viernes, 14 de enero de 2022

De la manipulación política o el caso de la OTAN

 Los sondeos de opinión no revelan lo que la gente opina, sino lo que el gobierno quiere que opine, lo políticamente correcto. Las respuestas de los encuestados dependen de la pregunta que se les formule, del modo en que se haga, y de quién se la formule. La gente interrogada a veces no se atreve a decir y reconocer honestamente que no sabe, y entonces contesta lo primero que se le ocurre sin reflexionar mucho en ello, dando una respuesta cualquiera para salir del brete, por lo que las opiniones de este tipo no tienen mucha fiabilidad y están expuestas a todo tipo de cambios. 


No es lo mismo preguntar en un referéndum si se está a favor de despenalizar el aborto o de legalizarlo, dos caras de la misma moneda. Según se formule la pregunta de una u otra forma puede hacer que se incline la balanza en uno u otro sentido. Los sondeos previos a las elecciones o a la celebración de un referéndum pueden cambiar el resultado de dichas consultas en cuanto que marcan la tendencia general. Por consiguiente, los sondeos no son un instrumento para conocer la vox pópuli, la voz que el pueblo tiene, sino la que el gobierno quiere que adopte la mayoría del pueblo para conformar una opinión pública favorable a su propósito. 

Recuerdo como caso paradigmático de la manipulación política sufrida en las Españas, y caso ilustrativo para los mileniales más jóvenes, que todavía no habían nacido, y que carecen de la cacareada memoria histórica,  el referéndum de la OTAN que organizó el gobierno de Felipe González en 1986, y que ya es historia. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Felipe González se había manifestado en contra de la pertenencia de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte con el lema: OTAN, de entrada NO. Una vez en el gobierno, Felipe González organizó un referéndum sobre el tema postulando el SÍ a la permanencia, ya que de hecho estábamos dentro de dicha organización armada de la que ya formábamos parte desde 1982. 



La redacción de la pregunta era bastante torticera, es decir no se consultaba directamente al electorado si estaba a favor o en contra de la permanencia, sino (cito literalmente): 

El Gobierno considera conveniente, para los intereses nacionales, que España permanezca en la Alianza Atlántica, y acuerda que dicha permanencia se establezca en los siguientes términos: 
1.º La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada. 
2.º Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español. 
3.º Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España. 

Tras esta introducción venía la pregunta a la que había que contestar con un SÍ o un NO. 

 ¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación? 



La participación del electorado en dicho referéndum fue muy baja: del censo de 29 millones de votantes mayores de 18 años que había entonces sólo votaron el 59%, poco más de 17 millones. El resultado del referéndum fue el triunfo del SÍ, aunque de los diecisiete millones de españoles que participaron en la consulta sólo votaron a favor, siguiendo la consigna del Gobierno, nueve millones de votantes.​  

La evolución posterior de los acontecimientos contradijo los términos acordados por el Gobierno y refrendados por la mayoría del electorado que votó: en 1997 España se incorporó a la estructura militar integrada de la OTAN con lo que se contravenía la primera condición acordada. En segundo lugar, Estados Unidos, previa autorización del Gobierno de España, puede introducir armas nucleares en territorio español, lo que se contradice con la segunda condición. Y no hay constancia a fecha de hoy de que haya disminuido la presencia militar de los Estados Unidos en las bases compartidas de Rota y de Morón, sino más bien todo lo contrario.
 
Tres ejércitos de ocupación en el territorio: en realidad son el mismo ejército.
 
 
El 29 y el 30 de junio del año en curso se celebrará en Madrid, a petición de nuestro presidente del Gobierno actual, el doctor Sánchez, el más progresista de la historia, una cumbre de esa organización armada. La capital del reino se llenará de mandatarios, militronchos, policías y un larguísimo etcétera para diseñar  el "Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN". No es extraño que el Partido ¿Socialista? ¿Obrero? Español abrace como ha hecho históricamente el militarismo más rancio e imperialista. 
 
