645.- Vagando en la jaula: Extraigo del del poema «Wandering in the Cage» inserto en el poemario «The Last Night of the Earth Poems» (1992) de Charles Bukowski (1920-1994) la siguiente perla cultivada, escrita en verso libre o, lo que viene a ser lo mismo, prosa poética discontinua en varios renglones a modo de versos: La gente es extraña: se irrita constantemente por cosas triviales, pero, ante un asunto tan importante como desperdiciar por completo su vida, apenas parece darse cuenta... En versión original: 'people are strange: they are constantly angered by / trivial things, / but on a major matter / like / totally wasting their lives, / they hardly seem to notice... ' Y le pido a la IA (Inteligencia Antinatural) o más bien (Idiotez Artificial) que genere una imagen alusiva para ilustrar las palabras del poeta, y esto es lo que genera:
viernes, 30 de octubre de 2026
Pareceres CXXXI
jueves, 29 de octubre de 2026
El pueblo y "yo"
miércoles, 28 de octubre de 2026
La caverna mediática (de Platón)
Hace casi dos mil quinientos años que un tal Platón nos habló ya de la
caverna y de los hombres que habitaban en ella. Decía el griego que esos
cavernícolas éramos nosotros, que estábamos contemplando, prisioneros y
maniatados de espaldas a la realidad, imágenes proyectadas en la
pantalla cinematográfica de una pared. Creemos, así, que un árbol, un
caballo o una casa son esas cosas que vemos reflejadas en el muro de la
gruta a la luz de un foco luminoso.
De vez en cuando, viene alguien de fuera, el tal Platón por ejemplo, a decirnos
que todo aquello es el engaño de un trampantojo, que aquellas imágenes
virtuales no son más que ideas, simples remedos o proyecciones de las
verdaderas realidades que existen fuera bajo el sol. Nos anima a que
salgamos al exterior, porque es maravilloso contemplar el esplendor
verde de un olivo mediterráneo o la elegancia de los movimientos de un
caballo al trote o galope o las aguas azules y cristalinas del mar Egeo.
Pero no hacemos caso del forastero recién llegado, aunque se llame Platón, venga de
fuera y sepa de lo que habla; preferimos seguir contemplando, fascinados
por las imágenes que atrofian nuestra imaginación, la película
proyectada en la gran pantalla de la caverna: la realidad virtual o hiperrealidad.
Nosotros, los hombres y mujeres del siglo XXI no hacemos caso de esa voz, seguimos siendo todavía, aunque parezca mentira, cavernícolas, habitantes de la gruta. En esta sofisticada caverna mediática en que habitamos, las imágenes no se proyectan en paredes rupestres, sino en primer lugar en una sala de cine, después en nuestra propia sala de estar en monitores televisivos de plasma, a los que llegan, además, los ecos de las voces en alta definición remasterizada con sonido digital, y finalmente en las pantallas táctiles de nuestros móviles y tabletas. La caverna ya no es un lugar público, ni siquiera nuestra vivienda familiar, sino nuestro adminículo móvil y portátil, nuestra cueva individual y personalizada: nuestro smartphone en la lengua del Imperio.
Hemos pasado de la pantalla gigante, a la pequeña pantalla y de esta a la minúscula; y de lo más público a lo más privado. No conocemos más caballos, aguas del mar Egeo, olivos mediterráneos que los que vemos en nuestra realidad virtual, en los monitores de nuestros ordenadores personales y tabletas y demás artilugios digitales y táctiles. En la caverna mediática en la que vivimos, nosotros somos los prisioneros, aunque no sean visibles las cadenas y ligaduras que nos atan de pies y manos. No hay cárcel de mayor seguridad que aquella que no parece que lo es. Más allá de cualquier excusa, la más firme de las ataduras es nuestra propia decisión de permanecer entre las cuatro paredes de la caverna platónica mediática, porque apreciamos la seguridad de la gruta y nos asusta lo que puede haber al otro lado, el mundo exterior.
