sábado, 27 de diciembre de 2025

Comunicado núm. 2: Contratiempo, contrarreloj (remitido por ¡ALTO!)

El ataque contra el tiempo que propugnamos desde ¡ALTO! se materializa en primera instancia contra el reloj. Una de las primeras lecciones que le enseña la escuela al niño es la de aprender a decir la hora que es y a someterse al mismo tiempo al horario escolar previo al laboral. 

Como reconoció Albert Einstein en su libro Relativity: The Special and the General Theory (1916), el tiempo es lo que mide un reloj (“Time is what a clock measures”, en la lengua del Imperio). La realidad es que cada reloj registra su propia hora, por lo que la hora no es la misma que la que da otro, al no estar en el mismo entorno ni haber una exacta sincronización. 
 
Estamos en contra de todo tipo de relojes o artilugios que computen el tiempo, pero nos oponemos principalmente a los llamados despertadores. Los hay antiguos con un sistema tosco y brutal de alarma. Y los hay mucho más sofisticados con música o noticias de actualidad, pero tanto unos como otros tienen la misma finalidad fatal: despertarnos bruscamente, al toque militar de diana, de nuestro sueño para obligarnos a comenzar “nuestras labores”, la jornada. Creemos que es un derecho humano fundamental el que nada ni nadie perturbe nuestro descanso: No queremos que nos despierten, queremos despertar.
 
Nuestra postura ante los cambios de hora que decreta porque no puede dejar de hacerlo el Consejo de Ministros y Ministras del Reyno, es de oposición frontal. El presidente del gobierno del Ruedo Ibérico ha propuesto al parecer oficialmente a la Unión Europea eliminar los cambios de hora estacionales a partir de 2026, argumentando que ya no tienen sentido, porque no ahorran energía y perjudican la salud basándose en encuestas ciudadanas y estudios científicos. Nosotros, por nuestra parte, no solo nos oponemos al cambio de hora, sino que también nos oponemos a qué se mantenga la actual, porque no es que no tenga sentido cambiar la hora dos veces al año, que no lo tiene, es que tampoco tiene ningún sentido mantenerla, siendo real como es y falsa por lo tanto.
  
Recordemos una fecha de finales del siglo decimonónico: el 15 de febrero del año del Señor de 1894. Era un día como otro cualquiera, uno de tantos en Londres. Entonces no había una Red Informática Universal como ahora, pero se acababa de inventar algo importante para el futuro de las naciones y el progreso tecnológico: un gran reloj que dividía la Tierra en distintos husos horarios y estandarizaba el control del ser humano sobre algo tan intangible y abstracto como es el tiempo (entiéndase esto del control humano en su doble sentido: el hombre controla el tiempo y el tiempo controla al hombre): El GMT "Greenwich Mean Time" se refería al tiempo solar medio en el Real Observatorio de Greenwich. Fijaba un horario universal para toda la esfera terrestre con sus correspondientes meridianos.
 
Por primera vez en la historia, el control del tiempo se volvía preciso, lógico y matemático, y, sobre todo, mortal de necesidad porque iba a reducir la vida a tiempo, es decir, a dinero, que es lo que cuenta y es lo que menos vale, por eso el joven francés de 26 años Martial Bourdin hizo detonar una bomba ese mismo día en el punto cero del meridiano, pensando tal vez que con su desesperada acción acabaría con la tiranía cronológica que iba a asentar un orden temporal en la Tierra, quedando los seres humanos atados para siempre a las manecillas de los relojes desde aquel día hasta el presente. 
 
Royal Observatory Greenwich, postal c. 1902
 
El propio Martial, que reconoció pertenecer al grupo anarquista Autonomie, falleció poco después de que el explosivo perforara su estómago y reventara sus piernas. No consiguió lo que pretendía. El atentado sirvió, por cierto, de inspiración para Joseph Conrad y su novela El agente secreto, en la que el protagonista Adolf Verloc encarna a Bourdin, quien es instigado por los rusos para destruir el Real Observatorio. Al igual que Bourdin, Verloc no logra su objetivo. 
 
Nosotros nos proponemos llevar a cabo la acción de Bourdin no haciendo explotar una bomba sino prescindiendo del cronómetro en nuestra vida cotidiana en la confianza de que dicha acción no va a hacer que perdamos la vida, sino todo lo contrario, que la recuperemos.
 
Mucho antes que él, que no fue el único ni el primero en darse cuenta de que el verdadero fundamento y sustento de la sociedad capitalista dedicada a explotar recursos naturales y humanos era algo tan simple y obvio como las manecillas de un reloj, como narra Walter Benjamin en sus Tesis de filosofía de la historia, en julio del año del Señor de 1830 se produjo la Revolución de las Barricadas en Francia: Cuando llegó el anochecer del primer día de lucha, ocurrió que en varios sitios de París, independiente- y simultáneamente, se disparó sobre los relojes de las torres.
 
