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lunes, 13 de abril de 2026

Mucho ruido y pocas (y vanas) nueces

    Como dijo Chesterton, en los tiempos que corren -ay, que son los nuestros porque siguen corriendo todavía, malos tiempos para la lírica- "no importa lo que digas mientras lo digas con palabras largas y cara larga". Y es que los políticos, periodistas, tertulianos, intelectuales orgánicos y demás pedantes de vario pelaje que por el mundo pululan nos apabullan con polisílabos que meten mucho ruido y que no dicen prácticamente nada que no hubiera podido decirse mejor en la lengua de Cervantes con más economía de sílabas, y sin esas caras largas que suelen poner cuando hacen declaraciones por la tele, como si estuvieran diciendo cosas de hondísimo calado y fueran el mismísimo oráculo de Delfos.

    Estas palabras largas como un día sin pan suplantan a otras más cortas: tutorización (cinco sílabas) en vez de tutoría (4 sílabas) o tutela (sólo 3);  finalización (5 sílabas) en vez de final (sólo dos sílabas) o fin (que es un monosílabo bien mono). Antes se decía que la excepción (tres sílabas) confirmaba la regla, ahora se prefiere decir la excepcionalidad (seis sílabas, el doble), porque suena más culto, quizá más trascendente, como si el tamaño de la palabra fuera realmente importante. En lugar de una palabra bisílaba y llana como bancos, prefieren la perífrasis "entidades bancarias", mucho más sonora y aparatosa.

    Y, si nos descuidamos, hasta la vieja fe monosilábica, que era una de las tres virtudes teologales, junto con la esperanza y la caridad, según el viejo catecismo, nos la cambian ahora y reconvierten en "cré-di-to", que es su cara económica,  "cre-du-li-dad" o “cre-di-bi-li-dad”, que no es lo mismo pero da igual. Los políticos y las políticas ya no nos piden en su jerga incomprensible que tengamos fe en ellos y ellas, sino que les prestemos crédito y credibilidad, lo que resulta increíble pero cierto.
    La lista podría ser interminable porque cada vez se habla peor, porque los pedantes de los que hablábamos al principio, creen que por usar estos palabros tan largos dicen cosas más finas e importantes que si emplearan los más cortos; lo único que hacen es mucho ruido, meten mucho barullo pero las nueces son pocas y vanas. Lo que se trasluce de su mal uso del lenguaje es que no tienen nada que decir más que lo consabido, que es aquello que ya está dicho y redicho, que ya se sabe y que ellos repiten hasta la náusea por si no nos hemos enterado.

    Y así son capaces de convertir una frase tan bonita y tan poética como “lo que pasa en la calle”, como decía el entrañable Mairena, en “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, o, como decimos ahora con expresión más políticamente correcta todavía y más hodierna, en “...que acontecen en la vía pública”, porque lo de “rúa” ya resulta arcaizante, rural de la España vaciada e incomprensible para las nuevas generaciones, o sea, para los jóvenes y sólo tiene dos sílabas.
    Lo malo es que esta mala costumbre puede llegar a extenderse a la gente de a pie y de abajo, y podemos acabar  hablando nosotros mismos, sin querer, la jerga político-económica y pseudopsicológica de los políticos del Estado y el Capital, tanto monta,  por la mala influencia de los medios de (in)formación de masas, y regurgitando cosas como que tenemos mucha estimación a alguien, en vez de estima o cariño, que es más bonito. ¿Acaso sería más la estimación que la estima? Desde luego que no. Simplemente, es un palabro con una sílaba innecesaria de más, que hemos remarcado con tilde y acento agudo, como para hacerla más sonora como si de una ventosidad horrísona se tratara. Y efectivamente, suena mucho, resuena en los tímpanos igual que un pedo que se tire uno en una botija vacía, como diría Ferlosio, para que retumbe.

martes, 17 de febrero de 2026

Hablemos del deporte, ese invento del gobierno

Las apologías del deporte y de la educación física se hacen hoy día desde el punto de vista subjetivo y privado de la salud y el fomento de hábitos higiénicos, tomando muchas veces como referencia clásica el tan cacareado como mal entendido lema de “mens sana in corpore sano” de Juvenal, es decir, la obsesión por el buen estado físico y psíquico que cada cual debe procurarse por su propio bien, no ya por el bien de la comunidad, como se hacía en la antigüedad, donde se creía que para preservar la paz uno debía entrenarse para la guerra: si uis pacem para bellum: si quieres la paz prepárate para la guerra, o sea mantente en forma y entrénate para defender a tu patria y compatriotas. 

