Durante el confinamiento, el gobierno nos recluyó en la caverna de Platón bajo arresto domiciliario. De espaldas a la realidad, veíamos la película que echaban.
Durante el confinamiento, el gobierno nos recluyó en la caverna de Platón bajo arresto domiciliario. De espaldas a la realidad, veíamos la película que echaban.
El presidente del gobierno de las Españas recibe a míster Biden dándole la bienvenida a él y a todos sus vasallos atlánticos, y les regala con una cena por todo lo alto en el Museo de El Prado que se cierra al público por ese motivo.
La cumbre de la OTAN/NATO que se ha celebrado en Madrid obliga a nuestro presidente a duplicar a corto plazo el gasto militar en aras de un futuro de seguridad y de promesa de defensa en el caso de que nos invadan nuestros enemigos, por ejemplo el malvado zar de Rusia, que puede bombardearnos cualquier día como ha atacado a Ucrania, o los bárbaros subsaharianos del sur, que también puede ser una vía de penetración rusa, un dispendio a todas luces excesivo que denominan 'inversión' para justificar que destinemos nuestros impuestos a un objetivo tan rocambolesco. ¿Cómo lo justificarán? Sin duda acudiendo al viejo latinajo: si uis pacem... si quieres la paz, saca la parabellum, apunta y dispara. Ya lo ha dicho Sánchez, ese cráneo privilegiado, doctor en economía política honoris causa multa cum laude: "Esta cumbre de la OTAN en Madrid es una oportunidad para la paz. Y para España es la oportunidad de ocupar un puesto de relevancia en el orden internacional y en el orden europeo".

Este año se celebra en Francia que hace cuatrocientos venía al mundo Jean Baptiste Poquelin, alias, Molière (1622-1673). Una de sus comedias más conocidas y de rabiosa actualidad es El médico a palos, como tradujo libremente Moratín Le médecin malgré lui, más literalmente El médico a su pesar.
En un momento de su representación se produce este diálogo entre Sganarelle y Léandre, donde se formula el tópico literario de que la medicina en lugar de dejarnos vivir y morir en paz, nos mata. El médico se presenta como matasanos, creador de enfermos, al igual que dentro de la especialidad de la psiquiatría los curanderos del alma son popularmente los loqueros. Se pone de manifiesto en el diálogo la discreción de los muertos, que nunca se quejan del médico que los mató y firmó su certificado de defunción.

Molière en esta comedia y otras del mismo tema como El enfermo imaginario se hace eco de la sátira de la medicina que escribió Montaigne en sus Ensayos, II 37: “Por lo que yo conozco, en efecto, no veo otra clase de gente que enferme tan pronto y sane tan tarde como la que está sometida a la jurisdicción de la medicina. Su salud misma está alterada y corrompida por la violencia de las dietas. Los médicos no se contentan con tener la enfermedad a su cargo; hacen que la salud enferme para evitar que uno pueda escapar en algún momento a su autoridad. ¿Acaso no infieren, de una salud firme y completa, el argumento de una gran dolencia futura? (…) No me preocupo por estar sin médico, sin boticario y sin ayuda; veo a la mayoría de los que la tienen más afligidos por ella que por la dolencia.”
¿Cómo se puede proteger algo que no es? ¿Qué hay detrás de ese afán proteccionista de salvaguardar a ultranza la tierra de promisión del porvenir? Preocuparse por el futuro es, por lo pronto, desentenderse de lo de aquí y de ahora y, por lo tanto, dejarlo desprotegido en las hipotéticas aras de un futuro del que no hay certeza ni tenemos ninguna certidumbre. Preocuparse es ocuparse de algo antes de tiempo.
¡Qué imagen más sugerente, sin embargo, la de una niña encantadora o el niño que juega con un avión de juguete -todos los niños son un encanto porque nos recuerdan (etimológicamente nos devuelven al corazón) nuestra propia infancia, el niño que todos llevamos dentro enterrado vivo- que saltan y juegan despreocupados y que despiertan en nosotros un instinto protector y se diría paternalista de ternura, sabedores como somos de que el futuro de esos niños y de todos nosotros es la muerte tan temida como en el fondo deseada!
Pero lo que deberíamos proteger, en todo caso, es su infancia, no su futuro, que es la entrada en la sociedad adulta después de haber pasado por el aro como fierecillas domadas. ¡Ahí está la clave de todo este asunto! Proteger el futuro es proteger nuestra propia muerte. De eso y no otra cosa se ocupa la cumbre del engendro terrorista ese de la NATO/OTAN que se celebra en Madrid, la capital de la infamia y las Españas, a bombo y platillo militar.