El cantante ya fallecido Javier Krahe compuso una canción satírica  titulada “Cuervo ingenuo” que fue censurada en la televisión porque estaba dedicada al presidente del gobierno socialista Felipe González de entonces. La letra decía: Tú decir que si te votan / tú sacarnos de la OTAN. / Tú convencer mucha gente / Hombre blanco hablar / con lengua de serpiente. Efectivamente el presidente del gobierno tenía lengua de serpiente, es decir, bífida o de doble filo... 
 
 

OTAN (NATO, EN LA LENGUA DEL IMPERIO). DE ENTRADA DECÍAN QUE NO ÍBAMOS A SEGUIR PERTENECIENDO A DICHA ORGANIZACIÓN ARMADA, Y NOS METIERON "DEMOCRÁTICAMENTE" DE CABEZA.

jueves, 13 de enero de 2022

Breve mensajería y villancico ferlosiano

Un hombre irrumpió con una pistola en un bar y descerrajó cuatro tiros al televisor. No era un desequilibrado mental, era alguien cuerdo que sabía lo que hacía. 
 
Se ha hecho proverbial entre nosotros el estúpido dicho de que hay que hacer algo “sí o sí”, en lugar de “sí o no”, con lo que se anula la disyuntiva negativa. 
 
Según una macroencuesta, el setenta y siete por ciento de los españolitos estaría dispuesto a vacunarse tantas veces como les digan las autoridades sanitarias. 
 
El nuevo juguete navideño de venta en farmacias, el predictor de Papá Noel, poco importa si falso o verdadero, ha reforzado las medidas sanitarias totalitarias. 
 
 El villancico más hermoso que escribió Ferlosio: Nazca el niño negativo: / nadie, nunca, nada, no. Su estribillo resuena en mis oídos como alegre campanilla. 
 
Los no vacunados de 60 a 79 años tienen 20 veces más riesgo de fallecer que los vacunados, según la Ministra de Sanidad, inexperta en cuestiones sanitarias. 
 
El presidente del gobierno celebra el logro del objetivo: noventa por ciento de inoculados con pauta completa, y crece vertiginosamente el número de contagios. 
 
 Ni oro ni incienso ni mirra. El don más precioso de los Reyes Magos al Niño fue la revelación de que no existe la Sagrada Familia, que es la verdadera epifanía. 
 
 El oficiante con su equipo impoluto de protección individual hurga con el palitroque ritual en la nariz del paciente: le da la comunión de la hostia consagrada. 
 
Hazte tu propia prueba todas las veces que quieras y participa de la paranoia colectiva. Vaya negocio que se han inventado, me cago en el dios de las farmacias. 
 
Los niños vuelven a la escuela con mascarilla tras la pausa navideña a aprender las lecciones que les servirán para nada en la vida con rutinaria mansedumbre. 
 
Los libros de caballerías que sorbieron los sesos a don Quijote son los artículos científicos que dan cuento y cuenta de una realidad falsa como pérfida moneda. 
 
 Sócrates sólo albergó por lo que se sabe una sola creencia positiva: el daimon, un espíritu o genio divino que cuando se manifestaba siempre resultaba negativo. 
 
oOo
 
Rafael Sánchez Ferlosio

 
Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si amanece la arrogancia
de la fuerza y el valor,
niño débil y cobarde,
niño noche y deserción.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si relumbran los fusiles
de la blanca afirmación,
niño oscuro, niño inerme,
niño niebla y evasión.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si los médicos prescriben
la alegría y la salud,
niño triste, niño enfermo,
sin niñez ni juventud.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si en el quicio de la carne
la palabra se escindió,
niño niño, niño niña,
niño luna, niño sol.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si a la luz de la justicia
toda culpa se aclaró,
niño bueno, niño malo,
sembrador de confusión.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si la lógica decide
de la verdad y el error,
niño cierto, niño falso,
blanco de contradicción.

Nazca el niño negativo,
nadie, nunca, nada, no.

