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domingo, 7 de diciembre de 2025

Micropoemas

 Las cosas hablan / con el lenguaje mudo / de lo que callan. 
 
Se ha enfurecido, / el vendaval del viento, / loco perdido.  
 
  Cerca te quemas / de la lumbre del fuego, / lejos te hielas.
 
Celda, vacante, / solo quiere una cosa: / un ocupante. 
 
 
   oOo 
 
Ahora mismo tiene que ser: aquí / y ahora. No hay futuro: solo un reloj / que miente veinticuatro horas / y un calendario que nos imponen. 
 
Te llamo a voz en grito y tu nombre es / un pájaro que vuela al olvido, allí / donde naufraga todo nombre / propio, en el mar del anonimato. 
 
 No sólo se me dio como espectador / gozar de la belleza, tomé además / en el banquete parte activa: / fui comensal y también pitanza. 
oOo 
 
Como flecha que ha disparado el arco, / vas corriendo, atleta veloz, en vano / cual Aquiles, el de los pies ligeros, tras la tortuga. 
 
Nunca alcanzarás a Quelone, atleta, / paso a paso va la tortuga lenta- / mente. Tú, por mucho que corras, siempre irás a la zaga. 

El caballo y el que a caballo monta / no son dos, sino una criatura sola: / nunca suman dos, sino uno solo a todo galope. 
 oOo 
 
 

 La jaula, vacía, / pidiendo a gritos está / un pájaro dentro. 
 
Otra navidad / vomitiva inunda ya / la puta ciudad. 
 
Lento, poco a poco, / salgo yo, el actor, haciendo / mutis por el foro.  
 
Centro comercial, / nada menos, nada más, / es el mundo actual. 
 
Ha perdido el viejo / la memoria, afloran, vagos, / vívidos, recuerdos.  
  oOo
  
Largo, ancho, y alto, / y una cuarta dimensión / que es el tiempo, y ya / hay un antes y un después / por delante y por detrás. 
 oOo
  

Viene galopando, / y nunca llega, / la Señora Inmortal de la Guadaña, / maldita sea.


-¿Qué quieres ser de mayor? -No quiero ser mayor.

jueves, 9 de febrero de 2023

Por tierras de Zamora

 Pasa el verano y vuela la tarde azul / en Puebla de Sanabria dejándonos / su estela de oro en la laguna /  y una cadencia de luz perfecta. 
 
Has vuelto al escenario de tu niñez, / la única y auténtica patria, que es / la infancia que añoramos siempre / desde que huimos del paraíso. 
 
Buscas el río y por la ribera vas, / siguiendo el curso a contracorriente, a ver / bajo los álamos las linfas /  en las que, niño, te zambullías. 
 
 
 Y allí, en la misma sombra, seguía aquel / remanso vivo de agua que te acogió / benévolo en su seno fluido / cientos de veces como una madre. 
 
El río, sin embargo, no es nunca igual /  ni el mismo que era: no ha conservado más /  que el nombre, habiendo ya pasado /  su agua, metáfora de otro río. 
 
Tampoco, amigo mío, tampoco tú / eres el mismo que se bañaba en él, /  aquel chaval de nueve años /  que iba a cazar a las eras grillos,

 
que al deslizar rocoso del tobogán /  gastaba la culera del pantalón / corto, y trepaba a la atalaya /  a horas de misa y de catequesis,
 
o iba el domingo al cine (cerrado está /  a cal y canto al público ya el salón), / a ver alguna inolvidable / vieja película de romanos. 
 
Vuela el verano. Atrás se quedaron ya / tu río y niño antiguos. ¡Al paso, adiós /  te dicen los recuerdos, novias /  y horas que no han de volver a verte! 
 
 
Mas como si estuviera esperándote, /  abierta estaba la biblioteca aún, / donde yacían, en silencio, /  códices viejos de pergamino; 
 
palabras olvidadas que alguna vez / tuvieron eco, versos arrítmicos /  como el reloj que se ha parado /  mientras prosigue su marcha el tiempo. 
 
Volviste a entrar en ella, con devoción /  rayana en una fascinación total, / a despojarla y saquearla / de su tesoro, el conocimiento, 
 
igual que el bárbaro que aprendió en latín / a declinar la rosa y a conjugar / el verbo amar, mientras las rosas / todas y amores se marchitaban.
 
  (Para José Roberto Carballés Leal)