viernes, 14 de marzo de 2025

Cinco años después...

    El Estado de alarma se declaró en las sufridas diecisiete Españas el 14 de marzo del año del Señor de 2020. Reflexionaba a propósito el otro día El Periódico Global(ista), portavoz del Gobierno, alias El País, en su artículo editorial sobre los cinco años que han transcurrido ya desde “el estallido de la covid-19” utilizando una significativa metáfora bélica -el 'estallido'- más propia de la guerra que del bombazo periodístico.
 
    Comenzaba diciendo: "Es necesario reflexionar sobre las secuelas que aún persisten de aquella catástrofe y sobre lo que se ha hecho para que no se repita". Reflexionemos, pues.
 
    La pandemia ha sido “una de las tragedias colectivas más traumáticas que haya vivido España desde la Guerra Civil”. Ahí queda esa frase grandilocuente para la Historia oficial y las nuevas generaciones. No se hace ninguna autocrítica a la labor de terrorismo periodístico consistente en sembrar el miedo para que cunda el pánico llevada a cabo por los medios de formación de masas. 
 
 
    Dice el editorialista: “Impresiona también tomar conciencia de la rapidez con la que hemos pasado página de un acontecimiento que paralizó la economía y ha causado más de siete millones de muertes en el mundo, 120.000 en España, según los registros oficiales”. Ya hemos comentado que estas cifras no son ciertas, y que, aunque lo fueran, no son significativas ni justifican que se tomaran las medidas draconianas que se tomaron y que, en lugar de aminorar la gravedad de la situación, la exacerbaron. 
 
    Continúa diciendo el periódico progresista que “A pesar de las medidas extraordinarias de aislamiento social, que provocaron un verdadero trauma colectivo, el número de fallecidos diarios fue subiendo dramáticamente hasta alcanzar el pico de 950 el día 2 de abril”. Dice el periódico “a pesar de las medidas extraordinarias”, y cabe preguntarse si no fue,justamente, gracias a ellas. 
 
    Se preocupa El Periódico Global(ista) por las secuelas de la crisis que hay que atender. Y entre ellas, destaca, cómo no: La covid persistente, “un cuadro complejo que no recibe la atención adecuada. Un estudio internacional estimó unos dos millones de casos en España. Los afectados se sienten abandonados”. Resulta que son más las víctimas de la persistencia de la covid, la práctica totalidad inmunizados, que las víctimas mortales de la enfermedad, lo cual no es poco elocuente y significativo. 
 

     Ya hemos dicho que no hay ninguna autocrítica, pero tampoco ninguna crítica de la función de personajes como Anthony Fauci o Ursula von der Leyen, por citar solo dos nombres propios, ni del papelón ominoso de la OMS, de la que se deshace en elogios destacando “la importancia de tener una autoridad como la OMS que permita compartir conocimiento fiable y coordinar la respuesta internacional, especialmente con respecto a los países más vulnerables y con menos recursos, los virus no conocen fronteras”. 
 
    Estamos mucho peor, dice El Periódico Global(ista) porque EE.UU. ha abandonado la OMS, seguido de Italia y Argentina, al revés que España que le ha endosado sesenta millones de euros de nuestros impuestos para colocar allí a la médica y madre (¡que-la-parió!) de la ministra sanitaria, siendo ese organismo el responsable máximo de que la epidemia se convirtiera en pandemia al cambiar el significado de esta última palabra y eliminar el factor de 'letalidad' asociado a ella. Se lamenta por que “la desinformación y el negacionismo tienen ahora instrumentos más poderosos de difusión”, con lo que está implícitamente defendiendo la política de los gobiernos de pretender imponer la censura para silenciar las voces críticas y disidentes. 
 
    Lo que resulta más emotivo es cuando dicen que “el aniversario de la catástrofe sanitaria debe servir para recordar que Europa sigue siendo un refugio de racionalidad, eficacia en la respuesta y solidaridad. Siendo conscientes de todo lo que hay que mejorar, debemos hacer todo lo posible por preservarlo”. ¿Europa, supongo que se refiere a la Unión Europea, que no es lo mismo, es un refugio de racionalidad, eficacia en la respuesta y solidaridad? No me lo creo.
 

jueves, 13 de marzo de 2025

Pena de Muerte y Pena de Vida

    La fórmula que empleaba Agustín García Calvo cuando definía al Estado como 'administrador de muerte' -“no hay verdadero Estado que sin alguna forma de Pena de Muerte sobre sus súbditos pueda sostenerse”, en ¿Qué es el Estado? (1977)- parece que no puede defenderse en la actualidad en España, ni en aquellos Estados que como el nuestro no contemplan en su ordenamiento jurídico la pena capital. 
 