Doce naciones firmaron el Tratado del Atlántico Norte el 4 de abril de 1949 en Guásinton, cuyo cuartel general se halla en Bruselas, en el corazón de la vieja Europa: Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Islandia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal y Estados Unidos. Los países miembros acordaron mantener una fuerza militar unificada para defenderse de la invasión soviética (que ha sido sustituida en nuestros días, una vez desaparecida la Unión Soviética, por la "invasión rusa de Putin", que acapara todas las pantallas tras la gripalización del virus coronado), y se comprometieron a considerar un ataque a uno como un ataque a los demás -todos para uno y uno para todos, como los tres mosqueteros de Alejandro Dumas-, tal y como dispone el artículo 5 del Tratado de Guásinton, “las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas (…)”.
Vídeo propagandístico de la OTAN del actual gobierno español.
España se incorporó, después de un referéndum torticero como él solo, orquestado por el Partido Socialista(?) Obrero(?) Español entonces en el poder, que había defendido la no permanencia en la Alianza Atlántica (OTAN, de entrada NO, decía su eslogan), y que pasó a pedir el sí bajo determinadas condiciones que, por otra parte, no se han cumplido nunca, como contábamos aquí.
Me ha llamado la atención a propósito de la OTAN, por cierto, este sello estadounidense de 1952 de tres centavos de dólar que conmemoraba el tercer aniversario de la fundación de la NATO/OTAN. En el centro del sello aparece una antorcha que representa, dicen, la libertad y la paz, mientras que las manos que la sostienen simbolizan la fuerza y la unidad de los miembros de ese tratado.

Curiosametne, las tres palabras mágicas que
aparecen al pie de la ilustración son PEACE, STRENGTH, y FREEDOM
(paz, fuerza y libertad, en la lengua del Imperio), que
inmediatamente me recuerdan el lema del Partido Socialista de Oceanía
de la novela 1984 de Órgüel: War is Peace, Freedom is
Slavery, Ignorance is Strength ('guerra es paz, libertad es
esclavitud, ignorancia es fuerza'). Tanto la firma del tratado de la
Organización del Atlántico Norte como la publicación de la novela
de Orwell se llevaron a cabo en el mismo año de 1949, una vez
terminada la Segunda Guerra Mundial. La novela viene a advertirnos que la fuerza del tratado que firmó esa organización cuyo símbolo no es una estrella, sino una brújula que sólo señala al Norte, lo que está mandado, es la ignorancia, efectivamente, de que la paz y la libertad que defienden en un futuro siempre inalcanzable son la guerra y la esclavitud en el presente.

El verbo pagar deriva etimológicamente del latín pacare, que significaba «apaciguar, pacificar tras haber vencido, someter», relacionado como está con el sustantivo pax pacis paz, y también «domar, vencer, someter...» como en el clásico ejemplo de César: cum (…) Caesar pacatam Galliam existimaret cuando César consideraba la Galia pacificada, es decir, sometida a la pax romana, y por lo tanto vencida y derrotada.
En las lenguas romances pacare ha evolucionado fonéticamente a pagare en italiano, pagar en castellano, gallego-portugués y catalán, payer en francés, y del francés ha pasado al inglés (to) pay.
Sin embargo apenas quedan restos de su significado clásico en estas lenguas, en las que se ha operado un desplazamiento semántico, ya que presentan desde el principio el sentido de «contentar», de donde se pasa a «satisfacer al acreedor», usos ambos entre nosotros ya documentados en el poema de Mío Cid, desembocando finalmente en el actual de «pagar una cantidad de dinero».

