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martes, 10 de febrero de 2026

Un peligroso precedente

Después de las lluvias torrenciales e inundaciones de Valencia de octubre y noviembre del año del Señor de 2024, le ha tocado ahora el turno a Andalucía. Entonces la crítica a las autoridades autonómicas y nacionales no se centró en la omisión del deber de socorro por su parte, que también, sino en que, además, no avisaron a tiempo con la suficiente antelación. 
 
Ante la entrada de siete borrascas consecutivas, todas con nombre propio personal y personalidad propia, en el sur de la península ibérica, la última por ahora creo que se llamaba Marta y la anteúltima Leonardo, la mayoría de contribuyentes y votantes no solo ha aplaudido que se cierren los colegios y los parques públicos, algo que ya venía siendo habitual, y la recomendación del confinamiento por parte de las autoridades, que esta vez sí avisaron a tiempo, sino algo mucho más insólito, que se decrete temporalmente el éxodo obligatorio de una población. 
 
La Guardia Civil en Grazalema

Pero empecemos por el confinamiento o la confinación, que de ambos modos puede decirse la acción de este verbo, uno de cuyos significados es "encerrar o recluir algo o a alguien en un lugar determinado o dentro de unos límites", que puede utilizarse también. pronominalmente y reflexivamente: uno puede confinarse en su casa voluntariamente por recomendación o pueden confinarlo a uno, y esto es lo peligroso, manu militari. Es así, además, sinónimo de aislar, internar, enclaustrar y encarcelar. 
 
Hemos visto que si llueve, te confinan;  si hace calor, te confinan; si nieva, te confinan; si hace viento,  te confinan, si hay un incendio, te confinan... El confinamiento es un establecimiento abierto todo el año cuando no es por una cosa es por otra ante cualquier emergencia climática, es decir, ante cualquier fenómeno atmosférico. 
 
El caso es que desde el confinamiento aquel 'volungatorio' de aquellos estados alarmantes e inconstitucionales de la pandemia de Dios, no hay más que confinamientos. Se ha puesto de moda la palabra, y, con ella, la imposición del arresto domiciliario so pena de descrédito social en el caso de que sea una recomendación y de sanción económica cuando es obligatorio. 
 
 Grazalema, en la sierra de Cádiz
 
Pero la noticia que nos ha impactado es que  se ha evacuado por la fuerza en Andalucía a todo un pueblo de la provincia de Cádiz: Grazalema, un pueblecito blanco de la serranía gaditana, cuyo suelo, construido sobre un acuífero kárstico, no soporta más lluvia según los geólogos expertos. La situación allí era tan extrema que la Junta de Andalucía tomó la drástica decisión de evacuar y  trasladar a los grazalemeños a Ronda, donde un pabellón alojará a los vecinos. Así se hizo, dicho y hecho. Y en el polideportivo de Ronda además de los refugiados pululaban los políticos salvadores que querían salir en la foto.
 
Grazalema sienta así un peligroso precedente, un ensayo de cara a futuros desplazamientos forzados de población y éxodos rurales. Imaginemos lo que podría pasar en un caso de guerra (o de conflicto militar, por usar el eufemismo): se trasladarían grandes masas de población y se concentrarían -qué palabra más peligrosa- en determinadas localidades, campos, barracones... Los vecinos de Grazalema no plantearon, por lo que yo sé, mucha o ninguna oposición al éxodo forzososo ni resistencia: lo que se hacía era por su bien, para evitar males mayores. Y lo que decimos por aquí de vez en cuando es que no hay mayor mal que el mal menor que se hace para evitar futuros males mayores. 
 
Imagen de Grazalema
 
No digo yo ni se quiere decir aquí o sugerir tampoco que en determinadas circunstancias no le quede  a uno otra más que abandonar su vivienda e incluso su pueblo, y salir por patas, como se suele decir. Pero lo que debería preocuparnos a los contribuyentes y votantes es que lejos de ser una “recomendación” de las autoridades o los expertos, ha sido ya una imposición so pena de sanción económica si no obedeces lo que está mandado.
 
Y esto lo cambia todo, porque hasta ahora parecía imposible que pudieran obligarnos a irnos de nuestra casa y de nuestro pueblo, ya que deberíamos ser nosotros los que decidiéramos en cada momento qué riesgo estamos dispuestos a asumir. Pero ya es demasiado tarde, porque el miedo se ha instaurado y establecido entre nosotros como si fuera una estructura social o una institución. 
 
Hoy la mayoría democrática aplaude a los políticos profesionales que obligan a la gente a abandonar sus casas y sus pueblos, a esos mismos políticos que corren enseguida a salir en la foto de los periódicos y en los medios para salvar a la población y que están arruinando las formas tradicionales de vida y sustento económico como son la agricultura, la ganadería y la pesca, que nos saquean a impuestos para enriquecerse y destruir la sanidad, a los que adoctrinan a nuestros hijos en la escuela… Hoy el aplaudido éxodo es obligatorio, pero temporal. ¿Será mañana, además de obligatorio, ya definitivo?