viernes, 24 de enero de 2025

"Intelijencia, dame"

    Le pedía el poeta Juan Ramón Jiménez a la 'intelijencia' (así escribía la letra ge cuando sonaba jota) que le diera el nombre 'esacto' (en lugar de exacto) de las cosas para que la palabra, ese nombre, fuera la cosa misma y pudiera así acercarse a la esencia de la realidad, descubriendo acaso algo de su esencial falsedad. 
 
    Seguía el poeta Juan Ramón las recomendaciones de su amigo don Miguel de Unamuno de procurar, a la hora de escribir, hacerlo como se habla, difiriendo en varios puntos de las normas de la docta Academia de la Lengua Española, y defendiendo en la práctica de su escritura la reforma ortográfica de la lengua castellana.
 

 
     Su pretensión era que la palabra fuera la cosa misma que nos permitiera a todos conocer las cosas, no olvidarlas, amarlas... Pero la palabra no es la cosa, aunque dialécticamente pueda convertirse en una cosa cuando hablamos de ella, lo mismo que las cosas se convierten en palabras, se vuelven ideas e idealizan... 
 
    Le pide a la inteligencia que le dé el nombre exacto y común de las cosas. Y la inteligencia, por su parte, guarda silencio, no dice nada, con lo que nos demuestra que brilla por su ausencia. Lo que, en todo caso, deberíamos pedirle a la inteligencia es que nos dé... inteligencia.

    La palabra 'inteligencia' proviene del latín intelligentia, derivado del verbo intellegere —término compuesto de inter («entre») y legere («coger, escoger, y de ahí 'leer'»)— que significa comprender o percibir, distinguir entre una cosa y otra. Y lo primero que tenemos que distinguir es la diferencia que hay entre las palabras y las cosas, una diferencia que es al mismo tiempo identidad, que reside en su contraposición, y no hay diferencia entre las cosas y las palabras que no implique la identidad de ambas: las palabras se convierten en cosas cuando se habla de ellas metalingüísticamente, y las cosas no son nada sin las palabras que las crean. 

 
    Y sin embargo nunca como ahora se le aplican a la inteligencia tantos adjetivos calificativos. Se habla por ejemplo de inteligencia artificial, ciudades inteligentes (smart cities), cámaras de videovigilancia inteligente, y de todo tipo de tecnologías supuestamente inteligentes... pero no solo se habla de ingeniería tecnológica inteligente, sino también de inteligencia emocional, que es lo más tonto y menos inteligente que hay: una contradicción en sus términos.
 
     Poco a poco todas las ciudades quieren apuntarse a la IA (Inteligencia Artificial) e instalan cámaras de videovigilancia inteligentes, so pretexto de fomentar la seguridad ciudadana, cuando lo que se logra imponiendo limitaciones no es seguridad, sino más control y vigilancia.
 
 
    Leamos el poema de Juan Ramón, inserto en "De Eternidades" (1916-1917):   ¡Intelijencia, dame / el nombre esacto de las cosas! / ...Que mi palabra sea / la cosa misma / creada por mi alma nuevamente. / Que por mí vayan todos / los que no las conocen, a las cosas; / que por mí vayan todos / los que ya las olvidan, a las cosas; / que por mí vayan todos / los mismos que las aman, a las cosas... / ¡Intelijencia, dame / el nombre esacto, y tuyo, / y suyo, y mío, de las cosas!

jueves, 23 de enero de 2025

Pareceres LXVI

321.- Adicción a las noticias. He dejado atrás mi adicción a las noticias dejando de ver televisión, escuchar la radio, leer periódicos y navegar constantemente por la Red, y lo primero que sentí es que he sentido es un inmenso alivio: ya no estallaba mi cabeza víctima de los bombardeos informativos. Me despertaban las noticias de la radio. Ese era mi primer contacto con la realidad. Durante el resto del día me sometía a una inflación y sobrecarga incesante de informaciones desde todos los medio. ¿Qué está pasando en el mundo? Ya había llegado yo a la relativa conclusión de que si no atendía a los medios estaba desinformado, pero si los atendía estaba mal informado, no solo porque cada medio tenga su sesgo, cosa que es innegable, sino sobre todo porque todos deforman la realidad para conformarla a su medida.  Decidí hacer una cura de silencio y me prohibí totalmente todos los temas de actualidad durante una semana, para ver el efecto que surtía. Tenía la costumbre de escuchar las noticias de la radio, la SER, a la hora de las comidas. Dejé de hacerlo y los alimentos empezaron a saberme mejor. La posterior digestión era también más agradable. Y la conversación de sobremesa versaba sobre cualquier cosa que no fuera asunto de actualidad informativa. Hay que mantener la cordura en medio de la desastrosa locura de le epidemia informativa de este mundo que genera noticias falsas como esencialmente falsa es la realidad de la que nos informan.
 
