miércoles, 31 de diciembre de 2025

Jaicus de invierno

Un frío que pela / bajo estrellas que titilan / y la luna nueva. 

Doce campanadas / daba el reloj del salón, / doce puñaladas.

Huyendo de Herodes / sobrevive hasta Pilatos / hecho un cristo el hombre. 


 ¿Hubo alguna vez / verdadera de verdad / una Navidad? 

¿Qué es del niño que hay / en el corazón, que no / quiere ser mayor?

La luna se esconde, / vergüenza el mundo le da, / no se sabe dónde. 

Por esta estación / del ferrocarril ya no / pasa ningún tren.

Aterecedor / por el rostro y la piel, / el viento glacial. 

Ya se acaba el año, / concluye sin conclusión / otro calendario.

Jinete y corcel / al galope no son dos, / sino un solo ser. 

¿Dulce Navidad? / Empalaga el paladar, / más agria que hiel. 

Otra navidad / vanidad de navidades / todo falsedad. 

Esta noche paz, / mañana vuelta a empezar / la guerra otra vez.

 Un jaicu invernal: / La punta de la nariz, / helada, y los pies.

 Maldito reloj, / guardián del tiempo feroz, / monstruo sin piedad.

Carcelero soy, / funcionario de prisiones, / prisionero yo. 

Siempre vivirá, / en los centros comerciales, / vana navidad. 

Sueña el minotauro / que puede del laberinto / escapar volando. 

Llegan las rebajas / de las cosas y nos dejan / solo las migajas.

Hace mucho frío. / Bajo un sol que no calienta, / se congela el río.

Tictac, el reloj, / bomba de relojería, / pronto estallará.

Las migas de pan / sacudidas del mantel / son para el gorrión.


 La bomba cayó / en un pesebre, en Belén / como acto de fe.

Cortocircuitó / el árbol de navidad: / se carbonizó. 

Cuánta indigestión: / el turrón y el mazapán / y el regio roscón.

Al amor del fuego, / fría la noche, y la luna, / frío el universo.

Luce el astro rey, / pero no calienta ya; / se ha resfriado el sol.   

El año concluye / y vuelve a empezar de nuevo, / pero el tiempo... huye.

martes, 30 de diciembre de 2025

Zarandajas

- 1 – 
-Hay que atacar al enemigo. 
 -¿Quién es el enemigo, mi capitán? 
-¡Vaya pregunta! Aquel al que hay que atacar para defenderse de él porque la mejor defensa, soldadito español, soldadito valiente, es un buen ataque al enemigo. 
 
- 2 – 
-¿Cómo se puede acabar con la ignorancia y la indiferencia de la juventud? 
-Ni lo sé ni me importa. –Dijo un joven contestatario. 
  
 
- 3 – 
¿Qué idea es más libérrima: vivir el amor libre o vivir libre del amor? 
 
- 4 – 
 Mejor antisistema que prosistema.
 
 - 5 – 
Carpe diem (seguidilla con bordón): 
Záfate del futuro, / y en el olvido / del pasado, disfruta / de ahora mismo. / Cógete el día, / dijo el poeta, todo: / rosa y espinas. 
 
- 6 – 
-¿Qué podemos hacer, maestro, con quienes perpetraron los horrores de la guerra? ¿No vamos a juzgarlos por sus horrendos crímenes de lesa humanidad? 
-¿Quién va a juzgarlos? - Dicen que les preguntó a sus discípulos, y añadió: -¿Quién va a castigarlos en el caso de hallarlos culpables como son? ¿No es tan reo el juez como el acusado? Que el que esté libre de entre vosotros de responsabilidad –versión laica del pecado y la culpa- arroje la primera piedra en la lapidación.
 -¿Debemos callar entonces, maestro?
 -¿Pensáis acaso que vociferando las crueldades de la guerra podéis pasar por alto los crímenes de esta paz? ¿Acaso pensáis que denunciando los crímenes de la oprobiosa dictadura podéis silenciar los de esta no menos oprobiosa democracia del régimen que padecemos ahora? 
 
 


-7- 
Si el romántico suicida volviera a nacer, volvería a suicidarse tal como hizo, y volvería a afirmar en su carta de despedida al mundo que no se puede comprar la felicidad, la única cosa que verdaderamente importa y la sola que no puede adquirirse en el mercado porque se han agotado sus existencias ni siquiera con todo el oro del mundo.
 
-8- 
Resonaban por todas aquellas soledades los ecos de un “ay” no se sabía muy bien si varonil o femenil, uno tras otro, sin que nadie supiera tampoco a ciencia cierta el cuatrilema o tetralema siguiente: si eran suspiros placenteros de gozo o quejas dolorosas de lamento, si ambas cosas a la vez o si ninguna de las dos. Nadie podría tampoco asegurar que un “ay” fuera igual que el precedente o que el siguiente. Sin embargo era la misma voz: una voz de un niño apenas mozo, quizá en la flor de la efebía, que se quebraba de vez en cuando profiriendo algún gallo infantil, reminiscencia inequívoca de una infancia sodomizada. 
 
 
 
-9-
 El futuro no es nuestro ni puede serlo nunca, amigos míos. El futuro es siempre de ellos, de los que lo planifican y nos lo venden. Lo único que nos queda a nosotros es precisamente rebelarnos contra ese futuro que nos quieren imponer como si estuviera escrito, programado. No hagamos planes para el futuro: no hagamos planes. Lo único y no poco que nos queda es esto, aquí y ahora, ahora o nunca.
 
-10-
Versos sueltos

Se necesita mucha ficción para poder sobrellevar la carga de la realidad.

El conductor presiente que se va a estrellar y pisa sin embargo el acelerador.

Dentro de cada uno de nosotros hay un ser que ignora lo que hace y lo que es.

Ya nadie se pregunta cuándo va a llegar el fin del mundo porque ya ha llegado aquí.

El boticario tiene para todo algún remedio pero para nada curación.

Si nadie muere ya de muerte natural, ¿será que no es acaso natural morir?

