jueves, 25 de diciembre de 2025

El cono de Demócrito

    Plutarco nos ha trasmitido en su tratado De communibus notitiis aduersus Stoicos, 39, la paradoja del cono debida a Demócrito de Abdera, el filósofo sonriente contrapuesto tradicionalmente a Heraclito el llorón. Escribe Plutarco que Demócrito planteó científicamente y con acierto (φυσικῶς καὶ ἐπιτυχῶς) el siguiente dilema: si un cono es seccionado en un plano paralelo a la base, ¿cómo habremos de concebir las superficies de los segmentos, iguales o desiguales? (εἰ κῶνος τέμνοιτο παρὰ τὴν βάσιν ἐπιπέδῳ, τί χρὴ διανοεῖσθαι τὰς τῶν τμημάτων ἐπιφανείας, ἴσας ἢ ἀνίσους γιγνομένας). 
 
    No hace falta pensar en figuras geométricas abstractas. Podemos recurrir para el experimento que nos propone Demócrito a imaginar el cucurucho de un helado, o un cono vial de seguridad de esos que ponen en las carreteras, o una simple zanahoria. Imaginemos que hacemos paralelamente a la base un corte limpio, lo más limpio posible, sin adherencias de ninguna clase. Y ahora hagámonos la pregunta: ¿las superficies de los segmentos que hemos cortado y que sostenemos una en cada mano son iguales o son desiguales?
 
    Con esta pregunta aparentemente ingenua nos mete Demócrito en un dilema que no tiene, si es el caso, fácil solución. Pues si son desiguales, harán el cono irregular -anómalo, dice literalmente Plutarco-, al recibir muchas muescas escalonadas y una contextura rugosa; ἄνισοι μὲν γὰρ οὖσαι τὸν κῶνον ἀνώμαλον παρέξουσι, πολλὰς ἀποχαράξεις λαμβάνοντα βαθμοειδεῖς; pero si son iguales, los segmentos serán iguales y el cono adquirirá manifiestamente las propiedades de un cilindro, al estar compuesto de círculos iguales y no desiguales, lo cual es de todo punto absurdo (ἴσων δ᾽ οὐσῶν, ἴσα τμήματα ἔσται καὶ φανεῖται τὸ τοῦ κυλίνδρου πεπονθὼς ὁ κῶνος, ἐξ ἴσων συγκείμενος καὶ οὐκ ἀνίσων κύκλων, ὅπερ ἐστὶν ἀτοπώτατον).
 
    Para Demócrito, el problema del cono expuesto en este pasaje planteaba una verdadera aporía, un callejón sin salida, imposible de solucionar en los términos de su concepción atomista de la realidad, que, al postular unidades mínimas e indivisibles de extensión espacial, como eran los átomos, excluye la divisibilidad infinita de la materia y el concepto abstracto de límite incorpóreo. 
  
     Pero he aquí que Crisipo intentando resolver la aporía de Demócrito afirmará que las superficies no son ni iguales ni desiguales, mientras que los cuerpos son desiguales debido a que las superficies no son ni iguales ni desiguales. Incurre Crisipo en una contradicción flagrante, contraviniendo uno de los principios fundamentales de la lógica clásica que establece que entre dos proposiciones contradictorias como son una afirmación y su negación no se da una tercera posibilidad (tertium non datur): una debe ser necesariamente verdadera y la otra falsa, sin posibilidad de una tercera opción intermedia. Este principio lógico se conoce como el Principio del Tercero Excluido y, junto a los principios de identidad y no contradicción, rige el pensamiento lógico tradicional, implicando que "o es A, o no es A".
 
    Pero he aquí que algunos intérpretes modernos consideran, analizando la solución de Crisipo, que parece que propone una tercera alternativa que para ellos es un atisbo revolucionario de la física antigua de las magnitudes infinitesimales. En el ejemplo del cono que nos ocupa, el concepto de una superficie que no es igual ni desigual a la superficie contigua traduciría el concepto matemático moderno de ‘mayor o igual’, utilizado en el cálculo infinitesimal, ya que la diferencia de magnitud entre tales segmentos, aunque existente, tendería a cero en la superficie de contacto. 

     En este sentido la clave para la correcta interpretación de este pasaje reside en no perder de vista que, para un estoico como Crisipo, al que Plutarco califica de necio, las superficies, así como otros conceptos geométricos como la línea, el punto o el límite, son incorpóreos. Por eso, de cada uno de los segmentos del cono, en cuanto entidades discretas, es posible decir que son desiguales, mientras que de las superficies que, en la línea de contacto, constituyen el límite incorpóreo de cada uno de los segmentos, sólo puede decirse que carecen de existencia física real y, en este caso concreto, no son ni iguales ni desiguales. En virtud de la primera condición, el cono mantiene las propiedades específicas de esta figura geométrica y no se convierte en un cilindro: en virtud de la segunda, el cono evita la aparición de muescas a lo largo de su superficie y no se convierte en un zigurat.
 
    El problema que plantea el cono de Demócrito lo 'resolvería' la matemática moderna con el cálculo infinitesimal y la teoría del paso al límite. Y es que Demócrito de Abdera distinguía bien los dos problemas de la infinita divisibilidad de las cosas: desde un punto de vista matemático abstracto cualquier ser es infinitamente divisible en partes, pero desde un punto de vista físico hay un límite material de la divisibilidad y tal límite se llama precisamente átomo, que como se sabe significa 'indivisible'. 
 
    Entraba así Crisipo sin pretenderlo en la prehistoria del cálculo infinitesimal, siendo esta paradoja una de las primeras tentativas a la hora de afrontar el concepto de infinitésimo. La solución moderna a la aporía la ha dado, según la Ciencia, varios siglos después el cálculo integral: Las secciones son efectivamente diferentes, pero su diferencia de radio tiende a cero a medida que disminuye la distancia entre los planos, garantizando la continuidad de la superficie sin recurrir a «escalones» macroscópicos. 
 
