viernes, 18 de septiembre de 2026
Rasgarse las vestiduras
viernes, 24 de julio de 2026
¿Qué es lo que nos mueve?
En esta otra imagen parece haber tres personas en el mismo escenario en un abrazo familiar intergeneracional. Podrían ser: una abuela (cabello gris, a la izquierda), un niño o niña en el centro, con jersey amarillo, y una madre (parcialmente visible a la derecha), que también está abrazando a la tierna criatura. Transmite amor, protección y unión familiar. En el mismo dormitorio acogedor y hogareño de la imagen anterior, con la cálida luz dorada de una lámpara y la suave luz natural filtrada por unas cortinas que entra por la ventana, con una paleta de colores cálidos. La imagen busca humanizar completamente la marca bancaria, cuyo logotipo está en el centro. En lugar de hablar de sus productos financieros, se centra en valores emocionales, insistiendo en su eslogan: nos mueves TÚ.
miércoles, 11 de febrero de 2026
Inolvidable
miércoles, 18 de junio de 2025
De la caída del pelo
miércoles, 21 de mayo de 2025
Pisoteando el Partenón
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sábado, 8 de febrero de 2025
El regreso del Jefe
sábado, 1 de febrero de 2025
Pareceres LXVII

jueves, 27 de junio de 2024
Pareceres LII
sábado, 25 de mayo de 2024
Santa Fortunata (Lucky Saint)
sábado, 22 de abril de 2023
¿Quién obtendrá la alcaldía?
lunes, 6 de febrero de 2023
Al catarro dale con jarro
Resulta instructivo comprobar cómo la publicidad antigua -hoy sería impensable el caso- de una bebida alcohólica se presenta como "un arma bien dirigida", en concreto como una bomba saludable, contra la gripe, simbolizada por un tipo de raza asiática con un sombrero cónico vietnamita. La bebida referida es un brandi, que es el aguardiente que se obtiene de la destilación del vino añejado en toneles de madera. La palabra brandy es término inglés, que a su vez es préstamo del neerlandés brandewijn, que significa en esa lengua "vino quemado". Esta bebida tiene una gradación alcohólica bastante más alta que el vino, rondando entre los 36 y 40 grados, y entre los brandis destaca el famoso coñac, que tiene denominación francesa por su origen. La botella del brandi se presenta a su vez como la mejor defensa contra la amenaza de la gripe.
Hemos visto cómo una gripe vulgar y corriente -nos dijeron que era otra cosa, una enfermedad desconocida y nueva en el mundo, además de mortal- ha paralizado prácticamente todo el planeta durante casi tres años consecutivos, ordenando confinamientos, cuarentenas, toques de queda, uso obligatorio de mascarillas, distancias de seguridad, pasaportes de vacunación y una infinidad de protocolos y controles que, para colmo de males, no han servido para nada bueno, y que además no consiguieron su objetivo. Por eso quieren ahora resucitar, entre otros, el fantasma obsoleto H5N1 de la Gripe Aviar.
El doctor Herbert M. Shelton (1895-1985), autor entre otras obras de "Rubies in the Sand" (1961), que se retituló "The myth of medicine", obra publicada post mortem en 1995 en la que se incluyó además material inédito, ya escribió un artículo en 1940 sobre la gripe, titulado técnicamente Influenza, donde dice, entre otras cosas, lo mismo que la sabiduría popular: que el remedio es peor que la enfermedad: Médicos y pacientes rara vez se dan cuenta de hasta qué punto el tratamiento es responsable del aumento y la prolongación del sufrimiento y la muerte.
Afirma el autor que cuando se tiene un resfriado severo, una gripe o una neumonía, lo que hay que hacer en primer lugar es dejar de comer. No hay que tomar ningún alimento, pero sí agua, hasta que desaparezcan los síntomas agudos. No se debe tomar ningún medicamento. Lo que hay que hacer es lo que el cuerpo pide: meterse en la cama y descansar: descanso, ayuno y calor. En estas condiciones y siempre que haya aire fresco en la habitación, el cuerpo se recuperará sin medicamentos de temibles efectos secundarios, complicaciones ni secuelas.
No se necesita tratamiento. La fiebre, la inflamación, la tos y demás síntomas indican que estamos en proceso de curación. En el citado artículo Shelton planteaba dos preguntas que deberíamos todos formularnos: ¿Cuánta fe en la efectividad de las vacunas nos ha inculcado la industria farmacéutica -recordemos el cacareado lema de que "salvan vidas" y, hablando del pasado, "han salvado millones de vidas"-, más atenta a sus cuentas bancarias que a nuestra salud, porque lo que a ella le importa no es curar al paciente sino hacer crónica su enfermedad y convertirlo en un cliente asiduo y así fidelizarlo? ¿Cuántos de nosotros hemos sido adoctrinados para pensar que para que nuestro cuerpo esté protegido necesitamos todo tipo de medicamentos y vacunas y para que desconfiemos de nuestra natural inmunidad?





















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