    Cuando se publicó el librillo en 1977, aún estaba vigente en España la pena de muerte. Dos años antes, en 1975, se habían producido las últimas ejecuciones en las que fueron fusilados tres miembros del FRAP y dos de ETA, y un año antes habían sido ejecutados a garrote vil Salvador Puig Antich y Heinz Chez en Barcelona. Podía muy bien decirse que el Estado español en aquel entonces no ocultaba su más negra entraña justiciera. 

    La pena capital quedaría abolida de hecho en la constitución de 1978, aunque se mantenía todavía para los casos que la legislación militar estableciera en tiempo de guerra por traición, rebelión militar, espionaje, sabotaje o crímenes de guerra. En 1995 sería finalmente suprimida de la legislación militar española con el acuerdo de todos los partidos políticos.  
 
    Hay que agradecer, desde luego, el hecho de que el Estado español haya abolido de su ordenamiento jurídico la pena capital que es el Crimen de Estado, pero ese gesto bondadoso de renuncia a su poder de decretar la muerte no significa que haya dejado de administrar la vida, que viene a ser lo mismo que la muerte, de sus súbditos, ya que el Estado nos impone, sin decretarla expresamente ni reconocerla como tal, la Pena de Vida, es decir, una vida penosa que apenas merece ese nombre, caracterizada por la pérdida de libertad habilitando para los casos extremos cárceles y manicomios u hospitales psiquiátricos.  La vida, sin libertad, así lo sentimos todos, no merece la pena de vivirse ni de llamarse vida tan siquiera. 
 
    Muestra, sin embargo, así el Estado su cara más amable y benigna haciendo gala de su bondad cuando decide no ejecutar legalmente ni privar de libertad indefinidamente a ninguno de sus súbditos. En España, en efecto, no existe la cadena perpetua en sentido literal, porque sería contraria a los principios en los que se basa el sistema penal que se nos impone y justifica procurando la reinserción del preso en la sociedad, de ahí que una condena vitalicia no sea compatible con la constitución española que dice que las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social. 
    Sin embargo,  se recoge en la legislación vigente desde el año 2015 la llamada Prisión Permanente Revisable, que está destinada a castigar los delitos de mayor gravedad, que impide a los sentenciados optar a una revisión de su condena hasta que no hayan pasado al menos 25 años entre rejas, siempre que haya pronóstico de reinserción. El Estado tiene el poder de privar de libertad a sus súbditos previo juicio y condena, erigiéndose de alguna manera en un dios justiciero que envía a los pecadores al purgatorio hasta que hayan pagado su pena. Esa privación de libertad que el Estado lleva a cabo sirve también sobre todo para que quienes estamos fuera de la cárcel y del manicomio u hospital psiquiátrico creamos, por contraposición, que somos libres y cuerdos por eso mismo, y que la libertad consiste simplemente en no estar encarcelado. 
 
  Recordemos además que la carta magna otorga poderes excepcionales a las autoridades civiles o militares de España para poder afrontar situaciones extraordinarias y graves, pudiendo decretar estados de alarma, excepción y sitio, que son los tres regímenes excepcionales contemplados. No olvidemos los recientes arrestos domiciliarios o confinamientos bajo cuarentenas y toques de queda, vivos en nuestra memoria más reciente. 
 

   El Estado administra la muerte de sus súbditos, podemos decir, con García Calvo, de un modo mucho más general, reduciendo su vida a Proyecto y a Futuro -las mayúsculas son del autor- “es decir, a Muerte (puesto que se llama Tiempo a la Muerte de la vida, y el Tiempo es esencialmente Futuro, que es el lugar de la Muerte, temida y esperada”. El Estado se funda en la organización o muerte de la posible vida que pudiera haber vivido un pueblo indefinido y no numerable en número de almas y no sometido a ningún régimen político.

    La 'bondad' del Estado, que renuncia a ejecutar legalmente y a condenar a cadena perpetua a sus súbditos o a tratarlos de locos, no significa que no tenga ese poder. De hecho, está privándonos de libertad, de cordura y de vida de otras formas a todos y cada uno: llamando “libertad”, como hace el actual gobierno progresista español, a los últimos cincuenta años desde la muerte del dictador, y al hecho de no estar circunstancialmente encarcelado o recluido, y llamando “vida” al mero hecho de no estar muerto. 

 

     El que haya sido abolida la pena capital no significa que el Estado haya dejado de administrar la muerte -necropolítica, lo llaman algunos pedantes con término culterano- de sus ciudadanos, lo mismo que la abolición de la esclavitud no implica que haya dejado de haber esclavos, que son ahora los trabajadores asalariados, que, aunque no estén encadenados, no dejan de ser esclavos inalámbricos.

miércoles, 12 de marzo de 2025

De la gerencia de los recursos humanos

Un tratado tan antiguo de ganadería y agricultura, escrito hace más de dos mil años por Marco Terencio Varrón como es De las cosas del campo (De re rustica), nos ofrece, parece mentira, modernísimos consejos de lo que se ha dado en llamar con flagrante anglicismo H(uman) R(esources) management, es decir, tratamiento o más propiamente manejo del personal laboral para la optimización de los recursos humanos, según la moderna neolengua babélica.