Demócrito y Heraclito, Rubens (1603)

    ¿Qué diría Demócrito de la solución moderna? Demócrito diría, sonriendo como era característico en él, con una sonrisa irónica en este caso, que la solución moderna funciona, pero eso no implica que sea verdadera. El paso al límite afirma un valor que nunca se alcanza a partir de una serie sin fin de aproximaciones finitas, implica llegar a algo suprimiendo precisamente la llegada, cosa que no puede ser.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

¡Otra Nochebuena!

¡Corre, que viene la Nochebuena y, después, si Dios no lo remedia, la Navidad, que vuelve, que no te pille! Ya está, programada como está, instalada en casi todos los supermercados y hogares. Año tras año. Como siempre. Siempre la misma historia, la misma historia de siempre. Vienen anunciándola y anticipándola desde hace un par de meses por lo menos. Ya está aquí: derroche a pesar de la crisis de “lucecitas de colores, / que iluminan la ciudad, / rojas, verdes, amarillas: / ya llegó la Navidad”, escaparates despampanantes y rebosantes de artículos que son sucedáneos de la verdadera felicidad, que no existe, décimos de lotería para todos, comidas de empresa con los compañeros de trabajo y comilonas y reencuentros con la inevitable institución familiar de los seres queridos, muchedumbres masificadas que inundan los lugares de la compraventa, padres embaucando a sus tiernas criaturas, que escriben a Papá Noel y a los Reyes Magos y les piden el oro que cagó el moro… 
 No contéis con el menda, que no va a cumplir como Dios manda con lo que está mandado. A mí no me pilláis un año más. No estaría nada mal que también vosotros hicierais lo propio y os dejarais arrastrar por la desgana o la desidia y dejarais de obedecer el consabido programa de festejos reglamentarios, cenas y demás cotillones y jolgorios. 
 
¡Que lo celebren ellos, los grandes almacenes, los ayuntamientos, las empresas, los políticos y los banqueros, la familia real que os felicita las fiestas por estas fechas con el consabido discurso del monarca de Borbón y Babia y el papa de Roma y demás pontífices pederastas, los periódicos y la televisión, y el puto Papá Noel, Santa Claus o como quiera que se llame el engendro con gorro frigio de la Cocacola! 

 Que lo celebren los que obligan a los niños que nazcan a recitar el credo que toque. Y que no se hable mucho de aquel otro niño, cuyo nacimiento o natividad dicen celebrar, que ése decía algunas cosas que podrían considerarse subversivas todavía, cono no juzguéis y no seréis juzgados... Ya se encargarán las Iglesias de domesticar su mensaje para hacerlo respetuoso con la Sagrada Familia, con la fe y demás zarandajas. Que lo celebren, como dijo él, los que no saben lo que hacen, los que predican en medio del turrón,  cava o sidra achampanada la paz y el amor y se dedican a hacer la guerra y se consagran al becerro de oro del dinero. 
 
¿Y vamos a ser nosotros también de la misma Familia del Género Tonto, con las caras que se nos están poniendo de tanto obedecer? Lo voy a poner más claro: que lo celebren los que estén muy satisfechos consigo mismos, con la vida que llevan y han llevado ellos, sus padres y sus hijos, con la marcha del mundo y lo bonito que lo están dejando, con la ciencia y la educación y el progreso y la democracia y demás monsergas engañabobos… 
 
 
Si vosotros sois de ésos, pues nada: a celebrar el éxito y el triunfo de un año más en el calendario laboral -ya está preparado el del año que viene. Si no, si sois de los otros, ya nos encontraremos por ahí y nos reiremos un poco de estas fechas tan señaladas, y de nosotros mismos, que es bueno reírse de lo idiota que es uno mismo. Y no las celebraremos, que no pasa nada por no celebrarlas; sale hasta más barato en salud, en dinero y en amor, y por dejar de comprar las miserias que el dinero nos vende poniendo cara de tontos babeantes ante la pantalla televisual del ordenador, y por dejar de dar cuerda a la máquina del engaño. Hay que ser idiota para ser feliz en medio de este tinglado. Hay que ser idiota para ser feliz en Navidades. Festejemos, más bien, la no-navidad, o la navidad en la que nació el Niño Negativo, el Niño No, que es el verdadero nombre del Niño Jesús que todos llevamos dentro.
 
Sacamos por aquí hace unos días las Cien buenas razones para suicidarse ya de Roland Topor, -a las que podríamos añadir una más, la de huir de las navidades-, que incluían al final una docena de propuestas para escapar precisamente de las entrañables fiestas navideñas, cuyas ventajas e inconvenientes analizaba Topor concienzudamente deseándonos paradójicamente al final una feliz navidad si lográbamos huir de las navidades que todos nos deseamos que sean lo menos infelices, cosa harto difícil, que se pueda. 

(In)felices fiestas navideñas

No es que se lo desee a nadie, nada más lejos de mi intención. Yo lo que deseo es todo lo contrario: no sólo unas felices fiestas, como suelen desear amigos y enemigos por estas fechas, incluidos bancos y hasta el gobierno, sino que todos los días sean de algún modo una fiesta, y que todos sean felices, encontrando la dicha no en las grandes cosas ni en esas palabras que se escriben con mayúscula, sino en los nombres comunes, en las pequeñas cosas ordinarias de la vida cotidiana que parecen insignificantes.