El término “caverna mediática”, popularizado por el presidente de un famoso club deportivo catalán, un tal Joan Laporta, para desprestigiar a la prensa nacionalista madrileña, nos da pie a nosotros para revisar el mito. Al parecer, en diciembre de 2009 el FC Barcelona se impuso al Real Madrid por un gol a cero gracias al acierto de su fichaje estrella, un jugador sueco. Esta victoria aupó al equipo catalán al primer puesto del campeonato de liga desatando la euforia de la afición azulgrana. El presidente de ese algo más que un club fue fotografiado celebrando el triunfo regado en champán, y achacó la difusión de las traicioneras fotos que tanto le comprometían a “la caverna mediática españolista” (sic). La expresión hizo fortuna y, desde entonces, la utilizan los medios progresistas de comunicación para descalificar a los conservadores.
Pero, según lo que se me alcanza por lo poco que he podido averiguar –sería interesante que alguien más avezado que yo investigara sobre ello–, el cacareado término de “caverna mediática” lo acuñó nueve años antes el escritor ya fallecido Manuel Vázquez Montalbán, que publicó en la revista Quaderns del CAC un artículo titulado En la caverna mediática. Propuesta de una reconsideración del mito platónico, donde dirigía una mirada crítica hacia todos los medios de comunicación de masas recurriendo, para explicar la situación del individuo en la sociedad globalizada actual, a la parábola platónica. Comenzaba su artículo, aludiendo quizá a los espejos esperpénticos del callejón del Gato, con guiño valleinclanesco y memorable frase que cito literalmente: Los medios de comunicación se han convertido en espejos trucados que devuelven falseadas imágenes del ciudadano.
Yo creo que el tal Joan Laporta usó el término “caverna mediática” despectivamente, sin aludir al mito platónico para nada. Para él “caverna” quiere decir “prehistoria”, y la expresión “caverna mediática” alude a los medios de comunicación reaccionarios, cavernícolas y trogloditas que están anclados en el pasado de la edad de las cavernas. Sin embargo, Vázquez Montalbán, más versado sin duda en humanidades que el presidente del club de balompié catalán, alude, ya desde el título de su artículo, a la parábola platónica de la caverna para explicar nuestra situación frente a todos los medios de comunicación que, paradójicamente, sirven para mantenernos incomunicados ofreciéndonos información, una información que nos conforma a nosotros y que deforma la realidad.
“También el individuo actual –dice Vázquez Montalbán- permanece en el seno de esa caverna y el mundo exterior son sombras… El individuo no ha elegido su postrada situación de habitante de la caverna y su mistificada percepción de la realidad exterior está programada por todos los interesados en acondicionar la realidad a un estatuto histórico inalterable. El esfuerzo del poder consiste precisamente en basar su fuerza en una progresiva concentración y la debilidad del adversario, nosotros, en un progresivo enclaustramiento en el seno de esa caverna”.

Los media, como llaman los ingleses a los medios de comunicación con el plural neutro acabado en -a del latín medium -"las cosas que actúan de intermediarias, los instrumentos mediadores entre el emisor y el receptor del mensaje, los soportes de la comunicación"-, tienen la virtud de convertir en noticia un acontecimiento, dándole más importancia de la que a priori pudiera tener, y, a la inversa, pueden hacer que un acontecimiento humanamente relevante no sea noticia, ignorándolo al no dar cuenta de él. También pueden, por supuesto, tergiversar la realidad informando sesgadamente de algo que ha sucedido, lo que muchas veces depende de la ideología política tras la que se parapeten. En cualquier caso, lo que hacen es servir de intermediarios entre la realidad exterior, que está formada de ideas que la idealizan, y nosotros, los prisioneros de carne y hueso de esa caverna mediática que pone delante de nuestros ojos la realidad, que es la falsedad, del mundo para ocultarnos simple y llanamente la verdad.