El capítulo XVII del libro primero, en efecto, está dedicado al trato que se debe dispensar a los esclavos y trabajadores "libres". Ya sé que la esclavitud ha sido abolida de la faz de la tierra, pero no su moderna epifanía, que es el trabajo asalariado, por lo que los consejos de un antiguo terrateniente romano siguen siendo válidos, mutatis mutandis, y de  plena actualidad y vigencia para un moderno empresario o emprendedor, dicho sea con término más insidioso, por aquello de que "hoy es siempre todavía".


1º.- ...Deben procurarse operarios que puedan soportar el trabajo, que no sean menores de 22 años y que estén predispuestos a la agricultura. Puede hacerse esa conjetura tras los encargos de otras cosas y, sobre eso, con la investigación entre los que son nuevos de qué habían hecho para el dueño anterior. Se trata de obtener referencias anteriores, bien directas o indirectas para la contratación de los trabajadores a través de entrevistas personales, evaluaciones psicológicas, análisis de currículos...

2º.- Conviene que quienes estén al mando estén imbuidos en letras y alguna cultura humanística, tengan buena conducta, mayores en edad que los operarios mencionados; pues obedecen sus órdenes más fácilmente que las de los que son más jóvenes. Además, conviene sobre todo que quien mande sea conocedor de las cosas del campo, pues no sólo debe mandar sino también trabajar, es decir, predicar con el ejemplo, para que el subordinado lo imite en el trabajo y para que advierta que está al frente de él con razón porque lo supera en conocimiento

Se expresan aquí las cualidades que deben tener los líderes o mánagers -resulta significativa la etimología del palabro, que remonta al italiano 'maneggiare' y a nuestro 'manejar', con el significado de 'controlar un caballo'-, jefes y subjefes o jefecillos: experiencia, cierto barniz de cultura humanística y literaria, ejemplaridad, superioridad moral y técnica, etc.
 

3º.- Y no hay que permitirles que manden de forma que obliguen más con latigazos que con palabras,  si así se puede conseguir el mismo resultado. Hay que hacer que los administradores estén mejor dispuestos con incentivos y procurar que tengan algunos bienes y compañeras esclavas como esposas de las que tengan hijos; pues con ello se los hace más seguros y más ligados a la finca. 

Se fomenta aquí el refuerzo positivo y lo que hoy se da en llamar el “salario emocional”, buscando la implicación del trabajador en la empresa y su fidelización (sic, por el palabro). Como sugiere Varrón con un juego de palabras en latín,  no hay que ser autoritario (uerberibus es el nombre del látigo), sino persuasivo (uerbis, con referencia a las palabras). El trato humanitario que se predica aquí hacia los esclavos será el defendido por la Iglesia, que históricamente no cuestionó la esclavitud, sino sólo los malos tratos dispensados a los esclavos, abogando por la mejora de las condiciones laborales, y, por lo tanto, por la pervivencia y supervivencia de es lacra de la humanidad que es la esclavitud, porque eso hará a la larga que perdure la servidumbre y que vaya adquiriendo nuevas modalidades, desde el modo de producción esclavista, pasando por el feudal, hasta el actual capitalista, en la terminología de Karl Marx.

4º.- Hay que atraer la voluntad de los administradores concediendo alguna distinción, y asimismo, en cuanto a los trabajadores que han de estar sobre otros, hay que tratar también con ellos sobre los trabajos que hay que hacer porque, si así se hace, piensan que son menos infravalorados y que son tenidos en cierta consideración por el propietario. Se los hace más aplicados en el trabajo con un trato más liberal ya sea con más generosidad en la comida o en el vestido, con la remisión de trabajos o con alguna concesión (...), y con otras medidas del mismo tipo, para que compensando a los que se ordenó o advirtió de algo con dureza, se les restituya la voluntad y bienquerencia hacia su dueño.

 
El propietario, empresario o emprendedor debe procurar que sus subordinados y empleados se impliquen emocionalmente con él y se identifiquen con la empresa. Algunos incentivos de los que habla Varrón (generosidad en la comida o el vestido) están lógicamente fuera de lugar y desfasados hoy, pero no la remisión de trabajos o las primas de productividad, o el "salario emocional" que consiste en considerarlos indispensables para el buen funcionamiento de la empresa, logrando que los "explotados" ni siquiera se consideren tales a sí mismos. Si no sienten la explotación que padecen, la soportarán más fácilmente porque no son conscientes de que existe. En definitiva, ay, nada nuevo bajo el sol.

martes, 11 de marzo de 2025

La verdad es la verdad (se diga donde se diga)

    El Presidente de la Junta de Castilla y León, una de las diecisiete Españitas o reinos de taifas autonómicos de esta curtida piel de toro, ha anunciado la dimisión de la hasta el 7 de marzo pasado Directora General de Salud Pública de la Comunidad Autónoma que él regenta, tras sus declaraciones en un programa televisivo autonómico en las que señalaba que la pandemia de Covid-19 "no fue de gran gravedad". 
 
