Derecha que va / ya la flecha al corazón; / no hace mella en él.
Derecha que va / ya la flecha al corazón; / no hace mella en él.
-He decidido que voy a dejar que me inyecten.
-¿Y si te da por desarrollar un síndrome de trombosis con trombocitopenia de esos que dicen que te puede dar?
-¿Un trombo? Es un riesgo muy infrecuente que se corre.
-Sí, pero más de uno se ha ido al otro barrio a cuenta de eso.
-Bueno, no seas exagerado y no vayas a caer tú en la falacia del cum hoc uel post hoc ergo propter hoc.
-¿Qué quieren decir esos latinajos, porque eso es latín, no?
-Sí. Quieren decir que no puedes trasformar una relación de mera coincidencia (cum hoc, con esto) o posterioridad (post hoc, después de esto) en una de causalidad (propter hoc por causa de esto).
-Ya capisco, quieres decir que no porque algunos se hayan muerto después del pinchazo se han muerto por causa de él, aunque hayan muerto con él puesto.
-Exacto. Afirmar lo contrario es caer en el sofisma de la falsa causa.
-Pues aplícalo también a la estadística de los que después de haber dado positivo al capcioso test del bichito han fallecido al poco tiempo y los cuentan, sin embargo, como víctimas del bicho.
-No es lo mismo.
-No es lo mismo pero es igual. Tendrás que reconocer que alguna relación hay, aunque solo sea de concomitancia o de posterioridad, si no quieres establecer la de causa-efecto directa o indirecta.
-No sé si a eso puede llamarse una relación... Simplemente son dos sucesos independientes, que no tienes por qué relacionar: una casualidad.
-Ya, quieres decir que si tú te dejas inocular y al cabo de un par de horas te atropella un coche y te mata, no tienes derecho a establecer una relación de causa a efecto entre lo uno y lo otro.
-Exacto.
-...Aunque fueras distraído pensando en el viaje que te ibas a regalar a las Quimbambas este verano gracias al pasaporte sanitario que te otorgaba la inyección y no vieras ni oyeras el auto eléctrico -creo que son muy silenciosos- que se te echaba encima...
-¡Bah! Mira, no le des más vueltas buscándole los tres pies al gato y dando pábulo a teorías de la conspiración...
-A eso que tú llamas teorías de la conspiración, en mis tiempos, que son también los tuyos, no lo olvides, se le llamaba espíritu crítico, un espíritu crítico que no acepta el trágala de los medios de masificación que te quieren hacer comulgar con ruedas de molino.
-No confundas el espíritu crítico, que es algo positivo, con el complotismo conspiranoico.
-Vale, pero, mira, yo lo único que te digo es que, si dejas que te metan doblada la dosis, que tengas muchísimo cuidado con las "coincidencias" y "las casualidades", que son, según la prensa del Régimen, las principales causas de muerte entre los sedicentes inmunizados.
-Lo que está claro es que la segunda dosis, que es por ahora la definitiva, te inmuniza del covi, pero no de que te vayas a morir. Puedes morirte, de hecho, inmunizado.
-Pues es una suerte entrar así en el Reino de los Cielos, aunque lo
de que te inmunice no lo tiene claro ni el que patentó el invento.
-Pues ¿sabes que te digo que si no te inmuniza y te mueres, de algo habrá que morirse, no?

-Pero que no se diga, hombre, que vas a palmarla sin haber vivido.
-Y ¿qué quieres que haga?
-Pues no sé, eso: vivir: quítate el bozal, que ese no me dirás que ha servido para inmunizarnos...
-No le
llames bozal a la mascarilla, que no es lo mismo. Además a partir de hoy mismo, ha dicho el presidente, ya podemos quitárnosla en espacios exteriores... aunque no se descarta la posibilidad de que haya que volver a usarla en algún momento si la situación empeora pese a todas las medidas...
-Sí, claro, porque el presidente ha prohibido que el virus circule en espacios exteriores a partir de ahora, y sólo se le permitirá hacerlo en interiores...
-No seas sarcástico... Se debe al éxito de la inyección, que está frenando los contagios. Aunque algunos han cogido tanto miedo al virus que dicen que no piensan quitarse la mascarilla al aire libre de por vida...