Resulta conveniente a veces olvidar lo que uno sea, es decir, lo que uno es.


Soy un perfecto desconocido para mí, igual que para todos los demás que son.

Increíble que es la realidad, hay que creer en ella porque está mandado sea así.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Escueta mensajería

Permanezcan tras el ataque potencial del enemigo, sea de la índole que sea, atrincherados en sus refugios, atentos a sus pantallas por su seguridad y bienestar. 
 
 Gran tensión geopolítica; el temor a la devaluación de la moneda atrae a los inversores a los metales preciosos, logrando el oro y la plata máximos históricos. 
 
El encendido del alumbrado público navideño de la ciudad, según las arriesgadas propuestas de los nuevos diseñadores, fue espectacular, deslumbrante, cegador. 
 
Santa Claus, Papá Noel, los Reyes Magos, Dios y su epifanía, el Estado, saben si te has portado bien o mal, así que compórtate bien, ya que no puedes ocultarte. 
 
 
El invierno meteorológico que iba a ser, según la Agencia Estatal de Meteorología, más cálido de lo normal en España, ha comenzado con temperaturas bajo cero. 
 
 El presidente del partido y del gobierno que quería frenar a la ultraderecha logró que esta creciera como la espuma y como nunca lo había hecho hasta la fecha. '
 
Yo no soy yo', escribió el poeta de Moguer, 'soy este que va a mi lado sin yo verlo'; soy, añadiría yo, ese mismo que a veces me acompaña y otras me abandona. 
 
A fin de protegernos de los múltiples enemigos potenciales tanto exteriores como interiores que nos atormentan, criamos monstruos que nos acaban devorando. 
 
 
La lista de enemigos humanos e inhumanos tanto en el panorama nacional como en el internacional es más que larga, larguísima, y los hay a gusto del consumidor. 
 
La estigmatización de la gripe, catarros y resfriados invernales ha contribuido a normalizar, como si fueran algo común y corriente, ictus, cánceres, infartos. 
 
Ya no nos distraemos viendo televisión como telespectadores sino nuestras pantallas individuales, que cumplen a la perfección la misma función de aturdimiento. 
 
El “Escudo de la Democracia” patrocinado por la emperatriz de la Unión Europea contempla suprimir algunos derechos democráticos para 'defender la democracia'. 
 
 
 
Decir la verdad o, lo que viene a ser lo mismo, denunciar su mentira, como hizo Casandra ante el caballo, la máquina fatal de Troya, se ha vuelto peligroso. 
 
Los medios por los que navegamos a diario sin arribar nunca a buen puerto no se atreven a denunciar la falsía de la realidad porque se considera desinformación. 
 
La información consiste en sostenella y no enmendalla -la realidad-, como la espada que desenvainaba el caballero medieval con que debía batirse hasta el final. 
 
La traducción es una traición (traduttore, traditore) cuando se hace entrega o tradición de las cenizas que se conservan y no de la llama viva que las encendió.
 
   

domingo, 28 de diciembre de 2025

Pareceres XCV

466.- Trastornos mentales. ¿No seremos todos enfermos mentales de hecho o en potencia? Todo es susceptible de catalogarse como enfermedad mental. La homosexualidad, por ejemplo, lo fue; ya no lo es porque ha sido excluida del SMS o sea de la Biblia de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, la obra de referencia mundial de los médicos del alma que se encarga de dictaminar cuáles son las enfermedades mentales y cuáles no, el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos de la psique. Establecer el límite entre normal y anormal es cada vez más difícil. Los norteamericanos han declarado ahora como “trastorno” la adicción a los ordenadores, al chat, a la cirugía estética... Todo puede ser considerado una patología mental. No lo pueden parar, y en realidad no quieren pararlo, porque es un gran negocio. Si determinada conducta es tipificada como trastorno psíquico, los laboratorios fabricantes de psicofármacos se frotan las manos. Si todo fuera considerado normal ¿de qué vivirían los psiquiatras? ¿curarían a los 'cuerdos' cuando ya no hubiera 'locos'? Lo peor de los trastornos mentales es que se consideran dolencias individuales, es decir, características de una persona. Por lo tanto el tratamiento es personal e intransferible. No se tiene en cuenta la causa. Me medican contra el estrés laboral, pero, si lo padezco, el problema no radica en las condiciones laborales de mi trabajo, sino en mí, que soy extremadamente sensible, por lo que hay que anestesiarme. Me recetarán psicorfármacos que paliarán los síntomas, pero no eliminarán, claro está, las causas que provocan el problema. Eso no interesa. Como tampoco interesa una reflexión sobre la locura del mundo contemporáneo. Si el problema está en el paciente, todo lo demás está bien: su entorno laboral, social, político y económico es perfecto. Estamos en el mejor de los mundos posibles, como dijo el otro. 
  
