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domingo, 21 de junio de 2026

Verano

    Hoy 21 de junio del año del Señor de 2026 empieza el verano en el hemisferio norte del planeta (y el invierno en el hemisferio sur) a las 10 horas y 24 minutos según horario oficial peninsular y cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, que terminará el 23 de septiembre con el adviento del otoño. 
 
Noche de Verano, Van Gogh (1888)
 
    Para celebrar su llegada leamos el soneto más breve que se haya escrito en castellano, debido a la pluma de Manuel Machado, que se titula precisamente Verano y está compuesto por catorce versos trisílabos con sus rimas consonánticas correspondientes: Frutales / cargados. / Dorados / trigales... //  Cristales / ahumados. / Quemados / jarales...  // Umbría / sequía, / solano...  // Paleta / completa: / verano.  
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    Podríamos decir que que con el estío comienza el buen tiempo, pero no nos engañemos: no es bueno el buen tiempo ni el sol tampoco lo es, aunque sea fuente de energías renovables, porque puede producirnos una insolación y achicharrarnos: hay que protegerse de él. Una ministra sanitaria del gobierno, de la que dimos cuenta en Otra vez la mascarada,  nos lo recuerda, aunque hay quien ha criticado que se siente, como una quinceañera, en el respaldo de un banco haciendo manspreading sin bajar los pies calzados de donde van a sentarse luego otras personas, lo que resulta poco o nada higiénico: Esta es la perorata de la ministra gesticulante hasta la saciedad:
 
 -¿Calor, eh? ¡Pues prepárate para lo que viene! Empieza la primera ola de calor en España y sabemos que el calor extremo es malo para la salud y puede llegar a ser mortal. (Ya está dicho todo desde el principio: Esto no es nada comparado con los sofocos que van a venir. Empieza la primera ola de calor de la canícula, y el calor, que puede ser extremo, es malo para la salud y puede llegar a matarnos).
 
-Cada verano mueren en nuestro país entre 2.000 y 5000 personas debido al calor. Esto es entre dos y tres veces más que las muertes por accidente de tráfico. (Ahí está el dato estadístico que lo corrobora y certifica. Más muertos por el calor extremo que por el tráfico en nuestras carreteras. Pero el dato es rotundamente falso. La ministra miente. Una cosa son las muertes asociadas al calor y otra muy distinta las provocadas por el calor. Muchas personas mueren de resultas de un accidente de tráfico. Es el accidente (colisión o atropello) lo que provoca su muerte, no las patologías previas que puedan tener agravadas por el calor como en el caso que nos ocupa. Muchos pueden haber comido un pincho de tortilla de patata y morir después, pero de ahí no se puede concluir que la tortilla de patata mate, con cebolla o sin ella. No hay, además, ni un solo certificado de defunción firmado por un médico que avale que alguien ha muerto por un golpe de calor). 
 
 
 -Las personas mayores, los enfermos crónicos, las personas con menos renta y peores viviendas son las que tienen un mayor riesgo. (Ojo al mensaje: No es lo mismo para todos porque todavía hay, parece mentira, clases (sociales). Las personas que gozan de buen estado de salud y tienen renta alta y mejores viviendas no tienen riesgo de morir por la llegada del cálido verano. Son los parias de la tierra, famélica legión, los vulnerables). 
 
-Pero ¿cómo podemos protegernos del calor? Lo más importante son tres cosas: agua, sombra y fresco. (Aquí viene la receta mágica. Nos trata como si fuéramos tontos, haciéndonos así ser y parecer más tontos de lo que somos con el trato. Y nos lo está llamando a la cara descaradamente).
 
-Bebe agua a menudo, lleva siempre contigo una botella de agua, acuérdate de beber y recuérdaselo a los demás. (No basta con llevar siempre una botella de agua (o un botijo, que es mejor invento, porque conserva el agüita fresca), hay que acordarse de beber uno y recordárselo a los demás, como si padeciéramos el mal de Alzheimer y se nos olvidara lo más elemental).
 
 
 
-Busca siempre la sombra o espacios cubiertos. Evita ponerte al sol en las horas de más calor. Y si tienes que hacerlo, ponte siempre un sombrero, una gorra y protección solar. (Pocos árboles vas a encontrar en la ciudad. Por lo demás, de siempre se ha hecho en España. Y las horas de más calor han sido tradicionalmente las horas de la siesta. Y la gente solo salía de casa con la fresca o muy de madrugada o al caer de la tarde. Lo de la protección solar no sé si alude a una sombrilla o, más bien, a una sustancia cremosa que protege la piel de los rayos perjudiciales ultravioletas del sol).
 
-Si hace mucho calor y no tienes aire en casa, mójate con agua fría, busca una piscina pública o acude a algún refugio climático. (Lo de ponerse a remojo siempre ha sido muy socorrido en verano. La novedad es el eufemismo, prodigio de la neolengua orgüeliana, del “refugio climático” que supongo alude a la sombra de algún árbol. Le faltó decir a la ministra que no se nos olvide respirar, y qué ropa debemos ponernos o quitarnos y si nos conviene una rebequita para la fresca de la tarde, por si acaso). 
 
-Y si tienes aire acondicionado, invita a amigos y familiares que puedan necesitarlo porque protegernos del calor es cosa de todos y todas. (Comparte el aire acondicionado, si lo tienes, con los (y las) que no lo tengan y puedan necesitarlo. Y, si no, haz como la señora ministra y abanícate, y abanica de paso a quien tengas al lado y no pueda hacerlo o carezca de ventalle). 
 