-La mascarilla, como tú llamas al bozal, no te engañes, sólo ha servido para librarnos de la multa correspondiente si nos pillaba la pasma sin ella por la calle...
-Sirve para frenar la propagación de las nuevas variantes, por ejemplo de la variante delta, que es como llaman ahora con el nombre de esa letra griega a la variante india, que es muy contagiosa.
-Pues ya verás cuando empiece a propagarse la variante omega, que es la última letra del alfabeto, que debe ser la del apocalipsis, el acabose y el Juicio Final...
-No hagas chistes con eso, tío, que es muy serio. Pero volviendo a lo que decíamos antes ¿qué puedo hacer para no palmarla, como tú dices, sin haber disfrutado de la vida en plena juventud?
-...bueno, pues quítate la mascarilla y respira a pleno pulmón, deja de guardar las ridículas distancias de seguridad, da la mano, abraza, besa... Haz como los goliardos aquellos que cantaban: Goza, chinga, bebe, / que la vida es breve / y una puta cruz./ Bebe, goza, chinga / antes que se extinga / esta poca luz. / Chinga, bebe, goza / de la buena moza / de tu juventud.
-¿Y si pillo entonces el covi y me muero?
-Pues en ese caso, que te quiten lo bailao, y como tú muy bien decías antes, “de algo habrá que morirse ¿no?”.
La pandemia ha sido la coartada perfecta para librar una guerra psicológica mundial sin precedentes de lo de Arriba, el binomio Estado-Capital, lo que podemos denominar las Élites según la retórica al uso de la nueva terminología, o sea los "elegidos", bien porque se hayan autoproclamado así ellos mismos o bien porque hayan sido designados por el trampantojo democrático, contra el pueblo, contra la gente de a pie que anda por aquí abajo, bajo la excusa de implantar un Nuevo Orden Mundial, o, más modestamente, una solución al problema que han creado para aplicar la solución.
No se trata de una guerra con armas convencionales como las desplegadas a lo largo de la historia hasta la fecha, sino de una nueva y no menos perniciosa modalidad bélica de guerra psicológica establecida en el alma de las personas, que se ve desgarrada también en un Arriba que ordena y manda (el Super Yo) y un Abajo que se somete (el Ello). Desde un primer momento ha resonado en todos los idiomas la palabra “guerra”, una guerra que tenía la connotación de justa y lícita, más que ninguna otra habida o por haber, porque se trataba de salvar vidas para la causa.
Nadie discutió que la causa de la nueva enfermedad nunca antes vista era un virus, ese latinajo que significa “veneno”. Todo el mundo se creyó el cuento del virus y lo declaró culpable, siguiendo la estela de Louis Pasteur. El enemigo era un demonio patógeno maléfico, un monstruo ubicuo, como Dios, que estaba en todas partes en general y en ninguna en particular. Era invisible. No podía verse a simple vista. Hacía falta un microscopio. Y no uno cualquiera. Uno electrónico. No valía cualquier lupa. Y además hacía falta una fe macroscópica para declarar que lo que se veía allí era el virus coronado de espinas. Era un dogma indiscutible. No cabía ninguna duda. La duda se quedó fuera, reducto negacionista. Pero el veneno podía estar dentro de nosotros mismos, ignorantes.
Las palabras de todos aquellos que expresaban una duda sobre la versión oficial fueron censuradas y tachadas de irresponsables desde el principio. Sin embargo, nadie cuestionó la creación de la pandemia. Salieron a relucir la falta de camas de los hospitales, la privatización de la sanidad pública, el colapso de las UCIs, el origen del virus, si era natural o artificial, su modo de transmisión aéreo o por fómites, el contagio, la segunda ola después del verano...
Poco se discutieron las medidas adoptadas por los gobiernos y apremiadas por lo urgente de la situación: las intervenciones no- farmacológicas. Las medidas se sentían como males necesarios o menores: el confinamiento, la distancia física o social, como preferían otros, los gestos de barrera, el uso obligatorio de mascarillas, las pruebas de detección del virus, el rastreo, el uso de aplicaciones digitales... Y resulta que son esas medidas las armas que han matado a la gente, muerta en vida, y no el presunto virus en esta guerra sin cuartel, sobre todo en el ámbito psicológico, pero lo psicológico es parte de lo biológico, no puede desgajarse de lo somático. El alma es una parte del cuerpo, que somatiza sus problemas. De alguna manera toda enfermedad es psicosomática y orgánica, en cuanto que la psique es un órgano corporal, o, mejor dicho, el alma es la conciencia que tenemos de nuestro propio cuerpo.
