lunes, 18 de mayo de 2026

De la soberanía popular

La palabra “soberano” es herencia del latín superanus, que a su vez se compone de la partícula super (equivalente de la griega ὑπέρ,  hyper en transcripción), que significa “encima, arriba”, raíz que aparece en varios adjetivos latinos clásicos como superbus, superior, supremus, supernus y superus (superi por omisión de di son los dioses de arriba, del cielo o de las alturas, que se contraponen a los inferi o dioses infernales de por aquí abajo), y el sufijo popular -anus.
 

Superanus no es latín clásico, sino un desarrollo del latín tardío y medieval, recogido como veo que  está en el Glossarium Mediae et Infimae Latinitatis de Du Cange y W. Meyer (1886) y atestiguado en varios documentos, por lo que no hace falta restituirlo con un asterisco como forma supuesta pero no documentada. Así, por poner un ejemplo cualquiera, leemos en el Chartularium de la abadía de San Víctor de Marsella de finales del siglo XI: Et dono ibi, in alio loco, juxta via superana, quae vadit ad Artiga, petia de terra. Y te doy allí, en otro lugar, junto al camino de arriba, que va a Artiga, una pieza de terreno. Donde aparece la expresión via superana como “camino de arriba”, con el significado local, puramente topográfico de “situado en una posición elevada”.

De este adjetivo superanus –a -um deriva la palabra italiana soprano,  aplicada al registro femenino más alto o agudo de la voz humana, y soprana camisa sin mangas de algunos seminaristas que se ponía directamente sobre otra vestidura y no sobre la piel, como la simple camisa.  

Y de ese adjetivo, sustantivado, deriva la palabra española “soberano”, que el Diccionario define como “Que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente”, y "soberanía", como “Cualidad de soberano” en primer lugar y en segunda instancia como “Poder político supremo que corresponde a un Estado independiente”. Asimismo, se define el soberanismo como el movimiento político que propugna la soberanía de un territorio, es decir, la propiedad de un territorio y el poder político supremo que no depende de ningún otro, ejercido sobre dicho territorio y los que en él habitan.

Soberano, soberanía y soberanismo se han convertido, pues, en palabras cultas propias de la jerigonza del gremio de los demagogos o políticos profesionales que se dedican a engañar al pueblo, al que halagan considerándolo soberano, dándole a entender torticeramente que no hay nada ni nadie por encima de él.
 
 
 
 Si el pueblo es soberano quiere decir en román paladino, o sea, en el lenguaje claro y llano con el que uno habla con su vecino, que es el rey y monarca que está arriba y no abajo, que por encima de él no hay nada ni nadie porque no hay otro soberano más que él, ni siquiera los presuntos "representantes" de la soberanía popular, porque al pueblo no lo representa ni Dios que lo creó. Y eso, obviamente, es mentira porque si el pueblo está “arriba”, ¿de qué o de quién que esté “abajo”? Arriba se define en contraposición a abajo. Si no hay nada ni nadie abajo, tampoco puede haber nadie arriba, ni arriba siquiera propiamente dicho ni soberanía que valga.

El problema se multiplica cuando en vez de hablar del pueblo en singular, hablamos de pueblos en plural, porque entonces estos entran en competencia desleal entre sí y comienzan a disputarse la soberanía o dominio de sus respectivos territorios. Y cuando hablamos de pueblos en plural cometemos otro lío mayúsculo, ya que o están configurados como Estados o aspiran a estarlo, y es entonces cuando reivindican la soberanía nacional, que no popular. 
 
  
Pero la idea de Estado es la más engañosa de todas porque equipara pueblo y gobierno, y mete en el mismo saco al gobernado, que es el pueblo, y al gobernante emanado de él, que son sus supuestos representantes o comisarios. Y la idea de Estado democrático la más perniciosa  y la que más aumenta la ceremonia de la confusión, porque es la forma de gobierno más evolucionada históricamente y la que nos ha tocado padecer a nosotros, en pleno siglo XXI,  y, por si sirve de algo, denunciar.

De alguna forma todos los pueblos existentes se consideran pueblos elegidos (por Dios, como el judío veterotestamentario, o por la Historia, que es la versión laica del dios monoteísta de Israel) y por lo tanto la existencia no de un pueblo, que podría ser el conjunto de la humanidad, sino de diversos pueblos obliga a que todos pretendan ser soberanos no sólo de sí mismos sino también de los demás, y ahí comienzan los problemas entre unos y otros.
 

Si el pueblo es soberano como dicen los demagogos o políticos profesionales,  ¿qué necesidad tiene de delegar su soberanía en uno (monarquía), en unos pocos (oligarquía) o en una mayoría (democracia que en rigor debe llamarse oclocracia, ya que όχλος significa  mayoría pero no totalidad, que acaba desembocando en lo que Platón llamó teatrocracia o gobierno de los representantes)? Si el pueblo es soberano de verdad no hay ni arriba ni abajo, no necesita ningún órgano que lo administre ni gobierne. La soberanía popular es la negación de toda forma de gobierno, es decir, la soberanía popular auténtica, la verdadera democracia,  sería, propiamente hablando, la acracia o anarquía.

