domingo, 4 de enero de 2026

Tiempo vs. dinero, y viceversa

    No cuesta mucho trabajo entender cómo el tiempo es dinero según el conocido adagio inglés time is money (o el tiempo es oro, que dice el correlato castellano), acuñado al parecer por B. Franklin en su ensayo Consejos a un joven comerciante (1748), cosa que ya se decía en muchas otras lenguas: En alemán: Zeit ist Geld, en francés: Le temps c'est de l'argent, en griego moderno (y casi clásico también): Ο χρόνος είναι χρήμα, o en portugués: O tempo é dinheiro e o resto é conversa ('palabrería'). 
 
    Es fácil verlo porque estamos acostumbrados a que computar y cronometrar el tiempo sea equivalente de monetizarlo. Suele decirse también: El tiempo, que es lo que más vale, no lo da Dios de balde, y, Quien defiende su tiempo, defiende su dinero. Pero ese tiempo no es nunca presente porque el tiempo presente, al mentarlo ya es ausente. De hecho se dice también: que el tiempo presente es un segundo: lo demás o es pasado o es futuro
 
      El tiempo no debe desperdiciarse por lo mucho que vale, porque según la ética protestante es un don divino que debe aprovecharse, por lo que es un pecado perder el tiempo, desperdiciarlo. El sociólogo Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo argumenta que esta mentalidad transformó la vida de Occidente, y cita a Benjamin Franklin y el citado Time is money para ilustrar cómo el aprovechamiento del tiempo pasó de ser una norma religiosa a un imperativo económico. La institución del tiempo aparece en el trabajo, que es la conversión de la actividad humana, la fuerza de trabajo, que decía Carlos Marx para referirse a la capacidad de hacer cosas, supeditada a una finalidad en dinero. El trabajador se convierte a través del trabajo en dinero. El hombre es dinero, como cantaron Alceo, que citaba a Aristodamo como autor de la máxima, y Píndaro. No es solo por aquello que se oye decir a veces de "tanto tienes, tanto vales", sino esto otro de "tanto ganas, tanto eres". El Nombre Propio es el fundamento último del dinero, la forma más pura del Capital: la firma, por ejemplo, del pintor en el cuadro es lo que le da valor a este, como el precio en la etiqueta da valor al producto. 
 
    Es así como gracias al trabajo, el dinero se ha vuelto tiempo, y la nueva verdad “Money is time” es el reverso de la vieja: es solo el tiempo, esencialmente vacío y futuro, la moneda que vale para el capital más perfecto. Quizá se haga algo difícil verlo a primera vista, pero es sin embargo lo que vamos a intentar hacer aquí. Hemos tomado el clásico “el tiempo es dinero” y le damos la vuelta para ver si “el dinero es tiempo”. Cuando decimos esto último de que el dinero es tiempo pensamos automáticamente en “el dinero es tiempo futuro” porque el dinero representa la posibilidad, la promesa y la proyección hacia un futuro que el propio dinero crea, dado que no es solo un medio de intercambio comercial actual, sino la herramienta que permite planificar, idear y construir el futuro con la promesa de acceder a bienes y servicios, por lo que se convierte en un medio de ejercer el poder. 
 
    El escritor victoriano George Gissing (1857-1903) reflexionó en su novela "The Emancipated" sobre el aforismo "El tiempo es dinero", dándole la vuelta y escribiendo sobre la relación inversa del proverbio común: Time is money says the proverb, but turn it around and you get a precious truth. Money is time. With money I buy for cheerful use the hours which otherwise would not in any sense be mine..." (El proverbio dice que el tiempo es dinero, pero dale la vuelta y obtendrás una verdad preciosa. El dinero es tiempo. Con dinero compro para mi uso alegre las horas que de otro modo no serían mías en ningún sentido...). 
 
    El dinero no proyecta su valor en el futuro, sino que crea el futuro que proyecta. Esta interpretación no procede de un economista, sino de un escritor como Borges que en el cuento El Zahír, expresa su convencimiento de que el dinero, a pesar de su aparente materialidad -el dinero físico, diríamos hoy-, es en realidad inmaterial, espiritual o virtual, que diríamos también, ya que no tiene un valor intrínseco sino extrínseco que nosotros le otorgamos por ser una promesa de lo que se puede adquirir con él. Escribe Borges literalmente. "nada hay mas inmaterial que el dinero, ya que cualquier moneda es, en rigor, un repertorio de futuros posibles". 
 
    En otras palabras, el dinero no es valioso por sí mismo, sino por lo que puede permitirnos hacer en el futuro, ya sea comprar bienes o servicios, y, antes que eso, porque nos garantiza de alguna manera un futuro. En resumen, la frase "el dinero es futuro" destaca la relación intrínseca entre el dinero y la proyección hacia lo que está por venir, tanto a nivel individual como en el ámbito social y económico. 
 
    No en vano se recurre en castellano a veces a la expresión “labrarse un porvenir”, que, proveniente de la agricultura (labrar es arar la tierra para sembrar en ella a fin de cosechar), significa asegurar trabajando con esfuerzo un futuro. Puede también relacionarse con otra expresión castellana “ganarse la vida”, donde la vida sustituye al jornal (derivado de *diurnalem, lo que ganaba el jornalero durante un día de trabajo o jornada, de ahí que también un jornalero sea un ganapán, que alude a la maldición bíblica de "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y por referirse al mozo de cuerda que "se ganaba la vida" -dinero y tiempo- llevando recados o transportando bultos de un punto a otro, como espécimen de trabajador sudoroso por excelencia). 
 
    Resuena, a propósito, la pregunta que le hace Miguelito a su amiga Mafalda en la viñeta impagable de Quino a propósito de la expresión "trabajar para ganarse uno la vida": Pero ¿por qué esa vida que uno se gana tiene que desperdiciarla en trabajar para ganarse la vida?

1 comentario:

  1. Le preguntaron a Rockefeler, el hombre más rico de su tiempo: - ¿Cuánto dinero es suficiente?
    - Siempre un poco más, dijo.

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