467.- Los cuatro descubrimientos de América. El descubrimiento apocalíptico de que uno es feo, o no tan guapo como creía, suele hacerse muy pronto, en la primera adolescencia, cuando uno se mira detenidamente en el espejo por primera vez y se fija en lo que ve con cierta objetividad. Uno descubre entonces sus, digamos, defectos físicos. Podemos reaccionar de dos formas o acomplejándonos por nuestra fealdad monstruosa para el resto de nuestros días y tratando de hacernos la cirugía estética, o, si renunciamos a tan drástico procedimiento, lo que es mejor, intentando aceptarnos como somos, y considerando lo relativos que son los cánones de belleza, y que lo feo es bello y lo bello es feo. El segundo descubrimiento de América que hacemos a lo largo de nuestra vida, poco después del primero, es que somos tontos, o no tan listos como creíamos que éramos o nos gustaría ser, lo que debería llevarnos a una cura de humildad y a no creernos depositarios de ninguna verdad o saber definitivo, intentando compensar nuestra necedad y falta de inteligencia con el estudio, la lectura, la curiosidad permanente y el desarrollo del sentido crítico que consiste, ante todo, en desalojar la fe de todas las certezas. Por si fueran pocas estas apocalípticas revelaciones, el tercer descubrimiento de América que uno hace a lo largo de su vida y que es el más tardío de los tres es que uno es viejo, o ya no tan joven como quisiera, lo que no tiene mucho remedio. Me refiero al envejecimiento físico de la calvicie o las canas, las arrugas a partir de los veinticinco, las patas de gallo a partir de los treinta y cinco, la papada a partir de los cuarenta y cinco…, envejecimiento que es natural y es de algún modo una etapa de la vida como el otoño es una estación, y, según se mire, una de las más bellas del año. Nunca es demasiado tarde si la dicha es buena, y se aprovecha el tiempo para no tener que hacer un cuarto y último descubrimiento de un nuevo mundo que de nuevo no tiene nada, que sería el peor con mucho y más nefasto de todos, y que consistiría en descubrir (¡ojalá no lo veamos nunca!), que cada año, cada semana y cada día y cada hora que pasa somos, en el peor sentido de las palabras, más feos, más necios y más viejos a la vez, porque no hemos hecho nada de lo que estaba a nuestro alcance para evitar la fealdad, la estupidez y la vejez espiritual. 
468.- La manosfera. El gobierno británico, según informa The Times, está interesado en iniciar clases especiales contra la misoginia en las escuelas como parte de su guerra contra la violencia masculina que se ejerce sobre las mujeres y las niñas “A todos los niños se les enseñará cómo respetar a las mujeres y a las niñas como parte del currículo escolar, según los planes del gobierno para “desplegar todo el poder del Estado” (“deploy the full power of the state”) para acabar con la violencia masculina y la misoginia”. ¿Resultará bueno “desplegar todo el poder del Estado” para erradicar la misoginia que se presupone inherente al varón? Es más que probable que el experimento resulte contraproducente. Sucede lo mismo con la histeria que hay contra la gripe estacional. Cada vez que el Estado nos dice que nos cuidemos poniéndonos la vacuna y la mascarilla lo que está haciendo es propagando el miedo y haciendo que nos volvamos hipocondríacos y paranoicos. Sucede lo mismo con el sexo y con la cuestión racial. Quieren normalizar tanto la aceptación homosexual y la racial que acaban fomentando el odio hacia los maricones y los negros. Se pretende que los niños no se radicalicen por obra de algunos misóginos adultos contra las mujeres y las niñas. Se habla de una manosfera, flagrante anglicismo, (machosfera, deberíamos decir nosotros) en línea que alimenta la misoginia extrema. Si se le dice a un niño que tiene que erradicar el odio hacia las niñas que siente, se conseguirá que el niño acabe sintiendo odio hacia las niñas y que crea que ese odio es natural, y que por eso quieren erradicárselo. Una educación feminista puede malinterpretarse enseguida viéndose como la imposición de un movimiento que, como reacción al machismo imperante, favorece a las mujeres por encima de los hombres, con lo que el feminismo sería un machismo pero al revés y desarrollaría, como antagonista de la misoginia, la misandria . 

469.- Apología del franquismo. Al parecer, un profesor de un Instituto de Educación Secundaria de Huelva ha hecho unas manifestaciones en clase que constituyen apología del franquismo, sentenciando cosas como que “con Franco se vivía mejor”, una afirmación que se oye a veces a gente mayor de setenta años que argumenta que algunas cosas malas que pasan ahora “con Franco no pasaban”: no había el problema del paro que hay hoy o la escasez de vivienda... Claro está que con Franco también pasaban otras cosas malas que hoy ya no pasan... La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, “obliga a incorporar en el currículo educativo la formación sobre la Guerra Civil, la represión franquista y la promoción de valores de libertad y de prevención frente a los totalitarismos”. La susodicha ley introduce multas y sanciones administrativas contra actos públicos que supongan exaltación o apología del franquismo, la dictadura o la represión. Sin embargo, el Código Penal vigente no contempla la apología del régimen franquista como delito específico, como sí sucede en Alemania con el nazismo, que es un delito. El Tribunal Constitucional ha defendido que la libertad de expresión permite incluso manifestaciones contrarias a los valores constitucionales, salvo que inciten a la violencia o constituyan un discurso de odio tipificado como delito. La susodicha ley no crea un nuevo tipo penal. Lo que sí castiga penalmente es la humillación a las víctimas de la dictadura, en línea con los delitos de odio ya existentes. En varias ocasiones se ha planteado reformar el Código Penal para incluir la apología del franquismo como delito, especialmente desde los partidos de izquierda. El problema es que, como advierten juristas y constitucionalistas, tipificarlo como delito podría chocar con la libertad de expresión. 
 
  
470.- Singles: Aumentan los singles (deberíamos escribir sínguels, sin complejos), que no es lo mismo que los solteros y los solterones, que son los solteros entrados en años, que no se han casado nunca. El anglicismo single está admitido por la docta Academia referido, en la marinería, a un cabo que se emplea sencillo cuando uno de sus extremos está atado al penol de la verga; ni siquiera está recogido el uso de single como disco sencillo, extracto de uno de larga duración, obsoleto ya tecnológicamente; pero coloquialmente se usa single como soltero “por opción”. El concepto de single (del latín singulus y por lo tanto relacionado con 'singular') engloba a cualquier persona sin pareja formal, tanto a los que no se han emparejado nunca, como a los separados, divorciados y viudos, que prefieren la soledad a la vida en pareja. En algunos países europeos como Italia una de cada tres familias es unipersonal. Crece el número de singles de retorno, que llaman, es decir, separados, divorciados, viudos que no quieren, como se decía antaño, “rehacer su vida” buscando otra pareja, y cansados de buscar su media naranja platónica prefieren amancebarse consigo mismos. Dicen que las mujeres se las arreglan mejor que los varones, que, en su mayor parte, no saben afrontar los aspectos prácticos de la vida cotidiana. Nadie conoce realmente a nadie. Nadie tampoco se conoce a sí mismo. Nadie conoce realmente a la persona que hay detrás de la fachada, que es su máscara.
 

sábado, 27 de diciembre de 2025

Comunicado núm. 2: Contratiempo, contrarreloj (remitido por ¡ALTO!)

