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martes, 21 de julio de 2026

Memes cartesianos

Unos versos de Antonio Machado, concretamente de uno de sus Proverbios y cantares, dicen así: Ya hubo quien pensó: / «Cogito, ergo non sum». / ¡Qué exageración!” Machado juega irónicamente con el famoso cogito cartesiano ('Cogito, ergo sum' «Pienso, luego existo») cambiando la conclusión: «Pienso, luego no existo». El tercer verso —«¡Qué exageración!»— introduce una distancia humorística respecto a esa inversión radical.
 
  
Es un ejemplo característico del fino humor filosófico de Machado: tres versos bastan para poner en solfa uno de los principios fundamentales de la filosofía moderna. Pero ese ¡qué exageración! no es una refutación sino la herida abierta de una verdad más profunda, como sugiere Agustín García Calvo en ¿Qué es lo que pasa? (Edit. Lucina 2006, pag.  115), porque mientras uno está pensando o hablando no dice que está hablando o pensado: simplemente lo está haciendo. Cuando dice que está pensando o hablando, interpone la barrera reflexiva del lenguaje entre lo que hace y lo que dice que hace, que no es lo mismo. 

Cuando pienso, no hay que suponer que sea un «yo» real el que piensa. Hay pensamiento, y el «yo» que dice «yo pienso» es un pronombre que pretende convertirse en nombre propio del que piensa; pretende, por tanto, convertir en un ente real y existente al hablante. Pero quien piensa o habla de las cosas no puede ser, al mismo tiempo y en el mismo sentido, una cosa más de aquellas de las que habla. Por eso, si «existir» significa ser un ente determinado dentro de la realidad, el que piensa no existe como tal ente. Y cuando el yo intenta pensarse a sí mismo, el yo pensado se convierte en una imagen, una representación, algo de lo que se habla: el yo que piensa no puede ser enteramente el yo pensado, ni el yo pensado puede ser el acto mismo de pensar.

Cogito, ergo non sum: pienso, luego no soy una cosa de la realidad. Si pienso, no soy una cosa: porque las cosas son aquello de lo que se habla, y el que habla no puede ser, mientras habla, una cosa más de aquello de lo que habla.

Lo que no puede decirse tampoco es lo contrario del célebre lema cartesiano, que sería: sum, ergo cogito, es decir: 'Existo, luego pienso', porque de hecho, algo que descubrió Descartes y cualquiera de nosotros descubre, la existencia no es ninguna prueba de pensamiento, sino más bien al contrario: sum, ergo non cogito. La inmensa mayoría democrática de la gente existe pero no piensa. También podemos aplicarnos el cuento a nosotros mismos en singular: la mayoría de uno mismo existe, sea esto lo que sea, pero no piensa.
 
  
    René Descarte en 1637 escribió en francés el Discurso del método, en el que aparece por primera vez la formulación: Je pense, donc je suis («Pienso, luego soy»), como una verdad firme y segura, algo que escaparía de la duda metódica. Más tarde en 1641 en las Meditaciones, utiliza la fórmula, escrita en latín, “Ego sum, ego existo” («Yo soy, yo existo»), equiparando, en la jerga filosófica, la esencia y la existencia, para lo que recurre a un verbo existo (en realidad ex-sisto), que en latín clásico significaba otra cosa (surgir, salir de, nacer, manifestarse, mostrarse). Según el diccionario latino de Félix Gaffiot adquiriría en escritores tardíos como Lactancio (s. III-IV de la era cristiana), el significado moderno de existir, y cita como ejemplo, pero no está muy clara esta atribución tan temprana, una plegaria que aparece en Sobre la muerte de los perseguidores ('De mortibus persecutorum', 46, 6), que puede leerse, sin necesidad de traducción al castellano: Summe Deus, te rogamus, sancte Deus, te rogamus. Omnem iustitiam tibi commendamus, salutem nostram tibi commendamus, imperium nostrum tibi commendamus. Per te vivimus, per te victores et felices existimus, donde parece que ya se da la equivalencia sumus=existimus, con el atributo de victores et felices. 
 
Será después en 1644, cuando aparezca, en los Principios de la filosofía, publicados en latín, la célebre formulación: Cogito, ergo sum. Se ha interpretado esta fórmula como un silogismo: yo pienso; todo el que piensa existe; luego yo existo"), en el que el mismo acto de pensar hace evidente la existencia del pensador.  
   