Si entre la carne y el verbo
imposible fue el amor,
niño nadie, niño nunca,
niño nada, niño no.

miércoles, 12 de enero de 2022

Notas (in)hospitalarias

El mito siempre se ha adelantado a la explicación racional o lógica. Ahí está el lecho de Procusto, instalado en el imaginario colectivo occidental en el Hos(pi)tal Coridalós, no lejos del centro de Atenas. Se trata, en efecto, de un establecimiento que hospeda a los viajeros y transeúntes. El dueño de este sanatorio/tanatorio se encarga de recostar al paciente en el lecho y de medirle los parámetros biológicos que considera normales: tensión, saturación, sangría, pulso, fiebre, al objeto de regulárselos para equipararlo al patrón ideal. Pretende hacer así de él, con la mejor intención del mundo, un ciudadano estandarizado. La alegoría de este catre procusteano representa el triunfo de la mediocridad y de la uniformidad, la imposición del ideal abstracto sobre la vida.


Imagen de una UCI.
 

 He hecho un juego de palabras que no es inocente y que equipara el término sanatorio con el de tanatorio. El cambio de la letra inicial desencadena una tormenta de sugerencias: en la España rural se han cerrado los consultorios médicos, centros de atención primaria, sanatorios (ahora le atienden a uno telefónicamente en el mejor de los casos; pulse uno si quiere hablar con un especialista...), y en su lugar se han abierto numerosos tanatorios. Una sola letra nos sugiere que donde nos sanan nos matan.

 

El Hos(pi)tal Coridalós, aunque era un establecimiento privado, se presentaba en principio como un espacio policlínico de servicio público, donde el prefijo poli- aludía a la pólis griega, a la ciudad-estado: es decir el Hos(pi)tal era una ciudad repleta de lechos de Procusto. El lecho clínico -el término griego klíne, de donde deriva el adjetivo clínico, significa precisamente “lecho”- se convertía así en la auténtica cara del Estado, de la Polis. Sin embargo, modernamente, habida cuenta de los muchos especialistas que atienden estos establecimientos, se toma el término Policlínica como clínica atendida por varios expertos o Procustos, como si fuese un compuesto no ya de 'pólis' ciudad, que es lo que era en principio, sino de 'polýs' 'mucho'.


Foucault estudió la relación que hay entre la institución clínica y la presidiaria remarcando sus similitudes, y su afán totalitario de 'igualar' a los clientes, como si fuéramos todos ecuaciones matemáticas. Agamben, una de las mentes más lúcidas, ya ha advertido de ello: “la biopolítica se convierte en tanatopolítica”.


En frente del lecho clínico de Procusto se halla una pantalla laica, oblonga, negra que, previa monetización, arroja imágenes y palabras que llenan el vacío del templo y del tiempo entreteniendo la agonía de los clientes. Durante la noche, una pequeña lucecita roja resplandece y parpadea llamando nuestra atención, reclamando el pago. Esa pantalla indigna ni siquiera está colocada sobre la cabecera de la cama como los Cristos y Vírgenes dolientes de antaño, sino enfrente de los incrédulos ojos del paciente, a fin de ofrecerle distracción.


El miedo que corroe a los pacientes durante su ingreso semivoluntario es recaer en la temible Unidad de Cuidados Intensivos, donde se halla el último, más elaborado y pluscuamperfecto modelo del Lecho de Procusto. Algunos conjuran ese terror pánico intentando huir con la imaginación de ese descenso a los infiernos, y sueñan con una Unidad de Descuidados Intensivos (y Extensivos): porque la salud no consiste en cuidarse, sino en descuidarse. La salud es olvidarse del cuerpo, porque lo contrario, la Sanidad, no nos lo permite: ella es la enfermedad y la enfermedad es la conciencia del cuerpo que no nos deja vivir. 

