jueves, 8 de octubre de 2026
Tú, ¿a quién vas a votar?
lunes, 5 de junio de 2023
Manifiesto del Partido Que No Existe (y II)
¿Cómo se puede formar parte del partido que no existe? No se expiden carnets ni hay militancia ni conscripción o servicio militar. Tampoco existe la figura del afiliado incorporado al partido como si fuera un miembro prohijado. Cualquiera forma parte del partido que no existe con tal de negarse a participar en las elecciones, renunciando tanto al derecho de sufragio activo como al pasivo, es decir negándose tanto a elegir como a ser elegido.
Contra el dogma fundamental democrático de que "una persona (o un hombre, como se decía antes, incluida la mujer) es un voto", del que estaban excluidos los menores de edad y los que no pertenecen al Estado correspondiente porque no tienen la nacionalidad, un voto que se expresa periódicamente cuando las autoridades lo requieren, el sentir popular nos advierte de que una persona no es un único voto, sino, al menos, dos: un voto a Dios y otro al Diablo, lo que hace imposible su contabilidad. Pero en esa contabilidad de que uno no puede votar más que una vez y expresar un único voto se basan las Juntas Electorales para realizar sus cómputos, por lo que los resultados de unas elecciones nunca podrán ser verdaderos.
El recuento de votos configura una mayoría, siempre relativa de individuos personales computados, que impone su gobierno a la totalidad, haciéndose valer la una por la otra, pero la mayoría es una masa de individuos personales que se han convertido en electores cediendo su soberanía para que se produzca la ilusión de un cambio que no es más que la sustitución de unos nombres propios por otros, de unas caras amables como aparecen en los carteles y en los anuncios publicitarios con una sonrisa de estúpida felicidad.
Disculpa final por el uso y abuso del término 'partido' a lo largo del manifiesto, que es un sustantivo polisémico formado sobre el participio de perfecto del verbo 'partir', derivado de 'parte', que subyace bajo todos sus significados. Debajo de sus usos se halla la idea de partición de un todo o conjunto. En el caso de los partidos políticos ordinarios del derechas puede verse que son particiones o divisiones del conjunto del pueblo convertido en ciudadanía electoral de la que están excluidos los extranjeros y los nacionales menores de edad. Los que disienten de una determinada forma de hacer política se organizan en una facción distinta de la gobernante y concurren en las elecciones periódicas para obtener un respaldo mayoritario, siempre relativo, de la ciudadanía, y lograr que la mayoría se imponga a la totalidad. Los partidos políticos ordinarios son pues particiones, divisiones o facciones de la ciudadanía que aspiran a imponerse sobre la totalidad fomentando un cambio, que será solo nominal, que hará que todo siga igual al fin y a la postre. El partido que no existe, a diferencia de los partidos existentes, no aspira a eso, sino a todo lo contrario.