Sin embargo, las cosas, querámoslo o no, suelen ser así: estas entrañables fiestas navideñas suelen ser bastante deprimentes y vomitivas, y no sólo por los excesos gastronómicos, sino también por los empalagos sentimentales, haciéndonos bastante infelices al común de los mortales, hundiéndonos más en la desgracia de la miseria, precisamente por la estúpida obligación reinante de ser o aparentar felicidad.

martes, 23 de diciembre de 2025

Espíritu (pre)navideño

    Da grima ver cómo se nos hace la boca agua con el dichoso espíritu de la navidad y cómo antes del renacimiento del Sol Invicto, o sea del solsticio del invierno, que es lo que hay,  ya estamos tocando las campanas alborozados porque llega el Adviento, la llegada de lo mismo de siempre por estas fechas, y nos ponemos a adornar la casa como locos con espumillón psicotrópico y lucecitas de colores paranoicas, y montamos el Belén  y el árbol de Navidad y toda la hostia, y metemos a Santa Klaus, a Papá Noel,  a los Reyes Magos, a los renos, a los pajes y a los camellos y a todo Cristo viviente en la festividad más idiota que hay, con la correspondiente celebración hogareña –hogar, dulce y agrio hogar- que culmina en la Última Cena del año que al final siempre resulta indigesta, pesada, resacosa: de cenas como esa están las tumbas llenas.
  

      Ya se sabe, lo sabemos todos pero no queremos reconocerlo. Las navidades se pueden pasar bien si uno consigue librarse, cosa harto difícil, por la influencia del medioambiente,  del dichoso esprit de Noël o, todo lo contrario,  en familia, que es como suele pasarlas la mayor parte de la gente por estas fechas. Y es que no hay nada más apestoso y patriarcal que la Sagrada Familia congregada en torno a la televisión supuestamente smart o inteligente, esa moderna chimenea que no falta en ninguna casa, por donde entran los regalitos nativideños de la publicidad de la sociedad de consumo, maldita sea. 
 
 
    ¿Qué coño adviento esperan? ¿El adviento de qué? ¿De quién? Adviento quería decir en latín llegada, venida, o, dicho a lo culto, adv(enim)iento. ¡De lo mismo de siempre por estas fechas, por favor, del empalagoso espíritu navideño que ojalá se nos atragantara entre tanto polvorón, mazapán y tanta ignorancia y fe ciega como tenemos! En realidad las viejas solteronas que somos todos en el fondo estamos esperando la llegada del Mesías en forma de príncipe azul que nos salve de la vida  tan anodina que llevamos, por eso esperamos la vida eterna, la verdad y la vida, como dice la sagrada doctrina. Pues la verdad es esa y la vida está en otra parte. 
 
    ¿Qué estamos celebrando? ¿Somos idiotas o qué? ¿No nos damos cuenta de que lo único que nace y renace por estas fiestas no es ningún niño –dicen que una vez nació uno, pero fue condenado a muerte y murió en la cruz  y no resucitó de entre los muertos jamás de los jamases- es el espíritu comercial más hipócrita que existe, almibarado con un sentimiento pseudorreligioso y de nostalgia de la infancia anterior al-qué-quieres-ser-tú-cuando-seas-mayor que sólo sirve para justificar el hecho de que las cosas sean como son y la realidad falsa como es?  Lo que nace y renace no sólo por estas fechas, sino todos los días del año, es Herr Kapital, o sea Su Majestad Don Dinero. Y eso y no otra cosa, parece mentira, es el sol que celebramos. 
 
    ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo? ¿No nos damos cuenta de lo ridículos e infelices que somos cantando “Feliz Navidad” al son de la zambomba  flatulenta de vientre pedorro y de lo patéticos que resultamos en ese trance? ¡Si tuviéramos un poco de sentido del ridículo y el más mínimo decoro…! Algunos llegan incluso a regoldar que van, ciegos como están y con los ojos vendados –pero no hay más ciegos que los que no quieren ver-, “camino de la Luz”, que vuelan hacia el nacimiento del Sol, y demás gilipolleces, en medio de villancicos altavoceados en el Centro Comercial, que nos desea a sus clientes con recochineo unas felices navidades. 
 
    Pero oigamos algo que puede alegrarnos un poco el corazón en medio de la murria prenavideña, por ejemplo estas sinfonía para cuatro instrumentos principales del compositor y violinista barroco italiano prácticamente desconocido Giuseppe Antonio Brescianello (c. 1690-1758). 
 

lunes, 22 de diciembre de 2025

La bomba metafísica

Juan José Millás sacaba el otro día en El Diario Global(ista), alias El País, -que (dicho sea entre paréntesis) raras veces publica cosas interesantes-, una columna titulada 'Detonación metafisica', asombrándose de que cuando el sacerdote católico consagra en la eucaristía la hostia u oblea de pan ácimo y el vino, aquella se convierta en el cuerpo de Cristo y este en su sangre.


Tengo para mí que cuando alguien dice coloquialmente en castellano "(esto) es la hostia" para referirse a algo extraordinario, increíble o muy sorprendente, se refiere sin ningún género de duda a la transubstanciación eucarística, 'una operación ontológica de primer orden, un cambio radical de sustancia', como escribe Millás. Es algo que, dado que no es una metáfora ni un símbolo, sino un milagro, atenta contra el dicho popular de que a las cosas hay que llamarlas por su nombre: al pan, pan; y al vino, vino. Da igual que el pan sea ácimo no. Si es pan, es pan y así hay que llamarlo porque si el pan deja de ser pan y el vino deja de ser vino para ser otra cosa, eso, efectivamente, es la Hostia.
 
Se pregunta irónicamente Millás: ¿Cómo es posible que no haya ambulancias en la puerta ni cardiólogos de guardia para atender a los celebrantes y al público? No se explica el columnista cómo el sacerdote que oficia el misterio se lo cree y cómo la señora de la primera fila, que habrá asistido a muchas eucaristías a lo largo de su beata vida, bosteza en medio del santo ritual, y el niño que está al lado se aburre. Pero, razona Millás, la Iglesia ha resuelto este asunto hace siglos con una pedagogía eficaz: creer sin sentir. 
 
  
Algo más habría que decir a tal propósito: el éxito de esta detonación metafísica es el credo quia absurdum: el lo creo porque es absurdo, según la máxima atribuida a Tertuliano para expresar que la fe en los misterios cristianos (como este de la eucaristía o la resurrección de Cristo) es una aceptación de lo que la razón humana considera irracional o imposible, y precisamente por eso es un acto de fe, que trasciende la lógica. Y habría que añadir: credo quia absurdissimum: cuanto más absurdo es más lo creo. 
 
