martes, 20 de octubre de 2026

Romance de la madre, el hijo y el mar.

Hijo. -¿Dónde, madre, las llaves? 
Madre. -En el fondo del mar. 
Hijo. -¿Y si voy a buscarlas? 
Madre. -Hijo, no volverás. 
 
Hijo. -¿Dónde, madre, las llaves de la puerta cerrada? 
¿Dónde, madre, la llave del candado del alma? 
Quiero ser marinero para hacerme a la mar,  
quiero ser navegante en las ondas del mar
 para ver las estrellas en el cielo y el agua, 
 la cara de la Luna  en la mar reflejada, 
el timón en la mano y las velas hinchadas 
dejando las estelas sobre la mar salada. 
 

 Madre. -Lloraré si te marchas a la vera del mar. 
Hijo, sola me dejas, si las vas a buscar. 
Enterraron las llaves en el fondo del mar, 
y si vas a buscarlas nunca más volverás. 
Hay sirenas que cantan en las ondas del mar, 
y los hombres se ahogan si las oyen cantar. 
Algas hay que te atrapan, peces hay de cristal, 
abismos y corales. Vas y no volverás. 
 

  Hijo. -Hay tesoros de ensueño que yo voy a encontrar, 
lo que no sabe nadie, que es lo que vale más. 
Sueños hay enterrados en el fondo del mar; 
en cofres misteriosos sueñan con despertar.
No anclaré en ningún puerto de los que hay en el mapa, 
corazón palpitante, no echaré las amarras. 
Con la cara lavada por la espuma del mar, 
con el pelo peinado por la brisa y la sal. 
 
Madre. -Vas y no volverás, hijo mío del alma. 
Y por ti lloraré, a la vera del agua. 
 
Hijo. -No llore por mí, madre. Dondequiera que vaya 
 yo la llevo conmigo en el fondo de mi alma. 
Quiero ser marinero, quiero yo naufragar 
y perderme en la espuma de las olas del mar.
 

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