Un compuesto castellano de pagar y derivado por lo tanto indirectamente de pacare es apagar, que recoge el sentido antiguo de «satisfacer, apaciguar», y que modernamente significa «aplacar, extinguir», y que puede aplicarse por lo tanto a la sed, el hambre o el rencor, pero también al fuego y a la luz.
En latín 'pagar' con el significado que le damos actualmente de 'satisfacer una deuda económica o moral' no se decía pacare, sino soluere, de donde derivam nuestro resolver y nuestro solvente, 'libre de deudas o capaz de satisfacer las que tiene, y por lo tanto persona digna de crédito'. Pagar una deuda, por ejemplo, se decía aes alienum soluere o argentum creditum soluere. También podía emplearse el verbo numerare, aludiendo al fenómeno de conversión de las cosas en números o ideas de sí mismas gracias al dinero, por ejemplo en la expresión stipendium militibus numerare, pagar el sueldo o soldada a los militares.
En las lenguas romances el sentido original latino de pacare sufrió un desplazamiento semántico hasta dar en ‘satisfacer al acreedor’, ‘pagar’ y a partir de ahí desarrolló las acepciones de ‘cumplir una pena o castigo’ y ‘sufrir las consecuencias de una equivocación’ y, por comparación de la transacción comercial a la esfera personal y moral, la expresión: «Me las pagarás», «El que la hace la paga» o «Vas a pagármelas todas juntas» refiriéndose a las deudas personales u ofensas morales.
Cuando se dice, asimismo, «pagar justos por pecadores», se da a entender que son los pecadores los que deben pagar por sus pecados, aunque en realidad, es decir, en el mundo al revés, sean los justos, es decir, los que no han cometido pecado alguno, los que acaban pagando por los pecadores.

En este punto se nos plantea una cuestión: ¿Son antes las deudas morales o las económicas? O ¿es la deuda económica la primaria, una vez que existe el dinero y no sólo existe sino que hace que existan las cosas y las personas, que también somos a nuestro modo cosas para el dinero, que así nos desprecia y cosifica, y hace que para que podamos disponer de ellas tengamos que pagar por ellas?
El dicho que reza «Amor con amor se paga, y lo demás con dinero» es un refrán popular que da a entender que el amor es la única cosa que no se paga con dinero, a diferencia del sexo, por ejemplo, que se comercializa en la prostitución. Establece este dicho el principio de reciprocidad en el amor como única “moneda” de cambio digna. Pero ¿por qué para hablar de amor correspondido recurrimos a la metáfora dineraria de la moneda?
El dilema de si el virus es natural o es artificial no afecta a la creencia de que existe un nuevo virus que hay que combatir con máscaras, encierros y vacunas.

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"Notificados 50.235 casos, 122 muertes y la incidencia sube a 653 en mayores de 60". |
El grupo de música medieval alemán Corvus Corax musicó brevísimos extractos del poema In terra summus y lo tituló Nummus, que es la palabra que más se repite a lo largo del poema, hasta 46 veces, destacando la música con que los acompaña. He aquí la letra en latín y su traducción. El vídeo está tomado en directo de su actuación en Munich en 2009, y pertenece a su disco Cantus Buranus, donde musicalizan con gran acierto algunos de los cánticos buranos.
Nummus mentitur (Don Dinero miente, es mentiroso) (v. 12)
Nummus agit lites (Don Dinero provoca pleitos) (v. 8)
Nummus adoratur (Don dinero es adorado) (v. 37)
Nummus, spes avidi (Don dinero, esperanza del avaro)
Nummus periurat (Don Dinero jura en falso, comete perjurio)
Nummus bella gerit (Don Dinero hace las guerras) (v.7)
Nummus, spes cupidi (Don dinero, esperanza del codicioso) (v. 14)
Nummus seducit (Don dinero seduce)
El grupo de música antigua vienés Clemencic Consort, por su parte, que fundara René Clemencic en 1969, grabó numerosas versiones de los Carmina Burana, entre las que destaca esta del poema In terra summus, donde se recitan la mayoría de los hexámetros que comprende el poema (los 18 primeros íntegramente, el 24, del 29 al 33, ambos incluidos, y finaliza con el 46 y el 47), subrayando machaconamente la palabra Nummus cada vez que se repite, que suele ser una al menos por verso.
La rebelión contra el dinero está mal pagada desde el momento en que el dinero, huelga decir, es la moneda con que el mundo nos paga, nos apacigua y nos apaga.