La institución de la eucaristía, según escribe Pablo en 1 Corintios 11, la recibió él personalmente del Señor -es decir, tuvo una visión, ya que él no estuvo presente en dicho ágape. Él era un perseguidor de cristianos que, más tarde, cuando se cayó del caballo rumbo a Damasco, recibió la revelación de Jesús y se convirtió en uno de aquellos a los que perseguía, en el creador, de hecho, del cristianismo: fue quien transmitió el relato a la Iglesia, ya que él, aunque fue un apóstol, no era uno de los doce originales del grupo de Jerusalén presentes en la Última Cena. 
 
La Última Cena, Leonardo da Vinci ( 1495-1498)
 
El relato es suficientemente conocido: “el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced lo mismo en conmemoración mía”. Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que bebáis, hace lo mismo en conmemoración mía...” El Apóstol estaba transmitiendo una visión que tuvo. Intenta así acercar el cristianismo a los paganos, entre los cuales había ritos de comunión con la divinidad, una divinidad que muere y luego resucita, mediante la ingestión de algo que simboliza a esa divinidad, como escribíamos en Nada del otro jueves
 
Los adeptos de Dioniso ingerían carne de cabrito que simboliza al dios, y entre los misterios de Atis se ingería una mezcla de pan y líquido... Como escribe Antonio Piñero en Ciudadano Jesús, Respuestas a casi todas las preguntas  (2012), esta concepción paulina tuvo éxito porque respondía “a las demandas espirituales de un amplio número de personas en la notable minoría dentro del Imperio romano que buscaba ansiosamente la salvación”. Y el cristianismo, que es obra de Pablo más que de Cristo, que, como se ha dicho muchas veces no era propiamente cristiano, sino judío, transforma al Mesías del pueblo judío en un salvador universal, que el lo que significa propiamente 'católico', ofreciendo a los paganos lo que más deseaban, una esperanza desesperada de salvación.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Variety show (4)

Irrupción del invierno en el hemisferio norte: Entramos, a partir de hoy, en el invierno, que hará su entrada estelar con nieve y descenso de temperaturas. La Agencia Estatal de Meteorología informa a sus usuarios de que, debido al cambio climatológico, pueden descender considerablemente las temperaturas y comenzará por lo tanto a hacer más frío de lo habitual, puede llover e incluso puede hasta llegar a nevar en cotas bajas. Permanezcan atentos a sus pantallas y a la información meteorológica. Tengan en cuenta nuestros avisos de meteoalertas y los riesgos, bajos, medios o altos, para su delicadísima salud. Les ofrecemos en nuestro servicio de atención a la ciudadanía nuestro plan estratégico de meteosalud y medioambiente...

 Invierno, primer movimiento (Vivaldi), Luka Sulic.

 Anestesia. Una generación anestesiada con psicofármacos, antidepresivos, ansiolíticos o hipnóticos y con internet, que sustituye el mundo real por el virtual. El desencadenante catalizador fue, no nos cansaremos de repetirlo, el confinamiento pandémico. A raíz de él se ha medicalizado el malestar: un suspenso, la pareja que nos ha dejado, cualquier cosa, por nimia e insignificante que sea, que nos ha pasado alguna vez a todos, nos produce intolerable frustración. Mientras tanto, se normalizan cánceres, ictus y muertes repentinas en la flor de la edad, a la vez que se considera grave el catarro o la gripe estacional de todos los años.

 

El discurso del lobo travestido de cordero: ¡Cuidado, que viene el lobo! Elegid bien entre el lobo o yo, que soy quien os protege de él. Los corderos responden al unísono: "¡Elegimos el lobo, porque el lobo con el que nos amenazas no engaña a nadie disfrazándose de cordero como haces tú! ¡Tú y el lobo sois lo mismo!" (A menudo algunos gobiernos se justifican a sí mismos diciendo que, mientras gobiernan ellos, no gobiernan los otros, que son manifiestamente peores y mucho más indeseables, y que, en todo caso, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, lo que es palmariamente falso, porque siempre valdrá más lo bueno, conocido o no, que lo malo, pero esto último lo callan).

Condones chinos. El gobierno chino, preocupado como está por el descenso de la natalidad, que considera una crisis abierta, ha decidido cerrarla a partir de las calendas de enero del año que viene encareciendo el precio de los condones y demás métodos anticonceptivos, que estaban desde hace más de treinta años exentos de impuestos, y que costarán considerablemente más caros, por lo que los chinos que quieran joder  evitando embarazos no deseados porque no quieren traer más chinitos al mundo deberán gastarse la pasta, y si no se la gastan y se ponen a la jodienda, corren el riesgo que quiere el gobierno que corran, trayendo a la tierra más almas para el cielo, como se decía antaño.


La Santísima Trinidad: El opio del pueblo actual es la Ciencia, la nueva religión adobada con la Inteligencia Artificial, que es lo más tonto que hay, servida, cómo no, por la Red Informática Universal, y su aplicación práctica, la Tecnología. De alguna manera forman una Santísima Trinidad: la Ciencia es el Padre, la Tecnología el Hijo y la IA el Espíritu Santo: tres personas distintas y un solo Dios verdadero.

sábado, 20 de diciembre de 2025

¿Hombres de poca fe?

Escribe Giorgio Agamben en su página habitual una interesante reflexión Creer y no creer a propósito de una profecía de Ivan Illich que en 1973 escribía que en muy poco tiempo -y ya ha pasado desde entonces medio siglo y algunos años más- la población iba a perder la confianza en las instituciones dominantes haciéndose evidente su carácter ilusorio, lo que daría paso a una nueva era tras el “colapso general del modo de producción industrial”. 
 