domingo, 17 de mayo de 2026

Pareceres CX

 537.- La de níveos brazos. La mujer más bella del mundo le fue otorgada como recompensa a Paris por haber dictaminado como juez que la diosa más bella de las tres candidatas que se le presentaron desnudas fue Venus/Afrodita. En el célebre juicio Minerva/Atenea le ofreció como chantaje la pericia en la guerra y el conocimiento de la verdad, Juno/Hera le ofreció, por su parte, ser el hombre más poderoso del mundo, mientras que Venus/Afrodita le prometió a Hélena, la mujer más bella del mundo, cuya posesión, convertida en casus belli, desencadenará la guerra de Troya. Homero, tanto en la Ilíada como en la Odisea utiliza el epíteto λευκώλενος (bracicándida, de cándidos o de níveos brazos, es decir, de una blancura resplandeciente como la de la nieve) para destacar la belleza deslumbrante de diosas y mujeres nobles, siendo Juno/Hera la más frecuentemente calificada con este término, en veinticuatro ocasiones de las treinta y nueve en que aparece. Alude el epíteto a la palidez de la piel, que era el mayor distingo de belleza y de nobleza en la antigüedad grecolatina. Cuando nos enteramos de que la bellísima actriz Lupita Nyong'o encarna a Hélena de Troya en la película "La Odisea" de inminente estreno de Christopher Nolan, no podemos dejar de pensar en el cambio del canon de belleza que se ha impuesto, que, motivado por consideraciones morales y que quieren evitar la supremacía de la raza blanca sobre la negra por mor de la corrección política, intenta cancelar lo que ha sido, la historia, como si esta no hubiera existido. Patética resulta la actualización jolivudense de la mitología clásica a las tendencias ideológicas modernas y al casting de forzada racial diversidad.
La bracicándida Lupita Nyong'o
 
538.- Libertad de expresión.- Escriben John y Nisha Whitehead en Offguardian una reflexión que ellos aplican a los Estados Unidos pero que podría valernos para tutti quanti, incluidos nosotros también: “Se nos pide —no, se nos obliga— a creer que la mayor amenaza para Estados Unidos hoy en día no es el abuso de poder del gobierno, la guerra interminable, la corrupción, la vigilancia o la constante erosión de los derechos constitucionales. No, la verdadera amenaza, al parecer, es la libertad de expresión. Discurso peligroso. Discurso de odio. Discurso crítico. Discurso que se atreve a desafiar al poder”. Y dan en el clavo: Tras el presunto intento de asesinato al presidente de ese país, la administración y medios afines que ella controla han promovido una narrativa que cercena la libertad de expresión: que las críticas al presidente que lo tachan de autoritario o fascista no solo son erróneas, sino que son responsables de la violencia desatada. Las críticas alimentan la ira, o el hodio (sic), que diría nuestro gobierno progresista que progresa adecuadamente en su rumbo a ninguna parte, y la ira y el discurso de hodio conducen a la violencia. La crítica se trata de peligrosa, después de perjudicial y finalmente de extremista e ilegal. La disidencia se ve como una amenaza. Corren malos tiempos para la lírica y para la épica.
  
 
539.- Menos vacunaciones. Preocupa a los expertos la importante caída de las tasas de vacunación en el mundo, ya que, dicen, aumenta el riesgo de que reaparezcan enfermedades olvidadas. En los últimos años, se ha observado una disminución en la cobertura de vacunación de la población, principalmente debido a la reticencia que se acentuó durante la pandemia del virus coronado. La gente ya no parece creer el cuento farmacológico y gubernamental de que las vacunas han salvado millones de vidas y son una de las medidas preventivas más eficaces contra enfermedades graves, porque lo que se ha visto es justamente, en el caso que nos ocupa, todo lo contrario:  ni sirvieron para evitar el contagio ni para ahuyentar la muerte, que se aceleró vertiginosamente, y desataron además una importante secuela de efectos secundarios adversos cuyas consecuencias estamos viendo todos los días a nuestro alrededor. En estos últimos seis años se han ocultado las enfermedades y reacciones adversas graves e incluso muertes súbitas producidas a raíz de la vacunación, y sin embargo la gente que tiene ojos en la cara ha visto que el peligro no era la disminución de las inyecciones, sino su profusión, todo lo contrario. Por eso los expertos quieren restablecer a toda costa la confianza perdida de la gente en las salvíficas vacunas y en el dogma de que "salvan vidas", organizando eventos informativos a través de múltiples canales dirigidos a personas de diferentes edades y creencias, concediendo incentivos a quienes se pinchen, y garantizando la cobertura del costo de las inyecciones, para que no las tenga que pagar directamente uno de su bolsillo, sino indirectamente a través de sus impuestos, intensificando la propaganda continua a la comunidad por parte de profesionales de la salud sobre los supuestos beneficios salvadores, utilizando la tecnología y las redes sociales, así como colaborando con organizaciones comunitarias, porque, de lo contrario, el negocio se acabó. 
 
 
540.- Bipolaridad. Se oye hoy hablar mucho por todas partes de bipolaridad, no con el sentido de personalidad o trastorno bipolar aplicado a un individuo de la grey con episodios alternos eufóricos y depresivos, como se decía antes, sino aplicado ahora a la grey entera o sociedad, que se bipolariza, o si se prefiere, se bilateraliza. Nos encontramos con una sociedad en la que la guerra social, la antigua lucha de clases entre opresores y oprimidos, ha sido reemplazada por la guerra interestatal, en la que las diferencias entre naciones son mayores que las internas, en la que, al parecer, ya no hay explotados ni explotadores, sino solo Estados que se enfrentan en la arena que ahora llaman geopolítica agrupados en dos polos o ejes. Así pues en política, “bipolaridad” o bipolarización se refiere a una situación dominada por dos grandes polos o bloques enfrentados entre sí que dejan poco espacio intermedio.—dos partidos, dos ideologías o dos potencias— alrededor de los cuales se hace girar casi toda la vida política. Si en la Guerra Fría se fraguaba un mundo dividiéndolo entre Estados Unidos y Unión Soviética, hoy en día se fomenta la rivalidad entre Estados Unidos y China en economía, tecnología, comercio y geopolítica. Muchos analistas, sin embargo, acuñan el término “multipolaridad” o "multilateralidad" para hablar de un teatro del mundo en el que quieren adquirir protagonismo actores como Rusia, India o la Unión Europea.  Todo es un espectáculo, una película en que se confunden la ficción y la realidad, o un videojuego sin peligro inmediato para nosotros, lo que hace aún más fácil -de hecho, infinitamente tentador en una era dominada por la bipolaridad- que nos bipolaricemos eligiendo un bando, apostando por uno u otro, como si estuviéramos viendo un partido de fútbol y eligiendo un equipo. 
 