 


No hay nada más inhóspito, menos hospitalario, que el Hospital. Uno quiere olvidarse de su cuerpo, pero el personal sanitario que entra y sale a cualquier hora, con los instrumentos rituales del culto, y con preguntas (im)pertinentes cómo si uno ha depositado ya sus heces en el inodoro, hacen imposible ese bendito olvido de uno mismo y de todo, y esa vuelta a donde se halla la belleza, que es obviamente fuera y lejos de allí.


No hay ningún erotismo hospitalario. Las enfermeras son todas iguales, clónicas, todas van plastificadas como si fueran astronautas. Sólo asoman sus ojos detrás de una pantalla y de dos o tres mascarillas buconasales, nunca unas piernas, unas manos desnudas, una sonrisa... En el pabellón de infecciosos sólo hay voces, cuerpos sin almas.


El Sumo Sacerdote, llámese Procusto, lleva guantes de plástico con los que a veces se permite tocar el hombro o la pierna de algún paciente, con un gesto que pretende inspirar cierta confianza disfrazada de ternura.  Siempre que entra en el habitáculo insiste en que el paciente debe ponerse una mascarilla buconasal. En la planta de infecciosos los pacientes no llevan mascarilla, pero cada vez que entra algún sanitario les advierte de que deben embozársela a fin de respirar con dificultad. ¿Qué tal respira? Pregunta Procusto. "Si le soy sincero, muy mal cuando me pongo la mascarilla, y muchísimo mejor cuando puedo desprenderme de ella".  Procusto dice que lo entiende. Sin embargo, no va a liberar a nadie de esa obligación de asfixiarse.


En alguna ocasión los pacientes rechazan la comida que les ofrece el hostelero. Algunos, llevados por motivos humanitarios, le han rogado que se la den a un comedor caritativo. Pero no puede ser. En la Corte del Rey de los Altos Protocolos, la comida que no es ingerida, aunque no se haya tocado para nada, bien envuelta y plastificada como sale de la cocina, debe ser eliminada: se destruye todo. Una lástima que se desaproveche tanta comida con el hambre que hay en el mundo... Pero son... ¡los protocolos! los que mandan. ¡Cuánto despilfarro!


Del lecho de Procusto instalado en el Hos(pi)tal Coridalós nos liberó, volviendo al mito primigenio, un héroe, Teseo, que acabó con su creador, sometiéndolo a él a la misma tortura que él imponía a sus huéspedes. ¿Quién nos librará ahora, en pleno siglo XXI, del Estado Terapéutico, esa bestia inmunda que se dice filantrópica y que hace lo que hace, es decir, el mal por nuestro bien? ¿Ha nacido ese héroe? Probablemente no esté muy lejos, quizá dentro de nosotros mismos, aguardando agazapado.

martes, 11 de enero de 2022

Sanidad contra salud, salud contra Sanidad

¡GOCE USTED DE SALUD PERFECTA!.- No tiene desperdicio la siguiente leyenda, que leí una vez al dorso de una estampita.

Era una forma de publicidad arcaica, un tanto ingenua todavía, no tan agresiva como las posmodernas actuales, basada fundamentalmente en el uso del lenguaje escrito y destinada a dar a conocer las “píldoras de vida del Doctor X” (Dr. X´ life pills en la lengua del Imperio).
 
 
Dice así: "Si está usted (repárese en el tratamiento ya anticuado del usted, frente al tuteo irrespetuoso generalizado hoy en día) medio enfermo (sic) o medio incapacitado (sic) por existir en su organismo algún mal que mina su vitalidad, de ningún modo podrá usted experimentar plenamente el gozo de vivir. Jamás podrá proporcionarse, bajo esta circunstancia, el completo disfrute de la salud rebosante y la energía briosa que hacen aun del trabajo más duro un placer. Es, pues, el deber de usted mejorar su condición". (Note el lector cómo se nos inculca imperativa- y capciosamente que la salud "es nuestro deber y salvación", como se decía creo recordar en la oración del prefacio litúrgico de la misa católica, aunque sólo sea para rendir más en el trabajo)".