El ataque contra el tiempo que propugnamos desde ¡ALTO! se materializa en primera instancia contra el reloj. Una de las primeras lecciones que le enseña la escuela al niño es la de aprender a decir la hora que es y a someterse al mismo tiempo al horario escolar previo al laboral. 

Como reconoció Albert Einstein en su libro Relativity: The Special and the General Theory (1916), el tiempo es lo que mide un reloj (“Time is what a clock measures”, en la lengua del Imperio). La realidad es que cada reloj registra su propia hora, por lo que la hora no es la misma que la que da otro, al no estar en el mismo entorno ni haber una exacta sincronización. 
 
Estamos en contra de todo tipo de relojes o artilugios que computen el tiempo, pero nos oponemos principalmente a los llamados despertadores. Los hay antiguos con un sistema tosco y brutal de alarma. Y los hay mucho más sofisticados con música o noticias de actualidad, pero tanto unos como otros tienen la misma finalidad fatal: despertarnos bruscamente, al toque militar de diana, de nuestro sueño para obligarnos a comenzar “nuestras labores”, la jornada. Creemos que es un derecho humano fundamental el que nada ni nadie perturbe nuestro descanso: No queremos que nos despierten, queremos despertar.
 
Nuestra postura ante los cambios de hora que decreta porque no puede dejar de hacerlo el Consejo de Ministros y Ministras del Reyno, es de oposición frontal. El presidente del gobierno del Ruedo Ibérico ha propuesto al parecer oficialmente a la Unión Europea eliminar los cambios de hora estacionales a partir de 2026, argumentando que ya no tienen sentido, porque no ahorran energía y perjudican la salud basándose en encuestas ciudadanas y estudios científicos. Nosotros, por nuestra parte, no solo nos oponemos al cambio de hora, sino que también nos oponemos a qué se mantenga la actual, porque no es que no tenga sentido cambiar la hora dos veces al año, que no lo tiene, es que tampoco tiene ningún sentido mantenerla, siendo real como es y falsa por lo tanto.
  
Recordemos una fecha de finales del siglo decimonónico: el 15 de febrero del año del Señor de 1894. Era un día como otro cualquiera, uno de tantos en Londres. Entonces no había una Red Informática Universal como ahora, pero se acababa de inventar algo importante para el futuro de las naciones y el progreso tecnológico: un gran reloj que dividía la Tierra en distintos husos horarios y estandarizaba el control del ser humano sobre algo tan intangible y abstracto como es el tiempo (entiéndase esto del control humano en su doble sentido: el hombre controla el tiempo y el tiempo controla al hombre): El GMT "Greenwich Mean Time" se refería al tiempo solar medio en el Real Observatorio de Greenwich. Fijaba un horario universal para toda la esfera terrestre con sus correspondientes meridianos.
 
Por primera vez en la historia, el control del tiempo se volvía preciso, lógico y matemático, y, sobre todo, mortal de necesidad porque iba a reducir la vida a tiempo, es decir, a dinero, que es lo que cuenta y es lo que menos vale, por eso el joven francés de 26 años Martial Bourdin hizo detonar una bomba ese mismo día en el punto cero del meridiano, pensando tal vez que con su desesperada acción acabaría con la tiranía cronológica que iba a asentar un orden temporal en la Tierra, quedando los seres humanos atados para siempre a las manecillas de los relojes desde aquel día hasta el presente. 
 
Royal Observatory Greenwich, postal c. 1902
 
El propio Martial, que reconoció pertenecer al grupo anarquista Autonomie, falleció poco después de que el explosivo perforara su estómago y reventara sus piernas. No consiguió lo que pretendía. El atentado sirvió, por cierto, de inspiración para Joseph Conrad y su novela El agente secreto, en la que el protagonista Adolf Verloc encarna a Bourdin, quien es instigado por los rusos para destruir el Real Observatorio. Al igual que Bourdin, Verloc no logra su objetivo. 
 
Nosotros nos proponemos llevar a cabo la acción de Bourdin no haciendo explotar una bomba sino prescindiendo del cronómetro en nuestra vida cotidiana en la confianza de que dicha acción no va a hacer que perdamos la vida, sino todo lo contrario, que la recuperemos.
 
Mucho antes que él, que no fue el único ni el primero en darse cuenta de que el verdadero fundamento y sustento de la sociedad capitalista dedicada a explotar recursos naturales y humanos era algo tan simple y obvio como las manecillas de un reloj, como narra Walter Benjamin en sus Tesis de filosofía de la historia, en julio del año del Señor de 1830 se produjo la Revolución de las Barricadas en Francia: Cuando llegó el anochecer del primer día de lucha, ocurrió que en varios sitios de París, independiente- y simultáneamente, se disparó sobre los relojes de las torres.
 
 Pero el acto de los revolucionarios franceses y de Bourdin no es más que parte de un conjunto de acciones simbólicas por las que se intentó desbaratar el orden temporal –y económico: Time is Money y Money is Time- que impuso el capital a los seres humanos y que con la industrialización empezó a alcanzar su máximo apogeo, cuando como escribe John Zerzan en El malestar en el Tiempo (2008): El reloj descendió de la catedral, a los juzgados y tribunales, junto al banco y la estación de tren, y finalmente a la muñeca y el bolsillo de cada ciudadano decente. El tiempo debía volverse más "democrático" para colonizar verdaderamente la subjetividad.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Variety show (5)

La OTAN y España, el títere NATO. El secretario general de la OTAN / NATO -en la que un partido político de cuyo nombre no me quiero acordar que decía que "De entrada no" nos metió cuando llegó al poder hasta las trancas, con lo que ahora  "De salida, ni hablar"- nos advierte, metiéndonos el miedo en el cuerpo y en el alma, de que un misil ruso solo tardaría cinco minutos más en llegar a España que a Lituania, por lo que no estamos fuera de peligro. Mientras tanto, una coalición beligerante de veintiséis Estados acuerda enviar 'tropas de paz' (valiente oximoro) por tierra, mar o aire a Ucrania si se alcanza un alto el fuego o un acuerdo de paz, es decir, de guerra camuflada. Y, mientras tanto, a rearmarse tocan por si acaso.