  
541.- Oficialidá del asturianu: El sábado pasado hubo una manifestación en Oviedo convocada para reclamar la oficialidad del asturiano y del eonaviego en el marco de la ‘Selmana de les Lletres Asturianes’. El eonaviego se habla en la zona más occidental de Asturias, entre los ríos Eo y Navia, de ahí su nombre, y está relacionada con el grupo lingüístico gallegoportugués. Esta lengua se conocía tradicionalmente como gallego-asturiano o la fala, y ahora se llama eonaviego como si se quisiera con el cambio de denominación alejarla de Galicia para incluirla más en las Asturias de Oviedo, entre el Eo y el Navia. En las otras Asturias, las Asturias de Santillana, que es como se denominaba antaño a Cantabria, se reivindica por parte de los cantabristas también la oficialidad del cántabru, una lengua prácticamente inexistente. La marcha, organizada por la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana (XDLA), partió con unas 4.000 personas, según las primeras estimaciones de la Policía Nacional, desde la estación de tren de la capital del Principado al son de gaitas y panderetas. Al parecer el año pasado se intentó modificar el Estatuto de Autonomía a fin de otorgar la máxima protección a estas lenguas, pero fue rechazada en la Junta General del Principado. La proposición estatutaria para la oficialidad del asturiano y del eonaviego no prosperó ya que se precisaba una mayoría reforzada de 27 de los 45 diputados que forman el hemiciclo, que no se consiguió. Por eso vuelve a intentarse ahora este reconocimiento oficial, esta oficialidad, que a las lenguas que habla la gente no les hace ninguna falta. 

sábado, 16 de mayo de 2026

¡Qué buenos son, que nos llevan de excursión!

Ha pasado ya una buena ristra de años desde que siendo yo mozalbete entonaba con alborozo aquella canción, cuyo estribillo me viene ahora a las mientes, de «qué buenos son los padres escolapios, que buenos son que nos llevan de excursión», agradeciéndoles infinitamente la salida del colegio (eso es lo que sugiere el prefijo ex- de la palabra ex-cursión con toda su fuerza centrífuga) a los profesores que nos sacaban por un tiempo prudencial de la jaula de las aulas, para que recargáramos las pilas y pudiésemos volver con energía renovada a la incursión (el prefijo in-, aquí de claro valor centrípeto, señala la vuelta a la normalidad y enclaustramiento; tras la excursión se impone la incursión en la  machadiana “monotonía / de lluvia tras los cristales”). 

Que conste que yo no estudié en los escolapios ni en los agustinos ni en los  salesianos ni en ningún otro colegio de pago tampoco, sino en un centro público, y no me pesa, sino todo lo contrario.  El caso es que todos cantábamos aquella cantilena de agradecimiento a nuestros profes “majos y enrollaos” equiparándolos con los padres escolapios, lo que no les gustaba demasiado, la verdad sea dicha. 


Ya por entonces los centros públicos comenzaban a competir con los privados y concertados en la organización de las llamadas “actividades extraescolares”, hasta el punto de que en la actualidad todos disponen prescriptivamente de un Departamento a ellas consagrado, y de un Jefe encargado de hacer su programación y el seguimiento de dichas actividades fundamentales para el normal funcionamiento del 'currículo educativo' (sic) de un centro escolar de primaria y secundaria que se precie, cuya obligatoriedad sin ellas resultaría intolerable, igual que un calendario sin festividades, un trabajo sin vacaciones o una semana sin finde. (Cuando hablamos aquí de "actividades extraescolares" no nos referimos a las clases de natación, ballet, artes marciales y encaje de bolillos con las que los padres complican las agendas de sus hijos fuera del horario escolar privándoles así de juego libre, sino a las que organizan los propios centros escolares, dentro de su horario lectivo,  para proyectarse en la sociedad escurriéndose de sí mismas a fin de volver corriendo al redil y hacer más soportable la reclusión obligatoria).

Hemos ido viendo desde entonces cómo también rivalizan unos y otros establecimientos en la organización de diversos saraos como posados para orlas conmemorativas del inolvidable curso académico, organización de eventos deportivos y concursos de misses y misters -parece que estos últimos han pasado afortunadamente ya a la historia-, bailes de primavera y de graduación, ceremonias de comienzo y fin de curso, y cómo llegan a fletar  autobuses y chóferes para que se vayan turnando en los largos trayectos por las autopistas de Dios devorando quilómetros a toda pastilla, trenes, cruceros y hasta aviones para poner en circulación por tierra, mar y aire por el ancho mundo no pocas cohortes de estudiantes que vitorearán eufóricamente a la Madre Superiora (“¡Viva la Madre Superiora!”), por lo tolerante y comprensiva que es organizando la excursión, que ella preferirá denominar “salida didáctica y pedagógica”, quien, defensora como es de la realización de ese “viaje de estudios” (sic) y por su trascendencia espiritual como una de las señas de identidad irrenunciables de “su” convento, perdón, quería decir, de su colegio, y de “su” proyecto curricular educativo, celebrada año tras año desde tiempos inmemoriales, acompañará a los novicios y novicias  como mayoral que vela por el rebaño pastoreándolo para que no se descarríe y pueda recibir la bendición del sumo pontífice en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, donde se les dará suelta y día libre para que visiten, por su cuenta y riesgo, si así lo consideran, los museos. 