Pero hay que plantearse, como en cualquier investigación policial de una muerte sospechosa que quiera descubrir al asesino, cuál es el móvil y quién se beneficia del crimen... Los principales beneficiarios y ganadores de esta pseudopandemia son los más poderosos financieramente, así como los gobiernos cuyos poderes discrecionales y de control se han incrementado considerablemente, reduciendo drásticamente el ejercicio de la libertad de las personas. Hay una frenética competición entre los laboratorios farmacéuticos más poderosos para ganar el premio gordo sobre una clientela de siete mil millones de consumidores.
Algún Jefe de Estado ha habido que ha llegado a decir que había que mantener los "gestos de barrera para protegernos los unos de los otros", en lugar de decir "...los unos a los otros". No se sabe si era un lapsus linguae, o la cruda realidad. "Sean solidarios, no se reúnan". Se han oído muchos discursos paradójicos del tipo: "Si amas a tus seres queridos, aléjate de ellos". Estas proclamas, multiplicadas hasta la saciedad, crean una disociación cognitiva que impide cualquier análisis racional y lógico de la situación.
La auténtica peste ha sido que han creado el problema del caos para imponer la solución de restablecer el orden, provocado el incendio para, acto seguido, apagarlo y salvarnos de las llamas, creado la enfermedad para vendernos el remedio.
Hoy no sería impúdico denunciar en voz alta y clara un régimen que prepara el totalitarismo o una dictadura. Ha triunfado el divide y vencerás: Operación exitosa por el momento en los grupos de amigos y en las propias familias: los desgarros se han consolidado en el cuerpo social entre los pro- y los anti-mascarillas, entre los pro- y los anti-encierro, entre los pro- y los anti-vacunas ahora...
Así que sí, la segunda ola reclamada por los gobiernos y los comités de expertos científicos está aquí, pero no tiene nada que ver con un virus, excepto por su dudosa detección mediante una prueba de resultados más que dudosos. La segunda y tercera y cuarta y enésima olas y variantes están aquí creadas desde cero por las medidas patógenas que las autoridades sanitarias han impuesto a la población. La constante y desconcertante variedad de síntomas y enfermedades que observan los sanitarios revela que estamos ante un ser como Proteo, que cambia constantemente de forma escapando de cualquier definición.
¿Qué se puede hacer?
¿Cuáles son las soluciones? Yo no tengo ninguna solución, desde luego. Las soluciones las plantean los que proponen los problemas. Pero se
me ocurre que, por lo pronto, podríamos liberarnos de todas las
restricciones que nos imponemos a nosotros mismos, organizar fiestas para festejar el fin del invierno y
la llegada del verano, por ejemplo al modo de las hogueras de san Juan
donde quemar las mascarillas, pero no sólo eso, también la distancia de seguridad que pretende sustituirlas. Habría que
organizar hogueras donde quemar los miedos que nos han inculcado,
para lo que no hace falta esperar a la noche mágica del solsticio de verano,
sino que se puede hacer en cualquier momento, aquí y ahora mismo,
por ejemplo... Y en poco tiempo ya nos sobrarán camas en los
Hospitales y en las Unidades de Cuidados Intensivos. Y también
Hospitales.
La OMS declaró la pandemia, una fake pandemia o pseudopandemia. Modificó la definición del término, adecuando la realidad a la idea previa, para lo que prescindió de una de las notas definitorias y características del concepto, que era el alto índice de letalidad, a fin de poner en práctica los protocolos elaborados a propósito. Un propósito totalitario oculto detrás de una falsa alarma, como han denunciado algunos científicos críticos.
Esos protocolos previamente diseñados y denominados Non-Pharmaceutical Interventions, abreviado NPI,s en la lengua del Imperio, Intervenciones No-Farmacológicas en la nuestra, están diseñados con el objetivo de imponerse a toda la población, ya que “todo” es precisamente lo que quiere decir el prefijo griego “pan”, aplicado al conjunto del “demos”, o sea el pueblo, la gente, los de abajo.

Lo(s) de Arriba, y lo(s) de abajo.