Ruhestand über alles. Alemania quiere que los jubilados vuelvan a trabajar y que estén amarrados al duro banco de la galera turquesca del trabajo asalariado hasta los setenta años, y no como ahora, que se jubilan a los sesenta y seis. Nada de eso: cuatro años más. Y es que los países del viejo continente como la locomotora europea carecen de mano de obra suficiente y ya no admiten o no quieren admitir más inmigrantes. El gobierno alemán cree haber encontrado la solución haciendo que los jubiletas vuelvan a su puesto de trabajo hasta los setenta años a cambio de estar exentos de pagar impuestos. Mantener a los viejos en el mercado laboral es una prioridad para el gobierno teutón, que tampoco quiere pagar pensiones cuando el número de ancianos que cobran su retiro y “bien merecido descanso”, una cuarta parte de la población, es cada vez mayor.

Música callejera: Un músico callejero macedonio convierte unas botellas rellenas de agua en improvisados instrumentos musicales con los que nos deleita ofreciéndonos su versión del conocidísimo preludio del primer acto de la ópera Carmen de Georges Bizet. 

Huevos camperos. ¿Cómo es posible que los huevos etiquetados como “camperos” o “ecológicos”, más caros ordinariamente que los que no tienen ese marchamo, no hayan bajado su precio equiparándose a los otros, dado que ya no cumplen la condición de proceder de gallinas criadas al aire libre, pues estas se encuentran confinadas, por orden del gobierno? Desde el encierro gallináceo decretado en noviembre pasado para las aves de corral so pretexto de contener la gripe aviar, cuando vamos a comprar una docena de huevos estamos pagando un sobreprecio por huevos de gallinas que ahora no cumplen esas condiciones, dado que los huevos camperos han dejado de serlo, encerradas como están en todo el territorio nacional la mayoría -si no todas- de las gallinas ponedoras. Actualmente una docena de huevos de suelo -es decir puestos por gallinas criadas en grandes naves donde se mueven libremente por el suelo pero sin posibilidad de salir a campo abierto- cuesta 3,25 euros y los camperos salen por 4,13 euros, mientras que los puestos por gallinas de jaula son los más baratos del mercado-. La normativa europea permite mantener el etiquetado original, aun cuando hayan cambiado las condiciones objetivas, por lo que el que los compra está recibiendo una información falsa y mentirosa y pagando de más.

Calentamiento global. Las gélidas temperaturas que estamos sufriendo a comienzos del invierno en algunos puntos del hemisferio norte, como en este rincón del noroeste de la península ibérica sin ir más lejos, no contradicen el dogma pseudocientífico del calentamiento planetario debido al el cambio climatológico producido por la acción humana, sino que lo fortalecen, aunque parezca un contrasentido. Si hiciera unas temperaturas extremadamente altas, dirían los defensores de la susodicha pseudociencia, que ahí tenemos la evidencia científica del calentamiento planetario. Si hace, como aquí ahora un frío que pela, también tienen razón, porque el susodicho calentamiento puede producir lo mismo calores tórridos en el verano que fríos glaciales y friísimos en el invierno. 
  
Izquierda y derecha (y viceversa).  La llamada izquierda y su extremidad, la extrema izquierda, también se aliaron, como la llamada derecha y su extremidad, la extrema derecha, durante la pandemia con el discurso hegemónico que apoyaba a las corporaciones, a las élites financieras y a las políticas más privativas de libertad, poniendo de relieve que ya no había una dicotomía política clara entre la derecha y la izquierda, que eran las dos manos del mismo ogro filántropo y profiláctico, y que solo había arriba y abajo.

jueves, 25 de diciembre de 2025

El cono de Demócrito

    Plutarco nos ha trasmitido en su tratado De communibus notitiis aduersus Stoicos, 39, la paradoja del cono debida a Demócrito de Abdera, el filósofo sonriente contrapuesto tradicionalmente a Heraclito el llorón. Escribe Plutarco que Demócrito planteó científicamente y con acierto (φυσικῶς καὶ ἐπιτυχῶς) el siguiente dilema: si un cono es seccionado en un plano paralelo a la base, ¿cómo habremos de concebir las superficies de los segmentos, iguales o desiguales? (εἰ κῶνος τέμνοιτο παρὰ τὴν βάσιν ἐπιπέδῳ, τί χρὴ διανοεῖσθαι τὰς τῶν τμημάτων ἐπιφανείας, ἴσας ἢ ἀνίσους γιγνομένας). 
 
    No hace falta pensar en figuras geométricas abstractas. Podemos recurrir para el experimento que nos propone Demócrito a imaginar el cucurucho de un helado, o un cono vial de seguridad de esos que ponen en las carreteras, o una simple zanahoria. Imaginemos que hacemos paralelamente a la base un corte limpio, lo más limpio posible, sin adherencias de ninguna clase. Y ahora hagámonos la pregunta: ¿las superficies de los segmentos que hemos cortado y que sostenemos una en cada mano son iguales o son desiguales?
 
    Con esta pregunta aparentemente ingenua nos mete Demócrito en un dilema que no tiene, si es el caso, fácil solución. Pues si son desiguales, harán el cono irregular -anómalo, dice literalmente Plutarco-, al recibir muchas muescas escalonadas y una contextura rugosa; ἄνισοι μὲν γὰρ οὖσαι τὸν κῶνον ἀνώμαλον παρέξουσι, πολλὰς ἀποχαράξεις λαμβάνοντα βαθμοειδεῖς; pero si son iguales, los segmentos serán iguales y el cono adquirirá manifiestamente las propiedades de un cilindro, al estar compuesto de círculos iguales y no desiguales, lo cual es de todo punto absurdo (ἴσων δ᾽ οὐσῶν, ἴσα τμήματα ἔσται καὶ φανεῖται τὸ τοῦ κυλίνδρου πεπονθὼς ὁ κῶνος, ἐξ ἴσων συγκείμενος καὶ οὐκ ἀνίσων κύκλων, ὅπερ ἐστὶν ἀτοπώτατον).
 