Viñeta de Claude Serre contra el deporte (1938-1998)

El dicho de Juvenal no es sino parte de un hexámetro, el 356, de su sátira décima, que dice literalmente: orandum est ut sit mens sana in corpore sano, cuya traducción es: Ruega que sana la mente en cuerpo sano se tenga. Es decir, hay que suplicar a los dioses que nos concedan un alma sana en un cuerpo sano, no que tengamos nosotros que esforzarnos por conseguir ambas cosas a fuerza de instrucción y entrenamiento, y preocuparnos por la salud física y psíquica, cuya concesión no estaría en nuestras manos, sino en las de la divina providencia. 


La frase de Juvenal se ha popularizado entre nosotros sin la primera parte, que es su connotación religiosa ”orandum est ut sit”, lo que la desvirtúa. Su contexto es: "Mas para que algo supliques y ofrezcas en los santuarios / tripas y sacras salchichas de un cochinillo lechoso, / ruega que sana la mente en cuerpo sano se tenga."   Y continúa: “Pide un alma valiente, que huya del miedo a la muerte, / que considere la recta final de nuestra existencia / don natural, que pueda arrostrar cualesquiera trabajos, / no se enfade ni nada desee, y superiores / crea las penas que son y trabajos de Hércules duros / a la pasión carnal, las comidas y plumas de Sardanapalo. / Muestro aquello que tú puedes darte. Se abre sin duda / solo el camino  mediante el valor de una vida tranquila. / No tienes genio divino, si seso tenemos: nosotros / diosa te hacemos, Fortuna, y en cielo a ti te ponemos.” El origen, pues, de la cita no está ligado al fomento del deporte ni de la Educación Física, como puede comprobarse.


El término moderno deporte, según leo en “Milón de Crotona o La invención del deporte” de Jean Manuel Roubineau, procede del francés antiguo desport-disport-déport que significaba diversión, que, perdido en la lengua gala, volvió a reintroducirse a través del inglés, como sport hacia 1830 para designar las disciplinas practicadas por el sportsman: hípica, ajedrez, whist, que es un juego de naipes, billar, petanca, pesca y caza, tiro, esgrima, remo, equitación, lucha, boxeo y también gimnasia. A raíz de eso, y a lo largo de los siglos XIX y XX, bajo el efecto de la evolución de las prácticas deportivas, la palabra sport ha tomado el sentido que tiene hoy, cuyo carácter competitivo para el que lo practica y entontecedor (Mairena, Machado) para el que lo contempla, subvencionado por el Gobierno y el Estado (panem et circenses),  lo diferencia del simple juego.

 Pegatinas contra el deporte, tomadas de aquí

En castellano, según Corominas, tenemos ya la palabra deporte entendida como placer, entretenimiento hacia 1440, y mucho antes, en el siglo XIII, depuerto, derivada del verbo deportarse con el significado de divertirse, descansar, que a su vez procede del latín DEPORTARE. Pero el sentido moderno de la palabra, según el maestro Corominas, como “actividad al aire libre con objeto de hacer ejercicio físico” hay que buscarlo en el siglo XX para reintroducir el inglés sport, que no deja de ser un término de origen latino, dado que se tomó del francés, como queda dicho, equivalente de nuestro castellano viejo deporte y depuerto. 

Viñeta de Claude Serre contra el deporte (1938-1998)

Recordemos al entrañable Juan de Mairena, alter ego de don Antonio Machado, que les decía a sus alumnos que siempre había sido “enemigo de lo que hoy llamamos, con expresión tan ambiciosa como absurda, educación física”. Y añadía: “No hay que educar físicamente a nadie. Os lo dice un profesor de Gimnasia.” Y más aún: “Todo deporte... es trabajo estéril, cuando no juego estúpido. Y esto se verá más claramente cuando una ola de ñoñez y de americanismo invada a nuestra vieja Europa.” Pues bien, esa ola ha inundado ya a la vieja Europa, incluida la curtida piel de toro que es la península ibérica en que habitamos.

lunes, 25 de septiembre de 2023

"Más gimnasia y menos latín"

    Cayó en mis manos casualmente la edición del 6 de septiembre de 2019 de La Nueva España, periódico asturiano de campanario, donde leí que los docentes estaban a favor de que los alumnos recibieran más horas de Educación Física. Supongo que se refería específicamente a los docentes asturianos de esa materia, aunque se dijera en general. El Ministerio, al parecer, quería que la gimnasia -me gusta más, qué le vamos a hacer, esta añeja denominación griega  y me parece más noble que el horrísono eufemismo perifrástico de "Educación Física" que se estila ahora- tuviera mayor peso específico en los centros y sus currículos para atajar el problema del sedentarismo y la obesidad infantiles, objetivo muy loable que al decir del periodista M. G. Salas, “los profesores asturianos aplauden”.


