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miércoles, 17 de junio de 2026

La cogorza de Noé

    Se entiende, según la docta Academia de nuestra lengua, que antisemita es 'quien muestra hostilidad o prejuicios hacia los judíos, su cultura o su influencia'. Pero es una palabra viciada etimológicamente, porque la definición de semita, que nos retrotrae a la figura bíblica de Sem, uno de los tres hijos de Noé, y a sus descendientes, referida a una persona significa que pertenece a alguno de los pueblos que integran la familia formada por los árabes, los hebreos y otros. 
 
    Los hermanos de Sem, como se sabe, fueron Cam y Jafet. Se cuenta que Noé, el patriarca, al desembarcar del arca después del diluvio universal, se dedicó, labrador que fuera, a arar la tierra y plantó una viña, de la que cosechó uvas, bebió su mosto fermentado y se embriagó. Cuando despertó de la monumental cogorza, que los Santos Padres le perdonarán, andando el tiempo, porque Noé había bebido sin conocimiento de la fuerza y vigor que tenía el vino, que había hecho que se tumbara desnudo en medio de su tienda, descubrió que su hijo Cam se había burlado de él contándoselo a sus hermanos. No maldijo, sin embargo, a Cam, sino a  Canán, su hijo, cuyos descendientes serán el pueblo maldito de los cananeos (cuyo estigma parece que han heredado los modernos libaneses, según recientes estudios de ADN, y los palestinos),  y bendijo a Sem y a Jafet, que habían cubierto rápidamente su desnudez tapándose los ojos con respeto pudoroso.
 
La embriaguez de Noé, Giovanni Bellini (1515)
 
    El término antisemitismo nació al parecer en la Alemania del siglo XIX con el significado exclusivo de enemigo de los judíos (y no se aplica por lo tanto a los árabes, para los que se prefiere en nuestros días un término religioso como islamofobia) debido a su origen político e ideológico. Aunque lingüísticamente "semita" engloba a varios pueblos del próximo Oriente, incluidos los árabes, la palabra "antisemitismo" (Antisemitismus en alemán) se inventó con un único propósito: dar un nombre de apariencia culta y científica al odio hacia los judíos, propiamente Judenhass o Judenfeindschaft en la lengua de Goethe, que eran términos germánicos más explícitos y que entendía todo el mundo. La palabra, pues, nació viciada, como decíamos al principio, porque semita era un término que usaban los lingüistas para clasificar los idiomas hebreo y árabe, que no eran indoeuropeos, y la transformaron en una categoría racial.
 
    Me da la sensación de que el Estado beligerante de Israel es uno de los mayores promotores del antisemitismo moderno, porque sus mandatarios cometen actos atroces bajo la bandera de la pentalfa o pentáculo, que es su símbolo más sagrado, de la Estrella de David de cinco puntas, y le dicen al resto del mundo: «Si no les gusta lo que hacemos, son antisemitas». La gente razona entonces: "Si me opongo a todo lo que Israel hace y representa, porque su trato a los palestinos, libaneses y árabes en general es inhumano, y si eso significa que no me gustan los judíos, y eso es ser antisemita, pues -¿qué le voy a hacer?- será que soy antisemita", cuando, en realidad, uno, si tiene que ser calificado de algo, sería de antisionista propiamente dicho, que no es lo mismo que antisemita. 
 

    El antisionismo, formado sobre el nombre de Sion, una de las colinas de Jerusalén, definido por la docta Academia como "movimiento político judío centrado en sus orígenes en la formación de un estado de Israel y, después de la proclamación de este en 1948, en su apoyo y su defensa", es propiamente el odio -sugerido por el prefijo griego ἀντι (anti)-, contra el Estado de Israel, que, como cualquier Estado del mundano lodazal, por otra parte, es el enemigo público número uno de su pueblo. Pero en todo caso no se puede identificar a los judíos con el Estado de Israel, tanto si uno está a favor como en contra de ese Estado, que hoy por hoy es el mayor alimento del antisemitismo moderno con su paradójica pretensión de querer erradicarlo de la haz de la tierra. 

martes, 30 de mayo de 2023

¿Incitación al odio?