    Para Demócrito, el problema del cono expuesto en este pasaje planteaba una verdadera aporía, un callejón sin salida, imposible de solucionar en los términos de su concepción atomista de la realidad, que, al postular unidades mínimas e indivisibles de extensión espacial, como eran los átomos, excluye la divisibilidad infinita de la materia y el concepto abstracto de límite incorpóreo. 
  
     Pero he aquí que Crisipo intentando resolver la aporía de Demócrito afirmará que las superficies no son ni iguales ni desiguales, mientras que los cuerpos son desiguales debido a que las superficies no son ni iguales ni desiguales. Incurre Crisipo en una contradicción flagrante, contraviniendo uno de los principios fundamentales de la lógica clásica que establece que entre dos proposiciones contradictorias como son una afirmación y su negación no se da una tercera posibilidad (tertium non datur): una debe ser necesariamente verdadera y la otra falsa, sin posibilidad de una tercera opción intermedia. Este principio lógico se conoce como el Principio del Tercero Excluido y, junto a los principios de identidad y no contradicción, rige el pensamiento lógico tradicional, implicando que "o es A, o no es A".
 
    Pero he aquí que algunos intérpretes modernos consideran, analizando la solución de Crisipo, que parece que propone una tercera alternativa que para ellos es un atisbo revolucionario de la física antigua de las magnitudes infinitesimales. En el ejemplo del cono que nos ocupa, el concepto de una superficie que no es igual ni desigual a la superficie contigua traduciría el concepto matemático moderno de ‘mayor o igual’, utilizado en el cálculo infinitesimal, ya que la diferencia de magnitud entre tales segmentos, aunque existente, tendería a cero en la superficie de contacto. 

     En este sentido la clave para la correcta interpretación de este pasaje reside en no perder de vista que, para un estoico como Crisipo, al que Plutarco califica de necio, las superficies, así como otros conceptos geométricos como la línea, el punto o el límite, son incorpóreos. Por eso, de cada uno de los segmentos del cono, en cuanto entidades discretas, es posible decir que son desiguales, mientras que de las superficies que, en la línea de contacto, constituyen el límite incorpóreo de cada uno de los segmentos, sólo puede decirse que carecen de existencia física real y, en este caso concreto, no son ni iguales ni desiguales. En virtud de la primera condición, el cono mantiene las propiedades específicas de esta figura geométrica y no se convierte en un cilindro: en virtud de la segunda, el cono evita la aparición de muescas a lo largo de su superficie y no se convierte en un zigurat.
 
    El problema que plantea el cono de Demócrito lo 'resolvería' la matemática moderna con el cálculo infinitesimal y la teoría del paso al límite. Y es que Demócrito de Abdera distinguía bien los dos problemas de la infinita divisibilidad de las cosas: desde un punto de vista matemático abstracto cualquier ser es infinitamente divisible en partes, pero desde un punto de vista físico hay un límite material de la divisibilidad y tal límite se llama precisamente átomo, que como se sabe significa 'indivisible'. 
 
    Entraba así Crisipo sin pretenderlo en la prehistoria del cálculo infinitesimal, siendo esta paradoja una de las primeras tentativas a la hora de afrontar el concepto de infinitésimo. La solución moderna a la aporía la ha dado, según la Ciencia, varios siglos después el cálculo integral: Las secciones son efectivamente diferentes, pero su diferencia de radio tiende a cero a medida que disminuye la distancia entre los planos, garantizando la continuidad de la superficie sin recurrir a «escalones» macroscópicos. 
 
Demócrito y Heraclito, Rubens (1603)

    ¿Qué diría Demócrito de la solución moderna? Demócrito diría, sonriendo como era característico en él, con una sonrisa irónica en este caso, que la solución moderna funciona, pero eso no implica que sea verdadera. El paso al límite afirma un valor que nunca se alcanza a partir de una serie sin fin de aproximaciones finitas, implica llegar a algo suprimiendo precisamente la llegada, cosa que no puede ser.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

¡Otra Nochebuena!

¡Corre, que viene la Nochebuena y, después, si Dios no lo remedia, la Navidad, que vuelve, que no te pille! Ya está, programada como está, instalada en casi todos los supermercados y hogares. Año tras año. Como siempre. Siempre la misma historia, la misma historia de siempre. Vienen anunciándola y anticipándola desde hace un par de meses por lo menos. Ya está aquí: derroche a pesar de la crisis de “lucecitas de colores, / que iluminan la ciudad, / rojas, verdes, amarillas: / ya llegó la Navidad”, escaparates despampanantes y rebosantes de artículos que son sucedáneos de la verdadera felicidad, que no existe, décimos de lotería para todos, comidas de empresa con los compañeros de trabajo y comilonas y reencuentros con la inevitable institución familiar de los seres queridos, muchedumbres masificadas que inundan los lugares de la compraventa, padres embaucando a sus tiernas criaturas, que escriben a Papá Noel y a los Reyes Magos y les piden el oro que cagó el moro… 
 No contéis con el menda, que no va a cumplir como Dios manda con lo que está mandado. A mí no me pilláis un año más. No estaría nada mal que también vosotros hicierais lo propio y os dejarais arrastrar por la desgana o la desidia y dejarais de obedecer el consabido programa de festejos reglamentarios, cenas y demás cotillones y jolgorios. 
 
