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sábado, 9 de mayo de 2026

'Todos vamos a morir'

La realidad, como decía García Calvo, es aquello de lo que se habla,  pero, a sensu contrario, no puede decirse que no hablar de algo sea hacer que desaparezca como por arte de magia como si no fuera real y, por lo tanto, no existiera. Políticos y periodistas dan forma a un nuevo relato y crean un notición a fin de que no hablemos de otra cosa y que cada quisque se ponga a dar su opinión personal y se distraiga de sus preocupaciones habituales y se mantenga entretenido. 
 
Los autodenominados “creadores de contenido”, entre los que no quiero incluirme aunque sea bloguero de ya larga trayectoria, no “crean” nada nuevo que no esté creado ya; solo recortan y pegan, copian y plagian los unos de los otros lo que otros han creado. El sistema ha aprendido a alimentar a estos creadores de contenidos y los llama influencers o influyentes. 
 
Lo que más nos interesa a los de abajo es no hablar de lo que dicen que existe o deja de existir, no entrar en ridículas polémicas, no opinar ni llenar los medios, las redes de nuestras conversaciones enfrentadas. Quieren que volvamos a creer que hay unos bichitos muy malos que pueden llevarnos al otro barrio por el callejón de la amargura sin número, retrotrayéndonos al fatídico año del señor de 2020. 
¿Volverán las quirúrgicas mascarillas y aquellas otras que eran más seguras y más caras? ¿Volverán los aplausos a las ocho organizados desde el Ente Público? ¿Volverán los toques de queda, rebautizados como "restricción de movilidad nocturna" y la solemne declaración de guerra contra el enemigo comun? ¿Volverán los confinamientos y las cuarentenas? ¿Volverán los pasaportes y salvoconducos sanitarios? ¿Volverán las vacunas que lo único que ha hecho es multiplicar los cánceres, los ictus y las afecciones del corazón?
 
La estrategia es muy sencilla. Políticos y periodistas, tanto monta, primero nos meten miedo. Después nos dicen que nos calmemos, que la situación está controlada. Que ellos están ahí no solo para representarnos democráticamente sino para velar por nuestra seguridad. En el colmo de los despropósitos uno llega a leer algo tan tranquilizador como esto: "En caso de pandemia, mejor un gobierno de izquierdas que de derechas". Es un titular periodístico, empeñado en tranquilizarnos porque nosotros, al parecer, tenemos aquí un gobierno de izquierdas, y si viene una pandemia, como hace seis años, estamos protegidos. ¡Menos mal que no tenemos un gobierno de derechas, como si eso fuera relevante, como si no fueran la misma cosa izquierda y derecha, cara y cruz de la misma moneda. ¡Que Dios nos coja confesados!
 
Ahora nos dicen que ha llegado un barco, un crucero de lujo trasatlántico, que viene de muy lejos cargado de virus de gran letalidad. Es todo mentira. Pero ya nos han inoculado el peor de todos los virus, que es el del miedo ante un enemigo mortal frente al que no tenemos protección, aunque trabajan a marchas forzadas los laboratorios farmacéuticos en la vacuna milagrosa. 
La aparición televisiva del siniestro epidemiólogo -su discurso se repite hasta tres veces en el vídeo que hemos subido, como si a fuerza de repetición quisiera hacerse verdadero: "no deberíamos de preocuparnos"- intentando tranquilizarnos ante la irrupción de un nuevo virus no ha hecho más que disparar todas las alarmas. Seguro que ya hay gente que, presa del pánico, acapara rollos y rollos de papel higiénico para limpiarse con ellos las heces del ojete después de defecar.

¡Cómo suena todo a ya visto y ya vivido!