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martes, 28 de abril de 2026

Poesía popular

¿Quién es el autor de eso que se llama poesía popular? El autor es anónimo, o mejor dicho: no tiene nombre propio, sino el nombre común de “pueblo”, como si dijéramos Fulano o Mengana o Perico el de los Palotes. Además, no hay por qué buscar un único autor, sino que una copla popular puede ser hija de varios autores anónimos. Estamos hablando del respetable vulgo -no de poesía vulgar, sino popular-, que en latín se llamaba “uolgus”, “volgo” en intaliano, “Volk” en alemán, y “folk” en inglés, de donde nos viene la palabra “folk-lore” o, castellanizada, “folclore”, esto es, la tradición popular.
 
La espontaneidad y la sencillez son dos características esenciales de estas producciones que, además, no nacen ni escritas ni para la escritura, sino que pertenecen al cante de la tradición oral.

Sirva como ejemplo esta copla, que expresa como ninguna otra el sentir común de disfrutar del momento y que puede considerarse la versión popular del culto “carpe diem” horaciano: la gente no quiere sacrificarse en aras del porvenir ni dejar de gozar de su tiempo, que es ahora, en aras de un hipotético mañana que no existe:
Quiero gozar de mi tiempo,
que es el que ahora me vale, 
porque el día de mañana
aún no lo ha visto nadie. (1)
 
(1) Según otra versión de la copla, el último verso sería: “ese no lo ha visto naide (sic)”, con la forma vulgar “naide” en vez de “nadie”. Nadie precisamente es una reacción contra el vulgarismo "naide", procedente de "nati".

La poesía popular es puro sentimiento, sentimiento puro. Decía don Antonio Machado y Álvarez, padre de los insignes poetas Antonio y Manuel Machado, en la introducción a su antología “Cantes flamencos y cantares”, de donde saco estas muestras, que una de las características más importantes de esta poesía era que desconoce el ripio. Dice que podría sentarse el principio de que la copla, soleá o seguidilla que contenga un ripio no es popular, sino que es obra de algún autor con nombre propio y apellidos, porque el pueblo no busca florituras literarias –ripios- sino que expresa con sencillez sus sentimientos: se queja cuando siente dolor, y ríe cuando se alegra, sin esmaltar sus risas o sus lágrimas con adornos postizos, con palabras o frases superfluas que sólo sirven para completar el verso o darle la rima necesaria, pero que no aportan nada a la expresión pura y desnuda del sentimiento.

Sirva como ejemplo esta soleá:
“Si me has de dar malos ratos,
más vale que me aborrezcas
y que no me quieras tanto”

O esta seguiriya desesperada:
“A la muerte llamo,
no quiere venir;  
que hasta la muerte tiene, compañera,
lástima de mí.”

O esta copla mismamente:
“Hasta que no te emborrachas
no vienes en busca mía;
ojalá te emborracharas
a todas horas del día”.

Una copla popular que expresa el enamoramiento a primera vista: te vi casualmente una vez, la primera vez, y desde entonces te sigo viendo a todas horas: tal es la herida del enamoramiento, el flechazo de Cupido que me hace que te vea aunque no te quiera ver, es decir, que me hace ver lo que no veo.
“Al dar la vuelta a una esquina
te vi la primera vez,
y desde entonces te veo
aunque no te quiera ver.”

O este otro cantar, que presenta el mismo tema con otras palabras e imágenes:
“Mira tú si yo tendré
fijo en ti mi pensamiento,
que si al espejo me miro
en vez de verme, te veo.”

Otra copla popular que expresa lo que es la cárcel, esa metáfora de la sociedad, una reflexión que surge desde abajo:
“En la puerta del presidio
hay escrito con carbón:
Aquí el bueno se hace malo
y el malo se hace peor.”

Y lo que siempre ha pensado el pueblo de la falta de libertad: que aunque la jaula sea de oro no deja de ser por eso mismo una prisión;  otra reflexión desde abajo contra el Estado, por así llamar a las altas instancias de la sociedad que son también las de uno mismo:
¿De qué le sirve al cautivo
tener los grillos de plata
y las cadenas de oro
si la libertad le falta?

Algunos poetas han acertado a expresar lo popular que llevan dentro, es decir, han prestado su voz al pueblo, y este, como agradecimiento, los considera poetas populares. Muchos, por ejemplo, atribuyen esta copla a don Antonio Machado: Ni contigo ni si ti / tienen mis penas remedio, / contigo porque me matas, / sin ti porque me muero. Lo primero de todo es que hay variantes como: "tienen mis males remedio" en vez de "tienen mis penas remedio" y "contigo porque no vivo" en lugar de "contigo porque me matas". Y lo segundo es que no parece que la escribiera Antonio Machado, aunque bien pudo hacerse eco de ella. 

Ya nuestro Marcial escribió en latín algo parecido en este dístico elegíaco de hexámetro y pentámetro dactílicos (XII 46),  que traduzco en versión rítmica:
Difficilis facilis iūcundus acerbus es īdem.
Nec tēcum possum      uīuere nec sine tē.

 Eres difícil y fácil, amable y arisco tú mismo.
Ni contigo capaz     soy de vivir ni sin ti.

sábado, 9 de noviembre de 2024

¿Quién salva a quién de qué?