¡Que lo celebren ellos, los grandes almacenes, los ayuntamientos, las empresas, los políticos y los banqueros, la familia real que os felicita las fiestas por estas fechas con el consabido discurso del monarca de Borbón y Babia y el papa de Roma y demás pontífices pederastas, los periódicos y la televisión, y el puto Papá Noel, Santa Claus o como quiera que se llame el engendro con gorro frigio de la Cocacola! 

 Que lo celebren los que obligan a los niños que nazcan a recitar el credo que toque. Y que no se hable mucho de aquel otro niño, cuyo nacimiento o natividad dicen celebrar, que ése decía algunas cosas que podrían considerarse subversivas todavía, cono no juzguéis y no seréis juzgados... Ya se encargarán las Iglesias de domesticar su mensaje para hacerlo respetuoso con la Sagrada Familia, con la fe y demás zarandajas. Que lo celebren, como dijo él, los que no saben lo que hacen, los que predican en medio del turrón,  cava o sidra achampanada la paz y el amor y se dedican a hacer la guerra y se consagran al becerro de oro del dinero. 
 
¿Y vamos a ser nosotros también de la misma Familia del Género Tonto, con las caras que se nos están poniendo de tanto obedecer? Lo voy a poner más claro: que lo celebren los que estén muy satisfechos consigo mismos, con la vida que llevan y han llevado ellos, sus padres y sus hijos, con la marcha del mundo y lo bonito que lo están dejando, con la ciencia y la educación y el progreso y la democracia y demás monsergas engañabobos… 
 
 
Si vosotros sois de ésos, pues nada: a celebrar el éxito y el triunfo de un año más en el calendario laboral -ya está preparado el del año que viene. Si no, si sois de los otros, ya nos encontraremos por ahí y nos reiremos un poco de estas fechas tan señaladas, y de nosotros mismos, que es bueno reírse de lo idiota que es uno mismo. Y no las celebraremos, que no pasa nada por no celebrarlas; sale hasta más barato en salud, en dinero y en amor, y por dejar de comprar las miserias que el dinero nos vende poniendo cara de tontos babeantes ante la pantalla televisual del ordenador, y por dejar de dar cuerda a la máquina del engaño. Hay que ser idiota para ser feliz en medio de este tinglado. Hay que ser idiota para ser feliz en Navidades. Festejemos, más bien, la no-navidad, o la navidad en la que nació el Niño Negativo, el Niño No, que es el verdadero nombre del Niño Jesús que todos llevamos dentro.
 
Sacamos por aquí hace unos días las Cien buenas razones para suicidarse ya de Roland Topor, -a las que podríamos añadir una más, la de huir de las navidades-, que incluían al final una docena de propuestas para escapar precisamente de las entrañables fiestas navideñas, cuyas ventajas e inconvenientes analizaba Topor concienzudamente deseándonos paradójicamente al final una feliz navidad si lográbamos huir de las navidades que todos nos deseamos que sean lo menos infelices, cosa harto difícil, que se pueda. 

(In)felices fiestas navideñas

No es que se lo desee a nadie, nada más lejos de mi intención. Yo lo que deseo es todo lo contrario: no sólo unas felices fiestas, como suelen desear amigos y enemigos por estas fechas, incluidos bancos y hasta el gobierno, sino que todos los días sean de algún modo una fiesta, y que todos sean felices, encontrando la dicha no en las grandes cosas ni en esas palabras que se escriben con mayúscula, sino en los nombres comunes, en las pequeñas cosas ordinarias de la vida cotidiana que parecen insignificantes.

Sin embargo, las cosas, querámoslo o no, suelen ser así: estas entrañables fiestas navideñas suelen ser bastante deprimentes y vomitivas, y no sólo por los excesos gastronómicos, sino también por los empalagos sentimentales, haciéndonos bastante infelices al común de los mortales, hundiéndonos más en la desgracia de la miseria, precisamente por la estúpida obligación reinante de ser o aparentar felicidad.

martes, 23 de diciembre de 2025

Espíritu (pre)navideño

    Da grima ver cómo se nos hace la boca agua con el dichoso espíritu de la navidad y cómo antes del renacimiento del Sol Invicto, o sea del solsticio del invierno, que es lo que hay,  ya estamos tocando las campanas alborozados porque llega el Adviento, la llegada de lo mismo de siempre por estas fechas, y nos ponemos a adornar la casa como locos con espumillón psicotrópico y lucecitas de colores paranoicas, y montamos el Belén  y el árbol de Navidad y toda la hostia, y metemos a Santa Klaus, a Papá Noel,  a los Reyes Magos, a los renos, a los pajes y a los camellos y a todo Cristo viviente en la festividad más idiota que hay, con la correspondiente celebración hogareña –hogar, dulce y agrio hogar- que culmina en la Última Cena del año que al final siempre resulta indigesta, pesada, resacosa: de cenas como esa están las tumbas llenas.
  

      Ya se sabe, lo sabemos todos pero no queremos reconocerlo. Las navidades se pueden pasar bien si uno consigue librarse, cosa harto difícil, por la influencia del medioambiente,  del dichoso esprit de Noël o, todo lo contrario,  en familia, que es como suele pasarlas la mayor parte de la gente por estas fechas. Y es que no hay nada más apestoso y patriarcal que la Sagrada Familia congregada en torno a la televisión supuestamente smart o inteligente, esa moderna chimenea que no falta en ninguna casa, por donde entran los regalitos nativideños de la publicidad de la sociedad de consumo, maldita sea. 
 
 
    ¿Qué coño adviento esperan? ¿El adviento de qué? ¿De quién? Adviento quería decir en latín llegada, venida, o, dicho a lo culto, adv(enim)iento. ¡De lo mismo de siempre por estas fechas, por favor, del empalagoso espíritu navideño que ojalá se nos atragantara entre tanto polvorón, mazapán y tanta ignorancia y fe ciega como tenemos! En realidad las viejas solteronas que somos todos en el fondo estamos esperando la llegada del Mesías en forma de príncipe azul que nos salve de la vida  tan anodina que llevamos, por eso esperamos la vida eterna, la verdad y la vida, como dice la sagrada doctrina. Pues la verdad es esa y la vida está en otra parte. 
 