     El Presidente ha pedido disculpas por estas afirmaciones que algunos se apresuraron a calificar de negacionistas en seguida. Creo que sus declaraciones han sido un error grave. Y lo primero que tengo que hacer es pedir disculpas a toda la población en nombre del Gobierno de Castilla y León, dijo el presidente en aras de la corrección política. 
 
    La dimitida Directora General aseguró en un programa de televisión que la pandemia por la covid-19 "no fue de gran gravedad", ya que aunque al principio afectó también a la población joven, "rápidamente el virus evolucionó para convertirse en grave solo en los extremos de la vida". 
 
     El Presidente de la Junta castellano-leonesa no ha destituido a la Directora General, ya que ella le presentó su dimisión. Es cierto que podía haberla rechazado, pero la aceptó. Hubiera sido una grosería imperdonable rechazarla... La propia Directora General parece que reconoció que no estaba en un foro académico para decir lo que dijo, ya que, como ella misma advirtió en aquel programa: Probablemente, haya gente que se revuelva en el sofá cuando lo escuche
 
    Pero la verdad es la verdad, y es lo que ella había dicho, se diga en el foro o ágora que se diga. Lo que sucede es que una mentira cuando se repite insistente- y periódicamente como se ha reiterado esta durante tanto tiempo se convierte, sin dejar de ser lo que es, una hiperbólica trola, en noticia y periodismo. Y decir ahora que el león no era tan fiero como nos lo pintaron, cosa que es verdad, pone en el punto de mira directamente enseguida a los que así nos lo pintaron por alguna razón inconfesable. 
 

 "No es que os tomemos por tontos, es que lo sois".

     La verdad, en este caso, la denuncia de la mentira, no depende del lugar donde se diga. Pero sostener esta verdad científica sería, al parecer, una falta de empatía y de respeto imperdonable hacia las víctimas, que según los registros oficiales serían cientoveintemil  en las sufridas Españas. Pero vayamos a los datos oficiales mundiales y no nos dejemos embaucar por los números: habrían muerto siete millones de personas como resultado de la pandemia en el universo mundo en cinco años, lo que no es tan grave, en efecto, si tenemos en cuenta que cada año mueren en el planeta dos millones y medio de víctimas de neumonía corriente y moliente, y no pasa nada: no nos confinan ni se declaran estados de alarma inconstitucionales. Si multiplicamos este último dato por los cinco que llevamos, han muerto doce millones de personas de neumonía en el mundo. Por no hablar de los ocho millones que mueren cada año por enfermedades causadas por el tabaquismo, cuyo producto se sigue vendiendo impunemente en los estancos y lugares de alterne a los mayores de dieciocho años sin más restricciones que la advertencia: "Fumar mata". 
 
    Pero no perdamos de vista que ese dato oficial de los siete millones de víctimas de la enfermedad del virus coronado de la cosecha del 2019 no es una cifra cierta, porque muchos de ellos murieron por otras causas, pero como según una prueba fraudulenta de PCR tenían positivamente el virus, fueron contabilizados como víctimas del virus, y no es una cifra cierta porque muchos de ellos murieron  por la aplicación de los protocolos hospitalarios y de las residencias de ancianos donde se les dejaba morir, y víctimas del confinamiento que obligaba a los enfermos a quedarse en casa para salvar vidas y no saturar hospitales, por no hablar de las víctimas de la salvífica vacuna, que ese es otro cantar.  Y eso sí que ha sido grave, pero claro, nadie les obligó a ponérsela, como dice la ministra.
       El caso es que la Directora General ha dimitido por decir la verdad donde precisamente no podía decirse: en un programa de televisión. Al parecer, quitar hierro a la pandemia es cosa de negacionistas de ultraderecha. Este vocablo de "negacionista" se usa despectivamente para descalificar a quien se atreve a cuestionar la versión oficial de un determinado fenómeno. Pero lo cierto es que no fue tan grave la epidemia como la desastrosa gestión sanitaria y política que se hizo de ella.
 
    Mucho más grave fue que la dimisionaria Directora General reconociera hace cinco años que la decisión de su Comunidad Autónoma de suministrar la vacuna tetravalente antimeningocócica, adelantándose a las restantes dieciséis Españitas, fue tomada, a demás de por razones técnicas, por condicionamiento electoral. "Hay quien dice que la medida es electoralista... ¡Pues claro que sí!", reconoció entonces, opinando que no debería ser así, pero asegurando para curarse en salud que "la justificación, desde un punto de vista técnico, es abrumadora". La torpeza política de esta mujer parece que consiste en decir la verdad. Pero se agradece.

lunes, 10 de marzo de 2025

El turista impertinente ( Y ¿para qué?)