 Viñeta de Claude Serre contra el deporte (1938-1998)

    A los que tenemos por razones de edad algo de memoria histórica esto nos trae a la memoria lo de “Más gimnasia (o más deporte, o más Educación Física, según otros) y menos latín", de aquel ministro franquista de cuyo nombre no quisiera acordarme, pero que, lo recuerdo perfectamente, se llamaba don José Solís Ruiz, apodado la Sonrisa del Régimen por la bonhomía de su aspecto bonachón. 

    La anécdota es harto conocida pero merece la pena recordarla una vez más. Era este Ministro natural de Cabra de Santo Cristo, provincia de Córdoba, y firme partidario de que en el Bachillerato español dejara de ser obligatorio el estudio del latín como había sido hasta entonces y se diera más importancia a cosas como el deporte, la gimnasia o la educación física, o como quiera que se diga. Un profesor de la Complutense le dijo entonces que si el latín servía para algo era para que por lo pronto a su señoría, oriundo de Cabra, se le llamase egabrense... y no otra cosa. 

    Aquel ministro franquista puede sonreír ya desde su tumba  porque en primer lugar, el latín acabó desapareciendo, como él quería, de la enseñanza obligatoria en el bachillerato al correr de los años con la LOGSE socialista, y, en segundo lugar, porque,  según el citado periódico, una de las 34 medidas "educativas" que el PSOE de Pedro Sánchez pondrá en marcha si repite en el Gobierno es convertir la Educación Física en materia troncal, como Matemáticas o Lengua,  lo que conllevará más horas de clase de esta asignatura en detrimento de otras, porque creo interpretar que no se trata de ampliar el horario escolar sin más y de incluir las horas destinadas a atajar el sedentarismo y obesidad infantiles entre las actividades extraescolares fuera de horario, sino que implica, según el principio de Arquimedes, que si aumentan las horas semanales asignadas a Educación Física (y no se incrementa el horario escolar, ya de por sí bastante nutrido) disminuirá el horario de otras materias. Y ya no se trata de que haya más deporte y menos horas de Latín, que ya no hay ninguna obligatoria para nuestros bachilleres, sino de que quizá haya menos Matemáticas,  o menos Lengua o menos Inglés..., lo que no deja de ser un despropósito educativo a todas luces.

 Viñeta de Claude Serre contra el deporte (1938-1998)
  
    Por otra parte, dos consideraciones: en primer lugar, el Estado subvenciona y patrocina el deporte, porque así cultiva el panem et circenses,  sobre todo el deporte rey, capaz de desatar nuestros instintos más bajos aquí y en cualquier punto del universo mundo  y de desencadenar, ya sea en el estadio, ya a través de la pantalla del televisor en el corazón de nuestro agridulce hogar o en el bar de la esquina, nuestras más rastreras, bajas y vergonzantes pasiones, que son, huelga decirlo, las patrióticas, gregarias y nacionalistas; y en segundo lugar, téngase en cuenta que el carácter competitivo que tiene el deporte para el que lo practica y entontecedor para el que lo contempla,  lo diferencia del simple juego al que se entregan libres y despreocupados los pequeños sin que nadie se lo mande. 


    Recordemos, para acabar, al entrañable Juan de Mairena, alter ego de don Antonio Machado, que les decía a sus alumnos que siempre había sido “enemigo de lo que hoy llamamos, con expresión tan ambiciosa como absurda, educación física”. Y añadía: “No hay que educar físicamente a nadie. Os lo dice un profesor de Gimnasia.” Y también: "La gimnástica como espectáculo tiene entontecido a medio mundo y pronto acabará por entontecer al otro medio". Y más aún: “Todo deporte... es trabajo estéril, cuando no juego estúpido. Y esto se verá más claramente cuando una ola de ñoñez y de americanismo invada a nuestra vieja Europa.” Pues bien, esa ola ha inundado ya a la vieja Europa, incluida la curtida piel de toro que es España y sus diecisiete españitas que son las autonomías o reinos democráticos de taifas. 

