A la puerta de entrada
de lo que fuera la sede del Banco de España de la capital de la Cantabria, Santander, de aspecto neoclásico y hasta renacentista, levantado en el año 1924, apareció hace trece años esta
"obra de arte", vamos a llamarla así consistente en una corona real de tres puntas,
bajo la que puede leerse
la significativa palabra dinero escrita en letras mayúsculas verticalmente dividida en sus tres sílabas.
Moderna obra
de arte,
sin duda, con la que se sugiere –a la puerta de lo que todavía figura
como
Banco de España, una vez desaparecidas las doradas letras mayúsculas que han dejado su impronta- que el dinero es el Rey, o
que el único Rey que reina en el
mundo, más allá de todos los nombres propios de todos los monarcas, es Don
Dinero, el poderoso caballero, como diría Quevedo, y a decir verdad, el
más potentado de todos ellos, por no ascenderlo en la moderna teología económica a la
categoría ontológica suprema del único Dios verdadero que es el que es:
la esencia de todas las cosas.
Se
trataba de un proyecto o, más precisamente, de una intervención artística
callejera que pretendía "introducir el arte en la vida de las personas,
acercar nuevas miradas
artísticas a los ciudadanos y reflexionar sobre el uso de los espacios
urbanos", llamada "Desvel-arte", un festival, según los organizadores,
que dejó sus huellas en la ciudad gracias al proyecto "Aquí. Ahora. Abecedario:
27 letras, 27 artistas, 27 palabras". A cada artista le tocaba aleatoriamente una
letra del abecedario y tenía que formar una palabra que empezara por
ella (o que contuviera dicha letra), asociándola a algún logotipo y tipografía para posteriormente
realizar la obra en plástico, en concreto en policloruro de vinilo o PCV, comúnmente conocido como peuvecé, ya que utilizamos el acrónimo inglés PVC PolyVinyl Chloride), un tipo de plástico muy resistente y económico formado con sal y petróleo. Posteriormente, cada creador decidió el lugar en el que colocar su intervención teniendo en cuanta
el significado del vocablo.
Se pretendía en aquel festival crear un
diálogo real e
interactivo entre los espacios urbanos y los ciudadanos y al mismo
tiempo otorgarles un uso cultural distinto y alternativo. Estamos
hablando del año del Señor de 2013. Yo pasaba por entonces todos los
días por ahí y tomé esta fotografía. Ignoro si con las obras de remodelación del edificio prosigue ahí todavía.
La obra, que no está firmada, pertenece a la artista local Carmen Quijano, que fue su diseñadora y la responsable de la elección de su lugar de colocación: el antiguo Banco de España. Podría, en realidad, haberla colocado a la puerta de cualquier otra entidad bancaria, por ejemplo, de la que lleva el nombre de la ciudad por todo el mundo. Lo que sugiere visualmente es que el dinero reina sobre el banco y sobre el mundo.
Que el dinero reina en el mundo es algo que sabemos muy bien todos los españoles, que lo decimos en castellano: “El dinero es el rey del mundo”. Y lo decían
antes que nosotros los romanos en latín: Pecunia regina mundi (pecunia es
femenino, por eso se dice que es la reina y no el rey del mundo; pero tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando), y “sola
pecunia regnat”, que escribió Petronio en El Satiricón, una de las primeras novelas de
nuestro mundo, “Sólo el dinero reina”. Y también, en latín, Publilio
Siro: “Pecunia una regimen est rerum omnium”: el dinero es el único soberano que rige todas las cosas, régimen dice él.
La palabra dinero, por cierto, deriva de
DENARIUM, que por un lado conservamos como cultismo en la forma “denario”, nombre
de la antigua moneda romana de plata que valía diez ases, y por otro lado ha
evolucionado como palabra patrimonial a “dinero” (y a dinar, en diversos países árabes).
Bien está que a la puerta de la sede del antiguo
Banco de España -aunque dicho banco no emita ya dinero, las antiguas pesetas, ahora que dependemos del BCE, Banco Central Europeo, que pretende digitalizar -espiritualizar- su moneda, ahora que manejamos los euros y nos manejan ellos a nosotros-, bien está, decía, que una obra de arte callejera nos recuerde algo tan elemental que olvidan los
ingenuos que creen que vivimos en el régimen democrático y constitucional de una monarquía parlamentaria, donde se supone que
gobierna el pueblo soberano, e ignoran algo tan básico
como que nos gobiernan los mercados, como se decía hace unos años, con un
eufemismo que, rayando en lo ridículo, quería ocultar la verdadera cara económica del rey del mundo, que es también la teológica, dado que por la letra D empieza precisamente la palabra Dios, ese nombre común que tenía moción de género y número en la antigüedad politeísta, en la que había dioses y diosas, pero que ascendió a nombre propio y masculino enseguida, cuya epifanía más visible es precisamente el dinero, por lo que podría haber sido colocado también sin mayor escándalo en la puerta de la catedral de Santander.



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