Un pueblecito blanco y azul de una minúscula isla griega. Un entrometido turista norteamericano o nipón o germánico –vaya usted a saber su procedencia, en todo caso extranjero y de mentalidad anglosajona, japonesa o alemana, uno de esos que sólo se preocupa de trabajar y descansar para recargar las pilas y volver a trabajar-, se acerca a un paisano adormecido. Podría haber sido, en otras versiones, un mexicano, o un andaluz o un italiano del sur, quizá un siciliano, alguien de mentalidad latina. En todo caso duerme en la playa, oyendo el oleaje junto al mar. El turista le despierta de su siesta, y entabla la siguiente conversación: 
 
—Oiga, usted, ¿a qué se dedica, si puede saberse? 
—Soy pescador. –Responde el griego frotándose los ojos. 
—¡Vaya, pues debe ser un trabajo muy duro y muy esclavo el suyo! Trabajará usted muchas horas. 
—Sí, muchas horas, -replica el paisano de Homero. 
—¿Cuántas horas, si no es indiscreción? –Pregunta el curioso turista impertinente que ni siquiera estando de vacaciones como está puede olvidarse del laburo embrutecedor. 
—Bueno, trabajo unas tres o cuatro horitas al día. 
—Pues no me parece a mí que sean muchas. ¿Y qué hace el resto del tiempo, si no le parece mal que le siga preguntando? 
—Bueno, me levanto tarde. Voy a pescar un rato, ya le digo, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego, al atardecer, salgo a tomar unas cervezas y a tocar el buzuqui con los amigos en la taberna.
El turista extranjero reacciona inmediatamente de forma airada y le reprocha: 
—Pero hombre, ¿cómo puede vivir usted así? 
—¿¡Qué quiere decir!? 
—¿Por qué no trabaja usted más horas? 
—¿Y por qué iba a trabajar más?, ¿qué necesidad tengo yo de hacer una cosa así?, responde preguntando el griego. 
—Porque así al cabo de unos años podría comprar un barco más grande que esa barcucha que tiene. 
—¿Y para qué? 
—Para aumentar sus capturas y, si lo hace, podría contratar a algún empleado y llegar a abrir su propio negocio de pescadería en este pueblecito. 
—¿Y para qué? 
—Para luego poder abrir una pescadería en la capital. 
—¿Y para qué? 
—Para más adelante montar una industria de pescado en conserva y abrir delegaciones en Estados Unidos y en Europa, por ejemplo.
—¿Y para qué? 
—Para exportar conserva de pescado griego y que las acciones de su empresa coticen en bolsa y hacerse usted inmensamente millonario. 
—¿Y para qué todo eso? –Preguntó el griego un poco molesto ya por tanto interrogatorio. 
Pues para poder jubilarse tranquilamente el día de mañana, levantarse tarde sin tener que madrugar, jugar un rato con sus nietos, venir aquí a echar la siesta a la vera del mar, salir al atardecer a tomarse unas cañas de cerveza y a tocar el buzuqui con los amigos en la taberna... 
¿Y no se da usted cuenta de que eso es lo que hago yo ya precisamente sin trabajar tantas horas y sin esperar al día de mañana para poder disfrutar de ello? 
 
 
 oOo
 
(El diálogo anterior está basado en el encuentro de un turista millonario gringo con un pescador mexicano, tomado de los traperos de la Red al husmear aquí y allá en busca de los escasos tesoros perdidos que puedan encontrarse en el fondo de sus procelosas y abisales aguas. Lo he modificado, más a mi gusto, por el encuentro entre un turista de un pescador de un pueblecito de una isla griega. He dado noticia en Lo flamenco de una anécdota muy parecida que recogió el escritor John dos Passos en su "Rocinante vuelve al camino", su relato de viajes por España, en que narra el encuentro con unos arrieros que van con sus mulos por la provincia de Granada).

domingo, 9 de marzo de 2025

Tres notas de Robert Musil

Leo El hombre sin atributos ('Der Mann ohne Eigenschaften'), la larga novela inacabada de Robert Musil, de la que tomo tres notas, a propósito de tres temas acuciantes como son la guerra y la paz, los niños y su sacrificio en aras del futuro, y las ideas, cuya vocación es convertirse en ideas fijas u obsesiones enquistadas en nuestra mente, según la traducción del alemán de José María Sáenz publicada por Seix Barral en Barcelona, 1973: 
Sobre la guerra: El general (Stumm) […] perseveraba en la convicción de que la guerra no es más que una continuación de la paz con medios más violentos, un orden enérgicamente vigilado, sin el cual el mundo no puede subsistir. 
Sobre los niños: Los adultos cometen un pecado bárbaro al destruir la virtud creadora del hijo arrebatándole su mundo, al ahogárselo con el saber muerto y convencional, y al orientárselo hacia fines precisos y extraños. El niño no es productivo, su actividad se reduce al juego y al crecimiento; acepta sólo aquello que verdaderamente puede asimilar, a no ser que se haga uso de la violencia; todo objeto que toca adquiere vida; el niño es un mundo, un cosmos, intuye lo último y absoluto, aunque no lo sepa expresar; pero se mata al niño enseñándole a comprender los fines y encadenándole a las circunstancias de cada caso, a las cuales se les llama, hipócritamente, realidad. 
 