 Pero el acto de los revolucionarios franceses y de Bourdin no es más que parte de un conjunto de acciones simbólicas por las que se intentó desbaratar el orden temporal –y económico: Time is Money y Money is Time- que impuso el capital a los seres humanos y que con la industrialización empezó a alcanzar su máximo apogeo, cuando como escribe John Zerzan en El malestar en el Tiempo (2008): El reloj descendió de la catedral, a los juzgados y tribunales, junto al banco y la estación de tren, y finalmente a la muñeca y el bolsillo de cada ciudadano decente. El tiempo debía volverse más "democrático" para colonizar verdaderamente la subjetividad.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Variety show (5)

La OTAN y España, el títere NATO. El secretario general de la OTAN / NATO -en la que un partido político de cuyo nombre no me quiero acordar que decía que "De entrada no" nos metió cuando llegó al poder hasta las trancas, con lo que ahora  "De salida, ni hablar"- nos advierte, metiéndonos el miedo en el cuerpo y en el alma, de que un misil ruso solo tardaría cinco minutos más en llegar a España que a Lituania, por lo que no estamos fuera de peligro. Mientras tanto, una coalición beligerante de veintiséis Estados acuerda enviar 'tropas de paz' (valiente oximoro) por tierra, mar o aire a Ucrania si se alcanza un alto el fuego o un acuerdo de paz, es decir, de guerra camuflada. Y, mientras tanto, a rearmarse tocan por si acaso.

Ruhestand über alles. Alemania quiere que los jubilados vuelvan a trabajar y que estén amarrados al duro banco de la galera turquesca del trabajo asalariado hasta los setenta años, y no como ahora, que se jubilan a los sesenta y seis. Nada de eso: cuatro años más. Y es que los países del viejo continente como la locomotora europea carecen de mano de obra suficiente y ya no admiten o no quieren admitir más inmigrantes. El gobierno alemán cree haber encontrado la solución haciendo que los jubiletas vuelvan a su puesto de trabajo hasta los setenta años a cambio de estar exentos de pagar impuestos. Mantener a los viejos en el mercado laboral es una prioridad para el gobierno teutón, que tampoco quiere pagar pensiones cuando el número de ancianos que cobran su retiro y “bien merecido descanso”, una cuarta parte de la población, es cada vez mayor.

Música callejera: Un músico callejero macedonio convierte unas botellas rellenas de agua en improvisados instrumentos musicales con los que nos deleita ofreciéndonos su versión del conocidísimo preludio del primer acto de la ópera Carmen de Georges Bizet. 

Huevos camperos. ¿Cómo es posible que los huevos etiquetados como “camperos” o “ecológicos”, más caros ordinariamente que los que no tienen ese marchamo, no hayan bajado su precio equiparándose a los otros, dado que ya no cumplen la condición de proceder de gallinas criadas al aire libre, pues estas se encuentran confinadas, por orden del gobierno? Desde el encierro gallináceo decretado en noviembre pasado para las aves de corral so pretexto de contener la gripe aviar, cuando vamos a comprar una docena de huevos estamos pagando un sobreprecio por huevos de gallinas que ahora no cumplen esas condiciones, dado que los huevos camperos han dejado de serlo, encerradas como están en todo el territorio nacional la mayoría -si no todas- de las gallinas ponedoras. Actualmente una docena de huevos de suelo -es decir puestos por gallinas criadas en grandes naves donde se mueven libremente por el suelo pero sin posibilidad de salir a campo abierto- cuesta 3,25 euros y los camperos salen por 4,13 euros, mientras que los puestos por gallinas de jaula son los más baratos del mercado-. La normativa europea permite mantener el etiquetado original, aun cuando hayan cambiado las condiciones objetivas, por lo que el que los compra está recibiendo una información falsa y mentirosa y pagando de más.

Calentamiento global. Las gélidas temperaturas que estamos sufriendo a comienzos del invierno en algunos puntos del hemisferio norte, como en este rincón del noroeste de la península ibérica sin ir más lejos, no contradicen el dogma pseudocientífico del calentamiento planetario debido al el cambio climatológico producido por la acción humana, sino que lo fortalecen, aunque parezca un contrasentido. Si hiciera unas temperaturas extremadamente altas, dirían los defensores de la susodicha pseudociencia, que ahí tenemos la evidencia científica del calentamiento planetario. Si hace, como aquí ahora un frío que pela, también tienen razón, porque el susodicho calentamiento puede producir lo mismo calores tórridos en el verano que fríos glaciales y friísimos en el invierno. 
  
Izquierda y derecha (y viceversa).  La llamada izquierda y su extremidad, la extrema izquierda, también se aliaron, como la llamada derecha y su extremidad, la extrema derecha, durante la pandemia con el discurso hegemónico que apoyaba a las corporaciones, a las élites financieras y a las políticas más privativas de libertad, poniendo de relieve que ya no había una dicotomía política clara entre la derecha y la izquierda, que eran las dos manos del mismo ogro filántropo y profiláctico, y que solo había arriba y abajo.

jueves, 25 de diciembre de 2025

El cono de Demócrito

    Plutarco nos ha trasmitido en su tratado De communibus notitiis aduersus Stoicos, 39, la paradoja del cono debida a Demócrito de Abdera, el filósofo sonriente contrapuesto tradicionalmente a Heraclito el llorón. Escribe Plutarco que Demócrito planteó científicamente y con acierto (φυσικῶς καὶ ἐπιτυχῶς) el siguiente dilema: si un cono es seccionado en un plano paralelo a la base, ¿cómo habremos de concebir las superficies de los segmentos, iguales o desiguales? (εἰ κῶνος τέμνοιτο παρὰ τὴν βάσιν ἐπιπέδῳ, τί χρὴ διανοεῖσθαι τὰς τῶν τμημάτων ἐπιφανείας, ἴσας ἢ ἀνίσους γιγνομένας). 
 