322.- Los pilares del Estado. Los pilares del Estado del Bienestar, son, según el Jefe del Ejecutivo patrio, cinco. A saber: la sanidad, la educación, la dependencia, las pensiones y, el quinto y último pero no menos importante, la vivienda. Pocos son ya los españolitos que poseen viviendas en propiedad, sino que la mayoría vive de alquiler, unos alquileres abusivos, sin que se cumpla aquella divisa de no poseerás nada pero serás feliz. De estos cinco pilares podemos decir que se hallan los cinco en estado crítico. Aun así el Estado se sostiene sobre estos cinco pilares: Sanidad, que es enemiga acérrima de la salud, que patrocina una medicina profiláctica en lugar de curativa que hace que nuestro estado de salud sea la enfermedad permanente; Educación que es adoctrinamiento; Dependencia -lo dice todo la palabra: no tenemos independencia, todos somos dependientes económicamente del Estado-, Pensiones que son mínimas y ridículas en su inmensa mayoría; y Viviendas que no merecen ese nombre porque son nichos, o sea, según la docta Academia: Hueco practicado en un muro para alojar algo dentro, especialmente el que sirve para depositar cadáveres o sus cenizas en un cementerio. 

 
 323. ¿Qué es...? A la pregunta socrática τί ἐστιν (tí estin), qué es en absoluto, se responde generalmente con una definición más o menos satisfactoria y que, en todo caso, acalla a la pregunta. Resulta que el pronombre indefinido "qué" acaba siendo más o menos definido, nunca del todo porque no hay una definición perfecta, aunque todas tengan la pretensión académica de serlo. Sin embargo, como razona Juan David García Baca en alguna parte de su vastísima obra, que no tengo ahora a mano: Pudiera muy bien suceder que la manera propia de ostentar una “cosa” su “haber” consistiera en una cierta indeterminación, claroscuro, gama de grises, difuminados sutiles, vaporosidades, sistema de “signos” que no llegan a “explicitación”, etcétera. Dicho con otras palabras: cuando preguntamos qué es una cosa, lo que queremos es establecer el significado de la idea correspondiente cerrando o mejorando su definición, lo que revela, de paso, que no estaba nada claro su significado. Al hablar de una idea la ponemos en tela de juicio y hacemos que peligre como idea. Al preguntarnos por ejemplo qué es la democracia, ponemos en peligro la ecuación que establece entre "demo" -pueblo- y "cracia" -poder-, sobre la que se funda el sistema de dominio vigente. Conviene pues preguntárselo una y otra vez. Sin embargo, al preguntarnos, por ejemplo, qué es la libertad y tratar de definirla, a  ella que es la indefinición por antonomasia, lo que hacemos quizá sin querer es encarcelarla y meter dentro del sistema democrático de dominio vigente lo poco que quedaba todavía fuera de él.
 
 
324.- Hipocresía vaticana. El Estado Vaticano corta el paso a los ilegales mientras que Su Santidad predica en Europa la política de puertas abiertas a la inmigración. Según la legislación vigente, hay penas de prisión de uno a cuatro años, y sanciones de 10.-000 mil hasta 25.000 euros, a todos aquellos que entren ilegalmente en el territorio del Vaticano, prohibiéndoseles además visitar el territorio en un período de quince años. La Santa Sede, según la inevitable Güiquipedia, es un Estado no democrático, regido por una monarquía absolutista y electiva, dirigida por el papa con sede en la Ciudad del Vaticano. El Santo Padre, como soberano del Estado, acumula ex officio los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Dijo Su Santidad el 28 de agosto del año pasado: “Dios está con los migrantes, rechazarlos es pecado grave”. Y añadió «el mare nostrum, lugar de comunicación entre pueblos y civilizaciones, se ha convertido en un cementerio. Y la tragedia es que muchas, la mayoría de estas muertes, podrían haberse evitado. No olvidemos lo que dice la Biblia, la advertencia: 'No acosarás ni oprimirás al extraño'." Citaba el papa, sin mencionarlo explícitamente, el pasaje del libro del Éxodo XXII, 21: No maltratarás al extranjero, ni le oprimirás, pues extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. Es decir, que mientras Su Santidad predica una cosa, el Estado del que ostenta la Jefatura hace lo contrario: haced lo que digo, no lo que hago. Consejos vendo que para mí no tengo. Por aquello de que del dicho al hecho hay gran trecho. Cacarean y no ponen huevo.
 
 
325.- Activismo. ¿Cómo entender la celebérrima tesis undécima de Carlos Marx sobre Feuerbach que dice “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”? Suele hacerse de esta frase una lectura activista del tipo “basta de palabras, hay que pasar a la acción”, como si las palabras no fueran una acción y las acciones no fueran a su modo palabras. El problema no es que los filósofos hayan filosofado, valga la redundancia, sino que tomando como objeto la realidad, que es lo que es, y creyendo que la realidad como a veces dice la gente “es lo que hay y no hay más cáscaras”, se han olvidado de que no es todo lo que hay sino que hay algo más, y ese algo más es la posibilidad de dejar de ser lo que es abriéndose así a ser otra cosa. Los filósofos deberían denunciar que la realidad es imposible, no puede ser en absoluto, porque ya es lo que es, pero puede dejar de ser en cualquier momento. Los filósofos cuando han querido cambiar algo en la realidad y se han vuelto activistas han recaído muchas veces en un mero actuar por actuar, en el activismo de salir a la calle y de pegar carteles y de concienciar a la gente y, en el mejor de los casos, han repetido el modelo que querían transformar, han hecho lo que ya estaba hecho, haciendo que las cosas cambien para seguir impertérritamente igual, o incluso peor que antes. El ejemplo más antiguo y eximio es el de Platón intentando poner en práctica su teoría política en Siracusa. La realidad no es solo lo que es, lo que ha llegado a ser, sino también lo que todavía no es y, por lo tanto, puede ser. 