Lo que dice Agamben a propósito de eso es que ciertamente el modo de producción industrial y el poder que lo acompaña han perdido toda respetabilidad y credibilidad, como pronosticó Illich, entre la gente, pero el sistema, pese a eso, se mantiene y no se ha visto afectado. Los hombres de poca fe -Agamben recoge el término griego evangélico 'oligopistos'- han perdido la poca que albergaban, pero no por eso se ha derrumbado el sistema, basado como está en la apistía -neologismo de factura helénica para la incredulidad o falta de fe que no recoge todavía el diccionario de la docta Academia española de la lengua. 
  
Y escribe Agamben recordando a Marx: “El dinero funciona no porque se crea en él, sino precisamente porque es la forma misma de la falta de fe (como Marx había intuido, precisamente esta ausencia de fe constituye el carácter teológico de la mercancía: no se puede tener fe en lo que se puede vender y comprar). Sustituyendo a la Iglesia, los bancos administran sabia e irresponsablemente la falta de fe que define nuestro mundo, son los levitas y los sacerdotes de la nueva irreligión de la humanidad”
 
El sistema es un enemigo difícil de combatir porque cree en su propia incredulidad. Al final de su escrito Agamben alude a Stavrogin, un personaje de la novela Los Demonios de Dostoyesqui, que “si cree, no cree que cree, y si no cree, no cree que no cree”, es decir, que no está seguro de lo que cree ni tampoco de lo que no cree. 
 
Creer que no se cree, concluye Agamben, es la peor de las mentiras en la que "quien la profiere no puede sino quedar preso. Y es esta mentira —y no, como sugería Illich, el hecho de que los hombres ya no crean en él— la que llevará al sistema a la ruina". 

viernes, 19 de diciembre de 2025

Eslóganes contrapublicitarios

El eslogan (fórmula breve y original, utilizada a menudo en publicidad, propaganda política, etc.) es el lenguaje que se utiliza para la creación y cohesión de una masa en la que converjan miles de individuos personales. Cuando se agrupa un número tan elevado de seres humanos, es necesario que encuentre su cohesión en unos pocos puntos fijos, sencillos y generalmente compartidos. Inevitablemente, en medio de un número tan elevado de «mentes pensantes», cada una con sus ideas y convicciones particulares, cada cual con su opinión propia personal a cuestas, con matices muy diversos, hay que encontrar puntos de contacto reduciendo el pensamiento a la mínima expresión esencial, a una pequeña forma u horma, hasta encontrar conceptos en los que todos estén de acuerdo. 
 

 Estos conceptos serán, por tanto, una especie de «mínimo común denominador» del pensamiento y consistirán en breves proclamas generalistas, tan desprovistas de matices que a veces resultan totalmente vacías: desde «Make America Great Again”, hasta «¡Arriba España!», desde  «no a Europa» a «más Europa», pasando por «menos impuestos» o «más Estado», o «por una política honesta», o incluso «contra los populismos». Se trata siempre de conceptos tan banales y simplistas que ya no tienen ninguna sustancia. Suelen contener un nombre propio, un logo o símbolo que identifica y diferencia legalmente a unas marcas de otras, otorgando a su titular el derecho exclusivo de uso y protección. El registro de la marca protege la 'propiedad intelectual' y fortalece la identidad de la marca en el mercado, ya sea América, España o Europa como en los ejemplos susodichos, o ya sean otras marcas comerciales. 
 
  
Pero representan la única expresión posible de la masa, porque en el momento en que se empezara a especificar, profundizar, argumentar, la cohesión de la multitud se vería puesta a prueba. 
 
Estos conceptos esqueléticos y vacíos son precisamente los eslóganes  y la verdadera esencia de estas consignas ya se expresa de manera reveladora en la raíz etimológica del término: «Entre los celtas de las Highlands escocesas, el ejército de los muertos se designa con una palabra particular: sluagh, que se traduce como multitud de espíritus. El ejército de los muertos vuela de aquí para allá en grandes nubes, como los estorninos sobre la faz de la tierra. […] La palabra ghairm significa grito, alarido, y sluagh-ghairm era el grito de guerra de los muertos. Más tarde se derivó de ella la palabra slogan: la denominación del grito de guerra de las masas modernas proviene del ejército de los muertos de las Highlands» (Elias Canetti, en Masa y poder). De este significado etimológico deriva el metafórico de “palabra o frase distintiva usada por un grupo político u otro, atestiguado en la lengua inglesa, de donde ha pasado a todas las demás, desde 1704 como slughon.  
 
  
La acepción de Elias Canetti de una masa de muertos, habiendo renunciado a su individualidad, a su pensamiento y a su capacidad de articular conceptos, sugiere la masa moderna de contribuyentes y votantes que se expresa mediante un grito de guerra seco, cortante y vacío, que adquiere fuerza no por su valor intrínseco, sino únicamente por su número. Algunos ejemplos famosos son en la lengua del Imperio: "Just do it" (Simplemente hazlo),  "I'm lovin' it" (Me encanta esto), "Think different" (Piensa diferente), "Gives you wiiings" (Te da aaalas)... 
 
 
  
Los eslóganes son frases cortas, pegadizas y memorables que resumen la esencia, valores o beneficios de una marca, producto o causa, funcionando como "gritos de guerra" publicitarios para captar la atención y crear una asociación duradera en la mente del público. Su objetivo es comunicar rápidamente un mensaje clave, diferenciarse de la competencia y fomentar la fidelidad del cliente, siendo fundamentales en el márquetin para dejar una impresión duradera. A veces pueden volverse contra el emisor, como hace la contrapublicidad, que no siempre utiliza necesariamente palabras, sino a veces solo los símbolos, como en este ejemplo, tomado del diario satírico El Mundo Today,  que sustituye la rosa que surge de un puño por un falo erecto masturbado para denunciar los escándalos sexuales que han surgido en el seno del partido político nacional del gobierno. 
  

jueves, 18 de diciembre de 2025

¿Supergripe?