    No hace falta pensar en figuras geométricas abstractas. Podemos recurrir para el experimento que nos propone Demócrito a imaginar el cucurucho de un helado, o un cono vial de seguridad de esos que ponen en las carreteras, o una simple zanahoria. Imaginemos que hacemos paralelamente a la base un corte limpio, lo más limpio posible, sin adherencias de ninguna clase. Y ahora hagámonos la pregunta: ¿las superficies de los segmentos que hemos cortado y que sostenemos una en cada mano son iguales o son desiguales?
 
    Con esta pregunta aparentemente ingenua nos mete Demócrito en un dilema que no tiene, si es el caso, fácil solución. Pues si son desiguales, harán el cono irregular -anómalo, dice literalmente Plutarco-, al recibir muchas muescas escalonadas y una contextura rugosa; ἄνισοι μὲν γὰρ οὖσαι τὸν κῶνον ἀνώμαλον παρέξουσι, πολλὰς ἀποχαράξεις λαμβάνοντα βαθμοειδεῖς; pero si son iguales, los segmentos serán iguales y el cono adquirirá manifiestamente las propiedades de un cilindro, al estar compuesto de círculos iguales y no desiguales, lo cual es de todo punto absurdo (ἴσων δ᾽ οὐσῶν, ἴσα τμήματα ἔσται καὶ φανεῖται τὸ τοῦ κυλίνδρου πεπονθὼς ὁ κῶνος, ἐξ ἴσων συγκείμενος καὶ οὐκ ἀνίσων κύκλων, ὅπερ ἐστὶν ἀτοπώτατον).
 
    Para Demócrito, el problema del cono expuesto en este pasaje planteaba una verdadera aporía, un callejón sin salida, imposible de solucionar en los términos de su concepción atomista de la realidad, que, al postular unidades mínimas e indivisibles de extensión espacial, como eran los átomos, excluye la divisibilidad infinita de la materia y el concepto abstracto de límite incorpóreo. 
  
     Pero he aquí que Crisipo intentando resolver la aporía de Demócrito afirmará que las superficies no son ni iguales ni desiguales, mientras que los cuerpos son desiguales debido a que las superficies no son ni iguales ni desiguales. Incurre Crisipo en una contradicción flagrante, contraviniendo uno de los principios fundamentales de la lógica clásica que establece que entre dos proposiciones contradictorias como son una afirmación y su negación no se da una tercera posibilidad (tertium non datur): una debe ser necesariamente verdadera y la otra falsa, sin posibilidad de una tercera opción intermedia. Este principio lógico se conoce como el Principio del Tercero Excluido y, junto a los principios de identidad y no contradicción, rige el pensamiento lógico tradicional, implicando que "o es A, o no es A".
 
    Pero he aquí que algunos intérpretes modernos consideran, analizando la solución de Crisipo, que parece que propone una tercera alternativa que para ellos es un atisbo revolucionario de la física antigua de las magnitudes infinitesimales. En el ejemplo del cono que nos ocupa, el concepto de una superficie que no es igual ni desigual a la superficie contigua traduciría el concepto matemático moderno de ‘mayor o igual’, utilizado en el cálculo infinitesimal, ya que la diferencia de magnitud entre tales segmentos, aunque existente, tendería a cero en la superficie de contacto. 

     En este sentido la clave para la correcta interpretación de este pasaje reside en no perder de vista que, para un estoico como Crisipo, al que Plutarco califica de necio, las superficies, así como otros conceptos geométricos como la línea, el punto o el límite, son incorpóreos. Por eso, de cada uno de los segmentos del cono, en cuanto entidades discretas, es posible decir que son desiguales, mientras que de las superficies que, en la línea de contacto, constituyen el límite incorpóreo de cada uno de los segmentos, sólo puede decirse que carecen de existencia física real y, en este caso concreto, no son ni iguales ni desiguales. En virtud de la primera condición, el cono mantiene las propiedades específicas de esta figura geométrica y no se convierte en un cilindro: en virtud de la segunda, el cono evita la aparición de muescas a lo largo de su superficie y no se convierte en un zigurat.
 
    El problema que plantea el cono de Demócrito lo 'resolvería' la matemática moderna con el cálculo infinitesimal y la teoría del paso al límite. Y es que Demócrito de Abdera distinguía bien los dos problemas de la infinita divisibilidad de las cosas: desde un punto de vista matemático abstracto cualquier ser es infinitamente divisible en partes, pero desde un punto de vista físico hay un límite material de la divisibilidad y tal límite se llama precisamente átomo, que como se sabe significa 'indivisible'. 
 
    Entraba así Crisipo sin pretenderlo en la prehistoria del cálculo infinitesimal, siendo esta paradoja una de las primeras tentativas a la hora de afrontar el concepto de infinitésimo. La solución moderna a la aporía la ha dado, según la Ciencia, varios siglos después el cálculo integral: Las secciones son efectivamente diferentes, pero su diferencia de radio tiende a cero a medida que disminuye la distancia entre los planos, garantizando la continuidad de la superficie sin recurrir a «escalones» macroscópicos. 
 
Demócrito y Heraclito, Rubens (1603)

    ¿Qué diría Demócrito de la solución moderna? Demócrito diría, sonriendo como era característico en él, con una sonrisa irónica en este caso, que la solución moderna funciona, pero eso no implica que sea verdadera. El paso al límite afirma un valor que nunca se alcanza a partir de una serie sin fin de aproximaciones finitas, implica llegar a algo suprimiendo precisamente la llegada, cosa que no puede ser.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

¡Otra Nochebuena!