Otro de los cánticos de aquellos autobuses que me viene al hilo de esto a la memoria exhortaba al conductor a pisar el acelerador de un modo bastante irresponsable e imprudente. Creo que decía algo así: Para ser conductor de primera, / acelera, acelera... Ignoro si se siguen cantando canciones en los autobuses. Imagino que no, que a lo sumo se entretendrá a los alumnos con películas de acción o de risa para que no se aburran con el paisaje, o se pondrá algún tipo de música para todos que acabará disgustando a la mayoría, ahora que cada cual cultiva sus gustos musicales personales. A tal efecto, supongo, cada uno llevará sus auriculares puestos para escuchar “su” tachunda, y se distraerá publicando y leyendo chorradas con su móvil en sus redes sociales, por lo que ya no se entonarán aquellos cantos corales más propios de una taberna que de un autobús escolar. 

Si los alumnos estudian Historia del Arte, por caso, parece muy justificado y hasta oportuno que visiten la Capilla Sixtina in situ, aunque luego allí no puedan permanecer más de cinco minutos, tal es la avalancha de turistas que suele haber, ni puedan atender a las explicaciones de los profesores, en el caso de que estos les expliquen algo, dado que se exige un silencio religioso por ser un lugar de oración, por lo que resulta casi preceptivo acompañarse de una audioguía, pero esa actividad carece de todo valor pedagógico si no se acompaña de un trabajo previo y posterior en el aula, y si los alumnos no realizan durante su visita algún tipo de tarea complementaria, y se limitan a fotografiar sin ton ni son y al tuntún las cosas -incluidos ellos en los inevitables selfis de las "cosas que hay que ver"- que no tienen tiempo de ver con detenimiento y recreación para enseñarlas después aburriendo a familiares y amigos. 

 Capilla Sixtina repleta de turistas

Parece a fin de cuentas como si las Actividades Extraescolares, por lo tanto, se hubieran convertido en las auténticas actividades del Centro Escolar, las que más lo caracterizan y definen, siendo las intraescolares, por emplear este término para las clases magistrales y cada vez menos magistrales, poco más que un breve paréntesis entre una y otra extraescolar y una disculpa para realizar las que realmente promocionan al Centro, las que rompen con la reclusión claustrofóbica, sin las que esta sería insoportable. Los profesores que critiquen la excesiva realización de dichas actividades, por su parte, serán ellos mismos tachados de intransigentes cavernícolas y carcas chapados a la antigua por pretender tener a los alumnos "amarrados al duro banco" de las galeras turquescas que siguen siendo, pese a todos los pesares, las aulas. Como consecuencia de todo esto, la mayoría de los centros escolares han cambiado y se han convertido en centros de actividades extra-escolares: organizan excursiones, intercambios de "inmersión lingüística" (sic) y viajes que hacen la competencia a las agencias del gremio; hacen turismo para dar una vuelta -eso es el "tour"-  y volver tras el garbeo del giro de Copérnico a lo de siempre y a lo mismo.

viernes, 15 de mayo de 2026

In memoriam José Domínguez Muñoz, El Cabrero

El cantaor José Domínguez Muñoz (1944-2026), más conocido como El Cabrero, ha fallecido en Aznalcóllar a los 81 años de edad. Cabrero de profesión y anarquista afiliado a la CNT, llegó a convertirse en el cantaor flamenco con más proyección internacional, pero nunca dejó de sacar a sus cabras a pastar. Tiene su página en la Güiquipedia, y su propia página güeb.
 
En 1982 dio con sus huesos en la cárcel condenado por blasfemar tras una actuación soltando un “me cago en Dios”. Reconoció después: "Me encerraron porque era yo, no por lo que dije. Allí no hubo ningún escándalo público. Hubo mucha movilización social y en vez de dos meses, solo estuve tres semanas en la cárcel". Era la suya una voz demasiado libre, visceralmente popular que había que acallarla como fuera.
 
No sería esa la única ocasión en que El Cabrero acabó en la cárcel. Su reivindicación de las cañadas, veredas y abrevaderos públicos usurpados por los terratenientes y otros agricultores le ocasionaron varios encontronazos con la justicia. 
 
En los años 90 participó en los festivales de world music y jazz más importantes del mundo, compartiendo escenario con Chick Corea o Gilberto Gil. En 1993 Peter Gabriel lo incorporó a su gira por los Estados Unidos. 
 
La primera vez que le ofrecieron grabar un disco, lo rechazó porque no quería abandonar su oficio de cabrero. Posteriormente aceptó grabar destinando la ganancia a la recuperación de su compañera.
 
En el vídeo siguiente canta con los acordes de la guitarra de Rafael Rodríguez por malagueñas y rondeñas las siguientes coplas prolongando algunas vocales que convierte en quejidos populares: "Una lágrima al desierto, / y una sonrisa a la vida, / y una lágrima al desierto, / una crítica a quien diga / que haga farta sembrar muertos / para vengar otras vidas".
 

 "Dijo mucho más que yo, /Picasso con sus pinturas, / dijo mucho más que yo. / Él se expresaba pintando / y al régimen molestó, / y yo molesto cantando".  
 
Y la última: "Nos enseñan a matar / mucho más que a sembrar un árbol. / Nos enseñan a matar, / y los que nos rebelamos / solo nos queda gritar: / ¡Ni guerra, ni Dios, ni amo!".
  
El Cabrero acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez.
 
