Las hojas de los árboles empezaron a pigmentarse y a caer senescentes y secas las primeras en septiembre, crujiendo bajo nuestros pies estremecidos al pisarlas.
Una de las mayores preocupaciones de la Generación Z, que no sé exactamente a qué franja juvenil corresponde, es ir al gimnasio a fin de adquirir musculación.
En un pueblo que cuenta según los datos más recientes con no más de mil habitantes han inaugurado un establecimiento de fitness, un negocio boyante como pocos.
El primer ministro israelí, acusado del genocidio de los palestinos, argumentó que su país, humanitario, les había suministrado un millón de salvíficas vacunas.
Uno no podrá nunca liberarse si cree que es libre y no percibe la prisión en la que vive, algo que no deberíamos perder de vista y que se olvida con frecuencia.
El régimen necesita entretenernos porque, si nos mantiene así, no vamos a descubrir la ficción o falsedad de la realidad, confirmando la realidad de la ficción.
El poeta Eugénio de Andrade, que nos regaló la lluvia de marzo tras los cristales, escribió que costaba más desaprender que aprender (y valía más, añadiríamos).
En este momento todos nuestros operadores están ocupados, por favor permanezca a la espera. Le atenderemos en cuanto sea posible, repetía automático el mensaje.
No tiene ningún sentido, la verdad sea dicha, buscarle sentido alguno a la vida porque, empeñados en buscarle significado, se nos va la vida en ello sin vivir.
La
gente, ante el féretro de alguien, suele repetir “La muerte es ley
de vida”, frase que circula como moneda corriente en los
velatorios, real y falsa letanía.
Ni las ciencias ni las letras son divertidas, sentenció el profesor, y la tolerancia al aburrimiento es la técnica de estudio en la que debemos entrenarnos.
Puta la madre, puta la hija, puta la casa, casa de putas, que las cobija. Puto dinero, chulo de putas, puto alcahuete que nos putea, cágome en él, el hijoputa.



No hay comentarios:
Publicar un comentario