¡Corre, que viene la Nochebuena y, después, si Dios no lo remedia, la Navidad, que vuelve, que no te pille! Ya está, programada como está, instalada en casi todos los supermercados y hogares. Año tras año. Como siempre. Siempre la misma historia, la misma historia de siempre. Vienen anunciándola y anticipándola desde hace un par de meses por lo menos. Ya está aquí: derroche a pesar de la crisis de “lucecitas de colores, / que iluminan la ciudad, / rojas, verdes, amarillas: / ya llegó la Navidad”, escaparates despampanantes y rebosantes de artículos que son sucedáneos de la verdadera felicidad, que no existe, décimos de lotería para todos, comidas de empresa con los compañeros de trabajo y comilonas y reencuentros con la inevitable institución familiar de los seres queridos, muchedumbres masificadas que inundan los lugares de la compraventa, padres embaucando a sus tiernas criaturas, que escriben a Papá Noel y a los Reyes Magos y les piden el oro que cagó el moro… 
 No contéis con el menda, que no va a cumplir como Dios manda con lo que está mandado. A mí no me pilláis un año más. No estaría nada mal que también vosotros hicierais lo propio y os dejarais arrastrar por la desgana o la desidia y dejarais de obedecer el consabido programa de festejos reglamentarios, cenas y demás cotillones y jolgorios. 
 
¡Que lo celebren ellos, los grandes almacenes, los ayuntamientos, las empresas, los políticos y los banqueros, la familia real que os felicita las fiestas por estas fechas con el consabido discurso del monarca de Borbón y Babia y el papa de Roma y demás pontífices pederastas, los periódicos y la televisión, y el puto Papá Noel, Santa Claus o como quiera que se llame el engendro con gorro frigio de la Cocacola! 

 Que lo celebren los que obligan a los niños que nazcan a recitar el credo que toque. Y que no se hable mucho de aquel otro niño, cuyo nacimiento o natividad dicen celebrar, que ése decía algunas cosas que podrían considerarse subversivas todavía, cono no juzguéis y no seréis juzgados... Ya se encargarán las Iglesias de domesticar su mensaje para hacerlo respetuoso con la Sagrada Familia, con la fe y demás zarandajas. Que lo celebren, como dijo él, los que no saben lo que hacen, los que predican en medio del turrón,  cava o sidra achampanada la paz y el amor y se dedican a hacer la guerra y se consagran al becerro de oro del dinero. 
 
¿Y vamos a ser nosotros también de la misma Familia del Género Tonto, con las caras que se nos están poniendo de tanto obedecer? Lo voy a poner más claro: que lo celebren los que estén muy satisfechos consigo mismos, con la vida que llevan y han llevado ellos, sus padres y sus hijos, con la marcha del mundo y lo bonito que lo están dejando, con la ciencia y la educación y el progreso y la democracia y demás monsergas engañabobos… 
 
 
Si vosotros sois de ésos, pues nada: a celebrar el éxito y el triunfo de un año más en el calendario laboral -ya está preparado el del año que viene. Si no, si sois de los otros, ya nos encontraremos por ahí y nos reiremos un poco de estas fechas tan señaladas, y de nosotros mismos, que es bueno reírse de lo idiota que es uno mismo. Y no las celebraremos, que no pasa nada por no celebrarlas; sale hasta más barato en salud, en dinero y en amor, y por dejar de comprar las miserias que el dinero nos vende poniendo cara de tontos babeantes ante la pantalla televisual del ordenador, y por dejar de dar cuerda a la máquina del engaño. Hay que ser idiota para ser feliz en medio de este tinglado. Hay que ser idiota para ser feliz en Navidades. Festejemos, más bien, la no-navidad, o la navidad en la que nació el Niño Negativo, el Niño No, que es el verdadero nombre del Niño Jesús que todos llevamos dentro.
 
Sacamos por aquí hace unos días las Cien buenas razones para suicidarse ya de Roland Topor, -a las que podríamos añadir una más, la de huir de las navidades-, que incluían al final una docena de propuestas para escapar precisamente de las entrañables fiestas navideñas, cuyas ventajas e inconvenientes analizaba Topor concienzudamente deseándonos paradójicamente al final una feliz navidad si lográbamos huir de las navidades que todos nos deseamos que sean lo menos infelices, cosa harto difícil, que se pueda. 

(In)felices fiestas navideñas

No es que se lo desee a nadie, nada más lejos de mi intención. Yo lo que deseo es todo lo contrario: no sólo unas felices fiestas, como suelen desear amigos y enemigos por estas fechas, incluidos bancos y hasta el gobierno, sino que todos los días sean de algún modo una fiesta, y que todos sean felices, encontrando la dicha no en las grandes cosas ni en esas palabras que se escriben con mayúscula, sino en los nombres comunes, en las pequeñas cosas ordinarias de la vida cotidiana que parecen insignificantes.