Es difícil determinar si se ha aprovechado una oportunidad en el sentido del refrán a río revuelto, ganancia de pescadores, o si hay una verdadera intención, alevosía y premeditación en la instrumentalización de esta epidemia de gripe estacional que afecta a las poblaciones del mundo todos los años en la misma época. La del año pasado recibió desde el primer momento un protagonismo especial, como una estrella rutilante del mundo del espectáculo. Toda la atención se centró inevitablemente en el evento anunciado. Era difícil no sustraerse al espectáculo de algo que era objeto de la máxima expectación.
Cuando el susodicho organismo que dice velar por nuestra salud declara la pandemia universal, no estábamos más que ante el comienzo de la epidemia anual que llegaba al hemisferio norte con un pequeño retraso. Pero la palabra pandemia era tan grave que por sí sola bastó para conjurar una ansiedad, igual que la mención de “que viene el coco” a los niños asustadizos que no quieren comer. Esta preocupación se convierte rápidamente en pánico, el terror que sembraba el dios Pan cuando era despertado bruscamente de su siesta en el bosque, un terror tan intenso que hizo que algunos exclamasen: Aquí no se salva ni Dios, vamos a morir todos si no hacemos algo, sea lo que sea, para evitarlo.
Las intervenciones no-farmacológicas suelen definirse como las acciones fomentadas desde arriba encaminadas a mitigar la propagación de una enfermedad que puede afectar en teoría a toda la población, excluidas la vacunación y los tratamientos médicos, que serían propiamente PI,s, es decir, intervenciones farmacológicas. El afán totalitario de las NPI,s consiste en estar dirigidas, más que a las personas enfermas, a las que gozan de buena salud, y sobre todo a ellas, en previsión de futuros males catastróficos.
El problema de esta definición negativa es que camufla la positividad que hay detrás de ella. Si estas intervenciones no son farmacológicas ni médicas, ¿qué son entonces? Está claro que political interventions: intervenciones políticas.
Si consideramos la salud un valor, es decir, una aspiración, resulta que, como consecuencia de eso, nos estamos declarando todos enfermos potencialmente, porque anhelamos algo que estamos proclamando que no tenemos o que, si lo tenemos, se nos amenaza gravemente con la espada de Damoclés sobre nuestras cabezas de arrebatárnoslo, y por lo tanto pasamos como destinatarios a ser ya objeto indiscutible de todas las NPI,s que quieran imponernos.

Dada la creencia en que la causa de la enfermedad es el virus y dada su novedad, -concepto extraño por aquello del nihil novum sub Sole, pero que ha resultado exitoso-, se supone que la humanidad no tiene desarrollada todavía una inmunidad contra él, lo que hace posible que el virus se propague rápidamente. En conclusión las NPI,s o intervenciones no farmacológicas según la doctrina del organismo mundial que dice velar por nuestra salud son la mejor manera de controlar una enfermedad que aún no se ha desencadenado, siempre futura como nuestra propia muerte, cuando no hay vacunas disponibles ni tratamientos médicos curativos.
Pero el ataque de un enemigo vírico o bacteriano sólo tiene éxito, un exitus letalis, cuando el organismo en el que se instala está deteriorado, como nos advirtió Antoine Béchamp, que se opuso a Pasteur razonando al contrario: "Un organismo debe estar enfermo para que se cree y se multiplique un microbio". Y como han dejado traslucir los medios masivos de información cuando reportaban que algún fallecido tenía, además del sambenito del virus, una provecta edad complicada con obesidad, afecciones cardiovasculares, diabetes del tipo 2 o cualquier otra enfermedad concomitante... Por eso se puede decir sin gran escándalo científico que el presunto virus no ha matado a nadie por sí mismo... Pero hemos preferido consagrar al inventor de la leche pasteurizada y de las vacunas a la mayor gloria de la industria farmacéutica que está detrás.
La crítica que se hace aquí del carácter políticamente totalitario de las NPI,s no debe entenderse como una defensa de las PI,s., es decir, que no por criticar las intervenciones no-farmacológicas estamos abogando por las intervenciones médicas o farmacológicas tales como la vacuna o los tratamientos existentes. No es eso, claro está. Las intervenciones farmacológicas o médicas son de dos tipos: preventivas, como las vacunas, o curativas cuando aplican un tratamiento a una enfermedad.
