domingo, 13 de septiembre de 2026

Pareceres CXXIV

610.- Oír y escuchar. ¿Quién es hoy realmente capaz de escuchar al prójimo, es decir, al próximo, al que tiene al lado, aparte del sacerdote antaño en el confesonario o del psicagogo hogaño o psicoterapeuta? Si una persona necesita desahogarse y soltarse la faja que lo oprime, se encuentra con interlocutores que, en lugar de escucharle, se limitan, en el mejor de los casos, a oírle como el que oye llover, esperando el momento de meter baza y soltar su opinión en su turno de palabra. Esto ocurre porque la mayoría somos oyentes y no escuchantes, porque escuchar de verdad es un acto de renuncia, significa dejar de lado la propia opinión personal y posición, y guardar silencio prestando oídos no para intervenir sino para acoger lo que el otro está diciendo, sin preparar ya, mientras aún habla, la réplica anecdótica que demostrará lo ingenioso que es uno, lo mucho que ha vivido y la experiencia que tiene de la vida. Cuando escuchamos, suspendemos temporalmente nuestra necesidad de protagonismo, juicio y respuesta inmediata para otorgarle el centro de gravedad a la otra persona que nos cuenta sus problemas. ¿Cuánta gente es capaz de hacerlo? Muy pocas personas, así que al final quien necesita desahogarse acaba pagando a psicoterapeutas y psicagogos varios, ya sea presencialmente o, último modelo de la medicina, onláin, a través del teléfono supuestamente inteligente o de la supuesta Inteligencia Artificial, solo por la necesidad de... que alguien nos escuche. Y uno saca la tarjeta para pagar por que lo escuchen, delegando en los “especialistas” cuando bastaría con tomarse un café con un amigo que no se limite a oír lo que le cuentan. 
  
611.- Descubriendo el Mediterráneo. “El calor extremo aumenta la desigualdad: a menor renta, menor refrigeración” Titular de un periódico progresista independiente de los grandes grupos económicos, democrático, descentralizado y colectivo, que aún publica en papel, aunque tiene su versión onláin, en el que escriben, dicen, analizando. Y citan un estudio que relaciona el poder adquisitivo con las necesidades de instalar sistemas de refrigeración. Un hogar de renta alta tiene muchas más probabilidades de tener aire acondicionado que uno de renta baja. El análisis que hace es reversible, habida cuenta del cambio climático, y aplicable al crudísimo invierno. Podrían sin duda citar en apoyo de su concienzudo análisis algún estudio académico que relacione el poder adquisitivo con las necesidades de instalar sistemas de calefacción, dado que el frío extremo aumenta la desigualdad social: a menor renta, menos calefacción. Un hogar de renta alta tiene indudablemente muchas más probabilidades -suelo radiante, calefacción central de aerotermia, geotermia, caldera tradicional de gas o de gasóleo, radiadores eléctricos...-, de tener un sistema de calefacción que uno de renta baja, porque todo depende del dinero que se tenga. 
 
 
612- Videovigilancia vandálica ojo avizor. Los municipios de la comunidad autónoma de Cantabria creen haber encontrado la solución mágica que pondrá freno al vandalismo desatado. Hartos de gamberros, grafiteros pintamonas y ladrones de poca monta han hecho realidad lo que Órgüel relató en su celebérrima novela , el ojo omnividente del Gran Hermano. Los ayuntamientos apuestan cada vez más por la instalación de cámaras de videovigilancia como solución para tener controlados a los incívicos vecinos y actuar ante sus destrozos, ya que hasta ahora era necesario pillarlos in fraganti, pues las plantillas policiales no son lo suficientemente amplias para patrullar las veinticuatro horas del día. Confían los consistorios de la taifa cántabra en el poder disuasorio de las cámaras, ignorando lo fácil que es burlar su vigilancia visual tapando dichas cámaras o encapuchándose. Pero lo cierto es que el número de dispositivos de videovigilancia ha aumentado en los últimos cuatro años considerablemente, según la Delegación del Gobierno de dicha comunidad, ya que en el año del Señor de 2022 había registradas 774 cámaras y ahora pasan del millar, siendo veinticuatro los municipios que cuentan con algún tipo de instalación videovigilante.
 
  
613.- Una muerte sostenible. Un anuncio publicitario de una funeraria ecológica nos ofrece un funeral tan sostenible que le entran a uno ganas de morirse de gusto y a gusto, y quedarse tranquilo para sus restos por colaborar con su muerte verde, que te quiero verde, a la salvación del planeta y del medio ambiente. El tanatorio de dicha empresa funeraria utiliza féretros ecológicos y urnas biodegradables. A ello se suma el hecho de que su propio crematorio posee un sistema de filtración de emisiones a la atmósfera. Pero no se queda ahí la cosa, ofrecen ceremonias civiles y religiosas y apoyo psicagógico al inevitable duelo de deudos y familiares, porque el difunto, naturalmente, no necesita ya ningún apoyo de este tipo. Pero además nos aseguran traslados nacionales e internacionales e incluyen la repatriación de los cadáveres. ¿Qué más se puede pedir?  Un funeral ecológicamente sostenible busca reducir a su mínima expresión el impacto medioambiental de los entierros y cremaciones tradicionales, evitando Las prácticas funerarias convencionales que utilizan materiales contaminantes como formol para embalsamar, cemento en las tumbas y maderas tratadas, además de generar altas emisiones de carbono en las incineraciones. 
 
614.- La moneda definitiva. Time is the ultimate currency ha dicho el hombre más rico del mundo. O sea algo así como que el tiempo es la moneda definitiva. Y no le da derecho a decirlo el hecho de que él sea el que más dinero acapara del mundo. No por haber acumulado más caudal va a tener más razón que nadie. Pero no ha dicho nada que no haya sido dicho ya con anterioridad. No solo por el adagio time is money, y su correlato castellano: el tiempo es oro, que se puede revertir sin controversia: money is time, el oro es tiempo. Sin ir muy lejos, recordemos el título de la canción del llorado David Crosby y de su banda CPR, que fuera, además de guitarrista y cantautor, uno de los fundadores de The Byrds, y después de Crosby, Stills, Nash and Young: Time is the final currency. David Crosby cantaba que el tiempo era la última moneda, no el dinero ni el poder y que llegaría el momento en que daría cualquier cosa... por una hora más de vida. Ignoraba el cantante o no quería reconocer que esa última moneda era lo que a uno le daba el dinero y el poder, porque de la vida ¿quién la ha visto y sabe lo que es? 
 
 
 

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