



El desbordamiento más dañino del río Segura, desde que hay registros históricos, fue la riada del día de Santa Teresa, el 15 de octubre de 1879,cuando una descomunal tormenta que llegó a descargar hasta seiscientos litros por metro cuadrado a la hora en su momento de mayor intensidad en la cabecera del Guadalentín, afluente del Segura, provocó el desbordamiento de este río y el Segura, anegando una enorme superficie de veinticuatro mil hectáreas y dejando más de mil muertos entre Murcia y la Vega Baja, lo que representa un episodio más adverso, sin duda, que el de las actuales inundaciones de Valencia en cuanto a vidas humanas se refiere. Ya comenzaba entonces el Cambio Climático, ese moderno artículo de fe de la Iglesia de la Ciencia, como nos advierte la 'alerta divina' de la viñeta de Peridis en El Periódico Global, a matar y a causar estragos con las riadas y lluvias torrenciales que reeditan, después de la pertinaz sequía, el Diluvio Universal.

El pintor valenciano Antonio Muñoz Degrain (1840-1924)pintó, dieciséis años después, en 1894 el óleo "Episodio de una inundación en Murcia", evocando la grave riada de la huerta murciana de 1879, que también afectó a la huerta valenciana. En el lienzo vemos en primer término a un huertano desnudo de espaldas con una manta al viento, que probablemente estaba durmiendo de madrugada cuando le sorprendió la riada, subido al tejado de su casa junto a un perro, una mujer y su hija, agarradas a la chimenea, y un gato. El hombre y el perro intentan socorrer a una mujer a punto de ahogarse con el agua al cuello que trata de salvar a su criatura que sostiene en alto con sus brazos.
En otro lienzo del pintor, "Amor de madre", pintado entre 1912 y 1913, repite, como elemento central, la escena que ya había reflejado en el episodio de la inundación de Murcia, de la madre con el agua hasta el cuello con tintes más dramáticos aún, unas aguas más turbulentas y rojizas, intentando salvar a su hijo de la furia de las aguas desbocadas. Constituye una de las obras más conocidas y emblemáticas del autor, que representa la tragedia y el dolor producidos por una inundación en la huerta de Valencia. Una madre intenta salvar a su hijo de la furia de las aguas desbocadas, en una escena notablemente trágica, en la que la naturaleza se ha tornado repentinamente símbolo de destrucción y muerte. Los naranjos, el almendro en flor, que sugiere que la riada se produjo en primavera, la noria y las barracas están cubiertos de agua enfangada y turbulenta, creando una sensación de dinámico desasosiego mediante una pincelada larga e intensa.
Amor de madre, Antonio Muñoz Degrain (1912-1913)
Releía yo el artículo de Larra, titulado "Vuelva usted mañana", publicado en 1835 en la revista El Pobrecito Hablador, y pensaba en lo poco que había cambiado este país de batuecos, donde debido al vicio de la pereza nacional, según el autor, las cosas se procrastinan, como gusta de decirse ahora -¡toma latinajo vía anglosajona!-, sine die. Pero, en realidad, el país ha cambiado mucho, no tanto por la pereza nacional, sino por el ingente desarrollo de la burocracia del aparato del Estado.
Cuando uno tiene que hacer algún trámite como ciudadano, debe pedir cita previa a la Administración, es decir, audiencia. Ya no nos dicen el "Vuelva usted mañana", sino, más insidioso, "Pida cita previa". Como dice la viñeta de Napi, "Los tiempos cambian para quedar igual", o para no variar.
-¿Y cómo se hace eso?, pregunta el analfabeto digital.
-Por teléfono o por interné, entrando en nuestra página güeb -responde el probo funcionario abocado a la desaparición física y a la sustitución por un robot, dado que todos los trámites con la Administración pueden hacerse vía interné, con los correspondientes certificados digitales, lo cual, en vez de simplificar los trámites, ha venido a complicarlos más sobremanera.
El caso es que cuando uno lo hace por teléfono, lo primero de todo, no habla con una persona, sino con un robot al otro lado del aparato, si consigue hablar con alguien y que alguien le escuche, porque puede suceder lo que refleja la viñeta de Mortiner publicada en La Nueva España el 23 de septiembre de 2019, que recrea el retrato de escritor realizado por José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra.
