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jueves, 18 de junio de 2026

Escurribandas (1)

1.- A propósito de una viñeta de Tute. «Somos esclavos de nuestros pensamientos». O un poco mejor, si se me permite corregir un poco el texto: «Somos esclavos de nuestras opiniones personales». O, más sencillo: «Somos esclavos de nuestras ideas», que ni siquiera son propias nuestras, pero nos aferramos a ellas como si fueran nuestra más preciada propiedad y posesión, cuando lo mejor sería desprendernos de ellas, dejarlas ir, soltarlas para que nos suelten a nosotros y nos dejen libres y no se transformen en ideas fijas, obsesivas, delirantes.
 
 
2.- Y otra del mismo: «No creo ser la persona indicada para ser yo». Esta vez es Mabel la que, sobre el diván del psicoanalista, reconoce que no es la «persona indicada». Nadie es la persona indicada para ser «yo», y lo somos todos y cada uno, cualquiera, que hable en primera persona del singular. 
 
  
3.- De René Ramírez Gallegos: «El neoliberalismo gobierna también con sus aparatos de medición: arriba, las cuentas nacionales que consagran el PIB como teología de Estado; abajo, las encuestas de hogares que reducen la vida a ingreso y consumo, como si la existencia cupiera en dos casilleros. Así se vuelven invisibles —por definición, no por olvido— el cuidado, la comunidad, el descanso, la fiesta, la enfermedad, la soledad: todo lo que reproduce la vida pero no se deja traducir dócilmente a precio». El Producto Interior Bruto, por arriba, es la teología del Estado. El ingreso y el consumo, por abajo. Y, además, la vida que no se deja reducir a precio, pero es lo que normalmente se hace, como demuestra el carácter económico de expresiones populares como «ganarse la vida» y «tener la vida resuelta»
 
 
4.- Del día del libro: El 23 de abril es oficialmente el día del libro en las Españas. En esta fecha se dice que fallecieron simultáneamente Chéspir y Cervantes, es decir el día en que se cerró su biografía, la escritura de su vida. En el año del Señor de 1616. La fecha parece que no es exacta por la diferencia de calendarios que usaban a la sazón ingleses y españoles -o españuelos, que deberíamos decir porque, según Lapesa, "español" es provenzalismo. El caso es que debería ser una fiesta importante para los amantes de los libros, para los bibliófilos en el sentido noble de la palabra, no en el de meros coleccionistas. Pero los amantes de esos raros objetos de papel rechazamos la mercantilización de la que son objeto, valga la redundancia, como regalo obligatorio para esta fecha, unos libros que la mayoría de las veces no serán leídos ni siquiera abiertos, sino colocados de adorno en una estantería. Los amantes de los libros, creo que hablo en nombre de ellos, aborrecemos esta fecha comercial. 
  
5.- Un descubrimiento tardío, pero nunca es tarde si la dicha es buena, y la dicha en ese caso consiste en el hallazgo de una formulación concisa y precisa, pero a la vez lúcida de cómo son las cosas, es esta sentencia de Walther von der Vogelweide, que vivió a caballo entre los siglos XII y XIII y fue el más célebre poeta amoroso o Minnesänger y, al mismo tiempo, poeta gnómico o sentencioso de la Edad Media alemana, sobre el paso del tiempo, la pérdida de la juventud y la llegada de la vejez, que comienza con un lamento, como no podía ser de otra forma -¡ay!- sobre lo que siempre consideró real y verdadero, y resultó que era real, sí, pero no verdadero, sino un sueño, una ficción, lamento que concluye con una pregunta sin respuesta:«¡Ay! ¿Dónde han desaparecido todos mis años? / ¿He soñado mi vida o es real?». (Owe war sint verswunden alliu mîniu jâr! / ist mir mîn leben getroumet oder ist ez wâr?)