El Cabrero es cante flamenco puro.  Una de las más bellas y trágicas historias que canta es esta: “De un pare y un hijo cuentan, / que se ganaban la vida por campiña / y olivares trabajando noche y día, / por campiña y olivares, / trabajando noche y día. / Sin haber hecho motivo, / a los dos los amarraron, / a un viejo tronco de olivo, / y a balazos los mataron. / Nadie se atrevió en el pueblo, / a pedir explicación. /  La muerte de aquellos hombres / sirvió pa' sembrar el terror; la muerte de aquellos hombres / sirvió pa' sembrar el terror. / De aquel pare y aquel hijo, / sólo se acuerda la tierra; / allí donde los mataron / crece más verde la hierba; / crece más verde la hierba / allí donde los enterraron”.  
 
Uno de sus fandangos de Huelva (1983), muy oportuno en estos momentos en que se pretende enjaular una vez más a su querida Andalucía a través de elecciones democráticas, dice así: Al pueblo de Andalucía, / dale alas y volará. / Que es un ave doloría, / buscando la libertad / que le han negao toa su vía… 

jueves, 14 de mayo de 2026

Gym o no gym

    Sentemos este principio: la obsesión por el cuerpo perfecto estropea el goce del cuerpo. Es cierto que el ejercicio físico libera endorfinas y relaja, y adelgaza, pero practicado como disciplina no deja de ser un suplicio tortuoso, un sacrificio en aras de la fe en el cuerpo, que sustituye a la fe que otros creyentes tenían (o tienen, si queda alguno todavía) en el alma y, más modernamente, -de estos hay muchos- en el cultivo de la personalidad propia, un tormento que podríamos ahorrarnos. 
 
    Si te asomas a la puerta de un establecimiento gimnástico verás que se parece a una sala de torturas de la inquisición: los modernos aparatos semejan instrumentos de tormento para el sufrimiento y el dolor, aparatos monstruosos para la musculación y el sudor de la gota gorda, bicicletas y cintas estáticas para pedalear y correr sin moverse de sitio como hacen los hámsteres dentro de su rueda inmóvil… Todo eso que fascina a tantos hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, a algunos, la verdad, nos da mucha grima: preferimos el goce del olvido del cuerpo (y del alma, sobra decirlo) que trabajar los músculos y sudar copiosamente en el gimnasio o gym, como dicen los horteras, para obtener unos abdominales en forma de tableta de chocolate o unos glúteos prietos y rotundos. 
  
    La etimología de gimnasio es la desnudez del cuerpo. Es lo que significaba el término griego γυμνάσιον, que era el lugar público donde se ejercitaban los cuerpos en sus puros cueros. Los antiguos griegos, como se sabe, hacían ejercicio físico completamente desnudos, sin ningún ridículo calzón encima. Hoy en día se va al gimnasio con la mínima ropa encima que exige el decoro, pero a ser posible con ropa de marca deportiva. Los gimnasios tienen habilitados vestuarios, que en italiano se llaman spogliatoi, algo así como “desnudaderos”: según la palabra española "vestuario" es el sitio donde uno se viste, pero según la italiana "spogliatoio", donde uno se desviste. 
 
    Cada vez se abren más negocios de gimnasios en pueblos y ciudades. En la antigua Grecia el gimnasiarco o gimnasiarca era el funcionario estatal, particularmente en la época helenística, encargado de la dirección de un gimnasio y de la educación física y cultural, de los jóvenes que se ejercitaban por llegar a una perfección que no existe. 
 
  
    Pero más curioso resulta todavía el desplazamiento semántico de la palabra latina gymnasium en los países europeos de tradición educativa germánica, donde es el nombre de un centro de educación secundaria, equivalente a nuestros institutos o liceos orientados a futuros estudios universitarios. Seguramente que detrás de este desplazamiento semántico está aquello de Juvenal de "mens sana in corpore sano", nunca bien entendido por los pedagogos y educadores físicos y psíquicos modernos, que consideran que el objetivo ideal por el que debemos esforzarnos y sufrir es por trabajar la mente y el cuerpo simultáneamente, sin desdeñar ninguno de los dos aspectos, cuando la intención del poeta era muy otra: había que pedir a los dioses, que nos concedan la gracia de un cuerpo sano en una mente sana, no que nosotros tengamos que trabajarnos a nosotros mismos apuntándonos a un gimnasio y simultáneamente una institución académica.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Dos chistes y una tira cómica contra la obligación de ir al cole

La maestra anuncia a toda la clase: -Hoy vamos a tratar una nueva unidad didáctica:  la Educación Sexual. Una niña alza rápidamente la mano y pregunta: -¿Podemos salir al recreo, señorita, las que ya chingamos?



(Frente al terminajo pedagógico que utiliza la maestra de “unidad didáctica” para impresionar a su auditorio infantil y de paso a sí misma con su jerga pseudoespecializada que sustituye a los tradicionales “lección” o "clase", la alumna emplea con desparpajo una palabra vulgar, popular,  que recién pronunciada provocará la irrisión general, y será tachada de malsonante e impertinente por la profesora, que corregirá inmediatamente a la deslenguada discípula por su expresión soez con eufemismos y paráfrasis cultas como “mantener relaciones sexuales”, "practicar el coito" o, más ridícula aún, “hacer el amor”. Pero la gracia del chiste reside en que lo que pretende enseñarles la maestra bajo el campanudo título políticamente correcto de “educación afectivo-sexual” es algo que esta alumna y algunas amigas más, por el uso que hace del plural, ya saben y por lo tanto resulta superfluo que la señorita pretenda explicárselo y darles consejos sobre cómo se hace o se deja de hacer,  por lo que pide que se las dispense de la clase y se las deje salir al patio... Ella y sus amigas, que ya saben lo que es eso tanto en la teoría como en la práctica, no tienen ningún interés por la aburrida monserga pedagógica que las espera de la profesora, y lo que quieren, en el fondo, es librarse de la reclusión escolar siquiera momentáneamente, salir de la ominosa aula al patio y aire libre y a un recreo que todavía no ha sido catalogado como "activo" ni como "segmento de ocio" y del que aún se puede disfrutar libremente sin estar bajo vigilancia tutelada). 