En resumidas cuentas, el "pida cita previa" viene a ser peor que el "vuelva usted mañana", porque la susodicha cita no va a ser mañana mismo, precisamente, sino dentro de unos días, una semana, unos meses... Nos hallamos, como dice Larra, igual que el hurón en busca del conejo, sin poderlo sacar ni vivo ni muerto de la huronera, diferidos y postergados al incierto día de mañana, un mañana eternamente futuro que, por definición, no llega nunca.
Pero es que, para más recochineo, cuando llegamos a la audiencia solicitada con la cita previa, podemos encontrarnos con esta situación que exaspera a más de uno, como reflejan las viñetas de JL Martín, que compara lo que sucedía antaño con lo que pasa hogaño, que el funcionario nos diga que hagamos la gestión por la güeb, algo que me sucedió a mí personalmente cuando después de pedir cita previa para ir a las oficinas de MUFACE de Santander, porque me habían advertido de que no podía ir sin solicitar audiencia, y una vez llegada la fecha -el portero del edificio me advirtió de que no se me ocurriera subir si no tenía cita previa-, me encuentro la puerta de la oficina cerrada a cal y canto. Llamo al timbre y una voz de un funcionario, como de ultratumba, me pregunta que si soy Guillermo. Le digo que en efecto, ese es mi nombre, y que tengo cita previa a esa hora. Me abre entonces la puerta, y me dice, malencarado, que le explique el objeto de mi visita. Se lo explico y, last but not least, me dice que esa gestión que yo solicito debo hacerla por interné...
El presidente del gobierno más progresista de todas las Españas desde que hay registros históricos, recuerda emocionado y con no poca sinvergonzonería cómo durante la pandemia, dejábamos nuestras labores y nos asomábamos todos, todas y todes puntualmente a las ocho de la tarde en todos los relojes a ventanas y balcones a aplaudir a los profesionales sanitarios y a las fuerzas de seguridad, y propone que volvamos a hacerlo ahora, esta vez a los "servidores públicos de todas las administraciones públicas que están trabajando codo con codo con los vecinos y vecinas, con las oenegés, a los cuales toda esta amalgama de desinformadores y de bulos lo que hacen es señalar injustamente. Bueno, todos somos Estado..."
Quizá a quien habría que aplaudir en todo caso es a los voluntarios anónimos, no a los servidores públicos y a las oenegés que brillaron por su ausencia, así como a las autoridades que, como usted, salieron corriendo. No, señor presidente, todos no somos Estado: unos, como usted, lo son más que otros, otros que son, que somos, menos Estado y más pueblo indefinido.

El novelista Vicente Blasco Ibáñez menciona inundaciones y riadas en Valencia en algunas de sus novelas, como por ejemplo en “La barraca” (1898), donde fenómenos naturales recurrentes y extremos, con el adjetivo tan de moda, como riadas e inundaciones son constantes amenazas para los campesinos, en un medio que condiciona fuertemente su existencia. Igualmente en “Cañas y barro” (1902), Blasco Ibáñez describe de forma detallada las condiciones climáticas y geográficas de la región valenciana, incluyendo episodios de inundaciones en la Albufera, que afectan a los personajes y a su vida cotidiana.
Algunos nombres propios de topónimos citados en las Observaciones... de Cavanilles nos sonarán a rabiosa actualidad porque las recientes inundaciones vienen sucediéndose periódica- e históricamente en prácticamente los mismos lugares, las mismas fechas y por las mismas razones.



En la teoría política, el 'estado profundo' se refiere a una supuesta red de individuos, instituciones y poderes fácticos que operan entre bambalinas en el aparato estatal y que tienen la capacidad de influir en las decisiones del gobierno y la política sin estar a la vista ni responder directamente a la estructura democrática y oficial del Estado. Esta "estructura subterránea" se presenta como un nivel oculto que influye o controla lo que ocurre en la esfera pública y visible.
En anteriores ocasiones he llegado a decir -y se ha criticado por parte de algunos- que el Cambio Climático mata... y lo estamos viendo... por desgracia... Y tenemos que adaptarnos a esta realidad.
