jueves, 15 de octubre de 2026

Y abreviando un poco más

 La ideología científica, la nueva fe laica, ha venido a sustituir religiosamente a la vieja teología, renovando el repertorio de creencias y artículos de fe. 

La idea de progreso, como todas las ideas, no deja de ser una ficción más que nos permite avanzar hacia ninguna parte a un ritmo progresivamente acelerado. 
 

Una fuerza diabólica nos empuja a querer ser "alguien" con un nombre propio que sea recordado el día de mañana huyendo de la fosa común del bendito anonimato. 

"Feliz el hombre que nada es", dijo el santón indio tras disolver la orden que presidía, renunciando a su magisterio y a ser gurú de un nuevo credo religioso. 

Mas que labrarnos una personalidad propia deberíamos desarticular la que tenemos, dejar caer máscara y persona, y desaparecer detrás como por arte de la magia. 
 

¿Quién crees que eres? ¿Te crees alguien? Puedes identificarte, si quieres, con cualquiera, contigo mismo, por ejemplo, pero esa no es tu verdadera identidad. 
-¿Cuál es tu nombre? -Nadie.

-¿Cual es tu nombre? preguntó Polifemo. -Nadie, respondió Odiseo, con una argucia que planteaba el problema ontológico de la identidad personal e individual.

 
Si has dejado de creer en los dogmas de la vieja religión y vuelto un descreído, no te preocupes, la Ciencia enseguida te ofrece otros nuevos artículos de fe.

En el momento en que una idea se apodera de nosotros, se enquista y se convierte en idea fija, obsesión y tumor cerebral que roza el vecino país de la locura. 

La ideología científica exige, como antaño la teología, que tengamos fe, fe en la ciencia que nos deparará un futuro mejor gracias a los avances tecnológicos. 


La ecología se ha convertido en una religión con sus propios dogmas y promesas de salvación de los nuevos creyentes ante la amenaza del cataclismo del planeta. 

Si el pueblo es soberano, como sentencian y reiteran ad nauseam los demócratas, ¿sobre quién ejerce el poder? ¿Sobre sí mismo? ¿Cómo se entiende ese sinsentido? 

El objetivo de la democracia parlamentaria formal, basada en el sufragio universal y elección de representantes, es evitar la democracia auténtica: la acracia. 

Los pocos pero verdaderos gozos de la vida no vienen de arriba, sino de abajo, de lo desconocido y lo que no tiene nombre, y nos hacen cerrar los ojos y soñar. 




En cuanto accedemos por vez primera al eufemismo del "mundo del trabajo", propiamente mercado laboral, nos convertimos en mercancías que se compran y se venden. 

La necesidad imperiosa de ganarse uno la vida es lo que echa nuestra vida a perder, convirtiéndola en mercaduría y en dinero que nos cosifica y despersonaliza. 

La supresión del latín en la enseñanza porque no sirve para nada es un insulto a la inteligencia; habría que suprimirlo solamente si fuera de alguna utilidad.
 
¡Ultraje a la bandera? No rendirle reverencias a una bandera no es hacerle ningún agravio; el que haya banderas, ese es el genuino ultraje de lesa humanidad.

El lema nazi “el trabajo te libera” ha sido sustituido por “el trabajo te realiza”, es decir, te cosifica: trabajando te realizas, no te liberas del trabajo.

Mantenga la distancia de seguridad, leído en la farmacia sobre línea roja en el suelo, es la nueva versión sanitaria del viejo y mojigato Guarde las distancias.

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