    Esto de 'supergripe'(superflu, abreviación de superinfluenza, en la lengua del Imperio) es un terminacho coloquial y periodístico, una serpiente de verano al final del otoño y comienzo del invierno, carente de significado científico o médico, que, por lo tanto, no se utiliza académicamente porque no tiene una definición sólida y coherente. Su denominación técnica, sin embargo, no es menos alarmante que digamos por lo incomprensible de su abstrusa jerga que la hace más temible si cabe todavía: influenza H3N2, provocada por un virus del tipo A, subclado K. ¿Por qué casi todo el mundo se refiere a la gripe incipiente que este año ha llegado antes de tiempo con ese término no poco irónico y hasta sarcástico? ¿Es tan grave como para llamarla así o es una manipulación descaradamente política? ¿Qué es lo que tiene de 'super', de por encima de lo normal, si tiene algo por ventura?
  Analicémoslo con un poco de rigor: ¿Los síntomas de esta supergripe que nos amenaza son diferentes de los de cualquier otra? ¿Son más graves de lo normal? No lo son, como certifican los que ya la han pasado: fiebre, tos, mocos y algunos otros síntomas añadidos como dolor corporal, vómitos o diarrea. ¿Es más contagiosa? ¿Es mortal? ¿Se ha muerto alguien de ella? Parece que no. Si bien las admisiones hospitalarias han aumentado drásticamente debido a la llegada temprana de la temporada gripal, actualmente no hay evidencia de que la variante de este año sea más mortal o transmisible. Esta gripe no presenta síntomas inusuales ni inusualmente graves. 
La Gripe "U", F. Ibáñez (2010) 

    Parece que no hay nada que haga a esta gripe acreedora del prefijo “super” más que la enorme cobertura informativa mediática que se le da y que se centra en el peligro potencial para los servicios de urgencias hospitalarias y el colapso sanitario que nos lleva al borde del abismo o al abismo del borde. Pero los hospitales abarrotados son algo típico por estas fechas, habida cuenta de las vacaciones de los médicos y sanitarios. Parece, recapitulando, que no es una gripe inusual, que los hospitales no están especialmente sobrecargados y que hasta ahora no hay hacinamiento preocupante. 
 
 En resumidas cuentas: la supergripe tiene síntomas comunes, de gravedad regular, no es más contagiosa que otras gripes ni especialmente mortal. Esta es la evidencia científica del sentido común que debemos escuchar. 
 
    Y, sin embargo, nos enfrentamos a esta situación extraña, en la que las noticias en general hacen que nos entre el miedo, mientras que los detalles se esfuerzan por resaltar el hecho de que, hasta el momento, no hay nada en absoluto que temer. Pero sin embargo insisten, erre que erre, en las mascarillas innecesarias, comúnmente llamadas 'bozales' porque eso es lo que son, y en la vacunación, que no tiene ningún sentido porque, basada como está en la variante del año pasado, no coincide al cien por cien (sic) con la epidemia -no es pandemia de Dios todavía- que este año ha venido, nadie sabe cómo ha sido y a todos ha sorprendido. Aun así, es la mejor herramienta disponible, aseguran, porque aunque puede que no evite el contagio reduce, dicen, de forma significativa las complicaciones graves y los ingresos hospitalarios que no sabemos si se hubieran producido de no haberse uno vacunado.
 
'Vacunación civil (a distancia)' (José Mota), un vídeo humorístico de hace cuatro años.
 
    ¿No nos suena todo esto un poco demasiado a déjà vu y a déjà entendu? ¿Por qué será?

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Pareceres XCIV

461.- Vuelven porque no funcionan. Se está propagando, dicen, la epidemia de gripe y vuelvan las mascarillas que no funcionan y nunca funcionaron. Antes de 2020 las cosas estaban bastante claras.  Las limitadas características de filtración de las mascarillas, sobre todo, y el mal ajuste facial las hacían incapaces de evitar la inhalación de partículas en suspensión, por lo que se concluía categóricamente que no protegían contra la inhalación de aerosoles. El personal sanitario estaba acostumbrado a usar mascarillas quirúrgicas para protegerse de las heridas e infecciones de los pacientes y evitar así la contaminación accidental por salpicaduras de fluidos corporales, pero no existen datos científicos convincentes que respalden su eficacia para la protección respiratoria, porque el material del que están hechas no retiene ni filtra los virus. No hay evidencia científica de su eficacia para prevenir la transmisión del virus de la influenza ni cuando las usan personas infectadas para controlar la fuente de infección ni cuando las usan personas no infectadas para reducir la exposición. Cuando se trata de prevenir enfermedades, las mascarillas no son efectivas, son meros amuletos. Nunca funcionaron. La ciencia lo respalda. El caso es que han vuelto. En muchos casos se recomiendan, y en otros se vuelven obligatorias en centros sanitarios. ¿Por qué han vuelto? Muy sencillo: porque son ineficaces.
 
 

462.- El futuro dura mucho. “El porvenir dura mucho tiempo” es el título que el filósofo Louis Althusser puso a sus memorias L’avenir dure longtemps (1992) en las que narra el episodio de la muerte de su esposa Hélène Rytman, a la que estranguló en 1980. Estaba masajeando el cuello de su esposa y no comprendió lo que había hecho hasta después. No fue un accidente fortuito, sino un homicidio involuntario, cometido durante un episodio psicótico grave, lo que diluye la frontera entre locura y cordura. Tras el crimen, Althusser no fue juzgado penalmente, porque fue declarado inimputable por locura, pero quedó atrapado en un largo proceso de reclusión psiquiátrica, aislamiento intelectual y remordimiento. El sentido del título juega con la idea de que el futuro —cargado de consecuencias— se prolonga más allá de lo que uno querría, especialmente cuando el pasado es traumático. El futuro se siente como lo que es, una condena, como una losa, como algo casi interminable -si no fuera por la promesa también futura de la muerte. La frase sugiere que, una vez cometido el acto irreversible, todo lo que viene después se alarga dolorosamente. Es una inversión amarga de la idea de que el futuro es esperanza. Al escribir sus memorias, Althusser parece reconocer que está condenado a vivir en un tiempo que no pasa página, una especie de futuro suspendido. 
 