jueves, 20 de mayo de 2021

Ideas como gallos de pelea

    Releyendo ese libro inagotable en una sola lectura que es “Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo” de don Antonio Machado, me encuentro la siguiente crítica de los maestros: “Nosotros, los maestros, somos un poco egoístas, y no siempre pensamos que la cultura sea como la vida, aquella antorcha del corredor a que se refiere Lucrecio en su verso inmortal”. Busco, por curiosidad, el hexámetro lucreciano al que alude y que yo desconocía, y lo encuentro al fin, es el número 79 del libro segundo del enorme poema didáctico De rerum natura: et quasi cursores uitai lampada trahunt. Don Agustín García Calvo lo tradujo así al castellano: cual corredores que a otros la antorcha de vida les pasan. No me sorprende tanto el genitivo arcaico uitai, en lugar de uitae, propio de Lucrecio, como la imagen del corredor que transporta la antorcha y se la pasa a otro, que lo releva, y la metáfora que contiene de que la antorcha es la vida misma, como si fuera el fuego vivo de Heraclito, el puro logos, que unas generaciones de los mortales traspasan a otras en una carrera de relevos para que no se apague nunca.

    La metáfora está tomada de las carreras con antorchas encendidas que se celebraban en Atenas. No tiene nada que ver con la costumbre moderna de la antorcha olímpica, que se estableció por vez primera en las olimpiadas de Berlín en 1936 iniciándose con el encendido de la llama en Olimpia un viaje hasta la moderna sede con cuyo fuego se prenderá el pebetero. Pero en Atenas había lampadedromías o lampadeforias, carreras de antorchas en honor de Atenea, de Hefesto, dios del fuego, y de Prometeo, el benéfico y rebelde titán que se lo robó a Zeus y se lo entregó a los hombres. En dichas competiciones los atletas portaban una antorcha que les pasaban a otros para que siguieran corriendo con ella, como muestra un jarrón ático de figuras rojas del siglo IV a. de C. que se conserva en el museo del Louvre. 

 

    Pero sigamos con Mairena: “Nosotros quisiéramos acapararla”. Se refiere a la cultura, y a la vida. “Nuestras mismas ideas nos parecen hostiles en boca ajena porque pensamos que ya no son nuestras. La verdad es que las ideas no deben ser de nadie. Además -todo hay que decirlo-, cuando profesamos nuestras ideas y las convertimos en opinión propia, ya tienen algo de prendas de uso personal, y nos disgusta que otros las usen. Otrosí: las ideas profesadas como creencias son también gallos de pelea con espolones afilados. Y no es extraño que alguna vez se vuelvan contra nosotros con los espolones más afilados todavía. En suma, debemos ser indulgentes con el pensar más o menos gallináceo de nuestro vecino”.

  Profesamos, como dice Mairena, nuestras ideas convirtiéndolas en opinión propia, como si fueran una prenda de uso personal, cuando no deberían ser propiedad privada de nadie, ya que son gallos de pelea que se revuelven “contra nosotros con los espolones más afilados todavía”.

Retrato de Antonio Machado, cuya autoría desconozco.
 

    La crítica de ese profesor apócrifo que era Mairena a los maestros consiste en que se aferran a la cultura acaparándola con egoísmo como si fuera una propiedad privada, privada de vida como un peso muerto, y no se dedican a pasársela a los demás y, no hay que decirlo, a desprenderse de paso de ella, de sus propias ideas, como la antorcha de la vida de Lucrecio. Por algo decía también en otra ocasión que los mejores discípulos de los maestros son sus contradictores, los que se atreven a llevarles la contraria, ya que todo magisterio era, “a última hora, cría de cuervos, que vengan un día a sacarnos los ojos”.

    Me parece advertir en las palabras del entrañable Mairena, no sé si estaré equivocado, algún eco de Heraclito cuando dice en un célebre fragmento que siendo la razón común a todos los mortales, la mayoría vive sin embargo aferrada a su pensamiento particular u opinión propia, a sus ideas o creencias personales que impiden el razonamiento y el denominado sentido común, que, según el célebre dicho, es el menos común de los sentidos por el afán de privacidad y de posesión, lo que se debería, creo entender, al pensar gallináceo que decía Mairena.