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sábado, 20 de junio de 2026

Escurribandas (2)

6.- De Madring al cielo. La bandera de España más grande del mundo, nuestra enseña nacional rojigualda, ondea ya en los madriles desde el martes pasado con sus treintayséis por setentaydós metros cuadrados -¡a ver quién la tiene más grande!- para el evento de la Fórmula Uno que se prepara para el mes de septiembre en la capital de las Españas. Han sacado hasta un eslogan: De Madring al cielo. Madrid se convertirá, si Dios (o nadie, que es lo mismo) no lo remedia, en el anillo loco donde los coches de carreras dan vueltas sin cesar, las modernas cuadrigas de los romanos, después de que trascurra el mes de agosto. Previamente La Comunidad de Madrid ha tenido que desviar la vía pecuaria que ponía en peligro la celebración del Gran Premio, no fuera a ser que algún rebaño de ovejas se inmiscuyera en el circuito e impidiera la celebración del magno evento, el tercero de este año, después de la visita del santo padre y la del cantante-rapero que se hace llamar en la lengua del Imperio El Conejito Malo. 
 
7.- Nomofobia (No es lo que puede parecer porque no es un helenismo, sino un auténtico barbarismo por no decir una barbaridad) Me acabo de enterar de que existe una nueva fobia: la nomofobia, una aberración lingüística procedente del barbarismo anglosajón "no-mobile-phone phobia", una joya: el miedo irracional o la ansiedad intensa que experimenta una persona -es decir, un usuario- al estar separado de su apéndice móvil o al no poder utilizarlo y ser utilizado por él porque se lo ha olvidado al salir de casa, porque lo ha perdido o se lo han robado, o se ha quedado sin batería y sin telecomunicación posible... Un trastorno vinculado a la dependencia digital, es decir, a que el usuario no puede prescindir del dispositivo celular que lo utiliza. Y yo, echando mano de mis conocimientos de griego y en mi inocencia, creía que se trataba del miedo irracional a la ley, dura lex sed lexnomos en la lengua de Homero.
 
8.- Otra de Tute: Quizá esa sea una de las frases más lúcidas que puede pronunciar alguien en el diván del psicoanálisis o en cualquier otra coyuntura después de haberse puesto la zancadilla a sí mismo. No porque anuncie una catástrofe, sino porque reconoce que el principal obstáculo para su felicidad no viene de afuera, sino de él mismo. Me recuerda a aquella historia del nómada que encontró una lámpara maravillosa, la frotó, salió un genio benévolo de su interior y le dijo: Pídeme un deseo. Y su deseo fue: Haz que desaparezca lo que no me deja ser feliz. Y el genio dijo: Dicho y hecho. E hizo desaparecer al individuo porque él mismo y no otro era su mayor peligro. La búsqueda infructuosa de la felicidad no le dejaba ser feliz o un poco dichoso por lo menos.   

 9.- Una de Toso Borkovic. Esta viñeta, titulada "Madman", o sea loco en la lengua del Imperio, y creada por Toso Borkovic representa satíricamente, dice la IA, a un líder incompetente conduciendo a sus seguidores a ciegas. La obra aborda temas como el liderazgo, la incompetencia y la ceguera de los fólogüers atuendados con uniformes napoleónicos. Pero es mucho más que eso: hay dos loqueros que se llevan al loco, es decir, a alguien que se cree Napoleón Bonaparte. Es un estereotipo este del “loco que se cree Napoleón”. Cuando se fundaron los primeros manicomios u hospitales psiquiátricos en los siglos XIX y XX, Napoleón era el personaje histórico más famoso del mundo. Era normal que quien experimentara delirios de grandeza tomara como referente al emperador que se coronó a sí mismo, arquetipo que se presentaba con un bicornio y la mano metida en el chaleco. Si había locos que creían que eran Napoleón, ¿quién se creía Napoleón Bonaparte que era? Seguro que también él creyó que era el que era, y se soñó Napoleón.  
 
10.- Gobiernos renovables. Un nuevo primer ministro recién coronado democráticamente por los votos de sus compatriotas afirma lo siguiente: «El final de un poder llega cuando la gente empieza a reírse de él». El poder subversivo de la risa, en efecto, puede enfrentarse a la seriedad del Poder, cuestionarlo y hacer que caiga. El problema es que, como se ve en este caso, cuando finaliza el mandato de un primer ministro enseguida lo sustituye otro con toda la seriedad del mundo. Esta viñeta de El Roto no muy afortunada -no se puede ser sublime todos los días- nos lo recuerda: No es una reivindicación popular. Los gobiernos, desgraciadamente, son renovables: se renuevan de forma que siempre haya gobierno: a rey muerto, rey puesto.
  

lunes, 17 de junio de 2024

Pareceres LI

246.- El horror de llegar. El viaje ha sido devorado por el turismo vacacional organizado y por esa curiosa actualización de la peregrinación de los clerici uagantes que es hoy el programa universitario Erasmus -que los estudiantes denominan jocosamente Orgasmus-, y es una auténtica fragua de homologación. En ese sentido, el turismo es la parodia moderna del viaje romántico. Si el sentido de aquel era el descubrimiento y el encuentro con lo diferente a fin de superar el miedo a lo desconocido,  en el mundo globalizado de hoy lo que uno encuentra en su destino turístico es lo mismo que tiene y que le espera a la vuelta de la esquina, lo que hace que el desplazamiento como tal carezca de ese sentido primigenio de descubrimiento de lo otro. Habría que desafiar antes la homologación cultural de la globalización que padecemos para que el desplazamiento tuviera algún sentido. En un mundo que se ha empequeñecido enormemente, el pensamiento, sin embargo, sigue invitándonos a ir lejos, a deambular por caminos poco trillados que pocos tienen el valor de recorrer. Sin metas, sin destinos. Citando a Machado: “¡Ay del noble peregrino / que se para a meditar / después del largo camino / en el horror de llegar!”. 
 