miércoles, 22 de enero de 2025

Democracia oligárquica

Publica Albiac un artículo en El Debate el 20 de enero del presente año titulado “Democracia oligárquica”, en el que, comentando el discurso de despedida del presidente norteamericano, destaca dos cosas, subrayando que quizá el susodicho no habría confesado ni reconocido esas cosas, si no fuera por el resquemor de la derrota electoral,  a propósito de la democracia, que es un término vacío, un 'cascajo huero' como escribe Albiac, que históricamente ha desaparecido (quizá no haya existido propiamente nunca, dada la contradicción en sus términos pueblo/poder que encierra). Lo que veníamos llamando “democracia” se ha extinguido, si es que ha florecido alguna vez. Ni siquiera existió en Grecia donde nació. 
 
Esas dos revelaciones del discurso del ya expresidente son las siguientes:
Hoy se está configurando en Estados Unidos una oligarquía de extrema riqueza, poder e influencia que amenaza literalmente toda nuestra democracia, nuestros derechos y libertades básicos». 
 
Esto puede ampliarse a todo el mundo, si tenemos en cuenta, por ejemplo, lo que revela el diario británico The Guardian, a saber, que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, que la riqueza, es decir, el dinero de los multimillonarios del mundo creció en dos billones de dólares el año pasado, tres veces más rápido que en 2023, alcanzando la cifra astronómica de 5.700 millones de dólares al día.
 
 
Los estadounidenses están siendo sepultados bajo una avalancha de desinformación e información falsa que permite el abuso de poder». 
 
Otra afirmación que puede generalizarse al universo mundo: los europeos, y los asiáticos y los africanos y todos los americanos y australianos están siendo desinformados y malinformados por los supuestos medios de información, lo que se debe al uso que deriva siempre en abuso de poder.
 
Escribe Albiac: Y que, en su lugar, asistimos, por todo el planeta y en distintos grados de perfección, al alzado de gigantescos poderes económicos que, por primera vez en la historia moderna, pueden hablar de tú a tú a la máquina colosal del Estado: esa que, desde el inicio de las revoluciones burguesas, ponía su virtud en, siendo sin comparación más potente que cualquier sujeto privado, tener la capacidad de imponer el equilibrio y contención entre todos. Hoy, en el mundo digitalmente desdoblado de los grandes dispositivos telemáticos, no hay Estado que, en rigor, pueda afrontar con certeza de victoria un choque contra la media docena de grandes empresas tecnológicas. Y todas ellas juntas están capacitadas para desencadenar un apagón universal al cual ningún poder político sobreviviría. En ningún punto del planeta. Llamamos democracia, hoy, a la forma menos cruenta de una hermética oligarquía
 
 
El análisis de Albiac se generaliza a Europa y en concreto a España, pero ahí, en la concreción, es donde pierde interés: que el presidente del ejecutivo español haya plantado al frente de Telefónica a un acólito es algo trivial, que no pasa de ser anecdótico. Quizá sea un triste intento de un gobierno de controlar políticamente un poder económico dentro de un proyecto político personal que Albiac califica de cesarista, pero de alguna manera, al final de su escrito, confía ingenuamente en la Justicia -la esperanza es el último mal que se pierde- y en que "el presidente (español) y su gente puedan verse sentados en el banquillo”.
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 No puede atribuirse a Lenin con certeza la frase "La democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano", como figura en la imagen que me envía un lector. Puede tratarse de una simplificación de su crítica a la democracia burguesa que formula en El Estado y la Revolución. Lenin criticó la democracia representativa bajo el capitalismo, argumentando que era una fachada que servía a los intereses de la burguesía, pero no llegó a formular esa idea en los términos de "cambiar de tirano", dado que el tirano sería siempre el mismo con unos u otros mandatarios: el capitalismo. Frases como esta suelen surgir como atribuciones apócrifas o interpretaciones populares que no tienen una fuente específica escrita, aunque reflejan a menudo algo de esa sabiduría popular desengañada, si no fuera porque los que mandan por activa, a su vez, son los más mandados por pasiva. 

martes, 21 de enero de 2025

Trastocando el nombre de las cosas

El historiador bizantino Procopio de Cesárea -no entiendo muy bien por qué se empeñan en escribir y decir Cesarea, a la pata la llana-, que vivió en el siglo VI de nuestra era, nos advierte de que hay mucha gente que no llama a las cosas por su nombre, al pan pan y al vino vino, como diríamos a lo castizo, sino que trastoca -o trastrueca, del compuesto verbal tras-trocar, que es más exacto pero duro de pronunciar y al oído-, el nombre de las cosas, y las denomina no con otra palabra cualquiera al albur sino, precisamente, con la que significa lo contrario. 
 