  
463. El personaje del año. La 'persona dell' anno' según la revista italiana de orientación progresista 'L'espresso' es el presidente del gobierno español, cuyo rostro sonriente aparece en portada en primer plano. Los motivos de la concesión del título son que ha rechazado los ultimatos de Trump sobre el gasto militar (aunque es un rechazo más teórico que práctico porque, en verdad, más de 93.000 millones de euros han sido autorizados durante el presente año por el Consejo de Ministros y Ministras, con lo que este gobierno podría calificarse como el más militarista desde la transición); lideró una batalla, que no consta en los anales, contra las grandes tecnológicas; defendió los derechos civiles; expandió los flujos migratorios regulares (!?); apostó por la transición energética (pero los cargadores de coches eléctricos en el Ruedo Ibérico son una risa: o no funcionan -y no han funcionado nunca- o, si lo hacen, funcionan mal, estando como están en manos privadas); y denunció la hipocresía de Occidente ante el genocidio en Gaza (pero no deja de ser una pose porque no ha hecho lo mismo con algo que nos toca más cerca como es el Sahara). En la larga entrevista Sánchez repasa los logros de su Gobierno sin detenerse en los escándalos y las investigaciones que cercan al Ejecutivo y al Partido que preside, por supuesto, y el entorno de corrupción que lo rodea. El reconocimiento que no alcanza dentro del Ruedo Ibérico le llega al Jefe del Ejecutivo del extranjero a través de una revista italiana. Sus ministros y ministras hablan sin ambages de un “reconocimiento internacional”. El propio presidente se hace eco en sus redes sociales haciendo autobombo: “El rechazo a las políticas neoliberales es el éxito del modelo español, que no es otro que el modelo socialdemócrata”. No se da cuenta de la contradicción en la que incurre: el modelo español (social)demócrata no deja de ser el modelo neoliberal que dice rechazar dicho modelo. 
 
  
464.- Reprogramando la infancia. Vuelve a sorprendernos la portada de la revista The Economist que bajo un titular que dice ¡Cómo la Inteligencia Artificial redirige la infancia! presenta a una niña a la que siete manos robóticas le ofrecen desde un libro a un violín, pasando por un móvil, una taza de té o de café, un pintalabios, un cepillo para peinarse el pelo y un mando para juegos electrónicos... 
 
 
465.- Beneficios de la UE. ¿Qué beneficios, si hay alguno, nos ha aportado a los españoles cuarenta años después la adhesión a la Unión Europea (UE), antes llamada Comunidad Económica Europea (CEE)? ¿La posibilidad de viajar a París sin pasaporte? ¿El poder pagar un café sin cambiar moneda en Berlín? ¿Usar el mismo número y el tráfico de red móvil dentro de la UE? ¿El Erasmus, más conocido entre los universitarios como Orgasmus, para ir a divertirse so pretexto de estudiar a Lisboa o a Roma y alrededores? ¿Tener un coche ecológico para circular por las Zonas de Tráfico Limitado? ¿Satisfacer a los mercados europeos convirtiéndonos más aún de lo que ya éramos en un lugar de veraneo y de turismo, igual que Italia, una vez desindustrializados? El euro fue el golpe de gracia, que favoreció el incremento de los precios y erosionó el poder adquisitivo de los sueldos y salarios, arrinconando a la vieja y entrañable peseta. Los únicos que se han beneficiado son un reducido círculo de empresarios, financieros y banqueros apoyados por políticos corruptos y vendidos,  mientras que el pueblo se empobrece cada vez más. Se necesita mucho valor para seguir defendiendo esta prisión de los pueblos europeos que es la UE, cuyo colapso, que ojalá fuera lo más rápido posible,  debería celebrarse. 
 

martes, 16 de diciembre de 2025

Comunicado núm. 1: Contra la semana (remitido por ¡ALTO!)

Nuestra lucha más encarnizada se libra contra la institución de la semana, que es la epifanía más mortífera del tiempo. Así como algunas divisiones cronológicas tienen un fundamento que se podría considerar más o menos natural (la división del día en 24 horas según la rotación de la Tierra en torno a su eje polar, o del año en 365+1/4 días según la órbita de la Tierra en torno al Sol), denunciamos que la semana, por su parte, no tiene ninguno: es totalmente artificial y artificiosa. Es la única división cronológica que no tiene ningún fundamento natural, sino puramente convencional, es la semana de siete días que padecemos, y que sin embargo sentimos como si fuera lo más normal y aun preternatural del mundo, tanto que ya existía el primer día antes de la Creación, según la Biblia, y antes de que Dios creara la luz lo primero de todo,  separándola de las tinieblas.
 
 
Releamos el comienzo del capítulo primero del libro del Génesis: En el principio crió Dios el cielo y la tierra. La tierra empero estaba informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo; y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Dijo pues Dios: Hágase la luz. Y la luz quedó hecha. Y vio Dios que la luz era buena; y dividió la luz de las tinieblas. A la luz la llamó día, y a las tinieblas noche; y así de la tarde aquella y de la mañana siguiente, resultó el primer día. (...) Una vez establecidos los números ordinales y acabadas las obras de la creación en seis días, descansa Dios el séptimo, y santifica ese día sabático, colocando al hombre en el paraíso, formando a Eva e instituyendo el matrimonio, como había hecho en el sexto día: "Crio pues Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios lo crio; criolos varón y hembra. Y echóles Dios su bendición, y dijo: "Creced y multiplicaos, y henchid la tierra, y enseñoreaos de ella, y dominad a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a todos los animales que se mueven sobre la tierra".  

Los romanos y los griegos antiguos no la conocieron ni sufrieron en sus calendarios hasta que el emperador Constantino el Grande la estableció en el año 321 después de Cristo. Su fundamento, por lo tanto, es claramente religioso: su origen, como queda dicho, está en las sagradas escrituras de la cultura judeo-cristiana.
 

