayo de 2021

Confidencias de un paquidermo

    ¡Ha llegado el circo a la ciudad! ¿El mayor espectáculo del mundo? ¡Pasen y vean, señoras y señores, niños y niñas, querido público, y juzguen por sí mismos! Tigres rayados y melenudos leones atravesando aros de fuego, perritos vestidos de gitana bailando sobre las patitas traseras al son de la música, un oso peludo tocando la pandereta, una foca jugando con una pelota, caballos al galope. ¡Véanme a mí, un elefante haciendo el pino con toda su masa corporal apoyada sobre la trompa y las patas delanteras! Pasen y vean y diviértanse, pero no se crean que los animales del circo somos artistas, sino esclavos obligados a hacer cosas que la naturaleza nunca prescribió que tuviéramos que hacer.

    El otro día después de la actuación escuché una conversación entre un abuelo y un nieto que me dio mucho que pensar: "¿Por qué, le preguntó el niño al abuelo señalándome a mí, con lo grande y lo fuerte que es ese elefante, no rompe la cuerda que lo ata a la estaca?" Su abuelo le dio esta respuesta: "El elefante no se escapa porque cuando era pequeño amarraron con cadenas de hierro bien prietas una de sus patas a un árbol enorme. Entonces intentó librarse de su cadena con todas sus fuerzas. Pero no pudo. Y ahora cree que no puede librarse de ninguna atadura... Pero si quisiera, rompería la atadura en un pispás."


     Será verdad lo que dice el hombre, pero ¿a dónde iba a ir yo ahora? A mí me capturaron hace muchos años. Creo que en la India. Me encerraron en una jaula. Me metieron en un barco y luego en un camión. El viaje y el desarraigo fueron muy largos y penosos. Cuando me sacaron de la jaula estaba tan débil que casi no podía mantenerme en pie. Pero como era joven y fuerte, poco a poco fui recuperándome. Terminé creciendo en un mundo extraño, donde no me faltaba la ración de comida diaria pero sí la libertad imprescindible para poder vivir, más necesaria que el aire que respiramos y el alimento que nos nutre.

    Un día vino un hombre. Se me quedó mirando, metió un palo con un gancho metálico entre los barrotes y me pinchó con él. Me hizo daño, así que me defendí y le dí un trompazo,  y él se rió: “¡Ya te quitaré yo ese genio, maldito cabrón!”. Al día siguiente empezó lo que él llamaba mi entrenamiento: Si no le obedecía, me ataba, efectivamente, una pata delantera y una trasera con una cadena y me pegaba con el palo del pincho. Yo intentaba librarme con todas mis fueras, pero no podía. Aquel hombre era mi domador, porque se suponía que yo era un animal salvaje que debía ser domesticado. Si no me doblegaba, me amenazó, me arrancaría el marfil de los colmillos...


     A veces estoy deseando que llegue la hora de la actuación porque entonces al menos puedo salir un rato de la jaula y moverme… ¡Sin que me peguen! Delante del público y a la luz de los focos nunca me golpean porque no estaría bien visto.

    Vamos de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo. Los traslados son duros. Algunos animales mueren en los viajes. Nuestros domadores se enfadan entonces porque eso les supone perder dinero. Nosotros sólo somos para ellos dinero: su principal fuente de ingresos. Ellos también están amargados porque, como llevan esta vida errante, no pueden disfrutar de la estabilidad de un hogar. El circo tampoco es bueno para ellos. Pero ellos, al fin y al cabo, han elegido ese modo de vida, dentro de lo que cabe, mientras que nosotros no hemos tenido esa opción. 


     No se engañen, señoras y señores, niños y niñas, querido público, bajo la carpa multicolor del circo, detrás de la alegría y la magia aparente y detrás de las actuaciones de los trapecistas y malabaristas y de la risa de los payasos del mayor espectáculo del mundo no hay más que dolor y sufrimiento. No vayáis al circo, pequeños. Señoras y señores, no lleven a sus hijos al circo. Si quieren que los pequeños vean animales “salvajes”, llévenlos al zoo. Si ese espectáculo también les deprime (y sólo un circo es más deprimente que un zoo donde los animales están enjaulados), pónganles a ver documentales para que vean que hay animales en la naturaleza y para que crean en lo que ven por la televisión, que les muestra que en algún lugar del ancho mundo hay algo como lo que llaman libertad.

    A mí ya sólo me queda la esperanza de que, cuando sea un viejo paquidermo, y ya no sirva para entretener a nadie, me dejen descansar en paz. Sí, quizá podría escaparme. Tal vez podría romper la cuerda que me ata a la estaca, tiene razón ese señor, pero ¿a dónde iba a ir? La vida me ha enseñado,  mala maestra,  a aprender la lección  de la obediencia.