    El roquero Roger Waters, uno de los fundadores de Pink Floyd, apareció en escena a sus setenta y nueve años el 17 de mayo en Berlín dentro de su gira 'This Is Not a Drill' -Esto no es un simulacro- con un abrigo largo negro, brazalete rojo, guantes negros y gafas negras. Hizo cabriolas en el escenario vestido con lo que parecía ser un uniforme de las SS. Sobre él colgaban estandartes rojos estilo Tercer Reich, con insignias de martillos cruzados que recordaban vagamente a la esvástica de Hitler. Con un cañón falso disparó contra la multitud, flanqueado por hombres vestidos con uniformes militares. Evocaba así la ficticia organización neonazi que aparece en la película de 1982 "Pink Floyd: The Wall".

    Un portavoz de la policía berlinesa a raíz de dicho espectáculo ha dicho: "Estamos investigando (a Waters) por sospecha de incitación pública al odio, porque la ropa usada en el escenario podría usarse para glorificar o justificar el gobierno nazi, perturbando así la paz pública". Pero el hecho de que recuerde a un oficial nazi de las SS no significa que esté glorificando el nazismo, porque podría tratarse de todo lo contrario. Sería como decir que Charles Chaplin glorifica a Hitler en el Gran Dictador, cuando se trata de una sátira paródica. 

     Más sibilina es la acusación que se le ha hecho de antisemitismo, que como se sabe es el odio contra las personas que practican la religión judía. Roger Waters se ha defendido diciendo que él no tiene nada contra los judíos, pero sí mucho contra el Estado de Israel, por lo que podría acusársele de antisionismo, pero no es lo mismo. El antisemitismo es el odio contra un pueblo, mientras que el antisionismo es el odio contra un Estado que, como todo Estado, es el enemigo público número uno de su pueblo.

 

    Por eso en la puesta en escena del espectáculo berlinés incluyó una foto de Ana Frank, la joven judía que, con su familia, se escondió de los nazis en Ámsterdam, durante la Segunda Guerra Mundial, fue descubierta y llevada a un campo de exterminio, donde murió de tifus, y otra de la periodista palestino-norteamericana Abu Akleh, que recibió un disparo mortal el año pasado mientras cubría una redada de las Fuerzas de Defensa de Israel en un campo de refugiados palestinos. Ambas habían sido víctimas de la violencia de un Estado totalitario. Por eso el cantante ha sido acusado de antisemita por el Estado de Israel, que se identifica así con el pueblo judío, y que no tolera ninguna crítica por bien fundada que sea de su política internacional.

    Y claro está, Waters ha comparado -infamously, infamemente, según el New York Post- al Estado de Israel por su trato a los palestinos con el régimen nazi y su trato hacia los judíos. Se acusa a Roger Waters de antisemitismo y de incitación al odio, por lo que habría incurrido en un delito criminal. 

 


    Cierto que Waters cantó “Lay Down Jerusalem (If I Had Been God)” mientras mostraba la frase “Fuck the Occupation”, refiriéndose a la ocupación israelí de Palestina. Pero el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel se enfureció con el artista al que acusó de “profanar la memoria de Ana Frank y los 6 millones de judíos asesinados en el Holocausto”, convirtiendo así a Ana Frank en una especie de santísima virgen y mártir del sionismo.

    Sólo le faltaba a Waters ya que a lo de antisemita se uniera la acusación de “apologista de Putin” y rusófilo, que también se le ha hecho, como era de esperar. Ya hablamos aquí mismo de su carta abierta a la primera dama ucraniana, la esposa del señor Zelenski, instándola a que animara a su marido a hacer las paces con Putin. 


    En febrero, en una entrevista al periódico Berliner Zeitung  Waters comparó al Estado de Israel con el Tercer Reich, y también defendió al presidente ruso Vladimir Putin por su decisión de invadir Ucrania.

    Sin embargo, el músico ha defendido su espectáculo diciendo que era una declaración clara "contra el fascismo, la injusticia, la intolerancia en todas sus formas".  El cantante negó las acusaciones y afirmó que estaba usando su plataforma para oponerse al "autoritarismo y la opresión". "Mi reciente aparición en Berlín ha provocado ataques maliciosos de aquellos que quieren calumniarme y silenciarme porque no están de acuerdo con mis puntos de vista políticos y principios morales", dijo Waters en un comunicado. "El retrato de un fascista demagogo desquiciado ha estado presente en mis shows desde Pink Floyd The Wall, en 1980."