 
Oscar Wilde en su The Soul of Man Under Socialism ('El alma del hombre bajo el socialismo'), publicado por primera vez en 1891, escribe: «Con la abolición de la propiedad privada tendremos un individualismo verdadero, hermoso y sano. Nadie desperdiciará su vida acumulando cosas y los símbolos de las cosas. Se vivirá. Vivir es la cosa más rara del mundo. La mayoría de la gente existe, eso es todo». Insiste en esta idea en De Profundis, la larga carta que Wilde escribió en la prisión de Reading entre 1897 y 1898, publicada póstumamente en 1905: «La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro; sus vidas, una imitación (o un plagio); sus pasiones, una cita (un eslogan)». 
 
Concluyamos con aquellos versos del largo poema Réquiem por los filósofos (155-169) de Daniel Lima:   

¡No pienso, luego existo, señor Descartes!
O, más cierto que eso, que no es cierto,
pienso, luego no existo, luego, pienso apenas;
luego pienso que pienso, pero no pienso
ni existo;
luego no vivo, luego soy idiota,
un puro intelectual impuro
que, pensando que piensa, el gran tonto
“pensamienta”
la vida y va dejando
dentro de ella también un pensamiento
cartesiano y puro y estéril pensamiento
que pudre el pensar y la vida misma.
Pienso que usted es un idiota, luego existe.
Y luego no existe, señor Descartes.
¡Que le den!

domingo, 7 de marzo de 2021

Cogito, ergo sum

Cogito ergo sum es la versión latina de la frase de Descartes Je pense, donc je suis, que suele traducirse al castellano por “Pienso, luego existo”, pero ni en francés ni en latín se utiliza el verbo existir, por lo que es mejor traducción: “Pienso, luego (es decir, por lo tanto) soy”. Pero la frase queda coja entonces, porque soy... ¿qué? Necesito un predicado nominal, ser algo, por ejemplo “el que está pensando”: Estoy pensando luego soy el que está pensando, con lo cual incurro en una tautología, y no es eso lo que quería decir Descartes. 

La intención cartesiana iba más bien por la traducción española del “sum” por existo, es decir: Estoy pensando luego existo, que es un verbo que ya no es copulativo, sino que tiene un sentido pleno, viene a ser algo así como: soy real, soy alguien, soy el que soy, estoy dentro de la realidad.

Esta célebre frase es en el pensamiento cartesiano la primera indudable certeza racional. El pensamiento de Descartes, en el que la certidumbre del cogito y del sum surge de la duda metódica, está muy bien sintetizado en la variante: dubito ergo sum, uel quod item est, cogito ergo sum (dudo, luego soy, o lo que es lo mismo, pienso luego soy). 

Para Descartes la duda es el principio de la sabiduría. Como dice el refrán popular: “el que no duda no sabe cosa alguna”. Y es que Cartesio escribe: pendant que je voulais ainsi penser que tout était faux, il fallait nécessairement que moi qui le pensais fusse quelque chose (mientras que yo quería pensar así que todo era falso, era preciso necesariamente que yo que lo pensaba fuese algo). Y es entonces cuando formula su je pense donc je suis como el primer principio de la filosofía que buscaba.

Corrección: Sí: Me dejan existir. Es lo único que me dejan, lo que no me dejan es vivir.

Algo sin embargo nos dice que el sum, la existencia, el ser, no puede deducirse del hecho de pensar, del cogito, si no existe previamente antes de formular su certeza existencial. Detrás del cogito inicial hay un ego, explícito o no, es decir, una primera persona del singular, en términos gramaticales, que está diciendo “yo, que soy el que habla” digo que “yo -que soy el sujeto de la frase, es decir, el objeto de mi pensamiento, o sea, la idea que tengo de mí mismo- pienso, estoy pensando”. Da igual lo que predique de ese ego. Puedo decir dubito, ergo sum; credo, ergo sum... Cualquier predicación.

Se notaría mejor esto que trato de decir, si recurrimos a la tercera persona, a la no-persona, es decir, la que no es ni el hablante ni el oyente, sino el objeto de su discurso, y decimos COGITAT, ERGO EST. Que hay que interpretar así: Yo, que soy el hablante metalingüístico y que por lo tanto estoy fuera de la realidad, digo que alguien está pensando (o dudando, o creyendo o haciendo cualquier otra cosa que se le antoje), por lo tanto ese alguien existe, es alguien en la realidad, porque yo que, como hablante estoy fuera de ella, doy cuenta de ella, la configuro, la creo con el acto de hablar: soy su demiurgo, y he metido a ese alguien dentro de ella mencionándolo. 

Pero no digamos, como dice la pintada anónima en la pared: PIENSO... LUEGO NO ME DEJAN EXISTIR. Hay que corregirla: PIENSO... LUEGO ME DEJAN EXISTIR, DE HECHO ES LO ÚNICO QUE SE ME PERMITE COMO A TODO HIJO DE VECINO Y QUE YO MISMO ME PERMITO, LO QUE NO ME DEJAMOS ES... VIVIR.