Se ha publicado en castellano a cargo de Ediciones El Viejo Topo, 2026 el ensayo de Paolo Botta titulado ¿Qué es el Estado? (traducción de “Cos' è lo Stato", Rogas Edizioni, 2025), que lleva como subtítulo en castellano “capitalismo, democracia y socialismo en el siglo XXI”.
Después de preguntarse qué es el poder y qué es la política, aborda en el capítulo tercero la pregunta que da título al ensayo: ¿Qué es el Estado? La primera definición que ofrece es que es una organización, algo evidente, pero necesario decirlo. Afirma: No es una entidad abstracta que se esconde en los cielos o en un fantástico hiperuranio (donde residen las ideas de Platón). El Estado es una organización formada por hombres de carne y hueso, funcionarios, empleados, policías, militares, etc. El Estado es una realidad. Recuerda
a Max Weber que ponía al Estado en el centro del poder porque detiene
el monopolio de la fuerza y de la violencia legítima en el ámbito de un
territorio determinado y que se funda sobre la utilización del ejército y
de una amplia burocracia que gestiona su complejidad organizativa
basándose en las leyes y el derecho. Resulta interesante la observación que hace de que no son los Estados quienes deciden los destinos de la humanidad, sino los pueblos en el ejercicio de su soberanía. Ciertamente, así debería ser, pero los pueblos han «delegado» de hecho en los Estados su gobierno.
Todo ello hace necesario, según el autor, un gobierno y en consecuencia una entidad organizativa que pudiera desplegarse por el territorio para ofrecer servicios, asistencia, pero también instrumentos de coerción cuando son precisos, aunque también para obtener el consenso de la gente a través de la propaganda ideológica y de la educación.
Afirma Botta que el Estado es el corazón y el alma de la política, algo que ya estaba implícito en esta última palabra, derivada de polis, la forma griega de la ciudad-estado. La pluralidad de Estados -en el mundo hay cerca de doscientos- se complica con la existencia de diversas entidades u organismos supraestatales. Sin embargo, el Estado nacional no está en decadencia, como creen algunos, sino que simplemente ha reconfigurado su soberanía y protagonismo, a menudo ocultados tras las narrativas ideológicas de la globalización y el neoliberalismo. Concluye diciendo que los Estados existen, y que no están en crisis como afirma una retórica poco convincente, sino todo lo contrario.
Paolo Botta había publicado, como adelanto de su libro, el artículo "Del occidente en crisis al modelo chino: el camino socialista en el siglo XXI", cuyo título ya lo dice todo: pone a China como ejemplo concreto de un socialismo del siglo XXI capaz de generar crecimiento, innovación y estabilidad.
El ensayo de Paolo Botta «¿Qué es el Estado?», desde una óptica neomarxista y geopolítica, analiza las nuevas formas de socialismo, centrándose en la experiencia china como paradigma alternativo de la crisis occidental. Pone en evidencia las diferencias notables entre el modelo occidental y la relación con China, cuyos caracteres generales no son asimilables absolutamente al capitalismo tout court, “sino que contienen elementos típicos de una fase de transición hacia el socialismo, en un contexto de gran originalidad por la presencia de elementos que hunden sus raíces en la tradición china”. Ahora tendríamos que adjudicarlo al actual Estado chino, esa república popular, monárquica y comunista, que va camino de ser la primera potencia capitalista del siglo XXI.
A Marx le gustaba el capitalismo por su eficiencia económica en el desarrollo tecnológico y de la industria; imaginaba lo que eso sería en manos del proletariado; pero el Estado le gustaba poco, solo por el tiempo imprescindible; pensaba que tanto el Estado como el Capitalismo serían necesarios en los primeros tiempos de la revolución comunista, pero que a la larga, una vez consolidado el desarrollo capitalista bajo la dictadura del proletariado, sería necesario abolir el aparato del Estado, por ser este incompatible con la desaparición de las clases y la emancipación humana (objetivo último de la revolución). Sin embargo, no se sabe de ningún partido marxista, ni neomarxista, que a día de hoy suscriba tal intención de abolir el Estado, ni pronto ni a la larga, como tampoco se sabe de ninguno que reclame la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado, que serían las medidas más básicas de cualquier proyecto realmente anticapitalista.
El ensayo de Botta me trae a la memoria el homónimo de Agustín García Calvo Qué es el Estado que publicó la Gaya Ciencia en 1977, recogido en 1980 por el autor y publicado en Actualidades,
editorial Lucina, sin las ilustraciones de la edición original, con
unas pocas correcciones y la adición de un párrafo, y reeditado en
2019 por Ediciones El Salmón.
Sin embargo, no tiene nada que ver el uno con el otro. Botta no se limita, como el título indica, a preguntarse qué cosa sea el Estado, sino que, dándolo por bueno, aboga por la defensa de un Estado-nación presuntamente anticapitalista. Mientras que García Calvo escribe una diatriba contra el Estado. Al preguntarse qué es, destruye la idea que lo sustenta.
Sería interesante que se reeditara el Qué es el Estado de García Calvo en 2026, quien sostenía que Estado y Capital eran la misma cosa y que funcionaban como las dos caras de una misma moneda para disimular su dominio unificado sobre la sociedad, manifestándose en elementos de la vida cotidiana como la burocracia, los impuestos, las estadísticas, los documentos de identidad, la educación obligatoria, las fronteras y las leyes.
Todo Estado es
capitalista, y está en la esencia del Estado el ser capitalista,
por la razón de que todo Estado es totalitario y es esencia del
Estado el ser totalitario. El Estado es totalitario porque es la
forma perfecta o cerrada de organización política, en la cual el
proyecto de organización, el proyecto de un Orden establecido por el
saber humano y funcionando según el Plan de la Autoridad, sólo
podrá cumplirse si ese Orden se refiere a un conjunto definido y
numerable, a un verdadero Todo.
Particularmente novedoso era su descubrimiento de la relación entre el Estado y el individuo personal, que puede afirmar de alguna manera no solo 'el Estado soy yo', sino también 'yo soy el Estado'. Definía la función esencial del Estado como “administración de la muerte”, diferenciándolo de “pueblo” que es una entidad sin voluntad de matar. Criticaba la idea de que el Estado evita el caos, ya que el orden estatal no se impone sobre el vacío, sino sobre un orden previo más sabio nacido de las relaciones comunes. Sin embargo, se hace para mucha gente una entidad necesaria y aun querida por temor a lo desconocido. E invitaba finalmente a las mujeres a liberarse de la Mujer y a liberar a los hombres del Hombre, de Dios y del Estado que es Su Casa más perfecta, equiparando a Dios con el Estado, como hiciera Bakunin.





Aquí seguimos empeñándonos unos en potenciar las 17 «españitas» autonómicas y otros la España central, una, grande y libre como si no fueran lo mismo las unas que la otra.
ResponderEliminarSi bien hubo un tiempo en que se plateó la disyutiva en términos de Socialismo o Barbarie, desde la imposición de ésta última y el beneficioso desarrollo de la Economía ya hubo quien planteó que nos abocabamos a otra disyuntiva: comunismo o desaparición de la especie, y dicha desaparición no deja de entusiasmar a un amplio espectro de especímenes que, funcionales y conformados por el desarrollo tecnocientífico y la dependencia instrumental de los nuevos dispositivos, se suman a la tendencia tecno-emocionante que la imperial competencia (Occidente-Oriente) inscribe configurando nuestro destino.
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