Procopio, que escribió en griego antiguo, en su Historia de las Guerras de Justiniano, obra magna que se compone de ocho libros, puso la frase en un discurso en boca de uno de sus personajes (libro VII, capítulo 8, parágrafos 16-17), un hombre indignado cuyo nombre propio poco importa ahora. El motivo de su indignación tampoco viene mucho al caso ahora mismo ni anula la validez de la afirmación fuera del contexto en que se profirió, por lo que puede aplicarse de modo general.
 
ἐγὼ μὲν οὖν τοῦτο οἶδα, ὡς τῶν ἀνθρώπων ὁ πολὺς ὅμιλος τὰ τῶν πραγμάτων ὀνόματα μεταβάλλουσιν ἐπὶ τοὐναντίον. 
 
La frase en cuestión resuena entre nosotros así en la estupenda traducción al castellano de Francisco A. García Romero, publicada en la Biblioteca Clásica Gredos: Lo cierto es que yo sé que los seres humanos en su mayoría cambian el nombre de las cosas para que signifiquen lo contrario
 
No se trata, pues, de cambiar simplemente el significado de las palabras -el nombre de las cosas-, sino de hacerlo para imponerles el sentido contrario del que tenían. 
 
La frase de Procopio se ha traducido y ha circulado por escrito en muchas de nuestras lenguas. La tradujo al latín en el siglo XVII Claude Maltret así: Equidem scio a plerisque inverti rerum nomina, et in contrarium omnino accipi
 
Lo que en inglés suena así, tal como lo entendió H. B. Dewing: Now I, for my part, know this, that the great majority of mankind twist and turn the names of things until they reverse their meaning
 
En le lengua de Molière puede decirse de este modo, según una traducción francesa cuyo autor desconozco: Je sais bien qu'il y a plusieurs personnes dans le monde qui changent les noms des choses, et qui leur en imposent de tout contraires à leur nature
 
En la lengua de Dante, así lo tradujo Domenico Comparetti: Ben lo so io che la massa degli uomini suol trarre i nomi delle cose a significato dei tutto opposto

Si buscamos algún antecedente lejano de esta fórmula, podemos encontrar uno, aunque un tanto remoto, en Tucídides, Guerra del Peloponeso, III, 82, 4, donde el historiador reflexiona sobre las consecuencias funestas de la guerra civil y dice: καὶ τὴν εἰωθυῖαν ἀξίωσιν τῶν ὀνομάντων ἐς τὰ ἔργα ἀντήλλαξαν τῇ δικαιώσει, que Adrados tradujo: Cambiaron incluso, para justificarse, el ordinario valor de las palabras
 
Encontramos otro antecedente, esta vez latino, en las palabras que Tito Livio en el libro VIII de Ab urbe condita, capítulo 4, pone en boca del pretor Anio, que dice: facile erit explicatis consiliis accommodare rebus uerba (será cosa fácil, una vez desarrollados nuestros planes, adaptar las palabras a los hechos). El maquiavélico Maquiavelo, como no podía ser menos, recoge estas palabras en sus comentarios a Tito Livio y comenta que son sin duda muy certeras y que deberían hacerles las delicias a todos los príncipes y repúblicas de este mundo. ¿Qué quiere decir esto? Que hay que actuar, que el fin justifica los medios según el príncipe del maquiavelismo, y que ya se preocupará uno luego de encajar las palabras que justifiquen la actuación con los hechos. 
 
 
 
La idea ha resonado y sigue resonando en varias lenguas modernas, y la recogerá George Órgüel en su neolengua en el siglo XX, formulando sus célebres “la guerra es paz” y “la libertad esclavitud”. En Más neolengua orgüeliana hemos analizado el "beneficio maléfico" a propósito de los fármacos que pretendiendo curar enfermedades provocan efectos adversos y perversos más graves que el mal que combatían. Y cómo en el Ministerio de la Verdad se preconizaba que lo bueno era malo y, viceversa, que lo malo era bueno, así como que la verdad era posverdad, o sea, mentira. Y en Universo orgüeliano propusimos añadir a la célebre tríada -guerra es paz, esclavitud es libertad e ignorancia es sabiduría, en lugar de fuerza- una nueva fórmula que nos enseñó la Organización Mundial de la Salud a raíz de la invención de la enfermedad del virus coronado: health is disease, o sea, la salud es enfermedad (asintomática). 

lunes, 20 de enero de 2025

Lunes tristón

    Hoy, 20 de enero de 2025, se celebra el día de Saint Blue Monday o San Lunes Tristón. Triste lunes, el día más triste del año, porque es una repetición de lo mismo. Este, en efecto, es como todos los lunes pero un poco peor, si cabe, para los que consideramos que es el comienzo de la semana laboral, la vuelta al tajo, porque se reinicia la institución de la Semana, es decir se repite su perverso ciclo. Y la Semana es la institución del Tiempo por excelencia, y al decir del Tiempo estamos diciendo de la maquinaria del Estado y también de Dios, que creó el mundo en siete días, lo que implica que los días ya existían antes de que Él creara el universo. 
 