Sin embargo, las cosas, querámoslo o no, suelen ser así: estas entrañables fiestas navideñas suelen ser bastante deprimentes y vomitivas, y no sólo por los excesos gastronómicos, sino también por los empalagos sentimentales, haciéndonos bastante infelices al común de los mortales, hundiéndonos más en la desgracia de la miseria, precisamente por la estúpida obligación reinante de ser o aparentar felicidad.

martes, 23 de diciembre de 2025

Espíritu (pre)navideño

    Da grima ver cómo se nos hace la boca agua con el dichoso espíritu de la navidad y cómo antes del renacimiento del Sol Invicto, o sea del solsticio del invierno, que es lo que hay,  ya estamos tocando las campanas alborozados porque llega el Adviento, la llegada de lo mismo de siempre por estas fechas, y nos ponemos a adornar la casa como locos con espumillón psicotrópico y lucecitas de colores paranoicas, y montamos el Belén  y el árbol de Navidad y toda la hostia, y metemos a Santa Klaus, a Papá Noel,  a los Reyes Magos, a los renos, a los pajes y a los camellos y a todo Cristo viviente en la festividad más idiota que hay, con la correspondiente celebración hogareña –hogar, dulce y agrio hogar- que culmina en la Última Cena del año que al final siempre resulta indigesta, pesada, resacosa: de cenas como esa están las tumbas llenas.
  

      Ya se sabe, lo sabemos todos pero no queremos reconocerlo. Las navidades se pueden pasar bien si uno consigue librarse, cosa harto difícil, por la influencia del medioambiente,  del dichoso esprit de Noël o, todo lo contrario,  en familia, que es como suele pasarlas la mayor parte de la gente por estas fechas. Y es que no hay nada más apestoso y patriarcal que la Sagrada Familia congregada en torno a la televisión supuestamente smart o inteligente, esa moderna chimenea que no falta en ninguna casa, por donde entran los regalitos nativideños de la publicidad de la sociedad de consumo, maldita sea. 
 
 
    ¿Qué coño adviento esperan? ¿El adviento de qué? ¿De quién? Adviento quería decir en latín llegada, venida, o, dicho a lo culto, adv(enim)iento. ¡De lo mismo de siempre por estas fechas, por favor, del empalagoso espíritu navideño que ojalá se nos atragantara entre tanto polvorón, mazapán y tanta ignorancia y fe ciega como tenemos! En realidad las viejas solteronas que somos todos en el fondo estamos esperando la llegada del Mesías en forma de príncipe azul que nos salve de la vida  tan anodina que llevamos, por eso esperamos la vida eterna, la verdad y la vida, como dice la sagrada doctrina. Pues la verdad es esa y la vida está en otra parte. 
 
    ¿Qué estamos celebrando? ¿Somos idiotas o qué? ¿No nos damos cuenta de que lo único que nace y renace por estas fiestas no es ningún niño –dicen que una vez nació uno, pero fue condenado a muerte y murió en la cruz  y no resucitó de entre los muertos jamás de los jamases- es el espíritu comercial más hipócrita que existe, almibarado con un sentimiento pseudorreligioso y de nostalgia de la infancia anterior al-qué-quieres-ser-tú-cuando-seas-mayor que sólo sirve para justificar el hecho de que las cosas sean como son y la realidad falsa como es?  Lo que nace y renace no sólo por estas fechas, sino todos los días del año, es Herr Kapital, o sea Su Majestad Don Dinero. Y eso y no otra cosa, parece mentira, es el sol que celebramos. 
 
    ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo? ¿No nos damos cuenta de lo ridículos e infelices que somos cantando “Feliz Navidad” al son de la zambomba  flatulenta de vientre pedorro y de lo patéticos que resultamos en ese trance? ¡Si tuviéramos un poco de sentido del ridículo y el más mínimo decoro…! Algunos llegan incluso a regoldar que van, ciegos como están y con los ojos vendados –pero no hay más ciegos que los que no quieren ver-, “camino de la Luz”, que vuelan hacia el nacimiento del Sol, y demás gilipolleces, en medio de villancicos altavoceados en el Centro Comercial, que nos desea a sus clientes con recochineo unas felices navidades. 
 
    Pero oigamos algo que puede alegrarnos un poco el corazón en medio de la murria prenavideña, por ejemplo estas sinfonía para cuatro instrumentos principales del compositor y violinista barroco italiano prácticamente desconocido Giuseppe Antonio Brescianello (c. 1690-1758). 
 

lunes, 22 de diciembre de 2025

La bomba metafísica

Juan José Millás sacaba el otro día en El Diario Global(ista), alias El País, -que (dicho sea entre paréntesis) raras veces publica cosas interesantes-, una columna titulada 'Detonación metafisica', asombrándose de que cuando el sacerdote católico consagra en la eucaristía la hostia u oblea de pan ácimo y el vino, aquella se convierta en el cuerpo de Cristo y este en su sangre.


Tengo para mí que cuando alguien dice coloquialmente en castellano "(esto) es la hostia" para referirse a algo extraordinario, increíble o muy sorprendente, se refiere sin ningún género de duda a la transubstanciación eucarística, 'una operación ontológica de primer orden, un cambio radical de sustancia', como escribe Millás. Es algo que, dado que no es una metáfora ni un símbolo, sino un milagro, atenta contra el dicho popular de que a las cosas hay que llamarlas por su nombre: al pan, pan; y al vino, vino. Da igual que el pan sea ácimo no. Si es pan, es pan y así hay que llamarlo porque si el pan deja de ser pan y el vino deja de ser vino para ser otra cosa, eso, efectivamente, es la Hostia.
 