"Una buena digestión, un sano apetito y una salud envidiable siguen al uso regular de las píldoras de vida del Doctor X. Una píldora tomada a la hora de acostarse le conservará en estado excelente de salud. Este remedio alivia prontamente la Biliosidad, el Estreñimiento -curiosas mayúsculas- y las irregularidades de las vías intestinales."
 
Al final se demuestra que todo era un problema de obstrucción de las tripas, que nos hacían sentir medio enfermos o medio incapacitados, cuya solución consistiría en unas píldoras que permitan disolver las heces y defecar a continuación bien a gusto.
 
Estas formas antiguas de publicidad no tienen nada que ver con la agresividad actual de la propaganda de las autoridades sanitarias. Resultan hasta cierto punto por eso mismo conmovedoras. 
 
 
Cuando los grandes medios de información masiva y de propaganda actuales, que vienen a ser los mismos, reflexionan abiertamente sobre la virtud de la prisión permanente, el arresto domiciliario y la distancia social, 
 
cuando los presuntos 'expertos' nos inculcan subrepticiamente que la vida no es más que el miedo persistente a la enfermedad siempre latente y nunca patente, 
 
cuando so pretexto de 'salvar vidas' minan nuestra vitalidad de forma que no podamos experimentar de ningún modo el gozo de vivir,
 
cuando los publicistas insisten en que nuestro deber más sagrado es sacrificarnos en beneficio de la industria farmacéutica y la comunidad,
 
cuando nos cambian la mucha o poca salud que teníamos por la Sanidad, ese asqueroso invento del Gobierno que dice velar por nosotros y que nos da el cambiazo de lo malo -la Sanidad- por lo bueno -la salud, que todavía es palabra popular y nombre común, 
 
cuando las personas que rechazan un medicamento experimental disfrazado de “vacuna” negándose a ser conejillos de Indias que ofrecen gratuita- y amorosamente su cuerpo a la Ciencia, experimento sufragado y pagado con dinero de los sufridos contribuyentes y votantes, son alegremente calificadas como riesgos potenciales para la salud pública y puestas en la picota mediática como chivos expiatorios, 
 
...ya pueden hacer lo que quieran con todos y cada uno de nosotros, que no vamos a decir ni pío.  

lunes, 10 de enero de 2022

Una madre desahuciada


María, una madre alemana que decidió no mandar a sus hijos a la escuela porque mantiene una actitud crítica frente a los protocolos irracionales escolares de ese país, sufrió una redada  en su propio apartamento y vio cómo la policía y los servicios de protección de la infancia se llevaban violentamente a sus hijos.

María, que quería proteger a sus vástagos de las irracionales medidas coronavíricas, ha sido castigada por el Estado alemán.

Una de sus hijas, aunque estaba asintomática, resultó positiva, y se le impuso una cuarentena hasta el 31 de diciembre pasado. Cada vez que hablaba por teléfono con su madre, la niña lloraba.

La situación me ha traído a la memoria la bellísima canción de Lou Reed The Kids, de su álbum más siniestramente bello que es Berlín (1973), un auténtico descenso a los infiernos. Lou canta con cierta contención, la guitarra no permite presagiar la tragedia explosiva del último tramo del tema, con el llanto real de los niños.

Cuenta la historia de una madre a la que le quitan la custodia de sus hijos porque decían que no era una buena madre, que era una prostituta y una drogadicta a quienes los servicios sociales del Estado le quitan la custodia de los hijos. Desgarrador final con el llanto de los niños llamando a gritos a la madre.


 

domingo, 9 de enero de 2022

Mentirosas mentes

 Escribíamos en Algo in mente,  a propósito de la etimología de “mente”,  que el derivado más chocante a primera vista era el verbo mentir, que ya existía en latín MENTIRI, y que en principio significaba inventar, imaginar, derivando después a su significado actual y más conocido de no decir la verdad y, por lo tanto, engañar.