    La única división del tiempo que no tiene ningún fundamento natural, sino puramente convencional, es la semana de siete días que padecemos, y que sin embargo sentimos como si fuera lo más normal y aun preternatural del mundo, tanto que ya existía el primer día antes de la Creación, según la Biblia, y antes de que Dios creara la luz, lo primero de todo, separándola de las tinieblas. 
 
    Los romanos y los griegos antiguos no la conocieron ni sufrieron en sus calendarios hasta que Constantino el Grande, según las crónicas, la estableció en el año 321 después de Cristo. Su fundamento es claramente religioso: su origen, como queda dicho, está en las sagradas escrituras de la cultura judeocristiana.
 
    Los días de la semana no tienen nombres de dioses romanos, como podría parecer a primera vista, sino de astros que fueron bautizados con dichos nombres: la Luna, nuestro satélite, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, cinco planetas de nuestro sistema solar, y el propio Sol como epicentro de dicho sistema. 
 
 
 
    ¿Por qué? Porque cuando se estableció la semana eran los astros conocidos dentro del sistema establecido por Ptolomeo para describir el universo geocéntrico. Ptolomeo, en efecto, creía que la Tierra era el centro a cuyo derredor giraban la Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter, Saturno y el propio Sol. Esta concepción estuvo vigente hasta que en el siglo XVI fue desplazada por la heliocéntrica de Copérnico. 
 
    Hay cierta polémica sobre cuál es el primer día de la semana, si el domingo, como sugieren algunos calendarios, o el lunes. En 1988 se firmó una convención internacional que establecía, entre otras cosas, que la semana comenzaba el lunes, de donde viene su tristeza, y finalizaba el domingo, de ahí la falsa alegría del 'fin de semana'.​ Sin embargo, en los calendarios litúrgicos y en algunos países, la semana comienza el domingo, como sugieren los nombres griegos y portugueses de los días, lo que no impide que la institución complementaria del Fin de Semana, que nunca ha supuesto el final definitivo de la semana institucional, incluya el sábado y el domingo, pensándose ya en incluir el viernes. 
 
    Pero volviendo a lo de hoy, lunes 20 de enero de 2025, dicen que la depresión que se produce hoy, tercer lunes de enero, el mes de Jano que cierra un año falsamente viejo y abre otro, que es el mismo, falsamente nuevo, se debe a que estamos en invierno, pese al calentamiento global del cambio climático, y hace mucho frío, tanto que si nos descuidamos se nos hiela el alma, hemos atravesado el ecuador de la cuesta de enero por lo que arrastramos las deudas adquiridas en la Navidad consumista y uno ve cómo el salario no va a llegar a fin de mes, pese a la anunciada subida de los sueldos, ya que también lo han hecho, adelantándose, mucho más los precios al consumo, y porque uno se siente frustrado y fracasados todos sus planes y propósitos de cara a un año que se anunciaba como distinto, otra institución mentirosa como ella sola en lo que a su pretensión de novedad se refiere, el Año Nuevo, que de novedoso, como el propio lunes, no tiene nada. De ahí la inmensísima tristeza
 
    Dicen que el Lunes Tristón no tiene ninguna base científica. Y, en efecto, no la tiene. Es verdad. Es un invento comercial, que se pretende contrarrestar con el consumismo de las rebajas de enero donde el consumidor se realiza y se consume. Cualquier día de la semana puede ser el día más triste del año, no hace falta que sea lunes, puede ser, por ejemplo, domingo, como en la preciosa  y triste canción Gloomy Sunday ('Domingo Sombrío'), de la que cabe destacar, para escuchar en este lunes tristón y conjurar la tristeza con la tristura,  entre las muchísimas versiones la poderosísima interpretación de Diamanda Galás, la canción húngara que se convirtió en el himno de todos los suicidas. 
 

    Escuchemos ahora la versión más amable pero no menos triste de Billie Holiday con subtítulos en castellano.
 
 

domingo, 19 de enero de 2025

Sonata de la princesa desencantada

La princesa pasea en satinadas páginas 
 su tristeza infinita por la prensa ilustrada. 
 
Ha perdido el tesoro de la dicha lozana 
y ha perdido el encanto de su prístina gracia. 
 
Como el ánima en pena de afligida mirada, 
se ha quedado en los huesos descarnados del alma. 
 
 Sin querer, su amargura sale por las pantallas. 
Y en sus labios aflora la sonrisa forzada. 
 
Por su cabeza, testa que ha de ser coronada, 
pasarán tantas cosas: sabe Dios lo que pasa. 
 
Caen, gotas de lluvia silenciosas, sus lágrimas, 
melancólicas notas de una triste sonata. 
 