247.- Papel higiénico. Una vez decretado el Estado de Alarma, el papel higiénico fue lo primero que desapareció de las estanterías de los supermercados: la población tenía pánico a perder el control de sus esfínteres anales y uretrales, y a ensuciarse haciéndoselo encima, como suele decirse. El acaparamiento del papel higiénico es una regresión inconsciente a nuestra más temprana edad, la etapa anal, según diría el doctor de Viena don Segismundo Freud, que aseguró que los seres humanos equiparamos inconscientemente las heces con el oro o el dinero. En "Sobre las transformaciones del instinto como se ejemplifica en el erotismo anal", el padre del psicoanálisis escribió: Dado que sus heces son su primer regalo, el niño transfiere fácilmente su interés de esa sustancia al nuevo que él encuentra como el regalo más valioso en la vida. Pero la sociedad adulta le dice al niño que "eso" que él produce y que a él le interesa porque es producto suyo, es "caca", algo que no se come, que no se toca, que huele mal, algo que es una función fisiológica, natural, pero de la que uno debe avergonzarse: caca, nene. Eso no se hace. Y el niño renuncia a su don, aprende que hay que limpiarse el culo, y no sólo eso, sino que hay que controlar la producción de heces, que defecar no es un acto placentero que se pueda hacer en público, sino privado, y la mierda no es un tesoro que ofrecer, sino algo de lo que hay que avergonzarse. 
 
 
248.-Realidad y realeza del dinero. Hasta que a comienzos del siglo XXI, en 2002 se impuso el euro sustituyendo a la peseta, se oía en castellano la expresión de que algo no valía "ni dos reales" o que no valía "ni cuatro cuartos" para dar a entender que valía muy poco. 'Cuarto' era el nombre de una vieja moneda española, que se acuñó entre los siglos XIV y XV, que equivalía a cuatro maravedíes, siendo ocho cuartos y medio el valor del real, la otra vieja moneda. El nombre de la moneda "real", como el Real Decreto Ley, deriva de la palabra latina regalem, adjetivo formado sobre el sustantivo rex regis que era el nombre del rey. Por eso a una moneda, acuñada con la imagen del rey, se la llamó real. Resulta curioso cómo en castellano se confundieron enseguida regalem ('relativo al rey') y realem ('relativo a la cosa'), de res rei 'cosa', pero no era lo mismo una boda real, en el sentido de no ficticia o no imaginaria, que una boda del rey. Pero la polisemia del adjetivo, que se deshace en el sustantivo abstracto, en un caso 'realeza' y en otro 'realidad', nos sugiere que el dinero -representado en la moneda acuñada con el rostro regio del monarca- es lo que da realidad a las cosas, nombre e identidad, y precio, por lo tanto, idealizándolas.
Imágenes reales: del rey (delante) y de la realidad (detrás)  

249.- Teatrocracia e hipocresía. Los griegos llamaron al actor “hypokrités”; palabra que subsiste curiosamente en nuestra lengua como reproche que se le hace a alguien por su falsía bajo la forma “hipócrita”: el que actúa y no precisamente en un escenario, es decir, el mal actor, que desempeña  su papel en las tablas del poco noble teatro de la vida cotidiana. El divino Platón, por su parte, inventó la palabra “teatrocracia” que podría recobrar vida e importancia en este mundo nuestro contemporáneo que fue descrito como “sociedad del espectáculo” (Guy Débord). La teatrocracia correspondería a este estado de degeneración de la democracia, esa superstición tan difundida, ese abuso de la estadística. como dictaminó Borges, en el que gobernaría la mayoría, que nunca totalidad, del público. Es el gobierno de las masas, de la chusma, dicho con todo el poder despectivo de esta última palabra. No el gobierno del pueblo, porque el pueblo, la gente, no es una masa de individuos y cada individuo un voto, como pretenden los políticos que sea para que sea sólo eso y nada más que eso, sino algo vivo y palpitante, que está, a poco que se le deje hablar y se le preste oídos a lo que dice, diciendo siempre que no a todas las imposiciones que sobre él se fundamentan, y, en concreto, a la tragicomedia de la realidad. 
 
 
250- Reírse de Dios (y de todo dios). El obispo de Roma ha dicho en un encuentro celebrado en el Vaticano con más de un centenar de humoristas y comediantes de todo el planeta que le gusta rezar cada día y lo hace con la oración de Santo Tomás Moro: “Dame, Señor, sentido del humor”. Les dice a los cómicos que cuando hacen que alguien sonría, hacen también sonreír a Dios. Resulta sin embargo un poco difícil entender cómo puede alguien hacer sonreír a Dios, ese señor tan serio. Y reparte, como si fueran hostias consagradas, los siguientes tópicos sobre lo buena que es la risa del humor, que nunca es contra alguien, sino que siempre es inclusiva, proactiva, que despierta apertura mental, simpatía, empatía. ¿Podemos “reírnos también de Dios”? Por supuesto, afirma, y esto no es una blasfemia, podemos reírnos, mientras jugamos y bromeamos con las personas que amamos. Se puede hacer, pero sin ofender los sentimientos religiosos de nadie. ¿Cómo reírse de Dios sin ofender los sentimientos religiosos? Se pueden denunciar los abusos de poder... con una sonrisa. Podemos, pues, reírnos de Dios y de todo dios, incluido el vicario de Cristo, al que tanto le preocupa la inteligencia artificial que deforma sus imágenes.