Se pregunta irónicamente Millás: ¿Cómo es posible que no haya ambulancias en la puerta ni cardiólogos de guardia para atender a los celebrantes y al público? No se explica el columnista cómo el sacerdote que oficia el misterio se lo cree y cómo la señora de la primera fila, que habrá asistido a muchas eucaristías a lo largo de su beata vida, bosteza en medio del santo ritual, y el niño que está al lado se aburre. Pero, razona Millás, la Iglesia ha resuelto este asunto hace siglos con una pedagogía eficaz: creer sin sentir. 
 
  
Algo más habría que decir a tal propósito: el éxito de esta detonación metafísica es el credo quia absurdum: el lo creo porque es absurdo, según la máxima atribuida a Tertuliano para expresar que la fe en los misterios cristianos (como este de la eucaristía o la resurrección de Cristo) es una aceptación de lo que la razón humana considera irracional o imposible, y precisamente por eso es un acto de fe, que trasciende la lógica. Y habría que añadir: credo quia absurdissimum: cuanto más absurdo es más lo creo. 
 
La institución de la eucaristía, según escribe Pablo en 1 Corintios 11, la recibió él personalmente del Señor -es decir, tuvo una visión, ya que él no estuvo presente en dicho ágape. Él era un perseguidor de cristianos que, más tarde, cuando se cayó del caballo rumbo a Damasco, recibió la revelación de Jesús y se convirtió en uno de aquellos a los que perseguía, en el creador, de hecho, del cristianismo: fue quien transmitió el relato a la Iglesia, ya que él, aunque fue un apóstol, no era uno de los doce originales del grupo de Jerusalén presentes en la Última Cena. 
 
La Última Cena, Leonardo da Vinci ( 1495-1498)
 
El relato es suficientemente conocido: “el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced lo mismo en conmemoración mía”. Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que bebáis, hace lo mismo en conmemoración mía...” El Apóstol estaba transmitiendo una visión que tuvo. Intenta así acercar el cristianismo a los paganos, entre los cuales había ritos de comunión con la divinidad, una divinidad que muere y luego resucita, mediante la ingestión de algo que simboliza a esa divinidad, como escribíamos en Nada del otro jueves
 
Los adeptos de Dioniso ingerían carne de cabrito que simboliza al dios, y entre los misterios de Atis se ingería una mezcla de pan y líquido... Como escribe Antonio Piñero en Ciudadano Jesús, Respuestas a casi todas las preguntas  (2012), esta concepción paulina tuvo éxito porque respondía “a las demandas espirituales de un amplio número de personas en la notable minoría dentro del Imperio romano que buscaba ansiosamente la salvación”. Y el cristianismo, que es obra de Pablo más que de Cristo, que, como se ha dicho muchas veces no era propiamente cristiano, sino judío, transforma al Mesías del pueblo judío en un salvador universal, que el lo que significa propiamente 'católico', ofreciendo a los paganos lo que más deseaban, una esperanza desesperada de salvación.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Variety show (4)

Irrupción del invierno en el hemisferio norte: Entramos, a partir de hoy, en el invierno, que hará su entrada estelar con nieve y descenso de temperaturas. La Agencia Estatal de Meteorología informa a sus usuarios de que, debido al cambio climatológico, pueden descender considerablemente las temperaturas y comenzará por lo tanto a hacer más frío de lo habitual, puede llover e incluso puede hasta llegar a nevar en cotas bajas. Permanezcan atentos a sus pantallas y a la información meteorológica. Tengan en cuenta nuestros avisos de meteoalertas y los riesgos, bajos, medios o altos, para su delicadísima salud. Les ofrecemos en nuestro servicio de atención a la ciudadanía nuestro plan estratégico de meteosalud y medioambiente...

 Invierno, primer movimiento (Vivaldi), Luka Sulic.

 Anestesia. Una generación anestesiada con psicofármacos, antidepresivos, ansiolíticos o hipnóticos y con internet, que sustituye el mundo real por el virtual. El desencadenante catalizador fue, no nos cansaremos de repetirlo, el confinamiento pandémico. A raíz de él se ha medicalizado el malestar: un suspenso, la pareja que nos ha dejado, cualquier cosa, por nimia e insignificante que sea, que nos ha pasado alguna vez a todos, nos produce intolerable frustración. Mientras tanto, se normalizan cánceres, ictus y muertes repentinas en la flor de la edad, a la vez que se considera grave el catarro o la gripe estacional de todos los años.

 

El discurso del lobo travestido de cordero: ¡Cuidado, que viene el lobo! Elegid bien entre el lobo o yo, que soy quien os protege de él. Los corderos responden al unísono: "¡Elegimos el lobo, porque el lobo con el que nos amenazas no engaña a nadie disfrazándose de cordero como haces tú! ¡Tú y el lobo sois lo mismo!" (A menudo algunos gobiernos se justifican a sí mismos diciendo que, mientras gobiernan ellos, no gobiernan los otros, que son manifiestamente peores y mucho más indeseables, y que, en todo caso, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, lo que es palmariamente falso, porque siempre valdrá más lo bueno, conocido o no, que lo malo, pero esto último lo callan).

Condones chinos. El gobierno chino, preocupado como está por el descenso de la natalidad, que considera una crisis abierta, ha decidido cerrarla a partir de las calendas de enero del año que viene encareciendo el precio de los condones y demás métodos anticonceptivos, que estaban desde hace más de treinta años exentos de impuestos, y que costarán considerablemente más caros, por lo que los chinos que quieran joder  evitando embarazos no deseados porque no quieren traer más chinitos al mundo deberán gastarse la pasta, y si no se la gastan y se ponen a la jodienda, corren el riesgo que quiere el gobierno que corran, trayendo a la tierra más almas para el cielo, como se decía antaño.