martes, 27 de octubre de 2026
El fascismo de los antifas (y II)
Cuenta Pasolini que una periodista que le hizo una entrevista en 1962 estaba muy preocupada porque tenía un hijo adolescente que era fascista, al que había llevado a ver la película documental All'armi, siam fascisti!, que repasa la historia de Italia desde principios del siglo XX analizando los orígenes, el desarrollo y las huellas del fascismo desde su creación hasta 1961, para que viera lo ridícula y delirante que era la figura de Mussolini, il Duce, como en efecto le pareció al muchacho. Pero como comenta Pasolini "en el fondo, el hijo es menos fascista que la madre; o, por lo menos, hay en su fascismo algo noble de lo que él mismo sin duda no puede ser consciente: una protesta, una rabia. En su honestidad de adolescente, él sabe que el mundo en el que vive es, en el fondo, atroz: y arremete contra él con toda la fuerza del escándalo que tiene para un muchacho su idea del fascismo. El fascismo de la madre, en cambio, implica un desmoronamiento moral, una complicidad con la manipulación artificial de las ideas con las que el neocapitalismo está modelando su nuevo poder". El atractivo que el fascismo ejerce sobre la juventud, según Pasolini, no consiste en lo que propone dicha ideología, sino en el rechazo radical de la sociedad actual.
lunes, 26 de octubre de 2026
El fascismo de los antifas (I)
Lleva como título: "Práctica del antifascismo ultraviolento con coherencia". En plena guerrilla callejera, uno de estos jóvenes se da puñetazos en el pecho a sí mismo, otro se golpea con un garrote en la cabeza y un tercero, que lleva la cara tapada, arroja un adoquín que se vuelve contra él como si fuera un bumerán. Es como si el explotado quisiera combatir al explotador sin percatarse de que él mismo es a la vez ambas cosas, la víctima y el verdugo de sí mismo, como sugiere Byun-Chul Han. Estos antifas combaten el fascismo, fachismo o fajismo, que diría Unamuno, que hay dentro de sí mismos, por lo que resultan ridículos, emulando, en la práctica, los métodos autoritarios y las tácticas violentas que dicen combatir.
domingo, 25 de octubre de 2026
Power has the people
sábado, 24 de octubre de 2026
Seguiriyas a palo seco
La seguiriya es uno de los muchos palos del flamenco. La seguiriya gitana más pura, la que surge del cante más hondo, se canta a palo seco, o sea, sin acompañamiento musical de guitarra.
Estructuralmente se compone de cuatro versos: hexasílabos el primero, segundo y cuarto, hendecasílabo el tercero (6-6-11-6), modelo silábico emparentado con las jarchas. Riman el segundo y el cuarto en consonante o asonante. Pero prima el sentimiento sobre la forma, de modo que no es raro encontrarse con seguiriyas con otras métricas.
Esta voz no es mía, / que es la de cualquiera / que canta las penas de todos, nuestras, / ni propias ni ajenas.
Tengo yo una pena / grande que no tengo, / que a mí me tiene ella y no me deja / que ande yo contento.
- Pido yo a la luna / en el hondo cielo, / que caiga muerto aquí ahora, si es falso / lo que a ti te quiero.
Veo a mucha gente, / no te veo a ti / y el corazón, de la jaula del pecho / se quiere salir.
Dizque en las estrellas / ay, escrito está, / mi sino, madre mía, y el futuro, / y eso no es verdad.
Morirme quisiera, / dejar de existir, / que esta farsa, madre, que llaman vida / es un sinvivir.
Sin traje de luces,/ desnudo en el ruedo, / lidiando, sin capote y sin espada, / al toro del miedo.
Loco de remate / creo que estoy yo, / si en esta vida lo he perdido todo / menos la razón.
No quiero la plata / ni oro de este mundo, / me cago en todos los dineros, solo / pido un beso tuyo.
Si te vas, me matas; / llévame contigo / que yo no tengo, solito en el mundo, / ni amiga ni amigo.
No hay Dios que nos valga, / justicia tampoco, / en este mundo, donde acaba uno / o preso o loco.
Como una cabra, / corazón salvaje, / siempre tiro al monte, donde cabrero / no hay que me guarde.
Sin querer te quiero, / ni mandarme nadie; / no hay Dios, ley, mandamiento o gobierno / que al corazón mande.
- Yo, señor doctor, / sufro de locura, / pero no me encierre usted ni me cure / esta chifladura.
Dispara tu flecha, / chiquillo Cupido, / y haz que esa mujer de mí se encariñe, / y acueste conmigo.
Se murió mi niño, / se me quedó atrás, / cuando me viene vivo su recuerdo, / rompo yo a llorar.
Rota la
garganta, / de lo hondo del pecho / me sale a palo seco así el
quejido / del cante del pueblo.




