Sobre las ideas: O bien, supón que, literalmente, una idea se apoderase de ti; ¡en el momento en que sintieses físicamente este encuentro, te hallarías ya en la frontera del reino de la locura! Y así, cada palabra desea ser tomada al pie de la letra, para no echarse a perder convirtiéndose en una mentira; pero tampoco se puede tomar ninguna palabra al pie de la letra, porque el mundo se convertiría en una casa de locos.
 

sábado, 8 de marzo de 2025

Creando Opinión Pública

Tres reputados pandemiólogos largan en un foro sobre los retos del futuro: «Va a haber otra pandemia, pero no sabemos cuándo: tenemos que estar muy preparados».
 
Según el Financial Times, Europa debe recortar su Estado de bienestar (welfare State) en pro de un Estado de guerra (warfare State) y defender el continente.
 
La abogada dice: Con todo dolor de mi corazón, España debe mandar tropas a la guerra, y lo siento mucho por los que van a morir, especialmente por los jóvenes.
 
  Hay muchos capitostes que dicen que sobra población en el planeta, por lo que nada mejor, a fin de disminuirla, que una guerra a la que nos arrastran de cabeza.

En 1868, la comarca de El Bierzo vivió los efectos de la insurrección que derrocó a Isabel II, la Gloriosa, cuyo lema revolucionario fue «¡Abajo lo existente!».
 
El Jefe del Ejecutivo patrio aboga por una digitalización «humana y humanista», clamando, ojo al pareado, «contra una tecnocasta / que hace todo por la pasta».

¿Hasta qué punto la hipotética y futura guerra contra Rusia es una amenaza real o es un mero pretexto para incentivar así la economía y la política europeas?
 
El presidente francés, firme y empalmado ante los primeros acordes de La Marsellesa, llama a los ciudadanos europeos a las armas y a formar los batallones.
 
El Banco Central Europeo respalda la política de rearme de la Unión porque el gasto en defensa añade crecimiento y mejora la productividad al añadir innovación.
 

viernes, 7 de marzo de 2025

Contra la guerra (Tibulo)

    En el Día Internacional para Concienciar sobre el Desarme y la No Proliferación, que fue anteayer, 5 de marzo, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, los gobiernos de la Unión Europea, incluido pese al Brexit, no faltaba más, el británico, e incluido también, no iba a ser menos, el gobierno más progresista de la historia de las Españas, deciden que la prioridad europea es gastar 800.000 millones de euros en armas para la paz... Locos están estos gobiernos democráticos nuestros, han perdido la razón. En lugar de desarmarse deciden todo lo contrario: rearmarse. Lo disimulan -camuflaje de guerra- diciendo que es por la paz amenazada y hablan de defensa de los derechos humanos y de la democracia, lucha contra el terrorismo, misión humanitaria, y, colmo de los colmos, llaman a las tropas de las fuerzas armadas fuerzas... de paz.  

 

    Uno de los primeros manifiestos pacifistas de la literatura occidental es la décima elegía del libro primero del poeta latino Albio Tibulo, compuesta en dísticos elegíacos de hexámetro y pentámetro dactílicos, de la que ofrezco una versión rítmica fiel al fondo y a la forma. Si hubiera que destacar uno solo de sus versos, quizá elegiría, este hexámetro: Quis furor est atram bellis accersere mortem! ¡Qué desvarío atraer con guerras la muerte funesta!


He aquí la elegía completa de Tibulo:

¿Quién el primero fue en empuñar espadas horribles?
¡Cuán brutal y en verdad     hombre de hierro fue aquel!

Vino entonces el crimen al género humano, y la guerra,
más rauda entonces se abrió     vía de muerte feroz.

Detalle de la columna de Trajano, Roma

¿Culpa no tuvo ninguna el pobre y nosotros a nuestra
costa trocamos lo que él      contra alimañas nos dio?

Ni esta codicia del oro valioso había ni guerras
cuando solía tazón      de haya en las mesas estar.

Ni ciudadelas había ni muros, y el sueño lograba
el rabadán en paz,     diseminada su grey.

Que yo viviera entonces y al pueblo no viera con tristes
armas ni oyera el clarín     y el corazón palpitar.

Hoy a la guerra me arrastran, y acaso ya un enemigo
lleva la flecha que me ha     de atravesar el costal.

Pero guardadme, Lares paternos: también me cuidasteis
cuando a vuestros pies     correteaba chaval.

No os sepa mal estar en tosca madera tallados:
que presidisteis hogar     de antepasados así.