Una diferencia importante entre las intervenciones no-farmacológicas y las farmacológicas es que estas últimas exigen un consentimiento informado: cuando se le va a aplicar un tratamiento a alguien, ya sea profiláctico o curativo, debe ser informado previamente de los riesgos que corre y dar su consentimiento individual firmado. Las intervenciones no-farmacológicas, en cambio, son medidas colectivas y totalitarias que no requieren el consentimiento de los pacientes, que pasan a ser todas las personas que gozan de buena salud, ya que se consideran enfermos en potencia aristotélica.
Si nos fijamos atentamente en la visionaria portada de la revista "The economist" correspondiente a la semana del 4 al 18 de mayo de 2021, cuya fotografía se adjunta, veremos el simbolismo de la nueva y futura moneda mundial digital o numérica, si se prefiere esta otra denominación.
Se cambia el nombre común ascendido a nombre propio de Dios (in God) por la nueva divinidad vicaria que cumple sus funciones (in tech), la tecnnología, en las futuras govcoins o monedas digitales emitidas por los Bancos Centrales. Pero en el fondo hay algo que no ha cambiado, la misma fe (we trust).
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Detectan brote de virus coronado en cárcel de Valparaíso y decretan la cuarentena de los internos, que son, huelga decirlo, los presos: el colmo de los colmos.
Han creado el problema del caos para imponer la solución de restablecer el orden, provocado el incendio para, acto seguido, apagarlo y salvarnos de las llamas.
No sé si lo habré entendido bien, pero ¿van a reabrir las fronteras que habían desaparecido entre los países de la Unión Europea por lo del pasaporte vacunal?
Se había enamorado perdidamente de los egipcios, cuyos genitales eran como los de un asno y su semen como el de un caballo. (Ezequiel 23:20, libro de la Biblia).
Los líderes del G7 no necesitan mascarillas en el exterior ni guardar distancias de seguridad. Nosotros tampoco, ay, mas a la fuerza ahorcan, reza el refranero.
La epidemia viralizada en pandemia por arte de birlibirloque se equipara ya a endemia que reina, coronada, en el interior del alma de uno mismo y del sistema.
El presidente publica en su red social: Hoy he recibido la primera dosis. Y acompaña la noticia con la foto del evento eucarístico de su primera comunión.

ὅτε ἤμην νήπιος, ἐλάλουν ὡς νήπιος, ἐφρόνουν ὡς νήπιος, ἐλογιζόμην ὡς νήπιος· ὅτε γέγονα ἀνήρ, κατήργηκα τὰ τοῦ νηπίου.
cum essem paruolus, loquebar ut paruolus, sapiebam ut paruolus, cogitabam ut paruolus. quando autem factus sum uir, euacuaui quae erant paruoli.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser hombre, me despojé de las niñerías. (Epístola primera a los corintios, san Pablo, 13, 11)
Es decir he sufrido una metamorfosis. Entré por el aro de la sociedad
adulta. Enterré a mi niño muerto. Vivir es sobrevivir a un niño muerto, como escribió Jean Genet en alguna parte. Esa fue mi trans-formación: he cambiado de oruga a mariposa, y sin embargo soy el mismo. O eso dice mi carné de identidad, que me asigna un número y un nombre y apellidos. Y me confiere una nacionalidad. Esa es la realidad. Ahora bien, se impone la pregunta crucial: ¿Será verdad que soy el mismo? ¿Será verdad la realidad?
De las tres virtudes teologales (πίστις, ἐλπίς, ἀγάπη, pístis, elpís, agápe; que se tradujeron al latín como fides, spes, caritas respectivamente, esto es fe, esperanza y caridad respectivamente), el apóstol Pablo sentenciaba en su carta primera a los corintios que la más importante era la caridad (ἀγάπη, o sea, caritas). La traducción de Nácar-Colunga que manejo dice: Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza, la caridad; pero la más excelente de ellas es la caridad. Pero me atrevo a proponer una traducción altenativa, y no soy el único en hacerlo: (...) la fe, la esperanza y el amor; pero la más excelente de ellas es el amor. La palabra latina caritas, en efecto, puede traducirse sin ningún problema por “amor”.