Los días de la semana no tienen nombres de dioses romanos, como podría parecer a simple vista, sino de astros que fueron bautizados con dichos nombres de dioses romanos: la Luna, nuestro satélite, Marte, por ser el planeta rojo, como la sangre derramada por obra de Marte, el dios de la guerra,  Mercurio, por ser el planeta más rápido, como el mensajero de los dioses,  Júpiter, por ser el mayor de todos los dioses, Venus, por ser el planeta de luz más bella, Saturno, porque los antiguos confundieron a Saturno con Crono, el Tiempo, que es el planeta más lento de los conocidos entonces en orbitar alrededor del Sol, sugiriendo la lentitud del tiempo: la luna y cinco planetas de nuestro sistema solar, y el propio Sol como epicentro de dicho sistema. ¿Por qué? Porque cuando se estableció la semana eran los astros conocidos dentro del sistema establecido por Ptolomeo para describir el universo geocéntrico. Ptolomeo, en efecto, creía que la Tierra era el centro a cuyo derredor giraban la Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter, Saturno y el propio Sol. Esta concepción estuvo vigente hasta que en el silgo XVI fue desplazada por la heliocéntrica de Copérnico. 
Los nombres latinos de los días de la semana eran, pues: Lunae dies, Martis dies, Mercurii dies, Iouis dies, Veneris dies, Saturni dies y Solis dies. Nótese cómo en castellano los nombres del martes, jueves y viernes proceden precisamente de las formasl de genitivo latino, con el paso de la i final a e: Martis, Iovis y Veneris respectivamente. 
 
Hay cierta polémica sobre cuál es el primer día de la semana, si el domingo, como sugieren algunos calendarios religiosos, o el lunes. En 1988 se firmó una convención internacional que establecía, entre otras cosas, que la semana comenzaba el lunes y finalizaba el domingo.​ Sin embargo, en los calendarios litúrgicos y en algunos países, la semana comienza el domingo, como sugieren los nombres griegos y portugueses, lo que no impide que la institución complementaria del Fin de Semana incluya el sábado y el domingo.
 
San Martín de Braga, que vivió en el siglo VI, predicó que deberían desecharse los nombres paganos que evocaban a divinidades romanas y sustituir los siete nombres de los días de la semana por una nomenclatura cristiana más acorde con su origen judeo-cristiano, costumbre que se impuso en Portugal donde los días se llaman: domingo, segunda feira (lunes), terça feira (martes), quarta feira (miércoles), quinta feira (jueves), sexta feira (viernes). La palabra feira significda “feria”, según la liturgia cristiana. El sábado conservó su nombre bíblico (sabbat) y se llama como en castellano sábado. 
 
¿Por qué cada siete días se repite la misma y absurda agenda nos preguntamos en ¡ALTO!? ¿Por qué es preciso volver a empezar el Lunes, que sería el presunto día de la Luna? ¿Por qué tiene que haber Lunes? ¿Por qué se nos impone, semana tas semana, la misma historia? ¡Basta ya! Los simpatizantes de ¡ALTO!, la Alianza para la Liberación del Tiempo y su Ordenamiento, no queremos someternos a una división del tiempo artificial que se ha generalizado a todo el universo mundo y que además no tiene ningún otro fundamento más que el de control social. 
  
 Los Boomtown Rats cantaban I don't like Mondays "No me gustan los lunes". 
A nosotros ningún día de la semana. 
 

 El origen de la semana se halla en el relato mitológico bíblico de la creación del mundo que se lee en el libro del Génesis. Allí se cuenta que Jehová crea el mundo en seis días, descansando el séptimo, que los judíos denominaron Sabat o Sábado y consagraron al descanso prohibiendo trabajar. En ese relato se incurre en una gravísima contradicción muy ilustrativa: ¿cómo es que existían ya los días de la semana antes de que Dios hubiera creado el mundo? ¿es que se nos quiere hacer pasar por tontos convenciéndonos de que la semana es anterior al mundo e independiente de él?
  
Nosotros nos rebelamos contra ese esquema que se nos impone día trs día, semana tras semana, a lo largo de toda nuestra vida, desde la más tierna infancia hasta la más provecta senectud. ¿Por qué tenemos que hacer lo mismo que (todo) Dios y trabajar seis días y descansar uno (o cinco días y descansar dos, después de la institución del güiquén inglés, que para el caso es lo mismo; o cuatro y descansar tres, como proponen ahora algunos progresistas, que creen que van a acabar, ingenuos, con la semana laboral acortando los días de trabajo y aumentando los días de ocio, como si no fueran las dos caras de la misma y falsa moneda, atrayéndose así la simpatía de la clase obrera que pueda quedar por ahí perdida, que solo exige a cambio de la reducción horaria de trabajo que no se reduzca el salario?
 
¿Es eso natural? No lo es. La división del tiempo en ciclos semanales es, por una parte, algo convencional que no tiene ningún fundamento racional, y, de otro lado, algo bien real. ¿Qué hay, en efecto, más real que la semana? ¿Quién no ha sentido la alegría y la tristeza como si fueran las dos caras de una moneda la tarde del Domingo, cuando se siente que se acaba la fiesta y que pronto llegará el Lunes y la vuelta de la rutina? 
Los simpatizantes de ¡ALTO! hacemos nuestra aquella paradoja cristiana de que no es el ser humano el que ha sido hecho para el Sábado, sino el Sábado para el ser humano: no soy yo el que debe acomodarse a la semana, sino la semana y cualquier otra división natural o convencional del tiempo la que debe acomodarse a mí, por lo que planteo su subversión radical o abolición: ¡ABOLICIÓN DE LA SEMANA LABORAL! ¡ABAJO EL TRABAJO Y EL NEGOCIO DEL OCIO! ¡QUE NO HAYA MÁS LUNES NI DOMINGOS NI SÁBADOS NI JUEVES NI NADA POR EL ESTILO!