Ellos mejor os honraron, cuando con rústico culto
en hornacina vulgar     talla se alzaba de un dios.

Se le aplacaba a aquél, si libaba alguien con vino
o a su sagrada testuz     daba espigado festón.

Y uno en persona llevaba, cumplido el deseo, pasteles
y pura miel, con él,     su hija pequeña detrás.

Pero alejad de nosotros los dardos, Lares, de bronce,
(...) y un cerdo, ofrenda rural,      de un rebosante cubil.

Voy a seguirla con puro vestido y llevar entrelazados
cestos de mirto, y también     frente ceñida de tal.

Yo os guste así: que valiente soldado sea en las armas
otro y con Marte a favor     venza a caudillo rival,

para que mientras bebo narrarme pueda sus gestas
él y con vino pintar     sobre la mesa el cuartel.

¡Qué desvarío atraer con guerras la muerte funesta!
Cerca está ella y sin ver     viene con tácito pie. 

No hay mies ni viñas abajo: sino el can Cérbero fiero
y el barquero feroz     de la laguna infernal.

Con las mejillas ajadas allí y chamuscado el cabello
vaga la pálida grey      hacia la charca espectral.

Cuánto más elogiable aquel al que junto a su prole
gana en humilde hogar     la perezosa vejez.

Él va tras sus ovejas, y tras los corderos el hijo
y agua al cansado le da     tibia la esposa a sus pies.

Sea yo así y platear mis sienes pueda de canas
y hechos, viejo, de un      tiempo pasado narrar.

Paz entre tanto cultive los campos; la paz lo primero
puso, radiante, bajo un      yugo a los bueyes a arar.

Paz nutrió las viñas y el zumo crió de las uvas,
para a su hijo el porrón     darle paterno a beber.

Brillan en paz azada y arado -pero las tristes
armas de atroz militar     baña en tinieblas orín.

Y el campesino del bosque, apenas sereno a su esposa
e hijos se pone a llevar      sobre su carro al hogar.

Mas ya se avivan las lides de Venus, y el pelo jalado
y el derribado dintel      hace a la chica llorar.

Llora ajando sus frescas mejillas, pero él victorioso
llora que hicieran también     tanto sus manos furor.

Pero gandul, el Amor, inspira a la riña palabras
duras y sienta en mitad      él de enfadados los dos.

Ah, es una roca y un trozo de hierro quien a su chica
pega: del cielo aquel      hace a los dioses caer.

Sea bastante rasgar de su cuerpo el ligero vestido,
baste con despeinar      moño del pelo sin más.

Baste haber provocado el llanto: cien veces dichoso,
al que enfadado llorar     puede la tierna mujer.

Pero el que sea cruel con sus manos, escudo y la lanza
porte y de dulce amor      póngase lejos aquél.

Pero a nosotros ven, madre Paz, y sujeta la espiga,
y tu radiante faldón     frutos nos dé a rebosar.

jueves, 6 de marzo de 2025

Pareceres LXIX

336.- No hay guerra sin dinero. Antes del inicio de la guerra del Peloponeso entre las dos potencias rivales del mundo helénico antiguo que eran Esparta y Atenas, el rey lacedemonio Arquidamo hacía la siguiente consideración: “la guerra (…) no es tanto cuestión de armas como de dinero, gracias al cual las armas son útiles”. En Atenas, Periclés, por su parte, les decía a los atenienses algo parecido: “son las reservas monetarias, (...), las que sostienen las guerras”. En otro discurso, el ateniense les recordaba a sus compatriotas que las guerras se ganan no solo con estrategia y valor, sino sobre todo con abundancia de dinero, que es lo que las sostiene, como por otra parte es también lo que sostiene a los Estados que las emprenden. Hace más de dos mil cuatrocientos años que Tucídides, el historiador, escribió su Historia de la Guerra del Peloponeso, y recogió las palabras de aquellos oradores que, pese al paso del tiempo, siguen manteniendo su vigencia, porque, como cantó el poeta, hoy es siempre todavía. Viniendo a lo de hoy, que no deja de ser lo mismo que lo de ayer, el tío Sam democráticamente electo viene a decirnos que si Europa quiere más guerra, o más Defensa, con mayúscula honorífica e hipócrita, que se la pague de su bolsillo, que el tío de América no va a financiársela. Si queremos enviar soldaditos valientes ('tropas de paz') al frente de Ucrania, podemos empezar por mandar a nuestros propios hijos (e hijas, no vamos a excluirlas ahora que se impone la inclusión para lo bueno y lo peor). 
 