    Sobre esta curiosa relación escribía Juan Manuel de Prada en XLSemanal (núm. 1577 de 14 de enero de 2018) un artículo muy acertado titulado Mentes mentirosas, aliteración que revela el parentesco etimológico, en el que hace una interesantísima reflexión sobre la relación entre la “mente” y la “mentira”. 

 Juan Manuel de Prada
 
Dice así: “La etimología de las palabras esconde sabidurías muy hondas y provechosas. A nadie se le ocurriría pensar que “mente” y “mentira” comparten la misma etimología, pues nuestra orgullosa condición nos induce a creer que nuestra mente es más bien una incesante fábrica de verdades. Pero el genio del lenguaje nos enseña exactamente lo contrario: nos advierte (de) que lo natural de una mente es urdir mentiras, que lo propiamente mental es la mentira, que quienes se fían de lo que su propia mente les dicta estarán siempre engañados; o, todavía peor, que son embusteros redomados”. Y añade más adelante, con una expresión que el autor repite como si se tratara de un mantra: “Los fatuos hijos de Descartes (sic) urden con su mentirosa mente cualquier desvarío y piensan orgullosamente que se han hecho una idea clara y cierta de las cosas. Cuando lo cierto es que tener una “idea clara y cierta” de las cosas suele ser el primer y más delator indicio del error (negrita mía); pues sólo los imbéciles tienen ideas claras y ciertas de las cosas complejas”.

sábado, 8 de enero de 2022

Aleluya

 

Uno de los temas musicales que más versiones ha recibido es, sin duda, el Aleluya de Leonard Cohen. La versión más notable que conozco es la del misteriosamente desaparecido Jeff Buckley, una voz prodigiosa, capaz de los más increíbles registros, y una guitarra no menos prodigiosa. Disfrutemos de ella. Ya lo decía don Quijote: "Donde música hubiere, cosa mala no existiere". La música, como sabemos desde Orfeo, es capaz de resucitar a los muertos.


 

viernes, 7 de enero de 2022

Cuatro preguntas

1ª.- Se habla a menudo del "nivel de vida" de la gente, y se califica de "alto" y "bajo", "bueno" y "malo". Se dice que hay ascenso o descenso. Pero ¿cómo se mide el nivel de vida? ¿Qué fiabilidad merecen los indicadores que se emplean para determinar el nivel de vida?

2ª.-Dicen que España debería incorporarse con pleno derecho al club de los países ricos. ¿De verdad? ¡No me hagan reír que me meo por las patas abajo! ¿No nos iría mejor seguir siendo lo que somos, pobres, y brillar como miembro de pleno derecho en el club de los países pobres pero honrados?

3ª.- No veo nada de malo en la falta de horizontes -metáfora del futuro- que dicen que tienen las nuevas generaciones. ¿No será el horizonte un trampantojo, digo yo, como la zanahoria que le ponen al burro por delante para que no vuelva la vista atrás y vaya por el camino establecido?  

 

Y 4ª.- Cuando dos soldados de guardia se encontraban en una ronda nocturna, para reconocerse, tenían que dar una clave cada uno de ellos y pedirle al otro la contraclave. El primero que hablaba daba "el santo y seña", generalmente dos nombres propios, uno de persona o sea de un santo del santoral cristiano, y el otro de una ciudad, que empezaban por la misma letra del abecedario, por ejemplo la A: Santo y Seña: "Ana, Ávila". A lo que el otro miembro de la patrulla debía contestar con la contraseña (el password en la lengua del Imperio), que solía ser un nombre común que empezaba por la misma letra, verbigracia: amor. 

 


Era una manera de reconocerse entre los propios soldados, mediante una contraseña que se cambiaba cada día. Pero cuando el centinela se encontraba con un desconocido, es decir, con alguien que no pertenecía al campamento, solía preguntarle: ¿Quién vive? Era la pregunta que antaño dirigía el centinela a las tinieblas, a lo desconocido.

