Sentemos este principio: la obsesión por el cuerpo perfecto estropea el goce del cuerpo. Es cierto que el ejercicio físico libera endorfinas y relaja, y adelgaza, pero practicado como disciplina no deja de ser un suplicio tortuoso, un sacrificio en aras de la fe en el cuerpo, que sustituye a la fe que otros creyentes tenían (o tienen, si queda alguno todavía) en el alma y, más modernamente, -de estos hay muchos- en el cultivo de la personalidad propia, un tormento que podríamos ahorrarnos.
Si te asomas a la puerta de un establecimiento gimnástico verás que se parece a una sala de torturas de la inquisición: los modernos aparatos semejan instrumentos de tormento para el sufrimiento y el dolor, aparatos monstruosos para la musculación y el sudor de la gota gorda, bicicletas y cintas estáticas para pedalear y correr sin moverse de sitio como hacen los hámsteres dentro de su rueda inmóvil… Todo eso que fascina a tantos hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, a algunos, la verdad, nos da mucha grima: preferimos el goce del olvido del cuerpo (y del alma, sobra decirlo) que trabajar los músculos y sudar copiosamente en el gimnasio o gym, como dicen los horteras, para obtener unos abdominales en forma de tableta de chocolate o unos glúteos prietos y rotundos.
La etimología de gimnasio es la desnudez del cuerpo. Es lo que significaba el término griego γυμνάσιον, que era el lugar público donde se ejercitaban los cuerpos en sus puros cueros. Los antiguos griegos, como se sabe, hacían ejercicio físico
completamente desnudos, sin ningún ridículo calzón encima. Hoy en día se va al gimnasio con la mínima ropa encima que exige el decoro, pero a ser posible con ropa de marca deportiva. Los gimnasios tienen habilitados vestuarios, que en italiano se llaman spogliatoi, algo así como “desnudaderos”: según la palabra española "vestuario" es el sitio donde uno se viste, pero según la italiana "spogliatoio", donde uno se desviste.
Cada vez se abren más negocios de gimnasios en pueblos y ciudades. En la antigua Grecia el gimnasiarco o gimnasiarca era el funcionario estatal, particularmente en la época helenística, encargado de la dirección de un gimnasio y de la educación física y cultural, de los jóvenes que se ejercitaban por llegar a una perfección que no existe.
Pero más curioso resulta todavía el desplazamiento semántico de la palabra latina gymnasium en los países europeos de tradición educativa germánica, donde es el nombre de un centro de educación secundaria, equivalente a nuestros institutos o liceos orientados a futuros estudios universitarios. Seguramente que detrás de este desplazamiento semántico está aquello de Juvenal de "mens sana in corpore sano", nunca bien entendido por los pedagogos y educadores físicos y psíquicos modernos, que consideran que el objetivo ideal por el que debemos esforzarnos y sufrir es por trabajar la mente y el cuerpo simultáneamente, sin desdeñar ninguno de los dos aspectos, cuando la intención del poeta era muy otra: había que pedir a los dioses, que nos concedan la gracia de un cuerpo sano en una mente sana, no que nosotros tengamos que trabajarnos a nosotros mismos apuntándonos a un gimnasio y simultáneamente una institución académica.