Heredera del trono, la futura monarca,
será Jefe de Estado y sus Fuerzas Armadas.
 
 
Bajo sus pechos late, palpitante, la infancia, 
libélulas que añoran felices cuentos de hadas,
 
y príncipes azules, carrozas y fantasmas, 
castillos en el aire, e imperatrices de Austria. 
 
 ¿Qué tendrá la princesa que se ve atrabiliaria? 
¿Un amor imposible transido de nostalgia? 
 
¿Sabrá su alteza algo? ¿Intrigas cortesanas? 
¿Un secreto de Estado? Quizá no sepa nada.
 
 ¿Ha comprendido acaso, reina desengañada, 
 que el rey está desnudo, como en la vieja fábula? 
 
¿Ha descubierto acaso, mohína y cabizbaja, 
que el vil metal y no otro es el solo monarca? 
 
 A ella, que era plebeya y hasta republicana, 
la corona le pesa como imperiosa lápida. 
 
 Sobre el trono futuro de todas las Españas 
la espada de Damocles pende desenvainada.

sábado, 18 de enero de 2025

Las niñas de tus ojos

 


 La palabra pupila procede del latín 'pupilla', que es el diminutivo de 'pupa', palabra que significa “niña” y también “muñeca” (de donde el francés 'poupée'). Tenemos también la forma masculina "pupillus", diminutivo de "pupus", que significa "niño", origen de nuestro pupilo, que desde antiguo se define en castellano como 'menor de edad so tutor", por ejemplo en Nebrija, es decir como huérfano menor de edad respecto de su tutor. ¿Hay alguna relación entre las pupilas del ojo, esas “aberturas situadas en el centro del iris, por las que entra la luz en el ojo”, como las define el diccionario, y las muñecas o las niñas que la palabra significa? 

Alguna relación parece que tiene que haber para que haya esa equivalencia y eso sea así. Cuando miramos, en efecto, a los ojos a la persona que tenemos en frente, nos vemos reflejados en su pupila como en un espejo: vemos en el agujero, por donde le entra la luz al ojo, nuestra diminuta figura, reducida, como si se tratara de un muñeco. 

Comenta Corominas, a propósito de la palabra castellana “niño”, creación expresiva del romance antiguo “ninnus”, que la alusión a la pupila de “niña del ojo” es una metáfora internacional, presente en latín, en griego (κόρη) y en egipcio arcaico, y que se halla extendida por lenguas de las más varias familias en todo el mundo, y que se explica por nuestra imagen reflejada en la pupila del interlocutor. 

Uno no puede verse a sí mismo si no es a través de un espejo, y de alguna manera la pupila del ojo ajeno es el primer espejo en el que nos reflejamos, mucho antes de que se hayan inventado los espejos y hayamos descubierto en el agua nuestro reflejo como Narciso. 

No puede conocerse uno a sí mismo como ordenaba el frontón del templo de Apolo en Delfos (nosce te ipsum, en latín, γνῶθι σαυτόν, en griego) porque uno no puede ser al mismo tiempo sujeto y objeto de conocimiento. Como escribimos a este propósito una vez: "Si me propongo conocerme a mí en persona, / -¡conócete a ti mismo! como manda Apolo-, / me parto en dos: conocedor y conocido, / y pierdo, esquizofrénico, el conocimiento".
 
No podemos, pues, conocernos a nosotros mismos, pero sí quizá reconocer de alguna manera en las niñas de otros ojos los niños o muñecos que, pese a todos los pesares, seguimos siendo.

viernes, 17 de enero de 2025

Brevedades

Adiós, se cumple mi destino: ningún deleite juvenil me acompaña en la edad senil sino el fuego, el lecho y el vino, escribe Ronsard cuando siente que envejece.
 
Los medios informativos no informan de lo que sucede. Su objetivo es otro: la puesta en forma y horma de una opinión pública conforme con el poder establecido.
 
Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor, verdadera, según Manuel Machado, poesía popular.
 
Para que vivas con la tranquilidad de tenerlo todo previsto. Lema de un seguro de vida, en realidad de muerte, camuflada como deceso, 'partida' originariamente.
Los defensores del Estado de derecho creen ingenuamente que sirve, como si fuera un Dios bondadoso, de dique de contención contra el ánimo de lucro del mercado.
 
La política que hacen los políticos profesionales en el gobierno consiste en convencer al electorado de que no hay más ni mejor alternativa que lo que hay.
 
El Ingreso Mínimo Vital mantiene una bolsa suficientemente amplia de consumidores básicos para que puedan pagar sus facturas, conteniendo así su descontento.
 
 Más control que nunca, gracias a la tecnología, con resultados inmejorables desde que llevamos el chip del móvil encima como apéndice o prótesis incorporada.
 
Hay un turismo necrófilo que visita Auschwitz, la Zona Cero, Chernóbil, Fukushima... y frecuenta cementerios; sus clientes pueden sentirse vivos entre muertos.
 
La Nochebuena se vino, la Nochebuena se fue, y nosotros nos iremos un día y no volveremos más, pero seguirán yendo y viniendo, año tras año, las Nochebuenas.
 