No deberíamos preguntar quién vive, como si reclamáramos  que alguien  se identifique con el Documento Nacional de Identidad, como exige la policía cuando nos detiene, sino algo mucho más profundo y, por lo tanto, menos falso. Nuestro nombre propio es real, por supuesto, pero no deja de ser falso. Movidos aquí por el amor a la verdad, que es odio hacia la mentira, nos preguntamos mejor: ¿Vive alguien? ¿Alguien vive?

jueves, 6 de enero de 2022

Tolerancia cero

Los políticos profesionales son tan políticamente correctos que por no decir “intolerancia”, que suena muy intransigente porque lleva la negación (in-) incorporada, utilizan el término 'tolerancia', cargado de positividad, para, acto seguido, negarlo añadiéndole un cero a la derecha en la expresion  “tolerancia cero”, que es eufemismo de lo mismo, pero parece más transigente y tolerante. Recuérdese que el cero es la cifra por antonomasia: El término 'cifra' procede del árabe sífr, que significa 'vacío' y que se aplicó en romance en principio al cero, y sólo posteriormente a los demás guarismos.

Está mal visto ser intolerante, y una de las acusaciones que más se lanzan los unos a los otros es la de intolerancia, por lo que hay que mostrarse tolerante, pero no con todas las cosas ni situaciones. Si no queremos tolerar la violencia, por ejemplo, apostaremos por la tolerancia 'cero', que es expresión similar a "caso omiso". Hacer caso omiso, es sencillamente, no hacer ningún caso, porque omiso, que la Academia define como 'flojo y descuidado', es el participio irregular o fuerte de omitir, mientras que 'omitido' es el participio regular o débil llamado a funcionar más como adjetivo que como verbo.


Hemos olvidado seguramente lo que era una casa de tolerancia entre nosotros, que no era, como podría parecer a primera vista, un lugar de libre intercambio de ideas, de cultos religiosos o algo por el estilo, sino un prostíbulo: una mancebía donde lo que se toleraba era la prostitución y el lenocinio, que, tolerada durante el resto del año, sólo se prohibía con motivo de fiestas religiosas, como por ejemplo la cuaresma. De ahí que se diga la expresión 'andar como puta por Cuaresma' para indicar desocupación y falta de ingresos.

 


Algunos políticos hablan, por ejemplo, de tolerancia cero contra la pedopornografía, que es la pornografía infantil. Y más aún de tolerancia cero contra la pedofilia. Y más aún de tolerancia cero contra la prostitución infantil. Pero no se sublevan contra lo que nos prostituye a adultos y a infantes, que es el capital o dicho de otra manera don Dinero, todopoderoso caballero, que monetariza nuestro tiempo, capitalizándolo. Contra eso no, porque eso es sagrado, incluso ahora cuando se habla de la desaparición del dinero físico, pero no del verdadero, que es el espiritual o virtual. Es más el dinero es ahora más que nunca Dios. Pero se rasgan las vestiduras porque en esta sociedad nuestra se ejerza violencia sexual contra los niños, pero no otras violencias. Y los jueces, hipócritas puritanos, condenan a aquellos que trafican con material pornográfico infantil, reservando la pornografía como material o contenido sensible para los adultos.

La sociedad considera que la violencia contra los niños la ejercen los pedófilos, es decir, los que, según la etimología del término quieren a los niños con acendrado amor, tal vez por aquello de que 'quien bien te quiere te hará sufrir y llorar'. Resulta que los que quieren a los niños los violentan, los violan.

Pero al margen de algunos individuos, los llamados menoreros, que no son tantos, por otra parte, a los que no les atraen sexualmente los adultos, y sí los menores de edad, resulta que la sociedad misma comete en grado sumo el mismo pecado que dice combatir y castigar: violentar a los niños, violarlos, adulterarlos, convertirlos en otros, en adultos.