La Santísima Trinidad: El opio del pueblo actual es la Ciencia, la nueva religión adobada con la Inteligencia Artificial, que es lo más tonto que hay, servida, cómo no, por la Red Informática Universal, y su aplicación práctica, la Tecnología. De alguna manera forman una Santísima Trinidad: la Ciencia es el Padre, la Tecnología el Hijo y la IA el Espíritu Santo: tres personas distintas y un solo Dios verdadero.

sábado, 20 de diciembre de 2025

¿Hombres de poca fe?

Escribe Giorgio Agamben en su página habitual una interesante reflexión Creer y no creer a propósito de una profecía de Ivan Illich que en 1973 escribía que en muy poco tiempo -y ya ha pasado desde entonces medio siglo y algunos años más- la población iba a perder la confianza en las instituciones dominantes haciéndose evidente su carácter ilusorio, lo que daría paso a una nueva era tras el “colapso general del modo de producción industrial”. 
 
Lo que dice Agamben a propósito de eso es que ciertamente el modo de producción industrial y el poder que lo acompaña han perdido toda respetabilidad y credibilidad, como pronosticó Illich, entre la gente, pero el sistema, pese a eso, se mantiene y no se ha visto afectado. Los hombres de poca fe -Agamben recoge el término griego evangélico 'oligopistos'- han perdido la poca que albergaban, pero no por eso se ha derrumbado el sistema, basado como está en la apistía -neologismo de factura helénica para la incredulidad o falta de fe que no recoge todavía el diccionario de la docta Academia española de la lengua. 
  
Y escribe Agamben recordando a Marx: “El dinero funciona no porque se crea en él, sino precisamente porque es la forma misma de la falta de fe (como Marx había intuido, precisamente esta ausencia de fe constituye el carácter teológico de la mercancía: no se puede tener fe en lo que se puede vender y comprar). Sustituyendo a la Iglesia, los bancos administran sabia e irresponsablemente la falta de fe que define nuestro mundo, son los levitas y los sacerdotes de la nueva irreligión de la humanidad”
 
El sistema es un enemigo difícil de combatir porque cree en su propia incredulidad. Al final de su escrito Agamben alude a Stavrogin, un personaje de la novela Los Demonios de Dostoyesqui, que “si cree, no cree que cree, y si no cree, no cree que no cree”, es decir, que no está seguro de lo que cree ni tampoco de lo que no cree. 
 
Creer que no se cree, concluye Agamben, es la peor de las mentiras en la que "quien la profiere no puede sino quedar preso. Y es esta mentira —y no, como sugería Illich, el hecho de que los hombres ya no crean en él— la que llevará al sistema a la ruina". 

viernes, 19 de diciembre de 2025

Eslóganes contrapublicitarios

El eslogan (fórmula breve y original, utilizada a menudo en publicidad, propaganda política, etc.) es el lenguaje que se utiliza para la creación y cohesión de una masa en la que converjan miles de individuos personales. Cuando se agrupa un número tan elevado de seres humanos, es necesario que encuentre su cohesión en unos pocos puntos fijos, sencillos y generalmente compartidos. Inevitablemente, en medio de un número tan elevado de «mentes pensantes», cada una con sus ideas y convicciones particulares, cada cual con su opinión propia personal a cuestas, con matices muy diversos, hay que encontrar puntos de contacto reduciendo el pensamiento a la mínima expresión esencial, a una pequeña forma u horma, hasta encontrar conceptos en los que todos estén de acuerdo. 
 

 Estos conceptos serán, por tanto, una especie de «mínimo común denominador» del pensamiento y consistirán en breves proclamas generalistas, tan desprovistas de matices que a veces resultan totalmente vacías: desde «Make America Great Again”, hasta «¡Arriba España!», desde  «no a Europa» a «más Europa», pasando por «menos impuestos» o «más Estado», o «por una política honesta», o incluso «contra los populismos». Se trata siempre de conceptos tan banales y simplistas que ya no tienen ninguna sustancia. Suelen contener un nombre propio, un logo o símbolo que identifica y diferencia legalmente a unas marcas de otras, otorgando a su titular el derecho exclusivo de uso y protección. El registro de la marca protege la 'propiedad intelectual' y fortalece la identidad de la marca en el mercado, ya sea América, España o Europa como en los ejemplos susodichos, o ya sean otras marcas comerciales. 
 
  
Pero representan la única expresión posible de la masa, porque en el momento en que se empezara a especificar, profundizar, argumentar, la cohesión de la multitud se vería puesta a prueba. 
 
Estos conceptos esqueléticos y vacíos son precisamente los eslóganes  y la verdadera esencia de estas consignas ya se expresa de manera reveladora en la raíz etimológica del término: «Entre los celtas de las Highlands escocesas, el ejército de los muertos se designa con una palabra particular: sluagh, que se traduce como multitud de espíritus. El ejército de los muertos vuela de aquí para allá en grandes nubes, como los estorninos sobre la faz de la tierra. […] La palabra ghairm significa grito, alarido, y sluagh-ghairm era el grito de guerra de los muertos. Más tarde se derivó de ella la palabra slogan: la denominación del grito de guerra de las masas modernas proviene del ejército de los muertos de las Highlands» (Elias Canetti, en Masa y poder). De este significado etimológico deriva el metafórico de “palabra o frase distintiva usada por un grupo político u otro, atestiguado en la lengua inglesa, de donde ha pasado a todas las demás, desde 1704 como slughon.  
 