Esa misma maestra, vamos a suponer, progresista y comprometida con la mejora de la educación, más preocupada de hecho por educar que por enseñar a sus alumnos y alumnas, que, por su parte, no aprenden nada que no supieran ya, como hemos visto en el caso anterior, pasa una encuesta bienintencionada un día a toda la clase donde alumnos y alumnas, como dicen ahora para visibilizar innecesariamente el género gramatical femenino, pueden expresar libremente por escrito porque es anónima su opinión sobre cómo les gustaría que fuese la escuela del futuro en sus mejores sueños, y cómo se la imaginan en su perfección ideal más cumplida y acabada, Jaimito responde sin dudarlo mucho de viva voz: “Cerrada a cal y canto, señorita”. 

 Tira cómica de Bill Watterson, de la serie Calvin y Hobbes


Calvin, el entrañable personaje de la tira cómica Calvin & Hobbes de William "Bill" Watterson y alter ego infantil del autor, exclama cuando esperaba en la parada la llegada del bus escolar que sería una gran sorpresa que el autobús que él está aguardando como todos los días de lunes a viernes y que parece que se retrasa un poco más de lo habitual explotara de repente y desapareciera por arte de magia y combustión espontánea y así él se viera libre por lo tanto de la obligación de tener que ir al colegio como la res que es transportada al matadero para su sacrificio e inmolación... Lo dice bien alto, como para que la Divina Providencia que todo lo ve lo oiga también allá arriba en las alturas, pues parece que está sorda como una tapia y a veces hay que chillar por si acaso no se entera, igual que a la abuelita... Calvin, no quiere ir a la escuela, no porque no le guste aprender, que no le disgusta ya que es un niño inteligente y despierto, sino porque precisamente en la escuela no se aprende absolutamente nada que no sea la obediencia ciega a lo que está mandado, a la rutina de los horarios y calendarios escolares establecidos que dividen el tiempo en ocio y trabajo, lectivo y no lectivo, cara y cruz de la misma moneda.


Pero esa sorpresa que Calvin desea que suceda no va a cumplirse, precisamente porque aun en el caso de que aconteciera ya no sería tampoco ninguna sorpresa que pudiera cogerle desprevenido. Ya no sería algo inesperado y sorprendente. Ya lo cantaba Radio Futura: "Nunca se puede saber / lo que va a ocurrir mañana / salvo que al fin de semana / sigue un lunes otra vez." La sorpresa consistiría en que el fin de semana fuera realmente el fin de la semana, como su nombre indica, el fin de los siete días cuyos nombres recuerdan respectivamente a la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, modificado entre nosotros por el término judaico del Sabat, séptimo y sabático día de la semana judía, y al Sol, que pasó a llamarse día del Señor, semana que adaptaron los cristianos para imponérsela al universo mundo. La sorpresa sería que al domingo no le sucediera un lunes. Pero la semana laboral ya existía cuando Dios creó el mundo y lo puso en marcha.  La reflexión de Calvin viene a decirnos que todo lo puede el Señor menos que un lunes deje de ser lunes, aunque no por eso vamos a dejar de desearlo vivamente en el fondo de nuestro corazón. 


Lo que quieren Calvin, Jaimito y la niña contestataria en definitiva es algo que va a chocar con la dura realidad y que formulado en el lenguaje infantil del niño que todavía no ha aprendido bien algunas reglas gramaticales es: “Que no haiga escuela nunca más”. Recordemos a Ivan Illich: "Para la mayoría de los seres humanos, el derecho a aprender se ve restringido por la obligación de asistir a la escuela".

martes, 12 de mayo de 2026

Porsiacaso

La ominosa OMS (nomen omen), Organización Mundial de la Salud, no pasa por uno de sus mejores momentos desde la propagación y gestión de la pandemia, y después de lo que le costó que se aprobara parcialmente el paquete de medidas contra siempre futuras pandemias, y desde que algunos países importantes decidieron recientemente abandonarla, quedando en manos, como ya estaba, del capital privado, habida cuenta de que su financiación no solo se basa en las cuotas obligatorias de los estados miembros como España, que no llegan a un veinte por ciento del total de su presupuesto, sino sobre todo en las contribuciones voluntarias de organismos privados como la Fundación de la señora y el señor Gates o la Alianza GAVI, que constituyen más del ochenta por ciento de su financiación.
 
La ominosa es un organismo asesor internacional sin poder político efectivo alguno por lo que no puede obligar a ningún estado a nada. No puede imponer, como les gustaría a los organismos privados que la patrocinan, confinamientos, mascarillas, peceerres ni ordenar vacunaciones ni dictar políticas sanitarias aplicables a toda la población, porque, hasta la fecha, cada estado mantiene su soberanía sanitaria. En términos jurídicos del derecho romano, no tiene potestas, sino solo auctoritas. La poca auctoritas que tiene es una autoridad moral basada en su influencia social cada vez más desprestigiada. La potestas a la que aspira es el poder efectivamente coactivo otorgado por la ley. 
 