Cuando alguien cuestiona la fe de alguien, sea religiosa o sea científica, que es su moderna epifanía, este último se siente atacado en lo más hondo de su ser.
 
La culpabilización del varón, feminicida en potencia, enfrenta a ambos sexos, cuando el conflicto surge entre explotadores y explotados, sean hombres o mujeres.
 
La mitad del tráfico que fluye por la Red Informática Universal no es de personas sino de robots, y la otra mitad son personas, usuarios, que obran cual robots.

jueves, 16 de enero de 2025

Del ejército en general y del romano en particular

Un libro de texto de Latín decía hace unos años a propósito del ejército romano algo que se revela enseguida como mentira a poco que se analice: El ejército romano nació como una milicia campesina necesaria para hacer frente a los ataques de los pueblos limítrofes.

 Columna de Trajano, Roma

Según eso, la creación del ejército romano fue un hecho meramente defensivo. Se da a entender con ello que los campesinos romanos se unieron y ejercitaron por motivos exclusivos de defensa, argumento que recuerda a la pretensión moderna de los Estados del carácter defensivo y aun pacificador de sus ejércitos mercenarios y profesionales. De hecho los antiguos Ministerios de la Guerra, que así se llamaban cuando a las cosas se las denominaba por su nombre, y al pan se le decía pan y al vino vino,  se rebautizaron enseguida en la neolengua orgüeliana como Ministerios de Defensa, que es como se les dice todavía. 

Tan engañosa como la pretensión pacifista de los ejércitos, y del propio dios Marte pacificador y la llamada "pax Romana", hoy actualizada como "pax Americana", es la contraposición de armas "defensivas" y "ofensivas", dado que las armas son esencialmente ofensivas siempre, por lo que no hay ningún ejército que defienda honestamente la paz.

¿Acaso, me pregunto yo, los campesinos romanos no atacaron nunca a los pueblos limítrofes? La historia de Roma revela que sí. De hecho el ejército romano fue el instrumento de dominación que sirvió para someter a los pueblos vecinos, y no para defenderse de ellos, dado que su carácter ofensivo, más que defensivo, resulta consustancial con él. También fue un agente de romanización dado que uno de sus alicientes, además de la adquisición de la ciudadanía romana, era el reparto de las tierras conquistadas. Los veteranos, como se sabe, una vez licenciados, recibían tierras como recompensa por su dedicación a las armas, lo que unido a la soldada o stipendium y a los donativos que ofrecían los generales como fruto del botín de las ciudades conquistadas para mantener contenta a la tropa constituía uno de sus mayores incentivos.

El propio Tito Livio en su monumental historia de Roma, le atribuye a Rómulo, su primer rey, divinizado y resucitado las siguientes palabras dirigidas a sus conciudadanos (Ab urbe condita I, 16, 7): Vete, y anuncia a los romanos que los que habitan el cielo desean ('Abi, nuntia,' inquit 'Romanis caelestes ita uelle)  que mi Roma sea la dueña y señora de todo el mundo;  (ut mea Roma caput orbis terrarum sit) por ello, que se dediquen al arte militar, (proinde rem militarem colant) y que sepan, y así lo hagan saber a sus descendientes (sciantque et ita posteris tradant) que ningún poder humano podrá resistir a las armas romanas (nullas opes humanas armis Romanis resistere posse.')

 

miércoles, 15 de enero de 2025

Del triunfo

Vivimos en una sociedad competitiva en la que se valora sobremanera la figura del triunfador según el ideal norteamericano del self made man u hombre que se ha hecho a sí mismo y que ha tenido éxito en la vida superando todos los obstáculos que se le han interpuesto.  

Suele considerarse que la victoria es siempre superior moralmente a la derrota, que los que triunfan en los negocios, en la política, en el mundo artístico o en cualquier otro ámbito es porque son superiores, en detrimento de los vencidos, que fracasan porque se lo merecen. 

Ya lo dice la copla, cuyo remate final le parecía a don Juan Eugenio Hartzenbusch "un blasfemo disparate": Y vinieron los sarracenos, y nos molieron a palos; que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos. Frente a esta lógica que podríamos llamar deportiva de que los triunfadores son los mejores, hemos hecho en este arcón alguna vez la apología del valor de la derrota y de las causas perdidas, más nobles que las triunfadoras.

Vamos a centrarnos ahora en la etimología de la palabra latina “triumphus”, que ha triunfado, nunca mejor dicho, sobreviviendo en las lenguas romances a la ruina del latín, que a pesar de ser una lengua “muerta”, como maliciosamente recuerdan los defensores a ultranza de las lenguas “vivas”, es una lengua que sobrevive en la mayoría de las actuales. Los siguientes términos son algunos vestigios que atestigan la supervivencia del “triumphus” latino (en latín arcaico triumpus sin aspiración): castellano, gallego y portugués triunfo, catalán triomf, francés triomphe, italiano trionfo y rumano triumf; así como inglés triumph, y alemán por partida doble Triumph y Trumpf (en el juego). 