  
La acepción de Elias Canetti de una masa de muertos, habiendo renunciado a su individualidad, a su pensamiento y a su capacidad de articular conceptos, sugiere la masa moderna de contribuyentes y votantes que se expresa mediante un grito de guerra seco, cortante y vacío, que adquiere fuerza no por su valor intrínseco, sino únicamente por su número. Algunos ejemplos famosos son en la lengua del Imperio: "Just do it" (Simplemente hazlo),  "I'm lovin' it" (Me encanta esto), "Think different" (Piensa diferente), "Gives you wiiings" (Te da aaalas)... 
 
 
  
Los eslóganes son frases cortas, pegadizas y memorables que resumen la esencia, valores o beneficios de una marca, producto o causa, funcionando como "gritos de guerra" publicitarios para captar la atención y crear una asociación duradera en la mente del público. Su objetivo es comunicar rápidamente un mensaje clave, diferenciarse de la competencia y fomentar la fidelidad del cliente, siendo fundamentales en el márquetin para dejar una impresión duradera. A veces pueden volverse contra el emisor, como hace la contrapublicidad, que no siempre utiliza necesariamente palabras, sino a veces solo los símbolos, como en este ejemplo, tomado del diario satírico El Mundo Today,  que sustituye la rosa que surge de un puño por un falo erecto masturbado para denunciar los escándalos sexuales que han surgido en el seno del partido político nacional del gobierno. 
  

jueves, 18 de diciembre de 2025

¿Supergripe?

    Esto de 'supergripe'(superflu, abreviación de superinfluenza, en la lengua del Imperio) es un terminacho coloquial y periodístico, una serpiente de verano al final del otoño y comienzo del invierno, carente de significado científico o médico, que, por lo tanto, no se utiliza académicamente porque no tiene una definición sólida y coherente. Su denominación técnica, sin embargo, no es menos alarmante que digamos por lo incomprensible de su abstrusa jerga que la hace más temible si cabe todavía: influenza H3N2, provocada por un virus del tipo A, subclado K. ¿Por qué casi todo el mundo se refiere a la gripe incipiente que este año ha llegado antes de tiempo con ese término no poco irónico y hasta sarcástico? ¿Es tan grave como para llamarla así o es una manipulación descaradamente política? ¿Qué es lo que tiene de 'super', de por encima de lo normal, si tiene algo por ventura?
  Analicémoslo con un poco de rigor: ¿Los síntomas de esta supergripe que nos amenaza son diferentes de los de cualquier otra? ¿Son más graves de lo normal? No lo son, como certifican los que ya la han pasado: fiebre, tos, mocos y algunos otros síntomas añadidos como dolor corporal, vómitos o diarrea. ¿Es más contagiosa? ¿Es mortal? ¿Se ha muerto alguien de ella? Parece que no. Si bien las admisiones hospitalarias han aumentado drásticamente debido a la llegada temprana de la temporada gripal, actualmente no hay evidencia de que la variante de este año sea más mortal o transmisible. Esta gripe no presenta síntomas inusuales ni inusualmente graves. 
La Gripe "U", F. Ibáñez (2010) 

    Parece que no hay nada que haga a esta gripe acreedora del prefijo “super” más que la enorme cobertura informativa mediática que se le da y que se centra en el peligro potencial para los servicios de urgencias hospitalarias y el colapso sanitario que nos lleva al borde del abismo o al abismo del borde. Pero los hospitales abarrotados son algo típico por estas fechas, habida cuenta de las vacaciones de los médicos y sanitarios. Parece, recapitulando, que no es una gripe inusual, que los hospitales no están especialmente sobrecargados y que hasta ahora no hay hacinamiento preocupante. 
 
 En resumidas cuentas: la supergripe tiene síntomas comunes, de gravedad regular, no es más contagiosa que otras gripes ni especialmente mortal. Esta es la evidencia científica del sentido común que debemos escuchar. 
 
    Y, sin embargo, nos enfrentamos a esta situación extraña, en la que las noticias en general hacen que nos entre el miedo, mientras que los detalles se esfuerzan por resaltar el hecho de que, hasta el momento, no hay nada en absoluto que temer. Pero sin embargo insisten, erre que erre, en las mascarillas innecesarias, comúnmente llamadas 'bozales' porque eso es lo que son, y en la vacunación, que no tiene ningún sentido porque, basada como está en la variante del año pasado, no coincide al cien por cien (sic) con la epidemia -no es pandemia de Dios todavía- que este año ha venido, nadie sabe cómo ha sido y a todos ha sorprendido. Aun así, es la mejor herramienta disponible, aseguran, porque aunque puede que no evite el contagio reduce, dicen, de forma significativa las complicaciones graves y los ingresos hospitalarios que no sabemos si se hubieran producido de no haberse uno vacunado.
 
'Vacunación civil (a distancia)' (José Mota), un vídeo humorístico de hace cuatro años.
 
    ¿No nos suena todo esto un poco demasiado a déjà vu y a déjà entendu? ¿Por qué será?