 
Su modus operandi se basa en el ejercicio del terror informativo: propaga el virus más efectivo que hay, que es el del miedo, ante una amenaza a medio camino entre el Holandés Errante y el barco ruso que transportaba al conde Drácula, sacando a relucir un crucero de bandera holandesa y lujo trasatlántico apestado que ha fondeado y al fin atracado en el puerto canario de Granadilla, que podría desencadenar una pandemia peor que la anterior por las ratas que transporta y que suelen ser las primeras a la hora de abandonar un barco... Nos amenaza sibililnamente para que aceptemos voluntariamente medidas y leyes que restringen la poca autonomía y libertad que nos queda con unos protocolos que de otro modo nunca aceptaríamos.
 
Es aquí donde entra en escena la Señora Ministra de Sanidad de las Españas, que desde hace un par de años es miembro (o miembra, si lo prefiere) del comité ejecutivo de la OMS, qué casualidad, y que improvisa el siguiente discurso acelerado y aderezado con todo tipo de aspavientos y esparajismos y que revela, atención, que todo estaba ya preparado. Escuchémoslo: 
 
  
Estos protocolos -otra vez resuena en nuestros oídos aquella maldita palabra- y estos operativos -¡esta es nueva!- no han sido improvisados. 
 
Hace un mes, el catorce de abril, hicimos un simulacro en Las Palmas, para, bueno, pues, por si acaso -aquí comienza a titubear y de pronto va a hacer la gran revelación, que es el gran porsiacaso, mira tú que casualidad- venía algún barco con algún tipo de enfermedad hemorrágica y por si acaso venía también algún cadáver. 
 
Quiero decir: Estamos no solamente preparados sino que la Organización Mundial de la Salud -de la que ella forma parte, no se olvide- nos pone como ejemplo y nos pone como formadores de otros países.  (Podemos sentirnos orgullosos. A su lado el sumo gerifalte de dicha Organización escucha la traducción que le hace una intérprete de las palabras de la ministra).
 
  
 Por eso creo que hoy es el día de hablar de el orgullo de país, -la conclusión del razonamiento es bastante pobre, una apelación al orgullo nacional- el orgullo también de la población canaria que efectivamente como decía el ministro (…) es una población que es solidaria y que está comprometida, ¡cómo no!, con la salud global, -trata inútilmente con la mención la ministra de ganarse la benevolencia de los canarios y las canarias- y que vamos a seguir trabajando hasta que termine todo el operativo y hasta que pongamos a todo el mundo a salvo. 
 
No hay que preocuparse, van a salvarnos de un peligro que no existía que ellos se han sacado de la manga para justificar su existencia. En fin, un discurso afásico que no dice más que lo que está mandado: que en el mes de abril ya se hizo un simulacro por si se daba algún día el caso, por si acaso, y mira, qué casualidad, acaba de darse el caso como estaba programado para celebrar el éxito del operativo, la cooperación del gobierno español, la distracción del público mundial con el objeto de aumentar la desprestigiada auctoritas de la organización, y de obtener lo que persigue de lejos: la potestas global.

lunes, 11 de mayo de 2026

Secuencia de coplas con bordón

Los buitres sobrevuelan el balneario, donde, viejos, los huéspedes, toman los baños.

De vez en cuando baja un buitre y abduce a algún anciano.

 

No echan nada en el viejo cine Las Vegas, cerrado a cal y canto, sin cartelera.

¡La sala oscura, platónica caverna, ciega ya y muda!

 

Una víbora muerta en el camino; la mató a bastonazos un peregrino.

Libraba al mundo -eso es lo que él creía- de un mal futuro.


El hombre es la medida de cualquier cosa que exista o que no exista, bien poco importa.

Lo dijo el griego, que hacía al hombre ser antropométrico.


Viene la zorra al bar a mediodía a mendigar las sobras de la comida.

¡Pobre raposa, la que robó gallinas pide limosna!

 

En Zaragoza, pues, soldado raso, yo, sirviendo a la patria, marcando el paso.

Hace ya tanto que parece que nunca, y, sin embargo...

El virus son los medios informativos, el móvil en cabeza, ahora mismo, 

lo sabe todo y es más listo que nadie, nos vuelve tontos.

 

Creer en uno mismo es otra forma de fe monoteísta y religiosa.

Lo digo yo, que así es como lo creo, y todo dios.

domingo, 10 de mayo de 2026

Sobras ortográficas

    Se habla mucho de las faltas de ortografía, y muy poco de las sobras; es decir, de lo que está de más en la escritura. Serían sobras de ortografía, poner,  por ejemplo, tildes donde no debería haberlas. Una sobra de ortografía que cada vez veo más y que me preocupa es "vinierón" (sic): acentuar una palabra llana como si fuera aguda, lo que se debe a una imposición de la norma sobre el oído, que no se ha comprendido y escuchado, pero que se apresta a obedecer. Quien escribe "vinierón" sabe que hay una regla orotográfica que dice que en español se pone tilde sobre la vocal correspondiente a todas las palabras agudas acabadas en -n o -s, como, por ejemplo "canción" o "inglés". Quien escribe "vinierón" no se para a escuchar a su oído y a oír si la palabra es aguda, llana o esdrújula porque su oído, ensordecido por la imposición de la norma, probablemente no le diga nada, pero se apresura a obedecer y cumplir -la ley es la ley- la regla susodicha, aprendida y no comprendida, escribiendo algo que no pronunciará nunca.

    Las faltas de ortografía, desde mi modesto punto de vista,  tienen alguna justificación: quien escribe "b" en vez de "v" o viceversa lo hace porque hoy en día ambas letras se pronuncian igual, quien escribe "acer" sin hache está cometiendo una falta de ortografía, que se explica por el carácter mudo de la hache en español contemporáneo.  Las faltas de ortografía, por lo tanto, tienen alguna justificación más que las sobras. Lo único que justifica a estas últimas es la "ciega" obediencia a las reglas de ortografía.