En Roma había una ceremonia del triunfo, que consistía en un desfile solemne que se le concedía a un general victorioso que, coronado de laurel, símbolo de la victoria, y vestido con la tunica palmata y la toga picta, subía al Capitolio en un carro tirado por cuatro caballos blancos, mientras la multitud prorrumpía en gritos jubilosos de io triumphe!, y los soldados que tomaban parte en el desfile entonaban cantos elogiosos o satíricos sobre su general. Probablemente, la misteriosa palabra que gritaban "triumphe" dio nombre a la propia ceremonia. De este significado concreto de “desfile militar solemne” se pasa a los genéricos abstractos de “triunfo” y “victoria”. 

Arco de triunfo de Tito (Roma)

Tradicionalmente se ha interpretado el triumphus latino, a falta de mejor genealogía, como un préstamo del θρíαμβος (thríambos) griego, pero fonéticamente es harto difícil demostrarlo si no es a través de un intermedio etrusco, y aun así no está muy clara la relación. En griego antiguo, θρίαμβος era un “himno que se cantaba en las bacanales en honor del dios Baco”, por lo que no resulta muy explicable cómo un término dionisíaco como éste habría llegado a ser un grito militar de exaltación triunfal de Marte, dios de la guerra. Es cierto que en griego moderno θρίαμβος signficia “triunfo”, “éxito”, y que en griego clásico se traducía el triumphus latino por θρίαμβος, pero esa equivalencia antigua que se dio pronto entre las dos palabras, no conllevaba una relación etimológica.   

Por todo ello, cabe la posibilidad de que el triumpus mejor que el triumphus no sea un préstamo griego adaptado malamente a la fonética latina, como se ha creído, sino el imperativo de un verbo *iumpere que significaría “saltar” precedido del prefijo numeral “tri”, tres veces, como propuso Richter. Tal verbo no está documentado por escrito en latín, pero sería hermano del ingles jump “saltar”, o de una variante suya *umpere, como propone García Calvo en su “Nueva interpretación del carmen arval”, que se publicó en la revista Emérita, vo. XXV (1957), páginas 387-448, y que no ha tenido mucha repercusión internacional por aquello de “Hispanicum est, non legitur”, que sería un desarrollo de la conocida raíz indoeuropea *up con infijo nasal, como en inglés up “arriba” con sus correlatos latino SVPER y griego ὑπέρ, y que podría relacionarse también con las formas expresivas castellanas (a)úpa, y aupar

Fragmento de la inscripción donde aparece el Carmen.


Según dicha interpretación, triumpe se traduciría por "brinca o salta tres veces", y sería el colofón de la danza guerrera ejecutada por la cofradía de los hermanos arvales que formaría parte del desfile de la victoria de los generales romanos. Es cierto que no tenemos en latín el verbo *triumpere, y sin embargo sí que tenemos triumpare, que habría venido a sustituirlo a la vez que se incluyó en el vocabulario el sustantivo triumpus: el paso de /p/ a /ph/, es decir la aspiración de la oclusiva labial sorda y posterior conversión en fricativa /f/, es bastante trivial, como demuestra el caso de sulpur/sulphur/sulfur, que es el viejo nombre del azufre. El griego κόλπος “seno de una persona”, pasó al latín colpus, y de ahí se aspiró a colphus, y de ahí al latín vulgar colfus, de donde nuestro golfo, para referirnos a una gran ensenada marina que se adentra en la tierra entre dos cabos y a la anchura del mar.



El Carmen Aruale o Cántico de los hermanos arvales es el documento escrito más antiguo de la lengua latina. Sus versos se repiten siempre tres veces, y tenemos la noticia de que su ejecución  se acompañaba de una danza de la cofradía: el tripudio que consistiría en tres pasos de baile. 

He aquí el texto original del Cántico según la interpetación de Agustín García Calvo, cuya letra cantó Chicho Sánchez Ferlosio a ritmo de rocanrol en su disco A contratiempo: E NOS, LASES, IOVATE / NE VELVE! RVE, MARMAR! SIN, SIN CVRRERE! INPLE ORIS! / SATVR FV! FER, E MARS! LIMEN SALI! STA, BERBER! / SE MVNI SAL! STERNE! I, ADVOCA! PET CONCTOS! / E NOS, MARMOR, IOVATO! / TRIVNPE! TRIVNPE! TRIVNPE! TRIVNPE! TRIVNPE! 

Su traducción sería aproximadamente algo como esto: ¡Eh, ayudadnos, dioses Lares! ¡No des más vueltas! ¡Arrójate, Mármar! ¡Deja, déjanos correr! ¡Llena los oídos! ¡Vé y hártate! ¡Adelante, eh, Marte! ¡Salta el umbral! ¡En pie, Voceador! ¡Salta la muralla! ¡Derriba y arrasa! ¡Ea, llama a tu lado! ¡Lánzate a por todos juntos! ¡Eh, ayúdanos por siempre, Mármor! ¡Tres veces brinca, brinca, brinca, brinca, brinca!