Y la sociedad en la que vivimos no es pedófila precisamente, sino pedófoba: tiene miedo y deseo a la vez de los niños, tiernos angelitos, a los que ama y odia, y por eso ejerce sobre ellos la violencia de arrebatarles la virginidad de su libertad e inocencia.


Más sentiencias y sentires (y II)

Internet: Cada vez más uno se siente no ya como un pez que nadaba libre, alegre- e irresponsablemente en la mar salada del ciberespacio, sino vigilado, controlado, censurado, como un pescado capturado en la Red, como un insecto atrapado en la enorme maraña reticulada de una telaraña. 
 
 
Conduce con cuidado: Dice la Dirección General de Tráfico a los conductores de automóviles que tengan cuidado con los ciclistas y que no los atropellen, que son una especie vulnerable en vías de extinción. Y es verdad, pero la susodicha DGT debería decir lo mismo de los peatones, a los que habría que defender de los que van en coche como antaño de los que iban a caballo o en carruaje o carroza. Defendamos a los que van a pie, a los peatones, a los peones. No los atropellemos. Pero yo también soy un peatón, y un ciclista, y, ay, un conductor de automóviles, esos ataúdes rodantes, por lo que debería defenderme de mí mismo, mi peor enemigo después de la Dirección General de Tráfico, procurando no atropellar al peatón ni al ciclista que llevo dentro, y dejar de conducir coches fúnebres: todos los automóviles lo son. 
 
¿Qué vendrá después? Eso no es cosa nuestra, después vendrá lo que venga, que ya se verá llegado el momento, si se ve, y,  si no se ve,  es porque es invisible o porque nosotros somos ciegos. Pero ya se verá, después se verá. Es decir, no ahora. Ahora no. 
 
Ganarse la vida: Antes se añadía la coletilla “decentemente”. Ahora ya ni eso, lo que da una idea de la indecencia de los tiempos que corren. Lo que importa es ganarse la vida como sea, a cualquier precio, al precio que sea. De eso se trata, de que la vida tiene un precio. Lo importante es ganarse el sustento. No es que el dinero no compre la felicidad, que no la compra, es que compra la desdicha. Nada de lo que puede comprarse con dinero vale lo que cuesta,  vale la pena. Pues bien, si nos ganamos la vida, como suele decirse, no vivimos la vida que nos ganamos, no disfrutamos de ella, no nos sabe a pan el pan de cada día, las migas, la corteza, que le pedimos al Señor que nos dé hoy, olvidando que no sólo de pan vive el hombre. Ocupados como estamos en el trabajo asalariado de la ganancia, no nos damos cuenta de la pérdida irreparable de vida que supone ese empeño en el que se nos van el tiempo y las energías, y que se  nos va de las manos como si estuvieran agujereadas. 
 
 La incredulidad de Santo Tomás, Caravaggio (1602)
 
Provocaciones varias: hay que meter el dedo en la llaga y removerla, que es donde duele, como el incrédulo del apóstol Tomás, porque dudamos no sólo de la resurrección del Señor, sino también de su propia muerte y de su nacimiento previo a la muerte. 
 
A Nathan Mayer Rothschild, miembro de la dinastía europea de banqueros más poderosa, se le recuerda por una cita que reza: “Dejarme emitir y controlar la creación del dinero de una nación y me dará igual quién haga las leyes (o quién gobierne, diría yo, para incluir, además del poder legislativo al que se refería Rothschild, el ejecutivo y, y ya puestos, el judicial también, apéndice de aquel, y el cuarto poder, que es la prensa, creadora de la opinión pública que lo sustenta todo con su inquebrantable fe en el sistema)”. El dinero es una herramienta con la que los poderes financieros se apropian de todos los recursos naturales y humanos del planeta: todo es susceptible de compraventa. Los bancos crean dinero en forma de deuda que hay que devolverles con intereses. Crean dinero de la nada, sin contar ni siquiera con reservas de oro, nos lo prestan y nos cobran los intereses; encima de putas, como decía despechada la otra, tenemos que poner la cama. No hay derecho.