Llama la atención que por encima de la fe, que es a primera vista el sostén del Régimen, y de la esperanza, que suele ser el alimento espiritual de la primera, sitúe el apóstol el amor al prójimo como la principal de las tres virtudes teológicas cristianas.
En este punto deberíamos preguntarnos en primer lugar si el mandamiento nuevo de “amáos los unos a los otros”, el mandamiento del amor cristiano, es exclusivo del cristianismo o estaba ya inserto en el judaísmo, y en segundo lugar si es tan universal como pretende.
La respuesta nos la da Antonio Piñero en su libro “Ciudadano Jesús” (pág. 156): “Bien entendido, el mandamiento del amor al prójimo no es nada nuevo ni en Jesús ni en el judaísmo de su tiempo, ya que era una norma de vida que se proclamaba desde antiguo en el libro del Levítico 19:18: “No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Yahvé.” Sin embargo, era usual que los judíos entendieran este precepto como restringido a los connacionales, a los hijos de Israel.” Es decir, el amor al prójimo no es un mandamiento nuevo, ya que está recogido en el Antiguo Testamento, y, en segundo lugar, no es universal, sino que se entiende como amor desinteresado al compatriota, dentro de la creencia de que Israel es el pueblo elegido y favorecido por Dios. Es, por decirlo de algún modo, un sentimiento nacionalista, fundado sobre el orgullo de pertenecer a una misma nación, que es el pueblo del Señor.
Este concepto se amplía en Jesús, y ahí radica su novedad, lo que ha hecho que sea considerado como una de sus aportaciones más trascendentes, porque él predica la necesidad de amar a los enemigos e “incluso a los extranjeros que mostraban hacia los judíos y su ley una actitud benevolente”, como dice Piñero, y como se ve por ejemplo en la parábola del buen samaritano.
La imagen del samaritano como el piadoso salvador del judío apaleado, ante la indiferencia del sacerdote y el levita judíos que pasan a su lado y miran a otra parte, fragua una nueva redefinición de «prójimo». Así la leemos en el evangelio de Lucas 10:30-35 Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en poder de ladrones, que le desnudaron, le cargaron de azotes y se fueron dejándole medio muerto. Por casualidad bajó un sacerdote por el mismo camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, pasando por aquel sitio, le vio también y pasó adelante. Pero un samaritano que iba de camino llegó a él, y viéndole, se movió a compasión; acercóse, le vendó las heridas, derramando en ellas aceite y vino; le hizo montar sobre su propia cabalgadura, le condujo al mesón y cuidó de él. A la mañana, sacando dos denarios, se los dio al mesonero y dijo: Cuida de él, y lo que gastares, a la vuelta te lo pagaré.
Los samaritanos y los judíos constituían rivales irreconciliables; unos a otros se consideraban herejes. Eran, en efecto, los samaritanos unos extranjeros muy cercanos a los judíos, porque creían en el mismo Dios y en la misma ley mosaica que ellos, por lo que había que perdonarles las faltas, no teniéndoselas en cuenta. Sin embargo, el sacerdote y el levita de la parábola eran judíos, igual que la víctima del latrocinio, pero pasaron de largo, sin prestar auxilio a su compatriota, mientras que el samaritano, que era un enemigo político, no lo es para Jesús, hermanado como está en las mismas creencias y en la misma esperanza en la llegada del Reino de Dios.
Si utilizamos los términos latinos inimici y hostes para referirnos en el primer caso a los enemigos personales (*in-amici, no-amigos) y en el segundo a los enemigos públicos, Jesús predica el amor a los primeros, a los enemigos privados entre los compatriotas, que pueden ser ganados para la causa, pero Jesús no amó nunca a los enemigos públicos del Reino de Dios: a los romanos, en primera instancia, que habían sojuzgado al pueblo de Israel, y a los fariseos, escribas, saduceos y sumos sacerdotes, que a la vez eran ricos comerciantes que pertenecían a la casta a la que le favorecía la “pax Romana” para sus negocios.
Pero el inventor del cristianismo no es el Jesús histórico sino su apóstol Pablo, que extiende el concepto de “pueblo elegido” a toda la humanidad, ampliando la exigencia del concepto de circuncisión hasta difuminarla, fundando el catolicismo y modificando el sentido nacionalista restringido del amor al prójimo que Jesús había modificado, ampliándolo considerablemente.