La distancia interpersonal ya no será determinante para obligar al uso de la mascarilla, como al parecer era hasta ahora y no nos habíamos enterado muy bien... El Boletín Oracular del Estado (BOE) promulga una ley que obliga a llevar el tapabocas en cualquier espacio público, sin importar la distancia a la que uno se encuentre de sus congéneres.
Hasta ahora, en la vía pública o en los espacios al aire libre era obligatorio el uso de mascarilla si no se podía mantener una distancia mínima de un metro y medio con el resto de la humanidad, según la norma estatal, aunque las comunidades autónomas, más papistas que el papa, es decir que papá Estado, habían establecido exigencias más duras con sus propias excepciones que confirmaban la regla y que chocaban con la legalidad vigente de ámbito estatal.
El Ejecutivo ha hecho los deberes y se
ha puesto al día, actualizando su página güeb para incluir que el cubrebocas* es obligatorio “siempre”. Y eso quiere decir que
también en la playa, ahora que llega el buen tiempo. Y esto
significa que también en las playas nudistas donde se permite a los
naturistas tomar el sol in puris naturalibus, pero con la mascarilla puesta en su
sitio... Se convierte así esta prenda en un complemento playero
imprescindible junto con el traje de baño, las chanclas, las gafas
de sol, la sombrilla... y los arenales de las playas, por su parte, se convierten en quirófanos y clínicas donde cada toalla es una cama de hospital de campaña atiborradas de enfermos imaginarios con máscaras quirúrgicas, gracias al Estado Terapéutico que vela por nuestra óptima salud.
Si uno no se ahoga bañándose con el bozal reglamentario, es probable que este se deteriore y pierda su funcionalidad y se venga abajo por su propio peso, desprotegiéndonos a nosotros y a los demás, lo que acrecentará sin duda la incidencia de los contagios estivales. Uno se arriesga así, además, a que algún agente de policía que patrulle por allí para vigilar el cumplimiento de la legalidad vigente le proponga amablemente para una sanción...
NOTA BENE.- La docta Academia de la lengua aclara que "los términos tapaboca(s) y cubreboca(s), referidos a la mascarilla sanitaria, son igualmente válidos y se documentan en el español americano, con diversa preferencia según las áreas". Cubreboca(s) me parece a mí más políticamente correcto porque insiste en la cobertura protectora que supuestamente ofrece la prenda, mientras que tapaboca(s), más realista, aporta a la idea de "cubrir" la de cerrar lo que está descubierto o abierto. Además, la propia Academia recoge la locución verbal, de uso coloquial, "tapar la boca a alguien" y la define como "cohecharlo con dinero u otra cosa para que calle", y también "citarle un hecho o darle una razón tan concluyente que no tenga qué responder".
Dícese de una pareja que el verano pasado estando nadando en aguas marinas se tragó uno de ellos una mascarilla, asistido por el servicio de salvamento y recigiéndole tres muestras consecutivas para PCR a 85 CT no encontraron en sus vías respiratorias ni rastro del virus; a su vez, analizada en el laboratorio, la prenda vomitada arrojó una concentración considerable de secuencias de Sars-Cov-2 en la misma, de lo cual se deduce que el agua salada y los jugos gástricos del vómito desactivan el virus, de ahí que se haya propuesto, a las autoridades que administran esta pandemia, que hagan gárgaras diarias con agua salada e ingieran vomitivos para combatir la peligrosa epidemia de imbecilidad y panfilismo en tanto que tienen una secuencia parecida, la pena es que la mala intención y el sadismo ya se han convertido en endémicos en nuestras instancias económicas y políticas.
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