-Por último, sigue los avisos de 'meteosalud-punto-es'. Y si estás cansado o febril, empiezas a tener dolor de cabeza, náuseas o calambres, puedes estar teniendo un golpe de calor. Protégete y llama al Uno-Uno-Dos. (Puedes estar sufriendo un golpe de calor y ser asintomático, así que, ante la menor duda, no lo dudes. Llama al Uno-Uno-Dos, que es el número de teléfono de asistencia ante cualquier emergencia del tiempo que sea) 
 
 
-El calor mata y el cambio climático mata. Refréscate, hidrátate y protégete. (No olvides el dogma de fe: El calor mata y el recalentamiento que deriva del cambio climático mata. Así que, si no lo sabías, la ministra de sanidad te lo dice y lo recuerda antes de que empiecen a aparecer los incendios forestales veraniegos producidos por el calor extremo y el cambio climático. En todo caso, hay que agradecerle a su señoría esos consejos imprescindibles que nos ha dado y que nos permitirán llegar sanos y salvos al invierno, que también mata con sus olas de frío extremo; pero ese es otro cuento que ahora no viene a cuento). 

jueves, 7 de agosto de 2025

España está que arde (I)

    España está que arde, pero no se quema todavía pese al riesgo extremo (sic) de inflamación que lanza apocalíptica la Dirección General de Tráfico e ilustra con la cerilla encendida de un fósforo que amenaza a un árbol que representa al bosque que se abrasa-, y lo dice también en la lengua del Imperio para que lo entiendan los turistas extranjeros que nos visitan: extreme fire hazard

 

      La Iglesia de la Climatología nos amenaza ahora, a través de sus supremos sacerdotes y los expertos de la Agencia Estatal de Meteorología y la DGT, con los incendios forestales, es decir, con el infierno aquí y ahora, sin esperar a la hora de nuestra muerte.

    Las elevadas temperaturas, que más que altas alcanzan ya el calificativo hiperbólico de extremas y de excesivas, tienen cada vez una mayor incidencia negativa en nuestras vidas cotidianas. 

    Pero no solo eso. Según publica, valga la redundancia, Público, el periódico digital afín a la Moncloa, en su sección de Ciencia vulgarizada: Con el calor extremo pensamos peor, que ya es lo que nos faltaba. Y no solo porque, según ha demostrado un estudio de la Universidad de Pensilvania, el calor afecta al rendimiento académico y porque cuanto más calurosos hayan sido los días previos a los exámenes finales, peores son las calificaciones, sino porque, según indican otros más recientes estudios revisados por pares, el calor excesivo impacta directamente en el rendimiento del cerebro por lo que podría llegar a lo que nos faltaba, agilipollarnos, dicho vulgarmente, y freírnos literalmente la sesera.

   El calor extremo que se cierne sobre nosotros pone a toda la península en grave peligro de incendio forestal. Parece que Portugal, según el mapa adjunto, se libra de la quema. El detalle les ha pasado desapercibido a los ilustradores.

  

    ¿Qué vienen a decirnos los predicadores evangélicos de la Iglesia de la Climatología  que es la Agencia Estatal de Meteorología con sus sombrías predicciones de futuro? Que la ola de calor genera las condiciones meteorológicas 'ideales' -idóneas más bien- para la propagación de las llamas, un fenómeno cada vez más frecuente y que cada vez va a ir a peor debido al calentamiento global fruto del efecto invernadero que genera el cambio climático que produce la actividad humana irresponsable. 

    Los sumos sacerdotes, que son los expertos, nos exigen creer ciegamente, so pena de excomulgarnos en caso contrario, en el dogma de fe del cambio climático antropogénico que nos amenaza ahora mismo con el infierno aquí en la Tierra de los incendios forestales. Dicho dogma, que no puede ponerse en duda a pesar de no haber pruebas fehacientes de él, es que nuestras emisiones de dióxido de carbono provocan el cambio climático.

    Ya el Secretario General de la ONU pontificó en su día que habíamos pasado de la era del Calentamiento Global a la Ebullición Global, por lo que ya estábamos hirviendo en las calderas de Pedro Botero, es decir, en el mismísimo infierno. Solo si abandonamos la pecaminosa senda de la incredulidad y abrazamos la virtuosa de dejar de emitir emisiones de CO2 a la atmósfera podemos hacer algo acaso para redimirnos nosotros y salvar el planeta. 

    Además, como decía un tertuliano de la emisora progresista SER en un alarde sociológico del problema, todavía hay clases sociales en esto del cambio climático, y las olas de calor no golpean lo mismo a los ricos que a los desfavorecidos de la fortuna, porque las clases pudientes, como el término indica, pueden combatirlas con aire acondicionado, mientras que las bajas no pueden permitírselo económicamente o solo pueden acondicionar el aire, como suele decirse, a condición de menear compulsivamente a uno y otro lado el abanico. ¡Vaya descubrimiento de las Américas! Lo mismo sucede, claro está, con las olas de frío polar del invierno: Quien se lo puede permitir económicamente pone el termostato de la calefacción bien alto, y quien no, pues se calienta, si puede, como puede a falta de calefacción y termostato.  

   

Mujer abanicándose durante una ola de calor 

     El caso es que España está que arde, como todos los veranos, pero no se quema todavía, como decíamos al principio, porque España es una idea, y como todas las ideas -de ideas se trata cuando hablamos de cosas como esta de España- es incombustible, es decir, muy difícil que se queme por mucho que arda.