    ¿Qué estamos celebrando? ¿Somos idiotas o qué? ¿No nos damos cuenta de que lo único que nace y renace por estas fiestas no es ningún niño –dicen que una vez nació uno, pero fue condenado a muerte y murió en la cruz  y no resucitó de entre los muertos jamás de los jamases- es el espíritu comercial más hipócrita que existe, almibarado con un sentimiento pseudorreligioso y de nostalgia de la infancia anterior al-qué-quieres-ser-tú-cuando-seas-mayor que sólo sirve para justificar el hecho de que las cosas sean como son y la realidad falsa como es?  Lo que nace y renace no sólo por estas fechas, sino todos los días del año, es Herr Kapital, o sea Su Majestad Don Dinero. Y eso y no otra cosa, parece mentira, es el sol que celebramos. 
 
    ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo? ¿No nos damos cuenta de lo ridículos e infelices que somos cantando “Feliz Navidad” al son de la zambomba  flatulenta de vientre pedorro y de lo patéticos que resultamos en ese trance? ¡Si tuviéramos un poco de sentido del ridículo y el más mínimo decoro…! Algunos llegan incluso a regoldar que van, ciegos como están y con los ojos vendados –pero no hay más ciegos que los que no quieren ver-, “camino de la Luz”, que vuelan hacia el nacimiento del Sol, y demás gilipolleces, en medio de villancicos altavoceados en el Centro Comercial, que nos desea a sus clientes con recochineo unas felices navidades. 
 
    Pero oigamos algo que puede alegrarnos un poco el corazón en medio de la murria prenavideña, por ejemplo estas sinfonía para cuatro instrumentos principales del compositor y violinista barroco italiano prácticamente desconocido Giuseppe Antonio Brescianello (c. 1690-1758). 
 

lunes, 22 de diciembre de 2025

La bomba metafísica

Juan José Millás sacaba el otro día en El Diario Global(ista), alias El País, -que (dicho sea entre paréntesis) raras veces publica cosas interesantes-, una columna titulada 'Detonación metafisica', asombrándose de que cuando el sacerdote católico consagra en la eucaristía la hostia u oblea de pan ácimo y el vino, aquella se convierta en el cuerpo de Cristo y este en su sangre.


Tengo para mí que cuando alguien dice coloquialmente en castellano "(esto) es la hostia" para referirse a algo extraordinario, increíble o muy sorprendente, se refiere sin ningún género de duda a la transubstanciación eucarística, 'una operación ontológica de primer orden, un cambio radical de sustancia', como escribe Millás. Es algo que, dado que no es una metáfora ni un símbolo, sino un milagro, atenta contra el dicho popular de que a las cosas hay que llamarlas por su nombre: al pan, pan; y al vino, vino. Da igual que el pan sea ácimo no. Si es pan, es pan y así hay que llamarlo porque si el pan deja de ser pan y el vino deja de ser vino para ser otra cosa, eso, efectivamente, es la Hostia.
 
Se pregunta irónicamente Millás: ¿Cómo es posible que no haya ambulancias en la puerta ni cardiólogos de guardia para atender a los celebrantes y al público? No se explica el columnista cómo el sacerdote que oficia el misterio se lo cree y cómo la señora de la primera fila, que habrá asistido a muchas eucaristías a lo largo de su beata vida, bosteza en medio del santo ritual, y el niño que está al lado se aburre. Pero, razona Millás, la Iglesia ha resuelto este asunto hace siglos con una pedagogía eficaz: creer sin sentir. 
 
  
Algo más habría que decir a tal propósito: el éxito de esta detonación metafísica es el credo quia absurdum: el lo creo porque es absurdo, según la máxima atribuida a Tertuliano para expresar que la fe en los misterios cristianos (como este de la eucaristía o la resurrección de Cristo) es una aceptación de lo que la razón humana considera irracional o imposible, y precisamente por eso es un acto de fe, que trasciende la lógica. Y habría que añadir: credo quia absurdissimum: cuanto más absurdo es más lo creo. 
 
La institución de la eucaristía, según escribe Pablo en 1 Corintios 11, la recibió él personalmente del Señor -es decir, tuvo una visión, ya que él no estuvo presente en dicho ágape. Él era un perseguidor de cristianos que, más tarde, cuando se cayó del caballo rumbo a Damasco, recibió la revelación de Jesús y se convirtió en uno de aquellos a los que perseguía, en el creador, de hecho, del cristianismo: fue quien transmitió el relato a la Iglesia, ya que él, aunque fue un apóstol, no era uno de los doce originales del grupo de Jerusalén presentes en la Última Cena. 
 
La Última Cena, Leonardo da Vinci ( 1495-1498)
 
El relato es suficientemente conocido: “el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced lo mismo en conmemoración mía”. Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que bebáis, hace lo mismo en conmemoración mía...” El Apóstol estaba transmitiendo una visión que tuvo. Intenta así acercar el cristianismo a los paganos, entre los cuales había ritos de comunión con la divinidad, una divinidad que muere y luego resucita, mediante la ingestión de algo que simboliza a esa divinidad, como escribíamos en Nada del otro jueves
 
Los adeptos de Dioniso ingerían carne de cabrito que simboliza al dios, y entre los misterios de Atis se ingería una mezcla de pan y líquido... Como escribe Antonio Piñero en Ciudadano Jesús, Respuestas a casi todas las preguntas  (2012), esta concepción paulina tuvo éxito porque respondía “a las demandas espirituales de un amplio número de personas en la notable minoría dentro del Imperio romano que buscaba ansiosamente la salvación”. Y el cristianismo, que es obra de Pablo más que de Cristo, que, como se ha dicho muchas veces no era propiamente cristiano, sino judío, transforma al Mesías del pueblo judío en un salvador universal, que el lo que significa propiamente 'católico', ofreciendo a los paganos lo que más deseaban, una esperanza desesperada de salvación.