    Otra sobra de ortografía sería escribir haches donde no las hay. Nuestras haches suelen venir de haches latinas, por ejemplo la palabra "hombre", que procede de hominem o de efes iniciales que, después de aspirarse, acabaron desapareciendo delante de la mayoría de las vocales, fenómeno que se produjo en castellano pero no en catalán ni en portugués, y que Menéndez Pidal explicaba como influencia del sustrato vasco, dado que la lengua vasca no tiene f- inicial. Se trata de palabras como "hijo", que procede de filium  o  "harina",  que viene de "farinam". 
    Si preguntamos a un estudiante español de ESO (hagamos la prueba) si es más correcto escribir "exuberante" o "exhuberante" es más que probable que, desconociendo el significado de la palabra, se incline por la forma que contiene la hache intercalada, porque le parecerá más correcta, es decir, más difícil de escribir. Esa sería otra sobra de ortografía,  no propiamente una falta. Debe escribirse “exuberante”, sin hache intercalada, porque el término procede del adjetivo latino uber que significa "fértil, fecundo, abundante", cuya forma de superlativo conservamos en español "ubérrimo". La palabra uber también significa, como sustantivo, "pecho, teta, seno", como se ve en la evolución fonética pues su acusativo "úberem" evolucionó, tras la apócope final de -m y pérdida de la vocal interior átona postónica,  a "ubre".  De ahí que "exuberante" signifique etimológicamente que "produce fruto, que da leche": la preposición "ex" indica un movimiento centrífugo de dentro hacia fuera. Sin embargo y por miedo tal vez de cometer una falta de ortografía y por analogía con palabras como exhumar (sacar de la tierra, propiamente hablando, donde la hache está etimológicamente justificada porque procede de humus), cometemos una sobra de ortografía intercalando una hache totalmente superflua.  

    Sería precisa una reforma de la ortografía para que desaparecieran como por arte de magia y de la noche a la mañana todas las faltas de ortografía, y prestar un poco de oído a la lengua hablada, sin obediencia ciega y acrítica a las normas académicas, para que no hubiera tampoco sobras de ortografía a la hora de escribir. 


sábado, 9 de mayo de 2026

'Todos vamos a morir'

La realidad, como decía García Calvo, es aquello de lo que se habla,  pero, a sensu contrario, no puede decirse que no hablar de algo sea hacer que desaparezca como por arte de magia como si no fuera real y, por lo tanto, no existiera. Políticos y periodistas dan forma a un nuevo relato y crean un notición a fin de que no hablemos de otra cosa y que cada quisque se ponga a dar su opinión personal y se distraiga de sus preocupaciones habituales y se mantenga entretenido. 
 
Los autodenominados “creadores de contenido”, entre los que no quiero incluirme aunque sea bloguero de ya larga trayectoria, no “crean” nada nuevo que no esté creado ya; solo recortan y pegan, copian y plagian los unos de los otros lo que otros han creado. El sistema ha aprendido a alimentar a estos creadores de contenidos y los llama influencers o influyentes. 
 
Lo que más nos interesa a los de abajo es no hablar de lo que dicen que existe o deja de existir, no entrar en ridículas polémicas, no opinar ni llenar los medios, las redes de nuestras conversaciones enfrentadas. Quieren que volvamos a creer que hay unos bichitos muy malos que pueden llevarnos al otro barrio por el callejón de la amargura sin número, retrotrayéndonos al fatídico año del señor de 2020. 
¿Volverán las quirúrgicas mascarillas y aquellas otras que eran más seguras y más caras? ¿Volverán los aplausos a las ocho organizados desde el Ente Público? ¿Volverán los toques de queda, rebautizados como "restricción de movilidad nocturna" y la solemne declaración de guerra contra el enemigo comun? ¿Volverán los confinamientos y las cuarentenas? ¿Volverán los pasaportes y salvoconducos sanitarios? ¿Volverán las vacunas que lo único que ha hecho es multiplicar los cánceres, los ictus y las afecciones del corazón?
 
La estrategia es muy sencilla. Políticos y periodistas, tanto monta, primero nos meten miedo. Después nos dicen que nos calmemos, que la situación está controlada. Que ellos están ahí no solo para representarnos democráticamente sino para velar por nuestra seguridad. En el colmo de los despropósitos uno llega a leer algo tan tranquilizador como esto: "En caso de pandemia, mejor un gobierno de izquierdas que de derechas". Es un titular periodístico, empeñado en tranquilizarnos porque nosotros, al parecer, tenemos aquí un gobierno de izquierdas, y si viene una pandemia, como hace seis años, estamos protegidos. ¡Menos mal que no tenemos un gobierno de derechas, como si eso fuera relevante, como si no fueran la misma cosa izquierda y derecha, cara y cruz de la misma moneda. ¡Que Dios nos coja confesados!
 
Ahora nos dicen que ha llegado un barco, un crucero de lujo trasatlántico, que viene de muy lejos cargado de virus de gran letalidad. Es todo mentira. Pero ya nos han inoculado el peor de todos los virus, que es el del miedo ante un enemigo mortal frente al que no tenemos protección, aunque trabajan a marchas forzadas los laboratorios farmacéuticos en la vacuna milagrosa. 
La aparición televisiva del siniestro epidemiólogo -su discurso se repite hasta tres veces en el vídeo que hemos subido, como si a fuerza de repetición quisiera hacerse verdadero: "no deberíamos de preocuparnos"- intentando tranquilizarnos ante la irrupción de un nuevo virus no ha hecho más que disparar todas las alarmas. Seguro que ya hay gente que, presa del pánico, acapara rollos y rollos de papel higiénico para limpiarse con ellos las heces del ojete después de defecar.

¡Cómo suena todo a ya visto y ya vivido!