    'Solo el pueblo salva al pueblo' es un lema que algún avispado enseguida se lo ha atribuido a don Antonio Machado, refiriéndolo a una carta a su amigo ruso David Vigodsky fechada en 1937 en la que escribía literalmente: "En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos -nuestros 'barinas'*- invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva.  En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia** es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud". La relación con el lema que nos ocupa se ensombrece un poco con la mención de la bicha de la patria, que el pueblo "compra con su sangre y la salva", frente a los señoritos que la tienen siempre en boca y que la venden. 

    *barina  (барыня) era el título que se daba en Rusia en la época de los zares a los señores, propietarios y grandes terratenientes, por lo que equivale a nuestros 'señoritos' andaluces y extremeños.
    **demófilo (amante del pueblo) fue el pseudónimo que utilizó el escritor y folclorista Antonio Machado Álvarez,  padre de los poetas Antonio y Manuel.
 
 
 Quizá mejor: Només el poble salva el poble.
 
    El origen del lema parece remontarse temporalmente, no tanto al poeta de los campos de Castilla, como, más cerca de nosotros,  a los años setenta del siglo pasado, y a movimientos de izquierda latinoamericanos. Procede quizá de Lucio Cabañas Barrientos -eso es lo que me dice al menos el inefable ChatGPT-, el cual era maestro rural, líder guerrillero mexicano y fundador del Partido de los Pobres, fomentó la autodefensa popular y resistencia campesina frente a la opresión del Estado y la desigualdad extrema en varias regiones de México, defendiendo la insurrección popular que no renunciaba a la lucha armada, bajo la consigna de "ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo". 
 
 
    Con el tiempo el eslogan fue adoptado por otros movimientos populares y revolucionarios en América Latina como Chile, Argentina, y más modernamente Venezuela. En España, a raíz de las recientes inundaciones valencianas, ha sido adoptado por las víctimas y los voluntarios que acuden en su ayuda. 
 
    Según los medios de masas progres, la extrema derecha o derecha extrema, que en este caso viene a ser lo mismo, se ha apoderado de él para zarandear al pueblo contra el gobierno progresista que padecemos, lo que motivó el enfangamiento e insultos que recibieron las autoridades, incluidas sus regias majestades, al visitar los efectos desastrosos de la catástrofe. Los asesores del Gobierno critican el lema asegurando que, al revés, sólo el Estado salva al pueblo a través de los servicios públicos sufragados por los impuestos de los ciudadanos en función de su poder adquisitivo, cotizando cada cual según su renta, y si el Estado, como parece que ha sucedido en este caso, no socorre al pueblo y este se ve obligado a ayudarse a sí mismo se debe a que es un Estado fallido, que ha fallado y fracasado en su cometido de preservar la seguridad del pueblo convertido en ciudadanía de contribuyentes y votantes. 
 

     Ya lo decían los antiguos romanos: salus populi suprema lex esto. La frase, inspirada quizá en la Ley de las XII Tablas, suele citarse omitiéndose al principio el dativo plural arcaico ollis en vez de illis con valor anafórico, que quiere decir “para ellos”, y se refiere a los mandamases, por lo que su significado sería: sea para los que gobiernan la ley suprema procurar la salvación -mejor que salud- o seguridad, como se prefiere ahora, del pueblo o ciudadanía. Porque, claro está, ¿qué va a ser del Estado si no hay pueblo que lo sustente y en el que sustentarse?
 
    Intelectuales varios, afines al Gobierno, critican este lema de “solo el pueblo salva el pueblo” por ser “populista”, “desorganizado” o “reaccionario”, lo que revela su falta de conexión con la realidad de la calle que tienen, así como la desconfianza y temor a la capacidad de la gente de autogestionarse y organizarse espontáneamente, sobre la marcha, sin un programa o plan preestablecido, y sacudir así los cimientos, hasta hundirlos, del sistema que dice protegerlos.
 
    Hay quien dice que el lema tiene un componente fascista, aunque se use en otro sentido, porque son los servicios públicos, incluido el ejército, y no los voluntarios los que salvan al pueblo, para lo que hay que pagar impuestos, porque, como dice la Agencia Tributaria, "lo que das cuando pagas impuestos vuelve a ti, vuelve a todos".
 
 
    Se me ocurre a mí, contra unos y otros, contra izquierdas y derechas, recurrir al hexámetro virgiliano: una salus uictis nullam sperare salutem: 'la única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación', en el que no se habla expresamente del pueblo, sino de los "vencidos", que viene a ser como lo mismo.  
 
    Habría que esgrimir que la gente, mejor que el pueblo, no necesita que venga nada ni nadie, ningún mesías, a salvarla ni redimirla. Esa lectura negativa es la mejor que se puede hacer del lema populista que nos ocupa. El pueblo no necesita salvadores. Y lo mejor de "el pueblo salva al pueblo", que es un lema, en efecto, populista del que pueden aprovecharse todos los políticos del signo que sean a fin de gobernarlo, es la lectura negativa que puede hacerse de él: ninguna suprema ley, nada ni nadie hace falta que salve al pueblo, que ya sabe arreglárselas por sí mismo sin que venga nadie a joderle la marrana.