 
337.- Resiliencia: ¿Por qué será que la palabra que más se escucha de un tiempo a esta parte es  «resiliencia»?  Quieren convencernos de que es la virtud suprema, una versión secular de la denominada antaño “resignación”, que se adjetivaba, para más inri, como “cristiana”. Se ha convertido así en la coartada perfecta de un sistema económico y social que descarga sus responsabilidades en sus súbditos. Ella, la resiliencia, que se originó como un concepto científico que describe la capacidad de un material para absorber impactos sin romperse, y que se aplicó a la psicología, para indicar la capacidad de afrontar y superar un acontecimiento traumático, se ha convertido en un imperativo moral que culpa a quienes no se «recuperan» lo bastante rápido de las dificultades. La resiliencia es lo mismo que la filosofía en su modalidad más estoica, que es otro disfraz de la vieja resignación: Hay que tomarse las cosas con resignación, con filosofía, y ahora, con resiliencia. Ya no es una cualidad personal, sino un imperativo moral.  Si no puedes sobrevivir en un sistema económico depredador como este, el problema lo tienes tú, que no sabes adaptarte al medio camaleónicamente. Gracias al mantra de la resiliencia, los que mandan, que son los más mandados, se ganan nuestra sumisión.
 
 
338: Las dos tragedias: En “El abanico de Lady Windermere” (1892), obra dramática de Óscar Guail, el señor Dumby, le preguntaba a Lord Darlington si el amor que sentía por Lady Windermere, la protagonista del drama, había sido recíproco, a lo que este le respondía que no, que ella nunca lo había querido. Es entonces cuando Dumby le dice al lord: “Le felicito, mi querido amigo. En este mundo solo hay dos tragedias: Una es no conseguir lo que uno quiere, y la otra es conseguirlo. ¡La última es con mucho la peor, la última es una auténtica tragedia! Viene a dar este personaje secundario voz al sentido común que nos advierte de que la realización de los deseos y sueños que uno anhela que se cumplan es un éxito al mismo tiempo que un auténtico fracaso, porque la esencia de los sueños y los deseos no es su realización, que los convierte en trofeos, sino su pervivencia. Este aforismo, puesto en boca de un personaje secundario, no es una ocurrencia cualquiera, sino algo que puede razonar cualquiera que se ponga a pensar un poco y a soltarlo: una vez que he logrado lo que quería, ¿cómo sé que era eso, que ya he dejado de quererlo porque lo poseo, y no otra cosa lo que quería?
 

 
339.- Res ipsa loquitur. Es un latinajo jurídico, tomado al parecer de Cicerón, que significa “la cosa habla por sí misma”. El típico ejemplo suele ser el bisturí abandonado en el cuerpo de un paciente operado, que revela una negligencia médica. La cosa, en este caso, el bisturí está diciéndonos que él no tenía que estar depositado donde se halla... Pero al margen del uso jurídico, el latinajo puede decirnos algo más de lo que parece: Sugiere que no solo los seres vivos, humanos o no humanos, hablamos sino también las cosas del reino inerte. Las cosas nos hablan por sí solas y nos dicen, valga la redundancia, cosas, es decir, palabras que configuran la realidad, ese conglomerado que no se sostiene sin el lenguaje. Las cosas son los hechos y estos hablan por sí mismos. Ya nos advirtió el poeta Virgilio que las cosas albergan en su corazón lágrimas: sunt lacrimae rerum: lágrimas hay de las cosas. El poeta trata a las cosas como si fuesen personas porque ellas, como los hombres también lloran: las cosas ahora mismo están llorando porque, igual que nosotros, no quieren ser lo que son.  
 

 340.- El Estado y Dios. En Dios y el Estado (1882), Mijail Bakunin equipara a Dios y al Estado en la medida en que ambos representan, según su perspectiva, fuentes de autoridad opresiva del ser supremo que niega la libertad humana. Bakunin, como anarquista, rechaza toda forma de poder absoluto, ya sea divino o político, argumentando que la existencia de un Dios implica la sumisión del ser humano y que el Estado es una institución que perpetúa esa misma lógica de dominación. En este sentido, tanto Dios como el Estado son vistos como dos caras de la misma moneda. Hoy, un siglo y medio después de publicado ese libro, podríamos afirmar que el Estado es la moderna epifanía de Dios, dado que en una época teóricamente atea como la nuestra, viene a ser la reencarnación secular del viejo patriarca del Sinaí.  La religión ha servido históricamente para justificar la obediencia y la sumisión, pero, a medida que el pensamiento racional y científico ha ido avanzando, el Estado laico ha venido a asumir ese papel, convirtiéndose en el nuevo ídolo que exige lealtad incondicional so capa de brindarnos protección a todos sus hijos como un padre bondadoso. Por eso escribió: "Si Dios existiese, sólo habría para él un único medio de servir a la libertad humana: sería el de cesar de existir". En cuanto al Estado, señala: "El Estado es la negación de la humanidad. Es la negación de la libertad. El Estado no puede ser otra cosa que el sacrificio del principio de la libertad en beneficio de la autoridad". En su visión, la secularización no ha eliminado la dominación, sino que ha transferido su justificación desde lo religioso hacia lo político que, por otra parte, no puede separarse de lo económico bajo el paraguas protector del Estado del Bienestar.