¿Tenemos que adaptarnos, señor presidente, a que el cambio climático nos mate? ¿Tenemos que adaptarnos a esa realidad?
No es menor (?) el que los negacionistas... del Cambio Climático... a quien hayan presentado primero una querella sea a la Ciencia... a la Agencia Española de Meteorología, que alertó sobre la gravedad de los extremos climáticos que se estaban viviendo como consecuencia de la DANA en parte de la península y particularmente de la comunitat valenciana.
¿Se puede establecer alegremente la ecuación matemática de que la Agencia Española de Meteorología es la Ciencia cuando la presidenta de la AEMET desde el año 2023, nombrada por el Gobierno que usted regenta, es un cargo político que carece de estudios correspondientes de meteorología?
¿Es legítimo alertar de una DANA, es decir, de una Depresión Aislada en Niveles Altos, que la mayor parte de la gente no sabe ni lo que es, y no de algo que entiende todo el mundo como es una Gota Fría como siempre se ha denominado? ¿Por qué ese cambio terminológico? Aventuro una respuesta: porque históricamente Gota Fría se asocia a desastre natural que ha sucedido múltiples veces y ocasionado numerosas pérdidas humanas y económicas, mientras que el novedoso acrónimo DANA parece que se refiere a otra cosa, quizá a un fenómeno nuevo y desconocido, que puede imputarse al dogma religioso del Clima Cambiático.
Creo que esta es una gran lección de cómo el debate político va por un lado y la realidad de la vida de la gente va por otro. Y nosotros queremos hacer del debate político la realidad de la vida de la gente.
¿Qué relación tiene esta declaración de intenciones con la argumentación anterior? ¿Qué significa? ¿Qué pretende? ¿Intoxicar más aún a la gente con eso que llama el debate político?
¿Es que la Covid era una emergencia climática? ¿No era una emergencia sanitaria? ¿Acaso es lo mismo, una emergencia a fin de cuentas? ¿Cómo puede expresar su agradecimiento a la Ciencia cuando su política favorable a la vacunación a ultranza era lo más contracientífico que podía haber, fomentando la inoculación de una sustancia experimental que ha causado tantas desgracias y, entre las primeras pero no las últimas, aumentó la propagación y contagio del virus que pretendía combatir?
Y si algo voy a hacer en los años que sea presidente del gobierno es apoyar, respaldar y financiar a la Ciencia en nuestro país porque nos da elementos para comprender el planeta en el que vivimos, al que vamos (?), y, por tanto, anticipar el diseño de políticas públicas que hagan aumentar la seguridad de nuestros ciudadanos.
¿Cómo ha podido olvidársele, señor presidente, qué terrible desliz machista por su parte, tan atildado como se presenta, la seguridad de 'nuestras ciudadanas'? ¿Es que no le importa la seguridad de las ciudadanas? Antes expresó su agradecimiento a los científicos y a las científicas. Le faltó el agradecimiento a la Ciencia que tanto favorece la gobernabilidad.
Y me gustaría que el resto de administraciones territoriales y locales hicieran lo propio, y no se abonaran, como estamos viendo por parte de algunos responsables políticos, a discursos irresponsables por negacionistas... de la emergencia climática.
Brillante juego de palabras, se lo reconozco: responsables políticos abonados a discursos irresponsables por negacionistas... de la emergencia climática. ¿Quién niega la emergencia climática? Nadie, en su sano juicio, puede negar un desastre natural, lo que puede negarse es que la causa sea el dogma del Cambio Climático, como defiende usted.
Más lejos han ido otros miembros -o quizá miembras de su gobierno-, como la Ministra de Igualdad, que escribe en su folio de notas con una impecable caligrafía que el negacionismo del Cambio Climático mata, no el Cambio Climático, como dice usted, sino el negacionismo, es decir, llamemos a las cosas por su
nombre, la negación de esas creencia, porque entonces a lo otro
habría que llamarlo afirmacionismo del Cambio Climático como causa
de la muerte de la gente, que es además culpable por no hacer caso
de la Ciencia, por no seguirla ciegamente.